Ginebra, 21 de febrero de 2002.- Un
comité de expertos nombrados por los gobiernos ha establecido
que tres plaguicidas muy usados y todas las formas de asbestos
deben incluirse en una lista internacional de productos químicos
sujetos a controles de comercio.
El primero es el
monocrotofos. Este insecticida se utiliza en muchos países en
vías de desarrollo, sobre todo en Asia, para controlar los
insectos y los ácaros de araña en el algodón, los cítricos, el
arroz, el maíz y otros cultivos. Lo comercializan activamente y
lo producen más de una docena de compañías, casi todas en Asia.
Como otros insecticidas orgánicos de
fósforo, el monocrotofos representa un peligro muy serio para
cientos de miles de trabajadores agrícolas, sobre todo en los
países en vías de desarrollo, donde la falta de ropas de
protección y equipos mecánicos hace más fácil que las personas
entren en contacto directo con las substancias químicas. Los
efectos para la salud son: nausea, diarrea, visión borrosa y, en
los casos más graves, depresión respiratoria, convulsiones y
muerte.
El monocrotofos es también
altamente tóxico para las aves y los mamíferos. Por ejemplo, los
estudios señalan que durante los 25 años que se ha empleado en
Hungría, ha provocado más daños a las aves silvestres que
cualquier otro plaguicida.
Existen
alternativas a este plaguicida para cada combinación de plagas y
cultivos individuados hasta la fecha. Las recomendaciones
hechas hoy por los expertos científicos preparan el terreno para
una decisión final que se tomará en una reunión política el
próximo mes de septiembre, en la que se decidirá si incluir el
monocrotofos a la lista de sustancias químicas y plaguicidas
cuya importación puede ser prohibida legítima y unilateralmente.
Poner bajo control a este plaguicida es ya
de por sí un gran logro, que pone también de relieve la
inquietud sobre el problema generalizado de los fosfatos
orgánicos de bajo costo. Creados generalmente por grandes
multinacionales, estos plaguicidas se manufacturan muy a menudo
después de que la patente haya expirado y se siguen utilizando a
pesar de las pruebas crecientes de que provocan enfermedades y
muertes. La decisión de los expertos confirma de nuevo el
derecho a formular juicios comerciales en función de cómo se
emplea sobre el terreno, y no de los intereses de sus
productores.
La opinión del Comité
Transitorio de Revisión de las Substancias Químicas (ICRC) pasa
ahora al Comité Negociador Intergubernamental del Tratado de
Rotterdam sobre el Procedimiento de Información y Consentimiento
Previos (ICP) para determinadas substancias químicas y
plaguicidas en el Comercio Internacional, que se reúne en Bonn
del 30 de septiembre al 4 de octubre. Si esta opinión se adopta
formalmente, el monocrotofos se incluirá en el Procedimiento de
Información y Consentimiento Previos (ICP).
La recomendación de añadir cinco tipos de amianto aún
en circulación a la lista de ICP (una forma ya parte de ella)
abre un proceso que finalizará en 2003. El análisis del amianto
por parte del Comité fue motivado por las prohibiciones en
Estados Unidos y Chile (bajo la Convención se comienza un
análisis cuando dos países en dos zonas diversas prohiben o
restringen severamente el empleo de una substancia química; el
estudio del monocrotofos comenzó a raíz de su prohibición en
Australia y Hungría).
Entre los atractivos
del amianto se encuentran su elevada resistencia de tensión, su
carácter fibroso, la resistencia al calor y la química inerte.
Hace tiempo se utilizaba mucho para el aislamiento de las casas
y material especializado, pero ha sido eliminado en muchos
países cuando se supo que sus fibras diminutas pasaban, mediante
la inhalación, a los pulmones de los trabajadores y de los
residentes y que provocaba cáncer, otras enfermedades y muerte.
El amianto se sigue utilizando para precintar, en junturas,
ensamblajes, frenos, armamentos y otros usos, a pesar de que
cada vez hay más sustitutos eficaces para la mayor parte de sus
aplicaciones.
"La decisión del
Comité representa un gran paso para la eliminación de los
peligros asociados con el amianto y sus derivados. Incluso en
países como el mío, donde estos productos llevan mucho tiempo
prohibidos, siguen siendo ungrave problema. Basta pensar en los
gastos de la descontaminación de los edificios o en las
indemnizaciones que hay que pagar a las personas con
enfermedades graves provocadas por el amianto", dice el
alemán Reiner Ardnt, Presidente del ICRC.
El Comité ha comenzado también el proceso para incluir
en la lista a otros plaguicidas como Granox TBC y Spinox T, una
mezcla de fungicidas y el insecticida Carbofuran, altamente
tóxico. Este caso fue iniciado por Senegal (en el caso de
"fórmulas de pesticidas altamente peligrosas"
se requiere sólo un país notificador para comenzar el proceso de
inclusión). Alertado por los datos crecientes de enfermedades y
fallecimientos, el gobierno empezó a trazar el mapa de los casos
de envenenamiento rural.
Sus hallazgos
señalaban como responsables a los plaguicidas Granox TBC/Spinox
T, empleados en polvo por los campesinos que cultivan
cacahuetes. En los países desarrollados, las semillas se
manipulan y se siembran normalmente de forma mecánica, lo que
protege a los campesinos del contacto. En muchos países en vías
de desarrollo, sin embargo, los campesinos trabajan sin ropas de
protección y siembran manualmente. Por lo tanto, el contacto con
el plaguicida produce cientos de casos de envenenamiento que se
traducen en fiebre, dolores en el pecho y en el abdomen, vómito,
insomnio, e incluso la muerte. Por otra parte, no existe
registro alguno de fórmulas de Carbofuran en polvo en 25 países
ni en la Comunidad Europea.
La cuarta
substancia química, DNOC, es un fungicida e insecticida que
elimina las algas. Su toxicidad es muy elevada para los seres
humanos y representa también un grave peligro para otros
organismos. El proceso de estudio fue iniciado a raíz de la
prohibición en Perú y en la Comunidad Europa. Hace tiempo se
empleaba con profusión, pero ahora DNOC es candidato a ser
incluido en el procedimiento ICP para poder reducir más aún su
empleo.
Unas 70.000 substancias químicas se
encuentran disponibles en la actualidad en el mercado y cada año
se introducen otras 1.500. Esto representa un reto de
envergadura para muchos gobiernos a la hora de controlar y
gestionar estas sustancias potencialmente peligrosas. Muchos
plaguicidas, que han sido prohibidos o cuyo uso ha sido
severamente restringido en los países industrializados, se
siguen comercializando y utilizando en las naciones en vías de
desarrollo.
En respuesta a los crecientes
datos científicos sobre los riesgos que representan para la
salud y para el medio ambiente la exposición prolongada a bajos
niveles de algunas de estas substancias químicas, a lo que se
suman el claro peligro que suponen las pérdidas de los
remanentes caducos y los vertederos de substancias químicas, la
comunidad internacional adoptó el Tratado de Rotterdam en 1998
bajo el patrocinio del Programa de las Naciones Unidas para el
Medio Ambiente (PNUMA) y de la Organización de las Naciones
Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).
El Tratado de Rotterdam facilita a los países
importadores las herramientas y la información necesaria para
identificar las substancias químicas potencialmente peligrosas y
excluir así aquellas que no pueden manipular con seguridad. En
los casos en los que el comercio está permitido, los requisitos
para el etiquetado y la información acerca de los efectos
potenciales para la salud y el medio ambiente fomentan la
utilización segura de las substancias químicas.
El Tratado ha sido firmado por 72 gobiernos (además de
la Comunidad Europea) y ha sido ratificado por 18 países.
Entrará en vigor 90 días después de la ratificación número 50.
Hasta ese momento, los gobiernos han acordado aplicar las
medidas de consentimiento previo informado del Tratado a nivel
voluntario. La lista original del Tratado comprendía 22
plaguicidas y cinco substancias químicas industriales(*). Desde
entonces se han añadido cuatro plaguicidas. Los cuatro
plaguicidas descritos más arriba representan nuevas entradas
adicionales al proceso de PIC que tiene carácter legalmente
obligatorio.
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(*) El tratado abarca los siguientes 22 plaguicidas
peligrosos: 2,4,5-T, aldrina, captafol, clordano, clorodimeform,
clorobencilato, DDT, 1,2-dibromoetano (EDB), dieldrina, dinoseb,
fluoroacetamida, HCH, heptacloro, hexaclorobenceno, lindano,
compuestos de mercurio y pentaclorofenol, más algunas fórmulas
de metamidofos, metilo-paratión, monocrotofos, paratión, and
fosfamidon.
Comprende además cinco
substancias químicas industriales: crocidolito, bifeniles
polibromados (PBB), bifeniles policlorados (PCB), terfeniles
policlorados (PCT) y tris (2,3 dibromopropyl) fosfato.