Sistemas silvopastoriles en la Amazonia Oriental

Jonas Bastos da Veigaa, Débora Feio da Veigab

 

a Ing. Agrónomo, Ph.D., investigador de la Embrapa* Amazônia Oriental, jonas@cpatu.embrapa.br

 

b Ing. Forestal, veiga@amazon.com.br

 

 

 

RESUMEN    En la Amazonía Oriental, grandes extensiones de bosques fueron talados para dar lugar a pasturas para la crianza extensiva de ganado de engorde y de leche. Este modelo de uso de la tierra ha sido considerado como poco sustentable desde el punto de vista económico y ecológico. Por otro lado, los sistemas silvopastoriles han sido considerados como una alternativa promisoria para aliar los beneficios ambientales proporcionadas por las plantaciones arbóreas a la producción animal. No obstante, los fundamentos básicos que sustentan los beneficios de los árboles en estos sistemas necesitan ser comprobados más claramente en las condiciones de la región. El éxito de estos sistemas dependerá del equilibrio de las interacciones entre sus principales componentes (árbol, pastura y animal). Entretanto, en la región amazónica oriental todavía no existe un conjunto de informaciones básicas que sustente, con seguridad, el uso de estos sistemas en las propiedades rurales. A pesar de haber algún esfuerzo de investigación en esta área, generalmente los estudios aún intentan solucionar aspectos muy básicos y poco relacionados a los problemas reales. En algunas propiedades y estaciones experimentales locales, este tipo de asociación viene siendo probado, de forma pionera, con algún éxito. Como componente arbóreo, han sido utilizados con destaque, las especies Orbignia phalerata Mart. (“babaçu”), Maximiana maripa (“inajá”), Bertolletia excelsa (castaña de Brasil o nuez de Brasil), Tabebuia serratifolia, Hevea brasiliensis, Coccus nucifera, Elaeis guineensis (palma africana), Anacardium occidentale (marañón), Bixa orellana (achiote), Pinus caribaea, Mangifera indica (mango), Schyzolobium amazonicum (“paricá”), Bagassa guianensis Aubl. (“tatajuba”), Eucalyptus tereticornis Smith, Tectonia grandis (teca), Swietenia macrophylla (“mogno”), Khaya ivorensis A. Chev. (“mogno africano”), Sclerolobium paniculatum (“taxi”), Acacia mangium y A. auriculiformis. A su vez, entre las especies utilizadas para pastoreo se encuentran la Brachiaria brizantha (“braquiarão”), B. humidicola (quicuyo), Panicum maximum (“colonião”), Paspalum maritimum (“capim jengibre”), Paspalum spp., Hyparrhenia rufa (jaragua), Pueraria phaseoloides, Centrosema macrocarpum y C. pubescens. Las principales limitaciones tecnológicas observadas fueron la falta de persistencia de la pastura en el sotobosque, daños a los árboles provocados por los animales y reducción del crecimiento de los árboles. La disponibilidad de pastura adicional sembrada en monocultivo puede permitir flexibilizar el manejo del ganado, contribuyendo a viabilizar el sistema en su totalidad. El uso de cultivos intercalados temporalmente, antecediendo la pastura, puede disminuir los costos de implantación del sistema. Además de la intensificación de las investigaciones básicas, tales como selección de germoplasma, arreglo espacial y temporal y manejo de los componentes, es necesario desarrollar estudios socioeconómicos para entender las barreras que impiden la adopción de los sistemas silvopastoriles por los diferentes tipos de productores.

 

 

INTRODUCCION

 

Por mucho tiempo, el hombre ha criado a los herbívoros rumiantes utilizando como recursos forrajeros las inmensas áreas de pasturas nativas, que constituían ecosistemas estables, y permanecían poco alteradas por el pastoreo. Con el aumento de la demanda de productos animales para atender a las necesidades de la población siempre creciente, la crianza de estos animales tuvo que expandirse cada vez más. De ese modo, las pasturas avanzaron sobre los bosques, práctica que inicialmente era comúnmente realizada con el objetivo de abrir nuevas áreas para la producción agrícola. De modo general, esta tendencia también caracterizó la expansión de la pecuaria bovina en otras regiones de Brasil.

 

En la Amazonía Brasileña, aislada geográficamente del resto del país por siglos, la pecuaria fue, por mucho tiempo, una actividad económica concentrada apenas en pasturas nativas de la Isla de Marajó, a lo largo de la cauce del río Amazonas y en el antiguo Territorio Federal Roraima. En las décadas de 60 y 70, con los incentivos fiscales y la apertura de las carreteras pioneras, el Gobierno Federal adoptó la geopolítica de “ocupar la Amazonía por la pata del buey”. Frente a esta política, inmensas áreas de bosque fueron taladas y sustituídas por pasturas cultivadas. Aunque en menor intensidad, el avance de la pecuaria en la Amazonía de los países vecinos también ha venido ocurriendo de esta forma.

 

Según el INPE (1998), 53 millones de hectáreas de bosques fueron talados en la Amazonía Brasileña. La mayoría de la deforestación ocurrida en la región se hizo con el objetivo de instalar pasturas. Fearnside y Barbosa (1998) estimaron que 45%, 28% y 2% del área total desmontada en la Amazonía Brasileña corresponden, respectivamente, a pasturas productivas, bosques secundarios originados de pasturas abandonadas después de 1970 y pasturas degradadas. Por esta razón, las pasturas han sido el centro de pesadas críticas por parte de ambientalistas. Entre otros perjuícios, las extensas deforestaciones para dar lugar a la formación de pasturas son acusadas de provocar grandes pérdidas de biodiversidad y de alterar el ecosistema.

 

A ejemplo de la agricultura, el aumento de la producción de la pecuaria bovina ha sido más en función de su expansión en área que del incremento en la productividad. Sin embargo, a pesar de toda la connotación negativa difundida por los ecologistas, es indiscutible la importancia de este sector en la economía regional. La pecuaria responde por el 80% del valor de la producción agropecuaria regional, ocupando un 14% de la fuerza de trabajo rural y abarcando el 80% del área total explotada. El rebaño bovino, que aumenta desde 1990 a una tasa de crecimiento anual de 2.4%, alcanzó cerca de 16 millones de cabezas en 1994 (Santana et al., 1997).

 

En los trópicos húmedos, es evidente que la ganancia inicial en la fertilidad del suelo, obtenida mediante la tala y quema del bosque o de la vegetación secundaria, es rápidamente perdida si la vegetación original no es sustituída enseguida por sistemas de uso de la tierra capaces de protejer el suelo y reciclar nutrientes. Los impactos ambientales y socioeconómicos provocados por la sustitución de extensos segmentos de bosque tropical húmedo por pasturas de gramíneas han sido objeto de constante preocupación por parte de la comunidad científica (Hecht et al., 1988; Browder, 1988; Uhl et al., 1988). La existencia de enormes extensiones de pasturas degradadas en la región y las especulaciones sobre las causas de este fenómeno han sido ampliamente reportadas en la literatura (Faminow y Vosti, 1998).

 

Debido a la gran presión de los ambientalistas, traducida en leyes más severas, los productores de la región han mostrado cierto interés en adaptar sus sistemas de producción, con miras a no sólo atender a las nuevas exigencias de la sociedad, como también a aumentar su rentabilidad. Los sistemas silvopastoriles (SSP) presentan la posibilidad de asociar en una misma área el cultivo arbóreo con la pecuaria. El componente arbóreo puede producir madera, forraje, frutos, otros productos industriales y servicios ambientales (conservación del suelo, ciclaje de nutrientes, sombra).

 

Frente a este escenario, pueden plantearse algunas interrogantes:

 

-           ¿Hasta qué punto las pasturas, en sustitución al bosque tropical húmedo, pueden producir satisfactoriamente sin el empleo de considerables cantidades de insumos básicos (mecanización y fertilizantes)?

 

-           ¿Las pasturas de gramíneas, con sistema radicular superficial, son capazes de mantener eficientemente el ciclaje de nutrientes y la protección del suelo, mecanismos esenciales a su sustentabilidad en condiciones de baja disponibilidad de nutrientes y de manejo extensivo?

 

-           ¿Es posible promover estos mecanismos de sustentabilidad por medio del asocio de las pasturas con árboles?

 

-           ¿Los árboles son capaces de aliviar el estrés climático a que los animales son sometidos en las pasturas regionales a pleno sol?

 

-           ¿Esta asociación es atractiva desde el punto de vista socioeconómico?

 

Este trabajo trata de las bases, del potencial y de la realidad de los sistemas silvopastoriles como alternativa sustentable de uso de la tierra para la Amazonía Oriental.

 

 

 

LA PROBLEMATICA DE LAS PASTURAS

 

En el avance de la frontera agrícola de la Amazonía, la pecuaria ha sido considerada como la actividad productiva más predatoria porque depende de la sustitución de grandes extensiones de bosques por cultivos homogéneos de gramíneas forrajeras para la formación de pasturas. Aunque en las tres primeras décadas del crecimiento de la pecuaria en la región predominaron los grandes emprendimientos, actualmente los pequeños productores también vienen aumentando su interés por la pecuaria, como forma de reducir los riesgos y obtener ganancias con la versatilidad de la crianza de ganado y la garantía de mercado de los productos. Después del proceso de tala y quema del bosque y del cultivo de subsistencia, los pequeños productores de la  región acostumbran ocupar el área abierta principalmente con pasturas de “braquiarão” (B. brizantha cv. Marandu), como alternativa al barbecho (Veiga et al., 1996).

 

El principal problema de las pasturas como uso de la tierra en la región es, sin dudas, su degradación. Vía de regla, las pasturas se degradan en pocos años debido a problemas relacionados a la fertilidad del suelo, al establecimiento de los pastos (preparación del área y calidad de la semilla), a la presión biótica (plagas, enfermedades y plantas invasoras) y al manejo del pastoreo. El factor de manejo más relevante para la persistencia de las pasturas es la presión de pastoreo. Impresionado con las elevadas producciones forrajeras de los primeros años, el productor es llevado a adoptar, sin el debido descanso de los pastos, cargas animales muy superiores a la capacidad de soporte de las pasturas (generalmente estimada en una unidad animal - UA, por hectárea), reduciendo su vida útil. En consecuencia del descenso de las pasturas, ocurre el gradativo predominio de las plantas no forrajeras, a punto de tornar anti-económicas las limpiezas de las pasturas. Sin embargo, al contrario de lo que ocurre en ecosistemas menos húmedos, como el “cerrado”[1] por ejemplo, en la región amazónica, la erosión no es un resultado natural de la degradación de las pasturas, puesto que la vegetación sucesional tiende a protejer el suelo.

 

Los conocimientos y las tecnologías generadas por la investigación regional permiten la recuperación de pasturas a través de la restitución parcial de la productividad del suelo, por medio de la preparación mecánica del suelo y de la aplicación de 30 a 50 kg de P2O5/ha (Serrão et al., 1979; Veiga y Falesi, 1986; Veiga, 1995).

 

Sin embargo, estas conquistas tecnológicas presentan incertidumbre desde el punto de vista económico, una vez que el relativo alto empleo de insumos agrícolas, que eleva los costos de recuperación de la pastura a aproximadamente 250 dólares por hectárea, exije altas tasas de retorno, para tornarse viable. De este modo, sistemas pecuarios alternativos que tomen en consideración las peculiaridades ecológicas y socioeconómicas regionales deben ser concebidos y puestos a prueba, con miras a tornar la actividad pecuaria más productiva, más sustentable y menos dañina ecológicamente.

 

 

LOS SISTEMAS SILVOPASTORILES (SSP)

 

Concepto

 

De modo general, la estrategia para la producción de cultivos arbóreos es buscar la producción máxima del producto comercial. Pero, en un emprendimiento de pequeña escala es común intercalar varios tipos de explotación con el objetivo de maximizar las inversiones requeridas en la preparación del área y diversificar la producción. Normalmente, en los primeros 3 a 4 años de la siembra, el área no es ocupada totalmente por los árboles, posibilitando la utilización del espacio libre con cultivos temporales o pasturas. El modelo descrito por Tajuddin (1986), en el cual el sustrato herbáceo de una plantación de hule (Hevea brasiliensis) era pastoreado por carneros puede ser considerado un prototipo.

 

Los SSP han despertado considerable interés en la comunidad científica (Kirby, 1976; Payne, 1985) en razón de la necesidad de concebirse nuevas alternativas de explotación agrícola que sean biológica, económica y ecológicamente más sustentables que los sistemas tradicionales, como el monocultivo de pastos de gramíneas, en cuanto al uso de la tierra. Los SSP presentan también un gran potencial para la recuperación de áreas de pasturas degradadas, por conciliar la aptitud pastoril de los productores que poseen derechos de  pose de la tierra con la recomposición del paisaje natural tan hablados en el momento.

 

Los sistemas agroforestales, incluyendo a los SSP, son sistemas de uso de la tierra diversificados y multi-estratificados en los cuales los cultivos arbóreos son explotados en asociación, planificada o no, con cultivos agrícolas anuales o pastos, de manera simultánea o secuencial (Montagnini, 1992). Los SSP asocian el componente arbóreo a las forrajeras o permiten la integración con animales y, cuando incorporan también cultivos temporales, son llamados de sistemas agrosilvopastoriles. Teóricamente, estos sistemas aumentan la eficiencia de la utilización de los recursos naturales por presentar una complementariedad entre las diferentes explotaciones involucradas. De esta forma, en las regiones tropicales húmedas, la integración del ganado con cultivos arbóreos intenta reproducir los beneficios ecológicos proporcionados por el bosque original (Payne, 1985) contribuyendo a reducir los impactos ecológicos decurrentes de la tala de los bosques para la formación de pasturas.

 

En el mundo, la integración de árboles con pecuaria ha sido puesta en práctica principalmente a través del pastoreo de bovinos y ovinos en el sotobosque de plantaciones forestales (Adams, 1975, Grelen, 1978, Anderson et al., 1988) y de cultivos perennes del tipo “plantation” (Thomas, 1978).

 

En la región amazónica oriental, los SSP de mayor interés son aquellos que involucran a los bovinos y a los ovinos como componente animal.

 

Clasificación

 

En cuanto a la duración de la integración de los componentes a lo largo de la explotación del área, los SSP de la región amazónica oriental pueden ser clasificados en:

 

a) Sistemas silvopastoriles temporales

 

Los SSP son temporales cuando la asociación árbol x pastura x animal ocurre hasta un cierto estadío del desarrollo del cultivo arbóreo (“plantation crop”), como en aquellos sistemas cuyos componentes son pinus (Anderson et al., 1988; Knowles, 1991) y árboles de hule, palma africana y cocotero (Thomas, 1978). En este caso, el estrato herbáceo del sotobosque, formado de gramíneas, leguminosas u otra vegetación espontánea rastrera, es utilizado por el ganado hasta cuando la competencia por la luz, impuesta por los árboles, lo permita. Esta reducción de la biomasa del sotobosque por los animales representa una importante disminución de los costos generados por la limpieza de las plantaciones arbóreas. En esta categoría de SSP, el componente pastura/animal es manejado de modo leniente para no perjudicar el cultivo arbóreo, considerado de principal interés.

 

 

 

b) Sistemas silvopastoriles permanentes

 

Los SSP son permanentes cuando la integración de los tres componentes básicos del sistema (árbol, pastura y animal) es planificada para funcionar a lo largo de toda la explotación. Son arreglos hechos en espaciamiento o densidades intencionales, donde la posibilidad de supresión de un componente por otro es deliberadamente reducida. Estos SSP, cuando son adecuadamente delineados, permiten, en la fase inicial, la utilización del área destinada a la pastura con cultivos temporales, hasta que los árboles alcancen una altura que permita la entrada de los animales en el sistema. En este caso, son llamados sistemas agrosilvopastoriles.

 

Por otro lado, en cuanto a la naturaleza del componente arbóreo, los SSP pueden ser agrupados en:

 

c) Sistemas silvopastoriles con componente arbóreo no sembrado

 

En esta categoría se incluyen los SSP cuyo componente arbóreo hacía parte o se regeneró de la vegetación natural, no habiendo sido sembrado. Son ejemplos la asociación de los “babaçuzais” (vegetación formada por la palmera nativa “babaçu”, Orbignia spp.) con gramíneas naturalizadas, típicas del estado de Maranhão; de los “bacurizais” (vegetación formada por el árbol frutal nativo “bacurizeiro”, Platonia insignis Mart.) con pasturas nativas y cultivadas de la isla de Marajó, en el estado de Pará, y de las “castañeras” (Bertolletia excelsa) remanentes del bosque original, con las especies de pastos cultivados de la región. En estos casos, al contrario de una distribución regular, el componente arbóreo se observa disperso erráticamente, sin ordenamiento.

 

d) Sistemas silvopastoriles con componente arbóreo sembrado

 

En estos sistemas, el componente arbóreo es sembrado por el productor, y constituye la mayoría de los SSP observados en la región. Pueden ser citados, como ejemplo, los sistemas que incluyen el árbol del hule y el cocotero. Existe también la posibilidad de montar un SSP a partir de la siembra del árbol en una pastura ya establecida y en uso. En este caso, se hace necesario contar con cercas de protección, para evitar daños provocados por los animales, como también realizar la rodajea, para evitar la competencia de la pastura. Para reducir o eliminar estas exigencias, Riesco y Ara (1994) sugieren que se trasplanten al campo plantas del mayor porte posible.

 

Otros arreglos de SSP, que priorizan el servicio o la producción individual del componente arbóreo en detrimento de la interacción biológica, pueden ser formados mediante la siembra en los límites de las pasturas ya establecidas o en proceso de establecimiento, cercas vivas y franjas o parcelas forestales de alta densidad.

 

 

 

EL PAPEL DEL ARBOL

 

En los trópicos húmedos, la tala del bosque o de otra vegetación arbórea secundaria para el establecimiento de pasturas u otro cultivo quiebra el delicado equilibrio que torna el ecosistema sustentable. Para ser estable, por lo tanto, el uso de la tierra sucesor (agroecosistema) deberá restablecer, por lo menos en parte, aquellos mecanismos o servicios que garantizaban el equilibrio anterior, como por ejemplo, el ciclaje de nutrientes y la conservación del suelo.

 

El efecto ecológico más esperado de los árboles en los agroecosistemas tropicales húmedos es, sin dudas, la conservación del suelo. Por un lado, las copas pueden disminuir el impacto de las lluvias que provoca erosión y compactación del suelo. Por el otro, el sistema radicular de los árboles, generalmente denso y profundo, además de evitar el arrastre de las partículas del suelo, tiene el potencial de absorber los nutrientes en las capas más profundas del suelo (Montagnini, 1992). Este proceso puede favorecer, mediante el ciclaje de nutrientes, las forrajeras u otros cultivos anuales de enraizamiento superficial, que son sembrados de forma asociada a los árboles, como en los sistemas agroforestales en general o en los SSP, en particular.

 

La comprobación científica de estos hechos no fue aún claramente demostrada en la literatura. Sin embargo, los procesos por los cuales los árboles mantienen o mejoran los suelos incluyen (Young, 1989):

 

-           Aumento de las entradas (materia orgánica, fijación de nitrógeno del aire – en el caso de leguminosas, absorción de nutrientes);

 

-           Reducción de las pérdidas (materia orgánica y nutrientes a través del reciclaje y control de la erosión);

 

-           Mejoramiento de las propiedades físicas del suelo, incluso de la capacidad de retención de agua;

 

-           Efecto benéfico sobre los procesos biológicos.

 

Entretanto, una importante absorción de nutrientes en las capas inferiores del suelo requiere de una disponibilidad razonable de elementos minerales en esas localidades, lo cual es difícil en la mayoría de los suelos de la región. En algunos SSP, el componente arbóreo puede también suministrar forraje, como es el caso de aquellos que incluyen a la leucaena (Leucaena leucocephala).

 

Además, la mayoría de los árboles presenta una relativa baja demanda de nutrientes y una alta tolerancia a la acidez del suelo y, por otro lado, el cultivo de plantas arbóreas es una de las formas más eficientes de capturar y retener el carbono atmosférico, cuyo acúmulo contribuye para el efecto invernadero.

 

Pero existen otras ventajas proporcionadas por el uso de árboles como componente de ecosistemas pecuarios. Una de ellas es el mejoramiento del microclima, beneficiando tanto a las plantas como a los animales. Los árboles impiden la reducción drástica de la humedad del suelo bajo la influencia de sus copas, al reducir la excesiva evaporación causada por los rayos solares. Por otro lado, los animales se benefician de la sombra proporcionada por los árboles, que reduce la insolación y la temperatura ambiente, con reflejos positivos en el desempeño productivo y reproductivo del hato. Además, los árboles pueden funcionar como rompevientos y proporcionar forraje para los animales.

 

 

 

INTERACCION ARBOL X PASTURA

 

El árbol y la pastura – formando respectivamente los estratos superior e inferior – y el animal son los componentes básicos de los SSP. En los sistemas más complejos (agrosilvopastoriles), cultivos anuales precursores, como maíz,  arroz y frijol, pueden ser incluídos, participando apenas en la fase inicial para reducir los costos de establecimiento, sin interactuar fuertemente con el árbol y la pastura.

 

De esta forma, las interacciones que involucran el árbol y la pastura son las más importantes. De inicio, estos componentes presentan enormes diferencias morfológicas, tanto en la parte aérea como en el sistema radicular y, por estar compartiendo el mismo espacio, satisfacen sus necesidades explorando las mismas fuentes de los recursos luz, agua y nutrientes. Por esto, es importante conocer los mecanismos básicos de esta competencia, buscando maximizar la producción biológica.

 

Competencia por luz – en sistemas multi-especies, la competencia por luz sólo pasa a ser de mayor relevancia cuando el suplimiento de agua y nutrientes no es limitante (Connor, 1983). Pero sistemas multi-estrato favorecen plenamente a los árboles en la competencia por luz, quedando la producción de la vegetación herbácea sujeta a la densidad o espaciamiento del componente arbóreo y a su adaptación fisiológica a la baja intensidad de luz. Por esto, Tieszem (1983) especula que plantas C4, por su mejor desempeño fotosintético a pleno sol, serían las más indicadas para el estrato superior, mientras que plantas C3, fisiológicamente adaptadas a las condiciones de poca radiación, deberían preferencialmente componer el estrato inferior. No obstante, son pocas la plantas C4 de posible utilización en el estrato superior de un sistema silvopastoril y ninguna de las gramíneas forrajeras tropicales recomendadas para la formación de pasturas es del tipo C3, a pesar de que algunas de ellas presenten cierta tolerancia al sombreamiento. Las plantas forrajeras C3 más utilizadas en el sotobosque de SSP en los trópicos son las leguminosas pueraria (Pueraria phaseoloides), centrosema (Centrosema pubescens) y calopogonio (Calopogonium mucunoides) como cobertura viva de cultivos perennes, tales como hule (Hevea spp.) y palma africana (Elaeis spp.) (Thomas, 1978).

 

El nivel de radiación solar que alcanza el estrato herbáceo es dinámico a lo largo de la formación de los SSP. En los SSP temporales, de alta densidad de árboles, la cantidad de luz que llega al sotobosque disminuye con el tiempo hasta la total dominancia de las copas. Una excepción ocurre en la plantación de cocoteros, donde el sombreamiento máximo ocurre en edad intermedia (10 a 20 años), disminuyendo de ese momento en adelante con el aumento de la altura y eventuales muertes de los árboles. En SSP verdaderos, donde la exposición de la pastura a la luz es garantizada por el mayor espaciamiento entre los árboles, la competencia por luz sólo es crítica en la interface árbol – pastura, donde el grado de adaptación a la sombra de la forrajera irá a determinar el nivel de poblamiento de las áreas bajo las copas. En SSP que incluyen el pinus, Anderson et al. (1988) reportaron que esta competencia es bastante aliviada por las prácticas silviculturales de raleo y poda efectuadas en época apropiada.

 

Competencia por agua – en regiones con déficit hídrico, las asociaciones entre árboles y pasturas son grandemente afectadas por la competencia por agua, principalmente si los árboles tienen raíces superficiales (Humphreys, 1981). En los SSP ocurre una disminución de la demanda evaporativa de las plantas herbáceas del sotobosque en face a las variaciones microclimáticas y a la velocidad de los vientos. En épocas críticas, el suelo presenta un mayor contenido de humedad debajo de los árboles que en áreas expuestas directamente al sol y al viento, contribuyendo para mejorar el desempeño de las pasturas (Anderson et al., 1988).

 

También se ha observado que, en pasturas abandonadas de la región, las plantas forrajeras remanentes y parcialmente sofocadas o cubiertas por plantas invasoras arbustivas, parecen no sufrir los efectos del período seco, permaneciendo verdes. En el levantamiento efectuado por May et al. (1985), se verificó que la pastura bajo vegetación de la palmera “babaçu” (Orbignia phalerata Mart.) retiene mejor la humedad y produce más que en condiciones de pleno sol.

 

Por otro lado, debido a su posición en el perfil de la estructura multi-estrato, el árbol tiene una demanda evaporativa que excede la de la pastura. Con todo, el acceso de las raíces a las capas más profundas del suelo parece compensar la competencia por agua (Connor, 1983). No obstante, debe considerarse también la posibilidad de que la pastura, bien adaptada a las condiciones de sotobosque, compita con ventajas en los períodos de déficit hídrico, principalmente si el árbol está en la fase inicial de establecimiento o en la condición en que este componente posea un sistema radicular superficial, como algunas palmeras.

 

Competencia por nutrientes – en condiciones de bajo uso de insumos, la diferencia en la extensión y eficiencia de absorción de las raíces de las plantas asociadas es muy importante en la competencia por nutrientes. Una de las mayores expectativas de los SSP (e.g. sistemas agroforestales) es que el componente arbóreo sea eficiente en la translocación de nutrientes de las capas más profundas del suelo para la superficie donde ellos pueden estar disponibles a las plantas herbáceas de raíces superficiales.

 

Los árboles más productivos son aquellos que pueden extraer nutrientes a tasas más elevadas o que posean un eficiente sistema de ciclaje de nutrientes (Connor, 1983). Sin embargo, la potencialidad de los sistemas agroforestales (incluyendo los SSP) en mejorar química y físicamente los suelos tropicales es ampliamente enfatizada, pero poco documentada científicamente, tanto que algunas pocas evidencias en ese sentido han sido conseguidas en regiones de suelo más fértiles o extrapoladas de sistemas naturales o plantaciones forestales (Sanchez, 1987). Por ejemplo, Kellman (1979) mostró indicios de que ciertos árboles y arbustos de la sabana de Belice enriquecen el suelo debajo de sus copas en Ca, Mg, K, Na, P y N, y Ebersohn y Lucas (1965) comprobaron, en Australia, el efecto del árbol en la fertilidad del suelo de pastura (aumento de pH, P y K).

 

Arboles y arbustos con mayor capacidad de acumular nutrientes en sus tejidos, aun en suelos pobres, pueden también ser eficientes en el ciclaje de nutrientes. En estas condiciones, algunas leguminosas y no-leguminosas de la comunidad de plantas invasoras de pasturas cultivadas de la Amazonía Oriental son concentradoras de Ca, P y algunos micronutrientes (Hecht, 1979; Camarão et al., 1990).

 

El componente pastura, a su vez, puede desempeñar también un papel decisivo en la protección del suelo en los SSP. Esta protección es particularmente efectiva en la fase de establecimiento (principalmente si se utilizan leguminosas), cuando el desarrollo de los árboles aún no permite una buena cobertura del suelo, o mismo en la fase adulta, como en los sistemas que incluyen al árbol del hule y la palma africana (Broughton, 1977; Thomas, 1978).

 

Finalmente, es posible que la competencia entre árbol y pastura en SSP pueda ocurrir más allá del ámbito de la luz, el agua y los nutrientes. Estudios más profundos sobre la relación alelopática entre estos componentes son necesarios, en virtud de las evidencias de que gramíneas como el pasto gordura (Melinis minutiflora) puedan perjudicar el crecimiento de algunos árboles (Budowski, 1983). Además, hay indicaciones de que esta gramínea inibe el crecimiento radicular de plántulas de pejibaye y palma africana (Riesco y Ara, 1994).

 

 

 

EL COMPONENTE PASTURA

 

Las condiciones peculiares de sotobosque interfieren en el desempeño de las forrajeras utilizadas para la formación de pasturas. Las principais gramíneas actualmente en uso en la región fueron seleccionadas en condiciones de pleno sol, como aquellas pertenecientes a los géneros Brachiaria y Panicum. En los SSP, tanto la producción como la calidad de la pastura pueden ser afectadas, aunque este efecto no haya sido observado en forma consistente.

 

Producción forrajera

 

La adaptación de las plantas forrajeras a la variación de la intensidad luminosa está vinculada a modificaciones morfo-fisiológicas. Cuando están sombreadas, las hojas de estas plantas se tornan más finas y poseen células menos compactadas, en menor número y de menor tamaño, y una tasa fotosintética más baja (Ludlow y Wilson, 1971). En el semiárido brasileño, Ribaski et al. (1998) observaron los siguientes efectos de la leguminosa arbórea algarrobo (Prosopis juliflora (SW.) DC.) en la pastura de “capim bufel” (Cenchrus ciliares L.), bajo un 50% de sombra: a) reducción de la fotosíntesis, pero aumento de la eficiencia fotosintética; b) elevación del contenido de clorofila; c) aumento del área específica foliar; y d) aumento del contenido de N.

 

Diversos estudios han mostrado una gran variabilidad en el comportamiento de especies forrajeras tropicales en función del nivel de insolación impuesto. En la literatura revisada por Toledo y Torres (1990), por ejemplo, quedó evidente que los zacates “colonião” (Panicum maximum), Brachiaria decumbens y Setaria

sphacelata reducen drásticamente su productividad cuando sometidos a menos de 60% de radiación solar, mientras que el zacate “sempre-verde” (P. maximum) tolera niveles más altos de sombreamiento. Por otro lado, Axonopus compressus aumenta ligeramente su productividad bajo alguna sombra, mientras que Paspalum conjugatum es esencialmente insensible a la sombra. En Australia, Wilson et al. (1990) observaron que, en la primavera - verano, el acúmulo de forraje de Paspalum notatum fue 35% mayor bajo la sombra de una plantación de Eucalyptus grandis que a pleno sol.

 

Según la revisión de Garcia y Couto (1997), la producción más alta de forrajera  de gramíneas bajo niveles moderados de sombra es producto de la mayor mineralización de la materia orgánica y consecuente mayor disponibilidad de nitrógeno en el suelo, favorecidas por la mayor humedad y por la temperatura más amena. Esto puede también ser fruto de la capacidad de fijar y reciclar el nitrógeno atmosférico, en el caso de leguminosas arbóreas como el algarrobo (Prosopis juliflora (SW.) DC.) (Ribaski et al., 1998) y la leucaena.

 

En Samoa Occidental, Reynolds (1978) comparó 16 gramíneas bajo cocoteros permitiendo la transmisión de un 50% de luz y constató que Brachiaria mutica y Digitaria decumbens demostraron baja tolerancia a la sombra, mientras que B. brizantha, B. decumbens, B. humidicola, B. miliiformes, Yschaemum murinum y P.

maximum var. Embu se comportaron mejor en aquellas condiciones. Sin embargo, en un estudio realizado por Smith y Whiteman (1983), las especies B. decumbens y B. humidicola sólo alcanzaron mayores producciones en condiciones de plantaciones más abiertas (más de 70% de luz).

 

En Coronel Pacheco - Minas Gerais, Carvalho et al. (1998) verificaron una drástica reducción de la producción forrajera de B. brizantha cv. Marandu (“braquiarão”), P. maximum cvs. Aruana, Makueni, Mombaça y Tanzania en sotobosque de “angico-vermelho” (Anadenanthera macrocarpa) recibiendo 40% de luz. Entretanto, hay indicaciones de que el “braquiarão” presenta una relativa ventaja en las condiciones de insolación restringida en relación a otras forrajeras comúnmente usadas en la región (Veiga et al., 1990; Costa et al., 1998a). Con respecto a las leguminosas, Costa et al.(1998b) observaron un mejor desempeño de Desmodium ovalifolium CIAT 350, Pueraria phaseoloides CIAT 9900, BRA 0612 y C. macrocarpum CIAT 5065, entre otras ocho estudiadas.

 

Hay indicaciones de que la producción y la calidad de gramíneas tolerantes al sombreamiento pueden ser mejoradas bajo la sombra de especies arbóreas fijadoras de nitrógeno (Belsky, 1992).

 

Calidad del forraje

 

El efecto de la intensidad luminosa sobre la calidad del forraje producido no está plenamente definido en la literatura. Lo que ha sido generalmente observado es que en las condiciones de luz restringida o de sombra, ocurre un aumento del N (Smith y Whiteman, 1983; Castro et al., 1998; Ribaski et al., 1998; Carvalho et al., 1998) y una reducción de la digestibilidad del forraje (Wilson y Wong 1982; Castro et al., 1998). En la investigación de Wilson y Wong (1982), este efecto en la digestibilidad del forraje de Panicum maximum fue atribuído a la disminución de la relación hoja:tallo y de los carbohidratos solubles y al aumento del contenido de lignina en los tejidos; este efecto del sombreamiento no fue constatado en la leguminosa siratro (Macroptilium atropurpureum).

 

Según Garcia y Couto (1997), la sombra puede reducir la proporción del tejido más digerido de la hoja (el mesofil) y aumentar la del tejido menos digerido (la epidermis). Por esto, gramíneas tolerantes a la sombra tienden a ser más palatables que aquellas que crecen a pleno sol (Baumer, 1991). Según los pocos trabajos disponibles sobre contenido mineral de gramíneas y leguminosas, revisados por Garcia y Couto (1997), la reducción de la luminosidad aumenta los contenidos de calcio, fósforo, potasio, magnesio, azufre, cobre y cinc en gramíneas y leguminosas tropicales, posiblemente debido al menor crecimiento en aquella condición. No obstante, Ribaski et al. (1998) reportan una reducción del calcio y del fósforo.

 

 

 

EL COMPONENTE ANIMAL

 

De forma general, los objetivos principales de la integración de rumiantes en SSP son:

 

1.       Producir proteína animal sin incorporar nuevas áreas al sistema de producción;

 

2.       Reducir los costos de eliminación de las plantas invasoras del sotobosque a través del pastoreo de especies palatables o del daño y pisoteo de las no palatables;

 

3.       Reducir el riesgo de incendios al evitar el acúmulo de la vegetación herbácea fresca o seca;

 

4.       Acelerar el ciclaje de nutrientes de la biomasa a través de la deposición de heces; y

 

5.       Proveer ingresos adicionales a través del aumento de la productividad de la tierra.

 

En cultivos perennes tipo “plantation” (en SSP temporales), además de la obtención de ganancias adicionales a la actividad principal, la utilización de animales para el pastoreo del sotobosque es hecha con la intención de reducir los costos de control de la vegetación herbácea con alto potencial de competir con los árboles por agua y nutrientes. Una vez rebajada la altura de la vegetación rastrera se reducen los riesgos de incendio, al mismo tiempo en que algunos frutos, como el coco y la castaña, pueden ser más fácilmente localizados en el terreno y recolectados.

 

El papel de los animales puede ser visto también como un elemento acelerador del proceso de ciclaje de nutrientes en el sistema, puesto que gran parte de la biomasa que consumen retorna al suelo en forma más degradada, como heces y orina. Hasta un 90% de los nutrientes minerales (incluyendo el nitrógeno) contenidos en el forraje consumido por los animales en pastoreo retorna a la pastura en forma de heces y orina (Mott y Popenoe, 1977).

 

Beneficios microclimáticos

 

En la Amazonía Oriental, el efecto de la sombra de los árboles en la reducción del estrés térmico y en el aumento de la productividad del ganado es casi siempre olvidado, siendo difícil la presencia de árboles en las pasturas, sean éstos aislados o en plantaciones. El propio proceso de establecimiento de las pasturas en la región, utilizando el fuego como principal herramienta de preparación del suelo, dificulta que se salven y mantengan segmentos de vegetación arbórea.

 

Según Baumer (1991), cuando los animales se encuentran protegidos del calor, pastan por períodos más largos, requieren menos agua (20%) para beber, y presentan mejor eficiencia de conversión de forraje, mayor crecimiento y producción de lana y de leche, pubertad más precoz, mayor tasa de concepción, mayor regularidad del período fértil y mayor vida reproductiva. En Florida, Buffington y Collier (1983) constataron un aumento de un 10% en la producción de leche en el verano y una mejora de la tasa de concepción en vacas que tuvieron acceso a la sombra.

 

En los trópicos, la reducción de la insolación y de la temperatura ambiente proporcionada por la sombra de los árboles son los beneficios microclimáticos más importantes para los animales. Algunos trabajos han documentado la dimensión de los cambios microclimáticos provocados por los árboles. Por ejemplo, Tajuddin (1986) reportó que la temperatura en el sotobosque bajo árboles de Hevea sp. en Malasia, pastoreado por carneros, era de 1 a 5oC menor que a pleno sol.

 

El efecto de los cambios microclimáticas provocados por los árboles en la producción animal ha sido documentado en la literatura. En Australia, la permanencia de ovejas durante tres años en pastos sombreados con pinus (Tamarix aniculata, en un espaciamiento de 10 x 10 m) produjo entre 10 a 16% más animales que en pastos no sombreados; el crecimiento y la producción de lana de los carneros también aumentaron (Roberts, 1984). Sin embargo, en Kenia, el mayor efecto de los árboles de marañón en las pasturas fue la reducción de la radiación solar, no habiendo sido posible probar ninguna diferencia en la producción lechera (Goldson, 1973).

 

En las condiciones del trópico húmedo, no hay evidencias concretas sobre el beneficio de la sombra de árboles sobre la productividad del ganado cebuino, que es considerado bastante adaptado al calor tropical y criado en mayor número en la región. Esta ventaja ha sido reportada para otras condiciones climáticas, con razas europeas como Hereford, Arberdeen Angus y Holandesa (Müller, 1978). Así que puede esperarse que animales de mayor aptitud productiva y con menor adaptación al clima regional, puedan producir con más eficiencia en pasturas de sotobosque.

 

En el animal, los factores climáticos afectan directamente la termo-regulación, consumo y utilización del agua y de los alimentos, crecimiento, producción de leche y desempeño reproductivo (Djimde et al., 1989; Baumer, 1991). De hecho, en las pasturas con poca o ninguna presencia de árboles, los bovinos, principalmente los de origen europeo y sus mestizos, sufren bastante en las horas más calientes, reduciendo su tiempo de pastoreo durante el día. De este modo, los árboles, al proporcionar sombra, barrera contra los vientos y abrigo, disminuyen el estrés climático, mejorando la producción animal.

 

Daños a los árboles

 

La introducción del ganado en los SSP interfiere con los árboles en diferentes intensidades conforme el tipo y edad del animal y del árbol, además del manejo de pastoreo adoptado. Los daños comprenden el consumo del follaje, como en el caso del cocotero (Coccus nucifera), palma africana (Elaeis spp.) y castaña (Bertolletia excelsa) y de la cáscara de los troncos (en el pinus); la quiebra de ramas y también de fustes, como ocurre con el árbol de marañón (Anacardium ocidentalis. El consumo de brotes terminales puede provocar deformaciones de fustes, comprometiendo la calidad de la madera producida, en el caso de cultivos de especies forestales.

 

Los perjuicios causados por bovinos parecen ser más serios que aquellos proporcionados por ovinos y caprinos. Por su mayor porte, los bovinos pueden alcanzar ramas a una mayor altura y provocar el rompimiento de ramas y tallos por pisoteo o simplemente al rozar los árboles para rascarse. Por este motivo, el inicio del pastoreo sólo es recomendable cuando los árboles alcancen una altura en que el follaje quede fuera del alcance de los animales. En el caso de follaje de baja palatabilidad (como el pinus, por ejemplo), el pastoreo puede ser anticipado desde que el diámetro del tallo no sea limitante. La  experiencia de la región ha mostrado que, en sistemas con árboles de Hevea sp. y especies forestales como “paricá” (Schyzolobium amazonicum) y eucalipto (Eucalyptus tereticornis), la entrada de bovinos no debe darse antes de 3 a 4 años de haberse sembrado los árboles.

 

Daños al suelo

 

Algunos estudios muestran que el ganado puede afectar las características físicas y químicas del suelo. Esta acción se da principalmente a través del pisoteo y del ciclaje de nutrientes. El mayor efecto parece ser en el aumento de la compactación y en los cambios en la relación suelo - agua - aire y en la proporción de K en relación al Ca y Mg, principalmente en las condiciones más intensivas de manejo (Sadeghian et al., 1999).

 

Tipo de animal

 

El animal a ser usado en SSP no debe perjudicar el crecimiento, productividad y manejo del cultivo perenne asociado. Así, carneros y bovinos más jóvenes, por su porte y hábito de alimentación son especialmente apropiados. En un suelo aluvial arenoso de Malasia, se observó que el crecimiento de árboles de Hevea sp. aumentó después del pastoreo de carneros a intervalos de 6 a 8 semanas (Tajuddin, 1986). Por su docilidad, los bovinos lecheros pueden ser indicados y, entre los de engorde, debe darse preferencia a los lotes más frecuentemente manejados. Se ha observado que cabras y búfalos pueden causar daños a los troncos de los árboles, específicamente a la cáscara.

 

Otra forma de seleccionar el animal para SSP sería por el potencial de respuesta a las condiciones microclimáticas favorables. Según Daly (1984), becerros jóvenes son más susceptibles al calor que animales más viejos, y vacas gestantes y lactantes se estresan más por el clima que vacas secas y novillos.

 

El manejo del pastoreo

 

Las restricciones impuestas por las peculiaridades de los cultivos arbóreos hacen aún más difícil el manejo de la pastura. Los cuidados con el manejo del pastoreo dicen respecto principalmente a la carga animal y al sistema de pastoreo. Las cargas animales menores son más seguras contra los daños a los árboles – e inclusive a los suelos, principalmente los arcillosos. Entretanto, Toledo y Torres (1990) especulan que cuanto más alta sea la carga animal, más alto será también el consumo de las plantas herbáceas que compiten por agua y nutrientes, beneficiando a los árboles. Aquellos autores citaron los hallazgos de Chen y colaboradores en que la productividad del cultivo de palma africana fue favorecida en los casos en que la carga animal era más altas. Bajo cocoteros en Samoa del Oeste, Reynolds (1981) sometió pasturas mejoradas y no mejoradas a una carga animal de 2.5 novillos/ha; la producción animal fue más que el doble en las pasturas mejoradas, sin gran variación en la producción de cocos. Pero, la capacidad de soporte de una determinada pastura de sotobosque va depender del “stock” final y del estadío de crecimiento del componente arbóreo (Knowles, 1991). Cameron et al. (1994) observaron que el acúmulo de forraje bajó cuando la sobrevivencia era mayor que 1000 árboles/ha.

 

El sistema de pastoreo continuo, aunque reduzca el movimiento de entrada y salida de animales en el área, es generalmente más dañino a la persistencia de la pastura que el sistema rotativo, especialmente cuando se manejan altas cargas animales. Para facilitar el manejo, tanto del componente pastura como de los animales, es necesaria una reserva de pastura en monocultivo para servir de amortiguamento o área de escape.

 

Por otro lado, la dinámica de la composición botánica de la vegetación herbácea es bastante alterada bajo condiciones de sombreamiento. Se debe prestar atención a la infestación de plantas invasoras que aumentan su capacidad de competencia con la pastura en las condiciones de sotobosque, como es el caso de Clidemia hirla ( L.). Don., en los cultivos de Hevea brasiliensis (Veiga y Serrão, 1990).

 

 

 

LOS SISTEMAS SILVOPASTORILES EN LA AMAZONIA ORIENTAL

 

La experiencia sobre los SSP en la Amazonía Oriental no es reciente. Aun sin el conocimiento teórico actualmente disponible, son comunes los ejemplos de asociaciones árbol–pastura practicados en el pasado por productores locales. Generalmente son SSP con componente arbóreo natural, como la asociación de

“babaçuzais” con pasturas naturalizadas, típicos del estado de Maranhão (May et al., 1985). También hay relatos del uso de SSP con componente arbóreo sembrado, como los que incluyen la plantación forestal de Pinus caribea var. Hondurensis y gramíneas del género Panicum, en Almerim, Pará (Lins, 1985).

 

 

1)      EN USO EN LAS PROPIEDADES

 

A continuación se mencionan algunos SSP identificados en propiedades de la región mediante inventarios formales e informales.

 

Con componente arbóreo no sembrado

 

Estos son sistemas que generalmente componen el escenario de un determinado local, extrapolando los límites de las propiedades, en que se aprovecharon los árboles de la vegetación anterior o de su regeneración. Aunque no haya habido interferencia del productor en la introducción del componente arbóreo, este fue deliberadamente protegido en la ocasión de la siembra o de las limpiezas de la pastura.

 

“Babaçu” (Orbignia phalerata) x pastura naturalizada Fue descrito en la  región de transición entre la Amazonía y el Semiárido del estado de Maranhão, ocupando extensas áreas (May et al., 1985). La densidad de la palmera es muy variable, pero siempre significativa. Observado sobretodo a una baja carga animal, este sistema ha sido la base para la crianza de bovinos en las localidades donde predomina. La pastura es naturalizada con varias especies forrajeras, predominando el jaragua (Hyparrhenia rufa). El componente arbóreo produce el “coco babaçu”, producto que proporciona aceite y afrecho. Además de la sombra, los animales eventualmente se benefician comiendo el follaje de los árboles jóvenes.

 

“Babaçu” (Orbignia phalerata) x “braquiarão” (B. brizantha) o quicuyo (B. humidicola) – Es encontrado en varias localidades del Sur del estado de Pará, principalmente en la región de Marabá y de la carretera Transamazónica, hacia el Oeste del estado. En este caso, la principal función del componente arbóreo es proveer sombra a los bovinos, muchas veces de aptitud lechera. La eficiente dispersión de semillas del “babaçu” por roedores provoca una gran emergencia de plantas jóvenes. Por esto, la densidad del árbol se mantiene baja mediante limpiezas manuales para disminuir la competencia con la pastura que es constituida de “braquiarão” y quicuyo. Otras palmeras de aspecto similar pueden hacer parte de la vegetación arbórea, como el “inajá” (Maximiana maripa).

 

“Inajá” (Maximiana maripa) x quicuyo o “braquiarão” – Los SSP que incluyen la palmera “inajá” son bastante comunes en el Nordeste del estado de Pará (Veiga et al., 1990). Aunque se trate de una palmera parecida al “babaçu”, su fruto no tiene uso industrial ni su propagación por semillas es agresiva, de modo que el control de su densidad requiere menos esfuerzo por parte del productor. En algunas localidades, los frutos alimentan animales silvestres que pueden ser cazados por la población. El follaje, en forma de paja, puede servir de cobertura para las casas de los habitantes más pobres de la región. Las pasturas predominantes en este sistema son el quicuyo y, en menor escala, el “braquiarão”. Los bovinos utilizados tienen aptitud para la producción de carne.

 

“Castaña” (Bertolletia excelsa) x “colonião” (Panicum maximum) o “braquiarão” – El árbol de castaña es una especie nativa, cuyas semillas (“castanha-do-pará”, castaña o nuez de Brasil) es de gran expresión económica en la Amazonía brasileña. Como la tala de este árbol es prohibida por ley, en las regiones donde ocurre en mayor cantidad, como el Sur de Pará (específicamente la región del polígono de los castañales) y la región de la Transamazónica, los productores evitan cortarlas en el proceso de tala del bosque para formación de pasturas. Diferente de los SSP que incluyen “babaçu” e “inajá”, la importancia de este sistema va depender de la densidad y distribución de los árboles en los pastos. De esta forma, es común encontrarse extensas pasturas de “colonião” o “braquiarão” con 2 hasta 7 a 10 frondosos árboles de castaña de 30 a 50 metros de altura, por hectárea. Además del cumplimiento de la ley, la única ventaja de la presencia de estos árboles en la pastura es la sombra proporcionada a los bovinos, una vez que no es común que se colecten sus frutos. Para evitar que el fuego accidental o aquel usado para limpieza de la pastura cause serios perjuicios a los árboles remanentes, algunos productores hacen la rodajea o chapea de la pastura alrededor de los árboles para evitar que el fuego alcance el fuste. También es común la caída de estos árboles por efecto de los vientos, indicando que su sustentación queda comprometida cuando no se encuentran rodeadas por otros árboles del bosque.

 

“Ipê” (Tabebuia serratifolia) x “braquiarão” o “colonião” – Se trata de un tipo de SSP comúnmente encontrado en regiones de frontera agrícola de toda la Amazonía y que se forma, generalmente, en los primeros años después del establecimiento de la pastura en áreas de bosque primario. En estas circunstancias, tanto en pasturas de “colonião” como de “braquiarão”, la regeneración de la vegetación original ocurre con cierto vigor, tanto por semillas como por propagación vegetativa. Esta vegetación secundaria perjudica el crecimiento de la pastura, siendo considerada por el productor como indeseable y, por esta razón, es eliminada en las sucesivas limpiezas de la pastura. Como parte de este complejo botánico, se encuentran algunas especies forestales de valor comercial como el “ipê”, tanto el de flor amarilla como el de flor morada. Los “seedlings” y los rebrotes de estos árboles son cuidados durante las limpiezas de la pastura y, como no sufren significantes daños con la presencia de los animales, pueden tornarse individuos adultos a punto de promover sombra, además de representar una alternativa económica potencial. La densidad de estos árboles llega a 20 individuos por hectárea, dependiendo del lugar. Como aparentemente estos árboles resisten satisfactoriamente tanto a las quemas que ocurren normalmente en las pasturas de la región, como a la acción de los animales, ningún cuidado específico es hecho para su mantenimiento.

 

Con componente arbóreo sembrado

 

Estos SSP constituyen, en su mayoría, experiencias pioneras hechas por productores de la región, en áreas restritas, ocupando una pequeña fracción de la propiedad.

 

Arbol de hule (Hevea brasiliensis) x pueraria o quicuyo – Este sistema fue descrito en tres propiedades de los municipios de Belém y Ananindeua (Veiga y Serrão, 1990; Veiga et al., 1990), encontrándose también en otras de Tomé-Açu, en Pará. Cuando constituido a partir de siembras convencionales de árboles del hule en espaciamiento de 3 x 7 m, la pueraria – leguminosa de cobertura que también es forrajera – es sembrada entre los árboles primeramente para protejer el suelo, suprimir el crecimiento de las plantas invasoras y fijar nitrógeno atmosférico. El componente animal, ganado de engorde o de leche, es introducido en el sistema después de cuatro años de la siembra de las plántulas de hule, para evitar daños a los árboles. En otro tipo de arrego espacial que permite formar SSP permanentes, se intercalan franjas de tres líneas de Hevea sp. en espaciamiento de 3 x 3 m, con franjas libres de 21 m, donde se siembra la pastura de quicuyo. Debido a la ausencia de cercas internas, el pastoreo es continuo. Cuando los árboles están en sangría, el pastoreo es realizado de día para facilitar la colecta del látex, que es el producto comerciable de esta especie. Al salir de este sistema, los animales son mantenidos en apartos adyacentes de pastura en monocultivo. Por falta de control, la intensidad de pastoreo puede ser alta, perjudicando la persistencia principalmente de la pueraria que poco a poco va perdiendo la competencia para las plantas dañinas, más adaptadas a las condiciones de sombra, tales como C. hirla (L) D. Don., Homolepsis aturensis, Paspalum spp. y Vismia guianensis. Los principales daños causados por los animales a los árboles de hule son el consumo del follaje de las plantas jóvenes y de látex, y el extravío de las tinajas para la recolección de látex. Las principales limitaciones del manejo de este sistema son el sobrepastoreo y la consecuente degradación del estrato herbáceo que constituye la pastura. Para evitar este problema, es necesaria una adecuada área de amortiguamento de pastura en monocultivo para permitir descansos frecuentes de la pastura del sotobosque.

 

Cocotero x quicuyo – Ejemplos de este SSP fueron encontrados en los municipios de Salinópolis, Santarém Novo, Belém (Veiga y Serrão, 1990; Veiga et al., 1990) y de Salvaterra, en Pará. Los cocoteros son especialmente indicados para este tipo de asociación, tanto por el bajo nivel de sombreamiento impuesto al sotobosque como por la excelente tolerancia al fuego, que con tanta frecuencia ocurre en las pasturas regionales. Estas palmeras, para producción de materia prima industrial y de agua de coco, son sembradas en espaciamiento convencional de 10 x 10 m en asociación con quicuyo en el sotobosque. Donde exista un déficit hídrico considerable y en suelos con baja retención de agua, la pastura puede conpetir con los cocoteros con un reflejo negativo en la producción. Para evitar este problema, los productores controlan periódicamente la vegetación alrededor de las palmeras, a través de rodajeas y cobertura muerta con cáscara de coco. El principal criterio para la introducción del ganado en el sistema es la altura de los árboles, buscándose evitar el consumo de las hojas, situación conseguida a los 4 o 5 años de la siembra. Generalmente el pastoreo es temporal, una vez que son utilizados también otros recursos forrajeros de las propiedades. En condiciones de sobrepastoreo y sombreamiento más intenso, ocurre la invasión y el dominio del sotobosque por “capim navalha” (Paspalum virgatum), gramínea no consumida por el ganado y que posee una enorme capacidad de propagación por semilla. No obstante, donde el manejo permite el crecimiento normal de la pastura, el desempeño productivo de este SSP es muy bueno, a juzgar por el relato de un productor que menciona que la productividad del sistema es más alta que la sumatoria de la producción de cada uno de los componentes aislados, indicando una sinergía que es una de las características más perseguidas en sistemas de asocio. Además del consumo de las hojas, los animales pueden dilacerar las raíces superficiales de las palmeras, principalmente en condiciones de sobrepastoreo y en suelos encharcados. El uso de una forrajera  menos competitiva que el quicuyo o de una leguminosa herbácea fijadora de nitrógeno podría mejorar sustancialmente el sistema. Fue observado un caso en que las entrelíneas de los cocoteros eran cultivadas en los primeros 5 a 7 años con leguminosas mejoradoras del suelo y algodón, antes del establecimiento de la pastura, caracterizando un sistema agrosilvopastoril, lo cual puede mejorar sustancialmente el desempeño económico del sistema.

 

Palma africana (Elaeis guineensis) x quicuyo o “capim gengibre” (P. maritimum) – Se trata de un sistema encontrado en el Noreste del Estado de Pará, específicamente en propiedades próximas a Belém, en los municipios de Santo Antônio do Tauá y Castanhal (Veiga y Serrão, 1990; Veiga et al., 1990). Normalmente la siembra de la palma africana es hecha en pastura ya existente de quicuyo, “capim jengibre” y “navalha”, en espaciamiento de 9 x 9 m. El producto comercial de esta palmera son los frutos destinados a la industria de aceite. Para disminuir la competencia del estrato herbáceo, a ejemplo de lo que ocurre con el cocotero, periódicamente es hecha la rodajea alrededor de los fustes. Como este SSP representa apenas una pequeña parte de los recursos forrajeros de la propiedad, el pastoreo es generalmente esporádico, pero pesado, contribuyendo a la degradación de la pastura. Generalmente se utiliza ganado de engorde en este sistema. La arquitectura foliar de esta palmera facilita el alcance de las hojas por los animales. Por esto, cuando la entrada del ganado es hecha antes de tres años de la siembra, pueden ocurrir daños a las hojas más bajas de la palmera, perjudicando su crecimiento. Pero el productor difícilmente espera el tiempo necesario para introducir los animales, de modo que es común observar un considerable consumo de las hojas basales. La siembra intercalada de cultivos de ciclo corto en los primeros años puede constituir una buena alternativa económica de aprovechamiento del área antes del establecimiento de la pastura. También en este SSP, la disponibilidad de forraje adicional para el ganado, a través de pasturas de amortiguamento, se torna necesaria para evitar el sobrepastoreo del sotobosque.

 

Marañón (Anacardium occidentale) x quicuyo – Esta asociación fue encontrada en propiedades de los municipios de Salinópolis y Paragominas, en Pará (Veiga y Serrão, 1990; Veiga et al., 1990). En la ocasión en que fue descrito, este SSP había sido sometido a apenas cortos períodos de pastoreo. Los árboles de marañón fueron establecidos en espaciamiento de 10 x 10 m, al mismo tiempo que la pastura de quicuyo. Para disminuir la competencia de la pastura se realizaban rodajeas periódicas en torno de los árboles de marañón. El pastoreo de este sistema por bovinos nelore adultos realizado dos años después de la siembra, aun en forma preliminar y supervisado de cerca, no fue satisfactorio debido a los daños causados a los árboles. Los animales rompen las ramas y, a veces, el tronco al rascarse o chocar con las plantas menos desarrolladas. No obstante, las hojas no son consumidas por el ganado. En vista de esta constatación, no se recomienda el pastoreo en este sistema antes de tres años de edad, a no ser por animales más dóciles y de menor porte como becerros y carneros.

 

 

Achiote (Bixa orellana) x quicuyo – Ejemplos de este sistema fueron  encontrados en la Hacienda Piave, en el municipio de Igarapé-Açu (Veiga y Serrão, 1990; Veiga et al., 1990) y en la Hacienda Bannack, en Castanhal – Pará. El achiote es una planta arbórea nativa que produce un colorante (bixina) usado en la industria de alimentos. En estos casos, la finalidad del achiote era la producción de colorante y de semillas para comercialización. Las plántulas de este árbol fueron sembradas en espaciamiento de 5 x 5 m, en arreglo triangular, resultando en un total de 467 plantas/ha. La pastura fue plantada en la misma ocasión, mediante de estructuras vegetativas de reproducción. El espaciamiento de los árboles de achiote, un poco mayor que el recomendado para las siembras en monocultivo, permitió el establecimiento de un SSP permanente. Para evitar la competencia de la vegetación herbácea, se hacían rodajeas alrededor de los árboles y se colocaba cobertura muerta sobre el área limpia con las cáscaras de las cápsulas de los frutos de achiote. El primer período de pastoreo, iniciado a un año y medio de la siembra, duró aproximadamente 9 meses, con la carga animal de 1.2 novillos de dos años (con cerca de 250 kg de peso vivo) por hectárea, con un ganancia de peso diario de 600 g por novillo. Posteriormente, el sistema fue pastoreado por ovinos, a una carga animal de 1.3 cabezas/ha, en el período de un año, no se tiene registros de la  ganancia de peso. Enseguida, el pastoreo del sistema se hizo esporádicamente por bovinos, ovinos y equinos, en conjunto. A pesar de la disponibilidad de pasturas en monocultivo en la propiedad, hubo una tendencia del productor de permitir pastoreos pesados del sistema, sin el debido descanso, lo que comprometió la persistencia de la pastura y la consecuente invasión de plantas herbáceas indeseables. Cuando la pastura del sotobosque es utilizada por bovinos, los daños posibles son rompimiento de ramas de las plantas jóvenes. Ya los ovinos sólo pasan a consumir las hojas y frutos después de seis meses en el área, tal vez por falta de suficiente forraje. Los equinos no son aconsejados en este sistema por el hecho de que consumen las inflorecencias y los frutos de achiote. De esta forma, la sustentabilidad de este SSP depende del tipo de ganado usado y del control de pastoreo. Los bovinos, por lo tanto, no son recomendables para utilizar el sotobosque de una plantación de achiote con menos de tres años y los ovinos no deben ser utilizados en pastoreo intensivo. Por otro lado, los problemas de daños a los árboles podrían evitarse usando variedades de achiote de hábito de crecimiento más erecto.

 

Pinus (Pinus caribaea) x “colonião” o quicuyo – Aunque existan otros casos en la región, los registrados fueron encontrados en la “Companhia Jari Florestal e Agropecuaria”, en Almerim (Lins, 1985) y en Santa Izabel (Veiga y Serrão 1990; Veiga et al. 1990), en Pará. En la primera localidad, la siembra de pinus se hizo en un espaciamiento de 2.2 x 4 m y la pastura fue estabelecida luego después, en un SSP típicamente temporal. El ganado bovino fue introducido en la asociación a una carga animal de 1 UA/ha hasta el 4º año, disminuyendo esta tasa a partir de ahí, debido a la disminución de la producción forrajera del sotobosque frente al creciente sombreamiento provocado por la especie forestal. En la segunda localidad, el área había sido ocupada por una plantación de pinus en espaciamiento convencional de 3 x 3 m. A la edad de aprovechamiento, el corte de los árboles se hizo de tal forma a dejar franjas constituidas de dos líneas de pinus, con una distancia de 50 a 100 m entre franjas. La finalidad del componente arbóreo fue la de proveer sombra a los animales lecheros y embellecer el paisaje. La pastura de quicuyo fue sembrada posteriormente entre las franjas de pinus, completando así el SSP de tipo permanente. En este caso, el inicio del pastoreo queda condicionado únicamente al establecimiento de la pastura. Por otro lado, como los árboles que componen esta asociación son altos (en este caso alcanzaron entre 15 y 20 m) y, por esto, exentos de los daños causados por los animales, el manejo de la pastura atiende apenas a las necesidades de la forrajera. En un SSP como este, donde hay poca o ninguna competencia entre los componentes y no es previsto el corte de los árboles, la sustentabilidad del sistema va depender apenas del manejo de la pastura. En el caso descrito, la pastura fue sobrepastoreada, posibilitando la invasión de gramíneas no palatables como “capim sapé” (Imperata brasiliensis) y “jengibre” (P. maritimum), además de “lacre” (Vismia guianensis).

 

Mango (Mangifera indica) x Paspalum spp. – El único ejemplo de este sistema en la región fue encontrado en la “Hacienda Yuko Honda” en el municipio de Castanhal, en Pará (Veiga y Serrão, 1990; Veiga et al., 1990). Los árboles de mango injertados fueron sembrados en espaciamiento de 12 x 12 m y en la ocasión ya se encontraban en producción desde hacía tres años. No había sido sembrada ninguna pastura en los espacios libres del cultivo, pero con el tiempo, se dio la colonización del área por “capim jengibre” y “navalha”, así como por algunas ciperaceas, ya que la densidad de los árboles permitía la penetración de suficiente cantidad de luz solar. El crecimiento de esta vegetación herbácea era, entonces, controlada por el pastoreo periódico de una parte del hato de aptitud mixta (leche y carne) de la propiedad. Como los animales solamente tuvieron acceso al área después de que los árboles de mango alcanzaron un cierto desarrollo, no fue registrado ningún daño a dichos árboles. Por otro lado, las condiciones observadas de luminosidad del sotobosque permiten el crecimiento de forrajeras más productivas como “braquiarão” o quicuyo sin dificultad, lo que sería un ajuste bastante oportuno al presente sistema.

 

Castaña x “colonião” o quicuyo – Dos diferentes sistemas que incluyen al árbol de castaña sembrada fueron encontrados en la Amazonía. El primero fue establecido en el municipio de Marabá, Pará, donde las plantas sin injertar habían sido sembradas en un área de pastura degradada de “colonião” a un espaciamiento de 15 x 15 m. A los cinco años de crecimiento, el “colonião” original había colonizado nuevamente el área, completando así el sistema. Esporádicamente el SSP era pastoreado por animales nelore de engorde. Debido al uso leniente de la pastura, no se había notado ningún daño a los árboles. El otro sistema, más intensivo, fue establecido en una hacienda en Itacoatiara, estado de Amazonas, en un proyecto que recibía soporte técnico de la Embrapa Amazonía Oriental (Veiga y Serrão, 1990). El objetivo era recuperar la productividad de un área de 400 ha de pastura degradada de “colonião” de 10 años de edad, que había sido reformada, sin éxito, con quicuyo. El área fue preparada mecánicamente y las plantas injertadas fueron sembradas a un espaciamiento de 20 x 20 m (25 plantas/ha), en hoyos de 50 x 50 x 50 cm, a los cuales se aplicó 50 g de superfosfato simples. En los primeros meses, las plantas y el suelo alrededor eran protegidos del sol por tallos de Cecropia spp., planta pionera nativa y abundante en la región. Para controlar la competencia de la vegetación herbácea se hicieron rodajeas en torno de las plantas y chapea mecánica de las entrelíneas. En el primero y segundo años, se hizo una fertilización de mantenimiento con 100 g de NPK, fórmula 17-17-17 por planta. A lo largo de los primeros años y aprovechando la limpieza del área, el pasto quicuyo sembrado anteriormente se regeneró. La introducción de los animales nelore se dio entre 4 y 5 años, cuando los árboles de castaña estaban con 6 metros de altura, no siendo observado ningún daño a los árboles. A los ocho años de edad, la altura media de los árboles era de 12 metros, con la proyección de las copas cubriendo cerca de 30% del área, ofreciendo plenas condiciones para el crecimiento de la pastura. El sistema de pastoreo era continuo, con breves períodos de descanso. La carga animal adoptada fue de 0.5 UA/ha. Han sido necesarias dos chapeas mecánicas por año para la limpieza de las invasoras herbáceas y leñosas en la pastura. A lo largo del período de utilización, la pastura de quicuyo del sotobosque ha sido invadida por las gramíneas Homolepsis aturensis y Paspalum spp., de baja palatabilidad, que parecen beneficiarse de las mejores condiciones de humedad del suelo en las proximidades de los árboles. El follaje de esta especie de árbol es bastante palatable a los bovinos, por lo cual el sotobosque de plantaciones jóvenes no debe ser pastoreado. Sin embargo, no se ha observado ningún daño provocado por animales en los troncos y ramas. De esa forma, este sistema no presenta mayores restricciones agronómicas, a no ser la infestación de plantas indeseables en la pastura. El uso de este SSP por bovinos solamente se hace posible en la presencia de pasturas adicionales en monocultivos dentro de la propiedad, para recibir los animales durante el descanso de la pastura del SSP.

 

“Paricá” (Schyzolobium amazonicum) x teca (Tectonia grandis) x quicuyo – Este SSP temporal fue encontrado en la hacienda del Grupo Imasa, en Redenção, Pará. El objetivo del productor era recuperar un área de pastura degradada de una mescla de “colonião”, jaragua y quicuyo. El “paricá” es una especie nativa de la región, largamente utilizada en la industria de plywood. La teca es una madera noble, de alto valor en el mercado internacional. Plantas de estos dos tipos de árboles fueron sembradas en asociación, a un espaciamiento inicial de 3 x 3 m, en 1994, previendo la realización de sucesivos raleos en el futuro, con miras a mantener un “stand” de 40% de “paricá” y 70% de teca en el sistema, lo cual es compatible con el porte de estas especies forestales. No se hizo ninguna siembra de forrajera  en las entrelíneas, pero con el tiempo el sotobosque fue nuevamente colonizado por el quicuyo, formando un SSP. Pastoreos leves y periódicos de la pastura fueron hechos a partir del tercer año de la plantación. A los seis años, el SSP continuaba permitiendo pastoreos periódicos de una parte del hato de engorde, sin control definido de la carga animal, con el objetivo que estos consumieran el forraje disponible y disminuyeran el riesgo de incendios (Fig. 1). No obstante, a este punto, ya se observa una disminución de la capacidad de carga animal  de la pastura debido al aumento creciente de la sombra de los árboles.

 

 

 

 

Figura 1.– Sistema silvopastoril “paricá” (Schyzolobium amazonicum) x teca (Tectonia grandis) x quicuyo (Bachiaria humidicola), a los seis años, en Redenção, Pará.

 

2) EXPERIMENTALES

 

La mayor parte del esfuerzo de investigación en SSP realizado en la región se concentró en el Campo Experimental de la Embrapa de Paragominas, localizado en la Hacienda Poderosa (30 05’ lat. Sur y 470 21’ lat. Oeste), clima tipo Aw con precipitación anual de 1750 mm, suelo "Latosol Amarillo", muy arcilloso (Oxisol), 12 km al Sur de la ciudad en el Noreste de Pará. Las principales investigaciones se detallan a continuación:

 

Sistemas silvopastoriles combinando tres especies forestales con tres pasturas – Se trató de un esfuerzo para elaborar formas sustentables para recuperar extensas áreas de pastura degradada, en una región pionera de crianza de ganado de engorde, en que la extracción de madera nativa, de gran significado económico para la región, estaba tornándose inviable por el agotamiento de las reservas naturales (Veiga y Marques, 1998). Se estudió la viabilidad de los sistemas silvopastoriles compuestos por las especies forestales paricá, tatajuba (Bagassa guianensis Aubl.) y eucalipto (Eucalyptus tereticornis Smith) con las pasturas de braquiarão, colonião - sustituido posteriormente por dictioneura, B. dictyoneura - y quicuyo. Un área cuadrada de nueve hectáreas fue dividida en tres rectángulos iguales, constituyendo tres "bloques" destinados a las tres especies forestales, cada una en un área cuadrada de una hectárea de cada "bloque", al azar. Cada uno de estos "bloques" fue destinado a una de las especies de pastos, al azar, formando al todo nueve combinaciones de sistemas silvopastoriles. Después de la preparación mecánica del área experimental, los árboles fueron sembradas en enero de 1985, en franjas constituidas de tres líneas, en espaciamiento de 3 x 3 m (555 árboles/ha), dejando un espacio entre franja de 12 metros de ancho. En estos espacios entre franjas de plantaciones arbóreas, reservados a la pastura, fueron sembrados maíz, en el primero y en el segundo años, y maíz asociado a cada una de las pasturas en el tercer año. El pleno establecimiento de las pasturas fue previsto para después del tercer año de la siembra de los árboles, cuando fuera posible introducir a los animales, sin riesgo de daños. La fertilización de los árboles fue de 50 y 150 g de NPK, fórmula 15-25-12 por planta, en el momento de la siembra y después de 60 días, respectivamente. El maíz fue abonado con 205 kg de la fórmula NPK 20-29-15 por hectárea. Cada sistema era pastoreado periódicamente por novillos “anelorados” de 200 a 250 kg, simulando un pastoreo rotativo de 14 días de permanencia y 42 días de descanso (4 divisiones y 56 días de ciclo), en cargas animales variables para permitir las siguientes alturas de la pastura, después de cada pastoreo: braquiarão 35-45 cm, colonião 50-65 cm, quicuyo 15-25 cm y dictioneura 20-30 cm. Antes de la entrada de los animales en los sistemas, la disponibilidad del forraje era estimada. El experimento fue interrumpido en noviembre de 1991 por un incendio accidental, en pleno período seco, el cual quemó gran parte de las parcelas. Las Figuras 2 y 3 presentan, respectivamente, el crecimiento en altura y en diámetro medido a la altura del pecho (DAP) del paricá, eucalipto y tatajuba, a los seis, 12, 24, 36, 48, 60, 72, y 84 meses de edad. A lo largo de todo el estudio, el paricá, que presentó un fuste erecto y sin ramificaciones hasta los siete metros de altura, fue el que alcanzó mayor altura y DAP, seguido del eucalipto. Por otro lado, el paricá fue la especie forestal que más limitó el crecimiento de las pasturas en los sistemas silvopastoriles (Cuadro 1). La pastura de braquiarão fue la más eficiente en la producción de forraje, siendo la más persistente, puesto que permitió el pastoreo a lo largo de todo el experimento. El contenido de proteína de la pastura no fue afectado por el tipo de componente arbóreo. De modo general, la capacidad de soporte reflejó el potencial forrajero de los sistemas, con la tendencia de que los mejores desempeños fueron observados en la presencia del pasto braquiarão y los menores en la presencia de la especie forestal paricá (Cuadro 2). Las siembras de maíz intercaladas pueden amortiguar los costos de establecimiento de los sistemas silvopastoriles en hasta un 70%. De este modo, se llegó a la conclusión de que los SSP con el componente paricá son los más promisorios, desde el punto de vista de la producción forestal, para las condiciones de Paragominas, Pará. Para la producción animal, el braquiarão es la forrajera más indicada. Una combinación silvopastoril que incluye un componente arbóreo como el paricá y una forrajera como el braquiarão, puede constituir una opción promisoria de uso de la tierra (Fig. 4).

 

 

 

 

Figura 2. Crecimiento en altura de paricá (Shyzolobium amazonicum), eucalipto (Eucalyptus tereticornis) y tatajuba (Bagassa guianensis) en sistema silvopastoril, en Paragominas – PA.

 

Figura 3. Aumento en DAP de paricá (Shyzolobium amazonicum), eucalipto (Eucalyptus tereticornis) y tatajuba (Bagassa guianensis) en sistema silvopastoril, en Paragominas – PA.

 

Cuadro 1. Disponibilidad de forraje y proteína bruta de hojas de las pasturas de braquiarão, colonião, quicuyo y dictioneura en sistemas silvopastoriles con las especies forestales paricá, tatajuba y eucalipto en Paragominas, Pará.1

 

Pastura

Disponibilidad (kg MS/ha)

Proteina bruta (% en la MS)

Paricá

Tatajuba

Eucalipto

Promedio

Paricá

Tatajuba

Eucalipto

Promedio

(Evaluación de 22 ciclos de pastoreo3, de jun/1988 a nov/1991)

Braquiarão

4892b

5.369a

5.601a

5.287

5.5a

5.4a

5.4a

5.4

(Evaluación de 03 ciclos de pastoreo3, de jun/1988 a oct/1988)

Braquiarão

3862

4764

4780

4469a

6.7

6.1

7.3

6.7ª

Colonião

1664

2172

2643

2159b

8.7

8.8

9,0

8.8ª

Promedio

2763b

3468ab

3711a

-

7.7ª

7.5a

8.2a

-

(Evaluación de 11 ciclos de pastoreo3, de feb/1990 a nov/1991)

Braquiarão

5588

5558

5959

5701a

4.6

5.0

4.4

4.7b

Quicuyo

2007

3587

3589

3061b

5.7

5.7

5.7

5.7ª

Promedio

3797b

4572a

4774a

-

5.1ª

5.3a

5.0a

-

(Evaluación de 08 ciclos de pastoreo3, de ago/1990 a nov/1991)

Braquiarão

6107

6176

6258

6180a

5.1

5.9

4.7

5.2ª

Quicuyo

1610

3709

3460

2926c

5.7

5.7

5,7

5.7ª

Dictioneura2

3457

4055

4135

3882b

6.2

5.8

6,5

6.2ª

Promedio

3724b

4647a

4618a

-

5.7a

5.8a

5.6a

-

                   

1 Promedios seguidos por la misma letra no difieren estadísticamente por la prueba de Tukey (P£0.05).

2 Esta pastura sustituyó la de colonião que se degradó después de tres ciclos de pastoreo.

3 La extensión de cada ciclo de pastoreo fue de 56 días.

 

Fuente: Veiga y Marques (1998).

 

Cuadro 2. Capacidad de soporte de sistemas silvopastoriles en animal1-días/ha en

Paragominas, Pará.

 

Forrajeras

Componente arbóreo de los sistemas silvopastoris

Promedio

Paricá

Tatajuba

Eucalipto

Braquiarão

0.96

1.18

1.11

1.08

Quicuyo

0.54

0.89

0.89

0.77

Dictyoneura

0.75

1.04

0.96

0.92

Promedio

0.75

1.04

0.99

-

1 Con peso vivo de 200 a 250 kg.

Fuente: Veiga y Marques (1998).

 

 

 

Figura 4. Sistema silvopastoril paricá (Shyzolobium amazonicum) x braquiarão (Brachiaria brizantha), a los seis años, en Paragominas, Pará.

 

 

Mogno africano (Khaya ivorensis A. Chev.) en sistema silvopastoril con una mezcla de Centrosema macrocarpum y C. pubescens y vegetación herbácea espontánea – Este ensayo está siendo conducido en la Hacienda Piave, municipio de Igarapé-Açu, Pará (Falesi y Baena, 1999). En un Latossolo Amarillo álico textura media, donde existía una pastura de quicuyo, se probó el comportamiento del mogno africano, especie de elevado valor comercial, con dos tipos de sotobosque, uno constituido por una mescla de C. macrocarpum y C. pubescens y el otro por vegetación herbácea espontánea, conformada por capim gengibre, varias ciperáceas, vassoura-de-botão (Borreria verticillata), rincão (Stachytarpheta cayennensis) y quicuyo remanente de la pastura anterior. Las plántulas de mogno africano fueron sembradas en hoyos de 60 x 60 x 60 cm a un espaciamiento de 3 x 6 m. Las aplicaciones de abono fueron hechas en la siembra, a los 30, 60 y 90 días, en tres veces en el segundo año y en una sola vez en el tercero, totalizando 500 g de calcario dolomítico, 19 kg de estiércol de ovinos y 1.238 kg de la fórmula NPK 10-28-20, por planta. Después de la siembra de las plantas de mogno, las áreas libres fueron intercaladas con yuca, por seis meses, y parte de los tubérculos y del follaje fueron proporcionados a los ovinos de la hacienda. Seguidamente, esta área fue cultivada con frijol caupi. Las leguminosas fueron sembradas en el segundo año y, al año siguiente, se abonó con 139 kg de la fórmula NPK 20-28-20 por hectárea. Durante el período de las lluvias, las plantas de mogno fueron rodajeadas para eliminar la competencia con la vegetación herbácea y, en el período seco, fueron protegidas por una cobertura muerta. La utilización de la pastura del sotobosque por ovinos, a través de pastoreos controlados, solo se inició a la edad de 17 meses del mogno. A los 30 meses de edad del mogno, las alturas fueron de 6.32 y 5.07 m y los DAP de 10.4 y 8.4 cm, para los sustratos vegetación herbácea espontánea y leguminosas, respectivamente. Se especuló que las leguminosas ejerceron una mayor competencia por nutrientes y agua con el mogno que la vegetación espontánea. Se constató también que los corderos desmamados causan menos daño a los árboles, mientras que los animales de reproducción o de cría pueden dañar los troncos, aunque no lleguen a consumir la cáscara.

 

Nuevas alternativas arbóreas para sistemas silvopastoriles – Este estudio evalua el comportamiento de algunas alternativas arbóreas en sistemas silvopastoriles para las condiciones de Paragominas, Pará (Veiga y Pereira, 1998). En una pastura degradada dominada por plantas invasoras, el suelo fue preparado mecánicamente y se montaron dos ensayos, uno en 1991 y otro en 1992. En la siembra definitiva de las plantas se aplicó 10 litros de estiércol de ganado/hoyo. En el primer ensayo, se hizo una siembra intercalada de frijol caupi, con fertilización NPK, fórmula 10-50-50. En 1992, 1993 y 1994, en ambos ensayos, se hizo una siembra intercalada de maíz (Zea mays), en la que se aplicó respectivamente, las  fórmulas 30-60-30, 18–36-18 y 18-36-18 de NPK. En el cuarto año, se hizo la siembra de pasto braquiarão en las entrelíneas y dos años después se iniciaron los pastoreos periódicos a una carga animal de 1.2 a 1.7 novillos/ha, hasta que el zacate alcanzara una altura de 30 cm. De los resultados presentados en los Cuadros 3 y 4, entre las especies probadas, se puede destacar el mogno, para la producción de madera, y el taxi (Sclerolobium paniculatum) para la producción de energía, como las especies más promisorias para sistemas silvopastoriles. Entre las especies frutales, el marañón reúne los mejores atributos. Las especies Acacia mangium y A. auriculiformis, aunque poco compatibles con pasturas, se mostraron excelentes productoras de energía.

 

Cuadro 3. Altura, diámetro a la altura del pecho (DAP) y área de proyección de la copa (APC) de especies arbóreas potenciales para sistemas silvopastoriles, en Paragominas, Pará.

 

 

Especies arbóreas

Altura (m)

DAP(cm)

APC(m2)

 

 

 

 

1º ensayo, de 1991 (80 meses de crecimiento)

Mogno (Swietenia macrophylla)

9.4+1.0

13.8+1.6

12.8+2.9

Acacia auriculiformis*

10.6+2.4

14.0+3.9

45.2+24.4

Andiroba (Carapa guianensis)

5.7+1.7

8.3+2.3

3.0+1.7

Ipê (Tabebuia serratifolia)

5.3+0.8

7.1+1.1

6.5+2.0

Mango (Mangifera indica)

6.0+0.5

-

46.4+8.1

2º ensayo, de 1992 (71 meses de crecimiento)

Acacia mangium

11.6+1.3

26.3+4.2

51.3+13.9

Cedro (Cedrela odorata)

6.6+1.3

9.4+2.0

4.4+2.3

Barbatimão (Stryphnodendrum pulcherrimum)

5.4+1.2

14.3+3.0

33.8+13.4

Cumaru (Dipteryx odorata)

4.0+1.2

5.2+1.9

7.1+5.3

Taxi (Sclerolobium paniculatum)**

8.2+2.8

11.3+4.8

25.6+14.8

Marañón (Anacardium occidentale)

4.8+0.6

-

23.5+6.1

Murucizeiro (Byrsonima crassifolia)**

3.9+0.6

-

22.7+7.9

 

 

 

 

 

DAP = Diámetro a la altura del pecho; APC = Area de proyección de la copa;

* Sembrado en el año siguiente (71 meses de crecimiento).**Sembrado en el año siguiente (59 meses de crecimiento).

 

Fuente: Veiga y Pereira (1998).

 

 

 

EVALUACION DE SISTEMAS SILVOPASTORILES

 

En términos de respuesta biológica, lo que siempre se busca en los sistemas integrados es una relación de complementariedad, en la cual un aumento de producción de un componente corresponda a un aumento de producción del otro. Pero, algunas respuestas positivas de esta relación han sido obtenidas apenas en condiciones de bajo uso de insumos (Raintree, 1983). Esto sugiere que la sinergía de los SSP concebidos para productores de tecnológico más alto nivel - casi siempre buscando elevados índices de productividad - podrá ser subestimada.

 

La eficiencia de SSP, como alternativa de uso de la tierra para la región, no puede ser medida exclusivamente basándose en coeficientes productivos como se hace en explotaciones agrícolas convencionales (e. g. monocultivos de granos, pastos y árboles). Como sistemas integrados, estos sistemas exigen una evaluación global, además de aquellas convencionales normalmente consideradas, tal como el índice de uso de la tierra, usado para comparar la eficiencia de cultivos intercalados en relación a sus monocultivos (Willey, 1985). En los SSP, como en la mayoría de los sistemas agroforestales, la unidad de evaluación es el emprendimento como un todo y no los cultivos aislados. Existe la necesidad de monitorear el impacto de estos sistemas en cuanto a la sustentabilidad de la propiedad y en la recomposición del ambiente, parámetros sujetos a mucha subjetividad y, por esto, difíciles de cuantificar. Según Tieszem (1983), sistemas agroforestales deben dar menos énfasis a la producción en sí y más a la utilización de los recursos.

 

Cuadro 4 - Disponibilidad de forraje de braquiarão (t/ha) debajo de la copa de especies arbóreas potenciales para sistemas silvopastoriles pastoreados por novillos en Paragominas, Pará.

 

Especies arbóreas

Antes del pastoreo

(20/02/97)

Durante el pastoreo

15/05/97

4/09/97

Disp. forraje

dp

Disp. forraje

dp

Disp. forraje

Dp

 

 

 

 

 

 

 

1º ensayo (árboles sembrados en 1991, 80 meses de crecimiento)

Mogno

12.11

5.45

2.50

2.15

0.39

0.02

A. auriculiformis*

2.40

1.62

(a)

2.24

0.54

0.07

Andiroba

5.96

2.48

1.21

1.20

0.41

0.08

Ipê

6.95

3.21

1.46

0.69

0.45

0.24

Mangueira

0.42

0.19

0.14

0.16

0.14

0.04

Pastura a pleno sol

6.56

2.04

2.06

0.32

0.46

0.09

2º ensayo (árboles sembrados en 1992, 71 meses de crecimiento)

A. mangium

0.51

0.59

0.59

0.43

0.15

0.04

Cedro

3.21

2.03

2.38

0.42

0.22

0.11

Barbatimão

2.31

1.00

2.11

2.95

0.42

0.06

Cumaru

3.64

5.38

1.99

1.03

0.22

0.13

Taxi**

2.16

0.59

1.77

1.21

0.29

0.11

Cajueiro

1.63

1.21

1.10

1.10

0.22

0.04

Murucizeiro**

1.28

0.74

1.07

0.57

0.14

0.04

Pastura a pleno sol

5.77

1.67

0.82

0.76

0.41

0.21

 

 

 

 

 

 

 

 

*Sembrado 9 meses después. **Sembrado 12 meses después; (a) = parcela perdida.

 

Fuente: Veiga y Pereira (1998).

 

Por otro lado, la mayoría de los SSP tienen el tiempo de madurez del proceso productivo bastante largo, siendo difícil obtener datos básicos en el campo de forma a disminuir los riesgos de fracaso. Algunos grupos han hecho considerables esfuerzos para obtener respuestas a preguntas relacionadas a factores básicos como tipo, densidad y raleo de árboles, local, manejo y socioeconomía, a través de programas de simulación que trabajan dentro de un límite establecido por algunos supuestos. Utilizando uno de estos modelos en las condiciones del sistema plantación forestal x pastura de Nueva Zelandia, Knowles (1991) constató que, como regla general, las variables locales y económicas tendieron a ser más importantes que el desempeño animal, y que la lucratividad es mayor en las tierras mejores que en aquellas más pobres y remotas.

 

 

 

ADOPCION DE SISTEMAS SILVOPASTORILES

 

A pesar de ser considerado por los técnicos en general como una valiosa alternativa de uso de la tierra para la región y despertar la simpatía y el interés de muchos productores, la adopción de los SSP por los productores es muy baja. En verdad, todavía no existe suficiente información biológica y económica para apoyar a los productores en la toma de decisión. Aparentemente, los riesgos de fracaso en la opción de invertir en SSP parece ser mayor que en los sistemas tradicionales.

 

Uno de los mayores argumentos a favor de los SSP, y que generalmente no es considerado en la comparación con los respectivos monocultivos, es la diversidad productiva que favorece las relaciones de mercado en la comercialización. Sin embargo, es importante considerar la presencia, en el sotobosque, de pasturas que normalmente se secan durante el período seco, y que pueden representar un riesgo de incendios accidentales que ocurren con cierta frecuencia en las propiedades de la región.

 

En el caso de pequeños productores, la mayor dificultad para la adopción de SSP se debe a la elevada exigencia de mano de obra para la producción de las plántulas y la siembra de los árboles, considerando el largo plazo de la inversión. Loker (1994) idealizó un modelo en que los árboles de rebrote natural de la pastura, formada después de la tala y quema del bosque o tacotal, funcionarían como un recurso (input) que enriquecería un nuevo ciclo de pastura después de nueve años de uso del área.

 

De modo general, los factores que más influyen en el proceso de adopción de los SSP son las generalmente altas inversiones iniciales y el tiempo de madurez del sistema, exigiendo líneas de crédito diferenciadas para su financiamiento. Por este motivo, la adopción de estos sistemas por los productores locales puede depender, en gran medida, de la disponibilidad de informaciones seguras sobre aspectos económico-financieros, de la demanda de mercado y de la política agrícola para la región.

 

 

 

 

 

 

CONCLUSIONES y RECOMENDACIONES

 

Con respecto al potencial y a las perspectivas de la utilización de los sistemas silvopastoriles en la Amazonía Oriental se presentan las siguientes conclusiones:

 

1.       Teóricamente, los sistemas silvopastoriles son considerados como una alternativa sustentable para integrar cultivos arbóreos a la pecuaria con base en pastura en la región;

 

2.       El éxito de estos sistemas va a depender del equilibrio de las interacciones entre sus principales componentes: árbol, pastura y animal;

 

3.       En la región, aún no existe un conjunto de informaciones básicas que sustente, con razonable seguridad, el uso de estos sistemas en las propiedades, en dimensiones más significativas;

 

4.       A pesar de haber algún esfuerzo de investigación en esta área, generalmente los estudios se orientan a contestar cuestiones muy básicas, con poco relacionadas a los problemas reales;

 

5.       Como ocurre en otras regiones, los beneficios otorgados al componente arbóreo y el uso complementario de los recursos por parte de los componentes, que representan la base de la sustentación teórica de estos sistemas, todavía requieren ser suficientemente comprobados;

 

6.       A su vez, el comportamiento del componente animal aún es muy poco conocido, habiendo necesidad de documentar experimentalmente en la región los beneficios atribuidos a la sombra de los árboles en el bienestar y productividad del ganado;

 

7.       Algunas propiedades de la región, vienen practicando, en forma pionera,este tipo de asociación, con algún éxito;

 

8.       Las experiencias pioneras de productores con sistemas silvopastoriles que requieren alguna inversión son generalmente en pequeña escala, demostrando un carácter de prueba;

 

9.       De la observación de las experiencias de los productores y de los experimentos realizados, se puede mencionar las principales limitaciones tecnológicas:

 

-           Persistencia de la pastura en el sotobosque - Debido a problemas de adaptación a las condiciones de baja luminosidad, sobrepastoreo y competencia con invasoras;

 

-           Daños a los árboles – Provocados por los animales debido al pastoreo precoz del sistema o uso de tipo de animal inadecuado; y

 

-           Disminución del crecimiento de los árboles - Debido a la competencia del estrato herbáceo;

 

10.   La disponibilidad de pastura adicional en monocultivos puede permitir flexibilizar el manejo del ganado, contribuyendo a viabilizar el sistema en su totalidad;

 

11.   El uso de cultivos intercalados temporales antecediendo a la pastura puede disminuir los costos de establecimiento del sistema;

 

12.   Debido a las dificultades de estabelecer modelos experimentales en escala apropiada, el monitoreo  y acompañamiento de las experiencias de los productores constituye una línea de trabajo promisoria;

 

13.   Los modelos mejorados de sistemas silvopastoriles, en la medida de lo posible, deben ser probados en el medio real (las propiedades), en la forma de investigación participativa involucrando a productores e investigadores; y

 

14.   Además de la intensificación de las investigaciones básicas, tales como selección de germoplasma para las condiciones particulares de estos sistemas, arreglo espacial y temporal y manejo de los componentes, es necesario desarrollar estudios socioeconómicos para entender las barreras que impiden la adopción de los sistemas silvopastoriles por diferentes tipos de productores.

 

 

 

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* EMBRAPA – Empresa Brasileira de Pesquisa Agropecuária.  En español: Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria.

[1] Cerrado – tipo de vegetación caracterizado por árboles dispersas, de porte bajo, forma retorcida, en general de cáscara gruesa, y cuyo estrato herbáceo es dominado por gramíneas.