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13. Sistemas Agroforestales para la Producción
Ganadera en Colombia

Enrique Murgueitio R

1. Introducción

Colombia es un país situado en el extremo noroccidental de Sudamérica, con una extensión de 1.141.748 kilómetros cuadrados, que equivalen al 0.77 por ciento de las tierras del planeta (DNP 1997). Para 1996 la población proyectada fue de 39 y medio millones de personas (DANE 1996). La cobertura vegetal actual del territorio está constituida por 53.2 millones de hectáreas en bosques; 21.6 millones por vegetación de sabanas, zonas áridas y humedales; 1.1 millones por aguas continentales, y asentamientos humanos; y por lo menos 38.4 millones de hectáreas en usos agropecuarios (IVH 1998).

Según el IDEAM (1998) en 1995 las áreas utilizadas para agroecosistemas ocupaban el 24% del territorio y de ellas la ganadería utilizaba 28 millones de hectáreas. La áreas agrícolas tienen casi 5 millones distribuidos en un 61 por ciento de cultivos perennes (café, palma de aceite, caña de azúcar, frutales, cacao), y un 39 por ciento en cultivos transitorios de ciclo corto (arroz, maíz, yuca, papa, algodón, fríjol y hortalizas).

Entre 1960 y 1995 el uso de la tierra pasó de 5 a 4.4. millones de hectáreas en la agricultura; los bosques naturales y otros usos se redujeron de 94.6 a 72.4 millones de hectáreas; mientras la ganadería se incrementó de 14.6 a 35.5 millones de hectáreas (IVH 1998).

La población ganadera bovina en Colombia debería estar cerca de los 26 millones de cabezas. Sin embargo, en los últimos años se ha especulado mucho con las cifras ante la ausencia de un sistema estadístico confiable y por la situación de violencia de vastas regiones donde la ganadería es la principal forma de ocupación territorial (regiones andina, caribe y orinocense donde se encuentra el 98 por ciento de la ganadería según el IDEAM, 1998).

La población de las especies animales domésticas para uso zootécnico en Colombia se incluyen en el Cuadro 1. Se destaca el crecimiento de la población aviar (aves de postura y pollos).

Cuadro 1. Población de animales domésticos en Colombia.
(Miles de animales excepto Aves)


Especie

Año 1989/91

1994

1995

1996

Bovinos

24.383

25.634

25.551

26.088

Aves (millones)

53

90

100

110

Porcinos

2.627

2.600

2.500

2.431

Equinos

1.976

2.000

2.450

2.450

Ovinos

2.547

2.540

2.540

2.540

Caprinos

960

960

965

963

Mulares

619

622

586

586

Asnales

704

710

710

710

Bufalinos

     

20

Fuentes: FAO 1997, Asociación Colombiana de Bufalistas 1998.

Las especies destinadas a la oferta de carne se consumen casi en su totalidad en el país. En los últimos años la exportación de carne ha sido mínima y las importaciones más notorias de productos animales son las de leche en polvo y en pequeña cantidad carne y embutidos de pollo, cerdo, carnero y ternera, dependiendo de la oferta internacional. En el Cuadro 2 se evidencia el crecimiento de la oferta de carne de pollo y huevos, mientras que la de carne bovina y porcina muestran un estancamiento de la oferta.

Cuadro 2. Evolución de productos animales (carne en canal y leche)
en Colombia (En miles de toneladas).


Producto

Año 1989/91

1994

1995

1996

Carne vacuna

710

669

665

698

Carne de pollo

297

443

553

574

Huevos

237

293

315

315

Carne porcina

131

133

133

135

Leche

4017

4768

5098

5000

Fuente: FAO 1997.

La ganadería bovina incluye una gran variedad de sistemas productivos manejados por distintas etnias y grupos sociales enmarcados en diferentes regímenes climáticos, tipos de suelos y formaciones vegetales. Se ha identificado una enorme variación en los parámetros biológicos, técnicos, económicos y sociales de estos sistemas. El impacto ambiental fluctúa entre el desgaste absoluto e irreversible de los suelos hasta la restauración parcial de ecosistemas degradados. Seis1 de los 27 biomas terrestres presentes en Colombia que cubrían un área original de 939.500 de kms2 (82% del territorio nacional), están transformándose por actividades antrópicas de las cuales la ganadería es la principal forma de ocupación (Murgueitio E 1999).

La ganadería en Colombia se puede dividir en dos grandes clases; la primera abarca todos aquellos sistemas en los que el ganado y el negocio derivado de los animales constituyen la principal motivación económica. La otra clase de actividad ganadera es aquella cuya finalidad es la compraventa de tierras estimulada por la valorización que generan las obras de infraestructura, la expansión de los centros urbanos (Gómez L J 1993) o los negocios de oportunidad asociados al lavado de activos del narcotráfico (Bejarano J 1988).

La información disponible sobre el área ocupada, su distribución por regiones y el número de predios y propietarios, no permite diferenciar los dos tipos de ganadería. Las estadísticas pecuarias superficiales no discriminan entre actores sociales o entre sistemas de producción definidos a un nivel más fino. Estos actores sociales incluyen empresarios ganaderos y agroindustriales, campesinos minifundistas, colonos e indígenas (Murgueitio E y Calle Z 1998).

El sector pecuario nacional contribuyó en 1997 con el 9.2 por ciento del producto interno bruto (PIB) y la ganadería bovina aportó el 44.6 por ciento del PIB pecuario (Pinilla RF 1999). Esta generación de riqueza no es alta dada la magnitud del área ocupada.

2. Sistemas Agroforestales para la Producción Ganadera en Colombia

Los principales impactos ambientales de las actividades ganaderas no están estudiados con profundidad. Además de la conexión directa e indirecta con la tala y quema de bosques, la ganadería también genera otros impactos ambientales negativos como erosión y compactación del suelo; uniformidad genética del territorio al privilegiarse el monocultivo de gramíneas mediante quemas estacionales y eliminación de la sucesión vegetal por medios químicos (herbicidas) o físicos; desecación de humedales; construcción de vías de penetración; demanda creciente de madera para cercos, corrales de manejo y camiones ganaderos; contaminación del agua y el suelo por fertilizantes sintéticos y plaguicidas y otros efectos (Murgueitio E y Calle Z 1998).

La reconversión social y ambiental de la ganadería es una urgencia y una prioridad para el país (Murgueitio E 1999) que ya empieza a reflejarse en la política nacional ambiental (IVH 1998), pero no en la agropecuaria. Sin embargo, la intensificación de la ganadería puede incrementar significativamente sus contribuciones alimentarias, económicas y sociales. Esto es viable con la tecnología disponible, la organización de los productores y macropolíticas destinadas a desincentivar los negocios de especulación de tierras (Murgueitio E 1999). Si se aplican una serie de principios relacionados con el ordenamiento territorial y la biodiversidad, es posible incluso que coincidan los beneficios socioeconómicos con los ambientales (Murgueitio E y Calle Z 1998). Los sistemas agroforestales son parte sustancial de estos procesos de cambio. (Rosales et al 1998).

Se pueden diferenciar los siguientes grupos de sistemas agroforestales para la producción pecuaria en Colombia:

Sistemas silvopastoriles en ganadería extensiva.

2.1 Sistemas Silvopastoriles en Ganadería Extensiva

Algunos se localizan en las regiones de frontera de la selva húmeda en la Amazonia y el Pacífico, como sistemas de transición. En éstos, el ganado penetra en los bosques y consume múltiples especies del sotobosque y frutos de árboles del dosel. En muchos casos preceden o contribuyen al establecimiento definitivo de las praderas; pero también son el resultado de la incapacidad de controlar la sucesión vegetal debido a las precarias condiciones económicas, la extensión territorial o los fenómenos de migración de los colonos (enfermedades, inundaciones, violencia). En general se desarrollan en suelos muy ácidos, con mínimo fósforo, bases intercambiables y toxicidad de hierro y aluminio. Los parámetros productivos son muy bajos y los impactos ambientales muy fuertes.

En zonas de ganadería establecida durante mucho tiempo (décadas y hasta siglos), en las regiones Caribe, Andina y aún en la Orinoquia, Amazonia y Pacífico, se pueden encontrar otros sistemas silvopastoriles en praderas con especies vegetales. Estos pudieron ser parte de las selvas originales, o que con el tiempo colonizaron los espacios abiertos. Varias especies de palmas (Acrocomia aculeata, Attalea butyracea, Ceroxylon quindiuense y C alpinum, Copernicia tectorum, Mauritia flexuosa, Roystonea regia, Sabal mauritiiformis, Syagrus zancona y Wettinia sp) se encuentran asociadas con praderas en esta categoría en forma de rodales puros o mixtos

En los bordes entre las sabanas nativas y los bosques de galería, los árboles y arbustos resistentes al fuego como el alcornoco (Bowdichia virgiliodes), el chaparro (Curatella americana) y el chaparro manteco (Byrsonima crassifolia) forman combinaciones de arbolitos de bajo porte en áreas de pastoreo. En las sabanas anegadizas de la Orinoquia, el árbol llamado saladillo (Caraipa llanorum)) forma rodales con espacios abiertos (Hernández J. y Sánchez H. 1994), que son pastoreados por el ganado durante muchos años. En los sistemas aluviales de las vegas de los ríos andinos, caribes, orinocenses y amazónicos, es frecuente la presencia de sistemas de gramíneas asociados con varias especies arbustivas y arbóreas, entre las que destacan el písamo o búcaro (Erythrina fusca) y el manteco (Laetia americana).

Una aproximación a estos sistemas se sintetiza en el Cuadro 3.

Cuadro 3. Características de los sistemas silvopastoriles de
ganaderías extensivas.


Sistema

Usos de los árboles

Carga animal

Productividad
Rentabilidad

Efecto ambiental

Pastoreo en selvas húmedas

Forraje, cercos, corrales y leña.

Muy baja, de
1-10 ha/animal.

Muy baja.

Muy alto. Deterioro de suelos y pérdida de biodiversidad.

Palmares

Frutos y corrales.

Baja, menor a 1/ha

Mediana comparada con las praderas vecinas.

Positivo o negativo.
Depende de la especie de palma

Alcornocal - chaparral

Postes para cerca, corrales y leña.

Muy baja, de
1-10 ha/animal.

Mediana comparada con las sabanas.

Positivo para los bosques de galería.

Saladillal

Construcciones, corrales y cercos.

Muy baja.

Mediana comparada con las sabanas.

Positivo para los suelos.

Vegas arborizadas (Pisamal- Mantecal)

Consumo de follaje y frutos

Mediana, de1 o más/ha

Alta comparada con otros suelos

Positivo para suelos y fauna
silvestre.

2.2 Plantaciones Forestales con Pastoreo de Ganado

En Colombia el área dedicada a las plantaciones forestales comerciales es relativamente pequeña. Se calculan unas 166.000 hectáreas (Etter A 1998), que se localizan principalmente en la región andina y en pequeña proporción en la Caribe y Orinoquia. La mayoría de los cultivos de Eucalyptus, Pinus y Cupressus se destinan a la producción de celulosa. La alta densidad de árboles por hectárea, la tecnología utilizada para el cultivo y los terrenos pendientes limitan en forma drástica el uso de animales asociados a las plantaciones.

De manera diferente en las tierras bajas, cultivos de maderas finas como la teca (Tectonia grandis), ceiba roja o tolúa (Bombacopsis quinata), ocobo o roble morado(Tabebuia rosea), melina (Gmelina arborea) y otros de la región Caribe, la invasión de gramíneas incrementa a tal punto los costos de mantenimiento que en muchos momentos hace inviable el negocio.

Ante la poca liquidez en el ciclo de la producción de madera, el pastoreo de ganado en estas plantaciones se convierte en la salvación financiera de la inversión. Este es el caso de la empresa privada Reforestadora de la Costa S.A. y su proyecto La Gloria, que sembró 4200 has de estas especies. Entre 1985 y 1996 se han mantenido entre levante y engorde 15.148 animales pastoreando debajo de las plantaciones. Ellos aportan casi la mitad del costo total del proyecto (Londoño G 1996).

2.3 Cercos Vivos, Barreras Rompevientos, Corredores Biológicos, Linderos Arborizados y Espacios para el Sombrío

La importancia de cercos vivos ha sido destacada por varios autores de la región para los diferentes sistemas agroforestales (Montagnini et al 1992) y en particular para la ganadería (Simón L 1996). Los beneficios de estos cercos están suficientemente enumerados, reconocidos y estudiados en América Central.

Pero a pesar de compartir casi la misma tradición, en las últimas décadas se evidencia en Colombia un retroceso de los cercos vivos en muchas regiones, porque son reemplazados por postes de concreto al mismo tiempo que se elimina casi toda vegetación asociada a los potreros. Varios factores influyen en este comportamiento cultural: Agotamiento de fuentes de postes de madera de buena calidad; nuevas variedades de pastos que crecen a plena exposición solar; y los árboles son un obstáculo para las avionetas que aplican agroquímicos. También existen razones de seguridad de los ganaderos y no falta la imposición de patrones estéticos importados por los nuevos hacendados.

Ahora que los elementos lineales de la vegetación asociados a los sistemas ganaderos cobran cada vez mayor importancia en el ordenamiento del territorio, la eliminación de los cercos y barreras arbóreas es una paradoja de quienes confunden progreso con altas inversiones y en muchas ocasiones, con ostentación.

Las opciones de los cercos y barreras vivas van desde los setos de arbustos forrajeros como nacedero (Trichanthera gigantea), botón de Oro (Tithonia diversifolia), pinocho o san joaquín (Malvaviscus penduliflorus) o matarratón (Gliricidia sepium); hasta los verdaderos corredores de bosque que atraviesan áreas de pastoreo. Mientras mayores sean la amplitud, la complejidad estructural y la diversidad de especies en setos, cercos vivos y corredores, más importante será su contribución a la biodiversidad local.

En todos los climas es posible manejar la sucesión vegetal para crear o diversificar las barreras de vegetación. La estrategia consiste en impedir el acceso del ganado (es ideal la cerca eléctrica) y suprimir todas las labores de limpieza, quema y uso de herbicidas en estos sitios. El resultado después de varios años es un cerco vivo con varios estratos de vegetación, productor de madera y leña y muy frecuentado por la fauna (Murgueitio E y Calle Z 1998).

En la región del río Meta en el piedemonte de la cordillera oriental, una empresa citrícola y ganadera aplicó esta estrategia y ha generado una red de corredores de bosque secundario, de la que ya se empiezan a conocer interesantes avances con respecto a su relación positiva con aves, reptiles y hasta primates (Etter A 1999, comunicación personal).

2.4 Sistemas Silvopastoriles con Manejo de la Sucesión Vegetal

En la mayoría de las condiciones del trópico americano es evidente la tendencia de la vegetación natural a buscar estructuras boscosas. De manera antagónica, el manejo tradicional y moderno de la ganadería trata de eliminar la sucesión vegetal de las praderas mediante la quema, los medios físicos y los herbicidas. Esta paradoja ha sido señalada por Skerman y Rivero, citados por Benavides J. (1994).

Los dos extremos en que se resumen los conflictos de uso de la tierra entre ganaderos y ambientalistas son: Por un lado, potreros sin árboles; y por otro, terrenos para la recuperación de la cobertura vegetal natural sin animales. Sin embargo, existen puntos intermedios, como el manejo de la sucesión vegetal, una forma de encontrar un camino en la mitad de estos extremos.

Al igual que en otras regiones de América tropical, en Colombia existen crecientes ejemplos empíricos de uso ganadero de esta estrategia, sin duda la reforestación más económica. En los últimos años también se incrementaron las investigaciones en este tema.

El manejo de la sucesión vegetal en áreas pastoriles se hace mediante la abolición de formas indiscriminadas de eliminar las plantas que aparecen invadiendo (recuperando) las praderas como quemas, deshierbas mecánicas y aplicación generalizada de herbicidas. La vegetación y los animales hacen el resto en una primera etapa que puede durar entre tres y seis años, dependiendo de la región. Varias especies son diseminadas por el ganado después de ser consumidas. Después se realizan podas selectivas y entresacas de madera hasta conformar de dos a tres estratos de vegetación compatibles con los pastos.

Además de la reducción de costos de mantenimiento y fertilizantes, el ganadero obtiene productos como postes, madera, varas delgadas y leña; y consume frutos y follajes. Asimismo, el suelo atenúa el impacto del pisoteo y reduce la erosión; y la fauna silvestre encuentra nuevas oportunidades para su multiplicación.

En el Cuadro 4 se resumen algunos trabajos realizados en el país, los agroecosistemas donde pueden aplicarse y los productos de sistemas silvopastoriles que utilizan la estrategia del manejo de la sucesión vegetal.

Además de las citadas en el Cuadro 4, existen otras experiencias de ganaderos y profesionales -todavía sin documentar- donde se utiliza la sucesión vegetal en casi todos los agroecosistemas conocidos. Por su distribución tan amplia se destacan el guayabo (Psidium guajava). Mientras que por su capacidad de invadir áreas de gramíneas en suelos pobres se pueden señalar varias especies de los géneros Acacia, Albizzia, Bacharis, Bursera, Calliandra, Cassia, Caesalpinia, Cecropia, Croton, Dendropanax, Eugenia, Fagara, Inga, Muntingia, Ochroma, Trema, Quercus y Verbesina.

Cuadro 4. Géneros, biomas y productos de sistemas silvopastoriles
que se establecen mediante el manejo de la sucesión vegetal en Colombia.


Géneros o especies arbóreas arbustivas

Biomas

Productos principales

Autor(es) y año

Prosopis juliflora

Bosques seco a subhúmedo tropical.

Frutos para rumiantes equinos, madera para cercos y miel de abejas.

Mahecha L 1998, Ramírez 1997, Santos et al 1996.

Guazuma ulmifolia

Bosques seco, subhúmedo y húmedo tropical.

Frutos y follaje para animales, y madera para leña.

Giraldo L 1998, Roncallo et al 1996.

Albizzia
(Pithecellobium) saman

Idem

Frutos y follaje sombrío.

Roncallo et al 1996.

Pithecellobium dulce

Idem

Frutos y follajes para animales, y madera para leña.

Galindo W 1999.

Attalea butyracea,
Acrocomia aculeata

Idem

Frutos para ganado cerdos y conejos, hojas para techos, y tronco para cercos y corrales

Roncallo et al 1996, Ocampo A y Cardozo A 1997.

Enterolobium cyclocarpum, Crescentia cujete, Senna atomaria,
Chrysophyllum caimito,
Libidibia coriaria, Poponax tortuosa, Platymiscium pinnatum

Bosque seco tropical, bosque muy seco tropical, matorral espinoso tropical

Frutos para bovinos, ovinos y caprinos, apriscos, corrales y leña.

Roncallo et al 1996.

Abatia parviflora, Lippia hirsuta, Budleja bullata, Escallonia paniculata,
Juglans neotropica

Bosque andino

Madera (varas) para construcción y cercos, y madera para muebles y leña.

Lotero J 1999.

Alnus acuminata, Juglans neotropica, Frezziera sp, Meriania sp, Weinmannia sp, Buddleja sp, Ardisia sp, Tibouchina sp.

Bosque andino.

Madera para postes, construcción y muebles.

David A. 1994.

Montanoa quadrangularis

Bosque andino.

Madera para casas, corrales y cercos.

Calle Z 1999.

También es necesario recordar que otras especies arbóreas nativas o introducidas, valiosas por sus frutos o su valor estético, están presentes en las fincas ganaderas y no es complicada su incorporación a estrategias de enriquecimiento de sucesiones vegetales.

Entre ellas se destacan los hobos o ciruelos (Spondias mombin y S purpurea), mango (Manguifera indica), guanábana (Anona muricata), aguacate (Persea americana), árbol del pan (Artocarpus altilis), cocotero (Cocus nucifera), algarrobo (Hymenaea courbarii), ceiba (Ceiba pentandra). Esto es válido también para algunos árboles maderables como el guayacán rosado (Tabebuia rosea), solera (Cordia gerascantus), dinde (Chlorophora tintorea), iguá (Pseudosamanea guachapele), pachaco (Schizolobium parahyba) y abarco (Cariniana pyriformis).

En los próximos años se esperan mayores avances, no sólo para la caracterización de los productos de algunas especies vegetales de la sucesión temprana -adecuados para coexistir con la ganadería- o de árboles cuyos frutos y follajes sean consumidos por el ganado, sino trabajos integrales que generen estrategias económicas para transformación de las zonas de pastoreo en todas las regiones donde se realicen las actividades ganaderas.

2.5 Silvopastoriles de Alta Densidad Arbórea

Existe un interés creciente en muchas zonas de Colombia por buscar la intensificación de la ganadería para incrementar la renta de las tierras de esta actividad en vista de los sucesivos retrocesos de la agricultura intensiva. Durante mucho tiempo los esfuerzos de investigación y transferencia se dedicaron casi con exclusividad a las gramíneas mejoradas y sus mezclas con leguminosas rastreras.

En sectores más privilegiados por sus mejores suelos y distribución de la precipitación pluvial o por el riego artificial, se trabaja con pastos mejorados en rotación intensiva y alta fertilización química u orgánica. En el caso de la primera se han presentado problemas de intoxicación por nitritos y las dos prácticas de fertilización son objeto de nuevas reglamentaciones ambientales que buscan evitar la contaminación del agua. Para esto las autoridades ambientales han seguido el modelo de fijar impuestos a la contaminación a través de las denominadas tasas retributivas que ya tienen legislación vigente en el país (Maldonado Jorge 1998, Cortés Alirio 1998).

En la región cafetera central afectada por la crisis de la broca del café (Hypothenemus hampei) y los bajos precios internacionales, varios miles de hectáreas de fértiles suelos derivados de cenizas volcánicas se transformaron en pastizales intensivos con sistemas ganaderos basados en altas cargas animales (10-15 animales/ha) y elevada fertilización química. Lamentablemente, en tan sólo tres o cuatro años se evidencian serios deterioros físicos como compactación, reducción de la conductividad hidráulica, daño en la estabilidad de los agregados del suelo; desbalances químicos (excesos de potasio frente al magnesio y calcio) y pérdida de la actividad biológica (Sadeghian et al 1998).

Es urgente la necesidad de multiplicar otras formas de intensificar la ganadería por vías más naturales. Los sistemas silvopastoriles intensivos son una solución con posibilidad de integrarse sin dificultades a esquemas de manejo más eficientes como la rotación con uso de la cerca eléctrica, cargas elevadas y suplementación con subproductos y sistemas de corte y acarreo (caña de azúcar, pastos de corte y arbustos forrajeros).

La Leucaena leucocephala es la especie utilizada con mayor éxito en sistemas silvopastoriles intensivos en las regiones tropicales y subtropicales por su calidad nutricional, fijación de nitrógeno, crecimiento, tolerancia a la sequía y adaptación al ramoneo (Shelton M 1996). al igual que en otros países de América como Cuba (Ruíz et al 1996) y Venezuela (Clavero T 1998 ). En Colombia esta especie se utiliza en forma creciente en sistemas silvopastoriles. Gracias a la existencia del banco de germoplasma de L leucocephala del CIAT se han realizado trabajos de adaptación de ecotipos a zonas de laderas en la región cafetera con resultados alentadores y persistentes en producción de leche y crecimiento de animales (Cardona M y Súarez S 1996).

Nuevas experiencias en los valles interandinos del Magdalena y el Cauca sugieren una respuesta positiva a la inoculación con cepas específicas de Rhizobium. Para sistemas de pastoreo rotacional con alta densidad de árboles (10.000/ha) la inoculación acelera el primer pastoreo de seis a tres meses (Mahecha et al 1998) y permite cargas animales superiores a cuatro vacas de leche/ha/año. Estos trabajos permiten probar las ventajas del pastoreo intensivo con Leucaena y asociaciones de la misma con Prosopis juliflora y pasto estrella (Cynodon plectostachyus) sobre el monocultivo de pasto fertilizado con nitrógeno. Las diferencias a favor del silvopastoreo se evidencian en la disponibilidad de forraje y nutrientes (Cuadro 5) y en la calidad de la pastura (Cuadro 6).

Cuadro 5. Disponibilidad de forraje y nutrientes en un sistema silvopastoril
y en un monocultivo de Cynodon plectostachyus.


Pasturas

Disponibilidad Ton. MS/ha/a

PC
Ton MS/ ha/año

EM
Mcal/ha/a

Ca
kg MS/ ha/año

P
kg MS/
ha/año

Cynodon plectostachyus

25.2

 

59.472

90.72

80.64

Leucaena

4.3

1.1

10.750

51.6

8.17

Algarrobo

0.4

0.05

NA

NA

NA

Sistema silvopastoril (total) 1 sin fertilización química

29.9

4.15

70.222

142.32

88.81

Monocultivo de Cynodon plectostachyus con 400 k/ha/año de urea

23.2 2

2.5 2

56.876 3

83.2 3

74 3

1 Mahecha (1998)
2 Ramírez (1997)
3 Ramírez & Mahecha.

Cuadro 6. Calidad del pasto Estrella (Cynodon plectostachyus ) a
42 días en dos sistemas de producción.


Sistema de Producción

DIVMS
%

FDA
%

PC
%

EM
Mcal/kg

Ca
%

P
%

Cynodon plectostachyus en Sistema silvopastoril con Leucaena leucocephala y Prosopis juliflora 1

64.7

35.8

12

2.36

0.36

0.19

Cynodon plectostachyus en monocultivo 2

51.5

40

10.2

2.1

0.49

0.19

1 Mahecha (1998)
2 Promedio del registro de Laredo (1985), Ramos et al., (1995), González et al. (1996), tablas de composición de alimentos de América Latina.

Este sistema puede tener un crecimiento mayor en el futuro; sin embargo, es necesario resaltar las limitaciones que tiene para suelos de mayor acidez (Lascano C 1996), en especial cuando existe toxicidad de iones de aluminio, porque L leucocephala no se adapta, así como tampoco en las zonas inundables (Shelton M 1996). No obstante, el problema más grave es el ataque del PSYLLID de la leucaena (Heteropsylla cubana) que arruinó miles de hectáreas en el sudeste asiático y el Pacífico, y que cuestiona seriamente el problema de la baja diversidad biológica en esta especie (Rosales M 1998).

La investigación y el desarrollo de otras especies para sistemas silvopastoriles intensivos apenas está en sus primeras etapas en el país. Existen pocos trabajos que validen -para zonas bajas y suelos sin limitaciones de acidez-, el sistema desarrollado para Gliricidia sepium en Venezuela en forma de bancos para ramoneo controlado o franjas de anchura variable sobre la pastura (Escobar et al. 1996), lo cual se muestra interesante para sistemas ganaderos de doble propósito.

Existen avances del CIAT con Cratylia argentea (Lascano 1996, Argel y Lascano 1998) para regiones con problemas de acidez y sequías fuertes y para laderas con problemas similares con Thitonia diversifolia (Ríos C 1998).

Para suelos inundables o de alto nivel freático, los once años de experiencia con Erythrina fusca asociada a estrella dan confianza en esta alternativa para sistemas de doble propósito intensivo, levante de terneros y hatos bufalinos. (Gómez et al 1997, Botero y Russo 1998).

En zonas de alta montaña (>2.000 msnm) donde el pasto kikuyo es la base de sistemas lecheros de mediana a alta intensidad, la asociación con Alnus acuminata (Murgueitio y Calle 1998) y Acacia decurrens (Giraldo et al 1998) se muestran promisorias.

2.6 Sistemas de Corte y Acarreo

Los sistemas de corte y acarreo están difundidos por todo el mundo en desarrollo, en zonas de predios pequeños, regiones montañosas o con dominio de la agricultura, y en especial en países con alta población humana. Los sistemas de corte de morera (Morus sp) para alimentar gusanos de seda son milenarios en la China (Sánchez M 1998).

En América Central se han identificado y caracterizado varias especies arbóreas y arbustivas utilizadas en sistemas de corte y acarreo para alimentación de cabras (Benavides J 1994).

En Colombia existe una importante trayectoria de investigación, transferencia y los trabajos empíricos con ganaderos y comunidades campesinas sobre sistemas de corte y acarreo para alimentación, no sólo de bovinos, sino de otras especies domésticas como cerdos, equinos, cabras, ovejas, búfalos, conejos, cuyes, aves criollas (gallinas, patos, pavos), peces y gusano de seda. No todos tienen por exclusividad los árboles y arbustos forrajeros, ya que también se desarrollan otras plantas de tipo arbóreo con el fin de aprovechar su oferta de energía, energía-proteína, minerales o vitaminas como productos principales o subproductos.

Se pueden reconocer varios sistemas de corte y acarreo:

Bancos de proteína puros

Los más conocidos y probados, a veces con cerca de quince años de funcionamiento, son los cultivos de Gliricidia sepium, Trichanthera gigantea, Morus sp, Erythrinas (edulis, fusca y poeppigiana), Boehmeria nivea y Thitonia diversifolia. Hay investigación, pero menor difusión de bancos para corte en Cratylia argentea, Malvaviscus penduliflorus, Spondias purpurea, Cnidoscolus acotinifolius, , Cajanus cajan y Urera sp. En forma reciente se han iniciado estudios de otras especies como Moringa oleifera, Hibiscus grandiflorus, Erythrina rubrinervia, Calliandra callothyrsus y Alnus acuminata.

La mayoría de estas experiencias se encuentran en la región andina aunque en la actualidad se nota un incremento en las regiones del Caribe y los piedemontes orinocense y amazónicos. La información y experiencias disponibles para las especies mejor conocidas están concentradas alrededor del valor nutricional, producción de biomasa, manejo agronómico, respuesta animal, costos de producción, rentabilidad, ciclos de nutrientes, enfermedades e invertebrados enemigos (Gómez et al. 1997, Ríos C 1998, Argel y Lascano C 1998, Gálvez A 1998, Bonilla et al. 1996).

Policultivos de corte

Obedecen a la combinación de la tradición campesina de asociar cultivos con la inclusión de especies forrajeras para corte-acarreo, y a la preocupación de los investigadores por evitar los riesgos de los monocultivos y probar las mezclas de forrajes en la alimentación (Rosales M 1998). Las modalidades son heterogéneas, desde una simple asociación de dos arbustivas en un solo estrato (Gliricidia sepium + Morus alba); dos arbóreas en dos estratos (Erythrina edulis + Trichanthera gigantea); una gramínea de corte con una arbórea (Axonopus scoparius + T gigantea), hasta la combinación de varias especies de plantas para fines forrajeros (rastreras, enredaderas, arbustos y árboles) en diferentes formas y arreglos en el tiempo y el espacio. La producción de biomasa agregada es mayor (asciende de 60 a >100 t MV/ha/año en zonas de montaña), hay reducción de los costos por desyerbas, un mejoramiento notable del suelo con el tiempo cuando se utilizan árboles leguminosos y reutilización de las excretas animales (Gómez M E 1997).

Huertos para la seguridad alimentaria humana y animal

Así denominan los campesinos de El Dovio, en las montañas noroccidentales del Valle del Cauca, a un nuevo sistema que combina los bancos de proteína con otras plantas forrajeras y plantas para la alimentación humana. Las plantas se organizan en surcos a través de la pendiente y se cultivan arbóreas con fines forrajeros (T gigantea, E edulis, Morus sp, Urera), arbustivas (Boehmeria nivea, Malvaviscus sp, T diversifolia) herbáceas o suculentas (Musa sp, Alocassia macrorhiza, Xanthosoma sp, Bidens pilosa, Impatiens sp, Syphitum peregrinum), trepadoras (Sechium edule), combinadas con plantas como maíz, fríjol voluble, yuca, arracacha (Arracachia xanthoriza) y frutales andinos como lulo (Solanum quitoense), tomate de árbol (Cyphomandra betacea), mora (Rubus glaucus) y granadilla (Passiflora ligularis).

El corte de los forrajes se hace al mismo tiempo que se cosecha maíz tierno (choclo), fríjol verde y tubérculos para la alimentación humana. Las hojas y tallos del maíz, las vainas del fríjol, las hojas de la yuca, los tubérculos más pequeños y los frutos y seudotallos del plátano y el banano se mezclan con los follajes. Estos a su vez alimentan bovinos, cerdos y aves criollas. En algunos lugares más de 20 especies comparten las parcelas forrajeras (Ríos C 1999).

Policultivos de varios estratos

Ahora está recibiendo un renovado interés por parte de los investigadores, agricultores y técnicos. Se trata de la combinación de sistemas similares a los mencionados antes; pero acompañados de uno o más estratos de otra vegetación para fines distintos a los forrajeros. En especial se cultivan árboles de rápido crecimiento (Cordia alliodora, Leucaena leucocephala var Salvador, Montanoa quadrangularis, Juglans neotropica, Quercus humboldtii) para obtener madera (muebles, construcciones, postes y leña), que son sometidos a podas frecuentes para permitir el paso de la luz.

También se están ensayando especies de palmas (Roystonea regia, Bactris gasipaes, Ceroxylon alpinum, Attalea butaracea) para cosechar en el futuro los racimos para alimentación animal. Otras plantas ornamentales pueden ocupar un estrato medio como los platanillos (Heliconiaceae) o el piso del sistema como los anturios (Anthurium spp), que requieren poca luz.

Bancos de energía

Además de los conocidos y utilizados bancos de caña de azúcar para alimentación del ganado, en especial en la época seca en los que en muchos lugares se asocian los bancos de árboles y arbustos forrajeros, es importante resaltar los avances de investigación alcanzados en la utilización de la palma de aceite (Elaeis guineensis) en alimentación animal. Se conocen mejor los productos principales de esta especie, cuya capacidad de producción de energía es una ventaja indudable para las regiones tropicales.

El aceite crudo y la torta de palmiste se pueden utilizar para alimentación de animales. Con el primero se puede conformar un sistema intensivo de producción porcina donde el 100% de la energía proviene del producto local, con mejores parámetros de conversión que los mismos cereales (Ocampo A 1998) y el segundo puede ser una fuente importante de suplementación para ganado de doble propósito y búfalos. Los subproductos y residuos de la agroindustria (cachaza fibrosa, lodos) también son reutilizables por monogástricos y rumiantes (Ocampo A 1998) y las áreas de cultivo requieren del trabajo animal (bueyes, búfalos o mulas) que complementan con eficiencia la labor de los tractores.

Los frutos son utilizables en forma directa por los cerdos, de tal manera que se puede pensar en esquemas de áreas de silvopastoreo o bancos multiestrato con palma de aceite y arboles forrajeros como otra estrategia para el ganadero grande y el campesino de minifundio de zonas bajas húmedas. Estas ideas pueden adaptarse a otras palmas nativas que proliferan en varias regiones de la Orinoquia y Amazonia como Attalea butyracea, Acrocomia macrocarpa (Ocampo A y Cardozo A 1997, Cárdenas y López 1998) y Mauritia flexuosa (Triana M 1998).

3. Beneficios Económicos y Sociales de los Sistemas Agroforestales para Producción Pecuaria

Los beneficios económicos y sociales se pueden interpretar de diferentes maneras, ya que dependen del tipo de sistema, su tamaño, productos, intensidad, inversiones necesarias, costos operativos y costos de oportunidad de la tierra en cada región. Para los sistemas extensivos, el silvopastoreo tiene costos mínimos y sus ventajas están en la obtención de uno o varios productos de extracción adicionales a los animales.

En los sistemas que utilizan la sucesión vegetal, los costos de manejo, recolección de frutos y podas, tienden a ser inferiores a los beneficios obtenidos por una mejor alimentación para los animales, menores pérdidas en la época seca, menor estrés calórico y la extracción de madera para postes o leña. Sin embargo, se han realizado muy pocos trabajos sobre estos temas.

Para zonas de alta montaña en procesos de ordenamiento territorial, la ganadería extensiva debe cambiarse en terrenos con pendientes superiores a 50 por ciento, por coberturas vegetales arbustivas y arbóreas. Pero la relación B/C en la ganadería actual es de 1.20 y el VPN de US$186,7 /ha/año; mientras que la reforestación con especies nativas tiene una relación B/C de 1.05 y un VPN de US$46,34. Por esta razón, ningún ganadero estaría dispuesto a dejar su actividad por una menos rentable. Sin embargo, el silvopastoreo mediante el uso de la sucesión vegetal puede generar una relación B/C de 1.31 y un VPN de US$213.48/ha/año si se ofrece un incentivo los dos primeros años equivalente al costo de oportunidad de la tierra mientras crecen los árboles.

Esta alternativa, que parece la más interesante, tiene el inconveniente de tener un flujo negativo los seis primeros años cuando se empiezan a obtener ingresos por productos maderables (vigas y postes), así es que se requieren líneas especiales de crédito de mediano plazo. Todas las opciones se calcularon con una tasa de descuento del 10 por ciento (Lotero J 1999).

En las plantaciones forestales de zonas bajas el pastoreo contribuye con el pago de la mitad de los costos, controla la invasión de pastos sobre los árboles y deja utilidades adicionales (Londoño G 1996).

Para los sistemas silvopastoriles intensivos los costos iniciales de establecimiento (US$1218 /ha leucaena + pasto estrella vs $902/ha de estrella) y costos directos (US$2296/ha/año en silvopastoreo vs US$2023 /ha/año de estrella) superiores se pagan con la reducción de los fertilizantes nitrogenados (Cuadro 7) y los ingresos por mayor producción de leche (US$4311 en silvopastoreo vs US$3592 en estrella). Los ingresos netos después de descontar los costos directos e indirectos por hectárea en silvopastoreo (US$973) superan lo obtenido con pasto estrella (US$529) con riego y fertilización (CIPAV 1999).

Cuadro 7. Reducción en el uso de urea debido al
sistema silvopastoril.


Parámetro / tratamiento

Estrella+Leucaena
+ Prosopis juliflora

Estrella + Prosopis juliflora

Estrella en monocultivo

Fertilización

0

400 k urea/ha/año

400 k urea/ha/año

Producción de forraje
(t MS/ha/año)

39.3

38.9

23.2

Fuente: Ramírez H. (1997).

En sistemas de corte y acarreo, la producción de los bancos de Gliricidia sepium tiene costos de establecimiento similares a los silvopastoriles de leucaena de alta densidad (US$1293/ha) y generan ingresos netos (US$637/ha/año) superiores a la gramínea pura, pero inferiores al silvopastoreo (CIPAV 1999).

En los sistemas silvopastoriles de Erythrina fusca + pasto estrella, el costo del kilogramo de proteína para suplementación es US$0.33 frente a US$0.71 de la torta de soya utilizada como suplemento en las vacas en lactancia (CIPAV 1999).

Unidades familiares campesinas de minifundio con sistemas pecuarios que combinan ganado, cerdos y aves con policultivos forrajeros de corte y acarreo (T gigantea, E fusca, T diversifolia, E rubrinervia, Urera sp, Boehmeria nivea, L leucocephala, Alocassia macroriza + caña de azúcar) generan un balance anual 46.9 por ciento superior (US$1977 vs $1050/año) a unidades familiares que utilizan tecnologías convencionales de pastoreo extensivo y concentrados (CIPAV 1999).

Y por último, en condiciones de microfundio campesino (60 por ciento de la familias con menos de una hectárea) en el departamento de Nariño, policultivos de corte y acarreo ("el bosque forrajero" con T diversifolia, E edulis, E rubrinervia, Hibiscus grandiflorus, Malvaviscus arboreus, Morus sp, T gigantea C acotinifolius, Phenax Af grossecrenatus y Anthurium fasciale) tuvieron una rentabilidad del 99.27 por ciento (rangos según las familias entre 44.7 y 139.56 por ciento). Este sistema integrado con frutales, café y lumbricultura triplicó los ingresos y la generación de empleo rural de los sistemas tradicionales de fique (Furcroya sp) y café (Gálvez A 1998).

4. Beneficios Ambientales

No se puede esperar que una actividad productiva, que históricamente se ha realizado sobre una base extractivista, ofrezca beneficios ambientales comparables con la biodiversidad de los ecosistemas naturales de América tropical. Pero como sistema de producción, la ganadería tiene mayores potencialidades que muchos sistemas agrícolas y de uso del territorio para realizar significativas contribuciones al manejo de la naturaleza.

Ejemplos en Colombia de la aplicación de los principios generales recomendados por Wetsman y Pimentel et al. para que los sistemas de producción sean más amigables con el manejo de la diversidad biológica, demuestran la viabilidad de tener sistemas ganaderos tropicales compatibles con los planteamientos conceptuales del desarrollo sostenible (Murgueitio E y Calle Z 1999).

En el estudio sobre avifauna en diversos agroecosistemas en el Valle del Cauca, Cárdenas G (1998) encontró que los sistemas agroforestales con árboles frutales maduros son los más ricos con 57 especies, seguidos de los silvopastoriles (46-43); bosque (relicto de bs-T) y caña de azúcar con manejo agroecológico (sin quemas ni agroquímicos) con 33 cada uno; guadual o bosque de bambú (Guadua angustifolia) con 29; y caña para agroindustria con sólo 19. El índice de diversidad también tuvo el mismo patrón: Primero los sistemas agroforestales de frutales con 3.21, Leucaena+Prosopis+Estrella 3.07; Estrella+Leucaena 2.98; bosque 2.86; guadual 2.73; caña agroecológica 2.43 y caña convencional 1.53.

El efecto benéfico de los sistemas agroforestales de corte y acarreo sobre el suelo es un atributo reconocido por los campesinos. En condiciones de laderas en los Andes occidentales, con metodologías de investigación participativa, los campesinos valoraron en 20 por ciento la contribución que hace la fertilidad del suelo al precio de la tierra. A la finca que tiene un manejo integral que incluye bancos de proteína de diez años de vida se le atribuyó un precio 52.9 por ciento superior al promedio del precio de las fincas vecinas, y 70 por ciento superior a la finca con manejo más descuidado de suelos (Gómez M E 1997).

El servicio ambiental de captación de carbono de actividades antrópicas es uno de los temas de mayor interés en los últimos años a partir de los avances en la Convención de Cambio Climático de Kyoto. Aunque la mayor parte de las discusiones y trabajos científicos se han orientado hacia el papel de los bosques y cultivos forestales, Fisher et al. (1994) llamaron la atención sobre el nuevo papel que cumplen las raíces de los pastos mejorados y las ventajas de los mismos sobre las sabanas nativas.

Desde entonces se ha sugerido que los cambios en el uso del suelo hacia la intensificación ganadera pueden financiarse parcialmente con aportes de las industrias, empresas y países que hacen las mayores emisiones de C02 a la atmósfera. Es lógico plantear la hipótesis de que los sistemas silvopastoriles -al combinar gramíneas mejoradas y estratos de raíces más profundas- puedan tener tasas de captación de carbono superiores. Los contenidos de C en el suelo de los sistemas discutidos evidencian esto (Cuadro 8). Es urgente la investigación que conduzca a desarrollar mecanismos financieros para multiplicar los beneficios ambientales de la ganadería arborizada.

Cuadro 8: Contenido de Carbono del suelo (%) de dos sistemas silvopastoriles
vs. monocultivo de gramíneas.


Sistema

0 - 10 cm

10-20 cm

20-30 cm

Total

Cynodon plectostachyus +
Leucaena leucocephala+ Prosopis juliflora

168

140

92

400

Cynodon plectostachyus + Prosopis juliflora

149

189

64

402

Cynodon plectostachyus

10

70

148

318

Fuente: Ramírez H, 1997.

5. Recomendaciones

En Colombia, al igual que en casi todos los países de América tropical, convergen los tres grandes sistemas de producción pecuaria identificados a escala global (De Haan et al. 1997): pastoreo, sistemas industriales intensivos (aves, cerdos) y mixtos (agricultura - ganadería - otros). Sus ventajas y problemas están presentes en los tres, pero debido al área que ocupa y a las prioridades globales sobre la diversidad biológica y el cambio climático, los sistemas de pastoreo son los que hay que reconvertir con mayor urgencia.

De los sistemas agroforestales para la producción pecuaria, los que requieren mayor atención son los que se basan en la sucesión vegetal y los nuevos sistemas intensivos silvopastoriles y de corte y acarreo. Los primeros porque son los más económicos de establecer y pueden coexistir con la ganadería dominante de baja inversión y productividad, y los segundos porque son los que generan mayores ventajas socioeconómicas y ambientales.

En el marco de la búsqueda de herramientas políticas y financieras novedosas que pretenden generar una nueva producción animal como respuesta a las exigencias de la comunidad internacional (De Haan et al 1997, 1998) es importante recalcar que algunos de los sistemas mencionados en este trabajo han pasado la prueba del tiempo y de los propios ganaderos y campesinos. Lo que hace falta es una expansión masiva en donde existan situaciones biofísicas y sociales asimilables. Por eso es necesario influir en las políticas agropecuarias y ambientales que siguen sin coordinación, porque mientras las primeras no promueven las oportunidades de la agroforestería, las segundas castigan el impacto ambiental pecuario sin ofrecer alternativas.

En el caso nacional es obvio que los sistemas agroforestales pecuarios deben estar en una agenda más amplia que incluya la democratización de la tenencia de la tierra, el desmonte de los esquemas que perpetúan el negocio especulativo sobre este recurso (Heath, J y H Binswanger 1995), la conservación de la biodiversidad dentro de procesos de ordenamiento territorial participativo, y la negociación política de la paz. Pero será muy difícil alcanzar cualquiera de estas metas si no se impulsa de manera decidida la multiplicación de estas formas intermedias de producción.

La articulación de proyectos regionales piloto, con investigación aplicada en predios de ganaderos y campesinos y con nuevos instrumentos de incentivos como el pago de tasas de captación de CO2 dirigidas al establecimiento de silvopastoriles, reducción de impuestos por corredores biológicos y pago por servicios de liberación de áreas ganaderas para recuperación ambiental y conservación de la biodiversidad, deben ser parte de la gestión presente y futura de empresarios, campesinos, instituciones y agencias de cooperación internacional. Para nuestra fortuna hay trabajo para muchos años.

Bibliografía


1 Bosque húmedo tropical, bosque seco y subhúmedo tropical, páramo, bosque andino, bosques inundables (vegas de ríos) y sabanas del Caribe. (Etter A. 1997).


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