José Arze B
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| Es necesario reorientar la extensión agropecuaria como base para lograr el
manejo sostenido de la producción agrícola y el manejo de recursos naturales
en armonía con la naturaleza. Foto: Giuseppe Bizzarri. |
Luego de las experiencias de los años ochenta -tristes en lo que se refiere al desempeño económico en prácticamente todos los países en vías de desarrollo-, América se encuentra ante una coyuntura económica internacional que sufre una evolución brusca. A lo largo del continente se siente que nuevamente estamos en una etapa de cuestionamiento y que hay una falta de brújula en los lineamientos de política agrícola. Muchas respuestas del pasado no son válidas y es evidente que tenemos que buscar otras vías, otras perspectivas.
Desde hace varias décadas, especialmente a partir de la década del setenta, la humanidad ha adquirido cada vez mayor conciencia acerca de los graves problemas ambientales que aquejan a nuestro planeta: Contaminación, deterioro de recursos naturales, deforestación, pérdida de biodiversidad, etc.
En la búsqueda de perspectivas que permitan armonizar el manejo de los recursos naturales con la producción sostenida, surge la necesidad de retomar actividades como la producción ganadera. Esta debería insertarse en un concepto de manejo integral, bajo un enfoque holístico de aprovechamiento racional de los recursos productivos, y con criterios políticos y económicos orientados a aliviar la pobreza y mejorar los niveles de vida con equidad y dignidad.
La modernización de la ganadería tiene que ser parte de la modernización del sector agropecuario en general, ya que los componentes de dichos sectores están estrechamente relacionados. La ganadería no existe como una actividad independiente de otras formas de uso de la tierra. A su vez, la modernización del sector agrícola se concibe como la generación de sistemas de uso de la tierra productivos, rentables, ecológicamente sostenibles, e insertos en cadenas de producción, servicios y comercialización eficientes. Esta sólo será posible dentro de un proceso de modernización de la sociedad en su conjunto.
Las herramientas básicas de la modernización son dos: tecnologías y políticas, cuya importante interacción tiene que ser reconocida y manejada. En la actualidad existen tecnologías que pueden hacer a la ganadería mas productiva y rentable. Sin embargo, su eficiencia a nivel macroeconómico -suponiendo su difusión masiva-, puede no corresponder a su efecto en una muestra de fincas. Las políticas son las que pueden hacer viable o no una determinada tecnología si afectan o modifican el entorno macroeconómico y legal.
Un importante concepto normativo de la agricultura, cuya significancia se ha reconocido en los últimos años, es el de sostenibilidad. La aceptación de este concepto normativo y su conversión en un objetivo central junto con la productividad y rentabilidad de los sistemas de uso de la tierra, exige la definición de indicadores de sostenibilidad y la generación de índices pertinentes para cuantificarla y medirla. Esto es particularmente importante en relación con la ganadería, para demostrar que puede contribuir significativamente al desarrollo de una agricultura productiva, rentable y en equilibrio con la base de recursos naturales y el medio ambiente (Mares, 1994).
Desde 1990 se reconoce al Centro Agronómico Tropical de investigación y Enseñanza (CATIE) como la primera Institución en América Latina en lo que es investigación, educación y capacitación agroforestal, donde muchos profesionales fueron y todavía son entrenados (Dubois, 1990).
Sin embargo, las experiencias existen desde hace cuatro décadas, y los enfoques de metodologías de investigación, formación de recursos humanos a nivel de maestría en el programa de graduados y capacitación mediante cursos cortos y otras modalidades de entrenamiento, constituyen un indudable legado de continuo aprendizaje (Budowski, 1994).
Un resumen histórico de la evolución de cursos cortos y contenidos programáticos de maestría (Kass, Borel, 1994), muestra la dinámica de cambios en el tiempo y la fortaleza institucional para adecuarse rápidamente a los nuevos paradigmas del desarrollo. Actualmente la institución esta alerta ante el avance vertiginoso de la tecnología para adecuarse y ofrecer los mejores productos y servicios para el desarrollo sostenible.
Para el cumplimiento de la misión del CATIE y para alcanzar los objetivos del Programa de Proyección Externa, las actividades agroforestales se encaminan a (Camero 1999):
a) Revista Agroforestería en las Américas
b) Base de Datos de Proyectos Agroforestales
c) Bibliografía Anotada sobre Agroforestería del CATIE
d) Series Técnicas.
El mandato del CATIE cubre la América Tropical con prioridad para sus países miembros, con quienes se desarrollan actividades relacionadas con la formación de recursos humanos, capacitación y asistencia técnica. Actualmente se realizan actividades de capacitación con énfasis en Sistemas Agroforestales, principalmente en los países de Centroamérica y el Caribe:
A fin de conocer las necesidades y prioridades de la capacitación agroforestal, durante 1996 y 1997 se realizaron consultas a instituciones en la mayoría de los países donde se realizan eventos de capacitación agroforestal. Los temas identificados como prioritarios, fueron: sistemas silvopastoriles; diseño, establecimiento y manejo de plantaciones agroforestales; y aspectos socioeconómicos en sistemas agroforestales.
Se mantienen acciones concretas para identificar la demanda por parte de los proyectos e instituciones regionales y actualizar la oferta de apoyo a la capacitación agroforestal por parte del CATIE, mediante:
a) Sistemas Agroforestales: Conceptos Básicos
b) Consideraciones Sociales en Agroforestería
c) Economía de Sistemas Agroforestales
d) Agroforestería Secuencial
-Agricultura Migratoria
-Barbechos Mejorados
-Sistemas Taungya
e) Agroforestería Simultánea
-Huertos caseros
-Arboles en Cafetales
-Plantaciones de árboles en línea: Linderos y Cortinas rompevientos
f) Sistemas Silvopastoriles
g) Agroforestería para Conservación de Suelos
El contenido de los módulos de capacitación agroforestal está diseñado para ingenieros, licenciados, extensionistas y técnicos graduados en agronomía o disciplinas afines, con alguna experiencia en agricultura, ganadería, silvicultura o agroforestería. Está orientado preferentemente a personal que se desempeñe en actividades de investigación, educación, extensión y/o desarrollo rural.
El CATIE participa en la selección de los postulantes a los eventos de capacitación para asegurar la compatibilidad entre el programa y los participantes. Los representantes de las Comisiones y Redes Agroforestales, en conjunto con las Oficinas Técnicas de CATIE en los países, juegan un papel importante en la selección de los candidatos a la capacitación. En todos los casos se siguen los lineamientos establecidos por el Area de Capacitación del CATIE.
Como apoyo a la capacitación, cada país organizador cubre los costos de sus participantes y la logística del evento (transporte, local de clase, comidas, alojamiento, fotocopias del material didáctico, etc) a través de las Comisiones, Redes Agroforestales y Proyectos nacionales. Por su parte, el CATIE apoya con personal técnico de su sede, de las Oficinas Técnicas en el país y con la posible contratación de expertos nacionales.
La Unidad de Coordinación Agroforestal, en conjunto con las Comisiones Permanentes y las Oficinas Técnicas del CATIE, evalúan el impacto y la calidad de las acciones de capacitación agroforestal utilizando los mecanismos establecidos por el Area de Capacitación del CATIE.
Las actividades relacionadas con sistemas agroforestales cuentan con personal técnico de planta, apoyados por las otras Areas Programáticas del CATIE (Socioeconomía, Silvicultura, MIP). Las áreas temáticas cubiertas por el personal de planta son:
Cada año, el CATIE ofrece en la sede de Turrialba, Costa Rica, y en sus países miembros, varios cursos cortos y capacitaciones en servicios agroforestales para profesionales y productores. El apoyo externo para actividades de capacitación agroforestal se obtuvo por primera vez en 1976 de la DDA del gobierno suizo, seguido en 1977 por una donación de la United Nations University (UNU) de Tokyo, Japón.
Al CATIE, como institución asociada a la UNU, se le encomendó la misión de promover diferentes actividades de capacitación y promoción del campo agroforestal en América y en otros continentes. Con este propósito el CATIE organizó en 1979 el primer taller sobre sistemas agroforestales en América Latina y ofreció en los años siguientes cursos cortos en México y Colombia.
Las primeras investigaciones y cursos se enfocaron en el redescubrimiento de numerosos sistemas tradicionales que funcionan con eficiencia en cuanto a la producción por unidad de superficie, mantenimiento de la productividad, conservación de los recursos naturales y beneficios socioeconómicos, en especial para poblaciones campesinas de bajo recursos. En 1981, se llevó a cabo en Tabasco, Campeche y Quintana Roo, México, un curso móvil sobre investigación de técnicas agroforestales tradicionales. Este curso despertó considerable interés entre los 29 participantes y dio origen a numerosas investigaciones originales de profesionales mexicanos y de otros países.
En 1979, la Gesellschaft für Technische Zusammenarbeit (GTZ), de Alemania, inició su apoyo a proyectos agroforestales en las comunidades agrícolas de Acosta y Puriscal, Costa Rica; y Jinotega, Nicaragua. Bajo este convenio se contemplaron cursos regulares y textos de posgrado sobre bases edafológicas de sistemas agroforestales que, de forma muy segura, llenaron el acervo de conocimiento agroforestal de los cientos de participantes en las actividades.
En 1980 se recibieron fondos de la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID) de los Estados Unidos para el Proyecto LEÑA (Posteriormente "Madeleña") para América Central. El componente de capacitación agroforestal de extensionistas en el ámbito de América Central fue, hasta 1995, una actividad de primer orden regional de este proyecto. Sus impactos se pueden observar en los incontables participantes que asistieron a sus numerosos talleres, reuniones, parcelas demostrativas, cursos organizados y dirigidos por las Comisiones Nacionales de Investigación y Extensión Agroforestales. También se pueden ver en las numerosas publicaciones y materiales de educación elaborados y diseminados en toda América Central y la República Dominicana. Pero los impactos de esta capacitación se observan -más que todo- en el campo donde miles de campesinos cultivan árboles en sus fincas.
Además, desde 1981 la Oficina de Forestería, Ambiente y Recursos Naturales de la USAID inició el financiamiento de una serie de cursos de 3 semanas en el CATIE. Entre 1981 y 1984 se implementaron un total de cuatro cursos sobre agroforestería para los trópicos húmedos, técnicas agroforestales y prácticas agroforestales con énfasis en la medición y evaluación de parámetros biológicos y socioeconómicos. También se obtuvo financiamiento de la Fundación Kellogg en 1985 y 1986 para cursos cortos agroforestales. Se preparó el manual de capacitación "Sistemas Agroforestales, Principios y Aplicaciones en los Trópicos" publicado por el CATIE y la Organización de Estudios Tropicales, con base en las experiencias del CATIE en cursos cortos, lo cual se convirtió en el texto de referencia de muchos cursos en las universidades de la región. Con una segunda edición, este documento es material de lectura y consulta obligada para investigadores y técnicos agroforestales.
En 1986 se firmó un convenio con la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA) el cual garantizó apoyo para cinco cursos cortos de tres meses en Desarrollo de Sistemas Agroforestales. En 1991 este convenio fue renovado, garantizando apoyo hasta 1995 y permitiendo la capacitación de estudiantes de todos los países de América Latina, incluyendo Cuba. Bajo este convenio se capacitaron más de 170 profesionales en agroforestería de 18 países de América Latina. Hoy día este curso (tres semanas) se dicta cada año bajo la estructura de módulos, los mismos que han sido preparados por el Proyecto Agroforestal CATIE/GTZ para entrenar a capacitadores agroforestales.
Por intermedio de la Coordinación Agroforestal CATIE/DANIDA, en los últimos 5 años se reactivaron las Comisiones Agroforestales Nacionales y bajo su liderazgo se han realizado en promedio 3 cursos cortos por año en cada país.
Otra modalidad para la transferencia y actualización de conocimientos agroforestales que ha tenido impacto en toda América Latina, es la publicación trimestral "Agroforestería en las Américas", la cual comenzó a publicar el CATIE en 1994 con financiamiento de DANIDA. Esta publicación llega a más de 2000 lectores, muchos de los cuales ponen en práctica tecnologías agroforestales en el campo: investigadores, extensionistas, agricultores y ONGs.
En las reuniones y talleres internacionales en nuestra sede se han reflejado mecanismos de transferencia e intercambio de conocimiento propiciados por el CATIE. Como eventos de gran importancia podemos mencionar la "Reunión Internacional sobre Investigación Agroforestal" en 1985; "Gliricidia sepium" en 1987; "El género Erythrina" en 1992; "Arboles Fijadores de Nitrógeno para Suelos Acidos" en 1994; y más recientemente "Sistemas Agroforestales Multiestrato" en 1999, los cuales han atraído un promedio de más de 50 científicos/profesionales de todo el mundo para aprovechar las experiencias del CATIE y al mismo tiempo conocer a Costa Rica y la región.
Es indudable el aporte que ha realizado el Area de Agroforestería al desarrollo de este sector agroforestal. Por ejemplo, durante la última década en la zona del Pacífico Norte de Costa Rica, el proyecto MADELEÑA, ejecutado exitosamente por el CATIE en toda Centroamérica, ha influenciado grandemente en el desarrollo del sector forestal y agroforestal de Hojancha, Nicoya, Cóbano, Lepanto y Liberia. Esta zona es actualmente un ejemplo de desarrollo, sostenibilidad y autogestión de acciones agroforestales por parte de los principales actores y productores después de trasladar e implementar conocimientos agroforestales (desde viveros y plantaciones hasta empresas autogestionarias), con productores, Centros Agrícolas Cantonales, Instituciones Gubernamentales y ONG´s (MIRENEM, MAG, IDA, DRIP y UCR),
En la zona Atlántica de Costa Rica, el CATIE también ha desarrollado e implementado un programa agroforestal de gran trascendencia que implica el uso de especies maderables y leguminosas en cultivos agrícolas (Cacao, yuca, maíz, jengibre y arazá) en conjunto con asociaciones civiles e instituciones gubernamentales. A nivel del Valle Central, la zona sur y la región de Turrialba, en conjunto con el MAG, algunos Centros Agrícolas Cantonales e ICAFE, el CATIE ha generado y transferido tecnologías de uso de sombras con árboles de servicio, frutales y especialmente maderables como componente del sistema de producción de café. En la zona alta del país (Coronado) y la de mayor problema por erosión (Puriscal) el CATIE ha implementado tecnologías silvopastoriles que han permitido establecer sistemas de producción ganaderos más económicos y precursores en la conservación de suelos. A nivel general, en todo el país se ha realizado capacitación y transferencia en agroforestería en conjunto con el Proyecto Desarrollo Campesino Forestal "DECAFOR/MINAE".
El CATIE ha acompañado todas estas actividades con más de 100 estudios biofísicos y socioeconómicos, rigurosos y puntuales (más de 100 tesis de grado de maestría en agroforestería; varios trabajos socioeconómicos, costos de establecimiento de SAF, costos beneficios y adopción de SAF), que -junto con los datos técnicos- han sido base para la elaboración de "Políticas y Leyes" que han favorecido grandemente al sector agroforestal nacional. Ejemplos de estas son el Sub-Programa de Incentivos Sistemas Agroforestales, la Estrategia de Conservación para el desarrollo Sostenible, el Plan de Acción Forestal y, con apoyo del CATIE recientemente se conformó una Comisión Agroforestal Nacional (presidida por un miembro del MIRENEN) que trabaja en las áreas de política, capacitación y transferencia agroforestal, en conjunto con más de 30 proyectos nacionales.
En el aspecto educativo en Costa Rica, cabe mencionar el aporte que está haciendo el CATIE a través de su Proyecto Agroforestal CATIE/GTZ con la elaboración de materiales de capacitación que han sido tomados como base por el Ministerio de Educación Pública para incorporlos como materiales didácticos, especialmente en colegios profesionales agropecuarios.
Resultados similares se han observado en el resto de los países centroamericanos donde el impacto de la agroforestería -propiciado por los avances de investigación y enseñanza que ha liderado el CATIE en la última década con proyectos regionales de generación y transferencia de tecnología-, se refleja en los programas de trabajo y desarrollo de actividades
Algunos proyectos regionales de generación y transferencia de tecnología son "Madeleña", Agrosilvopastoril para Zonas Secas, Sistemas Silvopastoriles para Zonas Húmedas, Huertos Caseros, Arboles Fijadores de Nitrógeno, Calliandra y Leucaena, Cuencas y Agroforestería, Sistemas Sostenibles de Producción con Cacao, Acciones con PROMECAFE y otros.
Y las actividades son realizadas por instituciones nacionales, asociaciones privadas y organizaciones no gubernamentales. INRENARE, universidades y Grupos indígenas en Panamá; MAGFOR, INTA, MARENA y universidades en Nicaragua; CENTA, RNR y CARE en El Salvador; PDBL, FHIA y COHDEFOR en Honduras; y proyectos de desarrollo agroforestal de El Petén en Guatemala.
Los mecanismos de integración y difusión agroforestal utilizados por las instituciones anteriores son las Comisiones y Redes de Investigación y Extensión Agroforestal creadas por CATIE mediante su Proyecto "Madeleña" y hoy día retomadas y reactivadas por la Coordinación Agroforestal CATIE/DANIDA.
La extensión o transferencia tecnológica agropecuaria está en crisis, no sólo en América Latina sino también en otras partes del mundo, debido a los cambios fuertes que se están dando desde finales de los años ochenta. Entre ellos están la globalización de los mercados agrícolas; el retiro del Estado de la ejecución misma de los programas rurales; la privatización de servicios estatales; y la aparición de actores rurales y medios de comunicación nuevos. Además, ante las crecientes preocupaciones acerca de la sostenibilidad de los sistemas agropecuarios inducidos, se cuestiona seriamente la extensión agropecuaria como vínculo dinámico entre la investigación científica y la producción agropecuaria (Engel P. 1998).
Para generar respuestas adecuadas a los desafíos modernos no basta un cambio de temas y métodos. Debe producirse un cambio paradigmático que reoriente fundamentalmente la conceptualización, los enfoques y metodologías de la extensión agropecuaria. Ya no basta la extensión como vehículo de transmisión de resultados de la investigación tecnológica hacia los productores agropecuarios. La extensión debe posicionarse como instrumento para fortalecer la capacidad de autoaprendizaje e innovación permanente de las comunidades rurales hacia la competitividad y la sostenibilidad.
Existen diferencias en la definición de "extensión". La "Extensión Agrícola" generalmente se aplica al apoyo a la agricultura familiar. En América Latina, en muchos países la "extensión agrícola" tiene una fuerte connotación de un trabajo más integral con las familias rurales más necesitadas. Además, se entiende la extensión más como un proceso educativo y no como una asesoría netamente técnica. Para esta última función se emplea frecuentemente el término "Transferencia Tecnológica".
El término "Asistencia Técnica" se refiere normalmente a asesorías especializadas, netamente técnico-productivas, dirigidas hacia productores agropecuarios que pueden ser grandes o chicos, familiares o industriales. Generalmente, pero no siempre, los mismos productores pagan de forma directa o indirecta para este tipo de servicios. Su característica más notoria es su carácter netamente productivo y comercial.
El momento crítico en que se encuentra la extensión agrícola tiene su origen en un número de tendencias fundamentales que ha vivido el mundo desde mediados de los años ochenta hasta ahora (Engels, 1998):
En el ámbito mundial está en auge la filosofía del libre mercado, la cual se incorpora a los tratados comerciales internacionales. A partir de la caída del Muro de Berlín, se abren espacios para una liberalización significativa de los mercados mundiales y de productos agrícolas de forma acelerada. Los pequeños productores, que en muchos casos son productores de productos básicos (granos, por ejemplo) se ven afectados de manera desproporcionada. Además, se hacen notar las deficiencias de los sistemas tradicionales de apoyo que no parecen capaces de ofrecerles tecnologías ni financiación adecuadas a los pequeños productores de productos básicos.
En los años ochenta también empieza a imponerse la disciplina fiscal. Se cuestionan los programas gubernamentales de desarrollo y muchos gobiernos empiezan a retirar la ejecución de los mismos. En muchos países esto conlleva la privatización de los servicios o su traspaso paulatino hacia sectores privados o no gubernamentales. En otros países más bien implica un relativo abandono de los servicios a la pequeña agricultura. En algunos países esto se complementa con una descentralización administrativa del Estado. Autoridades locales reciben más responsabilidad en la administración de los fondos y servicios de apoyo a la agricultura. Con ello, las prioridades políticas locales comienzan a afectar la asignación de fondos.
Hacia la culminación de la "Revolución Verde", a nivel mundial empieza a crecer la preocupación por la explotación indiscriminada de los recursos naturales, la incursión de la frontera agrícola en las reservas forestales y el uso intensivo de químicos en la agricultura tecnificada. Además, se inicia un cuestionamiento profundo del impacto de los programas de desarrollo agropecuario sobre los niveles de pobreza de las poblaciones rurales. Al mismo tiempo, la agricultura parece perder prioridad relativa en las políticas de muchos gobiernos, que favorecen el desarrollo urbano, comercial e industrial. Se profundiza la crítica a las instituciones de apoyo técnico-científico que no logran proveer tecnologías adecuadas para superar la crisis económica, social y de sostenibilidad de los sistemas de producción a pequeña escala.
La crisis actual de la extensión agrícola, la cual se mostró claramente al comienzo de los años noventa en América Latina, se genera justamente porque no es capaz de responder adecuadamente a los múltiples desafíos originados por las tendencias indicadas anteriormente. El instrumento que había sido eficaz para promover una agricultura relativamente sencilla, de monocultivo, tecnificada y homogeneizada, no pudo con las demandas múltiples que empezaron a surgir a partir de la globalización y diversificación de los mercados, la descentralización de la toma de decisiones, las exigencias específicas de la sostenibilidad y el desarrollo social, y la mayor responsabilidad otorgada a los niveles locales.
Mientras el mundo rural asumió características múltiples y complejas, la extensión continuó siendo una herramienta inflexible, excesivamente técnica y equipada con una oferta tecnológica rígida, que no se ajustaba a las necesidades de los pequeños productores en los nuevos tiempos.
Si bien se puede declarar que la extensión agrícola cumplió una etapa en la cual tuvo éxitos notables y ya puede desaparecer, la transformación del agro necesita -de manera educativa- de apoyo técnico-económico. La demanda por conocimientos nuevos, por información y por capacitación no ha disminuido. Al contrario, sigue creciendo en el campo. No es que la extensión ya no sirva, es que "ese tipo" de extensión agrícola ya no nos sirve. Esto se debe principalmente a cinco elementos decisivos de la extensión antigua:
La extensión tradicional se define por un lado, de forma lineal como el vínculo principal entre la investigación científica; y por otro, según los productores agrícolas. Esta posición fue criticada desde mediados de los años 80. Hoy en día, cuando la investigación científica ya no tiene, ni pretende tener todas las respuestas; cuando la rentabilidad de un predio ya no depende sólo de su productividad, sino de su capacidad de orientarse hacia mercados dinámicos; y cuando los actores involucrados en la realización de cualquier proyecto agropecuario son múltiples y las negociaciones entre ellos determinan la viabilidad y sostenibilidad de los proyectos, esta conceptualización ya no sirve.
No es sólo el contacto con la ciencia lo que prima en las necesidades del pequeño productor actual, sino el interrelacionamiento con todos aquellos actores sociales con los cuales podría formar alianzas estratégicas en un momento dado, para definir y realizar propuestas productivas viables y sostenibles.
Igualmente, la extensión tradicional únicamente se perfilaba como vehículo de transferencia de conocimientos científicos. En muchos casos se llegaba al extremo de despreciar el aporte de los mismos productores. El despilfarro de recursos que esto implica ha sido ampliamente documentado. Además, se creó la idea de que el rol de la extensión era transferir lo que los agrónomos o técnicos aprendían en la universidad hacia el mundo campesino y no viceversa, que el agrónomo podía aprender muchísimo de las experiencias de los productores pequeños.
Además, tradicionalmente la extensión se dirigía sólo a la producción, generando un mundo de agrónomos netamente técnicos y sin mayor preocupación ni conocimiento de la comercialización, la organización o la gestión empresarial.
Ahora, esta situación está siendo modificada rápidamente en muchos países, no sólo porque la ciencia no tuvo todas las respuestas, sino también porque la producción para el mercado requiere del apoyo de profesionales más ampliamente capacitados. Además, cada vez exige más a los productores aprovechar al máximo sus propias capacidades, conocimientos e ideas. Cobra mucha importancia hoy en día, por ejemplo, la experimentación campesina, para lograr una integración del conocimiento campesino con el científico y técnico.
Uno de los problemas más graves que ha tenido la extensión tradicional en los tiempos modernos, ha sido su obsesión por una oferta tecnológica determinada. Los contenidos técnicos de los programas se definen de antemano con base en una oferta tecnológica que, según los técnicos, es adecuada para la estrategia de desarrollo agropecuaria adoptada. Luego, con bastante rigidez se implementan los programas, descalificando los productores que no quieren adoptar el paquete entero como "resistentes al cambio".
Esto está bien si el objetivo es enseñar lo mismo a todo el mundo. Sin embargo, en estos días de mercados "nichos" y temporales se requiere mucho más flexibilidad en los mensajes técnicos, y un ajuste a la demanda y las capacidades de los propios agricultores, por un lado; y a las exigencias dinámicas de los mercados principales, por el otro.
El cuarto problema de fondo que caracteriza la extensión tradicional es un fuerte paternalismo. De alguna manera, los extensionistas fueron educados para creer que ellos son las fuentes del verdadero conocimiento agrícola y que, por lo tanto, tenían que guiar, si no dirigir a los campesinos hacia objetivos y métodos que éstos solos no eran capaces de entender. En vez de asesor de un productor, el extensionista se creía maestro de un ignorante. Esto, no solo inhibe el proceso de aprendizaje del productor mismo, sino también del extensionista, y por ende, impide un avance rápido hacia nuevos horizontes productivos.
Finalmente, es necesario remediar la orientación casi exclusiva de la extensión tradicional hacia el productor individual. Los productores tienen que ser capaces de organizarse, formar grupos de intercambio e interaprendizaje, empresas agro-comerciales, y crear alianzas estratégicas con otros actores sociales del campo y de la ciudad para enfrentar la dura competencia por los mercados y los recursos naturales. Los pequeños productores con su historia de fracasos cooperativos y la desconfianza mutua que esto ha generado, no son los mejores equipados para enfrentar tales desafíos. Sin embargo, la extensión moderna tendrá que asumir este reto.
Después de analizar las cinco características de la extensión tradicional que debe revertirse radicalmente, también se deben rescatar algunas características de la extensión tradicional.
La primera, es su énfasis en el proceso educativo a largo plazo. Al contrario de la asistencia técnica, la extensión tradicionalmente buscó lograr un proceso educativo más allá de los resultados productivos inmediatos. En las condiciones actuales, en las que los productores pequeños deben enfrentar múltiples desafíos nuevos y para asumirlos a menudo les faltan conocimientos y habilidades específicas, esta función sigue siendo de primera importancia. Más aún, parece necesario que una extensión moderna busque mucho más integración con el sistema educativo rural.
Otra característica que debe rescatarse es su rol informativo. Muchas veces, el extensionista es la única fuente externa y confiable de nuevos conocimientos e información en las comunidades campesinas, a la cual la gente tienen acceso regularmente.
Al mismo tiempo, la necesidad de información y capacitación en el campo crece explosivamente. Como los pequeños productores no pueden acceder a los pocos servicios privados de asistencia técnica que existen, quedan atrás. Es obvio que ahí existe una fuerte exigencia hacia la extensión nueva: Facilitar la construcción de sistemas de información y capacitación, que permitan al productor pequeño mantenerse al día en cuanto a conocimientos e información técnica, de mercado y de políticas agrarias, que le puedan afectar. Es de gran importancia que, con respecto a esta tarea, la extensión nueva incorpore los medios masivos de información (televisión, radio y electrónicos).
Del análisis anterior, se puede concluir:
La necesidad de educación, capacitación e información por parte de los pequeños productores está creciendo exponencialmente con su incorporación a los mercados libres de productos agrícolas.
El desarrollo rural sostenible dependerá de la capacidad de la población rural y otros actores involucrados de dar respuestas adecuadas a los desafíos múltiples que se les presentan.
Esa capacidad dependerá en gran medida de su interacción y organización interna y de su comunicación con el mundo externo. En otras palabras, depende de la manera en que los productores y otros actores se organicen para generar e implementar propuestas de desarrollo.
En esta extensión moderna no prima el conocimiento técnico, sino la facilitación de diagnósticos, de interrelaciones, de la búsqueda de oportunidades, y de la experimentación y formulación de propuestas. Para aprender a hacer esto la extensión moderna debería dirigirse hacia los sectores donde se experimentó con este tipo de enfoques, evaluar sus logros y adaptar sus métodos. Ya existen muchas de estas experiencias relevantes en América Latina. Un primer trabajo que debería hacerse es compilar un sistema de documentación que las reúna y las haga accesibles a quienes quieren estudiarlas.
Los seres humanos tienen la facultad de la inteligencia que les permite conocer, lo cual es más que procesar información (computadoras). Es entender con la capacidad de darle sentido a lo que se ve y oye, extraer nuevas ideas de pequeñas sugerencias, disponer del sentido común para guiarse a través del mundo que a veces parece ilógico. El conocimiento debe ser considerado como patrimonio de la humanidad, ya que gracias a su acumulación a través de generaciones, el hombre ha avanzado en el control del ambiente que lo rodea.
Los conocimientos de las personas expresados por el entendimiento de determinados tópicos ocurridos bajo condiciones específicas (ambiente) para el logro de objetivos esperados, pueden sistematizarse. Esto con el fin de desarrollar bases de conocimientos, que posteriormente pueden consultarse. La consulta a la base de conocimientos debe iniciarse entregando al sistema las condiciones específicas (entorno) que caracterizan el ambiente, motivo de la consulta. Para esas condiciones (entorno), el sistema devuelve el resultado almacenado (objetivo esperado). De esta manera el sistema podrá entregar conocimientos almacenados bajo condiciones de ambientes específicos. En consecuencia, la construcción de un sistema de conocimientos, requiere la capacidad de capturar los conocimientos de las personas logrados por sus vivencias, bajo ambientes específicos (entornos).
Los conocimientos del manejo de recursos naturales y agricultura sostenible, son poco utilizados y constituyen una rica fuente de información almacenada en el cerebro de quienes conocen el por qué de la ocurrencia de determinados hechos. Estas personas son las expertas en determinados aspectos específicos, ya que sus vivencias les permiten identificar posibles hechos a cambio de conocer los entornos.
Actualmente, mediante la inteligencia artificial y los sistemas de expertos, el desarrollo de la informática ofrece una serie de opciones para desarrollar bases de conocimientos fundamentadas en el conocimiento de los expertos humanos.
La producción agropecuaria y forestal, así como el manejo de los recursos naturales, se encuentra enmarcada dentro de estructuras de organización jerárquica (espectros de organización), donde existen elementos de agregación y dependencia. Según un esquema de ordenamiento que se inicia con una unidad de observación para el desarrollo sostenible (Por ejemplo, una región o cuenca) pueden considerarse unidades o subsistemas incluidos en esta unidad mayor, según el siguiente esquema:
Figura 1. Esquema de ordenamiento para la observación del desarrollo sostenible. |
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Cada uno de los niveles se caracteriza por diferentes expresiones de sus componentes. En consecuencia, los ambientes que permiten esas expresiones también se encuentran en escalas de diferente rango de amplitud. Los niveles contribuyen al manejo de la producción de manera diferente, lo que constituye en su conjunto el manejo integrado del sistema de producción. Por ejemplo, en el nivel de región o cuenca interesa la organización de la producción con fines de planificación mediante metodologías de evaluación de tierra. En el nivel de tejido o gene, interesan los estudios de investigación histológicos y genéticos.
En este ordenamiento se pueden notar dos grandes agrupaciones. Una de ellas está relacionada con los niveles Región, Finca y Agroecosistema, y se caracteriza por la intervención del hombre mediante aspectos económicos y sociales, a lo que se le ha dado por llamar una jerarquía de "Poder" (Social, económico, político y cultural).
La otra agrupación corresponde al estudio y análisis de los componentes físicos y biológicos de la producción (Suelo, plantas, órganos, tejidos y gene), en donde el flujo de energía y los ciclos biogeoquímicos como procesos ecológicos naturales, son predominantes. Se refiere en consecuencia a una jerarquía "Energética". En este nivel jerárquico es que el hombre interviene sobre la naturaleza.
La extensión agrícola y la asistencia tecnológica están centradas principalmente a nivel de finca, agroecosistema y cultivo, y su énfasis depende de los intereses del usuario.
Utilizando esta conceptualización como marco básico de referencia, se pueden ubicar las actividades de investigación, extensión o asistencia técnica. Estas están encaminadas a un desarrollo sostenible, mediante la elaboración de sistemas de información "inteligentes" (expertos), que permitan ofrecer respuesta a determinados problemas.
Las racionalidades técnicas están asociadas al manejo de las jerarquías energéticas, en donde el conocimiento técnico científico maneja y manipula los ciclos biogeoquímicos, flujos de energía y estructuras biológicas. Por otra parte, las racionalidades campesinas se refieren a las jerarquías de poder, debido a que los centros de decisión del productor están influenciados principalmente por aspectos económicos, sociales, políticos y culturales que definen la forma de utilizar los recursos físico biológicos (ecológicos)
Figura 2. Jerarquías de poder en los centros de decisión del productor. |
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Ambas racionalidades influyen en la estructura de un sistema de conocimiento, con capacidad de capturar las experiencias de diversos expertos con conocimientos específicos, ubicados en el ordenamiento jerárquico. Consecuentemente pueden ofrecer respuestas "inteligentes", acordes con la problemática planteada mediante escenarios, y con gran posibilidad de contribuir en las tomas de decisión de los usuarios, ubicados dentro de su respectivo nivel jerárquico de interés
Implementar el sistema de conocimiento requiere integrar conocimientos de diferentes niveles mediante el uso de diversas herramientas computarizadas, con la única intención de ganar la gran capacidad de almacenamiento de información y la velocidad de procesamiento de las computadoras. Sin embargo, la estructura y la lógica del proceso requiere del cerebro humano para desarrollar una herramienta consolidada capaz de dar respuesta a problemas en el espacio y tiempo oportunos.
Figura 3. Sistema de conocimiento. |
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Se propone utilizar como modelo integrador un sistema experto de evaluación de tierras (ALES), caracterizado por armonizar información de datos procedentes de los recursos ofrecidos por la tierra, expresados en forma de unidades cartográficas, con los requisitos demandados por los tipos de uso de tierra (rubros de producción). De esta manera, el sistema permite evaluar la respuesta de los tipos de uso de la tierra sobre la oferta de recursos dada por la tierra misma.
La base de datos de las características de la tierra (oferta de recursos), puede estructurarse de forma georeferenciada utilizando cualquier sistema de información geográfica, para facilitar la formación de unidades cartográficas y para facilitar la salida de los resultados mediante mapas. Por otro lado, la base de conocimientos deberá estructurarse con la contribución de diversos expertos humanos con dominios de conocimientos específicos sobre el comportamiento y desempeño de los tipos de uso de la tierra (rubros) que se quieren evaluar. Este procedimiento puede facilitarse utilizando sistemas de simulación fisiológica de la producción, como informantes inteligentes, ante los cambios de ambientes de producción.
Una vez realizada la evaluación de tierras, podrá planificarse el uso de la tierra de acuerdo con sus aptitudes y las potencialidades de los tipos de uso. Con esta información se presentan dos caminos: uno para optimizar las unidades cartográficas y los rubros de producción, de acuerdo con las restricciones económicas y sociales imperantes en la zona en estudio. Para ello se podrá utilizar la programación lineal como método básico.
Por otra parte, una vez identificados los rubros de producción adecuados para cada unidad cartográfica de la tierra, los productores inician las actividades productivas. Sin embargo, el sistema no está en capacidad de continuar ofreciendo información durante el proceso productivo. Para evitar esta dificultad se contempla la elaboración de sistemas de expertos de manejo de la producción, con capacidad de ofrecer respuesta a los productores en cualquier momento y sitio, con base en el conocimiento de los expertos (otros productores, extensionistas, investigadores).
Todo lo propuesto se encuentra principalmente dentro de la jerarquía energética (racionalidad técnica) con poca participación de la racionalidad del productor. Por ello es necesario adicionar a las dos salidas (optimización y manejo de la producción), los criterios de racionalidad del productor, basados en el análisis de sus centros de interés y patrones de decisión. Con este tercer componente añadido se implementaría un sistema de conocimiento, con la posibilidad de crecer continuamente, corrigiendo y adicionando conocimientos verificados (enseñándole), así como identificando vacíos de información, ya sea porque no existe o porque la disponible no es relevante. Esto permitirá orientar a los programas de investigación para completar el sistema con información confiable procedente de la investigación en corto tiempo.
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