4. Cereales alimentarios

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Para cubrir la demanda de consumo se desarrollará por lo general un sistema de mercadeo libre compuesto de empresas autónomas y competidoras, adaptado a las necesidades. Así lo demuestra, la estructura de las empresas familiares, que en Nigeria aseguran un suministro regular de alimentos a ciudades de varios millones de habitantes. La oscilación de precios para un cultivo estacional entre el período de cosecha y una fecha posterior del año será desde luego menor que si no intervinieran los comerciantes. Cada cual comprará en el periodo de precios bajos y retendrá las existencias para venderlas más tarde, atenuando así la oscilación estacional de precios. Sin embargo, por los márgenes que es necesario prever para cubrir los riesgos de pérdidas materiales, incertidumbres comerciales y el empleo de recursos financieros escasos, la oscilación de los precios estacionales puede incluso parecer alta. Un sistema de este tipo abandonado a su suerte, es poco probable que suavice el impacto sobre productores y consumidores de una oferta estacional, y todavía menos el de las fuertes variaciones de una temporada a otra, respecto de la producción interna total. Para aliviar las escaseces dicho sistema recurriría a las importaciones. Además de exigir el desembolso de divisas, esas importaciones pueden desalentar al productor nacional. La incertidumbre respecto de los mercados de venta y los beneficios impide también al agricultor el acceso al crédito para adquirir insumos de producción.

La mayoría de los gobiernos de Asia, de América Latina y, en años recientes, de Africa, han considerado aconsejable crear algún mecanismo de estabilización del mercado para reducir ese desincentivo para los productores y atenuar las dificultades de los consumidores de bajos ingresos derivadas de bruscas fluctuaciones en los suministros y precios de los cereales básicos. A este respecto están tratando de cubrir necesidades ya reconocidas hace muchos años en Europa y América del Norte. No es de prever que los agricultores realicen ulteriores esfuerzos y desembolsen dinero para aumentar la producción a menos que se les garantice un comprador para esa producción suplementaria con un precio mínimo definido. Para que un precio garantizado resulte eficaz, tiene que haber un organismo que esté dispuesto a comprar a ese precio. Para que los precios al consumidor sean adecuados a sus ingresos, tiene que haber también algún medio de suministro público cuando el mercado libre aumenta demasiado.

En los casos en que la maduración de varios cultivos alimentarios importantes se produce en distintas épocas del año, es menor la necesidad de un mecanismo de estabilización. Eso es lo que sucede en las zonas tropicales húmedas, donde el ñame y la mandioca pueden sustituir a los cereales de estacion.

Administración del mercado con 10 por ciento de la cosecha

Un programa típico de estabilización de precios de los cereales se basa en la creación de un organismo público bien dotado para comprar, vender, mantener existencias. Este organismo tiene una reserva reguladora, que se repone con compras a un precio previamente determinado, con lo que se favorece el mercado durante la campaña de recolección, cuando muchos agricultores tienen urgencia de vender. Se da salida a esa reserva de existencias mediante ventas al por mayor o al por menor fuera de estación, limitando así los aumentos de precios al consumidor. Puede recurrirse a los comerciantes y cooperativas existentes como agentes de compra, en cuyo caso el programa de estabilización puede realizarse con recursos relativamente limitados al no sustituir a los canales comerciales existentes.

Este sistema de estabilización se adapta a la situación de los paises que necesitan algunas importaciones para complementar la producción interna, o en los casos en que las exportaciones son marginales pero no sustanciales o constantes. En los paises exportadores, a menos que el precio al productor se base en paridades de exportación, estos planes suelen recurrir a repetidas subvenciones estatales. El organismo estabilizador no puede recuperar las pérdidas de exportación de los productores o consumidores, pues sólo maneja una parte del suministro comercializado.

Para estabilizar el mercado interno es necesario también controlar las importaciones y exportaciones de los productos correspondientes y de los sucedáneos aceptables. A voces se otorga un monopolio de importación/ exportación al organismo de estabilización. Las importaciones libres, sin ningún tipo de restricciones podrían inundar el país con importaciones baratas, lo que impediría al organismo estabilizador vender sus existencias a un precio satisfactorio.

Para que un organismo de este tipo pueda equilibrar su presupuesto, ha de permitírsele que obtenga un beneficio extraordinario sobre algún producto complementario destinado a los consumidores de ingresos superiores.

Las importaciones de arroz en algunos países africanos brinda esa oportunidad. Sin embargo, incluso con esa asistencia, no puede esperarse que un organismo estabilizador pague a los agricultores precios superiores a los que podría cargar al consumidor deducidos sus costos de explotación. De igual manera, no puede esperarse que venda al consumidor a un precio inferior al del productor más los costos. Por lo tanto, a menos que el Estado esté dispuesto a subvencionar (cosa que en muchos países es impracticable), no se pueden considerar precios « de sustentación » a los agricultores o « mantener bajos » los precios al consumidor fuera de los niveles económicos. Las existencias no pueden distribuirse gratuitamente en casos de emergencia, sin reposición de los productos. Los organismos reguladores de cereales en varios países africanos han tenido que interrumpir o reducir considerablemente sus actividades debido a que la distribución gratuita de existencias con fines de socorro había agotado sus recursos.

Compras. Antes de que puedan comenzarse las compras, tiene que existir seguridad de que se dispondrá, cuando haga falta, de los fondos o créditos necesarios para pagar el producto. También tiene que haber acceso a almacenes, aunque no es necesario que todos los almacenes sean propiedad del organismo cuando pueda también arrendarse espacio de depósito. Una solución práctica es la de estimar:

La cantidad que suele aceptarse corresponde a un 10-20 por ciento de la cosecha comercializada en años medios, con un 14-15 por ciento como objetivo provisional común. Esto significa, desde luego, una proporción mucho menor de la producción total. En los paises en desarrollo, la mayor parte se consume en las aldeas donde se produce. Las compras de maíz por la Junta de Productos de Kenya fueron durante muchos años de 1 a 2 millones de sacos de una producción estimada en 14 a 15 millones de sacos.

Sólo en pocos países en desarrollo, el organismo de estabilización trata de comprar todo el volumen de un cereal básico que se comercializa. A algunos de estos organismos se les ha otorgado el monopolio de las compras al por mayor con objeto de llevar una política de mantenimiento del precio interno por encima de los niveles del mercado mundial, aun cuando esto suponía exportaciones sustanciales. La pérdida por exportaciones podía entonces distribuirse en las ventas en el mercado interno. En la práctica, es difícil aplicar un monopolio de compras, salvo para productos procedentes de grandes explotaciones. Cuando abundan los productores pequeños, la evasión es muy grande.

A los agentes de compra se les paga una comisión por saco adquirido para el organismo estabilizador. De esta forma el organismo no tiene gastos fijos de personal para realizar las compras que se concentran en una determinada estación y que pueden variar mucho de un año a otro según la cosecha. Sin embargo, en muchos países el pequeño agricultor ta] vez no pueda obtener el precio que le corresponde mediante ese sistema, debido a su endeudamiento con el agente comprador, a la falta de información sobre precios, normas de calidad, etc. Para garantizar que los agricultores reciban realmente el precio estabilizado, en las zonas productoras pueden crearse algunas dependencias de compra directa. Pueden también utilizarse como agentes de compra a las cooperativas de agricultores. Esto facilita además la provisión de crédito institucional al pequeño productor de cultivos alimentarios, cosa que muchas veces se complica por las dificultades de su reembolso.

Cuando se establecen puestos de compra bajo administración directa o en régimen de cooperativa: ¿Por cuánto tiempo tienen que estar dispuestos a comprar durante la temporada, y cuánto deben gastar en almacenamiento y equipo? La tendencia de muchos organismos de estabilización es comprar todo lo posible durante el período que sigue a la recolección. Esto les da luego más fuerza para manipular la situación de la oferta, pero concentra el peso en el almacenamiento y transporte central en ese momento. Alentar a los agricultores a quedarse con parte de la cosecha ofreciéndoles precios que aumentan constantemente después de la recolección puede reducir esta carga estacional.

La organización de los pagos a los agricultores requiere mucha atención. El designar a un comerciante como agente deja en sus manos por lo menos parte de la responsabilidad que supone el obtener dinero constante para pagar a los agricultores en el momento de la entrega. Las cooperativas y los puestos directos de compra dependen totalmente de la financiación anticipada que les proporciona el organismo estabilizador. Los retrasos en la disponibilidad de fondos y los complicados trámites para reducir el riesgo de su desaparición, como el pago mediante un vale canjeable en un banco, han provocado fuertes criticas de los agricultores. Cuando por 10 días durante la temporada alta, la Corporación Alimentaria de la India no pudo comprar en Khanna, el gran mercado de acopio del Punjab, los precios al agricultor bajaron un 15 por ciento.

Los incentivos de precios por la calidad en la explotación aunque intachables en principio, a menudo se relajan para simplificar las adquisiciones. La Corporación Alimentaria de la India, presionada por los agricultores que recolectaban cereales en condiciones húmedas en 1980, redujo el requisito mínimo para el arroz al 18 por ciento de humedad y el 6 por ciento de impurezas. Esto llevó a entregar un producto húmedo y de baja calidad; en consecuencia resultaron perjudicados el almacenamiento y la reventa. Lo mejor en estos casos es la introducción de normas sencillas, con un incentivo de precios por la calidad, distribuidas en varias temporadas para que así resulte posible su reajuste gradual.

Determinación de los precios. Para lograr su objetivo de fomento a la producción, los planes de precios de compra deben anunciarse con anterioridad a la siembra. Si el precio se fija demasiado alto, el organismo se encontrará con que se le ofrece toda la cosecha, quizás incluso aquella parte que normalmente se retiene para consumo local. De ello se derivarán dificultades en el transporte y el almacenamiento y correrá el riesgo de quedarse sin fondos para cumplir el precio base garantizado, con repercusiones adversas para la confianza futura. Si el precio se fija a un nivel bajo, el grueso de la cosecha irá a parar a manos de los comerciantes. El organismo estabilizador no tendrá entonces existencias a las que dar salida, a menos que importe el producto, si el precio al consumidor sube bruscamente ya más avanzado el año. Un punto lógico de partida está a medio camino entre la paridad de las importaciones y las exportaciones. Este precio puede ajustarse en las temporadas siguientes sobre la base de la experiencia sobre la respuesta del productor, del comercio y del costo descargado de los suministros importados.

Almacenamiento y transporte. La iniciación de un programa de estabilización requiere un acceso seguro a los almacenes. En las capitales se ha observado la tendencia a construir grandes silos. Una necesidad previa, sin embargo, es disponer de almacenamiento en centros de transporte conveniente en las principales zonas productoras. Hay que tener en cuenta los almacenes existentes, que pueden ser alquilados. En muchos casos, en los países en desarrollo los edificios tipo almacén, que sirven para mantener fertilizantes y otros suministros y productos agrícolas, son a menudo más económicos para el almacenamiento estacional. Los silos especializados son convenientes para el almacenamiento por más tiempo y en los puertos, donde lo más importante es el rápido movimiento de carga y descarga.

«Sin una propina no comprará nuestros productos.»

" En este momento u los miembros no podemos pagarles más que el 70 por ciento del precio... menos las deducciones."

Para el transporte de cereales adquiridos en operaciones de estabilización, por lo general es más económico arrendar los medios de transporte a otras empresas. Mantener una flota de vehículos expresamente para atender necesidades de carácter fundamentalmente ocasional puede constituir un empleo antieconómico de los recursos del organismo. Otras empresas están en mejores condiciones por lo general para conseguir un uso más completo durante todo el año de sus vehículos y, mediante las cargas de retorno, pueden operar con menores costos. Otra observación que se hizo en base a la experiencia de Malawi y de otras partes, es que el fomento del desarrollo de empresas autónomas de transporte por este procedimiento es uno de los instrumentos más eficaces para estimular iniciativas comerciales autóctonas en un país en desarrollo.

En los organismos estabilizadores, la importancia de la competencia organizativa y de los conocimientos especializados sobre manipulación técnica de cereales, almacenamiento y asuntos empresariales, nunca será suficientemente subrayada. Muchos gobiernos tropiezan con dificultades para designar al mejor personal disponible y permitirle trabajar sin interferencias políticas.

Existencias de estabilización y reservas. Las existencias que obran en poder de los organismos estabilizadores pueden tener por finalidad nivelar los suministros y los precios dentro de una temporada, pueden constituir un arrastre de suministros procedentes de un buen año agrícola, o pueden servir de reserva destinada a hacer frente a escaseces futuras, es decir, una reserva de seguridad alimentaria. Teóricamente hablando, conviene distinguir entre existencias destinadas a cubrir fluctuaciones normales entre temporadas (y años), y una existencia suplementaria que se tiene para amortiguar el efecto de una carestía anormal. Esta carestía puede derivar de:

Para contribuir a superar tales situaciones de urgencia, varios gobiernos mantienen reservas que ascienden a las necesidades comerciales de consumo de uno a tres meses. En la práctica, la necesidad de una rotación periódica de estas existencias para mantener la calidad y las obligaciones gubernamentales de comprar a los productores en tiempos de cosecha con arreglo a los programas de estabilización de precios, significa por lo general que las reservas nacionales y las existencias de estabilización de precios guardan entre si una relación muy estrecha. Los gobiernos pueden destinar determinadas cantidades como reservas nacionales sin tener que mantenerlas separadas físicamente.

Los programas de estabilización no necesitan reservas nacionales de este tipo para conseguir sus objetivos. El costo de mantenimiento de reservas suplementarias ha de ser cubierto separadamente por el gobierno. Si a un organismo de estabilización se le impone esta obligación, el resultado podría ser, como ha ocurrido en algunos países africanos, que éste amplie su margen de explotación en tal proporción que los agricultores se ven obligados a vender a otros.

Los paises que se benefician de exportaciones de petróleo o de minerales tal vez estén en condiciones de dar cabida a esos desembolsos en sus programas de desarrollo. Otros pueden incluso considerar esencial hacerlo así debido a las previstas dificultades en procurar las importaciones cuando sean necesarias. Esta es la situación de un país sin litoral como Malawi. Para los paises cuyas necesidades en una situación de urgencia puedan cubrirse con medios de procedencia internacional sin grandes dificultades, las inversiones en existencias de seguridad y en almacenes tendrán una prioridad menor. Al disponer de acceso a través de varios puertos, puede decirse que ésta es la situación de la India por lo que al trigo se refiere. Por consiguiente, su reserva indicativa a principios de los años ochenta, cifrada en 12 millones de toneladas, frente a un consumo medio anual de 130 millones, hubiera podido ser menor sin detrimento de la seguridad.

En la sección siguiente de este capitulo se comentan las actividades encaminadas a mejorar el mercadeo de cereales alimentarios en algunos paises y cómo ha funcionado éste en la práctica.

Creación de institutos reguladores en Columbia

En los años cincuenta, Colombïa, como la mayoría de los países latincamericanos, sufría las consecuencias del alto costo de los alimentos. El pan se vendía a casi el doble del precio en los Estados Unidos, si bien el nivel de los salarios equivalía a sólo un 20 por ciento de los percibidos en este país. Incluso para el maíz y los frijoles, que se cultivan en el país, y que constituyen la base de la dieta de la población, su precio era bastante superior al mundial. Las protestas contra especuladores y acaparadores se hablan generalizado en todo el país. El Gobierno reconoció la necesidad de iniciativas públicas tendientes a estabilizar los precios de los alimentos básicos, y se creó el Instituto Nacional de Abastecimiento (INA) para regular el mercado interno de los alimentos básicos: trigo, maíz, frijoles secos y papas. Se le otorgó el monopolio del comercio al por mayor del trigo, y el apoyo financiero mediante un impuesto sobre las importaciones. En Colombia los precios del trigo se mantengan elevados para permitir su cultivo a grandes alturas: los pequeños cultivadores, para obtener un ingreso suficiente, necesitaban que se les pagara un precio elevado. Mientras tanto, una gran explotación bien dotada podía producir a un costo relativamente bajo. Esta era una causa ideal de carácter social que se prestaba al apoyo de los políticos, en particular si éstos eran propietarios de tierras en explotación. Debía protegerse el medio de subsistencia de los agricultores pobres mediante precios para el trigo superiores a los del mercado mundial. El INA se creó con ese fin y para procurar que los cultivadores de maíz, frijoles y papas pudieran beneficiarse de mercados remuneradores. Hasta 1955, las actividades del INA para estabilizar los precios internos fueron prácticamente nulas. El Instituto disponía de complejas oficinas centrales, ocupaba cuatro pisos de un amplio edificio moderno en el centro de Bogotá, y contaba con 18 sucursales. Poseía además algunos silos modernos de cemento armado con instalaciones de secado anexas, ubicados en centros de consumo, que funcionaban a un 20-40 por ciento de su capacidad, con una única rotación al año. Sólo en las oficinas centrales, su personal ascendía a varios centenares.

En 1956 se inició un proyecto para mejorar el funcionamiento del INA. Dado que el impuesto sobre el trigo era un tema de resolución políticamente difícil, la atención se centraría en estabilizar los precios de otros alimentos básicos. Estos constituían sustitutos aceptables, en particular para los grupos de ingresos menores. El primer paso consistió en elaborar una información básica en la que pudieran fundarse las operaciones de suministros y precios del INA. La Junta de Planificación Colombiana y el INA llevaron a cabo una encuesta para determinar el movimiento de alimentos básicos por carretera, ferrocarril y vías de agua, durante las diferentes estaciones de un año normal. Se prepararon estimaciones de la producción total, y se calcularon las asignaciones necesarias para el consumo del agricultor, su familia y sus animales, necesidades de semillas para la cosecha siguiente, pérdidas de almacenamiento, etc. Estas cifras básicas podían luego ajustarse de un año agrícola a otro en base a los informes sobre las condiciones de desarrollo de los cultivos. El INA disponía ya de personal, destacado en las zonas rurales, para obtener los datos necesarios. Mediante los informes de mercado y sobre estructura de los movimientos comerciales, el INA podía intervenir en los mercados internos para reducir la oscilación de precios.

El INA facilitó el personal y los locales para oficinas. La Junta de Planificación obtuvo autorización para establecer puntos de control en los caminos principales para comprobar el contenido de los camiones que transitaban. La Junta estableció un programa de acción para estabilizar los precios de los alimentos básicos. El programa, que posteriormente fue publicado alcanzó en Colombia y paises limítrofes éxito de ventas como publicación, fue ampliamente citado, y contó con la aprobación general. Después de algún tiempo sin que nada sucediese, el hombre que había sido la fuerza detrás del programa se impacientó y se quejó. Fue llamado a la oficina de un político muy importante, y preguntado sobre cómo debía ejecutarse el proyecto, contestó que creando centros de compra con almacenes anexos, para adquirir en el periodo de cosecha cuando los precios eran bajos. El político le indicó entonces dónde construir el primer centro, señalando un punto en un mapa, se trataba de un lugar a 12 km de una línea férrea, absolutamente inconveniente.

Poco tiempo después el político dejó su cargo. El siguiente gobierno suprimió el INA. Sin embargo, seguía en pie la necesidad de estabilizar los suministros y precios de los alimentos básicos, y por lo tanto hacia falta un organismo público que se encargara de su administración en forma sistemática. Un gobierno posterior creó el Instituto de Desarrollo del Mercadeo Agrícola (IDEMA), con la misión de garantizar precios mínimos a los agricultores y estabilizar los precios al consumidor del trigo, maíz, arroz, frijoles y papas. Este Instituto fue un importante patrocinador del programa de capacitación en mercadeo a cargo del ILMA, analizado en el Capitulo 3. En 1984, el IDEMA continuaba ocupándose de las funciones para las que habla sido creado.

Creación de un organismo de mercadeo de cereales en Somalia

El sorgo, principal cereal de Somalia, se cultiva en condiciones de secano. Los rendimientos varian mucho de una temporada a otra. Tras algunos años de bruscas fluctuaciones en los suministros y precios, el Gobierno otorgó prioridad a la creación de un mecanismo de estabilización del mercado. En 1967, obtuvo la asistencia de la FAO/PNUD para la construcción de almacenes con una capacidad de 20 000 toneladas, la adquisición de 7 camiones pesados, la contratación de un mecánico para su reparación, y de asesores especializados, y becas de capacitación. Si bien estos recursos no eran muy amplios, permitieron fortalecer el sector del transporte, de gran importancia en un país de largas distancias y recursos limitados como Somalia, situación que alentó al Gobierno para seguir adelante.

Decisiones arbitrarias.

Llegada del oficial de compras obligatorias.

Se registraron problemas. El ministro encargado del proyecto confundía sus propios intereses con los del país. Si necesitaba vehículos para su campaño electoral, utilizaba en préstamo los del proyecto de cereales. Si necesitaba cemento para construir una nueva casa, tomaba en préstamo parte del cemento que se importaba libre de derechos aduaneros con destino a la construcción de los almacenes para cereales.

Para lograr un precio mínimo garantizado al productor, el nuevo organismo de mercadeo necesitaba capital circulante. La recaudación fiscal del Gobierno apenas cubría las salidas inmediatas. Los recursos del préstamo del Banco de Desarrollo ya estaban comprometidos. El Programa Mundial de Alimentos podía ser una posible fuente de ayuda. Sus objetivos comprendían el suministro de existencias para hacer frente a escaseces anormales. Si esas existencias podían ser asignadas a un nuevo organismo de estabilización de cereales, cumplirían un doble propósito: podían venderse para aliviar la escasez de cereales alimentarios; el producto podía entonces convertirse en capital circulante que el organismo emplearía en compras futuras a agricultores somalíes. El órgano rector del PMA aprobó la propuesta, luego surgió el problema. El cereal alimentario básico de Somalia era el sorgo, importándose arroz para nutrir a la población urbana. El PMA sólo disponía de trigo y de maíz amarillo. ¿Seria útil llenar los almacenes con estos cereales? Podría incluso resultar difícil venderlos.

El nuevo organismo encontró medios financieros y se lanzó entonces a comprar, transportar y almacenar cereales. Esto ocurría durante un periodo de cosechas relativamente escasas. Los precios del mercado libre al agricultor eran ya bastante superiores al precio base garantizado. Si el organismo comenzaba a comprar cereales, esto no haría más que empujar los precios hacia arriba, lo cual produciría luego graves pérdidas cuando llegase el momento de venderlos. El procedimiento correcto en estas circunstancias era arrendar sus depósitos y vehículos a los comerciantes y aprovechar las opciones de importación, de ser necesario. Luego sobrevino la revolución.

Dos años más tarde, bajo un nuevo gobierno, se volvió a emprender el proyecto de mercadeo de cereales. Esta vez no hubo duplicidades. Seria administrado por el ejército. El organismo tendría un monopolio legal sin que se le permitiese ningún otro comercio de cereales al por mayor. Con el pleno apoyo del Gobierno, el organismo se asentó como organización eficaz de compra, almacenamiento y venta. Llegó a ser uno de los instrumentos más potentes del Gobierno, encargándosele luego la distribución de fertilizantes y la administración del crédito rural.

En 1981, la Corporación de Desarrollo Agrícola seguía siendo el único comprador autorizado de sorgo y maíz del país. También se encargaba de las importaciones. Vendía a departamentos de la administración local, que a su vez lo distribuían a través de las tiendas del Gobierno y de los minoristas autorizados. Los productores podían quedarse con 100 kg por miembro de familia y vendían el excedente a la Corporación. En la práctica, ésta compraba un 30 por ciento de la producción total. De sus compras, el 40 por ciento correspondía a cereales importados con fines de estabilización. La absorción anual de cereales de producción interna pasó de 98 000 toneladas en 1972 a 22 000 toneladas en los años de sequía; en 1979, subió a 67 000 toneladas.

La capacidad total de almacenamiento de la Corporación ascendía a 167 000 toneladas, con 82 depósitos de superficie y 16 subterráneos. Estos almacenes se hallaban ubicados en 35 centros, donde se compraba a los productores. Durante la temporada de cosecha, se establecían puestos transitorios de compra en las zonas productoras. Para cada región se facilitaba un vehículo; durante la temporada se arrendaban otros medios de transporte privados.

El margen de mercadeo para el sorgo, publicado por la Corporación en 1978 se indica en el Cuadro 4.1. Se observará que estas cifras abarcan sólo los principales costos directos de sus operaciones. No se destinan partidas para amortización de almacenes y equipo o para pérdidas materiales o de calidad del sorgo. Tampoco se prevén intereses sobre el capital fijo y de operación de la Corporación de Desarrollo Agrícola.

CUADRO 4.1 Margen de mercadeo del sorgo, Corporación de Desarrollo Agrícola, Somalia, 1978

  Margen Precio

dólares por tonelada

Precio pagado al productor   120,00
Impuesto municipal 3,20  
Impuesto estatal 11,20  
Intereses bancarios 2,40  
Sacos 4,80  
Gastos postales 0,80  
Personal de manipulación 3,20  
Transporte al almacén 8,00  
Transporte a la zona de consumo 25,00  
Gastos de almacenamiento 0,80  
Fumigación 0,80  
Administración 4,80  
Margen total 65,00  
Precio cargado al distribuidor   185,00

Los precios al productor se pagan a la entrega; sin mayor atención a la variedad, pureza y contenido en humedad. El nivel de los precios se reajustaba en vez en cuando, si bien estos ajustes no corrían parejos con la inflación. En 1981, los precios de la Corporación y el control sobre el movimiento de cereales a través de otros canales, se consideraban un desincentivo para los productores.


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