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Hoy en día, los países se enfrentan a una profusión cada vez mayor de exigencias y desafíos en el desarrollo agrícola. Para apoyarlos, la FAO ha identificado cinco prioridades clave en las que la Organización puede aplicar y aprovechar mejor sus conocimientos, pericia y experiencia. Estas prioridades -u Objetivos Estratégicos-, representan las principales áreas de nuestro trabajo para lograr un mundo sin hambre, malnutrición y pobreza y hacerlo de manera sostenible, contribuyendo a la implementación de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

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A pesar de los progresos realizados en los dos últimos decenios, más de 820 millones de personas siguen padeciendo hambre crónica. Mientras tanto, también están aumentando otras formas de malnutrición: el sobrepeso y la obesidad, asociadas al desarrollo de un fuerte aumento de las enfermedades no transmisibles relacionadas con la dieta, y que afectan a casi cuatro de cada diez adultos en el mundo. Al mismo tiempo, más de 2 000 millones de personas padecen diversas carencias de micronutrientes. Esto demuestra que, a pesar de un compromiso político más firme, las inversiones y las políticas no están siendo plenamente eficaces en la lucha contra el hambre y la malnutrición y no están llegando a algunos grupos de población.

La FAO trabaja en asociación con los gobiernos y otros actores del desarrollo a nivel mundial, regional y nacional para desarrollar políticas y entornos institucionales propicios. Ayudamos a fortalecer la capacidad de los países para traducir su compromiso político en medidas concretas para erradicar el hambre, la inseguridad alimentaria y la malnutrición en todo el mundo.

Satisfacer las necesidades alimentarias y nutricionales de una población mundial cada vez más numerosa -que se prevé que supere los 9 000 millones de personas en 2050- ejercerá una presión considerable sobre los diferentes sectores agrícolas, incluyendo agricultura, ganadería, silvicultura y pesca. Producir más con menos para salvaguardar los recursos naturales, mejorar la resiliencia y aumentar los ingresos netos significa que debemos claramente abandonar las políticas y prácticas actuales y adoptar enfoques más sostenibles. Esta transición se está integrando mediante el apoyo a los países para que adopten una visión común de la alimentación y la agricultura sostenibles a favor del cumplimiento de los ODS.

El hambre y la inseguridad alimentaria son sobre todo manifestaciones de la pobreza, y la mayoría de los pobres del mundo viven en zonas rurales. Por eso, la erradicación de la pobreza rural es un aspecto central de la labor de la FAO. Aunque se han hecho progresos en la reducción de la pobreza a nivel mundial, alrededor de 736 millones de personas siguen viviendo en la pobreza extrema y las desigualdades siguen estando muy extendidas. Para 2030, los países miembros de las Naciones Unidas se han comprometido a erradicar la pobreza extrema y el hambre en el mundo. La FAO ayuda a los países a elaborar e implementar políticas, estrategias y programas en favor de los pobres basados en evidencias, que promuevan el crecimiento inclusivo y medios de vida sostenibles, la diversificación de los ingresos, empleo decente, acceso a la protección social y el empoderamiento de mujeres y hombres en la agricultura y las zonas rurales.

Con una globalización creciente, la agricultura dejará de existir como sector independiente pasando a ser solo una parte de una cadena de valor. La cadena de valor tiene puntos, desde la producción hasta la elaboración y las ventas, donde el conjunto está muy concentrado, integrado y globalizado. Esta situación supone un gran desafío económico para los pequeños agricultores en muchos países en desarrollo, que pueden verse excluidos de partes importantes de la cadena de valor. Aumentar su participación en los sistemas alimentarios y agrícolas es fundamental para la consecución del objetivo de la FAO de un mundo sin hambre.

Los conflictos, peligros naturales y crisis económicas están agravando el hambre en el mundo, causando grandes sufrimientos humanos y amenazando años de progreso en la lucha contra la pobreza, la inseguridad alimentaria y la malnutrición. Hasta un 80 por ciento de los afectados por las crisis son familias rurales que dependen de la agricultura para su supervivencia. Como tal, la FAO trata de fortalecer la resiliencia de los medios de subsistencia basados en la agricultura frente a los múltiples riesgos. Al aunar las acciones humanitarias y de desarrollo, con un enfoque deliberado en contribuir al mantenimiento de la paz, la FAO aborda las causas profundas del hambre al tiempo que satisface las necesidades inmediatas de las personas afectadas por la crisis. Esto implica: apoyar a los gobiernos y las comunidades para que se preparen, mitiguen y aborden las amenazas; supervisar los riesgos y fortalecer los sistemas de alerta temprana a nivel mundial, nacional y local, vinculándolos a la acción preventiva; trabajar activamente con las comunidades para reducir los riesgos y la vulnerabilidad; y ofrecer apoyo inmediato a las familias afectadas por la crisis para salvar vidas, salvaguardar los medios de subsistencia y sentar las bases de un futuro más resiliente.