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Ayudar a eliminar el hambre, la inseguridad alimentaria y la malnutrición

Nuestro desafío: hoy en día el mundo puede producir suficientes alimentos para alimentar adecuadamente a todos sus habitantes, sin embargo, a pesar de los progresos realizados en los dos últimos decenios, 842 millones de personas aún padecen hambre crónica.

Entre los niños, se estima que 162 millones de menores de cinco años padecen malnutrición crónica (retraso del crecimiento). La carencia de micronutrientes, o “hambre encubierta”, afecta a más de 2.000 millones de personas en todo el mundo, lo que impide el desarrollo humano y socioeconómico y contribuye al círculo vicioso de la malnutrición y el subdesarrollo. Al mismo tiempo, se estima que de personas son obesos.

Más allá de las dimensiones éticas de este complejo problema, los costes humanos, sociales y económicos para la sociedad en general son enormes en cuanto a la pérdida de productividad, la salud, el bienestar, la disminución de la capacidad de aprendizaje y la escasa realización del potencial humano.

Compromiso político

A lo largo de los últimos dos decenios los dirigentes de todo el mundo se han comprometido en distintos actos de alto nivel a reducir el hambre, la inseguridad alimentaria y la malnutrición. Muy recientemente, en la Cumbre de Río+20, el Secretario General de las Naciones Unidas hizo un llamamiento a todos los asociados en el desarrollo para que asumieran el “Desafío del Hambre Cero”.  Sin embargo, para que se produzca una reducción drástica del hambre en el mundo, los compromisos tienen que concretarse en la aplicación de políticas y programas y en la movilización de recursos suficientes.

La FAO, en colaboración con los gobiernos, la sociedad civil, el sector privado y otros asociados en el desarrollo se está centrando en el impulso de la responsabilidad y el compromiso políticos, la mejora de las capacidades y la movilización de recursos a todos los niveles a fin de erradicar el hambre y todas las formas de malnutrición.

Gobernanza y coordinación

Para alcanzar la seguridad alimentaria, es necesario abordar sus distintas dimensiones, en particular la disponibilidad, el acceso, la estabilidad y la utilización de los alimentos. Del mismo modo, una buena nutrición depende de la adopción de medidas efectivas en todos los sectores, que incluyen la mejora del acceso a una dieta variada, prácticas de atención y alimentación apropiadas y una sanidad y salud adecuadas. Considerando este complejo desafío, el avance dependerá de sistemas efectivos de gobernanza y de la implicación de muchos actores interesados en los diferentes sectores, manteniéndose como principios fundamentales la participación, la transparencia, la equidad y la responsabilidad.

En el plano mundial, el Comité de Seguridad Alimentaria Mundial (CFS) proporciona una plataforma única para la gobernanza de la seguridad alimentaria. En los planos regional, nacional y subnacional, es necesario elaborar y coordinar distintas políticas sectoriales de tal forma que se aseguren su pertinencia y una actuación resuelta en aras de la erradicación del hambre, la inseguridad alimentaria y la malnutrición.

Los elevados precios de los alimentos y su volatilidad, la degradación de los recursos naturales, la globalización, la urbanización y el cambio climático son solo algunos ejemplos de los grandes desafíos de hoy para la seguridad alimentaria en los que el fortalecimiento de los mecanismos de gobernanza y una coordinación eficaz pueden suponer una verdadera diferencia.