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Reducir la pobreza rural

La mayor parte de los pobres del mundo vive en zonas rurales. El hambre y la inseguridad alimentaria son, por encima de todo, expresiones de la pobreza rural. Por tanto, la reducción de la pobreza rural es esencial para la misión de la FAO.

Se ha sacado de la pobreza a muchos habitantes de las zonas rurales en las últimas décadas. En 1990 el 54 % de los habitantes de las zonas rurales en los países en desarrollo vivía con menos de 1,25 dólares diarios y se consideraba muy pobre. En 2010 la proporción había caído al 35 %. La pobreza rural sigue estando generalizada, especialmente en Asia meridional y en África. Estas regiones también son las que menos progresos han realizado en la mejora de los medios de vida rurales.

Sacar a más gente de la pobreza rural no solo es un imperativo de dignidad humana y una necesidad para una seguridad alimentaria sostenible, también constituye una buena doctrina económica. En todas partes el éxito en el desarrollo económico generalmente se ha visto impulsado en su fase inicial por un crecimiento rápido de la productividad agrícola y por un desarrollo rural más amplio.

¿Quiénes son los pobres rurales?

Muchos de los pobres rurales son productores de subsistencia, agricultores familiares o trabajadores agrícolas sin tierras. A ellos se añaden los pescadores, pastores y las poblaciones que viven de los bosques con un acceso limitado a los medios de producción.

Las familias rurales dependen también cada vez más de ingresos no agrícolas que constituyen un escape de la pobreza cuando la economía rural es próspera. Sin embargo, cuando la infraestructura y los servicios básicos son deficientes, es difícil conseguir créditos y las instituciones son débiles, la pobreza es muy frecuente entre los pequeños empresarios rurales, los asalariados no agrícolas y sus familias.

Sin protección social, los discapacitados y los ancianos tienen más probabilidades de encontrarse entre los pobres de las zonas rurales. Las mujeres rurales y los miembros de hogares encabezados por mujeres suelen disfrutar de un acceso más limitado a los recursos productivos, lo que hace que sus medios de vida resulten más vulnerables.

¿Cuáles son los desafíos?

La reducción de la pobreza rural se ha logrado generalmente en situaciones de rápido crecimiento económico. Pero el crecimiento económico no es una panacea. La pobreza rural ha persistido allí donde las políticas prestaron una atención insuficiente a la mejora de la productividad agrícola y de la infraestructura rural y se dejó de proporcionar acceso a los servicios sociales y protección social para las poblaciones rurales o de facilitar el desarrollo de organizaciones de productores y consumidores rurales. No mejorar el acceso de las mujeres a los recursos productivos y a los servicios sociales perpetúa la pobreza rural.

El cambio climático, otras amenazas ecológicas y el crecimiento y la migración de la población suponen una presión desproporcionada sobre los medios de vida en aquellas zonas rurales donde la pobreza ya está arraigada y las poblaciones tienen menos resiliencia. Por difícil que esto pueda resultar, la buena gestión de los recursos naturales y de los ecosistemas debe ir acompañada de esfuerzos por reducir la pobreza.

Las prioridades de la FAO para alcanzar este objetivo estratégico

No existen trucos mágicos ni atajos fáciles. Limitarse a mejorar la producción agrícola o ganadera no bastará para la seguridad alimentaria ni para la reducción de la pobreza rural. En lugar de ello, se precisa un planteamiento más amplio de las políticas que trate de dinamizar y diversificar la economía rural en su conjunto.

 

La FAO y sus asociados combinarán todos sus conocimientos para ayudar a los Estados Miembros a reforzar su capacidad para:

  • definir un planteamiento coherente ante la reducción de la pobreza rural en el contexto de una estrategia más amplia para el desarrollo rural sostenible;
  • reforzar las instituciones rurales, las organizaciones locales de productores y comunidades y la utilización y gestión sostenibles de los recursos naturales;
  • reducir las desigualdades de acceso a los recursos productivos y los servicios sociales, y en particular las desigualdades de género;
  • aplicar programas y políticas que fomenten la creación de oportunidades de empleo agrícola y no agrícola decente para los hombres, las mujeres y los jóvenes;
  • elaborar programas de protección social que reduzcan realmente la inseguridad alimentaria y de los ingresos entre las poblaciones rurales, estimulando al mismo tiempo la economía rural, empoderando a la mujer y potenciando la capacidad de los pobres rurales y de los más vulnerables para invertir en su futuro y en la utilización sostenible de los recursos.