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Propiciar sistemas agrícolas y alimentarios inclusivos y eficientes

Con una globalización creciente, la agricultura dejará de existir como sector independiente, pasando a ser, en lugar de ello, solo una parte de una cadena de valor integrada. La cadena de valor tiene puntos de salida en sus primeros y en sus últimos eslabones, o desde la producción hasta la elaboración y las ventas, donde el conjunto se está muy concentrado, integrado y globalizado.

Esta situación supone un gran desafío para los agricultores en pequeña escala en muchos países en desarrollo en los que hasta los productores en pequeña escala más válidos desde el punto de vista económico pueden verse excluidos fácilmente de partes importantes de la cadena de valor. Esto sucede principalmente porque pueden carecer de los mecanismos que les permitan participar en el nuevo mercado globalizado.

Asimismo, los países más pobres que tal vez revisten una importancia menor en el mercado mundial también corren el riesgo de exclusión porque otros actores de mayor entidad ejercen más influencia en los mercados mundiales.

A medida que los sistemas agrícolas y agroalimentarios se hacen más intensivos en conocimientos científicos y capital, se necesitan nuevas competencias y nuevos saberes de los productores, gestores y trabajadores, así como una enorme inversión en investigación y desarrollo. De ese modo crece la brecha de conocimientos, ya considerable, entre países industrializados y en desarrollo.

Al mismo tiempo, la urbanización ha dado lugar a nuevas pautas de consumo para la mayoría de la población mundial, complicando los vínculos entre producción y consumo y exigiendo una infraestructura más compleja. Los mercados agrícolas mundiales son objeto de mayor integración; con la ampliación del comercio de futuros, también generan más especulación y, con ello, riesgos.

Las políticas, leyes y reglamentos obsoletos, ineficientes y, a veces, contradictorios, sumados a la incertidumbre de las percepciones gubernamentales con respecto a las funciones y responsabilidades de los sectores público y privado, la dificultad en el acceso a los servicios financieros y la debilidad de la infraestructura, bloquean las inversiones necesarias para mejorar de forma sostenible la integración y la eficiencia en los mercados mundiales, regionales y nacionales.

Dar prioridad al carácter integrador

Ante esta situación, la FAO trata de intervenir para ayudar a afrontar los muchos desafíos ante los cuales se encuentran los productores a pequeña escala e incluso las economías pequeñas a lo largo de toda la cadena de valor. Es necesario que los sistemas agrícolas y alimentarios sean más integradores, vinculando a los pequeños agricultores, explotadores forestales y pescadores y sus organizaciones con empresas de agronegocios y cadenas de suministro a efectos de su participación eficaz y sostenible en los mercados mundiales, regionales y nacionales en rápida evolución. 


Esta idea presupone la necesidad de que la FAO trabaje con los países y los responsables de la toma de decisiones que se encuentran ante estos nuevos desafíos facilitándoles los instrumentos que necesitan, como la información procedente de análisis y la recopilación de información, el desarrollo de capacidades a nivel institucional e individual, así como ayuda para combatir las pérdidas y el derroche de alimentos.

La colaboración con las empresas, los principales protagonistas a nivel mundial

En esta tarea la FAO necesita también asociarse con el sector privado, el cual desempeña una función esencial para ayudar a dar forma al mercado internacional. Pese a que las empresas forestales y de agroalimentación cada vez reconocen más que la incorporación de prácticas responsables es un factor de competitividad, pocas han logrado todavía determinar y reproducir a escala modelos comerciales integradores y eficientes. Las empresas con presencia mundial necesitan incorporar principios, prácticas y mecanismos de responsabilidad social para garantizar la rendición de cuentas.

Así pues, la FAO está trabajando con el fin de facilitar el diálogo entre los gobiernos y el sector privado, está elaborando y fomentando el uso de normas voluntarias, facilitando la inversión privada en buenas cadenas de valor que incluirán a los pequeños agricultores y a otros que han sido excluidos en gran medida.

Además, la FAO trabaja para relacionarse eficazmente con las Naciones Unidas, el G-8 y otras iniciativas mundiales a fin de fortalecer el diálogo y la colaboración con el sector privado, en particular con las empresas multinacionales, en materia de adopción de tecnologías integradoras y de mercados justos.

La Organización desempeñará igualmente una función esencial en la formulación y el fomento de acuerdos, reglamentos y otros marcos internacionales y regionales que promuevan el comercio justo y seguro y mejoren las oportunidades de mercado y la participación en los mercados mundiales y regionales. Seguirá promoviendo, entre otras cosas, las normas alimentarias internacionales para la inocuidad y la calidad de los alimentos a través de mecanismos como la Comisión del Codex Alimentarius.

Asimismo, la FAO compartirá su experiencia en la determinación y aplicación de enfoques financieros y mecanismos y servicios de inversión innovadores o mejorados, en particular el fomento de unos principios eficaces para la inversión responsable y marcos jurídicos y reglamentarios de los servicios financieros.