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Hambre de alimentos y de estabilidad

©Olivier Asselin

Roma, Italia. 17 de octubre del 2011. Reanudar la inversión en agricultura y seguridad alimentaria, principalmente en los países pobres y en desarrollo, es necesario para asegurar el bienestar de miles de millones de personas en un entorno de altos precios y de persistente volatilidad, dijo el Director-General electo de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), José Graziano da Silva, en columna de opinión publicada por ocasión del Día Mundial de la Alimentación.

Graziano da Silva también destacó los beneficios de asegurar la entrada de recursos en comunidades rurales agobiadas económicamente. “Políticas de transferencias de ingresos actúan como lluvia en esta tierra seca, permitiendo que vuelva a florecer”, afirmó el Director-General electo.

 

Opinión: Hambre de alimentos y de estabilidad

José Graziano da Silva

Raras veces el Día Mundial de la Alimentación (16 de octubre) se ha celebrado en un ambiente de tal incertidumbre. Los mayores niveles de volatilidad de los precios agrícolas en las últimas décadas y la velocidad de las fluctuaciones amenazan productores y consumidores.

 

El índice de precios de los alimentos de la FAO ha tenido altos y bajos acentuados desde 2006, cuando un continuo aumento impulsó los precios a un récord histórico a mediados de 2008. Los precios bajaron notoriamente en el segundo semestre, pero al año siguiente reanudó un movimiento ascendente que se agudizó en 2010 hasta alcanzar un nuevo nivel nunca antes visto. Allí es donde nos encontramos ahora.

Cuando los precios cambian en direcciones opuestas con la misma fuerza en un corto tiempo, es muy difícil no cometer errores en el cálculo de las operaciones agrícolas. Ello puede significar tanto un excedente de siembra, cómo una inversión insuficiente.

En este ambiente de incertidumbre el hambre también amenaza con invadir el hogar de millones de familias que viven en la cuerda floja, a veces por encima y, a veces por debajo de la línea de pobreza.

Casi una de cada siete personas en el mundo pasa hambre en el siglo XXI. Casi el 80% de la humanidad vive con menos de diez dólares por día.

El último informe de la FAO sobre la situación de hambre en el mundo indica que la reanudación de las inversiones en la agricultura y la seguridad alimentaria en los países pobres y en desarrollo, es un requisito para asegurar el bienestar de miles de millones de personas en un entorno de altos precios y de persistente volatilidad.

Desde principios de los 80 la participación de la agricultura en la ayuda al desarrollo internacional disminuye: de 17% a un 5% del total, caída que se agrava por la reducción en las inversiones de los mismos gobiernos de países receptores de cooperación externa.

El resultado de estas decisiones se puede medir en el desajuste actual entre la oferta y la demanda: aumenta la producción, pero el hambre no disminuye, y las reservas mundiales de alimentos siguen en niveles bajos. En pocas palabras, la promesa del suministro just in time de los mercados no se confirmó.

Necesitamos volver a invertir en agricultura. Mientras que el grueso de los recursos deben provenir de la esfera privada – que sigue su propia lógica, cuya prioridad no es acabar con el hambre – los Estados tienen que recuperar un papel importante : invertir en áreas donde la escasez de alimentos es más acuciante, sea a través de apoyo directo a los pequeños productores o la provisión de los bienes públicos necesarios para el desarrollo rural y el bienestar de sus habitantes.

El fomento de la agricultura familiar y la recuperación de alimentos tradicionales son estrategias complementarias en tiempos de incertidumbre en los mercados mundiales. Reducen la dependencia de los volátiles mercados de commodities, generan ingresos y trabajo y ofrecen una diversificación de la dieta saludable.

El complemento de este apoyo a la producción es el fortalecimiento de las redes de seguridad social, una forma de ayuda inmediata a las familias vulnerables que puede estimular los mercados locales. Donde hay hambre en el campo, hay comunidades rurales agobiadas económicamente, como la vegetación seca de un campo sin agua. Políticas de transferencias de ingresos actúan como lluvia en esta tierra seca, permitiendo que vuelva a florecer.

Sembrar, cosechar y consumir es lo que hace girar la rueda de la economía de millones de pequeñas comunidades en el planeta.

Llevadas a una escala más amplia – y acompañada de crédito, asistencia técnica y mercados garantizados – este foco no sólo responde a la urgencia del hambre sino también puede se uno de los motores para superar la crisis e impulsar el desarrollo de los países.

Este esfuerzo es un elemento que puede aglutinar los gobiernos, la sociedad civil y la iniciativa privada y entregar coherencia a la reordenación mundial social y productiva requerida por la crisis.