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Artículo de opinion del Director General de la FAO José Graziano da Silva
Nuevas directrices sobre derechos de acceso a la tierra, pesca y bosques demuestran que la colaboración constructiva en seguridad alimentaria es posible.

Nuevas directrices sobre derechos de acceso a la tierra, pesca y bosques demuestran que la colaboración constructiva en seguridad alimentaria es posible.
publicada en The Guardial el 11 de mayo del 2012

La aprobación por parte del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial (CSA) de las directrices voluntarias para mejorar la forma en que los países regulan los derechos de acceso a la tierra, los recursos forestales y pesqueros marca un hito histórico, no sólo por la forma en que se gestiona la tenencia de la tierra, sino también para la construcción de consensos internacionales.

La erradicación del hambre depende en gran medida de cómo las personas, comunidades acceden y manejan la tierra, los bosques y los recursos pesqueros. La presión sobre estos recursos y en los acuerdos por su tenencia, aumenta a medida que nuevas áreas se cultivan para la alimentación de una población en rápido crecimiento, se amplían las zonas urbanas y aumenta la degradación ambiental, los efectos del cambio climático y el conflicto. La falta de tierra de los habitantes rurales es a menudo el mejor indicador de la pobreza y el hambre. Más aún, la inseguridad los derechos de tenencia puede conducir a la inestabilidad y al conflicto, cuando los usuarios se enfrentan por el control de estos recursos.

La débil gobernanza de la tenencia obstaculiza el crecimiento económico y el uso sostenible del medio ambiente. Los pequeños agricultores y las comunidades tradicionales no van a invertir en mejorar sus tierras, zonas de pesca y bosques si se los pueden quitar en cualquier momento debido a la falta de reconocimiento de sus derechos de uso, prácticas débiles de registro o corrupción. En algunos países, por ejemplo, a las mujeres se les niega el reconocimiento legal y la protección de sus derechos sobre la tierra, a pesar de que realizan todo el trabajo de cultivo.

Las directrices voluntarias sobre la gobernanza responsable de la tenencia de la tierra, la pesca y los bosques, establecen bases que son indispensables para resolver estos problemas. La gobernanza responsable de la tenencia permite el desarrollo sostenible social, económico y ambiental que puede ayudar a erradicar la inseguridad alimentaria y la pobreza, y además estimula la inversión responsable.

Las directrices abarcan una amplia gama de temas, incluyendo la promoción de la igualdad de derechos para las mujeres en el acceso a la tierra, creando un sistema transparente de registro que es accesible a la población rural pobre y que ayuda al reconocimiento y protección de sus derechos informales y consuetudinarios de uso de la tierra, los bosques y recursos pesqueros. Además proporcionan un marco que los gobiernos pueden utilizar para desarrollar sus propias políticas y dar a los inversionistas indicaciones claras de lo que constituye una práctica aceptable.

Las directrices son el resultado de un proceso participativo de tres años de consulta que fue impulsado inicialmente por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, (FAO). Durante este periodo, los gobiernos, la sociedad civil, el sector privado y académicos evaluaron una serie de temas y acciones. Aproximadamente 1.000 personas de más de 130 países participaron en las 15 consultas, celebradas en todo el mundo, además de una conferencia electrónica global.

El proceso pasó al Comité de Seguridad Alimentaria (CFS para sus siglas en inglés), la plataforma internacional e intergubernamental que se ocupa de la seguridad alimentaria y la nutrición, bajo cuyo auspicio se llevaron a cabo las negociaciones finales. En ellas participaron cerca de 100 gobiernos nacionales, organizaciones no gubernamentales, la sociedad civil, asociaciones de agricultores, representantes del sector privado e instituciones de investigación.

La dinámica de dialogo participativa liderada por el CFS fue fundamental para lograr un consenso entre intereses diversos, a veces contradictorios, sobre un tema sensible que implica - entre otras - el equilibrio adecuado entre la necesidad de atraer inversiones necesarias para la agricultura y la protección de los derechos, los medios de subsistencia y el bienestar de comunidades tradicionales, pueblos indígenas y pequeños productores.

El reto ahora es que los países adapten estas directrices a las condiciones y necesidades nacionales antes de implementarlas. Este es un esfuerzo en el que todos los actores que participaron en los procesos de consulta tienen un papel que desempeñar, para transformar estas directrices en políticas nacionales y mejoras concretas en la vida de las personas en todo el mundo.

La FAO está dispuesta a ayudar a los países en áreas como el desarrollo de la capacidad institucional, la promoción, apoyo técnico y asesoramiento jurídico. La FAO utilizará las directrices como base para nuestras alianzas y asociaciones, y pedimos a todos nuestros socios actuales y potenciales que las apoyen.

La erradicación del hambre es un desafío complejo. Sólo trabajando juntos podemos avanzar. El acuerdo sobre las directrices muestra cuán eficaz y posible es la cooperación concreta en temas sensibles, centrales para la seguridad alimentaria y el desarrollo económico y ofrece motivos para el optimismo al abordar otros desafíos en el camino hacia un mundo libre del hambre.

Es nuestro deber colectivo – de los gobiernos, las organizaciones no gubernamentales, la sociedad civil y el sector privado - asegurar que el proceso de colaboración constructiva de frutos mediante la promoción de la gobernabilidad de un tenencia consistente con las necesidades del siglo XXI y el acceso equitativo a los recursos de los que la seguridad alimentaria mundial depende.

Y mientras que el trabajo sobre las directrices se traslada ahora a los países, nuestro siguiente desafío global es establecer los principios para la inversión agrícola responsable. Un aumento sustancial de la inversión, que ha caído en picada en las últimas décadas, es necesario en los países en desarrollo. Estos principios ayudarán a asegurar que las inversiones sirvan a las necesidades de todos los interesados y que mejoren, en vez de perjudicar, el estado de la seguridad alimentaria.

El mismo diálogo y el proceso de colaboración que sustenta las directrices debería formar parte de los debates acerca de las inversiones agrícolas y otros desafíos relacionados con la seguridad alimentaria y el desarrollo rural. El CFS está en una posición única para apoyar este proceso, proporcionando un foro en el que las diferentes partes interesadas pueden debatir y alcanzar el consenso que necesita el mundo.

Paso a paso, estamos sentando las bases para un mundo en que exista plena seguridad alimentaria.