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Artículo de opinion del Director General de la FAO José Graziano da Silva

No desperdiciar para no menester
Por José Graziano da Silva y Achim Steiner
Publicado originalmente el 15 de octubre de 2013 por Project Syndicate

Cada año, desperdiciamos o perdemos 1,3 miles de millones de toneladas métricas de alimentos – un tercio de la producción anual mundial de alimentos. La gran magnitud de la cifra hace que la misma sea casi imposible de entender, no importa cómo uno trate de comprenderla. Trate de imaginar 143.000 Torres Eiffel apiladas una encima de la otra, o una pila de 10 millones de millones de bananas.

La cifra es aún más incomprensible, debido a que de manera paralela a este enorme desperdicio y pérdida, 840 millones de personas sufren diariamente de hambre crónica. Adicionalmente, muchos millones más sufren de “hambre silenciosa”, es decir sufren desnutrición y deficiencias de micronutrientes.

Para aquellos cuyas mentes se inclinan más hacia las cifras económicas, aquí hay otro número: si expresamos en precios de producción, el desperdicio y la pérdida de alimentos cuesta aproximadamente $750 mil millones por año. Si tuviéramos que considerar los precios minoristas y los impactos más amplios sobre el medio ambiente, incluyendo el cambio climático, la cifra sería mucho más alta.

En una era de austeridad, es difícil de entender cómo se puede ignorar una hemorragia masiva de recursos de tales proporciones. De hecho, en algunos lugares, el volumen de desperdicio de alimentos está en aumento.

En la actualidad, un nuevo informe (new report) elaborado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura se centra en otro aspecto preocupante del problema: las consecuencias negativas para el medio ambiente y los recursos naturales de los que dependemos para nuestra supervivencia.

Cuando los alimentos se pierden o se desperdician, los recursos energéticos, la tierra y el agua que se utilizaron en su producción también se despilfarran. Asimismo, grandes cantidades de gases de efecto invernadero se liberan a la atmósfera durante la producción, procesamiento y cocción.

Desde cualquier punto de vista – ya sea ético, económico, medioambiental o en términos de seguridad alimentaria – simple y llanamente no podemos tolerar el despilfarro anual de 1,3 millones de toneladas de alimentos. Esta es la razón por la que la seria reducción de la pérdida y el desperdicio de alimentos es uno de los cinco elementos del “Reto del Hambre Cero” (“Zero Hunger Challenge”) del Secretario General de la ONU Ban Ki-moon, y uno de los puntos focales principales del Equipo de Tareas de Alto Nivel sobre la Crisis Mundial de la Seguridad Alimentaria. Estamos trabajando juntos dentro del sistema de las Naciones Unidas y con una amplia coalición de otros socios para garantizar el acceso universal a una alimentación adecuada durante todo el año, eliminar el retraso del crecimiento infantil, hacer que todos los sistemas de alimentos sean sostenibles y erradicar la pobreza rural.

La próxima semana, el Foro Global de Crecimiento Verde (Global Green Growth Forum) en Copenhague permitirá un análisis más profundo de este tema. Se puede hacer mucho. Para empezar, el desperdicio y la pérdida de alimentos necesita ser visto como un asunto de política transversal, en lugar de ser visto como una opción de estilo de vida que se deja en manos de los consumidores individuales y sus conciencias El mundo necesita abrir los ojos frente a la necesidad de políticas que aborden todas las fases de la cadena alimentaria, desde la producción hasta el consumo.

La pérdida de alimentos – en las granjas, durante el procesamiento, el transporte, y en los mercados – socava la seguridad alimentaria en muchos países en desarrollo, donde las pérdidas posteriores a la cosecha pueden alcanzar hasta el 40 % de la producción. La inversión en infraestructura para el transporte, almacenamiento y comercialización de los alimentos es muy necesaria, como también lo son los programas para capacitar a los agricultores en mejores prácticas.

En los países desarrollados, las prácticas de venta minorista de alimentos requieren un replanteamiento. Por ejemplo, el rechazo de los productos alimenticios sobre la base de las preocupaciones estéticas es una causa importante de desperdicio. Algunos supermercados ya han empezado a relajar las normas relativas a la apariencia de las frutas, estas instituciones venden los artículos “deformes” a precios reducidos y ayudan a crear conciencia de que feo no significa malo. Se necesitan más enfoques como éste, como también se necesitan esfuerzos concertados para encontrar mercados o usos para los excedentes de alimentos.

Las empresas y los hogares por igual deben vigilar dónde y cómo se desperdician los alimentos y deben tomar medidas correctivas, ya que la prevención del despilfarro es aún más importante que el reciclaje o el compostaje.

Sí, es verdad, 1.3 millones de toneladas es una cifra alucinante. Pero estos sencillos pasos son bastante fáciles de entender, y se encuentran al alcance de todos. El mundo se enfrenta a muchos problemas aparentemente sin solución, el desperdicio de alimentos es un problema sobre el que todos nosotros podemos hacer algo al respecto ahora.