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Artículo de opinion del Director General de la FAO José Graziano da Silva
Sudán del Sur: actuar ya para salvar vidas ahora, y también mañana: La hambruna persiste en medio del conflicto. La siembra y las lluvias ofrecen una oportunidad

Publicado originalmente por EL PAIS

La muerte por inanición es terriblemente cruel. Acabamos de estar en Sudán del Sur, donde hemos visto que la hambruna afecta particularmente a niños pequeños, mujeres y ancianos. El hambre debilita tanto a las personas que ni siquiera pueden combatir la enfermedad más tonta: un resfriado común puede convertirse en una sentencia de muerte. Eso es lo que está pasando allí ahora mismo.

Hemos conocido a mujeres y niños con los ojos hundidos que luchan para hacer frente al hambre severa en la parte norte, la más afectada del país. En la zona de Ganyiel, conocimos a mujeres como Nyakon, que caminan por pantanos con el agua hasta la cintura y comen nenúfares para sobrevivir. Esos mismos pantanos les sirven aún para refugiarse relativamente de los enfrentamientos, y pudimos ver a nuestros equipos trabajando juntos en primera línea en esas zonas para salvar las vidas y los medios de vida de la gente.

Mientras entregábamos kits de pesca y de cultivo de verduras para ayudar a las familias a eludir el hambre, un avión lanzó comida desde el aire para satisfacer las necesidades más urgentes. Nuestros equipos están llevando a cabo un trabajo extraordinariamente valiente en medio de un gran peligro y exponiéndose a un enorme riesgo personal para evitar que la gente muera por falta de alimento.

Trágicamente, los civiles son los que más sufren este conflicto. Se bloquea el acceso de los camiones de comida. Se queman casas y cosechas, se roba el ganado. Se han vaciado aldeas enteras y la producción de alimentos se ha reducido drásticamente.

Sólo hay una solución: la paz

Debe haber un diálogo nacional más fuerte y presión internacional continuada para alcanzar una solución política que ponga fin al conflicto o aún más personas se enfrentarán a la hambruna.

Esa, hambruna, es una palabra que no utilizamos a la ligera. Solo se puede declarar cuando se cumplen condiciones muy específicas: cuando al menos el 20% de las familias de una zona se enfrenta a una escasez extrema de alimentos con capacidad limitada de hacerle frente; las tasas de malnutrición aguda superan el 30%, y la tasa de mortalidad diaria supera a dos adultos de cada 10.000 habitantes.

Salvar vidas y medios de vida

A través de nuestras organizaciones, la FAO y el PMA, cada mes cerca de dos millones de personas reciben ayuda alimentaria y nutricional para su vida. Salvar vidas hoy es un primer paso crítico, pero debemos ir más allá y mejorar la capacidad de las personas para que sean capaces de proveer alimentos para sus familias. Salvar los medios de vida es la mejor defensa que podemos dar a la gente contra el hambre, y se puede hacer mucho incluso en medio de un conflicto como este.

Una de las pocas razones para tener esperanza para Sudán del Sur es que la temporada de lluvias acaba de empezar. Se trata de la época del año en la que la que se cultiva la mayor parte de la comida del país, y supone la oportunidad de plantar verduras y alimentos básicos de crecimiento rápido como el sorgo.

Paradójicamente, en algunas zonas, las lluvias traen consigo una pausa en los enfrentamientos, ya que las carreteras se vuelven intransitables y las pistas de aterrizaje, inutilizables. Esto facilita la actividad agrícola, pero también dificulta que los trabajadores humanitarios se puedan desplazar por la zona.

Estamos trabajando a contrarreloj contra las lluvias para lograr llevar alimentos de emergencia que salvan la vida a quien está en situación de necesidad desesperada antes de que las áreas de más difícil acceso se cierren, y para llevarles kits de pesca y de cultivo de cereales y semillas.

Graziano (izquierda) y Beasley, en Ganyiel (Sudán del Sur).
Graziano (izquierda) y Beasley, en Ganyiel (Sudán del Sur). Albert Gonzalez Farran ©FAO
 
La gran mayoría de los habitantes de Sudán del Sur dependen de la agricultura y del pastoreo. Si podemos ayudarles a seguir cultivando su propia comida y a cuidar de sys animales, podrán defenderse de los peores estragos del hambre y la recuperación será más rápida y más barata. La hambruna de Somalia en 2011 y otras crisis anteriores nos demuestran que se puede tardar hasta una década antes de que las familias que perdieron sus tierras, su ganado y otros activos productivos para su vida puedan volver a ser autosuficientes.

Si perdemos la temporada de siembra, aún más gente se verá abocada al hambre. La oportunidad que las circunstancias ofrecen ahora mismo se escapa a medida que pasa el tiempo, y la llamada "temporada de escasez", que es cuando la gente sufre más hambre, alcanzará su máximo en julio.

Actuar ahora, no después

Contamos con la experiencia necesaria para proporcionar alimentos salvavidas y apoyo a la agricultura y a la pesca, pero todas las partes del conflicto deben garantizar la seguridad de nuestros equipos humanitarios para que podamos hacerla llegar a la gente. Los líderes de Sudán del Sur deben continuar un diálogo que lleve a la paz. El país es rico en tierra, en agua y en gente valiente. Con paz podría ser un país de abundancia, pero sin paz no habrá seguridad alimentaria. "Estamos cansados de esta guerra", nos dijo Nyakouth, madre de nueve hijos. "Nos hemos quejado y parece que nadie nos escucha. Esperemos que Dios responda a nuestros rezos por la paz”.

La comunidad internacional está atenta y ha redoblado sus contribuciones financieras para apoyar nuestro trabajo desde que se declaró la hambruna, pero sigue existiendo una enorme brecha entre las necesidades sobre el terreno y los compromisos y donaciones. Para evitar una catástrofe tenemos que hacer más, y lo tenemos que hacer ya.

No podemos esperar. Los niños, las mujeres y los ancianos que están sufriendo toda la carga de esta tragedia no pueden quedarse atrás.

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José Graziano Da Silva es director general de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura).

David Beasley es director ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos (PMA-WFP).