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Declaración del Director General de la FAO José Graziano da Silva

16 de octubre de 2013

Ceremonia del Día Mundial de la Alimentación de 2013

Excelentísima Señora Nadine Heredia Alarcón de Humala, Primera Dama de la República del Perú y Embajadora Especial de la FAO para el Año Internacional de la Quinua,

Excelentísima Señora Nunzia de Girolamo, Ministra de Políticas Agrícolas, Alimentarias y Forestales de la República Italiana,

Excelentísima Señora Nemesia Achacollo Tola, Ministra de Desarrollo Rural y Tierras de Bolivia

Excelentísimo Don Mahama Zoungranam, Ministro de Agricultura y Seguridad Alimentaria de Burkina Faso,

Excelentísimo Don Lucien Bembamba, Ministro de Economía y Finanzas de Burkina Faso,

Excelentísimo Don Alfredo Mitogo Mitogo, Ministro de Agricultura y Bosques de Guinea Ecuatorial

Excelentísimo Don Crescencio Tamarite Castaño, Ministro de Pesca y Medio Ambiente de Guinea Ecuatorial

Excelentísimo Don José Congundua Antonio Pacheco, Ministro de Agricultura de la República de Mozambique,

Excelentísimo Don Christopher Chiza, Ministro de Agricultura de Tanzania,

Honorable Señor Ignacio Marino, Alcalde de Roma,

Excelentísimo Señor Arzobispo Luigi Travaglino, Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO,

Su Excelencia Sr. Wilfred J.Ngirwa, Presidente Independiente del Consejo,

Señor Bekele Geleta, Secretario General de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja,

Señor Kanayo Nwanze, Presidente del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola,

Señora Ertharin Cousin, Directora Ejecutiva del Programa Mundial de Alimentos,

Señora Ann Tutwiler, Directora General de Bioversity International,

Señores ministros,

Señores jefes de delegación,

Señores representantes de la sociedad civil y el sector privado, Colegas de la FAO y de Naciones Unidas

Distinguidos invitados,

Señoras y señores,

Tengo el placer de declarar abierta esta ceremonia del Día Mundial de la Alimentación.

La presencia de todos ustedes en este acto confirma su compromiso con el esfuerzo mundial por erradicar el hambre de la faz de la tierra.

Es esta la visión que impulsó la creación de la FAO, hace exactamente 68 años, y es la misma visión que nos sigue guiando hoy.

Producir alimentos y hacerlos llegar a nuestra mesa supone un proceso extraordinariamente complejo, que consta de muchas etapas y en el que intervienen numerosos actores.

Participan en él no solo los agricultores, ganaderos y pescadores, sino también los científicos que desarrollan la tecnología, los proveedores de insumos agrícolas, los que se encargan de transportar, almacenar y elaborar los alimentos y los que se ocupan de comercializarlos.

Y también todos nosotros que consumimos alimentos.

En este proceso intervenimos todos, y de ahí la importancia del tema del Día Mundial de la Alimentación de este año: Sistemas alimentarios sostenibles para la seguridad alimentaria y la nutrición.

Este tema hace referencia a dos cuestiones fundamentales: no podremos mejorar la nutrición si no hay seguridad alimentaria, y no podremos lograr la seguridad alimentaria sin sistemas alimentarios más adecuados.

Se podría afirmar que el sistema alimentario funciona adecuadamente cuando existe un equilibrio estable entre demanda y oferta de alimentos.

¿Es esa la situación actual?

Si nos limitamos a considerar únicamente el lado de la oferta, la respuesta podría ser afirmativa.

Desde la Segunda Guerra Mundial, la producción alimentaria se ha triplicado y la disponibilidad de alimentos per cápita se ha incrementado en más del 40 %.

Sin embargo, al observar desde la perspectiva de la demanda veremos que más de la mitad de la población mundial acusa un consumo alimentario excesivo o insuficiente, es decir no come o come más de lo que necesita.

Lo que impide a estas personas liberarse de su condición es la falta de medios para producir o comprar los alimentos que necesitan. Es escandaloso que ocurra esto en un mundo donde hay alimentos suficientes para todos.

Tenemos la responsabilidad común de modificar esta situación y asegurar que todas las personas tengan acceso a los alimentos saludables que necesitan.

Durante la última Conferencia de la FAO en julio pasado se señalaron 38 países que ya habían alcanzado la meta, establecida en los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), de reducir a la mitad la proporción de población desnutrida entre 1990 y 2015.

De acuerdo con las estimaciones más recientes presentadas en la edición 2013 del “Eestado de la Inseguridad Alimentaria en el mundo” (SOFI), esos países son ahora 44. Si sumamos a los otros 18 países en desarrollo que ya tenían en 1990 tasas de subalimentación inferiores al 5 %, llegamos a 62 países, casi la mitad de un total de 128 países que la FAO monitorea, que han alcanzado la meta de reducción del hambre de los ODM.

Decidan ustedes si prefieren ver el vaso medio vacío o medio lleno. Lo que yo veo son muchos retos que debemos enfrentar, pero también progresos y experiencias positivas a partir de los cuales es posible avanzar.

Esos 62 países nos muestran que podemos ganar la batalla contra el hambre.

Poner fin a la malnutrición y al hambre no es una cuestión solo de dignidad humana; es, en última instancia, asegurar a todos el derecho a una alimentación saludable.

La otra cara de la moneda son los enormes beneficios económicos que podrían obtenerse si se acabara con el hambre y la malnutrición.

Los costos económicos del hambre son impresionantes. Pueden ascender incluso al 5 % de los ingresos mundiales a través de la pérdida de productividad y del gasto directo en asistencia médica.

Pero también podemos responder a la pregunta desde una tercera perspectiva: la de la sostenibilidad. Y desde esa óptica también es necesario lograr mejoras.

El empleo intensivo de insumos y la Revolución Verde posibilitaron un incremento de la producción alimentaria que, sin embargo, ha tenido un costo ambiental muy elevado. Además, se pierde o se desperdicia alrededor de un tercio de los alimentos producidos.

Esta situación no es sostenible hoy y lo será aún menos en 2050, cuando tengamos que proporcionar alimentos a una población de 9 000 millones de personas.

Como pueden ver, aún son muchas las cuestiones que deben abordarse para lograr sistemas alimentarios sostenibles. Sin embargo, contamos por la primera vez en la historia con los medios necesarios para resolverlas.

El Comité de Seguridad Alimentaria Mundial, que se reunió acá, en esa misma plenaria la semana pasada, ha demostrado que actores distintos, con opiniones diferentes, están dispuestos a colaborar en la búsqueda de nuevos caminos para el futuro.

Cada vez más personas se comprometen a trabajar juntas para hacer realidad la visión de un mundo sin hambre que el Secretario General de las Naciones Unidas Ban Ki-moon llamó en la Conferencia Rio+20 de Desafío Hambre Cero.

En el debate sobre la agenda de desarrollo para después de 2015 la FAO se ha unido al FIDA y al PMA para respaldar las propuestas concertadas en la Consulta de alto nivel sobre el hambre, la seguridad alimentaria y la malnutrición celebrada en abril de este año en Madrid, España, a saber:

contribuir a la erradicación del hambre, la inseguridad alimentaria y la malnutrición, y

adoptar una meta mundial específica en materia de seguridad alimentaria y nutrición.

Se trata de una oportunidad para desafiarnos a nosotros mismos a lograr un mundo en el que no haya hambre ni privaciones.

Es la misma visión que motivó a nuestros padres fundadores a crear la FAO, hace 68 años; la que puede leerse en el preámbulo de nuestra Constitución, y la que se ha plasmado en los cinco objetivos estratégicos que guían actualmente la labor de la FAO.

Señoras y señores:

El Día Mundial de la Alimentación nos ofrece, cada año, una oportunidad de adoptar instrumentos y soluciones que nos permitan avanzar hacia un mundo sin hambre y con una nutrición adecuada.

En concreto, este año deseamos exhortar a todos a que actualicen y amplíen su forma de entender el problema del hambre.

Pensemos en el hambre como en el trágico resultado de unos sistemas alimentarios poco saludables; unos sistemas alimentarios en los que todos desempeñamos un papel.

Si fomentamos sistemas alimentarios sanos y sostenibles, sí PODEMOS lograr el futuro que deseamos.

Muchas gracias por su atención.