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Declaración del Director General de la FAO José Graziano da Silva
 Solo es auténtico el texto pronunciado

17 de febrero del 2014
 

10 mil huertos en África
 
 

Caro amico Carlo Petrini,

Dottore Giuliano Pisapia, Sindaco di Milano,

Signori e Signore,

Amici,

E’ un grande onore per me essere con voi questa sera.

Come sapete, l’anno 2014 è stato dichiarato dalle Nazioni Unite, l’anno internazionale dell’agricoltura familiare, iniziativa che la FAO ha l’onore di coordinare.

Quest’anno, l’Africa anche, celebra l’Anno Africano dell’Agricoltura e della Sicurezza Alimentare.

Usiamo queste due commemorazioni per ridare agli agricoltori familiari l’orgoglio di essere giustamente questo: agricoltori familiari, con tutto ciò che questo implica per la produzione di alimenti, per lo sviluppo delle comunità, per la sicurezza alimentare.

Permettetemi di passare ora allo Spagnolo

Cuando digo agricultores familiares, incluyo a los pequeños y medianos productores, a los campesinos, a los pueblos indígenas, a las comunidades tradicionales, a los agricultores forestales, a los pescadores, a los pastores, a los recolectores y a muchos otros.

El Año Internacional y el Año Africano son dos ocasiones enmarcan muy bien nuestro encuentro de hoy dedicado al proyecto "Diez Mil Huertos en África".

Se trata de una iniciativa muy bienvenida debido a su potencial para hoy y para mañana.

Aquellos que han hablado hoy, todos los que están aquí reunidos, y muchos otros en todo el mundo son parte de los esfuerzos para cambiar esta situación.

Somos parte de los esfuerzos por garantizar la seguridad alimentaria de cada ser humano. Y somos parte del esfuerzo para ofrecerles diferentes lentes a través de las cuales pueden mirar hacia el futuro. Lentes de esperanza y no de miedo.

Lo que decidimos poner en nuestro plato y cómo elegimos producir los alimentos que consumimos son hechos de crucial importancia para la seguridad alimentaria.

Hace medio siglo el mundo eligió el camino de aumentar la producción de alimentos a través del uso intensivo de insumos y recursos químicos.

La Revolución Verde fue la respuesta adecuada a su tiempo.

La Revolución Verde logró evitar una hambruna generalizada en Asia, sin embargo no pudo acabar con el hambre en el mundo. Logró incrementar la producción, pero degradó la tierra y el agua, mostrando sus propios límites.

De forma general, el mundo también eligió depositar su seguridad alimentaria en las manos invisibles de los mercados internacionales de commodities agrícolas. Durante años, la decisión de confiar en esta fuente aparentemente inagotable de alimentos baratos parecía funcionar bien.

Pero décadas de precios bajos de los alimentos dejaron a millones de agricultores pobres sin trabajo.

Hasta el punto en el nos enfrentamos hoy a una desconcertante paradoja: más del 70 por ciento de la población que padece de inseguridad alimentaria vive en zonas rurales del mundo en desarrollo.

La mayoría de ellos son pequeños agricultores cuya producción no es suficiente ni siquiera para garantizar su propia subsistencia.

Para nuestro presente y para nuestro futuro, tenemos que encontrar un mejor equilibrio entre los mercados internacionales y las comunidades locales; entre la necesidad de incrementar la producción y el imperativo de conservar y utilizar los recursos naturales con prudencia.

Necesitamos el mismo espíritu innovador que estuvo presente en la Revolución Verde de los años 60, pero adaptado a nuestros tiempos. Necesitamos una revolución doblemente verde, que valore las prácticas más sostenibles, orgánicos, para producir alimentos sanos y saludables.

¿Estamos dispuestos a construir una alternativa? ¿Tenemos una alternativa?

Yo digo que sí. Ella tiene la sostenibilidad como su premisa básica; la inclusión social en su esencia, y los agricultores familiares y comunidades locales como sus actores principales.

Durante décadas, los agricultores pobres eran vistos como un problema.

Pero donde y cuando los gobiernos han sido capaces de darles el apoyo que necesitan, y han entendido que, en realidad, los agricultores familiares son parte de la solución, hemos visto resultados promisores.

Más de 60 países ya han cumplido la meta de reducir a la mitad la proporción de personas que padecen hambre establecida en el primer Objetivo de Desarrollo del Milenio, o han reducido nivel de desnutrición a menos de 5 por ciento.

Alrededor de 20 de eses países se encuentran en África.

Y los líderes africanos acaban de establecer el objetivo de acabar con el hambre en la región para el año 2025; una meta que también ya fuera asumida por los líderes de América Latina y el Caribe habían hecho en 2009.
Estos son compromisos políticos audaces, y pasos importantes hacia la seguridad alimentaria.

¿Es demasiado ambicioso?

Voy a dejar que Nelson Mandela responda esta pregunta para nosotros: "Siempre parece imposible hasta que se hace."

Señoras y señores,

En pocas palabras, una agricultura familiar fortalecida se traduce en una mayor disponibilidad local de alimentos donde más se lo necesita. Pero no es sólo eso.

Los agricultores familiares realizan actividades diversificadas que desempeñan un papel fundamental en la sostenibilidad del medio ambiente y la preservación de la biodiversidad.

Muchas de las miles de especies de plantas que han  consumido tradicionalmente están desapareciendo, junto a ellas perdimos también su diversidad genética. La recuperación de estos cultivos y la protección de los hábitos alimentarios locales son importantes contribuciones a la transición hacia dietas más diversificadas, nutritivas y equilibradas.

La agricultura familiar es una importante vía de inclusión para millones de familias y comunidades rurales, de especial importancia para las mujeres y para los jóvenes.

Inclusión significa comprender, respetar y apoyar el rol que las mujeres rurales desempeñan en la seguridad alimentaria.

A menudo, ellas son jefas de hogar, son las principales proveedoras de las familias. Y, con frecuencia, están involucradas en todas las etapas de la cadena alimentaria.

Miremos a África, por ejemplo. La mayoría de su población es rural y se espera que continúe así hasta el 2050. Al mismo tiempo, 3 de cada 4 africanos son jóvenes de hasta 25 años de edad.

Y ese es el potencial que estamos tratando de aprovechar hoy con los huertos familiares y comunitarios.
10.000 huertos incrementarán la producción de alimentos y su disponibilidad local, diversificarán las dietas y mejorarán la nutrición de las familias africanas.

Los huertos dependen del trabajo familiar o comunal, se fortalecen con el conocimiento transmitido de la madre al hijo, del padre a la hija.

Un huerto bien manejado respeta la cultura local, recupera los cultivos tradicionales, protege la biodiversidad, y puede producir alimentos todo el año utilizando relativamente pocos recursos naturales.

Proyectos como el que se está presentando hoy demuestra que es posible lograr sistemas sostenibles de alimentación y de agricultura si todos nosotros estamos comprometidos - agricultores, gobiernos, investigadores, escuelas, estudiantes, nutricionistas, consumidores y cocineros. Como lo vimos hoy es un grupo variado y unido en el mismo propósito.

Señoras y señores,

Con la combinación de huertos y jóvenes, tenemos la posibilidad de contribuir a la mejora de la seguridad alimentaria mediante la producción local de alimentos saludables, contribuyendo al desarrollo de las comunidades pobres, y asegurando un crecimiento económico sostenible y socialmente inclusivo.

Esto es importante para África, para la Europa y para el mundo. Alrededor del 20 por ciento de total de extranjeros que viven en Europa provienen de los países del Mediterráneo meridional y oriental.

Y los cruces ilegales de la frontera son un tema de creciente preocupación y que puede terminar en tragedia, como el triste episodio de Lampedusa nos recuerda.

Los cruces ilegales se han duplicado en los últimos años. En 2011, la Unión Europea vio más de 140.000 cruces ilegales de la frontera, el 85 por ciento de los cuales llegó a través de las rutas del Mediterráneo.

La mayoría de estas personas son jóvenes, obligados a migrar debido a la falta de oportunidades económicas y a conflictos.

Es nuestra responsabilidad común para ayudar a construir alternativas, especialmente para la juventud.
De permitir que pescadores sigan pescadores y no piratas.

Que los agricultores utilicen sus herramientas para sembrar la tierra y no para la guerra.

Señoras y señores,

Huertos producen mucho más que una simple comida.

Ellos promueven la inclusión, enseñan la sostenibilidad, y ofrecen un espacio alrededor para que los jóvenes puedan reunirse, aprender, compartir y construir capital social.

Este es un ejercicio que fortalece las comunidades y redes.

Y puede ayudar a transformar a los jóvenes de hoy en día en los líderes de mañana, protagonistas en el debate y toma de decisiones sobre políticas de seguridad alimentaria y desarrollo sostenible en los niveles local, nacional e internacional.

Muchas gracias por su atención.