A fines de 2003 se informó por primera
vez de casos de gripe aviar altamente patógena en Asia
sudoriental, aunque actualmente se considera que el virus
H5N1 surgió desde 1996, cuando se encontró por
primera vez en gansos en la provincia de Guangdong, en el
sur de China. Desde entones, se ha propagado rápidamente
y ha abarcado grandes extensiones, con brotes en aves domésticas
y en algunas poblaciones de aves silvestres en Mongolia, el
sur de Rusia, el Medio Oriente y, en 2005, en Europa y África.
En Indonesia, Tailandia y Viet Nam se han producido diversas
oleadas epidémicas. A la difusión de la pequeña
avicultura doméstica en estos países suele atribuirse
uno de los principales factores de riesgo de estos brotes
y de la persistencia del virus en las poblaciones avícolas
domésticas. Con esta hipótesis, algunos gobiernos
están estudiando la prohibición de tener bandadas
de aves de corral al aire libre, a fin de incrementar la "bioseguridad"
en la pequeña avicultura doméstica.
Por consiguiente, la gripe aviar representa una grave amenaza
para los pequeños avicultores rurales pobres, de manera
directa por la mortandad que puede causar, pero quizás
más de manera indirecta por las medidas aplicadas para
combatirla. Estas medidas pueden alcanzar un costo prohibitivo
para los pequeños productores de escasos recursos y,
por lo tanto, podría obligarlos a dejar por completo
la avicultura, privándolos de las pequeñas pero
valiosas cantidades de proteína en su alimentación,
del muy necesario ingreso para sufragar gastos menores y,
lo más importante, de una oportunidad de inversión
para salir de la pobreza.
Dadas las probables repercusiones negativas de políticas
que limiten la pequeña avicultura, es fundamental examinar
la información de referencia para tomar las medidas
mencionadas, desde el punto de vista de sus efectos contra
el peligro de la gripe aviar.
El riesgo de la gripe aviar en las
domésticas
Se piensa que como casi todos los brotes de gripe aviar se
han registrado en bandadas de pequeños productores
domésticos, esta forma de avicultura entraña
más riesgos que otras. Esta hipótesis se puso
a prueba utilizando los datos publicados de la epidemia de
gripe aviar de 2004 y el programa consiguiente de vigilancia
activa desplegado en Tailandia.
El sector avícola tailandés es muy heterogéneo.
Por una parte, las empresas productoras de pollos para asar,
con "bandadas" promedio de 3 500 aves, sólo
representan el 2% del total de las "bandadas", pero
constituyen casi el 60% de la población avícola
total. Por otra parte, las bandadas domésticas, compuestas
en promedio por 30 ejemplares, constituyen aproximadamente
tres cuartas partes de las bandadas, pero representan apenas
alrededor de una quinta parte de la población avícola
total.
En 2004, el cálculo del riesgo bruto de contagio de
gripe aviar por tipo de bandada, definido por las autoridades
tailandesas de sanidad animal, mostró que, por ejemplo,
aun cuando las bandadas de ponedoras sólo representaban
el 1% del total de las bandadas, constituían el 5%
de todas las bandadas infectadas registradas. Las bandadas
de codornices presentaron el mayor riesgo de contagio detectado
de gripe aviar, con un índice de casi 1,6%. En contra
de las expectativas generalizadas, la pequeña avicultura
reveló el menor riesgo detectado de contagio de gripe
aviar: 0,05%, apenas una cuarte parte del riesgo presente
en las bandadas de pollos para asar.
Estos resultados pueden reflejar diferencias en la detección
del contagio, ya que es más fácil reconocer
la gripe aviar en las grandes explotaciones comerciales y
es más probable que los grandes productores notifiquen
a las autoridades de sanidad animal. Sin embargo, como los
programas de vigilancia aplicados en Tailandia se concentraban
en la pequeña avicultura doméstica, es poco
probable que este posible sesgo de detección sea la
principal razón de encontrar un mayor riesgo de gripe
aviar en las bandadas comerciales de ponedoras y pollos para
asar que en la pequeña avicultura doméstica,
y se impone la necesidad de estudiar las medidas de "bioseguridad"
de las explotaciones comerciales.
Bioseguridad en la avicultura comercial
La concentración de grandes cantidades de aves (hasta
50 000 en las instalaciones de cría de pollos para
asar de los Estados Unidos y Tailandia), en muy grandes densidades,
plantea considerables desafíos para garantizar la bioseguridad.
(A grandes rasgos, la bioseguridad se define como cualquier
sistema que impide la propagación de agentes infecciosos
desde animales infectados hacia otros animales susceptibles
de contagio.)
Es necesario suministrar piensos a las aves, agua y aire,
porque la concentración en espacios cerrados de miles
de animales exige aplicar medidas para reducir el calor y
regular la humedad, y proporcionar una óptima ventilación.
En consecuencia, se produce un considerable movimiento de
materiales entre el exterior y el interior de las instalaciones
avícolas.
Por ejemplo, la bacteria Campylobacter spp se transmite entre
distintas especies de aves hospederas domésticas y
silvestres, como el virus de la gripe aviar. En un estudio
reciente de bandadas de pollos para asar libres de Campylobacter,
en los Estados Unidos, criados en instalaciones desinfectadas
y con aplicación de medidas de bioseguridad normalizadas,
y alimentados con piensos y agua sin la bacteria, se demostró
la insuficiencia de las medidas convencionales de bioseguridad
para impedir la transmisión de Campylobacter hacia
el interior y el exterior de los corrales de pollos para asar.
Cuando una bandada de aves es colonizada por Campylobacter,
el alimento, el agua y el aire que están en el corral
se contaminan rápidamente y el aire que sale a través
de los sistemas de ventilación propaga esta bacteria
en el medio ambiente exterior. Se han detectado cepas de Campylobacter
con huellas genéticas idénticas a las de esos
pollos para asar huéspedes hasta a 30 metros de distnacia
de los corrales donde están las bandadas infectadas.
Los agentes patógenos tienen otros mecanismos de ingreso
y salida de los corrales "bioseguros". Por ejemplo,
algunos insectos pueden transportar microbios al interior
y exterior de las instalaciones por los sistemas de ventilación
y por pequeñas aberturas, como lo demuestra un estudio
realizado en Dinamarca, en el que se determinó la posibilidad
de que hasta 30 000 moscas penetren en un corral de pollos
durante una sola rotación de bandadas en los meses
del verano.
Otro importante desafío a la bioseguridad es la necesidad
de eliminar el gran volumen de desechos animales producidos
por estas grandes poblaciones de aves de corral: se calcula
que cada pollo para asar produce alrededor de 1,7 kilogramos
de desechos durante su ciclo de vida, de 6 a 7 semanas, es
decir que una unidad de 50 000 pollos para asar produce a
diario casi dos toneladas de desechos. Los desechos de las
aves de corral eliminados en el terreno atraen aves silvestres
debido a su contenido de piensos. Las aves silvestres pueden
contagiarse y contaminar los suministros de agua de otras
explotaciones avícolas, y contribuir de esta manera
a la transmisión de enfermedades a gran distancia.
Esta información demuestra ampliamente el potencial
de los agentes patógenos para desplazarse al interior
y el exterior de las explotaciones avícolas comerciales,
incluso en los países desarrollados.
Comparación del riesgo de contagio
de gripe aviar en una y en varias bandadas
El riesgo de introducción de la gripe aviar en una
bandada se determina mediante sus pautas de "contacto"
y las medidas vigentes destinadas a reducir este riesgo. De
esta manera, si bien el sector de la pequeña avicultura
no aplica medidas de bioseguridad, sus contactos "de
riesgo", por lo menos en Tailandia, parecen más
bien limitados, por lo cual, a pesar de lo que podría
suponerse, la pequeña avicultura presenta menos riesgo
de contagio de gripe aviar que la producción avícola
comercial en gran escala en instalaciones cerradas.
Sin embargo, en conjunto y debido a su gran número,
en la pequeña avicultura aparecen casi todas las bandadas
contagiadas, lo que representa un peligro para la sanidad
avícola en general. Como los intereses comerciales
tienen mucha más influencia política que los
pequeños productores, existe el evidente peligro de
que las autoridades normativas se inclinen por tomar soluciones
"fáciles", como imponer medidas para volver
"más segura" la avicultura de subsistencia,
por ejemplo, obligando a los pequeños avicultores a
mantener sus aves en gallineros cerrados. Esto supondría
costos muy elevados, en especial para un grupo marginal de
empresarios y para los pequeños avicultores, y podría
reducir los brotes de gripe aviar, aunque más bien
porque disminuiría el número de bandadas en
la pequeña avicultura que por el incremento de la eficacia
de la bioseguridad.
La imposición de medidas que no reducen de manera
considerable el riesgo de introducción de agentes patógenos
y de su difusión, sino que añaden onerosas cargas
económicas a la sociedad o a algunos grupos de la misma,
puede ser oportuna desde el punto de vista político,
pero injustificable desde una perspectiva social. Las inversiones
sociales adecuadas para reducir los riesgos sanitarios, tanto
en el ámbito local como en el nacional, que aprovechan
el actual impulso mundial para ejecutar medidas rápidas
e intensivas de lucha contra la gripe aviar, pueden producir
el óptimo resultado de incrementar la viabilidad comercial
de los pequeños avicultores, lo que representa un beneficio
en favor de los pobres que destaca en franco contraste con
los efectos de desplazamiento que podrían causar muchas
de las estrategias propuestas para combatir la gripe aviar.
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