Evaluación de la inocuidad de los alimentos modificados genéticamente
La biotecnología proporciona instrumentos potencialmente poderosos para el desarrollo sostenible de la agricultura, la pesca y la silvicultura, así como la industria alimentaria. Cuando se integra de manera apropiada con otras tecnologías para la obtención de alimentos y productos y servicios agropecuarios, la biotecnología puede ayudar considerablemente a satisfacer las necesidades de una población en aumento y cada vez más urbanizada.
Mientras que apenas hay polémica sobre numerosos aspectos de la biotecnología y su aplicación, los organismos modificados genéticamente (OMG) se han convertido en el objetivo de un debate muy intenso y a veces con una gran carga emocional. La FAO reconoce que la ingeniería genética tiene la posibilidad de contribuir a aumentar la producción y la productividad de la agricultura, la silvicultura y la pesca. Puede permitir conseguir un rendimiento mayor en tierras marginales de países que no están en condiciones de cultivar suficientes productos para alimentar a su población: el arroz se ha modificado mediante ingeniería genética para que contenga provitamina A (betacaroteno) y hierro, contribuyendo a mejorar la salud de muchas comunidades de bajos ingresos.
Sin embargo, la FAO también es consciente de la preocupación que despiertan los posibles riesgos planteados por ciertos aspectos de la biotecnología, como los efectos en la salud humana y la sanidad animal. Hay que actuar con cautela a fin de reducir el riesgo de que se transfieran toxinas de una forma de vida a otra, se creen nuevas toxinas o se transfieran compuestos alergénicos de una especie a otra, con la consiguiente posibilidad de reacciones alérgicas inesperadas.
La FAO respalda el sistema de evaluación con una base científica que se está utilizando, en el que se determinan objetivamente los beneficios y riesgos de cada uno de los OMG. Esto exige un examen cuidadoso caso por caso, a fin de abordar las preocupaciones legítimas relativas a la bioseguridad de cada producto o proceso antes de su distribución. Es necesario evaluar los posibles efectos en la inocuidad de los alimentos y la medida en que los beneficios del producto o proceso superan los riesgos evaluados. En el proceso de evaluación también hay que tener presente la experiencia adquirida por las autoridades nacionales de reglamentación en la autorización de tales productos. Además, es imprescindible una vigilancia cuidadosa de los efectos de estos productos y procesos después de la distribución, a fin de garantizar su inocuidad permanente para las personas.
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