| Pasturas y Cultivos Forrajeros |
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México - II Por
Ricardo Améndola, Epigmenio Castillo & Pedro Arturo
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| 5. EL RECURSO PASTORIL
Principales zonas de vegetación Norte de México Las praderas nativas prevalecen en áreas de altas precipitaciones, en planicies y en serranías suaves sobre suelos relativamente profundos (Miranda y Hernández, 1985). Praderas dominadas por Bouteloua gracilis, típica de mejores condiciones de suelo y humedad, son muy importantes en Chihuahua y en menor medida en Coahuila y Durango (De Alba, 1976). En peores condiciones de suelo y humedad, las praderas están dominadas por Bouteloua hirsuta o B. curtipendula y, en condiciones de pH alto o salinidad, por Distichlis spicata, Sporobolus airoides e Hilaria mutica (Miranda y Hernández, 1985). La capacidad de carga de estas praderas oscila entre 7 ha/ UA cuando están en condición excelente sobre planicies, tierras bajas y valles, y 30 ha/ UA en condición pobre sobre las pendientes de las sierras (FIRA, 1986). Proporciones importantes del Norte y en menor medida de NO y NE se encuentran en la región montañosa descripta por De Alba (1976), en áreas por encima de 1 000 msnm. La vegetación natural de esta región son bosques donde predominan Pinus spp., Quercus spp. y Abies spp. El nivel subyacente es principalmente de gramíneas como Muhlenbergia spp, Festuca spp., Piptochaetium spp., Bromus spp., Poa spp., Aristida spp. y otras (Hernández, 1987). La vegetación natural del centro de México comprende praderas naturales dominadas por Bouteloua gracilis y praderas bajo densidades variables de Quercus spp. incluyendo especies de los géneros Bouteloua, Muhlenbergia, Lycurus, Stipa, Piptochaetium, Aristida, Panicum, Setaria, Andropogon y Elyonurus; la capacidad de carga de estas praderas (entre 10 y 18 ha/ UA) es mayor que la de las praderas en el norte (De Alba, 1976; Cantú, 1990; Miranda y Hernández, 1985). Sin embargo, en áreas donde los restos de la vegetación nativa son escasos hay algunas partes con una alta densidad de población que fueron sometidas a agricultura intensiva antes de la llegada de los españoles (Mesa Central) y algunas otras partes fueron sometidas a agricultura intensiva en el último siglo (El Bajío). Sur de México Diferentes tipos de bosques caducos son característicos del trópico seco (originalmente en 90 por ciento del área) con Lysiloma spp., Leucaena spp., Bursera simaruba, Pithecellobium spp., Tabebuia rosea, Enteroplobium cyclocarpum, Ipomoea intrapilosa y Prosopis juliflora como las especies principales. De acuerdo con De Alba (1976) las gramíneas son raras en esta vegetación nativa, sin embargo hay poblaciones medianas de leguminosas como Leucaena spp., Desmodium spp., Macroptilium spp. y Centrosema spp. Los sistemas de producción vacuna están basados en el pastoreo de i) vegetación nativa o pasturas sembradas de Hyparrhenia rufa en las áreas secas (producción de terneros que son terminados en la región tropical húmeda), o ii) pasturas sembradas con Panicum maximun o Cynodon plectostachyum y más recientemente con Andropogon gayanus (sistema de doble propósito). Áreas de Veracruz, Puebla y Chiapas con una precipitación anual superior a 1 000 mm se caracterizan por bosques caducos de Liquidambar styraciflua como el principal árbol; en algunas partes el bosque ha sido reemplazado por pasturas de pasto Kikuyu (Pennistem clandestinum) sobre las cuales se basan los sistemas de producción lechera y ovina; estos son más intensivos y productivos que los sistemas de rumiantes en otras partes de la región montañosa (De Alba, 1976).
Pasturas mejoradas y forrajes sembrados Forrajes sembrados por regiones agropecuarias El área sembrada con forrajes se incrementó fuertemente durante la década de 1990 (Figura 12), una comparación entre los promedios de los períodos 1990-1996 y 1997-2002 muestra que el área total sembrada aumentó un 35 por ciento. Una alta proporción de ese aumento (56 por ciento) fue en el norte y centro de México, particularmente en el área sembrada con forrajes anuales y pasturas irrigadas (41 por ciento); a comienzos del sigo XXI esta área representa 49 por ciento del área sembrada con forrajes en México. Estos cambios parecen estar relacionados con otros citados en la descripción de regiones: el maíz, el cultivo más importante para la alimentación humana en México, está siendo desplazado de norte a sur y la producción animal está desplazando otros tipos de agricultura en muchas regiones. Aunque en la primer mitad de la década de 1990 algunas instituciones como FIRA (Torres, 1991) e investigadores (por ejemplo, Muñoz et al., 1995) tenían grandes expectativas en el potencial de la producción animal en el trópico de México, la producción animal ha estado creciendo a tasas mucho más altas en el norte y centro de México bajo condiciones templadas y semiáridas. La producción láctea ha sido mucho más dinámica que la producción de carne vacuna, lo cual es la causa de las altas tasas de crecimiento de la producción animal en el norte y centro de México donde la producción vacuna tiene un fuerte énfasis en lechería comparada con el predominantemente tropical sur de México. El crecimiento de la lechería en el norte y centro de México ha estado estrechamente relacionado con el incremento en el área sembrada con forrajes anuales y pasturas irrigadas (Figura 13). Una ecuación de regresión de la producción láctea sobre el área sembrada con forrajes anuales y pasturas irrigadas para el período 1990-2002 (R2 = 0,88; p<5,6%) muestra que la producción láctea en el norte y centro de México aumentó en 2 488 litros por cada hectárea de aumento en el área sembrada. Forrajes
sembrados en el norte y centro de México bajo condiciones templadas y áridas
o semi-áridas con riego
Dentro de los forrajes regados, la alfalfa (Medicago sativa) ha sido el cultivo más importante y su área aumentó a una tasa de 4 800 ha por año (1,8 por ciento por año). En términos relativos, las áreas sembradas con sorgo forrajero (Sorghum sudanense y S. sudanense x S. bicolor), maíz forrajero y pasturas permanentes crecieron a tasas más altas (8,5; 7,7 y 6,0 por ciento por año, respectivamente) que el área sembrada con alfalfa, mientras que el área sembrada con raigrás anual (Lolium multiflorum) decreció 6,5 por ciento por año. Los forrajes irrigados en climas templados y secos están estrechamente ligados a la lechería. Algunas áreas como el estado de Hidalgo exportan forraje a áreas lecheras y su rotación de cultivos no está claramente definida (incluyendo maíz para consumo humano en algunos casos). En regiones lecheras como La Laguna y en los estados de Coahuila y Durango, la rotación de cultivos está claramente definida con cultivos forrajeros exclusivamente: alfalfa como el cultivo de largo plazo, avena (Avena sativa) y raigrás anual en invierno, y sorgo forrajero y maíz en verano. Los resultados de un estudio (Chew y Santamaría, 2000) sugieren que los cultivos de alfalfa en La Laguna persisten durante tres años. Por lo tanto, las proporciones descriptas en el Cuadro 14 se corresponden con una rotación de cultivos predominante de tres años de alfalfa seguidos por dos años de cultivos anuales.
Las siguientes descripciones sobre la serie de rendimientos y composición de estos forrajes en las condiciones de México están basadas en un estudio de los resúmenes informados en las actas de las reuniones anuales de investigación en producción animal (Reunión Nacional de Investigación Pecuaria) entre 1996 y 2003; los datos estadísticos sobre área sembrada están basados en SIAP (2004). Maíz forrajero
Los cultivares de maíz están clasificados en precoces (107 ± 8 días desde la siembra a la cosecha en Aguascalientes, 1 920 m de altitud), intermedios (134 ± 10 días entre siembra y cosecha) y tardíos (unos 150 días). Debido a la disminución en la temperatura media, el largo de la estación de crecimiento aumenta 3,2 ± 0,8 días por cada 100 m de aumento en latitud. Las altitudes más altas están también relacionadas a rendimientos más altos y mejor composición nutritiva. El maíz forrajero se siembra normalmente entre mediados de abril y mediados de mayo usando unas 80 000 plantas/ha (en promedio 80 294 ± 57 plantas/ha, n=18) y con moderados niveles de fertilización (187 ± 5 kg N, 85 ± 4 kg P2O5/ha y sin K). El margen de rendimientos experimentales del maíz forrajero es amplio (Cuadro 8), con una media general de 19 toneladas de MS ha-1, y rendimientos de materia verde de 61 toneladas ha-1 oscilando entre 43 y 76 toneladas ha-1, lo cual es 30 por ciento superior a los rendimientos estimados por SIAP (2004) para cultivos comerciales. Esto significa que el uso de híbridos intermedios y tardíos, densidades de siembra de 80 000 plantas ha-1 y la cosecha cuando el contenido de MS supera 30 por ciento (características comunes de los experimentos que informan sobre altos rendimientos) deberían permitir substanciales incrementos de rendimiento. Los esperados rendimientos superiores en 4 toneladas de MS con cultivares intermedios sobre los cultivares precoces surgen del ciclo de crecimiento más largo, desde que las tasas de crecimiento promedio de ambos tipos de cultivares parecen ser lo mismo, oscilando entre 166 y 194 kg ha-1 día-1. Los cultivares en evaluación se están haciendo más cortos, mientras que en 1996 V-107, una variedad alta (3,78 m) de alto rendimiento, aún se seguía usando; la altura promedio en años posteriores era de 2,38 ± 0,31 m.
Bajo condiciones experimentales, el momento de cosecha ha sido definido como el estado de madurez (entre dentado temprano y 2/3 línea de leche), con un contenido de materia seca (MS) oscilando entre 28,6 y 38,4 (en promedio 33,2 ± 1,8; n=14; lo cual corresponde a ½ línea de leche). No se han detectado diferencias consistentes en composición nutritiva entre tipos de cultivares pero el contenido de fibra disminuyó y consecuentemente aumentó la digestibilidad y el contenido energético con la madurez a la cosecha. La proteína cruda promedio, la fibra y los contenidos energéticos del maíz forrajero experimental resumidos en el Cuadro 8 son similares a los contenidos informados por NRC (1989) para maíz silero bien espigado. En el centro de México los hacendados cosechan el maíz silero en el estado lechoso tardío, con contenidos de MS ligeramente por encima de 22 por ciento con efectos negativos sobre el valor nutritivo del silo: menos de 25 por ciento de MS y 60 y 46 por ciento de FDN y FDA respectivamente (Améndola, 2002), lo cual corresponde según informes de NRC (1989) a silo hecho de maíz con pocas mazorcas. La composición nutritiva del maíz silero en fincas comerciales puede entonces ser mejorada cosechando en estados de madurez más tardíos. Estimaciones del potencial de producción de leche por hectárea, calculadas por medio de programas para ordenadores que tienen en cuenta aspectos como rendimiento y composición simultáneamente, están suministrando una base adecuada para la selección de cultivares y prácticas agronómicas. Alfalfa La mayoría de la alfalfa es usada para corte y acarreo o para heno, la proporción de alfalfa manejada como heno ha permanecido en 26 por ciento, siendo importante en los dos estados norteños de Chihuahua y Sonora. El contenido promedio de MS del forraje de alfalfa en experimentos es de 21,9 ± 0,6 por ciento, mientras que Guerrero y Winans (1997) informaron de 83 por ciento de MS en heno de alfalfa. Estimaciones de SIAP (2004) para el período 1990-2002 promedian rendimientos de alfalfa de 72 y 14 toneladas ha-1 como forraje fresco y heno respectivamente. Considerando estos contenidos de MS, los rendimientos comerciales de alfalfa serían de 15,8 toneladas ha-1 año-1 con un 28 por ciento de pérdidas en el campo al hacer el heno. La producción de semilla de alfalfa es inadecuada para satisfacer la demanda. Por lo tanto, aunque hay ecotipos locales derivados de alfalfas españolas (por ejemplo, Oaxaca, Atlixco, San Miguelito), la mayoría de la semilla es importada de Estados Unidos de América y España. Debido a los inviernos benignos y a la importancia de la producción forrajera invernal, los cultivares usados no tienen dormancia o tienen semidormancia (la dormancia otoñal clasifica de 8 a 10). Moapa 69 y CUF 101, dos cultivares de Estados Unidos de América algo antiguos, y Valenciana y Aragón, dos ecotipos españoles han sido ampliamente usados en el pasado; actualmente muchos nuevos cultivares están siendo introducidos, mayormente de Estados Unidos de América. En los informes sobre evaluaciones de cultivares, las nuevas introducciones a menudo superan en rendimiento las variedades elegidas como testigos (CUF 101, Moapa 69 y Valenciana en la mayoría de los casos). En una revisión sobre este tópico, Martínez y Meza (2001) concluyen que los ecotipos locales (Atlixco, Oaxaca, San Miguelito) normalmente superan en rendimiento a los nuevos cultivares en el centro de México, mientras que lo opuesto ocurre en el norte de México. La frecuencia de corte de la alfalfa es alta, normalmente se realizan de 9 a 11 cortes por año, lo cual es probablemente la causa de dos características de la alfalfa en México: i) la alta calidad del forraje y ii) la baja persistencia de la población de plantas. En promedio el contenido de PC es 24,1 ± 1,1 por ciento de la MS y la energía neta para la lactancia es 1,59 ± 0,03 Mcal kg-1 MS; estos valores son altos comparados con aquellos de las alfalfas cosechadas menos frecuentemente de Estados Unidos de América (NRC, 1989). La proteína cruda y los contenidos de energía son más altos durante el otoño y el invierno y más bajos durante el verano y la primavera. Los cultivos de alfalfa duran normalmente tres años; debido a las condiciones climáticas la persistencia está claramente ligada con los niveles de resistencia a enfermedades. Chew y Santamaría (2000) estudiaron la incidencia de la podredumbre de la corona (Fusarium sp., Rhizoctonia solani, Colletotrichum sp., y Phoma medicaginis). Los autores informan que las incidencias fueron de 62,0; 87,1 y 98,4 por ciento en cultivos de 1º, 2º y 3º año y que las correspondientes reducciones en rendimiento fueron 11,6; 28,0 y 33,3 por ciento. Esta estimación de las reducciones de rendimiento se corresponde con el resumen de resultados informados en las actas de las reuniones anuales de investigación en producción animal, descriptos en la Figura 15.
La distribución estacional de los rendimientos es un factor capital en el manejo de los sistemas lecheros donde se usa la alfalfa; según los informes, 60 por ciento del crecimiento tiene lugar en primavera y verano y 40 por ciento durante otoño e invierno. Teniendo en cuenta la persistencia de tres años, un tercio de los cultivos deberían estar en la fase de establecimiento sin producción utilizable durante su primer invierno; por lo tanto, en términos del sistema, la disponibilidad de forraje fresco de alfalfa en los meses de invierno es unas 2,6 veces más baja que durante el verano. Coincidiendo con los resultados de diferencias estacionales en tasas de crecimiento, los resultados promedio de los experimentos sobre el efecto de la frecuencia de cosecha en el rendimiento indican que las mejores frecuencias son 30, 40, 50 y 35 días en verano, otoño, invierno y primavera, respectivamente. Los niveles de agua subterránea usada para riego están decreciendo a tasas mayores de un metro por año en la mayoría de las regiones, por lo tanto la eficiencia del uso del agua para riego es un aspecto de profunda preocupación y la alfalfa es considerada normalmente como un cultivo ineficiente. En ensayos, el agua aplicada como riego fluctuó entre unos 1 400 mm año-1 (con riego por goteo) y unos 2 300 mm año-1 (riego por inundación). La cantidad promedio aplicada fue de 1 840 ± 189 mm año-1, lo cual alcanza a unos 5 mm por día en regiones donde no se usa riego durante la estación lluviosa. La eficiencia promedio en el uso del agua aplicada para riego fue 1,65 ± 0,25 kg MS m-3 (n=7), oscilando entre valores muy bajos con riego por inundación (0,6 kg MS m-3) y valores muy altos con riego por goteo (2,5 kg MS m-3); el aumento en la eficiencia con el riego por goteo se debe entre 32 y 51 por ciento a menor uso de agua y entre 16 y 23 por ciento a mayores rendimientos (Godoy et al., 2003). La calidad del agua para riego (en algunas regiones se usan aguas fecales) que afecta los niveles de salinidad de los suelos y la calidad del forraje, han sido materia de investigación en años pasados (Robledo et al., 1998; Serrano et al., 2002). Los rendimientos en los experimentos están resumidos en el Cuadro 9. Aparentemente, usando variedades, técnicas de riego y frecuencias de cosecha adecuadas, hay espacio para reducir la brecha de 58 por ciento entre el rendimiento comercial promedio y el rendimiento experimental promedio.
Granos finos y raigrás anual La avena es el cultivo forrajero más importante de este grupo. En la segunda mitad de la década de 1990 el área sembrada con avena forrajera aumentó marcadamente, 44 000 ha por año en condiciones de secano y 3 700 ha bajo riego. Una proporción alta es manejada como heno (83 por ciento de la avena de secano y 60 por ciento de la avena irrigada). La avena regada es importante en las regiones lecheras del norte y centro de México, mientras que 76 por ciento de la avena de secano es sembrada en tres estados del norte (Chihuahua, Zacatecas y Durango). La mayor parte de la investigación en avena ha involucrado comparaciones con otros forrajes de este grupo; un resumen de los resultados se presenta en el Cuadro 10. Las anuales invernales con riego se siembran entre fines de septiembre y mediados de diciembre, más comúnmente alrededor del 15 de octubre. El largo del ciclo de crecimiento depende de la forma de utilización en términos del número de cosechas, el cual varía entre una sola cosecha en el estado reproductivo o cosechas múltiples en el estado vegetativo (por lo menos en las primeras cosechas). Cuando se realizan cosechas múltiples, la estación de crecimiento usualmente dura 200 días hasta fines de abril cuando, de acuerdo con la rotación usual de cultivos, el maíz tiene que ser sembrado. Bajo este tipo de uso, los rendimientos de la mezcla de avena y raigrás anual son más altos y más estables, aprovechando la precocidad de la avena y la persistencia del raigrás anual. La primer cosecha se realiza alrededor de 70 días después de la siembra y subsecuentemente se realizan tres o cuatro cosechas a intervalos de 35 a 40 días. Cuando se realiza una sola cosecha, el retraso de la cosecha desde un estado reproductivo temprano a un estado lechoso tardío ha mejorado los rendimientos en 130 ± 17 por ciento; rendimientos inferiores de diferentes especies en el Cuadro 10 corresponden en muchos casos a una sola cosecha realizada en un estado relativamente temprano. Dentro de este grupo, el raigrás anual tiene ciertas particularidades debido a que no es cultivado en condiciones de secano; además de ser utilizado como forraje para corte y acarreo también es pastoreado por vaquillonas y novillos en crecimiento y en algunas regiones es sembrado en cobertura en otoño sobre pasturas de pasto Bermuda (Cynodon dactylon) preexistentes. Los rendimientos de cebada (Hordeum vulgare) son normalmente inferiores a los de avena, pero tiene la ventaja de ser unos 10 días más precoz; se están evaluando nuevos cultivares pelones. El área sembrada con trigo (Triticum aestivum), centeno (Secale cereale) y triticale (xTriticosecale rimpaui) ha sido muy pequeña (unas 3 000 ha). Los datos del Cuadro 10 no reflejan claramente el hecho de que cuando se comparan dentro de experimentos individuales, el triticale normalmente supera a la avena. Hay pocos datos sobre rendimientos de centeno y trigo pero cuando se comparan en el mismo experimento ambas especies normalmente superan a la avena. Los datos sobre condiciones de secano son aún muy escasos, particularmente teniendo en cuenta que las condiciones locales pueden jugar un papel muy importante y que los problemas difieren de los cultivos de invierno con riego; por ejemplo, en condiciones estivales de secano, la resistencia a enfermedades se torna un atributo importante (Slamerón, 2002).
La composición nutritiva del forraje de estos cultivos es buena con 16,5 ± 1,5 por ciento de PC (n=13) y 1,52 ± 0,05 Mcal ENL kg-1 MS (n=7), suponiendo que sean cosechados antes del estado lechoso tardío cuando el contenido de PC puede ser más bajo que 8 por ciento (Figura 16). La inclusión de raigrás en las mezclas en las mezclas con granos finos mejor la composición nutritiva del forraje (Améndola, 2002).
Sorgo forrajero A pesar del incremento del área, los informes sobre evaluación de sorgo forrajero son aún escasos. El sorgo forrajero es importante en las regiones lecheras del norte árido por: i) con una eficiencia ligeramente menor a 3 kg MS m-3 de agua, es un 30 por ciento más eficiente que el maíz y ii) es capaz de distribuir la producción de forraje en el verano más homogéneamente que el maíz. Sin embargo, el valor nutritivo del sorgo es menor que el de otros forrajes cultivados en aquellas regiones lecheras (Núñez et al., 1997). En el norte de México bajo riego, el sorgo forrajero se siembra entre fines de marzo y mediados de abril, la primer cosecha se realiza luego de 55 a 60 días y las cosechas subsecuentes se realizan cada 30 a 40 días cuando los cultivos alcanzan el estado de embuche; consecuentemente unas cuatro cosechas se realizan hasta comienzos de octubre (Núñez y Cantú, 2000). De los experimentos informados parece que bajo tales condiciones la media de rendimiento lograda alcanza 16,6 ± 0,6 t MS ha-1 (n=20), y los contenidos de PC y FDA promedian 9,9 ± 1,2 por ciento (n=6) y 43,8 ± 1,3 por ciento (n=4), respectivamente. Leguminosas anuales
Pasturas de largo plazo bajo riego
La investigación (casi exclusivamente bajo riego) se ha focalizado sobre cultivos puros o mezclas de alfalfa, pasto ovillo (Dactylis glomerata), raigrás perenne (Lolium perenne), festuca (Festuca arundinacea) y trébol blanco (Trifolium repens). La mayoría de las evaluaciones se han llevado a cabo sobre pasturas de primer y segundo año y excepcionalmente sobre las del tercero; Améndola (2002) informa que debido a la baja capacidad de carga (Figura 17), el costo de los días de pastoreo es más alto en pasturas mantenidas por un cuarto año que sobre pasturas mantenidas hasta el tercer año. La falta de persistencia es particularmente severa en pasturas de alfalfa y raigrás. Las mezclas de alfalfa y gramíneas normalmente supera a los cultivos puros de gramíneas y a las mezclas de trébol blanco con gramíneas (Cuadro 11). Dentro de las gramíneas hay una tendencia a rendimientos más altos con festuca que con raigrás perenne y pasto ovillo. Las gramíneas normalmente predominan en las mezclas con trébol blanco, pero la leguminosa predomina en las mezclas con alfalfa; como consecuencia, el meteorismo es un problema cuando se pastorean tales pasturas.
La distribución estacional desigual de la producción herbácea es un problema común (Sosa et al., 1998; Velasco et al., 2001; Villegas et al., 2004). Una alta proporción de la acumulación herbácea tiene lugar durante la primavera y el verano (66,2 ± 1,9 por ciento, n=96). La producción herbácea invernal es más baja en mezclas con pasto ovillo que en mezclas con raigrás perenne y en mezclas con alfalfa que en mezclas con trébol blanco; es particularmente baja con Kikuyu (Pennisetum clandestinum). La digestibilidad del forraje promedia 72,4 ± 1,9 por ciento (n=7) y el contenido de PC promedia 18,8 ± 1,4 por ciento (n=9), con los valores más altos durante el invierno y los más bajos en verano. La digestibilidad del forraje de mezclas que contienen raigrás perenne es normalmente más alta que la de mezclas que contienen pasto ovillo, mientras que el forraje de mezclas con trébol blanco muestra una digestibilidad más alta que la de aquellas con alfalfa. Son escasos los informes sobre desempeño de vacunos en pastoreo sin suplementación alimentaria; las ganancias diarias de peso oscilan entre 0,85 kg cabeza-1 sobre pasturas de gramíneas y 1,20 kg sobre mezclas de gramínea-leguminosa; la producción diaria de leche por vaca oscila entre 17 kg vaca-1 sobre pasturas de gramínea y 19,6 kg sobre mezclas de gramínea-leguminosa. Pasturas de largo plazo de secano en clima templado
Pasturas sembradas en los trópicos La producción de materia seca de las pasturas es muy estacional. El forraje crece muy rápidamente durante la estación lluviosa (junio a noviembre) y muy poco durante la estación invernal, seca (diciembre a mayo). Setenta por ciento de los hacendados con SDP consideran a la producción estacional de forraje como la principal limitante del rendimiento animal. Sin embargo, los hacendados no toman medidas para superar la escasez de alimento de la estación seca, con forrajes conservados o suplementos concentrados. La mitad de los hacendados nunca suplementa su ganado; 40 por ciento suplementa el ganado solo en la estación seca. Solo 4 a 5 por ciento usa suplementos durante todo al año. Las divisiones internas de las pasturas son escasas: cuatro potreros en promedio. Sin embargo, la división de las pasturas aumenta cuando aumenta el número de vacunos. Solo el 10 por ciento de los hacendados SDP fertilizan sus pasturas. De aquellos que fertilizan, el 90 por ciento aplica fertilizante solo a algunas pasturas o divisiones. Tres por ciento fertiliza todas sus pasturas. El control de malezas es la práctica de manejo de pasturas más comúnmente usada por los hacendados con SDP: 70 por ciento lo hacen. La tecnología de pasturas puede proveer las leguminosas que, además de mejorar la dieta del ganado, también mejoran la fertilidad del suelo a través de la fijación biológica de nitrógeno (FBN) (‘t Mannetje, 2000). El amamantamiento del ternero y el bajo nivel nutricional del rebaño tienen un pronunciado efecto negativo sobre la eficiencia reproductiva, conduciendo a bajas tasas aparentes de parición (50-60 por ciento) y reducidos porcentajes de vacas en ordeñe (50-60 por ciento). Hasta 65 por ciento de los partos ocurren entre marzo y junio, lo cual resulta en modelos de producción de leche y terneros altamente estacionales. Estos hechos explican porqué la cría vacuna tropical tiene una baja eficiencia económica. Bajo el tipo de alimentación descripta, la producción diaria de leche por vaca en ordeñe varía desde 2,9 a 4,3 litros y la lactancia varía desde 187 a 237 días. La edad al destete de los terneros es apenas más de ocho meses y los pesos al destete están entre 120 y 150 kg. Considerando las bajas dotaciones, entre 0,5 y 1 vaca/ha, y el reducido número de vacas en ordeñe, la producción anual de leche raramente excede los 500 litros. Menocal et al.(1992 a, b, c) recogieron datos de diferentes estaciones experimentales los cuales muestran el potencial que tienen los sistemas de doble propósito «mejorados», para dar un ejemplo, con respecto al tradicional usado por el ganadero promedio (Cuadro 12). El modelo mejorado del sistema de doble propósito es muchas veces superior al sistema actual. Es obvio que las condiciones de producción son diferentes entre los SDP comerciales y los SDP desarrollados en las estaciones experimentales. Sin embargo, esto último tiene la gran virtud de mostrar la producción de leche potencial de los SDP tropicales, y pueden resultar un modelo a seguir por parte de los hacendados con SDP innovadores. Sin embargo, sería pretencioso de parte de los hacendados con SDP tradicionales tratar de alcanzar los niveles de producción de los SDP mejorados en un tiempo corto. Este debería ser un objetivo de mediano a largo plazo, donde la tasa de adopción de prácticas tecnológicas debe estar en concordancia con las posibilidades económicas y educacionales de los hacendados.
Aumentos en la dotación así como en la producción por vaca pueden llevar a considerables aumentos en la producción de leche por hectárea en el sistema mejorado comparado con la práctica tradicional (Cuadro 12). Este aumento puede ser atribuido mayormente a una mejor tecnología de pasturas, tales como nuevas especies de pasturas y fertilización, aunque las vacas en ordeñe sean suplementadas durante el ordeñe a lo largo de su lactancia, porque aun descontando el efecto de la suplementación, la pastura es el principal contribuyente potencial a los aumentos en la producción de leche por animal y por hectárea. A comienzos de la década de 1970, las instituciones de investigación de México condujeron estudios en pasturas para identificar gramíneas de alto rendimiento que usadas en combinación con fertilización N, pudieran producir grandes cantidades de carne y leche. El modelo pastoril desarrollado era simple y consistía en una rotación lenta (3 a 5 potreros), fertilización N de alrededor de 150 kg/ha/año y, en algunos casos, suplementación invernal con melaza y otros subproductos. Se mostró que este modelo era capaz de duplicar la dotación y que podía mantener la producción de leche en unos 6 kg/vaca/día y la ganancia diaria promedio en el orden de los 0,4 a 0,6 kg/vaquillona/día (Fernández et al., 1993b). A pesar de sus altos niveles de producción, los hacendados con SPD no adoptaron este modelo. Algunos ensayos indicaron los beneficios que las leguminosas de pastoreo pueden tener sobre la producción de carne y leche. El pasto Pangola (Digitaria decumbens) solo o asociado con las leguminosas Neonotonia wightii, Centrosema pubescens y Leucaena lecocephala fueron comparados con respecto a ganancia de peso (3,3 vaquillonas/ha) y producción de leche vacuna en una clima cálido sub-húmedo, usando un pastoreo rotativo de tres potreros y 42 días. Las pasturas fueron regadas en la estación seca. Las asociaciones produjeron entre 25 y 38 por ciento más de ganancia de peso y entre 6 a 14 por ciento más de leche, que la gramínea. Neonotonia y Centrosema produjeron más que Leucaena, pero ambas desaparecieron de la pastura al año de comenzado el ensayo (Garza et al., 1978; Portugal et al., 1979). Con una dotación de 4 vacas/ha, Leucaena fue la más persistente y aún estaba en uso luego de varios años del ensayo (Castillo, 1999). Estos ensayos muestran el nivel potencial de la productividad que puede ser alcanzado bajo riego en los trópicos secos, pero esto mismo no está dentro del alcance de los hacendados mejicanos con SDP en las actuales condiciones de bajos insumos. Otros experimentos conducidos en los trópicos secos sin riego indicaron la superioridad de las asociaciones de las gramíneas introducidas con el arbusto Leucaena leucocephala sobre los monocultivos de gramíneas. Por lo tanto esta leguminosa debe ser la elegida para asociarla con gramíneas introducidas en los trópicos secos de México (Castillo, 2000). Tres puntos importantes fueron ignorados cuando fue diseñada la investigación en pasturas de gramíneas: i) los hacendados en los trópicos de México no fertilizan sus pasturas; ii) una vez que las pasturas fueron fertilizadas, el hacendado necesariamente necesita más animales para consumir el forraje extra producido y esto requiere capital, no siempre disponible; y iii) la elección de las especies de leguminosas y gramíneas. Los investigadores mejicanos estuvieron usando especies como el Bermuda Coastcross 1 (Cynodon dactylon x C. Aethiopicus) y el pasto Pangola los cuales muestran un excelente desempeño cuando se riegan y se fertilizan, pero de lo contrario desaparecen rápidamente de la pastura. Al mismo tiempo estas gramíneas inhiben el establecimiento y persistencia de las leguminosas herbáceas. Debido a que el pasto Pangola, el pasto Guinea y el Coastcross 1 son muy susceptibles al ataque del «bicho salivador» (Aeneolamia spp.) los hacendados seleccionaron al pasto Star (Cynodon plectostachyus), una gramínea que no es la más nutritiva, pero resiste al «bicho salivador», es apta para crecer en suelos marginales y capaz de soportar cierto grado de sobrepastoreo. Desde mediados de la década de 1970, los hacendados con SDP se encontraron enfrentando nuevos problemas. Pasto Guinea y pasto Pangola altamente productivos comenzaron a desaparecer. Aunque no existe en México un estudio sobre la causa probable, se considera que la declinación en el contendido de nutrientes de los suelos, como resultado de varias décadas de uso, es la principal razón. Esta hipótesis es apoyada por el alto grado de infestación con malezas así como también el cambio en las especies de la pastura desde aquellas que requieren alta fertilidad del suelo, como pasto Guinea y pasto Pangola, o pasto Star que no la requiere. La persistencia de las pasturas nativas, conocidas localmente como «gramas nativas» o gramíneas nativas también apoya la hipótesis anterior. En general, las pasturas de gramíneas nativas muestran bajos niveles de productividad, lo que significa que los nutrientes son tomados a tasas más lentas que bajo pasturas más productivas de gramíneas introducidas. Adicionalmente, las pasturas de gramíneas nativas contienen cantidades variables de leguminosas nativas, entre 2,5 y 15,4 por ciento, las cuales contribuyen al N del suelo (Bosman et al., 1990), una característica no presente en las pasturas de gramíneas introducidas, donde el manejo está dirigido al monocultivo. Por lo tanto, las pasturas de gramíneas nativas tienden a persistir por períodos más largos de tiempo. Las instituciones de investigación de México se incorporaron alrededor de mediados de la década de 1980 al RIEPT (Red Internacional de Evaluación de Pasturas Tropicales) apoyada por el Programa de Pasturas Tropicales del CIAT y comenzaron a seguir la filosofía de mínimos insumos para la pastura junto con sus métodos de evaluación. Ensayos agronómicos regionales del esquema de evaluación forrajera del CIAT, indican que para los trópicos húmedos de México las leguminosas más prometedoras eran, en orden de rendimiento de materia seca: Centrosema acutifolium CIAT 5568, Pueraria phaseoloides CIAT 9900, Desmodium ovalifolium CIAT 350, y Arachis pintoi CIAT 17434. Sorprendentente, hacia 1994, solamente A. pintoi CIAT 17434, se había mostrado como una leguminosa prometedora para asociarse con gramíneas introducidas lo que coincide con informes de Costa Rica que mostraron su habilidad para persistir bajo pastoreo severo y también para mejorar la productividad animal. En la última década, algunas gramíneas del esquema de evaluación regional del CIAT se han puesto disponibles comercialmente. El pasto llanero (Andropogon gayanus) es la elección para los trópicos secos en suelos de fertilidad baja a media. En los trópicos húmedos, el pasto Chetumal (Brachiaria humidicola) se recomienda para suelos de muy baja fertilidad; mientras que el pasto Insurgente (Brachiaria brizantha) y varios cultivares de Panicum maximum como Tanzania, Mombasa y Tobaitao, son recomendados para suelos de fertilidad media a alta. En los últimos tres a cuatro años, otras gramíneas introducidas han estado disponibles. Una es el primer híbrido entre Brachiaria brizantha y B. ruziziensis, llamado pasto Mulato (CIAT 36601). Muestra una expectativa considerable debido a que, además de ser más productiva que otras Brachiaria spp., tiene un alto grado de palatabilidad, buen nivel de digestibilidad in vitro y resistencia al ataque del «bicho salivador». Sin embargo, no hay un informe de investigación sobre su desempeño en términos de rendimiento de leche y carne vacuna bajo pastoreo. Otra especie es Andropgon gayanus ‘Tun-Tun’ la cual es más corta que el cultivar Llanero pero es 25 por ciento más productiva en términos de producción de leche y carne. Se debe reconocer que la mayoría de esas gramíneas fueron puestas a disposición de los productores sin una evaluación completa en los trópicos de México; la decisión de ponerlas disponibles comercialmente estuvo basada en su desempeño en América del Sur, en Colombia y Brasil principalmente. Pulse aquí para ver fotografías de pasturas mejoradas y cultivos forrajeros Recursos forrajeros en la región árida y
semi-árida de México Al norte de 20º N hay otras 24 000 000 ha con una lluvia anual debajo de 350 mm, donde la vegetación nativa es tan pobre en especies forrajeras y rendimiento que la dotación anual estimada (COTECOCA, 1978) oscila desde 40 a 60 ha/UA (vaca madura seca de 450 kg de peso vivo). Además, muchos estudios han mostrado que la siembra de gramíneas de alto potencial forrajero no es exitosa. Se puede concluir que, bajo las condiciones mejicanas, por debajo de 350 mm de lluvia anual no hay recursos forrajeros confiables como para sostener altas producciones animales de sistemas ganaderos basados en vacunos, ovinos y caprinos. Por otro lado, hay una necesidad urgente de investigación para incrementar las especies animales que han probado ser habitantes exitosos del desierto; un ejemplo es el antílope (Antilocarpa americana) de las sub-especies de Sonora, Mejicana y Peninsular, estas últimas sub-especies que sobreviven en el desierto Vizcaíno con una lluvia media de 50 mm por año, lo cual incluye años sin lluvia. A lo largo de las dos principales cadenas montañosas, Sierra Madre Oriental y Sierra Madre Occidental, sobre las pendientes continentales o interiores, hay unas 12 000 000 ha estimadas de bosque (robles y pinos) y tierras reforestadas (eucaliptus) con potencial para cultivar forrajes (Aguirre et al., 1996). La lluvia anual oscila desde 550 a 900 mm, la altitud va desde 2 300 a 3 000 msnm, las temperaturas medias anuales van desde 11 a 8 ºC, en algunos casos con una o dos heladas ligeras en verano. En la medida en que grupos conservacionistas y profesionales forestales han promovido la aprobación de una legislación que prohibe el pastoreo en estas tierras, sobre la base de que el pastoreo con ganado está dañando los bosques, se ha realizado una limitada investigación en forrajes. Sin embargo, los pequeños propietarios mantienen su ganado en estas tierras una vez que han desmontado los árboles. La tala de árboles se realiza para cultivar maíz en las elevaciones menores y papas en las mayores; una vez que se perdieron la superficie del suelo y la fertilidad natural del suelo, la tierra es abandonada y es introducido el ganado. Si bien la pinocha de los pinos y ciertas hojas de roble pueden ser venenosas para el ganado (por ejemplo, Denogean et al., 1974; Hatch y Pluhar, 1993; Schmutz y Hamilton, 1986; Schmutz et al., 1974; Stubbendieck et al., 1992) es principalmente el pisoteo y el ramoneo de la parte superior de los retoños y el masticado de las cortezas lo que resultará en el principal impacto de los vacunos y ovinos sobre los robles y pinos. Por lo tanto, la planificación de la plantación de árboles y el pastoreo junto con la alimentación animal apropiada serían suficientes para prevenir esos daños. La siguiente descripción de los recursos forrajeros proviene de estudios llevados a cabo en la región árida y semi-árida de México como se definió anteriormente. Primero serán discutidas las plantas nativas seguidas por las gramíneas introducidas. Plantas nativas El pastoreo puede reducir el rendimiento de biomasa de forraje comparado con sin pastoreo debido a que los animales pastorean más intensamente algunas especies que otras permitiendo que las últimas se hagan dominantes. Aguado (1994) encontró que luego de cuatro años de pastoreo moderado (una remoción media de 40 a 60 por ciento de la biomasa área acumulada anual) algunos sitios mostraron de 16 a 80 por ciento menos de rendimiento de forraje que sin pastoreo, mientras que en otros sitios, el área pastoreada mostró hasta 19 por ciento más rendimiento de forraje que sin pastoreo. El efecto negativo o positivo sobre el rendimiento de forraje del pastoreo comparado con sin pastoreo fue explicado por la diferente composición botánica de los sitios. En sitios con una proporción baja de especies vegetales altamente preferidas por el ganado y un porcentaje grande de especies vegetales no comidas por el ganado, el pastoreo disminuyó el rendimiento de forraje porque el ganado removió el tejido vegetal de pocas especies dejando otras escasamente afectadas o sin afectar, lo cual a su vez rindió menos forraje. Mientras que del 80 al 90 por ciento de la biomasa aérea de Bouteloua spp. (gramínea preferida) fue removida por el ganado, las gramíneas menos preferidas como Microchloa kunthii tuvieron un 12 por ciento o menos de su biomasa aérea removida. La mayor defoliación de Bouteloua spp. llevó a que su contribución a la composición botánica disminuyera desde 31 a 7 por ciento y a un abrupto incremento de la contribución promedio de los arbustos a la composición botánica desde menos de 4 hasta tanto como 34 por ciento. En sitios donde la mayoría de las especies vegetales presentes fueron pastoreadas con similar intensidad, el pastoreo promovió un rendimiento de forraje más alto que sin pastoreo. Sequías recurrentes significan que, en tierras comerciales, si el ganado remueve 60 por ciento o más de la acumulación anual de forraje, la biomasa de forraje mostrará una declinación constante con fuertes incrementos de los arbustos en la composición botánica así como del suelo desnudo; esto, a su vez, llevará al sobrepastoreo y a la declinación de la producción animal. Las estrategias de pastoreo deberían incorporar una estimación anual de la dotación adecuada junto con el pastoreo controlado para mantener la remoción de forraje entre 40 y 60 por ciento de la acumulación anual de forraje. Gramíneas nativas Entre las especies de Bouteloua descriptas como buenas forrajeras se encuentran: B.curtipendula (Michx.) Torr, B. chondrosioides (Kunth) Benth. ex S. Watson, B. dactyloides (Nutt.) Columbus, B. eriopoda (Torr.) Torr, B. gracilis (Kunth) Lag. ex Griffiths y B. hirsuta Lag. La investigación se ha concentrado en B. curtipendula y B. gracilis debido a que están ampliamente distribuidas en la región, sumado a que han mostrado más altos rendimientos de forraje y calidad que otras especies de Bouteloua. Bouteloua curtipendula tiene un gran acervo genético con más de 77 accesiones recolectadas desde Canadá a México. Los especialistas mejicanos han obtenido por lo menos tres cultivares sobresalientes, lamentablemente la semilla no está fácilmente disponible debido a que la producción de semilla comercial es escasa. Es ampliamente recomendada para lluvias anuales entre 300 y 500 mm, para ser sembrada en tierras de cultivo abandonadas; la densidad de siembra va desde 2 a 5 kg ha-1, la emergencia de plántulas puede ir de 0 a 50 por ciento y las sobrevivencia de plantas un año después de la siembra es de 10 a 20 por ciento. Desde que el establecimiento mediante la siembra puede ser muy pobre y costoso en semilla, la plantación ha sido estudiada como una alternativa a la siembra; las plantas son cultivadas de semilla en un invernáculo o vivero por 70 a 90 días y luego transplantadas al comienzo de la estación lluviosa. La tasa de éxito usualmente está por encima del 60 por ciento o más alta si se hacen ciertas modificaciones al suelo para captar la lluvia junto con la plantación. Las densidades de plantación evaluadas han sido variables y en la mayoría de los estudios la tasa de sobrevivencia de plantas luego de la plantación ha sido la variable de interés más que la búsqueda de una densidad de población óptima. Bouteloua gracilis tiende a mostrar rendimiento en forraje más bajo pero de mejor calidad que B. curtipendula; sin embargo hay un estudio reciente (Bravo et al., 2004) en el cual con baja humedad disponible en el suelo B. gracilis mostró un mejor desempeño en rendimiento que B. curtipendula. Como era el caso con B. curtipendula los especialistas mejicanos han obtenido mejores cultivares pero la disponibilidad de semilla comercial es escasa y el establecimiento mediante la siembra podría ser muy pobre. Arbustos nativos Entre las Fabaceae se encuentra el género Acacia con más de 15 especies distribuidas todas a través de México, Eysenhardtia con dos especies; E. polystachya (Ortega) Sarg (=E. amorphoides Kunth) y E. orthocarpa (A. Gray) S. Watson y Dalea bicolor Humb. & Bonpl. ex Willd están entre aquellos arbustos con probado potencial forrajero para lluvias entre 400 a 500 mm. Muchos arbustos del género Acacia tienen espinas que los hacen difíciles de manipular en los viveros y esto también reduce la calidad del forraje disponible para el ganado. En las Fabaceae, a similares precipitaciones, hay otros arbustos ampliamente difundidos que son tóxicos para el ganado, entre ellos: Astragalus mollissimus Torr, Lupinus argenteus Pursh, Lupinus montanus Kunth, Oxytropis campestris (L.) DC y Oxytropis deflexa (Pall.) DC. La investigación en arbustos de Chenopodiaceae se ha concentrado en una especie: Atriplex canescens (Pursh) Nutt. Dentro del límite de lluvia anual de 250 a 500 mm (con algunas terrazas para cosechar lluvia), A. canescens ha mostrado la supervivencia más alta luego de la plantación (90 a 100 por ciento), una concentración de proteína cruda en las hojas entre 15 y 23 por ciento con una media de 18 por ciento y un rendimiento anual de forraje de 1,9 a 4 veces mas alto que otros arbustos. Se ha informado que el rendimiento anual de forraje bajo corte ha estado entre 1,9 y 5,4 t MS ha-1 con densidades de plantas oscilando entre 1 250 y 10 000 plantas ha-1; alguna investigación estima que una población óptima debería estar alrededor de 2 500 a 3 500 plantas ha-1. También ha sido señalada cierta tolerancia a suelos salinos. El rendimiento en forraje estuvo determinado por la ramificación y la altura de planta; en la medida en que estos dos atributos se incrementaron también lo hizo el rendimiento de forraje. Es una especie dioica, de modo que en las parcelas para producción de semilla alrededor de 40 a 50 por ciento de la plantas producirían semilla. El rendimiento de semilla por planta oscila desde 300 a 600 g. A. canescens es bien aceptada por los vacunos, ovinos y caprinos; sin embargo, el desempeño en el largo plazo de este arbusto bajo diferentes estrategias de pastoreo y de herbáceas subyacentes no ha sido investigado extensamente. Otros dos arbustos quenopodiáceos que recientemente recibieron la atención de los investigadores son Atriplex acanthocarpa (Torr.) S. Watson (tolerante a suelos salinos y rápidamente comido por el ganado; Sierra y Melgoza, 2004) y Atriplex polycarpa (Torr.) S. Watson que crece en suelos muy secos (superficiales y rocosos) de la península de Baja California. El género Opuntia, de la familia Cactáceae, sub-familia Opuntioideae y tribu Opuntieae incluye muchas especies de tipos arbustivos que han sido usados por productores locales como fuentes de forraje y agua para el ganado. El proceso de la fotosíntesis en estas especies es el metabolismo del ácido crasuláceo (MAC) lo que les permite sobrevivir más tiempo sin suministro de agua que otros arbustos; sin embargo, muchos especialistas cuestionan la relevancia de Opuntia como fuente de forraje, porque ganado maduro alimentándose de arbustos de Opuntia no puede mantener el peso vivo. Estos arbustos tienen bajo contenido de materia seca (8 a 10 por ciento) y proteína cruda (3 a 9 por ciento) y muchos de ellos deben ser chamuscados para eliminarle las espinas de manera que el ganado pueda consumir lo suficiente para sobrevivir. Cierta fauna silvestre usa Opuntia solo como fuente de agua. Los ganaderos locales se refieren a los arbustos de Opuntia como «nopales» o «choyas» y era una práctica común dar estos arbustos silvestres al ganado para ayudarlos a sobrevivir en los años secos. Actualmente más del 60 por ciento de los ganaderos estudiados (Luna y Chávez, 1994) ofrecen Opuntia al ganado año tras año indicando que las gramíneas nativas son constantemente sobre pastoreadas y entonces no son capaces de suministrar la cantidad de forraje requerido independientemente de la cantidad de lluvia recibida. La constante oferta de Opuntia al ganado ha disminuido la densidad de poblaciones silvestres en muchas áreas de la región. Frente a esta tendencia, se han establecido programas estaduales y federales para promover la plantación de Opuntia. La reducción de algunas poblaciones silvestres de arbustos de Opuntia tiene un impacto ecológico y podrían ser consideradas especies en peligro. Algunas especies que han sido usadas como forraje para el ganado son: Opuntia azurea Rose, Opuntia engelmanii Salm-Dyck ex Engelm, Opuntia engelmanii Salm-Dyck ex Engelm. var. cuija Griffiths & Hare, Opuntia engelmanii Salm-Dyck ex Engelm. var. engelmanii, Opuntia engelmanii Salm-Dyck ex Engelm. var. flavispina (L. D.) Benson) B.D. Parfitt & Pinkava, Opuntia engelmanii Salm-Dyck ex Engelm. var. flexospina (Griffiths) B D. Parfitt & Pinkava, Opuntia engelmanii Salm-Dyck ex Engelm. var. lindheimeri (Engelm.) B D. Parfitt & Pinkava, Opuntia engelmanii Salm-Dyck ex Engelm. var. linguiformis (Griffiths) B. D. Parfitt & Pinkava, Opuntia leucotricha DC, Opuntia rastrera F.A. C. Weber, Opuntia ficus-indica (L.) Mill y Opuntia robustia H. L. Wendl. ex Pfeiff. Gramíneas introducidas Cenchrus ciliaris es la gramínea introducida con la mayor área sembrada en la región, estimada entre 1 250 000 a 2 000 000 ha en los últimos siete años. La siembra de pasto «buffel» ha sido agrupada en cuatro áreas principales: noreste (estados de Tamaulipas y Nuevo León), noroeste (estados de Sonora y Sinaloa), centro-sur (estados de Zacatecas y San Luis Potosí) y el trópico seco del sur y sureste (estados de Michoacán, Morelos, Oaxaca y Yucatán, principalmente). El pasto «buffel» fue traído desde Texas en 1954 al estado de Nuevo León, y a partir de allí la expansión del área sembrada con Cenchrus creció rápidamente. La gramínea mostró excelente establecimiento y alto rendimiento en forraje. La dotación anual de los arbustos nativos era de 12 a 27 ha/UA; cuando la tierra fue desmontada y sembrada con pasto «buffel» la dotación anual era de 3 a 8 ha/UA. En el rango de 400 a 550 mm de precipitación anual el pasto «buffel» ha mostrado mejor establecimiento y rendimientos de forraje más altos que la mayoría de las gramíneas nativas. Las bajas temperaturas invernales han sido la principal restricción de la expansión del pasto «buffel» en las regiones áridas a semiáridas dada la extensa mortalidad invernal que ocurre en áreas con promedios mensuales de temperaturas mínimas absolutas de 5 ºC o menos. Algunos cultivares comerciales como Frío, Llano y Nueces manifiestan mejor tolerancia a bajas temperaturas y cultivares más tropicales como Molopo, Viólela y Gayndah pueden mostrar baja persistencia en la mayor parte de la región árida a semiárida debido a que son altamente susceptibles a bajas temperaturas. En los últimos 10 años otra restricción a la expansión del área sembrada con pasto «buffel» y una amenaza a su persistencia en áreas ya sembradas ha venido aumentando; es el «bicho salivador» (Aeneolamia albofasciata Lall.) el cual había sido considerado un problema solamente en los trópicos. En 2000, el Ministerio de Agricultura informó que alrededor de 50 000 ha en el estado de Sonora fueron afectadas por esta peste; en esa área la lluvia anual es de alrededor de 400 mm y las heladas son comunes en invierno. El excelente desempeño del pasto «buffel» bajo condiciones de secano ha llevado a su evaluación bajo riego; el rendimiento de forraje puede ser incrementado hasta cinco veces comparado con condiciones de secano; sin embargo, el rendimiento nutritivo anual (proteína y materia seca digestible) ha-1 de pasto «buffel» no ha sido tan alto como el informado en algunos estudios con alfalfa (Medicago sativa) (Ibarra et al., 2004; Palomo et al., 2004). Eragrotis curvula ha sido sembrado en dos áreas dentro de la región, una es en el centro-norte (estado de Chihuahua) y la otra es en el suroeste (estados de Jalisco, Zacatecas y Aguascalientes). Esta gramínea es una alternativa al pasto «buffel» en áreas con bajas temperaturas invernales. Las densidades de siembra son de 1 a 2 kg/ha-1. Sin embargo, la tasa de reducción en la calidad del forraje a medida que la planta alcanza la madurez y la fuerte acumulación de material muerto que limita el rebrote en la estación siguiente, han sido señaladas como las dos principales preocupaciones en el manejo de pasturas de Eragrotis curvula (Chavez et al., 1996). Panicum coloratum ha sido propuesto como una gramínea introducida para ser sembrada en tierras de cultivo abandonadas en el rango de lluvia anual de 450 a 550 mm. Es de alto rendimiento en forraje, pero de establecimiento lento por lo que los productores locales no usan extensivamente esta especie. A partir de ciertos datos no publicados, parece interesante evaluar la anual Eragrostis tef (Zuccagni) Trotter como una fuente de heno de alta calidad. La principal amenaza a la producción animal en la región árida y semi-árida de México es la pérdida de la cobertura herbácea, el incremento del suelo desnudo, la invasión de arbustos y la pérdida de suelo superficial. Las gramíneas nativas con alto potencial forrajero son preferidas por el ganado lo cual conduce al sobre uso si el pastoreo no es controlado; la siembra está limitada debido a que la disponibilidad de semilla y el éxito del establecimiento son pobres. El arbusto nativo con el mayor volumen de investigación es Atriplex canescens. Cenchrus ciliaris es la gramínea introducida más ampliamente difundida en la región; su uso ha incrementado la capacidad de carga de la tierra, pero la mortalidad invernal y las pestes de insectos restringen su expansión y presistencia. Residuos de
cultivos
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Contactos: Ricardo Améndola Epigmenio Castillo Pedro Arturo [Este perfil fue completado por los autores en enero/febrero de 2005 y fue editado por J.M. Suttie y S.G. Reynolds en febrero de 2005]. [Este perfil fue traducido por Cadmo Rosell y Francisco A. Mandl en abril de 2005]. |