| México
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México, cuyo nombre oficial es Estados Unidos Mexicanos se encuentra en la parte sur de América del Norte, entre 14º 32’ y 32º 43’ Norte y 86º 42’ y 118º 27’ Oeste. Limita con los Estados Unidos de América al norte, con el golfo de México y el mar Caribe al este, con Belice y Guatemala al sureste y con el océano Pacífico al sur y oeste (Figura 1). La superficie total es de 1 964 375 km2 de los cuales 1 959 248 km2 es continental. México es una república federal con 31 estados y un distrito federal (Ciudad de México).
De acuerdo con el censo de 2000, la población de México era de 97 483 412 habitantes; la tasa de crecimiento demográfico decreció desde 3,4 por ciento en la década de 1960 a 1,8 por ciento en la de 1990 y la proporción de la población rural que era de 49,3 por ciento en 1960 cayó a 25,4 por ciento en 2000 (INEGI, 2003). Debido a la disminución en las tasas de nacimiento y fallecimiento, la proporción de gente joven (edad <15) cayó de 44 por ciento en 1960 a 33 por ciento en 2000. La densidad de población es muy alta en Ciudad de México y en el estado de México (911 habitantes/km2), en otros estados del centro de México es de 153 por km2, en el centro oeste de México alcanza a 80 por km2, es más baja en el sur de México (49 por km2) y la más baja es en el norte de México (20 por km2). La migración a los Estados Unidos de América afecta la dinámica poblacional; entre 1990 y 2000 emigró un promedio anual de 300 000 mejicanos, de los cuales cerca de un 75 por ciento eran hombres y dos tercios eran del centro de México (INEGI, 2003). Un 80 por ciento de la población es mestiza, 10 por ciento es de extracción europea -predominantemente española- y 10 por ciento es nativa perteneciente al gran número de grupos étnicos. Población indígena, colonización, independencia y organización nacional El territorio de México corresponde esencialmente a la región cultural y geográfica de Mesoamérica. En su período más próspero, las fronteras de Mesoamérica eran la península de Nicoya en América Central y el río Sinaloa en América del Norte. Culturas altamente desarrolladas florecieron en Mesoamérica, tales como los Mayas en el sudeste, los Mixtecos y Zapotecos en el sur, los Olmecas y Totonacos en el golfo de México y los Teotihuacanos, Toltecas y Mexicas en la meseta central. Estas culturas compartían varias características comunes: agricultura como base de sus economías; maíz, frijoles, zapallo, chile y tomate como alimentos básicos; religiones politeístas; sacrificios humanos para honrar a sus dioses; el juego de pelota como una ceremonia religiosa; la construcción de pirámides; escritura ideográfica y sistema numérico vigesimal. Los Mexicas (de extracción Nahua) crecieron mediante el trabajo duro, guerras y alianzas y hacia 1440 habían construido un gran imperio, regido por un gobierno teocrático-militar, cuyo centro era Tenochtitlan (Ciudad de México). El imperio Mexica (Azteca) creció y alcanzó el control de Mesoamérica. Las naciones conquistadas eran autónomas en sus relaciones políticas y prácticas religiosas, pero sometidas al estado de Mexica por medio de tributos. En 1519 los españoles iniciaron la conquista de México y en 1521 el Gran Tenochtitlan cayó en manos de los conquistadores y sus aliados nativos. Comenzó la colonización, dando origen al Virreinato de la Nueva España que duró tres siglos. Los españoles impusieron su religión, valores e ideas sobre las naciones conquistadas; sin embargo la cultura nativa y las raíces religiosas duraron por medio del sincretismo. La economía estaba basada en la explotación de la población nativa; se ha estimado que en menos de un siglo de control español, un tercio de la población nativa había perecido, víctima del maltrato y de las enfermedades-como la viruela- traídas por los europeos. Los españoles peninsulares y los «criollos» -de extracción española pero nacidos en México- eran la clase dominante; los nativos, los mestizos, las castas (mezclas de todos los grupos raciales) y los esclavos eran las clases subordinadas. El Virreinato de la Nueva España era el virreinato más importante del imperio español. Sus recursos naturales –como la plata- y los altos impuestos que la corona española imponía a la población, fluían a la metrópolis. Combinado con esto, la ausencia de libertades y el control político ejercido por los españoles peninsulares, generaron profundos resentimientos entre la población de la colonia. Siguiendo los principios libertarios de la Revolución Francesa, la lucha por la independencia comenzó en 1810. Luego de ganar la independencia en 1821, comenzó un largo periodo de guerras civiles entre los seguidores de dos diferentes ideas de nación: la monarquía conservadora y la república federal liberal. En este contexto de guerras internas y extrema debilidad, México fue víctima de tres intervenciones extranjeras, una de las cuales –la intervención estadounidense entre 1846 y 1848- condujo a la pérdida de casi la mitad de su territorio. Entre 1857 y 1867 los choques entre liberales y conservadores fueron muy intensos. Los conservadores solicitaron el apoyo del emperador francés Napoleón III el cual impulsó el establecimiento del imperio de Maximiliano de Habsburgo en México. La defensa de la soberanía nacional fue encabezada por el presidente liberal Benito Juárez. El triunfo de los liberales permitió reformas sociales y económicas: la separación entre la iglesia y el estado, la nacionalización de todas las propiedades de la iglesia y la libertad de culto. Sin embargo, los liberales no alcanzaron su objetivo (siguiendo el modelo de los hacendados norteamericanos) de liquidación de las grandes haciendas improductivas y de promoción de las pequeñas propiedades. Llegado al poder en 1876, Porfirio Díaz estableció una dictadura que duró hasta 1911. Su política estuvo basada en la modernización de todo el país a través de la construcción de carreteras, la promoción de la minería, el fomento de la producción de bienes agropecuarios de exportación, el brindar sostén a las plantaciones de henequén (Agave fourcroyoides) y caucho, el apoyo a la extracción de maderas preciosas, el respaldo al comercio y los bancos y el patrocinio de la inversión de capital extranjero. Su política agropecuaria estuvo dirigida al incremento de las grandes haciendas a expensas de las tierras comunales y de las pequeñas propiedades. Estas haciendas apuntaban a satisfacer la demanda de i) el mercado interno y ii) los productos de exportación. Los principales beneficiarios del proyecto de Díaz fueron la oligarquía agropecuaria, la elite militar, las compañías extranjeras y la jerarquía eclesiástica. La inequidad social, la pérdida de tierras y la explotación de campesinos y trabajadores, causaron constantes rebeliones y luchas sociales, las cuales fueron reprimidas por el dictador. Estas condiciones favorecieron el inicio de la revolución, la cual comenzó en 1910 luego del fraude electoral contra el candidato de la oposición Francisco I. Madero. Las reformas sociales y políticas buscadas por los revolucionarios fueron expresadas en la constitución de 1917, estableciendo el principio de soberanía nacional sobre todos los recursos naturales, la reforma agraria, los derechos laborales y la educación libre, obligatoria y laica. Este proyecto de desarrollo capitalista nacional fue llevado a cabo durante el gobierno de Cárdenas (1934-1940) con medidas tales como reforma agraria, expropiación de las compañías petroleras, leyes que garantizaban los derechos laborales y la ampliación del sistema educativo. Para alcanzar estas reformas, Cárdenas movilizó a los trabajadores y campesinos. Transformó el Estado en la fuerza conductora del crecimiento económico y estructuró el mercado interno. Cárdenas consolidó el sistema político mexicano basado en el presidente y en el partido de Estado; este fue el origen del PRI, el partido que gobernó México hasta el fin del siglo XX. Basado en la sustitución de importaciones, el desarrollo industrial de México comenzó durante la segunda guerra mundial; entre 1940 y 1960 la producción industrial creció a tasas anuales de 7 a 8 por ciento. Este crecimiento fue estimulado por políticas proteccionistas, subsidios e incremento de la inversión extranjera. En el sector agropecuario el gobierno favoreció la agricultura comercial (grandes hacendados) y soslayó a los campesinos. El apoyo del Estado a la agricultura capitalista se dio a través de la expansión del crédito y las inversiones estatales, la intervención gubernamental en la comercialización y –junto a agencias internacionales como la Fundación Rockefeller- la promoción de la investigación agronómica conocida como «Revolución Verde». La «Revolución Verde» generó paquetes tecnológicos que incluían el uso de variedades mejoradas, fertilizantes, insecticidas, herbicidas, maquinaria agrícola y riego. El modelo de desarrollo económico se puso menos en boga en la década de 1970: entre 1971 y 1975, el déficit de la balanza comercial y la deuda externa se incrementaron en 400 y 275 por ciento, respectivamente; la inflación, las devaluaciones y la dependencia de los ingresos de las exportaciones de petróleo fueron los signos más importantes de la crisis. El modelo neoliberal impuesto desde 1923 y el desigual Acuerdo Norteamericano de Libre Comercio (NAFTA, por sus siglas en inglés) con Canadá y Estados Unidos de América causó una fuerte polarización de los ingresos y afectó el desarrollo del sector agropecuario. Las soluciones a los conflictos sociales generados por esta situación, y las demandas de derechos por parte de la población nativa surgidas recientemente, son buscadas dentro del marco del desarrollo democrático alcanzado en los últimos años. Ambiente y producción agropecuaria Las mesetas del norte y del sur son las principales características de la fisiografía de México. Hacia el este y el oeste, dos cadenas montañosas, la Sierra Madre Oriental y la Sierra Madre Occidental, dejan planicies relativamente angostas a lo largo de las costas del golfo de México y del océano Pacífico. Esta fisiografía conduce a una variedad de climas, en los cuales la altitud ejerce un efecto dominante sobre la temperatura y la Sierra Madre Oriental impide la circulación de aire húmedo desde el golfo de México hacia el norte y centro de México. Por lo tanto, condiciones secas a muy secas prevalecen en la mayor parte del país: árido y semi-árido mayormente en el norte (47,7 por ciento del territorio), tropical seco mayormente a lo largo de las costas (16,3 por ciento del territorio) y templado sub-húmedo con 7 meses de estación seca prevaleciendo en el centro de México (23,5 por ciento del territorio), clima tropical húmedo compartiendo solo el 12,4 por ciento del territorio localizado al sur de México. En ambas cadenas montañosas se encuentran áreas relativamente pequeñas con clima templado húmedo (Figura 2).
Estas condiciones establecen límites claros al uso de la tierra: solamente 20,6 millones de ha (10,5 por ciento del territorio) están cultivadas de las cuales 25 por ciento están bajo riego (SIAP, 2004). El uso pastoril de la tierra está ampliamente difundido, particularmente en el norte árido y semi-árido de México. Jiménez (1989) estima que 50 por ciento del territorio (unos 98 millones de ha) está ocupado por tipos de vegetación adaptados al pastoreo con animales, tales como la pradera natural (pastizal), diferentes tipos de matorrales, selva tropical caduca y selvas de coníferas y robles. El autor cita otras estimaciones de área, las cuales oscilan entre 75 y 130 millones de ha. De acuerdo con Arroyo (1990) unas 74,5 millones de ha (38 por ciento del territorio) están siendo usadas como tierras de pastoreo, de las cuales 76 por ciento están en el norte de México. Luego de la década de 1970, la producción agropecuaria nacional no ha sido capaz de hacer frente a las necesidades de una población en aumento y las importaciones forman una proporción importante de la oferta doméstica (Figura 3). Para productos lácteos el periodo más crítico fue entre 1985 y 1994 y en el caso de los cereales y la carne, luego del comienzo del NAFTA y de la superación de la crisis económica de 1985, la proporción de las importaciones en la oferta doméstica se ha venido incrementando a una tasa de más del 2 por ciento por año. Como consecuencia la balanza comercial negativa alcanzó la cantidad máxima de $EE.UU. 3 721 millones en 2002 (FAOSTAT, 2004). El ingreso nacional bruto (INB) per capita se ha venido incrementando y en 2002 ascendió a $EE.UU. 8 970 (ajustado a valores de $EE.UU. de 1995); sin embargo la proporción de la agricultura, la forestación y la pesca en el INB decrecieron desde 8 por ciento en 1990 a 4 por ciento en 2002 (Presidencia de la República, 2004). En 1982 el sector agropecuario entró en crisis y desde la segunda mitad de la década de 1990 la crisis ha empeorado. Los hacendados mejicanos reciben poco apoyo gubernamental y como la agricultura está además integrada a sistemas de comercio multilateral, los estos productores están siendo crecientemente expuestos a la competencia de sistemas agropecuarios altamente protegidos (subsidiados) de los países desarrollados. Esta competencia desigual está teniendo consecuencias adversas sobre el desarrollo del sector (Améndola, 2002; Gómez y Schwentesius, 2004), la cual se evidencia en el bajo 1,6 por ciento de crecimiento anual (en términos de GNI) para el período 1990-2002 (Presidencia de la República, 2004).
El valor de los principales productos agropecuarios en dos períodos de los últimos 13 años es resumido en el Cuadro 1. A comienzos del siglo XXI la carne, frutas, hortalizas, maíz, leche, aves, cerdo y huevos formaban el 80 por ciento del valor de los productos agropecuarios. Entre los dos periodos considerados, el valor global de los productos agropecuarios decreció un 7 por ciento, pero la evolución en los últimos pocos años ha sido desigual. El valor de los productos de cultivo solamente se incrementó en el caso de las hortalizas y mostró un dramático 32 por ciento de disminución en el caso de los cultivos básicos (cereales, legumbres y oleaginosas). El valor de los productos avícolas se incrementó fuertemente (28 por ciento), los productos lácteos y los huevos mostraron un aumento modesto (7 por ciento) mientras que la suma de los otros productos disminuyó 8 por ciento. Dentro del sector de rumiantes, los productos vacunos comprenden más del 95 por ciento del valor.
El sector de rumiantes de México ha estado tradicionalmente dominado por los vacunos. Para el período 2000-2001, SIAP (2004) informa de 28,5 millones de cabezas de vacunos de las cuales 30, 26 y 44 por ciento están en el norte, centro y sur de México, respectivamente. Las razas europeas (Hereford, Angus y Charollais) son dominantes en el norte de México; en el centro de México son más frecuentes las cruzas del «criollo» (de origen español) con razas europeas y en los climas tropicales, predominan las razas cebuinas y sus cruzas con razas europeas. Para el mismo periodo, SIAP (2004) informa de 2,1 millones de ganado lechero de los cuales 42, 48 y 10 por ciento están en el norte, centro y sur de México, respectivamente. En el norte y centro de México predomina la raza Holstein en fincas lecheras especializadas, y las cruzas de Holstein con «criollo» predominan en las fincas pequeñas. En el tropical sur de México las cruzas de Cebú con Holstein y Brown Swiss son las razas más comunes para la producción lechera. De acuerdo con SIAP (2004) en México hay 8,7 millones de caprinos de los cuales 20, 58 y 22 por ciento están en el norte, centro y sur de México, respectivamente. Los caprinos son mayormente «criollos»; sin embargo, se están introduciendo cruzamientos con Nubian, Alpino y Saanen. Los caprinos para leche están concentrados en el norte de México; dos estados del norte y un estado de centro-oeste (Coahuila, Durango y Guanajuato) concentran el 75 por ciento de la producción. La distribución regional de la producción de carne caprina está menos claramente definida desde que 66 por ciento esta distribuido entre ocho estados del norte, centro y sur de México. Hay 6,1 millones de ovinos de los cuales 16, 60 y 24 por ciento están en el norte, centro y sur de México, respectivamente. Los ovinos son casi exclusivamente para carne, y la producción nacional es insuficiente para satisfacer la alta demanda de la Ciudad de México y los estados circundantes. «Criollo» y Rambouillet predominan en los estados del norte; en el centro de México, Suffolk y Hampshire han sido introducidas intensamente desde la década de 1970, mientras que en condiciones tropicales las razas ovinas para lana (Pelibuey, Black-belly, Kathadin) están siendo crecientemente usadas. La tenencia de la tierra agropecuaria en México es clasificada como privada o perteneciente al «sector social». Dentro del sector social la principal forma de tenencia es el Ejido; esta fue la forma de tenencia de la tierra elegida por la reforma agraria mejicana en la primer mitad del siglo XX; permitía a los individuos practicar la agricultura en parcelas asignadas; el derecho concernía al uso de la tierra y no era equivalente a la propiedad, implicando que las tierras del Ejido no podían ser vendidas. Sin embargo, el artículo vigésimo séptimo de la constitución mejicana fue modificado en 1992 y desde entonces la tierra del Ejido podría (bajo ciertas circunstancias) ser convertida en propiedad privada. La distribución de recursos entre los sectores social y privado ha sido históricamente desigual, siendo el sector social predominantemente caracterizado por falta de recursos (Arroyo, 1990). El tamaño de finca (número de cabezas) de las empresas ganaderas de acuerdo con el censo agropecuario de 1991 (INEGI, 2003) ilustra esta distribución desigual (Figura 4). Un porcentaje muy alto de las unidades de producción pertenecen al sector social en la categoría pequeña y familiar (menos de 20 cabezas); estas unidades poseen solamente una pequeña proporción de las existencias vacunas nacionales. En el otro extremo, las empresas privadas en la categoría grande y comercial (más de 100 cabezas) representan una proporción muy baja de las empresas y poseen una proporción grande de las existencias vacunas nacionales. Los pequeños hacendados confían en la mano de obra familiar no paga, la cual aparentemente reduce sus costos de producción pero tienen varias desventajas. Les falta capital, infraestructura y equipos y su productividad es baja. Su grado de organización e integración es muy bajo lo cual es una gran desventaja debido a que los hacendados organizados e integrados tienen canales regulares de comercialización de sus productos y reciben precios más altos, pagan precios más bajos por los insumos, reciben asesoramiento técnico regular y tienen acceso más fácil al crédito a tasas preferenciales (Améndola, 2002).
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Esta descripción está basada en el documento «Suelos» de Irene Sommers Cervantes y Silke Cram Heydrich, técnica e investigadora, respectivamente, del Instituto de Geografía, Universidad Autónoma de México, el cual aparece en internet en: http://www.union.org.mx/guia/tesorosdelplaneta/Suelos.htm Es muy difícil clasificar los suelos de México debido a su extrema variabilidad; por ello han surgido varios sistemas de clasificación a través de los años. En muchos casos, una clasificación de suelos está adaptada a las expectativas y utilidad que representa para una nación en particular, haciendo difícil establecer equivalencias entre clasificaciones. Sin embargo, la FAO en colaboración con la UNESCO propusieron un sistema lo suficientemente simple como para ser aplicable por cualquier nación, independientemente del grado de profundidad de los estudios a que hayan sido sometidos estos suelos en el pasado. El sistema fue adoptado por México a través del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), y sirvió de base para establecer un inventario de suelos de la República de México (Figura 5 y Cuadro 2). El Instituto de Geografía de la Universidad Nacional Autónoma de México publicó el Atlas Nacional de México (Instituto de Geografía, 1991) el cual actualiza parte de la información original del INEGI, y es usado aquí para establecer los tipos de suelos y el área cubierta por cada unidad de suelo dentro del país y sus regiones climáticas. Desde que el clima es uno de los factores que ejerce más influencia en la formación de suelos, fueron agrupados dentro de 11 regiones climáticas de México, definidas según el Instituto de Geografía. Por lo tanto, el objetivo es presentar un panorama general sobre este punto en un espacio reducido. Por esta razón, estas generalizaciones pueden no ser válidas si se aplican a algún caso en particular. Región I El noroeste ocupa la costa oeste de la península de Baja California, con un clima muy seco y temperaturas que varían desde semi-cálidas a templadas y con un pico de lluvias en invierno. Representa el 2 por ciento del territorio nacional. Los suelos dominantes son: regosoles, 49 por ciento; calcisoles (antes xeroles y yermosoles), 34 por ciento y de menor importancia leptosoles (10 por ciento) y solonchaks (7 por ciento). Los regosoles y calcisoles tienen un uso limitado para la agricultura y los últimos son usados principalmente para pastoreo extensivo. Región II El golfo de California abarca la costa este de la península de Baja California y su parte central, el estado de Sonora (excepto el extremo sur) y el suroeste del estado de Chihuahua. El clima es en general muy seco con temperaturas desde muy cálidas a templadas. El régimen de lluvias es intermedio. Tierra adentro, el clima se torna más húmedo, del tipo árido a semiárido y en las tierras altas llega a ser sub-húmedo, con regímenes de temperatura que van desde muy cálidas a semi-cálidas y a templadas. Esta región comprende un 14 por ciento del área de México. Las principales unidades de suelos son: regosoles, 39 por ciento; calcisoles, 24 por ciento y leptosoles -antes litosoles y rendzinas (Instituto de Geografía, 1990) [mapa basado en FAO, 1985]). Los leptosoles tienen poco valor agropecuario debido a que son superficiales y pedregosos y asociados con zonas montañosas, de modo que es preferible mantenerlos cubiertos de vegetación. Se usan principalmente para pastoreo extensivo. Otras unidades de suelo están presentes en pequeñas proporciones: feozems, 5 por ciento; vertisoles, 3 por ciento; cambisoles, 2 por ciento; solonchaks, 2 por ciento; y luvisoles, 2 por ciento. Región III El Pacífico central comprende los estados de Sonora (sur), Sinaloa, Chihuahua (extremo suroeste), Nayarit, y Durango (borde oeste). La planicie costera tiene un clima muy árido a semi-árido. Tierra adentro, los regímenes de temperatura son cálidos y se vuelven sub-húmedos hacia las montañas. Tiene un régimen de lluvias de verano. Esta región cubre el 8 por ciento del país. Las principales unidades de suelo son: regosoles y leptosoles que cubren 33 por ciento y 14 por ciento de esta región; feozems (14 por ciento), los cuales tienen un alto potencial agrícola, son usados principalmente para cultivar hortalizas y granos finos, principalmente bajo riego; los cambisoles cubren 12 por ciento; los vertisoles (10 por ciento) se desarrollaron bajo climas tropicales y sub-tropicales con estaciones lluviosas y secas alternadas, y en la mayoría de los casos son fértiles. Otras unidades de suelo cubren esta región en proporciones pequeñas: calcisoles, 8 por ciento; solonchaks, 6 por ciento y luvisoles y acrisoles, 3 por ciento. Región IV Norte. Predomina un clima muy seco, semi-cálido a templado en esta región. A lo largo de la frontera el régimen de lluvia es intermedio y en el resto del área presenta un régimen de lluvia estival. Hacia las montañas y hacia el sur, el clima cambia a seco y semi-seco, con temperaturas que van de semi-cálidas a templadas. Es la región climática más extendida de México con 26,5 por ciento del territorio. Esta región cubre los estados de Chihuahua, Coahuila (parte oeste), Durango, Zacatecas (parte norte), San Luis Potosí, y los extremos occidentales de Nuevo León y Tamaulipas, así como el norte de Aguascalientes, Guanajuato y Querétaro. Los principales suelos de esta región son aquellos de las zonas secas como calcisoles (37 por ciento) y leptosoles (30 por ciento), con otras unidades de suelo menos importantes: regosoles, 13 por ciento; feozems, 10 por ciento; cambisoles, 4 por ciento y solonchaks, 2 por ciento. Los castañozems ocupan solo el 2 por ciento del área; debido a que soportan la vegetación de pradera, el contenido de materia orgánica es alto y, por lo tanto muestran un potencial de fertilidad alto; además, presentan un horizonte A mullido. Estos suelos también son usados para pastoreo extensivo. Los planosoles, luvisoles y vertisoles cubren conjuntamente solo un 2 por ciento de esta región. Región V Centro. Esta región se extiende a través de los estados de Zacatecas (sur), Aguascalientes, Guanajuato, Hidalgo, Nayarit (este), Jalisco (excepto la costa) y el Distrito Federal, así como Michoacán (norte), México, Tlaxcala y Puebla. El clima es sub-húmedo, con algunas variantes; las temperaturas son semi-cálidas o templadas y las lluvias presentan un máximo en verano. Esta región ocupa 9,7 por ciento del territorio. Los suelos que caracterizan esta región son: feozems (37 por ciento), regosoles (16 por ciento), vertisoles (14 por ciento) y luvisoles (8 por ciento). Los andosoles (8 por ciento) están formados por cenizas volcánicas, de modo que están asociados con montañas. La capa superficial es muy suelta y abundante en materia orgánica; con cierta frecuencia hay una capa endurecida con drenaje deficiente que hace al suelo susceptible a la erosión. Desde que estos suelos están distribuidos tanto en climas templados como en tropicales su uso varía significativamente; el uso forestal debe ser el preferencial debido a que tienen algunas limitaciones para la agricultura: retienen P y son relativamente ácidos desarrollando toxicidad de Al; además su cultivo no es posible debido a las pendientes empinadas. Los andosoles se presentan principalmente a lo largo del eje volcánico del país. Otros suelos presentes en menores proporciones son cambisoles (4 por ciento), calcisoles (4 por ciento) y leptosoles (4 por ciento). Otra unidad de suelo importante son los planosoles, los cuales son raros en México y se encuentran principalmente a lo largo de ríos y estuarios; su formación requiere de estaciones alternadas seca/húmeda muy marcadas. Poseen una capa impermeable cercana a la superficie del suelo, ocasionando inundaciones durante la estación lluviosa llevando a una descomposición retardada de la materia orgánica. Estos suelos son pobres en N, K y Ca y tienen un uso agropecuario muy limitado. Los castañozems, también presentes en la región, solo ocupan 2 por ciento del área. Región VI Noreste. Esta región incluye los estados de Tamaulipas, Nuevo León y la franja oriental de Coahuila. El clima va desde semi-árido a árido y la temperatura desde semi-cálida a cálida. El régimen de lluvia es intermedio en la franja fronteriza y estival en las partes centro y sur. Cubre 9 por ciento del país. Los tipos de suelos más abundantes son: leptosoles, 42 por ciento; calcisoles, 32 por ciento y vertisoles, 17 por ciento. Otras unidades menos abundantes son: castañozems, 6 por ciento; regosoles, 2 por ciento y feozems, 1 por ciento. Región VII Golfo de México. Cubre el sur del estado de Tamaulipas y las porciones occidentales de los estados de San Luis Potosí, Querétaro y Oaxaca; norte del estado de Hidalgo; los estados de Veracruz y Tabasco así como el norte de Chiapas. El clima es predominantemente húmedo o sub-húmedo con temperaturas desde semi-cálidas a cálidas. Presenta un régimen de lluvias intermedio o estival y cubre el 9 por ciento de México. Los vertisoles cubren el 25 por ciento de esta región. Los gleysoles (13 por ciento) son suelos que están inundados por largos periodos (pantanos) y por esta razón la aireación es deficiente creando un ambiente reductor que pocos cultivos toleran. El drenaje artificial es necesario para las actividades agropecuarias. Su distribución dentro del país es limitada pero pueden ser de gran importancia a nivel regional. Los gleysoles son altamente susceptibles a la contaminación debido al estrecho contacto que guardan con agua que no tiene posibilidades de drenar. Lamentablemente, en México coinciden con zonas de extracción de petróleo que tienen un fuerte impacto sobre ellos. La unidad de suelos acrisoles cubre 11 por ciento de esta región. Son muy similares a los luvisoles en que presentan un horizonte B, pero los efectos del agua de drenaje son más drásticos. Muchas veces presentan una coloración rojiza, indicativa de buena aireación. Su alta acidez restringe el tipo de cultivos posibles. Además, su reserva de nutrientes es escasa y el horizonte B es susceptible al endurecimiento, impidiendo de este modo la penetración de raíces. Su tendencia a la erosión es moderada. Han sido sometidos a la práctica agrícola de corte-quema, lo cual debido a los aumentos en la población se ha tornado en no sustentable. Se usan para plantaciones de cacao, piña y café y para pasturas artificiales. Los luvisoles (10 por ciento) son suelos de clima húmedo con una estación seca bien definida. Bajo climas tropicales, se forman sobre materiales recientemente depositados. El suelo está dotado de un exceso de agua que fluye a través del mismo como drenaje natural, arrastrando material arcilloso y complejos organo-minerales que se acumulan a cierta profundidad (horizonte B). A pesar del alto drenaje tienen una reserva de nutrientes relativamente buena; aunque no tan alta como los fleozem, que también tienen un horizonte B. La vegetación natural es de selva; estos suelos son muy susceptibles a la erosión. Pueden ser utilizados para cultivos si se usan técnicas que eviten la erosión. Otras unidades de suelo, ya descriptas, en esta región son: cambisoles, 11 por ciento; leptosoles, 11 por ciento; regosoles, 7 por ciento y feozems, 5 por ciento. Los nitosoles (3 por ciento) son suelos que están presentes solo en esta región; son suelos de climas tropicales con una estación seca bien definida. Presentan una fuerte acumulación de arcilla en el horizonte B; el material madre presenta una fuerte reacción básica y presenta altas concentraciones de óxidos de hierro (color rojizo denotando un ambiente oxidante). Se usan para plantaciones de cacao y café sin uso de insumos. Otros suelos cubren pequeñas áreas, como los andosoles (2 por ciento) y los solonchaks (2 por ciento). Región VIII Balsas-Valle de Oaxaca. El clima varía desde semi-árido a sub-húmedo con temperaturas cálidas y un régimen de lluvias estival. Incluye el sur de los estados de Jalisco, México e Hidalgo, la franja central del estado de Michoacán y los estados de Morelos, Puebla y Guerrero (excepto la costa) así como el franja central de Oaxaca. Comprende el 7,5 por ciento del territorio nacional. Los suelos que cubren esta región han sido descriptos como: regosoles, 32 por ciento; leptosoles, 21 por ciento; cambisoles, 13 por ciento y luvisoles, 9 por ciento. Otras unidades menos extendidas son: andosoles, 7 por ciento; feozems, 7 por ciento; acrisoles, 6 por ciento; vertisoles, 4 por ciento y calcisoles, 1 por ciento. Región IX Pacífico sur. Comprende el estado de Colima, y las costas de los estados de Jalisco, Michoacán, Guerrero y Oaxaca. El clima es sub-húmedo y las temperaturas pueden ser cálidas, semi-cálidas o templadas en las tierras altas. Tiene un régimen de lluvias estival. Cubre el 4,2 por ciento de México. El suelo más común es el regosol, ocupando el 57 por ciento del área. Los cambisoles cubren el 28 por ciento y exhiben un grado de desarrollo mínimo dado que una capa de acumulación de materiales finos es apenas perceptible (horizonte B incipiente); es común en zonas templadas, pero en áreas tropicales pueden estar asociados con materiales recientemente depositados o con fuertes pendientes. Tienen un buen potencial agrícola, pero sus principales limitaciones son su poca profundidad y su superficie pedregosa. En los trópicos tienen una baja reserva de nutrientes en los trópicos, pero no tan baja como la de los acrisoles. Otra unidades presentes en bajas proporciones son: feozems, 5 por ciento; leptosoles, 5 por ciento y luvisoles, andosoles y vertisoles conjuntamente un 5 por ciento. Región X Sureste. Esta región incluye el sur del estado de Chiapas y el extremo oriental del estado de Oaxaca. El clima es húmedo, decreciendo gradualmente a sub-húmedo en las tierras altas, con temperaturas que pueden ser cálidas, semi-cálidas y templadas. Tiene lluvias de verano y cubre 2,9 por ciento del país. Las principales unidades de suelo son: regosoles, 29 por ciento; leptosoles, 21 por ciento y luvisoles 18 por ciento. Otros suelos son: cambisoles, 11 por ciento; acrisoles, 7 por ciento; vertisoles, 7 por ciento; solonchaks, 4 por ciento y planosoles y andosoles, 3 por ciento. Región XI Península de Yucatán. Comprende los estados de Campeche, Yucatán y Quintana Roo. El clima es sub-húmedo, con altas temperaturas. La sección occidental tiene lluvias estivales mientras que la porción restante es intermedia. Ocupa el 6,7 por ciento del territorio de México. Un 75 por ciento de la región está cubierta por leptosoles (anteriormente rendzinas), los cuales están dominados por material calcáreo, de modo que las características del suelo son muy particulares. Los suelos son superficiales y muy pedregosos, con una capa superficial muy oscura y rica en materia orgánica, rica en nutrientes. Estos suelos tienen un potencial agrícola superior a otros leptosoles. Los suelos con una distribución más limitada en esta región son: luvisoles, 8 por ciento; vertisoles, 6 por ciento; regosoles, 5 por ciento; solonchaks, 3 por ciento y gleysoles más acrisoles, 3 por ciento. Conclusiones Como se aprecia en el Cuadro 2 y en la Figura 5, los suelos con más amplia distribución en México (65 por ciento) son suelos superficiales, de poco desarrollo (leptosoles, regosoles y calcisoles), con bajo potencial agrícola. Los suelos más fértiles y explotados (feozems, vertisoles, cambisoles y luvisoles) ocupan solo el 26 por ciento del país. Estos suelos están sujetos a una explotación agrícola intensiva lo que compromete su potencial productivo y su sustentabilidad. Las regiones con la mayor diversidad de suelo están en el centro y en el golfo de México. Ambas están sujetas a altas densidades de población, lo cual genera fuertes presiones sobre el recurso suelo. Entre ellas están: demanda de terrenos para viviendas, rutas e industrias, así como para disposición de residuos (tanto humanos como de origen industrial). Otras actividades productivas que representan riesgos para los recursos de suelo son la minería que afortunadamente no coincide con las regiones productivas de cultivos, pero afecta áreas extensas con los residuos que sepultan los suelos; la producción petrolera que genera grandes cantidades de substancias tóxicas que se derraman a los suelos los cuales no tienen capacidad amortiguadora para este tipo de impacto y el riego que lleva a la salinidad del suelo (impacto secundario) lo cual está ya afectando áreas productoras de cultivos del país como las regiones del Pacífico central y del noreste.
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3. CLIMA Y ZONAS AGRO-ECOLÓGICAS
A escala continental, las tormentas tropicales durante el verano y el otoño (Figura 6) y los frentes polares fríos en invierno y en primavera (Figura 7) son los principales factores que influyen sobre el clima de México. Sin embargo, el relieve tiene un papel mayor en la generación de la diversidad climática del país: hay dos cadenas montañosas principales, Sierra Madre Oriental y Sierra Madre Occidental que corren norte-sur a lo largo de ambas costas y se encuentran en el Nudo Mixteco en el sur del país, cerca del istmo de Tehuantepec. Hay una meseta entre ambas cadenas montañosas, divididas en una meseta norte y una central, estando la primera a menor altitud que la última; a lo largo del medio del país, de oeste a este, hay una cadena montañosa distinta llamada la Franja Volcánica. Por lo tanto, México tiene climas desde cálidos con temperaturas medias anuales iguales o mayores a 26 ºC, hasta fríos, con temperaturas menores a 10 ºC. Sin embargo, las temperaturas oscilan desde 10 ºC a 26 ºC en 93 por ciento del territorio. Los climas cálidos húmedo y sub-húmedos cubren el 23 por ciento, templados húmedos a sub-húmedos cubren el 21 por ciento mientras que los secos y muy secos cubren el 49 por ciento (Figura 8). Debido a su ubicación geográfica, el clima de México es tropical, con altas temperaturas (casi siempre encima de una media anual de 18 ºC), que varían de acuerdo con la altitud. Aunque por debajo de 1 000 metros las zonas al norte del país caen dentro de la isoterma anual de 20 ºC, la amplitud térmica está por encima de 10 ºC alcanzando a veces 20 ºC. Por el contrario, debajo de 20º N, la amplitud térmica es menor (frecuentemente por debajo de 5 ºC) y aumenta solo hacia tierra adentro a altas altitudes, no alcanzando nunca los 10 ºC.
Las lluvias varían en gran medida entre las diferentes regiones; hay una región húmeda, hacia el este y sur donde la lluvia anual puede estar por encima de 800 mm, y una región seca que se extiende hacia el oeste, centro y norte. La estación lluviosa es monzónica, en verano, y las lluvias son convectivas. Desde que el país está localizado en la zona de vientos del este, hay una lluvia máxima regional, pero condicionada en gran medida por el relieve, desde que las cadenas montañosas aíslan a las mesetas central y norte de los vientos húmedos que provienen del mar (Figura 9).
Otro elemento diferenciador es la altitud, la cual determina la división en áreas cálidas, templadas y frías. Las áreas cálidas van desde el nivel del mar hasta 800 msnm, adonde se pueden plantar caña de azúcar, cacao y arroz; las áreas templadas van desde 800 a 1 700 msnm, pudiéndose plantar café y citrus, aunque por encima de 1 500 metros hay un riesgo de heladas; las tierras frías comienzan desde 1 700 msnm con tres diferentes niveles: hasta 3 250 msnm donde es posible cultivar trigo, papas y frutas templadas; hasta 4 000 msnm con una franja de coníferas y praderas y por encima de 4 000 msnm donde hay nieve permanente. La ubicación de México dentro de la zona intertropical de circulación atmosférica afecta el clima significativamente, desde que es afectado por los vientos del este y el frente intertropical, por un lado, y el anticiclón tropical del hemisferio norte, por otro. En verano, el anticiclón cambia hacia el norte y solo cubre la península de Baja California, la única región seca en esa estación. Por el contrario, el frente intertropical, cálido y con abundante lluvia convectiva, cubre la parte sur del país, mientras que los vientos del este golpean la costa del golfo de México, penetrando tierra adentro hacia el centro de la meseta, donde coliden con la masa de aire tropical del océano Pacífico, creando el así llamado «frente mejicano», el cual se alinea así mismo a lo largo de ambas cadenas montañosas. Este fenómeno resulta, la mayor de los años, en un verano cálido y húmedo en todo el país. En invierno, el anticiclón tropical invade México cubriendo la meseta central y la costa oeste, excepto el norte de California, mientras que los vientos del este afectan solo la parte media de la costa este. Entonces, el tiempo seco domina sobre todo el país, sin una gran reducción de temperatura, salvo en las mayores alturas; solo la parte más oriental del país recibe algunas lluvias, aunque de diferente origen. De acuerdo con lo anterior, en México hay cuatro climas principales (Figura 10): cálido, seco o de tipo desértico, templado y frío, con variaciones dentro de cada uno de ellos. La Figura 10 presenta las áreas cubiertas por los tres tipos principales ya que el tipo frío representa solo alrededor de 7 por ciento del área del país y es de poca importancia para la producción animal sobre praderas.
Los climas cálidos muestran temperaturas medias anuales altas (18 ºC a 21 ºC para el mes más frío) y lluvias por encima de 750 mm/año, ocurriendo en tierras planas debajo de 1 000 msnm y al sur del trópico de Cáncer. Hay tres sub-tipos principales:
Los tipos secos o desérticos reciben menos de 750 mm de lluvia por año. Presentan dos sub-tipos:
Los climas templados son básicamente de tierras altas. La temperatura media anual está por encima de 10 ºC, la mínima media está por encima de cero para el mes más frío y las temperaturas en julio superan los 18 ºC. Las diferencias en cantidad y distribución de lluvia genera varios sub-tipos:
El clima polar comienza a partir de 3 500 metros y tiene dos sub-tipos principales:
La variabilidad en las condiciones climáticas ha moldeado el tipo de sistema de producción ganadera desarrollado en las diferentes regiones del país. Entonces, es posible encontrar producción lechera en las tierras altas basada en vacas Holstein pastoreando especies templadas introducidas con poco uso de suplementación, y tambos intensivos basados en ganado similar en confinamiento y recibiendo raciones mezcladas totales (RMT) mayormente producidas enteramente fuera de la finca, y también tambos tropicales con vacas cruza pastoreando pastos tropicales (nativos e introducidos). Zonas agro-ecológicas y sus principales emprendimientos agropecuarios México es una tierra de grandes contrastes en términos de clima, vegetación, culturas y desarrollo económico. Esto hace que la definición de las regiones agro-ecológicas sea una tarea engorrosa, y no exista un resumen actualizado de las regiones agro-ecológicas a nivel nacional (incluyendo los principales cambios en los últimos años). La FAO y el Ministerio de Agricultura de México (SAGARPA) en una descripción extremadamente concisa de las regiones, usaron dos diferentes criterios para la definición de las regiones (FAO-SAGARPA, 2001). Un criterio, basado principalmente en características de clima, fue usado para definir cuatro regiones ecológicas para producción animal: tropical húmedo, tropical seco, templado y árido-semiárido. El segundo criterio, basado en grupos de estados fue usado para la evaluación de un programa gubernamental y dividía a México en tres regiones: Norte, Centro y Sur. Estas definiciones reflejan los dos enfoques predominantes usados en México para la definición de regiones, los cuales son respectivamente impulsados por las publicaciones de De Alba (1976) y Arroyo (1990). A continuación, el enfoque de FAO-SAGARPA (2001) será usado para una descripción más amplia de la regiones y para una actualización de su evolución. De Alba (1976) identificó cinco regiones agro-ecológicas principales estableciendo un nexo entre climas, producción forrajera y sistemas de producción animal: i) Árida y semi-árida, ii) Templada, iii) Montañosa, iv) Tropical húmeda y v) Tropical seca, ocupando 40, 10, 25, 13 y 12 por ciento del área, respectivamente (Figura 2). Arroyo (1990) basó la identificación de ocho regiones agropecuarias (Figura 1) en las principales regiones socio-económicas identificados por Bassols (1990): 1) Noroeste (NO), 2) Norte (N), 3) Noreste (NE), 4) Centro oeste (CO), 5) Centro sur (CS), 6) Pacífico sur (PS), 7) Golfo (G) y 8) Península (P). Hay cierto grado de correspondencia entre las regiones identificadas por De Alba (1976) y Arroyo (1990) como se muestra en las Figuras 1 y 2 y en el Cuadro 2. El norte de México es predominantemente árido y semi-árido (un 20 por ciento de su área cae dentro de la región montañosa de De Alba), el centro de México es predominantemente templado y los climas tropicales prevalecen en la mayoría del sur de México. Considerando el desarrollo de la agricultura Arroyo (1990) agrupó las regiones en tres grupos, los cuales coinciden con los grupos de estados definidos por FAO-SAGARPA (2001): i) Norte de México (NO, N y NE) caracterizado por alta disponibilidad de recursos (tierra regada, infraestructura), adopción intensiva de tecnología moderna alta en insumos, alta proporción de propiedad privada de la tierra y homogéneo en el grado de desarrollo; ii) Centro de México (CO y CS), muy importante en términos de producción pero heterogéneo en el grado de desarrollo y iii) Sur de México (PS, G y P), donde la agricultura es mayormente practicada por campesinos nativos de escasos recursos con baja adopción de tecnologías altas en insumos. Considerando los datos de el Cuadro 3, la región NO aparece como la más desarrollada que el resto del país en términos de porcentaje de agricultura irrigada, valor de los productos agropecuarios por unidad de tierra agropecuaria y altos rendimientos de maíz. La región P está en el otro extremo de la escala de desarrollo. La relación entre el valor de los productos de cultivo y animal en los últimos años (calculada a partir de los datos de el Cuadro 3) describen la evolución regional de la relación entre la producción agrícola y la producción animal. El énfasis en NO y PS radica en cultivos, en NE, CS y G hay una ligera predominancia de los cultivos, mientras que en N y CO hay una ligera predominancia de la producción animal y P está claramente dedicada a la producción animal. Sin embargo, si se mantiene la tendencia de los cambios de la década pasada durante los próximos años solamente NO, PS y G permanecerían como claramente agrícolas y en el resto de las regiones la producción animal debería ser la actividad predominante. La producción de rumiantes prevalece en N, NE, PS y G, mientras que en NO y P la producción porcina es la más importante y en CO y CS predomina la producción avícola (Cuadro 4). Dentro de los productos de rumiantes, la producción de leche y carne vacuna representó (en el promedio 1990-2002) más del 95 por ciento del valor de los productos de rumiantes.
La descripción siguiente considera las regiones agro-ecológicas ilustradas en la Figura 2 y una actualización de datos estadísticos (SIAP, 2002) basada en las regiones agropecuarias descriptas en la Figura 1. La producción láctea creció más rápidamente que la producción de carne y el incremento en los productos de rumiantes estuvo relacionado al incremento en el área sembrada con forrajes distinta a las pasturas permanentes de secano (R² = 0.81). Por lo tanto, el análisis de los cambios en las diferentes regiones está basado en cambios de los productos de rumiantes predominantes (leche y carne vacuna) y cambios en el área de forrajes sembrados. Las áreas sembradas con pasturas permanentes de secano no fueron tenidas en cuenta debido a que los datos estadísticos del SIAP (2004) sobre esas áreas son algo incompletos, llevando a subestimaciones. Las descripciones de los cambios está basada en la comparación de los promedios de dos períodos: i)1990-1996 y ii)1997-2002. Norte de México Proporciones importantes de N y en menor medida de NO y NE yacen en la región montañosa descripta por De Alba (1976), localizadas en áreas con altitud superior a 1 000 msnm. La forestación es de primordial importancia en esta región; sin embargo, se llevan a cabo sistemas de producción vacuna y ovina de bajos insumos y baja productividad (Cantú, 1990). De acuerdo con De Alba (1976) y FIRA (1994), la cría vacuna extensiva es uno de las principales sistemas de producción animal en el norte de México, la mayoría de los terneros son exportados para ser engordados en «feedlots» de EEUU y el resto permanece en la región para ser terminados en «feedlots» (a veces con una fase previa de pastoreo intensivo sobre pasturas sembradas). Entre 1993 y 2003, las regiones N y NE más el estado de Sonora en NO abarcaban en promedio el 94 por ciento de los terneros exportados a EEUU; los terneros exportados representaban un 30 por ciento de la producción de carne vacuna de esos estados (SIAP, 2004). La lechería intensiva basada en forrajes sembrados es también un sistema importante en el norte de México (Améndola, 2002). En Chihuahua, Coahuila y Durango, la lechería intensiva desplazó a la carne vacuna como el principal sistema de producción animal y el incremento en valor de los productos de rumiantes fue el más alto en este grupo de estados (39 por ciento). El área sembrada con forrajes irrigados y de secano aumentó sensiblemente asociada sobre todo con sistemas lecheros intensivos (R²=0,80 entre la producción lechera y el área sembrada). En Baja California, Baja California Sur, Sonora, Sinaloa, Nuevo León y Zacatecas el énfasis está en la carne vacuna, la cual está basada en praderas naturales y forrajes anuales de secano y pasturas; el crecimiento de la producción fue mucho más bajo (20 por ciento). Nayarit es un estado algo diferente debido a que es mayormente tropical (67 por ciento) y también tiene una alta proporción del área (33 por ciento) de clima templado en las montañas; los sistemas de producción de rumiantes están menos desarrollados en este estado y el área sembrada con forrajes es muy baja. Tamaulipas también presenta una situación diferente dentro del norte de México: tiene un área grande de agricultura altamente desarrollada y es el mayor productor de sorgo de México (51 por ciento del total); mucha de la producción animal tiene lugar en su área tropical (26 por ciento del área total) pareciéndose sus sistemas de producción a los del sur de México con un incremento muy bajo del valor de los productos de rumiantes (5 por ciento). Sin embargo, la producción de carne vacuna sobre pasturas sembradas se está convirtiendo en un sistema importante en este estado. Centro de México Debido a la alta densidad demográfica y a la mezcla de culturas, en esta región se encuentran varios muchos sistemas de producción. La agricultura tradicional, con maíz y frijol como cultivos principales, ha sido siempre importante. En algunas áreas la agricultura comercial también ha sido importante, con el sorgo compartiendo un área en aumento. La cercanía de la Ciudad de México fomenta la producción intensiva de hortalizas, frutas y flores. La lechería intensiva basada en alfalfa y maíz forrajero es el principal sistema; además, sistemas lecheros familiares también tienen un papel importante (Améndola, 2002). La cría vacuna extensiva es importante en CO y es practicada en zonas subdesarrolladas de CS en fincas muy pequeñas (Castelán et al., 1997). En las últimas dos décadas esta región produjo el 27 por ciento de la carne vacuna nacional; los «feedlots» donde son terminados los terneros tienen una función importante al respecto (FIRA, 1994). La producción ovina es importante en esta región, con una clara distinción entre las fases de cría y terminado (De Lucas et al., 1993). Concurrentemente con los datos de el Cuadro 3, De Alba (1976) establece que los granos producidos en El Bajío son parcialmente usados en esta región como alimentos para cerdos y aves. El maíz, el cultivo tradicional del centro de México, está siendo reemplazado por cultivos orientados a la alimentación animal; comparando promedios de 1990-1996 y 1997-2002 el área sembrada con maíz granífero se redujo en 146 000 ha, mientras que aquellas sembradas con forrajes y sorgo granífero se incrementaron en 124 000 y 98 000 ha, respectivamente. La producción vacuna en el centro de México está más claramente orientada a la producción láctea que en el norte de México (10,4 y 5,4 kg de leche por kg de carne, respectivamente). Como en el norte de México, las diferencias en el desarrollo de la producción de rumiantes dentro de esta región han estado estrechamente ligadas al énfasis en la carne vacuna o en la lechería intensiva. Jalisco lidera la producción animal en México y su evolución ha sido similar a aquella de los otros tres estados de la región: Guanajuato, Querétaro y Michoacán. Comparado con el resto de la región, la producción vacuna de este grupo de estados está ligeramente más orientada hacia la carne vacuna pero la tasa de aumento de la lechería (particularmente en una región lechera muy importante de Altos de Jalisco) fue casi el doble que la de la producción cárnica. La evolución de Aguascalientes, con una región importante de lechería intensiva se parece a la del norte de Durango, Coahuila y Chihuahua. En Hidalgo, Puebla y Tlaxcala la lechería es más importante que la carne (77 por ciento mayor valor de los productos), pero la producción de carne aumentó a tasas más altas que la lechería. La reducción de la producción de rumiantes en San Luis Potosí ha sido crítica en los últimos años (21 por ciento de reducción en el valor de los productos de rumiantes). La situación de Morelos es diferente a la del resto de esta región debido a que 73 por ciento de su territorio tiene clima tropical, por lo tanto sus sistemas de producción, con poca lechería y solo un 5,6 por ciento de incremento en la producción de carne vacuna, similar a los del sur de México. En Jalisco, Guanajuato, Querétaro y Michoacán, la producción láctea anual ha estado más estrechamente relacionada al área sembrada de forrajes de secano, mientras que en Hidalgo, México, Puebla y Tlaxcala ha estado más estrechamente relacionada al área sembrada con forrajes irrigados. Estas diferencias y las diferencias en los coeficientes de regresión (kg leche/ha de forrajes sembrados) sugiere que las estrategias de uso de forrajes para la producción láctea varían substancialmente entre estados de esta región. Sur de México Los principales sistemas de producción animal en el trópico húmedo son de doble propósito dirigidos a producir leche y terneros (Améndola, 2002) y a la terminación en pasturas sembradas de los terneros provenientes de la región tropical seca (De Alba, 1976); en la década pasada los sistemas de producción ovina basados en ovinos para lana (mayormente Pellibuey) han venido ganando importancia (Olazarán y Rojas, 2001). En los trópicos secos los sistemas vacunos están basados en el pastoreo de la vegetación nativa (producción de terneros que son terminados en los trópicos húmedos), o sobre pasturas sembradas (sistema de doble propósito). Áreas de Veracruz, Puebla y Chiapas con precipitaciones anuales por encima de 1 000 mm se caracterizan por bosques caducos con Liquidambar styraciflua como la especie principal; en algunas partes de esta áreas el bosque ha sido reemplazado por pasturas de pasto Kikuyu (Pennisetum clandestinum) sobre las cuales se basan los sistemas lecheros y ovinos. Estos sistemas son más intensivos y productivos que los sistemas de rumiantes en otras partes de la región montañosa (De Alba, 1976). Contrastando con el resto del país, en el sur de México el área sembrada con maíz granífero se incrementó en 16 por ciento en el período considerado. La producción vacuna en el sur de México está más claramente dirigida hacia la carne que en el resto del país (2,6 kg de leche por kg de carne), y no han tenido lugar cambios en los últimos años. Los sistemas de producción animal en el sur de México no han sido muy dinámicos en los últimos años con solo 10 y 7 por ciento de crecimiento en la producción láctea y cárnica, respectivamente. Aunque los forrajes irrigados no son aún importantes en el sur de México, su área se incrementó 24 por ciento, revelando una tendencia hacia la intensificación en los sistemas de producción de rumiantes. Dentro de la región PS la producción vacuna en Chiapas y Guerrero ha sido más dinámica que en Oaxaca y Colima. En la región del Golfo, la producción animal en Veracruz (un productor muy importante) ha venido creciendo constantemente mientras que en Tabasco se ha estancado. En la región P, Campeche y Quintana Roo los cambios han sido más dinámicos que en Yucatán. |
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| 4. SISTEMAS DE PRODUCCIÓN DE GANADO RUMIANTE
La descripción de los sistemas de producción animal en regiones templadas y áridas o semi-áridas se enfoca hacia sistemas vacunos dado que son los más importantes, representando más del 95 por ciento del valor de los productos de rumiantes. Sistemas lecheros en la meseta y norte de México i) La Laguna (Coahuila y Durango), ii) Bajío (Guanajuato, Michoacán, Querétaro y parte de Jalisco), iii) Altos de Jalisco-Zacatecas-Aguascalientes, iv) Chihuahua, v) Puebla-Tlaxcala y vi) México-Hidalgo. Descripciones disponibles del sistema en La Laguna, Altos de Jalisco-Zacatecas-Aguascalientes y México-Hidalgo muestran algunas diferencias regionales importantes.
Améndola (2002) informa que las explotaciones lecheras en La Laguna son las más grandes de México y que su tamaño aún sigue aumentando; la productividad en La Laguna es la más alta de México y tiene la tasa de aumento más alta. La producción está distribuida homogéneamente a lo largo del año, lo cual se adecúa a los requerimientos de la compañía (LALA), porque los ingresos descansan mayormente sobre las ventas de leche pasteurizada. La alimentación está basada en corte y acarreo, silo, heno y concentrados. Los principales cultivos forrajeros son alfalfa, maíz, sorgo forrajero, avena y raigrás anual (Jiménez, 1989). Sánchez et al. (1997) concluyeron que la producción de forraje era una de las principales diferencias entre fincas con la rentabilidad más alta y las fincas promedio; la producción de forraje (en lugar de la compra) representa una considerable reducción en los costos de producción. En la década de 1990 la cantidad de concentrados suministrados a los vacunos se incrementó agudamente, alcanzando 0,65 kg de concentrado por litro de leche. Como en muchas regiones de México, la lechería de La Laguna está amenazada por el agotamiento del agua subterránea usada para riego; entre 1972 y 1986, los niveles de agua del suelo cayeron en promedio un 1,76 m año (LALA, 1995). La sustentabilidad del aumento de la producción de La Laguna, aumentando el número de vacunos así como mejorando la productividad, podría además ser cuestionada dado que depende de la importación de reemplazos e ingredientes para concentrados. Los estados de México e Hidalgo han sido siempre regiones lecheras importantes debido a la alta demanda de la Ciudad de México. De acuerdo con Améndola (2002), y coincidiendo con datos del Cuadro 5, las fincas son más pequeñas en La Laguna, en promedio oscilando entre 150 a 450 vacas por finca. Las dietas promedio parecen ser más bajas en concentrado y heno de alfalfa, pero más altas en maíz para ensilar y alfalfa fresca que las dietas de La Laguna. En un estudio de establecimientos lecheros del centro de México, Cienfuegos et al. (2001) encontraron que alfalfa, maíz para ensilar y avena fueron usados por 84, 72 y 45 por ciento de los establecimientos respectivamente; menos importante fueron el sorgo forrajero y el raigrás usado por 9 por ciento de los hacendados, mientras que el uso de trigo, trébol y cebada fue solo marginal. Los hacendados de estos estados cuentan más con forrajes comprados que los hacendados de La Laguna. Los niveles de organización e integración son claramente inferiores a los de La Laguna. La dependencia del trabajo familiar es una característica distintiva de los sistemas lecheros semi-especializados y familiares (Muñoz et al., 1995). Sin embargo, hay una transición entre las fincas muy pequeñas que cuentan exclusivamente con el trabajo familiar y las fincas grandes del sistema especializado donde toda la mano de obra es contratada. Considerando las fincas clasificadas como semi-especializadas y familiares, la proporción del trabajo familiar disminuye con el aumento en el tamaño de la finca. Coincidiendo con los datos del Cuadro 5, Améndola (2002) establece que en las fincas con más de 20 vacas por finca, el trabajo familiar empieza a perder importancia en los estados de México y Michoacán, mientras que en Altos de Jalisco esa cifra es más alta. Améndola (2002) resumió algunas de las diferencias entre los hacendados de los sistemas semi-especializado y familiar. Los pequeños establecimientos lecheros familiares no consideran a la producción láctea como la principal fuente de ingresos. En muchos casos de establecimientos pequeños, la agricultura arable parece estar altamente integrada con la producción láctea, mientras que los hacendados más grandes dedican toda la tierra agrícola a producir forrajes. El auto-consumo parece ser un objetivo importante de la producción láctea de las fincas muy pequeñas, pero no es el caso en las fincas más grandes. En las fincas muy pequeñas del sistema familiar las construcciones son extremadamente rudimentarias y están generalmente en el corral, el ordeñe es a mano y las estrategias de alimentación podrían variar aún entre comunidades de una misma región, incluyendo el pastoreo de restos de cultivos y de las banquinas de las rutas, utilización de sub-productos locales, compra de concentrados, pasturas y cultivos forrajeros. Por otro lado, en fincas más grandes del sistema lechero semi-especializado, los animales son confinados al menos parte del año, las construcciones pueden incluir corrales, establos, salas de ordeñe y depósitos y algunos hacendados tienen un vehículo y una cosechadora de forraje; las máquinas ordeñadoras han sido ya incorporadas en este tipo de finca. La productividad en la mayoría de las fincas del sistema lechero familiar es menor a 4 000 kg/vaca/lactancia, mientras que en la mayoría de las fincas con más de 20 vacas esta es mayor. Se informa que en ambos sistemas hay una producción menor en el invierno seco de la meseta. Los costos de producción en los sistemas lecheros de la meseta y el norte son altos. Améndola (2002) revisó informes sobre costos de producción y concluyó que no había diferencias importantes entre sistemas en términos de costos de alimentación, el cual promediaba $EE.UU. 0,20 por litro representando 57 por ciento de los costos totales. Esos costos de alimentación explicaban un 92 por ciento del precio mundial teórico promedio durante la década de 1990, de modo que la competitividad de los productores lácteos mejicanos es débil. Esto ha conducido a la investigación orientada al diseño de sistemas de producción láctea bajo pastoreo para las regiones templadas y áridas o semiáridas, para reducir los costos de alimentación. En la década de 1990, FIRA promovió paquetes tecnológicos para convertir fincas de los sistemas lecheros semi-especializados basados en confinamiento permanente y alimentación a corral en sistemas basados en pastoreo. Estos paquetes estaban basados en la investigación llevada a cabo por INIA-INIFAP (Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria), la Universidad de Chapingo y FIRA en estaciones bajo riego en climas sub-húmedos a templados semi-áridos. Simultáneamente, INIFAP trabajó en el mejoramiento del sistema usado por pequeños hacendados en climas templados húmedos y la Universidad del Estado de México hizo lo mismo en áreas de clima templado sub-húmedo. Una diversidad de pasturas fueron usadas, incluyendo alfalfa (Medicago sativa), trébol blanco (Trifolium repens), raigrás perenne (Lolium perenne), pasto ovillo (Dactylis glomerata), avena (Avena spp.), pasto Kikuyu (Pennisetum clandestinum) y pasturas nativas. Descriptores esenciales de los sistemas de pastoreo tales como dotación, productividad, uso de concentrados y fertilización nitrogenada muestran una variabilidad extremadamente alta. Aunque los bajos costos de producción son una característica común de todos los informes, la disimilitud de criterios resulta en grandes diferencias en la estimación de los costos. El bajo crecimiento durante el invierno -en algunas situaciones agravado por la falta de persistencia- parece ser un problema común (Améndola, 2002). Sistema de doble propósito tropical
El sistema está basado en el pastoreo de pasturas nativas y sembradas. El porcentaje del área con pasturas sembradas decrece hacia el sur desde 94 por ciento en San Luis Potosí a 60 por ciento en Tabasco. Cynodon plectostachyus y C. nlemfuensis son las gramíneas más frecuentemente usadas. La baja disponibilidad en la estación seca es el principal factor que limita la producción lechera pero se hacen escasos progresos al respecto; solo un 30 por ciento de los hacendados suministran alimentación suplementaria –sobre todo melaza- en la estación seca, y solo un 1 por ciento de los hacendados cultiva forraje para el ganado durante la estación seca. La fertilización es usada por solo el 10 por ciento de los hacendados. Otras prácticas de manejo como el control de malezas y cierto tipo de organización del pastoreo (rotativo o por tipos de animales) han sido ya adoptadas por la mayoría de los productores. De todas las prácticas de manejo, la adopción de innovaciones tecnológicas aumenta con el tamaño de finca. La mayoría del ganado son cruzamientos de cebú con Brown Swiss, pero la productividad de los cruzamientos de cebú por Holstein es más alta. La proporción de la leche en los ingresos está por encima de 50 por ciento, pero reaccionando a la fluctuación de precios, los hacendados pueden cambiar esa proporción aumentando o disminuyendo la proporción de vacas en ordeñe. Diferentes instituciones han promovido paquetes tecnológicos supuestamente para aumentar la productividad de los sistemas de doble-propósito tropicales. El pastoreo rotativo es el principal componente de estos paquetes, pero la adopción ha sido algo baja (Améndola, 2002). Mc Dowell (1996) dudaba de la adecuación de las innovaciones tecnológicas difundidas y establecía que hay pocos, si alguno, paradigmas tecnológicos razonables para las regiones tropicales de México. La baja calidad de los productos, la producción estacional y la falta de organización e integración de los hacendados parecen ser las principales limitantes de la competitividad de los hacendados de doble-propósito mejicanos. La mayoría de la leche es comercializada en el mercado informal como queso hecho por pequeños procesadores o como leche fluida cruda; el resto es recolectada por las industrias lácteas, principalmente Nestlé.
Vacas del sistema de doble-propósito en los trópicos
secos durante la estación lluviosa.
La producción extensiva de vaca-ternero es el principal sistema en el norte de México bajo condiciones áridas y semi-áridas. Los terneros son mayormente exportados a «feedlots» en Estados Unidos de América; entre 1993 y 2003, seis estados del norte (Chihuahua, Sonora, Durango, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas) que promedian el 74 por ciento de su área bajo clima árido y semi-árido, exportaron 910 000 cabezas por año a Estados Unidos de América, participando del 94 por ciento de las exportaciones nacionales de este tipo (SIAP, 2004). El sistema está basado mayormente en el pastoreo no controlado de la vegetación nativa. Con un corto período (90 a 120 días) de aceptable disponibilidad de alimentos que permiten el crecimiento de la cría y razonables chances de que la vaca conciba durante la estación lluviosa, el sistema depende de la venta de todos los terneros machos antes del comienzo de la escasez de comida (De Alba, 1976). Villareal (1994) identifica tres períodos en este sistema: i) entre 1650 y 1990, pastoreo incontrolado de la vegetación nativa; ii) entre 1950 y 1990, mejoramiento genético del ganado vacuno mediante cruzamientos con razas europeas y cebuinas, adopción de ciertas formas de pastoreo rotativo y siembra de pasturas con especies exóticas y, iii) luego de 1990, adopción de ciertas formas de pastoreo rotativo más intensivo (corta duración-alta dotación). Para 1991 ya se habían sembrado unos 1,8 millones de ha con pasto «buffel» (Cenchrus ciliaris), incrementando la capacidad de carga del sistema en 2,8 veces en promedio (Saldívar, 1991). De acuerdo con FIRA (1986), con una capacidad de carga promedio de 18 ha UA-1, la defectuosa distribución de los lugares para abrevar conduce simultáneamente al sobre y sub-pastoreo; el valor genético de los vacunos es de mediano a bajo; los parámetros de producción y la organización de los hacendados son insatisfactorios; el porcentaje de parición oscila entre 55 y 65 por ciento, el peso vivo al destete oscila entre 160 y 170 kg y las utilidades por vaca son menores a $EE.UU. 120/año-1. La propensión del sistema a los accidentes climáticos como la larga sequía entre 1991 y 1996 (Ramos et al., 2000) es una limitante importante que en la Figura 11 está claramente descripta en el 25 por ciento de reducción de las existencias del norte de México –excluyendo el parcialmente tropical Tamaulipas y Nayarit. La alimentación durante el período seco es un punto clave del sistema. El uso de alimentación suplementaria es rara entre los pequeños hacendados del centro de México (Ramos et al., 2000), pero para los grandes hacendados del norte es una práctica común que explica el 14 por ciento de los costos de producción (Ramírez et al., 2003). El uso de pequeñas áreas de pasturas irrigadas para complementar el campo natural durante el invierno seco ha probado dar resultados biológicos y económicos apropiados (Sánchez et al., 2001; Ramírez et al., 2003). La terminación de novillos en «feedlots» ha ido ganando importancia debido a dos factores (Saucedo, 2003): i) un cambio en la preferencia del consumidor por carne de animales jóvenes terminados en «feedlots» que por aquellos terminados sobre pasturas (lo que es más usual en los trópicos húmedos) y, ii) los estrictos controles sanitarios de importación por parte de Estados Unidos de América que redujeron la exportación de terneros y ese excedente está siendo engordado en los «feedlots» mejicanos. De acuerdo con Saucedo (2003) esta actividad tiene lugar cerca de las áreas productoras de grano,ya que el grano (mayormente maíz amarillo y sorgo) es el insumo más importante. Los estados donde la terminación en «feedlots» ha crecido más rápido son Sinaloa, Sonora, Nuevo León, Querétaro y Jalisco. Las empresas en el norte de México son más grandes (oscilando entre unas 300 a más de 4 000 cabezas terminadas por año) y usan tecnología más moderna que aquellas del centro de México. Las dietas están basadas en cereales, forrajes conservados, residuos de cultivos y sub-productos industriales, el uso de implantes de crecimiento es frecuente, las ganancias de peso vivo son de unos 1,2 kg cabeza-1 día-1. El pastoreo de pasturas irrigadas (por ejemplo, Rodríguez et al., 2001) es usualmente practicado para llevar los terneros destetados a un peso cercano a los 300 kg de manera de reducir los costos del proceso de terminación; en esas condiciones las ganancias de peso vivo oscilan entre 0,65 y 0,85 kg cabeza-1 día-1.
Sistemas de producción de carne vacuna en los trópicos FIRA (1994) establece que las fincas del sistema vaca-ternero en los trópicos secos tienen un nivel tecnológico muy bajo, con vacunos de bajo potencial genético. La capacidad de carga de las pasturas sembradas está entre 0,3 y 1,0 UA ha-1 mientras que la de la vegetación nativa es tan baja como 0,08 UA ha-1, los novillos son vendidos entre los 12 y 18 meses pesando unos 180 kg. Un estudio citado por Ruiz (2004), revela que el tamaño promedio de las empresas es de 117 vacas, con una dotación de 0,36 vacas ha-1, un porcentaje de parición de 55 por ciento y una producción de carne de 65 kg ha-1 año-1. Los animales son vendidos a intermediarios. Las empresas del sistema vaca-ternero en los trópicos húmedos poseen en promedio de 91 vacas con una dotación de 0,52 vacas ha-1, el porcentaje de parición es de 57 por ciento y producen 157 kg ha-1 año-1. Algunas empresas tienen áreas de pasturas sembradas y en esas empresas la capacidad de carga se incrementa ligeramente a más de 1,5 vacas ha-1 (FIRA, 1994). Los terneros son vendidos a empresas que los terminan dentro de la región o a intermediarios y las vacas de rechazo son usualmente vendidas para faena en los pueblos cercanos. La terminación de novillos en pasturas sembradas (Cynodon nlemfuensis, Panicum maximum, Brachiaria spp.) en los trópicos húmedos está perdiendo importancia desde que los consumidores prefieren animales terminados en «feedlots» (Ruiz, 2004). Debido al bajo valor nutritivo de los pastos tropicales y la baja ganancia de peso durante los «nortes» (entre noviembre y febrero), en algunas empresas los animales reciben alimentación suplementaria. Las ganancias diarias de peso vivo pueden ser tan bajas como 0,4 kg por animal y el período de terminación puede durar entre 18 y 24 meses (FIRA, 1994), lo cual perjudica la calidad del producto. Los animales son vendidos a intermediarios; sin embargo, en Veracruz y Tabasco los productores están organizados para vender su producto. Sistemas de producción ovina Producción caprina El resto de la producción caprina tiene lugar bajo condiciones muy extensivas. La mayoría de las cabras son mantenidas para el consumo doméstico de carne de animales adultos y ocasionalmente para el ordeñe (mayormente para uso doméstico). Los animales adultos son vendidos pero no sobre una base regular; en áreas secas el principal producto son los borregos destetados jóvenes (dos meses). De acuerdo con Hernández (2000) y UAS (2004) los principales atributos de este sistema predominante son: i) pequeños rebaños de menos de 50 animales, aunque se han observado rebaños de 1 200 cabezas; ii) la alimentación está basada en el pastoreo y ramoneo de la vegetación nativa y de las banquinas de las rutas; iii) los animales son pastoreados durante el día (6 a 10 horas), generalmente siguiendo las rutas comunes y durante la noche son traídos de vuelta a refugios muy rudimentarios; iv) la alimentación suplementaria es rara y solo incluye residuos del cultivo de maíz y Agave spp. picado; v) los machos (3 a 10 por ciento del rebaño) están con las hembras todo el año; vi) sin destete artificial y altas tasas de mortalidad de borregos; vii) sin medidas sanitarias; viii) falta de canales específicos de comercialización, usualmente vendiendo a intermediarios a precios muy bajos; ix) casi sin asistencia técnica y acceso al crédito; x) porcentajes de destete variables entre 53 y 90 por ciento; xi) muy baja ganancia diaria de peso vivo, en promedio 0,05 kg animal-1 con pesos de adultos oscilando entre 35 y 45 kg; xii) primer encarnerada a una edad de 12 a 18 meses y, xiii) una producción de leche entre 100 y 140 kg en lactancias que oscilan entre 180 y 210 días. |
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