Perfiles por País del Recurso Pastura/Forraje


Argentina


por

Martín F. Garbulsky y V. Alejandro Deregibus


1. Introducción
2. Suelos y topografía
3. Zonas climáticas y agroecológicas
4. Sistemas de producción de rumiantes
5. El recurso pastori
6. Oportunidades para el mejoramiento de los recursos forrajeros
7. Organizaciones de investigación y desarrollo y recursos humanos
8. Referencias
9. Contactos

[Las gráficas y datos en este perfil han sido proporcionadas por los autores y las denominaciones empleadas y la presentación de material en este producto informativo no implica la expresión de juicio alguno por parte de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación sobre la condición jurídica de países, territorios, ciudades o zonas, o de sus autoridades, ni respecto de la delimitación de sus fronteras o límites].


1. INTRODUCCIÓN

El territorio argentino, en la porción austral de América del Sud, corre desde el trópico de Capricornio hasta el extremo sur del continente (55º 58’ S); se extendiendo por 3 700 km de norte a sur y cubre 2:791.810 km2, limita con el Océano Atlántico, Uruguay y Brasil por el este, con Paraguay y Bolivia por el norte y con Chile por el oeste (Figura 1). La población de Argentina es estimada en 36:224.000 (2001) con una tasa de incremento decenal de 11,1 por ciento. La densidad de población es de 10 habitantes/km2, variando desde 0,8 habitantes/km2 en la provincia de Santa Cruz hasta 59 habitantes/km2 en la provincia de Tucumán. Aproximadamente el 90 por ciento de la población es urbana, solamente el 10 por ciento vive en áreas rurales. Casi dos tercios de la población está en las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos en el 20 por ciento del área continental (Figura 2).


Figura 1. Mapa de la Argentina
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Figura 2. Distribución de la población en Argentina.
Los colores representan la densidad de habitantes/km2 por cada partido (INDEC, 2001)
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Población indígena, colonización, independencia y organización nacional

Los primeros seres humanos migraron al territorio argentino hace doce o trece mil años y se establecieron en pequeños grupos de cazadores y recolectores. Hace unos mil años la población de todo el territorio inició cierto tipo de actividad agrícola/hortícola, usando los fértiles márgenes de algunos ríos luego que las inundaciones retrocedían, regando algunos valles en el árido oeste o quemando manchones de la selva en el húmedo noreste (Barsky y Gelman, 2001).

Una gran variedad de grupos humanos y modos de vida se encontraban en aquellos tiempos en la población nativa, estimada por los conquistadores españoles en medio millón de habitantes (siglo XVI). Estos grupos eran muy diversos en términos de cultura y organización y muchos eran nómades. Culturas más avanzadas se desarrollaron en el noroeste, cerca de los Andes, en el límite actual con Bolivia; estos grupos indígenas estaban dominados por el imperio Inca, el cual tenía una población estimada en 200 000 habitantes en el siglo XVI. Construyeron colonias organizadas, regaban sus cultivos de maíz y quinoa (Chenopodium quinoa) y empleaban camélidos medianos los cuales eran domesticados (llama, alpaca) o cazados (guanaco). En términos de tamaño de la población el grupo que ocupaba el área del Chaco también era numeroso, siendo los grupos Mocoví y Chiriguano Chané los más importantes. Los Querandíes y los Charrúas en las Pampas, los Charrúas y Guaraníes en las provincias de Entre Ríos, Corrientes y Misiones, los Tehuelches y Mapuches en la Patagonia y los Onas y Yamanas en Tierra del Fuego eran otros grupos numerosos de, principalmente, cazadores-recolectores.

En el siglo XVI fueron fundadas algunas de las actuales principales ciudades: Santiago del Estero (1553), Buenos Aires (1536-1580), Mendoza (1561), Santa Fe (1573) y Córdoba (1573). El virreinato del Río de la Plata fue creado en 1776, extendiéndose sobre los actuales territorios de Argentina, Uruguay y parte de otros países vecinos. En 1810 una fuerte burguesía comercial, basada en Buenos Aires, fue la fuerza conductora del del movimiento revolucionario que derrocó al virrey. Representantes de las provincias proclamaron la independencia de España en Tucumán en 1816 y crearon las Provincias Unidas del Río de la Plata. El gobierno de Buenos Aires forzó una política unitaria, tratando de mantener el control sobre el resto del territorio asumiendo la herencia del dominio español. Esta posición se encontró con una vigorosa oposición de parte de las otras provincias las cuales apoyaban un sistema federal de gobierno. Fricciones entre las facciones surgieron constantemente, conduciendo a la guerra civil en 1819. Mientras tanto el ejército nacional liderado por el General San Martín luchaba contra los realistas españoles y contribuía decisivamente a la independencia de Chile (1818) y Perú (1821).

La paz restableció en 1820, pero la formación de un gobierno estable permaneció sin resolver. A lo largo de la mayoría de la década siguiente un estado de anarquía prevaleció sobre las Provincias Unidas, mezclándose posteriormente con la guerra con Brasil desde 1825 a 1827. Como consecuencia de este conflicto, Uruguay emergió como un estado independiente. El desorden político nacional disminuyó luego de 1829 cuando Rosas, un federal, fue electo gobernador de la provincia de Buenos Aires. Rápidamente extendió su autoridad sobre las Provincias Unidas las cuales pasaron a ser conocidas como la Confederación Argentina y durante su mandato todos los grupos de oposición fueron aplastados o empujados a la clandestinidad. El régimen dictatorial en Buenos Aires fue derrocado en 1852 por un ejército federal conducido por el General Urquiza quien convocó a un congreso el cual discutió y dio sanción a una constitución federal en 1853. El rechazo de la provincia de Buenos Aires a la nueva constitución encendió la guerra en 1859. El ejército federal alcanzó una rápida victoria y en 1859 Buenos Aires aceptó unirse a la federación. La provincia fue, sin embargo, el centro de otra rebelión la cual derrotó el ejército nacional en 1861. En 1862 una convención nacional eligió al General Mitre como presidente y designó a la ciudad de Buenos Aires como capital de la nación. Con estos eventos, la provincia de Buenos Aires alcanzó el control sobre el resto de la nación.

Uno de los más importantes esfuerzos del desarrollo agropecuario durante el siglo XIX fue la consumación de la conquista de las Pampas hasta el Río Negro de manera tal que la amenaza de los aborígenes hostiles desde esa región fue eliminada. La así llamada Guerra del Desierto (1879-1880) abrió vastas áreas nuevas para el pastoreo y el cultivo. Luego de esta guerra la Argentina efectuó un marcado progreso económico y social y se definieron las actuales fronteras de la nación. La red de ferrocarril, desarrollada principalmente por compañías británicas durante las últimas décadas del siglo XIX y comienzos del XX, jugó un papel fundamental en el desarrollo del territorio por el gobierno central. Durante la primer década del siglo XX el país emergió como una de las naciones principales de América del Sud debido a la exportación de productos primarios (mayormente trigo y carne). La inmigración europea desde España e Italia transformaron las características sociales de las ciudades y el campo. Muchas colonias agrícolas de inmigrantes fueron establecidas durante esa época, principalmente a lo largo de las Pampas.

Actualmente la Argentina es una república federal dividida en 24 provincias. El gobierno nacional es una democracia presidencialista desde 1853 cuando fue sancionada la constitución. Sin embargo, varios gobiernos no democráticos apoyados por grupos militares desalojaron a los gobiernos democráticos. La democracia fue restablecida en Argentina en 1983.

Primeros herbívoros e introducción de ganado doméstico
Las tierras de pastoreo y su fauna dominante se originaron en lo que es ahora la Patagonia hace casi 45 millones de años, como consecuencia de disturbios climáticos ocurridos durante mediados y fines de la era terciaria (mioceno y plioceno) y comienzos de la era cuaternaria (pleistoceno). Registros fósiles en estratos de comienzos del Eoceno (hace 60 millones de años) muestran pasturas primitivas y mamíferos con dientes de hipsodonte, mientras que durante el oligoceno (40-25 millones de años) varios grupos nuevos de no ungulados aparecieron en las recientemente abiertas sabanas (Coughenour, 1985). Los pastos (Poaceae) pueden haber entrado a la región desde África durante el palaeoceno (70-60 millones de años) o aún a comienzos del cretáceo (Stebbins, 1981). En la medida que las condiciones climáticas continuaron alteradas, vastas áreas fueron ocupadas por tierras de pastoreo, ecosistemas dinámicos altamente adaptados a eventos de alteración. Los cambios climáticos causaron la extinción de antiguos herbívoros como consecuencia del período glacial al final de la era cuaternaria neolítica. Equidae y Camelidae migraron desde el norte de América del Sud al final del plioceno (3 millones de año) o comienzos del pleistoceno (Stebbins, 1981).

Cuando arribaron los españoles, en la mayor parte del territorio argentino no había herbívoros de tamaño corriente ni sus predatores carnívoros. Estas estepas de pasturas se transformaron en un nicho abierto, ideal para el ganado y los caballos introducidos desde Europa y cuya población creció espontáneamente en enormes rebaños que deambulaban libremente a lo largo del vasto territorio. La abundancia de grandes herbívoros cambió el paisaje, el suelo y la estructura de las tierras de pastoreo; doseles foliares de maciega alta se transformaron en forrajes más nutritivos y blandos y se incrementó la fertilidad de la capa superior del suelo.

Indígenas y españoles cazaban fácilmente a caballo este ganado. La posibilidad de explotar sus cueros y salar parte de su carne (tasajo) marcaron la actividad económica y permitieron el crecimiento de muchas colonias durante el período de colonización. Autoridades de las principales ciudades de la región otorgaban permisos de caza y organizaban expediciones («vaquerías») a lo largo del siglo XVII, actividades que cesaron a mediados del siglo XVIII debido al diezmado de la población de ganado salvaje. Desde del inicio, grandes operativos fueron desarrolladas para la cría de ganado (llamados «estancias» nombre origenado en que el gobierno español nombraba gente para «estar»). Áreas significativas eran operadas por la congregación católica de los jesuitas la cual imprimió una fuerte impronta cultural a muchas regiones. En el oeste y noroeste de Argentina se criaban mulas y ganado para abastecer las minas de plata en Potosí (actualmente Bolivia), una importante actividad económica durante el siglo XVII.

Uso de la tierra
Actualmente hay en el país 332 057 establecimientos propiamente delimitados que abarcan 172 millones de hectáreas, siendo el resto establecimientos cuyos límites no están adecuadamente definidos o tierras fiscales cuyos ocupantes mantienen derechos de propiedad precarios. Esto resulta en un tamaño promedio de 518 ha por propiedad, oscilando entre 74 ha en Misiones y 21 012 ha en Santa Cruz. Unos pocos establecimientos exceden 1 000 000 de ha en la Patagonia o el oeste árido o las 200 000 ha en la Pampa húmeda, Campos o el Chaco. Sólo el 20 por ciento de esta área es cultivada (33 millones de ha) con cereales (29 por ciento-trigo, maíz, cebada, avena y sorgo), oleaginosas (27 por ciento-soja, girasol), cultivos industriales (2 por ciento-algodón, caña de azúcar, lino, mandioca, tabaco, café, te y yerba mate) o con otros cultivos (41 por ciento-madera, frutales, pasturas).

El Cuadro 1 muestra las áreas de cultivo en la Argentina.
Hasta hace poco era usual encontrar mezcladas la ganadería y la agricultura en las operaciones productivas de las Pampas; esto significaba mantener la fertilidad del suelo dado que tres a cinco años de cultivos eran seguidos por un similar período de pasturas. En la década pasada, los incrementos en los precios de los principales cultivos junto a la posibilidad del mínimo laboreo de los suelos, determinó la expulsión del ganado de las mejores áreas de cultivo. Como en otras partes del mundo, los productores argentinos se especializaron como agricultores o como ganaderos. La actividad agropecuaria abarca el 30 por ciento del PBI de la Argentina y el 50 por ciento de las exportaciones incluidos los productos manufacturados (INDEC, 2001).

Cuadro 1. Área cultivada y rendimiento medio de los principales cultivos en Argentina. Celdas vacías significan falta de estadísticas.SAGPyA, 2004

Cultivo

Área cultivada (ha)

Rendimiento medio (kg/ha)

Fecha

Soja

12 606 845

2 803

2002/03

Trigo

6 300 210

2 033

2002/03

Maíz

3 084 374

6 477

2002/03

Girasol

2 378 000

1 598

2002/03

Avena

1 368 400

1 666

2002/03

Algodón

410 905

-

2000/01

Sorgo

592 740

5 031

2002/03

Centeno

337 640

1 402

2002/03

Caña de azúcar

335 036

-

1997/98

Porotos

292 680

-

1997/98

Cebada

269 240

2 199

2002/03

Vid

209 000

-

 

Yerba mate

201 600

-

1997/98

Maní

157 326

1 412

2002/03

Arroz

135 170

5 400

2002/03

Papas

119 165

-

1997/98

Tabaco

84 454

-

1997/98

Naranjas

60 129

-

1996/97

Mijo

49 850

1 844

2002/03

Te

43 145

-

1997/98

Trigo (duro)

42 800

2 476

2002/03

Limones

38 679

-

1996/97

Tanjerinas

36 770

-

1996/97

Cebollas

23 657

-

1997/98

Cártamo

23 000

605

2002/03

Alpiste

19 095

987

2002/03

Ajo

15 801

-

1997/98

Cebada (forraje)

14 450

1 732

2002/03

Lino

13 800

815

2002/03

Pomelos

13 458

-

1996/97

2. SUELOS Y TOPOGRAFÍA

Topografía

Aunque limitada por el oeste por las alturas de los Andes, cuyo pico más alto es el Aconcagua (6 959 msnm), la mayor parte de Argentina es marcadamente plana y un 63 por ciento del área total está por debajo de los 500 msnm (Cuadro 2, Figura 3).

Cuadro 2. Distribución topográfica del territorio de Argentina.
Basado en un modelo de elevación digital (Bliss y Olsen 1996).

Altitud (metros)

Area total  (km2)

Porcentaje

0-500

1 769 392

63,6

501-1 000

472 956

17,0

1 001-1 500

211 821

7,6

1 501-2 000

75 728

2,7

2 001-2 500

42 876

1,5

2 501-3 000

30 172

1,1

3 001-3 500

33 939

1,2

3 501-4 000

56 996

2,0

4 001-4 500

51 575

1,9

4 501-5 000

26 854

1,0

5 001-5 550

6 636

0,2

>5 551

1 455

0,1


Figura 3a. Mapa topográfico de Argentina y áreas circundantes. Elaborado a partir de Bliss y Olsen (1996).
Figura 3b. Divisiones políticas e isoyetas mostrando tendencias de humedad a lo largo del gradiente E-O (en amarillo, isoyetas de índice hídrico; Burgos, 1963) y variación de temperatura a lo largo del gradiente N-S (en rojo, temperatura media anual).

Principales tipos de suelos
Los suelos de Argentina abarcan ocho órdenes de la clasificación taxonómica de suelos (Figura 4). El orden más abundante es el de los molisoles, donde tienen lugar la agricultura de cultivos comerciales y la producción intensiva pecuaria (carne y leche). La agricultura de secano es significativa en la mayoría de las áreas húmedas, donde este grupo abarca la mayor parte de los suelos fértiles de las Pampas. Los entisoles y aridisoles son suelos no desarrollados con baja capacidad de retención de agua, importantes en áreas áridas y semi-áridas. El cuarto grupo en términos de área ocupada son los alfisoles, localizado en las áreas húmedas sub-tropicales del noreste de Argentina. Estos cuatro grupos ocupan el 80 por ciento de las tierras del país donde pastorea la gran mayoría de la población de rumiantes (Cuadro 3).

Figura 4. Principales tipos de suelos de Argentina de acuerdo con los órdenes taxonómicos de suelos.
Basado en el Atlas de suelos de la República Argentina (INTA 1990). Otros tipos de suelos incluyen áreas urbanas, de aguas continentales y rocosas.
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Cuadro 3. Área por orden de suelos en la Argentina continental.
Elaborado por INTA (1990).

Orden de suelos

Área total (km2)

Alfisol

205 851

Aridisol

555 686

Entisol

621 420

Histosol

872

Inceptisol

81 136

Molisol

871 569

Ultisol

737

Vertisol

15 679

No clasificada (urbana, rocosa, aguas poco profundas)

427 449

Total

2 780 400


3. CLIMA Y ZONAS AGROCLIMÁTICAS

Clima

Argentina tiene una amplia variedad de climas y consecuentemente de comunidades ecológicas. Las precipitaciones anuales oscilan entre 150 mm en las partes más secas de la Patagonia y el oeste del territorio a más de 2 000 mm en las selvas lluviosas frías (SO) y subtropicales (NE). Una amplia porción de la diagonal sudamericana árida (Figura 5) cubre el oeste y sur del territorio argentino, determinando selvas secas en el noroeste, estepas arbustivas en el centro-este y un semidesierto en la Patagonia.

Figura 5. Indice de diferencias normalizadas de vegetación (IDNV) obtenidas de los satélites NOAA/AVHRR para el sur de América del Sud 1995. Áreas con bajo IDNV (tonos marrones) muestran áreas áridas y semi-áridas.
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Los eventos de lluvia en las planicies argentinas son determinados por una continua lucha de masas de aire: vientos húmedos del Océano Atlántico subtropical entran por el norte y el centro del territorio argentino, mientras que vientos secos entran desde la Patagonia variando en fuerza relativa de acuerdo con las estaciones. Vientos cálidos dominantes entran libre y profundamente por el norte y centro del territorio argentino durante la estación cálida liberando mucha lluvia hasta desecarse en el oeste. En la estación más seca un vasto sector de la Argentina carece de lluvia en la medida en que la fuerza de los vientos secos del sur se incrementa y los eventos de lluvia ocurren solamente en el este del territorio. Los vientos del sur siempre dominan el territorio patagónico. Debido a esto, las regiones noreste (Campos subtropical y Chaco) y centro este (Pampas templadas) de Argentina son ambientes super húmedos con lluvias anuales de 1 200 mm distribuidas uniformemente. En el medio-oeste la lluvia se vuelve escasa en verano y nula en invierno, causando ambientes continentales sub-húmedos en el Chaco subtropical central y en las Pampas centrales, con 600 mm distribuidos en el verano y con un invierno seco. Muy poca humedad alcanza la región del lejano oeste, en la medida en que las buenas lluvias solo se encuentran en las pendientes de las montañas del noroeste (Figura 3b).

La temperatura media anual oscila entre 5 ºC en el extremo continental sur y 25 ºC en el norte. Las isotermas de 20 ºC y 13 ºC separan las Pampas de las regiones del Chaco y la Patagonia (Figura 3b). En la Argentina húmeda el ambiente térmico es suave, permitiendo el crecimiento de las pasturas a lo largo de todo el año y el pastoreo del ganado. En el medio oeste y en el sur el crecimiento de pasturas es mínimo durante el invierno y el ganado debe ser suplementado con proteína para una mejor utilización del forraje. Las temperaturas extremas se incrementan hacia el oeste.

Regiones ecológicas
Alrededor del 75 por ciento de la Argentina continental es ocupada por vegetación de variada fisonomía cuyos estratos herbáceos pueden ser pastoreados por herbívoros domésticos. Las isotermas anuales de 13 y 20 ºC son los límites de las pasturas mega-, meso- y micro-térmicas, mientras que la estimación del cumplimiento parcial de las demandas de evaporación muestra la existencia de pasturas áridas, semi-áridas, sub-húmedas y húmedas (Figura 6). Clasificadas de esta manera, es posible diferenciar cinco grandes regiones pastoriles que muestran variadas características funcionales, productivas y forrajeras:

  1. Selvas de Campos y del Espinal (mega-térmica, super- húmeda a húmeda)
  2. Selvas del Chaco (mega-térmica, húmeda a semi-árida)
  3. Pampas (meso-térmica, húmeda a sub-húmeda)
  4. Pasturas semi-áridas, selvas secas: Arbustos del Monte y del Caldenal (meso-térmica, semi-árida).
  5. Semi-desierto frío de la Patagonia (micro-térmico, árido)
  6. Puna y estepas pastoriles en los altos Andes
Figura 6. Regiones pastoriles de la Argentina y sus principales controles funcionales.
Las áreas en tonos verdes están forestadas con Diferentes densidades de árboles. Las áreas en púrpura son estepas arbustivas con aptitud pastoril.
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4. SISTEMAS DE PRODUCCIÓN DE RUMIANTES

Historia
Luego de un período inicial de explotación del ganado cimarrón, con el establecimiento de las estancias comenzó la cría comercial de ganado en forma extensiva y basada en pasturas, la cual se tornó cada vez más importante. Los ovinos se agregaron a los vacunos y equinos durante el siglo XIX, su población se expandió rápidamente y alcanzó un pico en las Pampas a comienzos del siglo XX. Hasta el advenimiento de la industria frigorífica, los principales productos animales comercializados eran cueros, grasas, lana y carne salada (tasajo para los esclavos en Brasil). En esta época, capitales británicos desarrollaron una moderna industria cárnica para abastecer a sus ciudadanos en la Islas Británicas y algunas colonias. Tal interés económico provocó una campaña del ejército en contra de los indígenas para liberar más tierra, permitiendo un constante incremento en la ocupación de tierras y en el número de ganado.

Aunque ciertos camélidos nativos son explotados comercialmente para pequeñas cantidades de pelo y lana y para tiro y el ganado «criollo» aún se encuentra en muchas áreas, casi la totalidad de los rumiantes utilizados con propósitos comerciales fueron cruzados con razas extranjeras. Un importante trabajo de selección y mejoramiento dentro de cada raza tuvo lugar en el país y fueron creadas nuevas razas. Existen asociaciones de criadores que promueven cada raza, implementando todos los años concursos nacionales y locales para mostrar y vender animales de pedigrí. Los ganaderos participan en estos eventos en gran número debido a su interés en el mejoramiento genético de su ganado.

A continuación se describen los parámetros poblacionales y productivos ganaderos para las cinco regiones que parcialmente ajustan a las regiones pastoriles (Figura 6, Cuadro 4). Las regiones difieren no solamente en su dotación total de animales sino también en su perfil productivo. Las Pampas tienen alrededor del 62 por ciento del rodeo vacuno nacional. La Patagonia tiene menos del 2 por ciento de los vacunos del país pero cuenta con 59 por ciento de la dotación nacional de ovinos. La mayor proporción de vacas se encuentra en Campos y en el este del Chaco, mostrando la importancia de las actividades de cría en esa área. El 14 por ciento remanente del ganado se encuentra en regiones semi-áridas del país. La faena para consumo humano es mayormente de novillos (Cuadro 4).

Región

Dotación (1000 cabezas)

Vacas (%)

Faenadas (1000 cabezas)

Extracción
(%)

I. Pampas (cultivable e inundación)

34 200

35

10 600

31

II. Campos & E Chaco (Espinal y  Chaco húmedo)

12 500

45

1 220

10

III. O Chaco (Chaco seco y Puna)

4 090

40

680

16

IV. Semi-árido central (monte de arbustos)

3 600

43

700

19

V. Patagonia (estepas arbustivas, oasis irrigados y bosques de zona templada)

760

44

190

25

Total

55 150

39

13 390

24

Cuadro 4. Parámetros de la industria ganadera  para cada región argentina y para todo el país. Recalculado de Rearte (1996). La extracción representa el porcentaje de animales de la dotación total faenados cada año.

Razas
Las pasturas de la zona templada de Argentina están pobladas por ganado de carne de razas británicas (Aberdeen Angus y Hereford) u otras de Europa continental (Holstein y Charolais). Razas índicas, derivadas del ganado de carne Bos indicus (Brahman, Brangus, Braford) son usadas en áreas cálidas subtropicales por su mejor adaptación al calor y a las pestes que el ganado de origen europeo. El ganado lechero es de origen Holstein, con un pequeño número de Jersey. Los ovinos son mayormente Corriedale, Merino, y Romney Marsh. La raza ovina Pampinta fue desarrollada localmente en 1990 para la explotación extensiva de carne y leche, cruzando las razas Corriedale (25 por ciento) y East Friesan (75 por ciento). Actualmente, más de 20 000 ejemplares de Pampinta están distribuidos en 40 establecimientos lecheros en toda la Argentina.

Solamente ciertos camélidos nativos continúan siendo usados. Cada raza es usada dependiendo de las condiciones ambientales y de los objetivos productivos de las explotaciones comerciales. Varias organizaciones no gubernamentales son las responsables locales de cada raza.

Número de animales
En el 2001 la dotación del país estaba compuesta por alrededor de 48 millones de bovinos, 13,5 millones de ovinos y 1,5 millones de equinos (Figura 7). En décadas recientes el número de ovinos decreció sensiblemente, principalmente debido a los bajos precio de la lana. En el Cuadro 5 se presentan datos de FAOSTAT para cabezas de ganado, producción de carne y lana y exportaciones de reses y ganado en pie, donde se puede notar que ciertas cifras (por ejemplo número de equinos) difieren de las antes mencionadas.

Cuadro 5. Argentina: Estadísticas para cabezas de ganado, producción de carne y leche, exportaciones de reses y ganado en pie para el periodo 1992-2003 (según FAOSTAT).


 

1992

1993

1994

1995

1996

1997

1998

1999

2000

2001

2002

2003

Bovinos (cabezas)

1 000 000

53,0

52,7

53,2

52,7

50,8

50,1

48,1

49,1

48,7

48,9

48,1

50,9

Ovinos (cabezas)

1 000 000

25,7

18,4

16,9

15,2

14,3

13,2

13,5

13,7

13,6

13,5

12,4

12,5

Cabras (cabezas)

1 000 000

3,5

3,7

4,0

3,6

3,4

3,4

3,4

3,4

3,5

3,4

4,0

4,2

Equinos (cabezas)

1 000 000

3,3

3,3

3,3

3,3

3,3

3,3

3,3

3,6

3,6

3,6

3,7

3,7

Prod. de carne vacuna (TM)  1 000 000

2,8

2,8

2,8

2,7

2,7

2,7

2,5

2,7

2,7

2,5

2,7

2,8

Prod. de leche (TM)             1 000 000

6,8

7,2

8,0

8,8

9,1

9,4

9,8

10,7

10,1

9,9

8,2

7,7

Prod. de  carne ovina (TM) 1 000

65,8

64,9

84,6

81,0

64,0

58,0

48,0

45,0

50,0

50,0

50,3

51,7

Exportación de reses (TM) 1 000

163,7

163,7

243,8

343,8

256,6

297,0

192,6

230,8

232,5

103,3

227,0

n.d.

Exportación de ganado en pie (cabezas) 1 000

9,5

11,6

371,4

376,4

127,9

121,3

10,2

21,0

14,0

0,08

n.d.

n.d.

n.d. = no disponible

 

Figura 7. Población nacional de ganado (miles de cabezas)
Fuente: INDEC (Instituto Nacional de Estadísticas), 2001.

En el 2001, la mayoría de la carne vacuna (2,7 millones toneladas/año), cordero (35 000 toneladas/año, si bien las cifras de FAOSTAT son más altas) y leche (10 000 millones litros/año) fueron consumidas internamente, debido a que la exportación a muchos países no está permitida por razones sanitarias (aftosa). La carne y las industrias lácteas suman solamente el 6 por ciento de las exportaciones (INDEC, 2001).

Distribución de las áreas de cría
La producción ganadera argentina tiene dos sectores. El sector productor comercial está bien desarrollado, es intensivo en capital y está orientado a la exportación. El sector productor de subsistencia en las áreas comunales está basado en el pastoreo o en una mezcla de este con agricultura; la mayoría de los establecimientos de subsistencia hacen un uso intensivo de mano de obra, con limitado uso de tecnología e insumos externos. Los resultados y objetivos de los ganaderos son más diversos que en la producción ganadera comercial e incluyen fuerza de tracción, leche, estiércol, carne, ingreso de dinero en efectivo y reserva de capital así como factores socio-culturales.

La gran amplitud de zonas agroecológicas ha llevado al desarrollo de muchos sistemas de producción ganadera adaptados a las condiciones ecológicas y económicas de cada zona. Estos sistemas fueron descriptos en la sección 5 junto con detalles de los recursos forrajeros, de manera de simplificar la lectura y evitar la repetición.

Los establecimientos ganaderos están establecidos en la periferia de la región pampeana, en la pampa inundable o en cualquier otro lugar donde la agricultura no es posible. Razones ambientales, históricas y económicas han determinado esta heterogénea distribución del ganado a lo largo del país. Los ovinos son más importantes en la Patagonia y la mayoría de los productores de subsistencia de ovinos están en el noroeste de la Patagonia, la Puna y en las estepas andinas. La lechería y el engorde de vacunos han estado tradicionalmente asociados con las pampas, a menudo en rotación con cultivos; los altos precios de los cultivos y la nueva tecnología han llevado a incrementar la especialización en la producción de cultivos, mientras que el ganado (mayormente bovino) está actualmente siendo forzado fuera de las áreas agrícolas.

La comercialización de los productos pecuarios ha cambiado fuertemente durante las últimas décadas. Los mercados centrales de ganado en pie solían concentrar la mayor parte de las transacciones (por ejemplo, el Mercado de Liniers en Buenos Aires). Hoy en día, el trato directo entre productores y compradores (p. ej., supermercados, carniceros mayoristas) abarca la mayor parte del mercado. Sin embargo, los mercados en pie aún determinan los precios de varios tipos de animales. En el mercado lácteo los establecimientos venden la leche directamente a las fábricas. Tres compañías principales concentran el 70 por ciento de la leche producida en el país. Hay muchas fábricas medianas y pequeñas, principalmente en la zona de las pampas.

Principales limitantes y problemas de la producción ganadera
Las principales limitantes de la producción de pasturas y forrajes, así como los intentos de mejoramiento, son los siguientes:

  • Problemas en la exportación (aftosa y otros)
  • Baja estabilidad económica nacional y alta aversión al riesgo
  • Degradación ambiental: erosión del suelo, invasión de bosques
  • Dificultades crediticias



  • 5. EL RECURSO FORRAJERO

    (i) Campos y selva del Espinal
    El territorio húmedo a superhúmedo del noreste del territorio de Argentina muestra, hacia el norte, pantanos o pasturas creciendo sobre suelos arenosos ácidos (profundos) o pedregosos (superficiales) y, hacia el sur, una sabana (conocida como selva del Espinal) creciendo sobre suelos fuertemente arcillosos. Estas pasturas megatérmicas están dominadas por gramíneas estivales (C4), reduciendo progresivamente la densidad de las gramíneas invernales (C3) o de las leguminosas. Debido a que el ganado no puede pastorear la biomasa forrajera de baja calidad (60 por ciento de digestibilidad o menos) producida durante la larga estación estival, una gran cantidad de biomasa se acumula y envejece durante el otoño (abril), sigue perdiendo calidad (hasta 3 por ciento de proteína) en invierno (julio) y tiene que ser quemada antes del inicio de la próxima estación de crecimiento (septiembre). La acumulación de biomasa en el otoño sombrea el crecimiento inicial de las gramíneas invernales causando escasa producción de forraje durante el invierno cuando es intensa y continuamente pastoreada. Debido a que la baja calidad forrajera en la estación fría afecta la nutrición del ganado, las dotaciones son bajas (Pizzio et al. 2000).

    Las gramíneas de las tribus Panicoideae, Chlorideae, Andropogoneae y Oryzeae dominan las pasturas que crecen en estos suelos superficiales y deficientes en fósforo (menos de 3 ppm; las leguminosas presentes son Adesmia sp., Desmodium sp. y Rhynchosia sp., mientras que unas pocas gramíneas C3 de las tribus Agrosteae y Stipeae prosperan por unos pocos meses.

    Varios tipos de pasturas se encuentran en Campos y selva del Espinal, clasificados de acuerdo a las especies dominantes y la fisonomía.

    Pasturas altas: es la típica vegetación de Campos ocupando áreas húmedas a super-húmedas. Andropogon lateralis, la especie dominante, no es pastoreable cuando el dosel foliar está dominado por sus fuertes tallos floríferos rojos. Cuando está bien pastoreado, este pasto tiene una apariencia foliosa asociado con pastos medianos y bajos de aceptable calidad forrajera como pasto Jesuita (Axonopus compressus), pasto Bahía (Paspalum notatum), pasto miel (Paspalum dilatatum) y otros Paspalum spp. (P. almum, P. plicatulum), Bothriochloa laguroides o Rottboellia selloana. Cuando Andropogon es dominante y ligeramente pastoreado, la producción de biomasa puede exceder las 7 toneladas ha-1 año-1. Otros pastos altos dominan las áreas occidentales de la región de Campos y el Chaco Húmedo, tales como Elionurus muticus (sobre suelos bien drenados), Sorghastrum agrostoides y Paspalum intermedium.

    Pasturas medias: en los Campos abiertos o entre el dosel foliar disperso de árboles de Prosopis spp. y Acacia spp. en la selva de Espinal, crece una capa de hierbas capaz de producir 4-5 toneladas ha-1 año-1. Pastos blandos como Axonopus argentinus, A. compressus, Bothriochloa laguroides, Paspalum notatum, P. dilatatum y Panicum miliodes cubren el suelo densamente y ofrecen forraje de calidad durante la estación cálida. Esta pastura tiene una gran capacidad de recuperar su condición cuando es moderadamente pastoreada y cuando se le permite descanso aparecen algunos pastos invernales (Stipa neesiana, Briza subaristata) y leguminosas (Adesmia punctata, Desmodium incanum, Rhynchosia senna, Medicago polymorpha y Trifolium polymorphum). Cuando esto ocurre, estas pasturas muestran cierto crecimiento forrajero durante la estación fresca, determinando incrementos en la productividad secundaria.

    Pasturas cortas: pastos ordinarios como Aristida jubata y Bouteloua megapotamica producen una cubierta de baja densidad en suelos infértiles y alcalinos; su productividad forrajera es baja (1 t/MS ha-1 año-1). Estas pasturas son pastoreadas por ovinos.

    Pasturas de bañado: Gramíneas y ciperáceas con aerénquima cubren áreas con 20-30 cm de agua estancada. Especies como Echinochloa helodes, Eriochloa punctata, Paspalidium paludivagum, Leesia exandra, Luziola peruviana dominan el dosel foliar denso. Estas pasturas tienen una buena producción de forraje (6 t/MS ha-1 año-1) permitiendo altas dotaciones y rápidas ganancias de peso del ganado durante la mitad cálida del año.

    Pasturas cultivadas: un área mínima (200 000 ha) de pasturas nativas ha sido reemplazada con Setaria anceps, Digitaria decumbens (pasto Pangola), Brachiaria spp., y otras forrajeras mejoradas. Ni leguminosas ni pastos de estación fresca crecen exitosamente, lo que constituye una gran limitante ya que hay necesidad de mejorar la calidad forrajera y la producción invernal.

    En esta región se observan procesos extendidos de degradación de suelo y de vegetación. Diferentes factores se combinan para causar esta degradación: terreno ondulado, suelos arenosos o arcillosos, lluvias intensas, sobrepastoreo, deforestación y fuegos no autorizados. Casi el 10 por ciento del área de esta región (840 000 ha) ha sido clasificada como severamente erosionada y otros tres millones de hectáreas se están degradando.

    Población ganadera y producción secundaria:

    La existencia de ocho millones de vacunos hacen a la región de Campos la segunda luego de las Pampas respecto al número de animales. La cría de terneros es la actividad exclusiva de la mayoría de los grandes establecimientos («estancias»). Los terneros destetados (160-180 kg) son transportados a las Pampas para pastorear avena, festuca o alfalfa o para ser engordados en pradera. Los Campos también producen corderos y lana a partir de una gran población de ovinos (1,5 millones), en las sabanas del sur. Las dotaciones en estas pasturas varían a lo largo del año de acuerdo con el tipo de pasturas y la productividad invernal, 1,5-3 ha por unidad animal (450 kg) sobre campo natural hasta 0,5 ha por unidad animal en pasturas sembradas. La deficiencia de fósforo es la mayor causa de la baja tasa de procreo (40-60 por ciento), promediando una productividad secundaria de 30-40 kg ha-1 año-1; los establecimientos más eficientes producen 100-120 kg ha-1 año-1.

    (ii) Selva del Chaco

    [Pulse aquí para el artículo sobre El gran Chaco de Fernando Rivero]

    Esta sabana subtropical ocupa el territorio central norte de Argentina y continúa hacia el norte a través de Paraguay y Bolivia, abarcando conjuntamente 80 millones de hectáreas. Su límite sur es aproximadamente la isoterma de 20 ºC o 30º 30’ latitud sur (Figuras 3 b y 6). En la topografía plana de esta región (desde 100 a 200 msnm, ver Figura 3a), manchones de monte se alternan con extendidas pasturas. Su fisonomía, densidad de plantas y cubierta de especies varia según el gradiente de precipitación, lo cual permite la división del Chaco en: Chaco húmedo (Este 1 000-1 250 mm), Chaco sub-húmedo (Central 700-1 000 mm) y Chaco semi-árido (Oeste 450-600 mm). Otras divisiones adicionales del Chaco son usualmente consideradas (oriental u occidental, árido, aluvial, ondulado, inundable).

    Sabanas del Chaco húmedo:
    Manchones de monte ocupan los suelos altos, más fértiles y mejor drenados. La actividad humana ha reducido severamente la mayoría de las especies madereras valiosas y ha causado la invasión de arbustos que impiden el acceso del ganado. Caracterizado por el quebracho colorado de médula con tanino (Schinopsis balansae), en esta selva pueden encontrase otros árboles majestuosos tales como Aspidosperma quebracho-blanco, Tabebuia ipe, Astronium balansae, Syagrus romansoffianum. Árboles de doseles foliares más bajos que rodean estos manchones de monte, comprenden Prosopis alba, P. Nigra, P. algarrobilla, Geoffroea decorticans, Acacia praecox y otros.

    El paisaje es completado por vastas tierras de pastoreo que forman una red superficial y drenan los excesos de agua hacia el este, extendiéndose sobre casi tres millones de hectáreas. En las pendientes intermedias se pueden ver palmas (Copernicia alba) y un estrato herbáceo dominado por pastos altos tales como Elionurus muticus (en suelos arenosos bien drenados), Sorghastrum agrostoides (en suelos periódicamente inundados) y Paspalum intermedium (en suelos frecuentemente inundados). La calidad forrajera de estas pasturas depende de la densidad de los pastos acompañantes de calidad regular y tamaño medio tales como Chloris ciliata, Setaria geniculata, Sporobolus indicus. Dentro de los drenajes (los cuales están continuamente inundados) crecen pastos de bañado tales como Leersia hexandra, Luziola peruviana, Paspalidium paludivagum, Eriochloa punctata, Echinochloa helodes los cuales, cuando son foliosos, forman densos tapices de buen forraje. Finalmente, los bañados de aguas profundas están dominados por Panicum prionitis, pasto alto no pastoreable.

    Un rasgo distintivo de esta región es su flora herbácea de leguminosas la cual varía de acuerdo al nivel de fósforo del suelo, oscilando desde muy rico en suelos forestados hasta pobre en suelos salinos bordeando los drenajes. Especies tales como Adesmia muricata, Aeschynomene rudis, Discolobium leptophyllum, Desmanthus virgatus, Desmodium canum, Dolichopsis paraguariensis, Indigofera parodiana, Lathyrus nigrivalvis, Neptunia sp., Phaseolus athyroides, Vicia graminea, Vigna luteola y otras mejoran la calidad forrajera y activan la circulación de nitrógeno en esta pasturas. Donde es fijado el nitrógeno crecen pastos de estación fresca tales como Bromus inermis, Agropyron scabrifolium y Phalaris angusta, mejorando además la calidad forrajera. Lamentablemente, el pastoreo continuo y frecuentes fuegos han reducido fuertemente la población de estas especies y actualmente se encuentran solamente en pasturas de excelente condición, la mayoría sobrevivientes. El área sur de esta sub-región húmeda es una vasta cuenca de casi un millón de hectáreas, caracterizada por frecuentes inundaciones, suelos salinos y bañados dominados por Spartina argentiniensis.

    Pasturas del Chaco sub-húmedo y semi-árido
    Los montes xerofíticos de esta sub-región, caracterizados por tener hojas duras y pequeñas, decrecen en altura y densidad de este a oeste. Los árboles altos como Aspidosperma quebracho-blanco, Prosopis nigra, Ziziphus mistol, Caesalpinia paraguariensis, Prosopis kuntzei están en general esquilmados. Arbustos como Acacia praecox, A. furcatispina, A. aroma, Schinus faciculatus, Mimosa detinens, Larrea divaricata crecen alrededor y entre los árboles altos, impidiendo el crecimiento de la hierba y el acceso del ganado. El estrato bajo y herbáceo del paisaje es rico en pastos de los géneros Aristida, Brachiaria, Bothriochloa, Chloris, Digitaria, Gouinia, Heteropogon, Neobouteloua, Pappophorum, Setaria y Trichloris. Se originaron muchas áreas abiertas las cuales han sido mantenidas por medio de la quema, llevando a la degradación de la pastura con dominancia de Elionurus muticus y reducción de leguminosas de los géneros Cassia, Desmanthus, Desmodium, Galactia, Indigofera y Rhynchosia.

    Forrajeras cultivadas:
    Forrajeras exóticas tales como Cenchrus ciliaris, Digitaria eriantha y Panicum maximum son sembradas en áreas donde las especies dominantes de arbustos y pastos altos fueron eliminadas, produciendo una importante variación en la industria ganadera. Aunque el problema de la falta de proteína persiste, el uso de estas especies mejoradas permite una cosecha más eficiente de la biomasa producida, elevando sensiblemente la capacidad de carga del área.

    Potencial del Chaco y fragilidad del ecosistema
    El Chaco ocupa un área significativa de América del Sud continental y tiene un gran potencial que debe ser desarrollado. Sin embargo, sus ecosistemas son frágiles y necesitan un uso racional de sus recursos naturales. La textura fina de sus suelos y los drenajes erráticos conducen a inundaciones, sequías, alcalinidad, acumulación de sales en los horizontes del suelo y capas de agua freática. Son evidentes y frecuentes severos procesos de erosión, debido a una extensiva degradación tanto de los suelos como de la vegetación. Síntomas de desertificación se observan en áreas deforestadas y sobrepastoreadas. La disponibilidad de agua potable para el ganado es errática.

    La producción forrajera varía ampliamente a través del Chaco argentino dependiendo de la precipitación, la duración de la estación lluviosa y la dominancia de los doseles foliares de árboles, arbustos o pastos altos. La producción de biomasa forrajera en espacios abiertos oscila entre 5 a 1,5 toneladas por año en el este y entre 2 a 0,5 toneladas por año en el oeste, siendo casi nula en el invierno. La calidad forrajera depende de la presencia de gramíneas estivales de tamaño mediano, de leguminosas forrajeras y de gramíneas invernales de estación fresca. En la medida en que las pasturas pierden su condición y son dominadas por pastos altos que sobrepasan a las mejores especies, el forraje se acumula durante el verano perdiendo digestibilidad y contenido de proteína. La ausencia de gramíneas invernales agrava aún más este problema en el invierno.

    La población ganadera del Chaco argentino es de menos de tres millones de cabezas, siendo necesarias 10 o más hectáreas por cabeza. Esto es solamente justificable en un área con una precipitación de 500 a 1 000 mm, debido a que la escasez de fuentes de agua impide una adecuada distribución del ganado, y una pobre calidad forrajera significa que millones de toneladas de forraje grueso permanecen sin pastorear y es quemado al final de cada invierno.

    (iii) Pampas

    La región pampeana ocupa unos 50 millones de hectáreas, extendiéndose entre las isotermas de 2 ºC a 13 ºC (Figuras 3b y 6), disfrutando un clima templado con inviernos suaves, sin nieve (Soriano 1991). Las precipitaciones decrecen gradualmente desde 1 200 mm en el noreste hasta 500 mm en el cambio ecotonal a la región de Monte. En las áreas más húmedas del este la lluvia está uniformemente distribuida a lo largo del año, mientras que en el oeste está apenas concentrada en la estación cálida.

    Esta región se caracteriza por su falta de árboles nativos, terreno plano, suelos fértiles, tierras cultivables extendidas y pasturas nativas y cultivadas. Como los suelos son fértiles y los veranos más cortos y suaves que en el norte, muchas especies de gramíneas C3 y de leguminosas templadas crecen durante las estaciones más frescas de estas tierras de pastoreo. De este modo, ocurre una alternancia estacional de especies con uno (C4) u otro (C3) síndrome fotosintético. Esta combinación secuencial de especies caracteriza sus pasturas meso-térmicas.

    La alternancia de especies mantiene forraje verde todo el año y es ideal para la utilización de recursos en un ambiente climático estacionalmente variable, donde ligeros déficits de agua durante el verano son mejor superados por gramíneas C4. Desde el punto de vista forrajero, gramíneas templadas y leguminosas de buena calidad forrajera (más de 20 por ciento de proteína y 70-80 por ciento de digestibilidad) permiten una utilización total durante el invierno de la biomasa remanente de las gramíneas estivales. Debido a esto, raramente hay acumulación de forraje durante el invierno en estas pasturas húmedas.

    Pasturas nativas húmedas cubren la Pampa inundable, algunas partes de la provincia de Entre Ríos y la mayoría de las riberas de ríos y arroyos. Los componentes de la estación cálida de estas pasturas son gramíneas C4  eficientes en el uso del agua y de los nutrientes y de calidad aceptable; pertenecen a las tribus Panicoideae, Chlorideae, Adropogoneae y Oryzeae. Alternando estacionalmente con ellas, prosperan gramíneas C3 de las tribus Agrosteae, Aveneae, Festuceae, Phalarideae y Stipeae. Al incrementarse la fertilidad del suelo hacia el oeste del río Paraná y el sur del Río de la Plata, crece una miríada de leguminosas herbáceas: Cassia sp., Crotolaria sp., Desmanthus sp., Phaseolus sp., Vicia sp., entre otras

    Pasturas de la Pampa inundable
    Esta sub-región incluye las tierras bajas conocidas como la cuenca de Laprida y la cuenca del río Salado. La muy escasa pendiente de las planicies de esta área resulta en su bajo potencial morfogenético y su drenaje endorreico o arreico, a pesar del clima sub-húmedo predominante. Estas características topográficas resultan en inundaciones extendidas y largas durante períodos de abundantes precipitaciones (una vez por década), causando severos daños y fuertes pérdidas donde la influencia humana ha sido prominente. Menores inundaciones ocurren al final del invierno y comienzos de primavera, resultando en los rasgos más destacables de esta región.

    Debido a su relieve plano y a la capa freática alta, más del 60 por ciento de los suelos de la Pampa inundable son complejos y asociaciones halo-hidromóficas. Los suelos más comunes son los natraquolls, asociados con natraqualfs y natrabolls. El grado de contenido de sodio de los suelos depende de la profundidad y la salinidad del agua subterránea, así como de la desnudez del suelo causada por el pastoreo continuo. Los suelos en las partes más altas (15 por ciento del área total) son más profundos y tienen una mayor capacidad productiva, siendo comunmente usados para cultivos comerciales o pasturas mejoradas de festuca (Festuca arundinaceae), trébol blanco (Trifolium repens) y Lotus corniculatus. El resto del área son pasturas naturales, con una distribución de comunidades relacionada con los excesos de agua y la salinidad. Las sequías estivales son frecuentes, con halomorfismo y limitada conservación de agua en el suelo.

    La típica fisonomía de la Pampa inundable es de pasturas extendidas, sin árboles (salvo cuando los árboles son plantados) y su comunidad está dominada por pasto miel (Paspalum dilatatum), Bothriochloa laguroides y Briza subaristata. Paspalum quadrifarium y Stipa trichotoma son pastos de maciega que dominan en la parte suroeste de esta área. Donde el agua cubre el suelo en los meses más frescos la comunidad de plantas es dominada por Leersia hexandra, Luziola peruviana, Paspalidium paludivagum, Echinochloa helodes y Glyceria multiflora. Las comunidades sobre suelos halomórficos muestran un aspecto de estepa baja, con cubierta rala; los pastos dominantes son: Distichlis scoparia, Sporobolus pyramidatus, Chloris berroi, Hordeum stenostachys, Paspalum vaginatum y Diplachne uninervia.

    Las pasturas no salinas producen unas 5 t/MS ha-1 año-1 con un claro pico en verano, un modelo que contrasta con la pequeña variación en el verdor de los cultivos erectos. La productividad del forraje en invierno de 5 kg/MS ha-1 día-1, siendo de 30 kg/MS ha-1 día-1 en diciembre y enero (Sala et al. 1981, Paruelo et al. 2000). La escasa producción invernal es causada por la disminución de gramíneas invernales, causada a su vez por el sobrepastoreo del ganado, después de la instalación de molinos de viento y alambrados hace 100 años. La dominancia de gramíneas estivales y la pérdida de fertilidad nitrogenada previenen aun más el establecimiento de gramíneas invernales en cada otoño. La baja productividad invernal controla la capacidad de carga y determina el sistema de producción del área: cría de terneros. Casi 3,5 millones de cabezas pastorean los seis millones de hectáreas de la Pampa inundable, con dos millones de terneros exportados anualmente para ser criados en pasturas o estabulados. La producción secundaria anual puede ser estimada en 90 kg por hectárea.

    La productividad invernal puede ser significativamente incrementada por un fuerte pastoreo temprano en el otoño o por aplicación de herbicidas a las gramíneas estivales, seguido de fertilización nitrogenada. Esto promueve el establecimiento y el crecimiento del raigrás anual (Lolium multiflorum), un pasto introducido de excelente calidad que prospera bien en comunidades intermedias. La fertilización fosfatada puede también incrementar la producción de gramíneas invernales al promover la densidad de las leguminosas herbáceas (Lotus tenuifolius y Trifolium repens) que enriquecen el nitrógeno del suelo a través de la fijación bacteriana. Con una mayor producción forrajera invernal, novillos y terneros pueden ser criados en las pasturas de esta sub-región, incrementando tres veces la producción secundaria anual.

    Pasturas cultivadas en las praderas de las Pampas
    La Pampa más renombrada es el sector que se extiende en un círculo alrededor de la Pampa inundable (Figura 8). Constituye la principal área agrícola de Argentina con 77 por ciento del ganado y 70 por ciento de la población humana; aloja las principales ciudades y el desarrollo industrial. Las praderas originales son ahora tierras agrícolas de secano que producen, soja, maíz, trigo y girasol como principales cultivos comerciales. Luego de varios años de cultivos, se siembran pasturas mejoradas en un rotación cíclica de 4-5 años diseñadas para mantener la fertilidad del suelo. Cuando se cultivan pasturas, la producción estacional de forraje se alterna entre alfalfa, la cual crece en la estación cálida, y gramíneas y tréboles que crecen en la estación fresca.

    Figura 8. Producción primaria de los recursos forrajeros en las praderas de las Pampas.
    La productividad primaria de cada partido es derivada de Negri (2000). Las gráficas insertadas muestran la productividad primaria en kg de materia seca ha-1 día-1 estacionalizada de tres diferentes localidades para un cultivo de festuca-Festuca arundinaceae-, en cuadrados abiertos y líneas negras y uno de alfalfa-Medicago sativa -, en círculos cerrados y líneas azules. Basada en datos de la Cámara de Comercio de Semillas.
    [NB. ANPP = producción primaria neta sobre el suelo]
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    Las pasturas cultivadas son pastoreadas por novillos, terneros y ganado lechero. Leguminosas forrajeras como la alfalfa (Medicago sativa ), tréboles (Trifolium repens, T. Pratense) y lotus (Lotus corniculatus) fijan nitrógeno el cual es transferido a las gramíneas tales como festuca (Festuca arundinacea), falaris (Phalaris arundinacea), bromus (Bromus catharticus), pasto ovillo (Dactylis glomerata), raigrás (Lolium perenne y L. multiflorum) o Agropyron elongatum. La ANPP para estas pasturas sembradas no fertilizadas, durante su primer y segundo año, es mayor que el señalado anteriormente (8-10 t/MS ha-1 año-1), aunque la muerte de plantas y la disminución de la disponibilidad de nutrientes del suelo reducen significativamente esta productividad durante los años siguientes (Oesterheld y León, 1987). Cuando las pasturas son adecuadamente fertilizadas (principalmente con fósforo), la producción primaria puede alcanzar de 12 a 15 t/MS ha-1 año-1 o aún más. Esta producción primaria permite una producción de carne de 500 kg/ha-1 año-1 o de grasa de leche de 200 kg/ha-1 año-1.

    Actualmente, los precios de los cultivos comerciales y la alta rentabilidad de la agricultura han llevado a una disminución en el número de cabezas de ganado. A esto hay que agregar que la soja genéticamente modificada y las modernas prácticas de labranza cero, han reducido la necesidad de la rotación pasturas/cultivos comerciales para mantener la fertilidad del suelo.

    Figura 9. Productividad de la producción primaria promedio de áreas de pastoreo en Argentina obtenida por teledetección de datos del NOAA/AVHRR para 1981-1999. La selva lluviosa y las tierras de cultivos están excluidas del análisis. La intensidad en del color verde muestra el incremento en la producción primaria. Las gráficas sobre la derecha muestran el índice de diferencias normalizadas de vegetación (IDNV) estacionalizadas para seis áreas seleccionadas con modelos contrastantes. El IDNV reemplaza a la productividad primaria y luego a la dotación (Oesterheld et al. 1998).
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    (iv) Praderas semiáridas, selva seca y monte arbustivo

    Esta región se extiende a lo largo del centro oeste de Argentina entre las isotermas de 13°C y 20ºC. Su clima se caracteriza por un serio déficit de agua, ya que la precipitación media anual oscila entre 200 y 550 mm. Los eventos de lluvia ocurren entre octubre y marzo (primavera y verano) y en verano ocurren sequías severas debido a la alta evapotranspiración. Los suelos en esta región son principalmente aridisoles y entisoles, arenosos y de bajo contenido de materia orgánica. Estos suelos tienen un muy bajo contenido de nitrógeno aunque algunos son altos en fósforo. El clima y el suelo producen una amplia variedad de tipos de vegetación. Se hará referencia a los tipos más importantes para la producción ganadera:

    Selvas del caldén
    La selva del caldén es una región templada semi-árida que bordea la Pampa sub-húmeda por el oeste y cubre cuatro millones de hectáreas. El ganado doméstico fue introducido a comienzos del siglo XX, causando sobrepastoreo y previniendo incendios, cambiando consecuentemente la fisionomía desde una selva rala de arbustos y árboles aislados con densas praderas por debajo, a tierras arbustivas con visibles signos de erosión del suelo. Actualmente son necesarias entre 5 y 7 ha por cabeza-1 año-1 (Busso 1997).

    El paisaje es ondulado y la vegetación es una selva abierta dominada por el caldén, un árbol leguminoso (Prosopis caldenia). Otras especies leñosas son el chañar (Geoffroea decorticans), la jarilla (Larrea sp.) y el molle (Schinus fasciculatus). El estrato herbáceo es un grupo de pastos cortos con buena calidad forrajera, como el unquillo (Poa ligularis), la flechilla negra (Piptochaetium napostaense), flechilla fina (Stipa tenuis), gramilla cuarentona (Sporobolus cryptandrus) y pasto plateado (Digitaria californica). Los pastos medianos de maciega de baja o muy baja calidad forrajera se incrementan cuando la pastura se deteriora: Stipa tenuissima, S gynerioides, S. brachychaeta y Elionurus muticus. La productividad forrajera es estimada en 1,7 t/MS ha-1 año-1.

    Las estepas pastoriles están dispersas dentro de la selva del caldén sobre sitios topográficamente altos, usualmente asociadas a dunas de arena. El viento del oeste y del sur oeste ha formado la topografía en el pasado. Hoy los vientos son principalmente del norte y son una causa importante de la erosión de suelo. Desde agosto a noviembreque es el período más seco, ocurren incendios y tormentas de polvo. Manchones del chañar pueden ocurrir dentro de estas estepas pastoriles. Los pastos de verano son los más importantes (Botriochloa springfiedii y Schizachyrium plumigerum). En las áreas buenas, Sorghastrum pellitum está todavía presente: es un pasto productivo de remarcable calidad forrajera cuando es pastoreado. En las áreas degradas, Elionurus muticus, un pasto de baja calidad forrajera, se hace dominante. La producción forrajera en una pastura de buena condición puede alacanzar 1,5-2,2 t/MS ha-1 año-1, mayormente en verano.

    Tierra arbustivas de Monte
    La provincia fitogeográfica de Monte es una faja que rodea las regiones del caldén y el Chaco semiárido hasta la costa atlántica de la provincia de Chubut, cubriendo 50 millones de hectáreas. Su fisionomía es dominada por un estrato de arbustos altos de Prosopis alpataco, P. flexuosa (Fabaceae), Larrea divaricata, L. cuneifolia y L. nitida (Zygophyllaceae). Los arbustos forrajeros incluyen al género Atriplex. Hacia el extremo norte de la provincia de Monte, Prosopis sp. es dominante en la capa de arbustos, mientras que en el extremo sur es dominada por Larrea spp. El tapiz de pastos, que es el más importante recurso forrajero, está compuesto por una mezcla de especies C4 y C3. Hacia el norte domina el grupo C4 (Panicum urvilleanum, Chloris castilloniana, Pappophorum caespitosum y P. phillippianum) y hacia el sur el C3 (Stipa tenuis, S. Speciosa, Poa ligularis y P. lanuginosa) incrementa su importancia. Prosopis spp. son ampliamente ramoneados por pequeños rumiantes como las cabras, ya que sus tallos y vainas son ricos en proteína.

    La producción forrajera es variable tanto espacialmente como temporalmente (Figura 9). En las comunidades de pie de monte de Larrea divaricata en Mendoza (1 500 msnm), el rendimiento total de paja varía de una a cinco t/MS ha-1 año-1 (Martínez Carretero y Dalmasso 1992). El estrato herbáceo produce de 130 a 500 kg/MS ha-1  año-1 de la productividad total (Braun Wilke 1982). Debido a los bajos precios de la lana, los ovinos fueron desplazados por los bovinos como los principales rumiantes en esa área. Actualmente, el número de cabezas de ganado continúa creciendo debido a su desplazamiento desde áreas agrícolas.

    Producción animal
    El uso de la tierra en esta área es el pastoreo, a excepción de 200 000 ha de cultivos regados intensivos (vid, alfalfa, frutales y hortalizas). Solamente una pequeña parte del área regada es usada en ganadería, a pesar de que productos de origen animal tienen que ser importados a estas populosas áreas. El sistema de producción es principalmente de actividades extractivas. Los terneros son destetados a los 6 meses pesando 140 kg. La dotación promedio para toda el área es de 7 a 28 ha cabeza-1 y la producción de carne oscila entre 4 a 20 kg ha-1 año-1. En las áreas orientales más húmedas la vegetación natural es reemplazada por Eragrostis curvula o Digitaria eriantha. El agua potable para el ganado es una de los problemas más importantes: fuentes de baja calidad, acuíferos muy profundos y competencia por fuentes superficiales son los principales problemas.

    Potencial de la región semi-árida central
    Hay muchos posibles caminos para mejorar la dotación y la producción de carne de esta región. Una operación clave para determinar la dotación es frecuentemente abordada por prueba y error. El potencial de producción de carne en la planicie de Mendoza fue estimado a partir de la eficiencia en el uso de la lluvia (EUL). Guevara el al. (1996) sugirieron que a través de la incorporación de la tecnología disponible, la productividad ganadera podría estar 70 por ciento por encima de la actual productividad. El uso del EUL dio capacidades de carga que variaron desde 16 a 100 ha por unidad animal.

    (v) Semi-desierto frío patagónico

    La Patagonia argentina yace entre los 39º S y 55º S y abarca 770 000 km2. Incluye los Andes en el límite con Chile, el altiplano y las sierras hasta el océano Atlántico. Un gradiente topográfico oeste-este desde 1 600 m en los Andes desciende hasta la costa Atlántica. La secuencia del altiplano comienza en el norte sobre el límite entre Mendoza y Neuquen y continúa hasta Santa Cruz en el sur. Varias cadenas de sierras interrumpen el altiplano, como la sierra de Tecka (1 500 msnm) y la sierra de San Bernardo en Chubut.

    Los Andes determinan el clima de la Patagonia. El eje N-S de los Andes forma una barrera orográfica para las masas de aire húmedo que soplan desde el Océano Pacífico. El aire descarga gran parte de su humedad sobre los Andes, generando la selva lluviosa de Valdivia y la selva templada sub-atlántica, con una precipitación media anual superior a 2 000 m. En el este de los Andes el clima es seco. La temperatura media anual varia entre 15 ºC en el norte a 5 ºC en el sur. La temperatura mínima promedio mensual esta por encima de 0 ºC para casi toda la Patagonia. La precipitación en la mayoría de las estepas patagónicas oscila entre 125mm en el centro a 500 mm en el oeste y disminuye mayormente en invierno (abril a septiembre). Vientos fuertes y secos en verano, son la principal característica del clima patagónico.

    La Patagonia extra-andina está dominada por altiplanos y planicies compuestas por basalto, arena y arcilla. El desarrollo de los suelos es bajo, con capacidad de retención de agua y niveles de materia orgánica bajos. Las pasturas son pastoreadas por ovinos, contando con la mayor población del país. Cuatro distritos se distinguen en la Patagonia extra-andina (León et al 1998) a saber: a) estepas arbustivas centrales, b) estepas arbusto-pastoriles occidentales, c) estepas pastoriles sub-andínas, d) estepas pastoriles magallánicas. Como en la mayoría de las regiones desérticas se forman oasis en las áreas ribereñas, proveyendo forraje abundante, fresco y palatable durante la primavera y temprano en el verano.

    Las estepas arbustivas en el distrito central se extienden sobre 15 por ciento de la región, desde las provincias de Río Negro hasta Santa Cruz y desde el distrito occidental en el oeste hasta el Océano Atlántico y el distrito del golfo de San Jorge en el este. Esto corresponde a la zona de transición entre el semi-desierto y la estepa arbusto-pastoril. La vegetación más representativa es una estepa de arbustos bajos; las especies son Chuquiraga aurea, Nassauvia glomerulosa, Nassauvia ulicina y Chuquiraga avellanedae (quilenbai), y Acantholippia seriphioides (tomillo). Dependiendo de la latitud y de la posición topográfica se pueden encontrar diferentes proporciones de gramíneas, principalmente de los géneros Stipa y Poa. La producción de forraje es estimada en 490 kg/MS ha-1 año-1 con un máximo en noviembre.

    Las estepas arbustivas en el distrito del golfo de San Jorge se extienden sobre la altiplanicie adyacente al golfo. En este distrito pueden encontrarse dos tipos principales de vegetación: la estepa de arbustos altos dominada por Colliguaja integerrima asociada con otros arbustos tales como Senecio filaginoides, S. Bracteolatus y gramíneas del género Stipa (S. humilis y S. speciosa). El segundo tipo de vegetación es una estepa arbusto-pastoril dominada por Festuca pallescens y F. argentina y arbustos como Senecio filaginoides, Nardophyllum obtusifolium, Mulinum spinosum y Adesmia campestris.

    Las estepas arbusto-pastoriles del distrito occidental están ampliamente distribuidas entre el paralelo 38º en el norte y 46º30’ en el sur. El meridiano de 70º es el límite oriental. El componente arbustivo de esta estepa es de 60-180 cm de alto mientras que los pastos de maciega son de 10-50 cm de alto, cubriendo aproximadamente 50 por ciento del suelo. Una de las comunidades más importantes está dominada por gramíneas del género Stipa (S. speciosa; coirón amargo, S. humilis; coirón llama) y por Poa lanuginosa (pasto hilo). Gramíneas de buena calidad forrajera son menos frecuentes incluyendo Bromus setifolius (cebadilla patagónica) y Hordeum comosum (cebada patagónica). La capa arbustiva está dominada por Senecio filaginoides (charcao o mata mora), Mulinum spinosum (neneo) y Adesmia campestris (mamuel choique). Berberis heterophylla (calafate) and Schinus polygamus (molle) son otros arbustos menos importantes: la producción primaria media es de 560 kg/MS ha-1 año-1, oscilando de 210 a 750 kg/MS ha-1 año-1 (Fernandez et al. 1991; Jobbagy y Sala 2001). La producción primaria está en promedio igualmente dividida entre pastos y arbustos.

    Las estepas arbusto-pastoriles del distrito sub-andino ocupan una porción angosta de la pendiente oriental de los Andes y constituyen el ecotono entre las selvas y las estepas arbusto-pastoriles de Neuquén en el norte hasta Tierra del Fuego en el sur. Las precipitaciones anuales están por encima de 300 mm. La fisionomía es una pastura homogénea con una cubierta muy baja de arbustos, excepto en sitios muy degradados. Festuca pallescens (coirón blanco), Rytidosperma picta y Lathyrus magallanicus son las especies dominantes en esta área. La producción de forraje puede alcanzar a 900 kg/MS ha-1 año-1 con un máximo de producción en diciembre (Bertiller y Defosse 1990).

    Las estepas pastoriles del distrito magallánico están localizadas en el sur de Santa Cruz y norte de Tierra del Fuego con una clima frío y oceánico. La fisionomía de la vegetación es una estepa pastoril dominada por Festuca gracillima de 30-40 cm de alto.

    Praderas, ya sea que el agua fluya de un manantial o se acumule en diferentes posiciones topográficas (pendientes y valles), está asociada con praderas que ocupan menos del 5 por ciento de todo el territorio. Estas están dominadas por especies de gramíneas y ciperáceas y son altamente productivas, alcanzando la producción forrajera 7 000 kg/MS ha-1 año-1. El sobrepastoreo de estas áreas induce la denudación, la salinización, y la formación de cárcavas por erosión hídrica y eólica.

    Uso de la tierra y producción animal
    La heterogeneidad ambiental y la historia determinan el tamaño de los establecimientos y de la situación de tenencia de la tierra en la Patagonia. Se distinguen tres grupos sociales:

    1. Pequeños productores, usualmente de comunidades indígenas del grupo Mapuche que tiene derechos de pastoreo sobre tierras fiscales. Conducen sus majadas desde las pendientes de los Andes hasta las estepas arbusto-pastoriles practicando un pastoreo estacional transhumante en el noroeste de la Patagonia (principalmente la provincia de Neuquén). En este grupo las cabras son tan importantes como las ovejas.

    Grandes establecimientos de ovinos y bovinos (estancias) en las áreas más productivas, como en los distritos sub-andino y occidental. Estos establecimientos fueron iniciados en muchos casos por europeos (mayormente británicos) a comienzos del siglo XIX. El tamaño oscila entre  20 000 y 200 000 ha.

    Establecimientos inferiores a 20 000 hectáreas. Por lo general no son económicamente viables; muchos propietarios las abandonaron durante los últimos 10 años.

    En la Patagonia las pasturas son pastoreadas continuamente ya que los potreros son muy grandes y usualmente incluyen más de un lugar de pastoreo. La capacidad de carga de la Patagonia oscila entre 0,18 oveja ha-1 año-1 en las estepas arbusto-pastoriles de distrito central a 1,2 oveja ha-1 año-1 en las estepas pastoriles húmedas del distrito magallánico. La producción de lana puede alcanzar de 4 7 kg cabeza-1 dependiendo del área. Hay muchas maneras de incrementar la capacidad de carga de estas áreas con mejoramiento tecnológico. Por ejemplo, se ha informado acerca del uso de la suplementación con urea para estimular la utilización de pastos de baja calidad y mejorar su digestibilidad (Golluscio et al. 1998).

    Cien años de pastoreo continuo por herbívoros domésticos afectó la sustentabilidad ecológica de las estepas patagónicas. Varios autores consideran que el pastoreo tuvo un papel principal en la degradación ambiental y productiva de la Patagonia. La población ovina ha declinado en las últimas décadas desde 20 millones en 1952 a 11 millones en 1993. El pastoreo altamente selectivo de los ovinos ha reducido la densidad y el vigor de las especies vegetales de mayor calidad.

    (vi) Estepas pastoriles de la Puna y altos Andes
     Esta región se extiende desde el norte de Neuquén a Jujuy y continúa hasta Bolivia y Perú. El paisaje característico es montañoso, con picos nevados, pasturas de montaña, lagos altos, altiplanos y valles. La topografía se caracteriza por altiplanos, colinas y valles que oscilan entre 3 000 y 4 300 metros, y los altos Andes entre 4 300 y 6 600 metros (Figura 3a). Los suelos son arenosos y pedregosos. El clima seco varía entre templado a frío, con una temperatura media entre <0 y 15 ºC. Las precipitaciones varían entre 250 y 500 mm por año.

    La vegetación se caracteriza por estepas pastoriles y arbusto-pastoriles, estepas halofíticas y praderas (Ruthsatz y Movia 1975; Cabrera 1976). En términos de vegetación, la Puna está estrechamente relacionada a la Patagonia, debido a los géneros dominantes comunes. Las gramíneas pertenecen primariamente a los géneros Calamagrostis, Agrostis y Festuca y arbustos de los géneros Fabiana, Lepidophyllum, Chuquiraga, Nardophyllum, y Adesmia. Las formaciones características incluyen cinco principales comunidades:

    1. Estepa arbustiva dominada por Fabiana densa, Baccharis boliviensis y Adesmia horrida.

    2. Cardonales, dominados por Trichocereus pasacana.

    3. En las áreas más húmedas, pequeños bosques dominados por Prosopis ferox (fabaceae) o Polylepsis tomentella (rosaceae).

    4. Praderas con Scirpus atacamensis, Heleocharis atacamensis, Juncus depauperatus, Plantago tubulosa, Hypsela oligophylla.

    5. En suelos salinos y temporalmente húmedos, Festuca scirpifolia, Juncus balticus y Hordeum halophilum.


    6. OPORTUNIDADES PARA EL MEJORAMIENTO DE LOS RECURSOS FORRAJEROS

    La región pastoril en Argentina se circunscribe a las fértiles praderas de las regiones del Chaco y las Pampas. En la faja semi-árida de 4 000 km de largo por 300 km de ancho que bordea los Andes, existe una gran variedad de campos naturales donde pastan más de cinco millones de cabezas de ganado. Con una adecuada infraestructura para mejorar la distribución animal, estas tierras de pastoreo pueden soportar ocho a diez millones de cabezas de ganado. Al norte de estas praderas está la región húmeda donde la actual dotación (10 millones) puede ser triplicada con aplica un manejo adecuado y si los suelos son adecuadamente fertilizados con fósforo. Una alta proporción de la población animal que pasta en pasturas cultivadas en las praderas (35 millones) será desplazada por la actividad agrícola. De este modo la población ganadera va a ser redistribuída, permaneciendo en alrededor de 50 millones de cabezas. Argentina puede especializarse en proveer un producto sano (productos de animales alimentados a pasto), producido en sistemas ecológicamente adecuados (campos naturales bien manejados). El clima permite el pastoreo a lo largo del año y los establecimientos grandes reducen los costos de producción de estos sistemas de producción.

    Varias tecnologías pueden mejorar la capacidad de carga de los campos naturales semi-áridos, tales como:

    (i) desarrollo del agua
    (ii) suplementación nitrogenada
    (iii) manejo del fuego
    (iv) distribución de la dotación
    (v) dotación multi-específica
    (vi) manejo adecuado del pastoreo
    (vii) establecimiento de forrajeras mejoradas

    Varias de estas tecnologías ya están siendo usadas exitosamente en muchos establecimientos y están prontas para ser extendidas al resto de las propiedades de la región. Esto va a ocurrir rápidamente en la medida en que la creciente especialización que está ocurriendo en las tierras agrícolas expulse al ganado, el cual se muda junto con el manejo y el capital a los campos naturales que las rodean. Esto asegurará la implementación de una tecnología apropiada.

    La Argentina húmeda (regiones del Chaco, Espinal y Pampa) es una región climáticamente bien dotada que alberga a 10 millones de cabezas de ganado y que puede triplicar su capacidad de carga. La precipitación es alta y bastante bien distribuida, mientras que la temperatura es suave y sin picos, permitiendo que el pasto esté verde todo el año cuando es bien manejado y pastoreado. No hay limitantes climáticas que puedan afectar a los animales cuando pastorean las extensas pasturas naturales a lo largo del año. El estrés calórico es superado a través del cruzamiento de cebú con razas británicas. El futuro es promisorio siempre que se cumplan estas condiciones y se mejore la productividad forrajera por medio de: (i) adecuada fertilización, (ii) establecimiento de forrajeras adaptadas y (iii) controlando adecuadamente el pastoreo.

    El mejoramiento en la producción y utilización del forraje no va a incrementar la producción de carne del campo natural argentino, si no hay un adecuado manejo nutricional de los animales en pastoreo. La falta de suplementación con nitrógeno y fósforo para satisfacer los requerimientos animales determina la ineficiencia a escala nacional de la producción de carne y de los bajos porcentajes de destete (escasamente 60 por ciento). Prolongados períodos secos en el invierno reducen el contenido proteico del forraje provisto por los campos naturales semiáridos. Pastos estivales envejecidos que sobrepasan a los invernales (e impiden su crecimiento) determinan la necesidad de la suplementación otoñal e invernal con nitrógeno en las praderas húmedas. Debido a que los suelos de esta región húmeda carecen de fósforo, se perjudican una buena tasa de concepción y un rápido crecimiento animal. Las limitaciones nutricionales del fósforo pueden ser superadas a través de un adecuado programa de suplementación y de fertilización del suelo. Las deficiencias de energía en el invierno son superadas fácilmente con suplementación con grano y cultivo de pasturas.

    Producción y comercialización de semillas de pasturas
    Alrededor de 23 000 toneladas de semilla de pasturas fueron comercializadas durante la temporada 2000/2001. La mayor parte de la semilla sembrada en Argentina es producida en el país pero más de la mitad de la semilla de alfalfa es importada (Tabla 6). Hay algunos proyectos para hacer mejoramiento en plantas nativas. El pasto nativo C4 Paspalum dilatatum fue estudiado para suelos con drenaje pobre. Otras especies mejoradas en el exterior como Plantago lanceolata están siendo probadas para ser introducidas en las pasturas.

    Cuadro 6. Producción e importación de semilla de pasturas en 2000/2001.
    Las ocho especies nombradas en la tabla representan casi el 90 por ciento de la semilla producida. [NB. Para semilla producida e importada solo se consideró la semilla certificada, la semilla no certificada es una parte importante del mercado, de ahí la discrepancia entre totales].

     

    Forrajeras

    Semilla (toneladas)

       

    Producidas

    Importadas

    Vendidas

     

    TOTAL 

    11213

    6987

    23350

    1

    Bromus catharticus (cebadilla)

    3357

    0

    3300

    2

    Festuca arundinacea (festuca)

    1495

    2

    2100

    3

    Medicago sativa (alfalfa)

    1292

    4647

    7000

    4

    Lolium perenne (raigrás perenne)

    1186

    85

    1500

    5

    Lolium multiflorum (raigrás anual)

    1097

    821

    4000

    6

    Dactylis glomerata (pasto ovillo)

    962

    85

    1200

    7

    Trifolium repens (trébol blanco)

    354

    228

    650

    8

    Panicum maximum

    230

    160

    sin datos

      Otras

    1240

    959

    3600


    7. ORGANIZACIONES DE INVESTIGACIÓN Y DESARROLLO Y RECURSOS HUMANOS

    Estructura institucional La Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos lidera la política nacional en el área. Cada una de las provincias tiene su propia secretaría nacional para el área. Varias instituciones nacionales como INTA, SENASA y las universidades (ver vínculos abajo) son importantes para la investigación y el desarrollo locales.

    Enlaces. Las organizaciones claves y sus actuales áreas de actividad/interés con relevancia en pasturas y producción animal, son las siguientes:

    Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación
    www.sagpya.mecon.gov.ar

    Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria
    www.inta.gov.ar

    Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria
    www.senasa.gov.ar

    Centro Nacional Patagónico, Ecología de Zonas Áridas
    www.cenpat.edu.ar/ecozoaridas/idxingle.htm

    Instituto Argentino de Investigaciones de las Zonas Áridas
    www.cricyt.edu.ar/institutos/iadiza/defaualt.htm

    Facultad de Agronomía, Universidad de Buenos Aires  www.agro.uba.ar

    Facultad de Ciencias Agrarias, Universidad Nacional del Litoral www.fca.unl.edu.ar/

    Instituto de Botánica Darwinion  www.darwin.edu.ar/

    Cámara de Semilleristas de la Bolsa de Cereales (CSBC) www.argenseeds.com.ar/

    Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación Agropecuaria (AACREA) 
    www.aacrea.org.ar/

    Asociación Argentina de Producción Animal  www.aapa.org.ar/

    Laboratorio para Análisis Regional y Teledetección  www.agro.uba.ar/laboratorios/lart/

    Sociedad Rural Argentina (SRA)  www.ruralarg.org.ar/

    Federación Agraria Argentina  www.faa.com.ar/

    Contactos para información sobre pasturas y producción y manejo de forrajeras:

    Nombre

    Principal campo de interés

    Institución

    Email

    Marcelo Cabido

    Fitogeografía

    Universidad Nacional de Córdoba

    mcabido@imbiv.unc.edu.ar

    Rolando León

    Flora y fitogeografía

    FAUBA

    leon@ifeva.edu.ar

    Mónica Agnusdei

    Pampas inundables

    INTA-UNMdP

    magnusdei@balcarce.inta.gov.ar 

    Miguel Cahuepe

    Pampas inundables

    INTA-UNMdP

    cauhepe@balcarce.inta.gov.ar

    Daniel Rearte

    Carne y leche Producción animal

     

    intaba@balcarce.inta.gov.ar

    Gustavo Schrauf

    Genética Vegetal

    FAUBA

    gschrauf@agro.uba.ar

    Gerardo Gagliostro

    Nutrición de rumiantes

    INTA-UNMdP

    ggagliostro@balcarce.inta.gov.ar

    Ernesto Viglizzo

    Sistemas de producción

    INTA La Pampa

    evigliz@cpenet.com.ar

    Ricardo Sager

    Sanidad animal y nutrición

    INTA San Luis

    lsager@sanluis.inta.gov.ar

    Néstor Latimori

    Producción animal

    INTA Marcos Juárez

    nlatimori@correo.inta.gov.ar

    Andrés Kloster

    Producción animal

    INTA Marcos Juárez

    akloster@correo.inta.gov.ar

    Aníbal Pordomingo

    Nutrición animal Suplementación

    INTA Anguil, La Pampa

    Apordomingo@anguil.inta.gov.ar

    Alicia Saenz

    Producción forrajera

    Universidad de La Pampa

    saenz@agro.unlpam.edu.ar

    Miguel Brizuela

    Producción animal Ecología de pasturas

    INTA-UNMdP

    rtbrizue@balcarce.inta.gov.ar

    Adriana Andrés

    Selección y mejoramiento de especies forrajeras

    INTA Pergamino

    aandres@pergamino.inta.gov.ar

    Martín Díaz Zorita

    Fertilización de suelos

    Universidad de Buenos Aires

    mdzorita@speedy.com.ar

    Alejandro Deregibus

    Manejo del pastoreo Patagonia, Pampas y Espinal.

    FAUBA

    deregibus@agro.uba.ar

    Carlos Distel

    Ecología de campo natural (Selva del Caldenal & Monte)

    UNS

    cedistel@criba.edu.ar

    Carlos Busso

    Caldenal y Espinal

    UNS

    cebusso@criba.edu.ar

    Juan Guevara

    Monte arbustivo

    IADIZA. Instituto para las zonas áridas, Mendoza.

    jguevara@lab.cricyt.edu.ar

    Mónica Bertiller

    Arbustos de Monte y Patagonia

    CENPAT, Puerto Madryn

    bertil@cenpat.edu.ar

    Rodolfo Golluscio

    Patagonia. Manejo de campo natural

    FAUBA

    golluscio@agro.uba.ar

    Gabriel Oliva

    Patagonia. Campo natural

    INTA Santa Cruz, Río Gallegos.

    goliva@correo.inta.gov.ar

    José Paruelo

    Patagonia Teledetección

    FAUBA

    paruelo@ifeva.edu.ar

    Carlos Giraudo

    Producción Ovina (Patagonia)

    INTA Bariloche

    cgiraudo@correo.inta.gov.ar

    Carlos Frascinelli

    Producción forrajera (Semi-árido central))

    INTA V. Mercedes, S. Luis

    CFrasinelli@sanluis.inta.gov.ar

    Rafael Pizzio

    Espinal

    INTA Mercedes, Corrientes

    pizzio@ibera.net

    Carlos Kunst

    Ecología del fuego

    INTA Sgo del Estero

    ckunst@inta.gov.ar

    Juan Lewis

    Pasturas subtropicales

    Universidad Nacional de Rosario

    jplewis@ciudad.com.ar

    Arnaldo Fumagalli

    Producción animal (Chaco semi-árido))

    INTA Sgo del Estero

    afumagalli@correo.inta.gov.ar

    FAUBA = Facultad de Agronomía. Universidad de Buenos Aires

    INTA = Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria

    UNS = Universidad Nacional del Sur-Cerzos, Bahía Blanca.

    INTA-UNMdP = INTA Balcarce – Facultad de Agronomía, Universidad Nacional de Mar del Plata

     


    8. REFERENCIAS

    Barsky, O. y J. Gelman. 2001. Historia del agro argentino. Desde la conquista hasta fines del siglo XX. Grijalbo Mondadori, Buenos Aires. 460 p.

    Bertiller, M.B. y Defosse, G.E. 1990. Grazing and plant growth interactions in a semiarid Festuca pallescens grassland. Journal of Range Management 43, 300-303.

    Bliss, N.B., y L.M. Olsen. 1996. Development of a 30-arc-second digital elevation model of South America. In: Pecora Thirteen, Human Interactions with the Environment - Perspectives from Space, Sioux Falls, South Dakota, August 20-22, 1996.

    Braun Wilke, R.H. 1982. Net primary productivity and nitrogen and carbon distribution in two xerophytic communities of central-west Argentina. Plant and Soil 67: 315-323.

    Burgos, J.J. 1963. El clima de las regiones áridas de la República Argentina. Rev. Inv. Agric. INTA, 17(4):385-405

    Busso, C.A. 1997. Towards an increased and sustainable production in semi-arid rangelands of central Argentina: two decades of research. Journal of Arid Environments 36: 197-210.

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    Coughenour, M.B. 1985. Graminoid responses to grazing by large herbivores: Adaptations, exaptions and interacting processes. Ann. Missouri Bot. Gard. 72:852-863

    Fernández R., O.E. Sala y R.A. Golluscio, 1991. Woody and herbaceous aboveground production of a Patagonian steppe. J. Range Management 44: 434-7.

    Golluscio, R.A, J.M Paruelo, J.L. Mercau y V.A.Deregibus. 1998. Urea suplementation effects on low quality forage utilisation and lamb production in Patagonian rangelands. Grass and Forage Science. 53:47-56.

    Guevara, J.C., O.R. Estevez y E.R. Torres 1996. Utilization of the rain-use efficiency factor for determining potential production in the Mendoza plain, Argentina. Journal of Arid Environments 33: 347-353.

    INDEC 2001 Estadísticas provisionales Instituto Nacional de Estadística y Censos. Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas.

    INTA 1990. Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria. Atlas de suelos de la República Argentina. 2 Tomos, 677 páginas. Buenos Aires.

    Jobbágy, E.G. y O.E. Sala, 2000. Controls of grass and shrub aboveground production in the Patagonian steppe. Ecological Applications 10: 541-549.

    León. R.J.C., D. Bran, M. Collantes, J.M. Paruelo y A. Soriano 1998. Grandes unidades de vegetación de la Patagonia extra andina. Ecología Austral 8: 125-144.

    Martinez Carretero, E. y A.D. Dalmasso, 1992. Litter yield shrubs of Larrea in the Andean piedmont of Mendoza, Argentina. Vegetatio 101: 21-33.

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    Oesterheld, M. y R.J.C. León, 1987. El envejecimiento de las pasturas implantadas: su efecto sobre la productividad primaria. Turrialba 37: 29-35.

    Oesterheld, M. C.M. Di Bella y H. Kerdiles 1998. Relation between NOAA-AVHRR data and stocking rate of rangelands. Ecological Application 8: 207-212.

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    9. CONTACTS

    V. Alejandro Deregibus.
    deregibus@agro.uba.ar

    Martin F. Garbulsky.
    garbulsky@agro.uba.ar

    Cátedra de Forrajicultura. Facultad de Agronomía. Universidad de Buenos Aires.
    Av. San Martín 4453. C1417DSE. Buenos Aires Argentina

    [Este perfil fue iniciado en el 2003 y completado por los autores en enero/febrero del 2004; fue editado en inglés por J. M. Suttie y S.G. Reynolds en febrero/marzo del 2004 y traducido y editado en español por Cadmo Rosell y Francisco Mandl en diciembre de 2004)].