Perfiles por País del Recurso Pastura/Forraje


Ecuador

por

Dr. Raul Vera

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1. Introducción
Ganadería y avicultura
2. Suelos y topografía
Topografía
Suelos
3. Zonas climáticas y agro-ecológicas
4. Sistemas de producción de ganado rumiante
5. El recurso pastoril
Pasturas costeras
Pasturas andinas
La ecozona templada andina
La ecozona fría templada andina
Pasturas introducidas en los Andes
Pasturas de la región oriental
6. Oportunidades para el mejoramiento de los recursos forrajeros
7. Organizaciones de investigación y desarrollo y recursos humanos
8. Referencias
9. Contactos
10. Autor

1. INTRODUCCIÓN

Ecuador, el más pequeño de los países andinos, limita con Colombia hacia el Norte y Noreste, con Perú hacia el Sur y Sureste y con el océano Pacífico hacia el Oeste. Se encuentra ubicado entre los paralelos 1º 20’ N y 4º 58’ S, y 75º 10’ y 81º 10’ W (ver Figura 1). Su capital es Quito. Su superficie es de 283 561 km2, sin contar los disputados 174 565 km2 asignados a Perú de acuerdo con el Protocolo de Río de Janeiro (1942) el cual no ha sido aún aceptado por Ecuador.

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Figura 1. Location and map of Ecuador

La población de Ecuador, de la cual el 62 por ciento es urbana, fue estimada en el año 2000 en 11 900 000 habitantes por el Instituto Geográfico del Ejército. La población se caracteriza por un alto porcentaje de mezcla de razas (mestizos) e indígenas: de hecho, los mestizos forman el 55 por ciento de la población, los amerindios 25 por ciento, los caucásicos 10 por ciento y los negros 10 por ciento. La mayoría vive en las tierras altas centrales Inter-andinas («Sierras»), e incluye cerca de 700 grupos étnicos, la mayoría de los cales no habla español sino el quechua nativo. La mayoría son campesinos, y en muchos casos practican las antiguas tradiciones agropecuarias. En las áreas del este, la porción amazónica del país, y en la «Costa» la población indígena es escasa. La distribución de la población es la siguiente: 50  por ciento a lo largo de la región costera (77 personas/km2), 47 por ciento en la sierra (68 personas/km2) y 3 por ciento en el este («Oriente») (3 personas/km2).

Ecuador es un país predominantemente agropecuario (Ecuador, 2001), a pesar de que el petróleo se ha transformado en la principal fuente de ingresos y que la industria se ha expandido substancialmente. En la última década el producto bruto nacional per capita osciló entre $EE.UU. 1 200 y $EE.UU. 1 600. El índice de desarrollo humano fue de 0,726 en 1999 (UNDP, 2001). La agricultura emplea 32 por ciento de la fuerza de trabajo y provee 13-17 por ciento del producto bruto nacional. La producción animal contribuye aproximadamente con un tercio de esa cantidad (SICA/MAG, 2002). Las importaciones agropecuarias oscilaron entre $EE.UU. 199 millones y 267 millones FOB en el período 1999-2001, mientras que las exportaciones alcanzaron a $EE.UU. 1 462-1 968 millones FOB (SICA/MAG, 2002). La mitad de las exportaciones agropecuarias son bananas y plátanos; langostinos, café, cocoa, flores cortadas y pescado conforman el resto. La evolución de importantes indicadores de la producción agropecuaria en Ecuador se muestra en el Cuadro 1.

Cuadro 1. Índices de producción agropecuaria  y recursos edáficos de Ecuador 1990-2000. (CEPAL, 2001)

 

1990

2000

Volumen físico de la producción agropecuaria, índice

100,3

146,6

Volumen físico de los cultivos agrícolas, índice

100,0

156,1

Volumen físico de la producción ganadera, índice

100,1

153,6

Producción de alimentos, per capita, índice

100,2

142,7

Tierra arable, 1 000 ha

1 604

1 574

Cultivos permanentes, 1 000 ha

1 321

1 427

Tierra irrigadas, 1 000 ha

820

865

Bananas y plátanos, 1 000 toneladas

4 120

6 953

Consumo de fertilizantes, toneladas

67 218

160 400

El área bajo cultivo es de 3 100 000 ha, cerca del 9,3 por ciento del área del país. Las pasturas permanentes cubren 18 por ciento del país y las selvas cerca del 43 por ciento, mientras que 30 por ciento son montañas inhabitadas. En las tierras altas predominan la agricultura de subsistencia y la producción de bienes de consumo para las áreas urbanas (maíz, trigo, cebada, papa, legumbres y varias hortalizas). En las tierras bajas de la costa se cultivan principalmente cultivos tropicales para exportación. Desde fines de la década de 1940 las bananas han sido el principal producto comercial de esta área. La producción de cacao en gran escala, para la exportación, comenzó en la década de 1870. La producción de café para la exportación comenzó en la década de 1920.

Las selvas ecuatorianas produjeron 8 700 000 m3 de madera en 1986. El ganado, que se cría preferentemente en la región de las tierras altas, incluía en el año 1987 3 800 000 bovinos, 2 100 000 ovinos y 4 200 000 suinos. Los datos de uso del suelo varían ampliamente y a menudo son considerados por los analistas como poco confiables o, en el mejor de los casos, una aproximación a los valores reales. A mediados de la década de 1980, por ejemplo, las estimaciones de tierras de cultivo oscilaban entre 1 600 000 y 2 500 000 ha de un área total de 228 300 000 ha. Diferentes fuentes ubican la cantidad de pasturas en 4 400 000 o 4 800 000 ha. Las estimaciones del área total de tierra apta para agricultura muestran aún mayor variación, desde menos de 50 por ciento hasta tan alto como 90 por ciento. Más de la mitad de la tierra cultivada se encontraba en la Costa, alrededor de un tercio en la Sierra y el resto dispersada por la región de Oriente. Sin embargo, el último censo disponible (2000), desarrollado con ayuda externa, parece ser confiable.

La Costa, aparte del área cerca de la península de Santa Elena, tiene generalmente tierra fértil con un clima favorable a la agricultura. Altitud, lluvia, y composición del suelo determinan el uso de la tierra en la Sierra. Las cuencas inter-montanas cerca de Quito y las que están más al sur cerca de Cuenca y Loja ofrecen las tierras más productivas de la Sierra, mientras que las cuencas que rodean a Latacunga y a Riobamba  tienen suelo seco y poroso y tierras menos fértiles. Las tierras altas de la Sierra son solo aptas para el pastoreo o para cultivos tolerantes al frío, como la papa.

Las formas de tenencia de la tierra evolucionaron a partir de los sistemas feudales coloniales españoles y fueron primero implementadas en la Sierra donde los conquistadores encontraron una gran población nativa que dio origen a la predominancia de pequeñas parcelas y fincas (minifundios). La agricultura en gran escala se desarrolló luego en la Costa. Una reforma agraria promulgada en 1964 dejó fuera de la ley a los sistemas heredados de los tiempos coloniales y estableció el Instituto Ecuatoriano de Reforma Agraria y Colonización (IERAC) para administrar la ley, expropiar la tierra arable ociosa y redistribuirla a los campesinos. A pesar de muchas dificultades políticas y financieras, en 1984 se habían distribuido más de 700 000 ha a 79 000 campesinos.

Aunque la actual tenencia de la tierra en Ecuador es algo injusta, lo es menos que en el resto de los países de Latinoamérica, como lo muestra el coeficiente de Gini de 0,43 para la década de 1990. El censo agropecuario de 1999-2000 (SICA/MAG, 2002) revela que de 1 700 000 establecimientos, 67 por ciento estaban en la Sierra, 26 por ciento en la Costa y el resto en Oriente. Globalmente, las fincas con menos de 5 ha representan el 63 por ciento de todos los establecimientos, pero ocupan solo el 6,3 por ciento de la tierra agropecuaria. Fincas de 5-20, 20-50 y 50-100 ha estaban distribuidas uniformemente en términos de tierra agropecuaria, ocupando entre 14 y 19 por ciento cada grupo. Las fincas de más de 200 ha eran 0,78 por ciento del número total y tenían un 29 por ciento del total de la tierra.

Ganadería y avicultura
La ganadería representa una parte importante de la producción agropecuaria y creció significativamente desde 1980. La producción ganadera fue primariamente destinada al consumo doméstico y fue uno de los pocos productos agropecuarios encontrados en todo el país. Aunque la producción animal estaba ampliamente difundida, se practicaba generalmente en pequeñas parcelas de tierra.

Ecuador produjo un total de 2 200 000 toneladas de leche en 2001 (base de datos de FAO, 2002) y 179 140 toneladas de carne bovina. Ambos productos crecieron en el siglo XX a tasas de 4,1 y 4,5 por ciento por año, respectivamente, mientras que las existencias ganaderas crecieron solo un 2,97 por ciento por año. Por otro lado, las existencias caprinas permanecieron casi estancadas, mientras que las de ovinos crecieron 2,9 por ciento en el mismo período.

Las regiones de la Costa y de Oriente producen principalmente ganado de carne y doble propósito, mientras que el ganado lechero se encuentra mayormente en la Sierra. El ganado pastorea la tierra de la Costa, por otro lado no apta para agricultura, como los campos ondulados de la provincia de Manabí, las planicies fluviales estacionalmente inundadas, o las partes semiáridas en el sur. La lechería se lleva a cabo en la Sierra, típicamente en los valles fértiles, particularmente entre Riobamba y la frontera con Colombia. El ganado de carne es relativamente nuevo en Oriente, aunque grandes áreas son aptas para el pastoreo. La industria de la carne en Oriente sufrió un serio retroceso en 1987 cuando un terremoto dañó las rutas usadas para transportar la carne. En 1986 Ecuador tenía 3 700 000 cabezas bovinas en 1986, pero en 2001 se habían incrementado a más de 5 500 000 animales.

En la década de 1980 se observó un mejoramiento genético de las existencias con la introducción de razas europeas y asiáticas. La raza nativa Creole representa alrededor de la mitad de todo el rebaño, siendo el resto cruzamientos entre Creole y Holstein, Brown Swiss o Jersey para leche, y Creole y Santa Gertrudis o Charolais para carne. Sin embargo, la escasez de veterinarios y medicinas continúa siendo un problema y las enfermedades y los parásitos son plagas en muchos rodeos.

Además de bovinos, el ganado incluye suinos, ovinos y algunos caprinos. Los datos de la FAO indican 2,4 millones de suinos en 2001, mientras que el último censo del país (2000) registró 1,53 millones; la mayor concentración fue en las áreas costeras. Las actuales existencias de rumiantes se muestran en el Cuadro 2.

Cuadro 2. Existencias de rumiantes
(base de datos de FAO, 2002; datos de camélidos no disponibles)

Año

              1980

1986

1991

1996

2001

         

Bovinos

3 005 390

3 764 800

4 516 000

5 105 412

5 573 554

           

Caprinos

256 835

228 100

309 000

309 300

272 560

           

Ovinos

1 096 836

1 194 600

1 501 000

1 708 920

1 976 176

A comienzos de 2001, se estimaba que las existencias de camélidos en Sudamérica (White, 2001) incluían 1 700 vicuñas (Vicugna vicugna), 10 000 llamas (Lama glama) y 4 600 alpacas (Lama pacos). Las últimas dos son domesticadas. Los camélidos son pastoreados principalmente en tierras baldías de altitudes altas, incluyendo parques nacionales y reservas.


2. SUELOS Y TOPOGRAFÍA

Topografía
Ecuador está dividido en tres regiones continentales: las áreas de la Costa, Sierra y Oriente, más una región insular, las islas Galápagos (Ecuador, 2201). La región de la Costa está localizada entre el Océano Pacífico y las montañas de los Andes y consiste en tierras bajas y montañas. Las tierras bajas están generalmente por debajo de 200 m. mientras que las montañas de la Costa («Cordillera Costanera») no exceden los 1 000 m. El ancho de la faja de la Costa oscila entre 15 y 150 km.

La Sierra incluye dos cordilleras principales de las montañas de los Andes que corren en dirección norte-sur: la cordillera Occidental y la cordillera Oriental, respectivamente con cuencas inter-montanas entre ellas. La cordillera Occidental contiene el pico más alto de Ecuador, el Chimborazo de 6 267 msnm y la cordillera Oriental consiste en los pie de monte andinos y las tierras bajas orientales. Varias montañas transversales cruzan las dos cordilleras, dividiendo así a las mesetas inter-montanas en 10 cuencas. La principal montaña transversal es el Nudo de Azuay que divide la Sierra en dos sub-regiones: el área de vulcanismo moderno al norte y el área de vulcanismo antiguo al sur. La primer área consiste en montañas nuevas más altas que aquellas de la sección de vulcanismo antiguo, la cual el tiempo ha erosionado a niveles inferiores. Convencionalmente, el área localizada por encima de 3 500 msnm es identificada como el Páramo.

El Oriente consiste de dos sub-regiones: los pie de monte de los Andes y las tierras bajas orientales. El pie de monte cae de una altura de 3 353 msnm hacia las tierras bajas, las cuales se extienden a una altitud de 150-300 msnm.

Suelos
La extremada variabilidad topográfica del país está asociada con un complejo mosaico de suelos.

El litoral costero, localizado entre el océano Pacífico y los Andes occidentales posee una abundancia de suelos hidromórficos particularmente en las partes bien irrigadas, los cuales tienen drenaje moderado a bajo y moderada fertilidad. Contiene suelos derivados de depósitos de diverso origen influenciados por la actividad volcánica de los Andes, el transporte eólico de las cenizas volcánicas y depósitos aluviales, todos sujetos a una intensa meteorización.

En la ecozona templada de los Andes (ver ecozonas), los suelos varían dependiendo de la lluvia. Se debe destacar que la clasificación de los suelos andinos es notoriamente compleja; están disponibles detalles y equivalencias entre sistemas de clasificación (Quantin, 1986; FAO, 2001; FAO-CSIC, 2002). La porción del área templada frecuentemente clasificada como estepa espinosa de montaña baja, con precipitaciones inferiores a 500 mm incluye los siguientes suelos (León-Velarde e Izquierdo, 1993): (a) Durandept, limos arenosos, con una capa calcárea localizada sobre un duripan (capa dura) colocado a una profundidad de 70 cm; estos son suelos que si se riegan permiten una variedad de cultivos anuales, como alfalfa, avena y pasto Kikuyu; (b) Durustoll, generalmente localizados en las pendientes, sobre cenizas finas y también con un duripan por debajo; (c) Eutrandept, suelos limosos con cenizas muy finas, baja retención de agua,  pH 7 y, (d) Torripsamment, suelos muy arenosos, con menos de 1 por ciento de materia orgánica y pH 8. Las fincas censadas en esta área por Ramírez et al. (1996) tenían suelos con pH 5,2 a 6,7 (la acidez se incrementa con la altitud), generalmente bajos en materia orgánica (MO), y siempre con muy bajo P (< 4 ppm). Cuando la lluvia se incrementa a 500-1 000 mm, la zona es clasificada como selva seca de montaña baja, e incluye suelos muy variables, muy frecuentemente derivados de cenizas volcánicas. Estos son limos arcillosos, suelos negros, que sostienen tapices productivos de alfalfa si son regados. La zona de selva húmeda de montaña baja se encuentra en áreas con 1 000 a 2 000 mm, y tiene suelos similares a la anterior.

La ecozona templada fría se encuentra en zonas muy altas. Dentro de ella, el Páramo (o estepa alta fría) es el paisaje típico, el cual recibe entre 250-500 mm de lluvia. En términos generales, los suelos del Páramo son de origen volcánico; estos incluyen suelos derivados de cenizas volcánicas recientes, y aquellos derivados de rocas metamórficas e ígneas (Medina y Mena, 2001). Los suelos de los Páramos norte y central son generalmente Andisoles, suelos jóvenes, no diferenciados, con alto contenido de materia orgánica, con alta capacidad de retención de agua, altamente permeables y resistentes a la erosión. Sin embargo, una vez que pierden estas propiedades físicas como consecuencia de la compactación, comienzan a repeler agua. Los suelos de los Páramos del sur son generalmente Inceptisoles, derivados de rocas metamórficas, más antiguos que los anteriores, menos fértiles pero tienen menos capacidad que los primeros para inmovilizar el P.

Los suelos en fincas censadas por Ramírez et al. (1996) en los Páramos tenían pH 5,8 a 6,2, alta MO (6-15 por ciento), alto K y cantidades traza de P disponible. Los suelos de las regiones interandinas están altamente erosionados (de Noni, Viennot y Trujillo, 1989-90) y se ha estimado que el 48 por ciento del territorio nacional tiene algún grado de erosión (Ecuador, 2001).

Los suelos del pie de monte amazónico, en las pendientes orientales de los Andes son mayormente Inceptisoles de fertilidad baja a media (Hicks et al., 1990). De este modo, las fincas censadas por Ramírez et al. (1996) presentaban suelos con pH 5-5,8, frecuentemente alta MO (> 5 por ciento) particularmente si está asociada a drenaje pobre, P < 3 ppm y moderado a bajo K. En las planicies de las tierras bajas se reconocen tres tipos principales de suelos (Estrada et al., 1988): (a) suelos arenosos aluviales en las porciones planas a lo largo de los ríos, estacionalmente cultivados con una variedad de cultivos; (b) suelos negros, volcánicos, fértiles, en las planicies localizadas al norte del río Napo y (c) Ultisoles rojos en sierras quebradas, característicamente ácidos y de baja fertilidad.


3. ZONAS CLIMÁTICAS Y AGRO-ECOLÓGICAS

El área de la Costa presenta un clima tropical húmedo (Ecuador, 2001). Las temperaturas de la región oscilan entre 23 ºC en el sur y 26 ºC en el norte. Aunque los cambios estacionales en temperatura no son pronunciados, el período más cálido ocurre durante la estación lluviosa, especialmente de febrero a abril. Cerca de Guayaquil, los meses más frescos son agosto y setiembre. La lluvia disminuye de norte a sur, cambiando la vegetación desde la selva lluviosa tropical en el norte a las sabanas tropicales y el desierto en el sur. Estos fenómenos están asociados con la Corriente de Humboldt y apariciones periódicas de El Niño. Cuando la Corriente de Humboldt es dominante, la cantidad de precipitaciones a lo largo de la costa varía de norte a sur, con niveles oscilando desde 3 000 a 300 mm. Las dos estaciones lluviosas en la parte más al norte de la costa se transforman en una única estación (diciembre a junio) en el sur. Cerca de Esmeraldas, la precipitación media anual es de 2 500 mm. La estación lluviosa se acorta más hacia el sur, durando solamente desde enero a mayo en Guayaquil. Muy poca lluvia ocurre en el extremo de la península de Santa Elena al oeste de Guayaquil. Condiciones áridas prevalecen en la frontera con Perú al sur del golfo de Guayaquil. Separada de los efectos de las corrientes oceánicas por las montañas costeras, la parte interna del área de la Costa tiene un clima cálido y húmedo. Las temperaturas pueden superar los 26 ºC, y la vegetación y la cobertura de nubes tienden a retener y aumentar el calor. La lluvia es constante durante los meses invernales de diciembre a mayo, con las lluvias más fuertes ocurriendo en febrero y marzo.

Las temperaturas en la Sierra no presentan gran variación, con el mes más cálido promediando 16 ºC y el mes más fresco con 13 ºC, en las partes más altas. Las temperaturas diurnas varían marcadamente desde mañanas frías hasta tardes cálidas. El sol casi vertical y el aire enrarecido en la región más alta de la Sierra  permiten a la tierra calentarse rápidamente durante el día y perder calor rápidamente en la noche. Las mañanas son típicamente brillantes y soleadas, mientras que las tardes son  nubladas y lluviosas. En general, la lluvia es mayor en localidades expuestas a bajas altitudes. La lluvia puede variar localmente. La región interandina tiene una estación lluviosa que se extiende desde octubre a mayo y los meses más secos van de junio a septiembre con máximos de 1 500 a 2 000 mm a lo largo de las montañas y 500 mm en algunos valles interiores. Los valles resguardados normalmente reciben 500 mm por año, mientras que la lluvia anual es de 1 500 mm en Quito y puede alcanzar 2 500 mm en ciertas pendientes expuestas a los vientos.

El clima en la Sierra está dividido en niveles basados en la altitud. El nivel tropical comprendido entre 400 a 1 800 m tiene temperaturas que oscilan entre 20 y 25 ºC y fuertes precipitaciones. El nivel sub-tropical entre 1 800 y 2 500 m tiene temperaturas desde 15 a 20 ºC y moderadas precipitaciones. El nivel templado entre 2 500 y 3 200 m tiene una temperatura durante todo el año comprendida  entre 10 y 15 ºC una lluvia anual de 1 000 mm. El nivel templado experimenta tormentas de lluvia, tormentas de granizo y niebla. La estación lluviosa («invierno»), dura desde enero hasta junio, y la estación seca o verano desde julio a diciembre. La mayor parte de la lluvia cae en abril. Hay también un período lluvioso corto a comienzos de octubre causado por la humedad que penetra en la Sierra desde el Oriente. Quito y muchas otras áreas pobladas en la Sierra están en este nivel templado. El nivel frío se extiende desde  la zona templada hasta 4 650 msnm. Aquí, la temperatura media está entre 3 y 9 ºC, y la precipitación a menudo aparece en forma de lluvia, granizo o niebla densa. Por encima de 4 650 msnm está el nivel helado, donde los picos están constantemente cubiertos de nieve y hielo, y las temperaturas oscilan entre bajo cero y 3 ºC. La precipitación ocurre en forma de nieve, niebla o lluvia.

Las tierras bajas orientales tienen un clima ecuatorial. La lluvia es abundante, especialmente en los pie de monte andinos, a veces excediendo los 5 000 mm por año. Las temperaturas promedian los 25 ºC en las partes occidentales de esta región. Las planicies de las tierras bajas orientales cubiertas de jungla registran altos niveles de lluvia (> 2 500 mm) y temperaturas que sobrepasan 28 ºC.

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Figura 2.  Ecozonas de Ecuador

Los tipos de vegetación están relacionados a las condiciones climáticas y, en particular, a la lluvia. La clasificación de los tipos de vegetación varía entre países  y también entre autores, pero está disponible un glosario (Huber y Riina, 1997). Se identifican los siguientes tipos (ver Figura 2: Ecozonas de Ecuador):

  • (1) selva lluviosa tropical encontrada en las partes más húmedas de las tierras bajas orientales, en las partes norteñas de la costa y en partes del pie de monte andino. La selva lluviosa es tan rica como la de Colombia. Su composición es influenciada por la altitud y entre 1 000 y 2 000 msnm hay una mezcla de arbustos y helechos, mientras que por encima de 2 000 msnm se encuentra comúnmente una selva nublada.
  • (2) a lo largo de las porciones secas de la costa sureña, predomina una selva seca caduca y
  • (3) más al sur una sabana, donde arbustos compuestos mayormente por Mimosa sp. se alternan con tipos pastoriles más abiertos;
  • (4) en la parte suroeste extrema de la costa, la sabana genera una vegetación desértica, xerofítica;
  • (5) en los Andes la vegetación depende de la altura y evoluciona desde selva seca hasta «páramo» de pastos o estepa a medida que la altitud se incrementa, alcanzando finalmente el área de nieve permanente.

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Figura 3. Ubicación de los Páramos de Ecuador
[Pulse para agrandar el mapa]

Dependiendo de la altitud, los suelos y la lluvia, ocurren una variedad de sistemas de producción, resumidos en la Figura 4; en términos generales, la leche fue el producto más importante en términos de valor de producción a lo largo de la década de 1990.

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Figura 4. Sistemas de cultivo en los altos Andes
[Fuente: Walker et al. (1994); Arce y Paladines (1997)]

Las tierras bajas de la Costa son usadas para plátano, cacao, café, arroz, algodón y caña de azúcar. Partes importantes de la costa del Pacífico y de los manglares son dedicados a la producción de langostinos. Algunos de los cultivos previos se extienden a los pisos inferiores de la Sierra, junto con el maíz. Por encima de 1 800 msnm, predominan cereales templados, frutales y cultivos hortícolas, mientras que la ganadería extensiva, principalmente la producción de ovinos y camélidos sudamericanos, es practicada por encima de los 3 500 msnm.


4. SISTEMAS DE PRODUCCIÓN DE GANADO RUMIANTE

Los sistemas de producción que incluyen rumiantes cubren cerca de la mitad del territorio nacional (Thornton et al., 2002). Esta estimación incluye sistemas mixtos de secano (32 por ciento del territorio), sistemas basados en campo natural (10-11 por ciento), y sistemas mixtos irrigados (8 por ciento). Los sistemas de producción varían algo entre zonas agroecológicas, pero una característica de Ecuador es la predominancia general de los sistemas de doble propósito sobre los sistemas cárnicos y lecheros. Como ocurre en todos los otros países de América Latina tropical, estos sistemas utilizan ganado cruza (Bos indicus x Bos taurus) resultante de cruzamientos diversos, incontrolados, entre Zebu, Creole, Hostein y Brown  Swiss.

Las vacas son ordeñadas generalmente a mano una vez al día con el ternero al pie para permitir bajar la leche. Luego del ordeñe, al ternero se le permite mamar y permanece con la vaca desde el ordeñe de la mañana hasta media tarde cuando los terneros son encerrados y las vacas generalmente son dejadas a pastorear. La cantidad de leche ordeñada de este modo raramente excede los 5 kg por día durante lactaciones que se pueden extender entre 150 y 350 días o más, dependiendo de las necesidades financieras del hacendado, el potencial lechero de la vaca y los recursos forrajeros disponibles. Constituye un sistema muy flexible en el cual si temporariamente la leche no puede ser llevada a los mercados locales o transformada en queso, es utilizada por el ternero para ganar peso.

Los sistemas de doble propósito predominan en el área de la Costa, donde se estima que se preactica en el 75 por ciento de las fincas (Ramírez et al., 1996), mientras que el resto tienen sistemas de cría de ganado de carne basados en razas de Bos indicus. En general, todo el ganado pastorea directamente las pasturas disponibles y puede ser suplementado con forraje cortado (pasto elefante, caña de azúcar, etc.) durante la parte seca del año. Datos a nivel de finca (Ramírez et al., 1996) muestran que la producción de leche para la venta (o para hacer queso) es generalmente baja (3-4 kg/vaca/día). Similarmente, en los sistemas ganaderos la ganancia de peso de los novillos de un año no excede los 400 g/cabeza/día.

Los sistemas de doble propósito también ocurren en la mayor parte de la región andina, debajo de 2 500 hasta 3 500 msnm. Los rendimientos por vaca son igualrmente bajos, la edad al primer parto generalmente excede los 36 meses y el intervalo entre partos es largo (> 450 días). La leche de la mayoría de estos sistemas es convertida en queso y los residuos se usan para alimentar a los cerdos. A medida que aumenta la altitud, los ovinos y los cuises pasan a ser parte de los animales criados por los hacendados, siendo los cuises y las aves principalmente destinados al consumo familiar. Sin embargo, en las partes más favorecidas, al norte de los Andes, los sistemas de producción son generalmente mixtos y más productivos, incluyendo 70-80 por ciento del área bajo pasturas y los cultivos como las papas, cereales, maíz y porotos, en orden decreciente de importancia, hacen la diferencia sin embargo, la base es generalmente leche-papa, con una alta proporción de ganado lechero Holstein puro o cruza. El sistema leche-papa es también característico de las partes bien irrigadas de los Andes en Perú, Colombia y Venezuela; están disponibles caracterizaciones detalladas (por ejemplo, Proaño y Paladines, 1998).

Un resumen de los numerosos proyectos de investigación en fincas (Estrada, Paladines y Quiroz, 1997) indica que los rendimientos de papa varían entre 20 toneladas/ha en lotes sin fertilizar y 30-35 toneladas/ha en campos bien manejados y fertilizados. Los rendimientos de forraje en pasturas sembradas oscilan actualmente entre 4 y 10 toneladas MS/ha. Sin embargo, estos rendimientos potenciales están severamente limitados por un número de factores socioeconómicos. En 1998, el sistema leche-papa ocupaba 2 000 000 ha en la Sierra, incluyendo 67 000 ha con papas y 1 940 000 ha con pasturas (CONDESAN, 2000) y contribuía con 5,5 kg/vaca/día de leche y 7,5 toneladas/ha de papas, estas últimas para consumo familiar.

La parte norte de la Sierra (norte de Quito hasta la frontera con Colombia) es la más favorecida en términos de suelos y lluvia; históricamente fue relativamente menos modificada por la intervención humana. Las actividades agropecuarias importantes incluyen la producción de cereales, papas, ajo, cebollas, leche y ovinos, con la leche incrementándose en importancia hacia los valles, en competencia con la floricultura (Recharte y Gearheard, 2001). Al sur de Quito, en la Sierra, la lluvia disminuye. Esta área concentra un gran número de comunidades indígenas que cultivan trigo, cebada y papas a 3 200-3 800 msnm, en estrecha asociación con un pequeño número de bovinos y ovinos, mientras que a mayores altitudes se practica pastoreo extensivo de la vegetación del Páramo (ver Figura 3 y

www.paramo.org\coppusetal-eser.doc). Los rumiantes juegan en estos sistemas un papel importante, entre otros, por el suministro de abono para los cultivos (Recharte y Gearheard, 2001). Al norte de la frontera con Perú, la Sierra es seca y los suelos son más superficiales; en el extremo sur existen grandes haciendas, evolucionando a sistemas mixtos pequeños a medianos en dirección norte.

Los Andes altos están mayormente habitados por comunidades indígenas. Las actividades en la finca generalmente proveen 40-90 del ingreso familiar, con la leche comprendiendo el 20-70 por ciento del mismo, lo que depende de la comunidad específica y de la ubicación (Candill, Bremner y Vohman, 2001). El empleo fuera de la finca es esencial para el mantenimiento de los establecimientos, debido a que han sido tan altamente subdivididos (a través de sucesivas generaciones) que muchos de ellos son marginalmente viables,  particularmente cuando estas comunidades sufren una rápida transición a la economía de mercado.

A medida que la altitud sigue aumentando, generalmente por encima de 3 500 msnm, raramente se crían bovinos, mientras que los ovinos, los camélidos sudamericanos y los cuises se hacen relativamente más importantes. En ciertas áreas, en grandes establecimientos, los toros de lidia pueden ser importantes. Los sistemas de producción en estas altitudes hacen un uso intensivo de las partes más favorecidas para cultivar cebada, papas y habas, mientras que los rumiantes y los camélidos son criados extensivamente en los campos naturales del Páramo. Las vicuñas (salvajes) se encuentran generalmente por encima de 4 300 msnm, mayormente en reservas naturales. Las llamas están concentradas en la porción central de la Sierra y son usadas por las comunidades indígenas como fuente de carne, cuero, abono y para carga. Las alpacas fueron introducidas desde Chile y Perú en 1985. La mayor parte de ellas se encuentran en una reserva natural, pero se están popularizando entre los productores privados.

Una característica peculiar de los sistemas de cría de ganado en los Andes es la frecuencia del «sogueo», una forma de atadura a través de la cual el ganado es atado individualmente con una soga larga a una estaca colocada en el potrero, de donde es movido diariamente o más frecuentemente. Esto implica por supuesto un manejo del pastoreo (y de trabajo) muy intensivo practicado en el 27 por ciento de las fincas. Es más común en las fincas pequeñas, y su uso decrece desde 35 por ciento en el sector pequeño a 6 por ciento en las fincas grandes (SICA/MAG, 2002).

En el pie de monte de la cuenca amazónica el ganado es el soporte principal de la economía rural. Ramírez et al. (1996) estimaron que el 95 por ciento del ingreso familiar es provisto por el ganado, con contribuciones menores de la caña de azúcar, banana, plátano y otros cultivos. Dependiendo de la localidad, puede predominar el doble propósito o el ganado de carne. El ganado es pastoreado todo el año, con muy poca o ninguna suplementación. Los rendimientos son similares a aquellos ya mencionados, y en fincas bien dotadas, la dotación oscila entre 1 y 2 UG/ha. En las tierras bajas de la cuenca amazónica (< 450 msnm, > 3000 mm de lluvia) las fincas de los colonos promedian 40-50 ha (Estrada et al., 1988), 5-15 ha de las cuales pueden ser pasturas y 1-5 ha están bajo café y/o cacao, estando el resto bajo selva. Durante la década de 1980 y comienzos de 1990 las pasturas estaban constituidas por pasto elefante y Brachiaria decumbens, pero Brachiaria humidicola se incrementó rápidamente a fines de esa última década. Como en muchas de las tierras bajas tropicales, la relativa escasez de ganado implica que las dotaciones de ganado de carne o doble propósito raramente exceden 1 cabeza/ha, aunque los datos experimentales sugieren que Brachiaria humidicola debería ser capaz de soportar por lo menos 2 cabezas/ha.


5. EL RECURSO PASTORIL

De acuerdo con los datos del censo (SICA/MAG, 2002) las tierras agropecuarias de Ecuador en 1999-2000 alcanzaban a 12 400 000 ha, 27 por ciento de las cuales estaban bajo pasturas sembradas, 9,1 por ciento bajo pasturas nativas, 4,9 cubierta por páramos y 3 por ciento bajo barbecho. Si todos estos elementos son considerados recursos pastoriles, cerca de la mitad de la tierra utilizable estaba disponible para pastoreo. Aunque los datos revelan que hay una tendencia de las fincas más grandes a tener mayor proporción de la tierra cubierta por los recursos anteriores, aún las fincas con menos de 5 ha dedican 32 por ciento de la tierra al pastoreo y 24 por ciento a pasturas sembradas y naturales. En las fincas con más de 200 ha estos porcentajes se incrementan a 48 y 32 por ciento, respectivamente. La Sierra y la Costa tienen 51 y 36 por ciento de las existencias ganaderas de Ecuador, respectivamente, mientras que el resto se encuentra en Oriente. El ganado está distribuido en forma homogénea a través de los distintos tamaños de finca, oscilando muy poco entre 12 por ciento de las existencias en fincas de 100-200 ha a 19 por ciento en fincas de 20-50 ha; fincas con menos de 5 ha tienen el 17 por ciento de las existencias ganaderas. Los datos previos muestran la extrema importancia de la cría de ganado en Ecuador a través de regiones y tamaños de finca.

El área de pasturas sembradas, nativas y naturalizadas en Ecuador ha sido estimada entre las 5 510 000 ha citadas en SICA/MAG (2002) y en la base de datos de FAO y las 6 500 000 ha citadas por algunos analistas (Hervas, 1985). Estas se distribuyen como sigue: 3 070 000 ha en el área costera (48 por ciento), 180 000 ha (3 por ciento) en la cuenca amazónica, 1 865 460 ha en los páramos altos (29 por ciento) y 883 400 ha de pasturas naturalizadas donde Pennisetum clandestinum (pasto Kikuyu) es un contribuyente muy importante (14 por ciento); las pasturas sembradas, incluyendo la alfalfa (De acuerdo con los datos del censo (SICA/MAG, 2002) las tierras agropecuarias de Ecuador en 1999-2000 alcanzaban a 12 400 000 ha, 27 por ciento de las cuales estaban bajo pasturas sembradas, 9,1 por ciento bajo pasturas nativas, 4,9 cubierta por páramos y 3 por ciento bajo barbecho. Si todos estos elementos son considerados recursos pastoriles, cerca de la mitad de la tierra utilizable estaba disponible para pastoreo. Aunque los datos revelan que hay una tendencia de las fincas más grandes a tener mayor proporción de la tierra cubierta por los recursos anteriores, aún las fincas con menos de 5 ha dedican 32 por ciento de la tierra al pastoreo y 24 por ciento a pasturas sembradas y naturales. En las fincas con más de 200 ha estos porcentajes se incrementan a 48 y 32 por ciento, respectivamente. La Sierra y la Costa tienen 51 y 36 por ciento de las existencias ganaderas de Ecuador, respectivamente, mientras que el resto se encuentra en Oriente. El ganado está distribuido en forma homogénea a través de los distintos tamaños de finca, oscilando muy poco entre 12 por ciento de las existencias en fincas de 100-200 ha a 19 por ciento en fincas de 20-50 ha; fincas con menos de 5 ha tienen el 17 por ciento de las existencias ganaderas. Los datos previos muestran la extrema importancia de la cría de ganado en Ecuador a través de regiones y tamaños de finca.

El área de pasturas sembradas, nativas y naturalizadas en Ecuador ha sido estimada entre las 5 510 000 ha citadas en SICA/MAG (2002) y en la base de datos de FAO y las 6 500 000 ha citadas por algunos analistas (Hervas, 1985). Estas se distribuyen como sigue: 3 070 000 ha en el área costera (48 por ciento), 180 000 ha (3 por ciento) en la cuenca amazónica, 1 865 460 ha en los páramos altos (29 por ciento) y 883 400 ha de pasturas naturalizadas donde Pennisetum clandestinum (pasto Kikuyu) es un contribuyente muy importante (14 por ciento); las pasturas sembradas, incluyendo la alfalfa (Medicago sativa) y otras forrajeras templadas cubren cerca de 400 000 ha.

Pasturas costeras
El desarrollo de las pasturas en la faja costera tropical y húmeda, se apoya en gramíneas tropicales sembradas, y en mucho menor medida en especies de leguminosas, algunas de las cuales se han transformado en endémicas. Donde la fertilidad del suelo lo permite, las pasturas en pastoreo directo están basadas en pasto estrella (Cynodon nlemfluensis), pasto Pangola (Digitaria decumbens) o pasto Guinea (Panicum maximum), mientras que el pasto elefante (Pennisetum purpureum) es usado en los sistemas de corte y acarreo, particularmente en los sistemas de doble propósito. Leguminosas como Centrosema pubescens, Stylosanthes spp., Desmodium spp., Dolichos lablab, Neonotonia wightii y numerosas otras han sido probadas pero su contribución a la composición del tapiz no es generalmente importante. Siguiendo la tendencia observada a través de toda América Latina tropical, los últimos 15 años han sido testigos de la expansión en el área de pasturas basadas en Brachiaria (Brachiaria decumbens, B. humidicola,  B. brizantha). La información que está disponible en Ecuador referente al potencial de producción animal de estas especies es extremadamente limitada, pero se puede estimar que su potencial es similar a aquel observado en los países vecinos; esto indica que las capacidades de carga de las pasturas pastoreadas directamente podrán oscilar entre 1-4 UG/ha, mientras que el pasto elefante puede suministrar forrraje para 7-12 UG/ha durante un período limitado de tiempo. Un nicho potencialmente importante para una de las leguminosas más promisorias, Arachis pintoi, es como cultivo de cobertura bajo los plátanos, cacao y café, como se observa en numerosos países tropicales de la región.

Ramírez et al. (1996) describen un estudio reciente sobre pasturas en una subregión del área costera, localizada a 150-260 msnm, entre latitudes de 0° 11’ S y 0° 28’ S, temperatura media de 25 ºC y lluvia de 1 560 a 2 000 mm. El área examinada incluía 55 000 ha de pasturas sembradas, 95 por ciento de las cuales eran Panicum maximum y 5 por ciento Cynodon nlemfluensis con una presencia  característica de Desmodium sp. nativo y algunas malezas de hoja ancha como Sida acuta entre otras. A través de 11 sitios experimentales en finca, los rendimientos de la parte aérea promedio de tres años fueron estimados en 15 400 kg MS/ha/año, con dos tercios producidos en la estación húmeda. Este rendimiento anual fue cerca de 50 por ciento menor del obtenido bajo condiciones controladas, bien manejadas en un cercana estación experimental de investigación. Cortes realizados a intervalos de 60 días durante la estación húmeda y a 78 días en la estación seca, mostraron porcentajes de proteína cruda de 10,4 y 7,2 y porcentajes de DMSIV (digestibilidad de la materia seca in vitro) de 55 y 52,8, respectivamente.

Los rendimientos de leche fueron registrados en una submuestra de dos fincas que tenían sistemas de doble propósito. Como en otras áreas, los rendimientos de leche promediaron 3 kg/vaca en ordeñe/día durante todo el año usando dotaciones de 1,5-1,8 vacas/ha. Los autores consideran que las dotaciones pueden ser incrementadas significativamente si las previsiones para la alimentación estival están disponibles, dado que los hacendados cargan sus pasturas basados en la capacidad de carga predicha para la estación seca. Las ganancias de peso en sistemas de producción de carne de siete fincas promediaron 0,35 kg/novillo/día, también valores típicamente altos para sistemas tropicales en las tierras bajas de América Latina. Comentarios similares referidos a la eficiencia de la utilización de pasturas se aplican a los sistemas de doble propósito.

El potencial de estas pasturas bajo condiciones óptimas ha sido determinado en experimentos controlados de pastoreo, conducidos a nivel de estación experimental. Ramírez et al. (1996) informaron que las capacidades de carga en Panicum maximum solo o en mezcla con leguminosas (especialmente Centrosema pubescens, contribuyendo con 40 por ciento de la composición botánica) fueron de 4 y 2,5 novillos /ha  para la estación lluviosa y de 3,5 y 2 cabezas/ha para la estación seca, respectivamente.

Pasturas andinas
Las pasturas andinas son complejas, dependiendo su composición de la altitud y del clima del sitio considerado; han sido modificadas por intervenciones humanas. Una reciente clasificación de estas pasturas reconoce dos principales tipos de ecozonas, la templada y la fría templada, respectivamente (León-Velarde e Izquierdo, 1993), cada una de las cuales incluye un número de subtipos que se describen más abajo.

La ecozona templada andina
El primer subtipo corresponde a pasturas nativas y naturalizadas y a arbustos localizados en las mesetas secas interandinas y en los valles, los cuales se estima que cubren 0,45 por ciento del área superficial de Ecuador. En su mayor, se encuentran entre 2 000 y 3 000 msnm, con temperaturas medias de 12-18 ºC y 250-500 mm anuales de lluvia, incluyendo un período seco de 3-5 meses que se extiende desde mayo a septiembre. Si se dispone de riego, estas áreas pueden producir cereales, frutas y hortalizas, así como alfalfa, avena forrajera y pasto Kikuyu. Las pendientes más empinadas se usan para pastorear cabras y para forestación.

A similares altitudes, pero con lluvias oscilando desde 500 a 1 000 mm, la región incluye un gran número de valles que, aunque representan solo el 3 por ciento del área del país, son extremadamente importantes desde el punto de vista de la densidad de población y de las actividades agrícolas y pecuarias. Aquí el principal recurso forrajero es la alfalfa cuando el riego está disponible, seguido por el pasto Kikuyu y el lupino (Lupinus spp.) en un mosaico variable de uso de la tierra que incluye trigo, cebada, porotos, frijoles cometodo y varias otras hortalizas.

En otros numerosos valles de similar altitud pero con precipitaciones por encima de 1 000 mm, la producción de leche está basada en pasto Kikuyu, raigras, Melinis minutiflora y Panicum coloratum, frecuentemente localizada en sistemas mixtos de producción que incluyen papas, maíz y trigo.

Ramírez et al. (1996) describen estudios llevados a cabo en un área de la parte seca de la ecozona templada, con 6-8 meses de estación seca. El área de estudio cubrió 87 000 ha a latitudes de 3º 59’ a 4º 26’ S, y entre longitudes de 79º 18’ a 79º 37’ W. Las fincas promediaron 53 ha, con 31 por ciento de esta área bajo pasturas y 50 por ciento en barbecho usado para pastoreo y dominado por Paspalum Humboldteanum y pasto Kikuyu bajo una cubierta rala de árboles de Acacia sp. y Mimosa sp. Se llevó a cabo una caracterización más detallada de 13 fincas localizadas entre 1 600 y 2 400 msnm dentro de esta área, y con pendientes oscilando entre 10 y 65 por ciento. Cinco de las 13 fincas disponían de riego. Las pasturas nativas y naturalizadas estaban compuestas por gramíneas (88 por ciento, P. Humboldteanum y/o Kikuyu), leguminosas (6 por ciento) y malezas de hoja ancha (6 por ciento). Las pasturas fueron utilizadas para pastorear ganado doble propósito. Las pasturas no regadas rindieron en promedio 2 548 kg MS/ha/año (rango 500-7 000), y los rendimientos estuvieron inversamente relacionados a la pendiente (r=-0,62, P<0,05). El pisoteo del ganado en la estación lluviosa deja manchones de suelo desnudo, el tamaño de los cuales estuvo positivamente relacionado a la pendiente (r=0,65, P<0,05). El pasto rey (Pennisetum purpureum x P. typhoides), con riego, usado para proveer forraje para corte y acarreo, rindió 15-18 toneladas Ms/ha/año, mientras que sin riego los rendimientos cayeron a 6-8 toneladas.

Quince fincas promediando 26 ha cada una, localizadas a altitudes de 3 000 a 3 500 msnm y con pendientes oscilando de 0 a 55 por ciento, tenían 71 por ciento de su área bajo pasturas. La mitad del área de pasturas estaba bajo asociaciones naturalizadas y sembradas de Dactylis glomerata-Lolium multiflorum-Trifolium repens y 37 por ciento bajo poblaciones nativas de Kikuyu, Holcus lanatus y Paspalum pigmaeum. En este caso, los rendimientos de parte aérea oscilaron desde 4 toneladas de MS/ha/año en pasturas de Paspalum pigmaeum hasta 15 toneladas en lotes bien manejados de alfalfa. Estos resultados coinciden con un estudio conducido a través de 17 sitios por Paladines y Jácome (1999) quienes midieron la producción de materia seca en cercamientos colocados en una variedad de pasturas en el extremo norte de los Andes (Carchi). Los componentes de la pastura incluían todas las especies nombradas arriba en varias proporciones. Los autores encontraron que 93 por ciento de la variación en rendimiento (oscilando entre 3 y 18 toneladas de MS/ha) fue explicada por solamente dos variables: horas de riego aplicadas por mes y densidad aparente del suelo la cual tenía un efecto negativo sobre los rendimientos.

La ecozona fría templada andina
La ecozona está localizada entre 3 000 y 4 000 msnm y tiene una temperatura media de 6 a 12 ºC. Tres subtipos pueden también ser identificados en base a la disponibilidad de lluvias, aunque las especies de pasturas son bastante comunes a todos. Las especies comunes incluyen (Hervas, 1985; León-Velarde e Izquierdo, 1993): Agrostis perennans, Agrostis tolucensis, Agrostis alba, Calamagrostis vicunarum, Poa pratensis, Holcus lanatus, Bromus catharticus, Stipa ichu, Stipa obtusa, Muhlenbergia emesrleyi, Lupinus alopecuroides y numerosas otras especies. El pasto Kikuyu (introducido de Colombia en 1947), frecuentemente asociado con trébol blanco, es común en los mejores suelos debajo de 3 200 m.

El primero de estos subtipos son las estepas secas, con < 500 mm de lluvia distribuidos en 10 meses. Los meses secos son julio y agosto. El área ha sido estimada cubriendo un 0,4 por ciento del país Ecuador. Los sistemas extensivos de producción ovina hacen uso de estas pasturas, las cuales están basadas en una variedad de especies de Festuca, Agrostis, Poa, Bromus, Calamagrostis, Stipa (esèecíficamente Stipa ichu) y Lupinus spp.

El segundo subtipo, húmedo, recibe 500-1 000 mm de lluvia y constituye cerca del 4 por ciento del área superficial de Ecuador. La lluvia está distribuida a lo largo de todo el año y la evapotranspiración a esta altitud es muy baja. Las pasturas están dominadas por especies de Stipa, Calamagrostis y Festuca, y constituyen el principal uso de la tierra. La ganadería, tanto para carne como para leche, constituye el principal soporte de la economía de estas regiones.

Ramírez et al. (1996) ó sobre estudios que apuntaban a caracterizar las pasturas nativas por encima de 3 500 msnm, con lluvias de 500-1 000 mm y pendientes     >12 por ciento, donde la temperatura media oscilaba entre 3 y 12 ºC. Calamagrostris sp. dominaba las pasturas (>35 por ciento de la composición botánica) localizadas a altas altitudes dentro de la región, mientras que las áreas más bajas se caracterizaban por mezclas de Bromus sp., Holcus lanatus, Poa sp., Stipa ichu, Festuca pratensis y otras.

Las áreas con lluvias por encima de los 1 000 mm (más del 4 por ciento de Ecuador) son extremadamente húmedas y los humedales abundan. Las áreas mejor drenadas así como las pendientes son dominadas por las mismas especies citadas anteriormente, pero la industria animal aquí es marginal.

Pasturas introducidas en los Andes
Las pasturas artificiales en los Andes altos bien irrigados de Ecuador varían entre lotes de Kikuyu naturalizado y pasturas sembradas de especies tales como alfalfa, Dactylis glomerata y Lolium spp. frecuentemente asociados con Trifolium repens naturalizado. Los predios con Lolium multiflorum son muy comunes. El potencial de estas pasturas en las mejores partes de los Andes ecuatorianos es extremadamente alta si son bien manejadas. Se han obtenido rendimientos experimentales de 20-30 toneladas de MS/ha, los cuales potencialmente pueden rendir 10 000 litros de leche/ha/año (Estrada, Paladines y Quiroz, 1997).

Pasturas de la región oriental
La cuenca amazónica de Ecuador, al este de la cordillera de los Andes incluye la región de pie de monte y las tierras bajas menos pobladas. Estas últimas son también de mucha menos importancia desde el punto de vista de la producción de rumiantes que el pie de monte. Estudios más limitados han sido llevados a cabo en esta ecozona respecto a las dos previas. Ramírez et al. (1996) resumieron los resultados de estudios en finca llevados a cabo sobre 213 000 ha de pie de monte, con lluvias de más de 3 700 mm. El área promedio de 185 fincas estudiadas en la región era de 122 ha (rango 50-186 ha); 75 por ciento de esta área fue limpiada de selva, con 90 por ciento de ella convertida en pasturas. Axonopus scoparius fue la principal especie (83 por ciento de los casos), seguida por pequeños porcentajes con Brachiaria decumbens, Echinochloa polystachia y otras. Las leguminosas contribuyeron con no más del 1 por ciento de la composición botánica. Los rendimientos promedio de estas pasturas fueron de 13 toneladas MS/ha/año.

Las pasturas en las tierras bajas son mucho menos comunes. Estrada et al. (1988) estudiaron fincas localizadas en el área hasta 450 msnm, promediando más de 3 000 mm de lluvia y con el mes más seco promediando 140 mm. Las fincas tenían una media de 46 ha cada una, incluyendo 4-11 ha bajo pasturas. El pasto elefante y Brachiaria decumbens eran las dos especies más importantes, aunque Brachiaria humidicola se estaba expandiendo a expensas de la última. La escasez de ganado probablemente explicaba porque la dotación promedio era de solo 0,93 cabezas/ha, cuando los resultados experimentales sugieren que Brachiaria humidicola puede soportar hasta 2 cabezas/ha.


6. OPORTUNIDADES PARA EL MEJORAMIENTO DE LOS RECURSOS FORRAJEROS

Indudablemente, las limitantes más difíciles son enfrentadas por las pasturas de los Andes altos, particularmente en las  partes secas de la cadena montañosa. En Ecuador la coordinación comunal indígena es importante. Por lo tanto, las iniciativas de desarrollo rural pueden ser efectivamente sostenidas por estas organizaciones, pero una dificultad mayor enfrentada son las limitadas opciones económicas disponibles, un tema discutido extensamente por Bebbington (1996) desde el punto de vista institucional. Como se indicó antes, la mayor limitación es la disponibilidad forrajera, seguida de cerca por la calidad forrajera, en un ambiente donde el crecimiento está severamente limitado por bajas temperaturas y lluvia, haciéndose así muy lenta la restauración de las pasturas. Cuando se dispone de riego estratégico, estas limitaciones pueden ser superadas recurriendo a la suplementación de los animales con pasturas sembradas. Los rendimientos de alfalfa y de raigrás-alfalfa, así como los de pasturas basadas en trébol blanco pueden ser razonablemente altos y las respuestas a N y P también son altas. Sin embargo, una limitación a mayor nivel en la aplicación de esta soluciones es la falta de políticas favorables, crédito y servicios de asesoramiento, así como la inaccesibilidad de muchas partes de los Andes altos.

Las pasturas nativas andinas, particularmente en el Páramo, han sido sobre pastoreadas y sobreexplotadas por décadas o centurias. Dadas las severas condiciones climáticas, la inversión de esta situación, si fuera factible, es solo posiblea largo plazo y si existen políticas adecuadas. Las políticas deben de tener en cuenta la valoración de su biodiversidad y los servicios ecológicos que ellas ofrecen. Se debería hacer notar que 9 de las 34 ecorregiones de América Latina clasificadas como globalmente sobresalientes en peculiaridad biológica son pasturas (White et al., 2000), y una de ellas es el Páramo del norte andino de Ecuador (compartido con Colombia), así como el Páramo central andino (compartido con Perú). Estos son desafíos que permanecen para ser enfrentados por los cuerpos gubernamentales, una propuesta difícil en vista de más inmediatas  preocupaciones en la promoción de cultivos de exportación de alto valor y otros bienes mayormente producidos en las tierras bajas. Parecería que el balance entre retornos inmediatos y beneficios a largo plazo tendría que ser examinado a través de la simulación de escenarios de desarrollo alternativo, desde que la investigación de campo a largo plazo solo ofrecerá soluciones en un tiempo más prolongado.

En las áreas templadas de los Andes, donde las gramíneas y leguminosas templadas tradicionales (Lolium sp., alfalfa, trébol blanco, etc.) han sido usadas por décadas, la introducción y evaluación continuada de variedades y especies debería proveer una corriente permanente de materiales mejorados. Probablemente se requieran mejores prácticas de manejo, incluyendo aquellas referidas a la conservación de forraje, pero este es un proceso que se está cumpliendo en cierta medida y que probablemente explique el relativamente rápido aumento en la producción láctea del país.

Las oportunidades para el mejoramiento de los recursos forrajeros son, sin embargo, mucho más abundantes y factibles a lo largo del área costera. Desde que esta es la región que produce una porción substancial de los bienes de exportación (bananas, plátanos, cacao) así como de consumo local (leche, carne), la capacidad  de gestión y las actitudes ya se encuentran en el lugar lo cual haría que el mejoramiento de pasturas y el manejo animal fueran factibles y relativamente fáciles. En buena medida esto ya está sucediendo como lo atestigua la rápida expansión del sector lechero en est área así como en altitudes intermedias y valles de la región andina. Está disponible un número relativamente grande de alternativas técnicas, tanto generadas localmente como provenientes de regiones comparables de otros lugares de América Latina tropical. Estas incluyen la introducción de leguminosas persistentes como Arachis pintoi, y un grupo más variado de especies y variedades de gramíneas. La adopción de leguminosas forrajeras tropicales es reconocidamente muy baja, pero en contraste, la más rápida adopción de algunas de estas mismas leguminosas como cultivos de cobertura debajo de cacao, café y plátanos podría eventualmente extenderse a las pasturas.


7. ORGANIZACIONES DE INVESTIGACIÓN Y DESARROLLO Y RECURSOS HUMANOS

El instituto nacional de investigación de Ecuador es el Instituto Nacional Autónomo de Investigaciones Agropecuarias, INIAP. Este instituto opera siete estaciones experimentales, en las tres principales ecozonas, a saber la Costa, Sierra y Oriente y además incluye el Departamento Nacional de Recursos Fitogenéticos y Biotecnología, DENAREF; este opera bajo la égida del INIAP llevando a cabo recolección de germoplasma, investigación, entrenamiento, promoción y la provisión de asesoramiento científico y técnico e información.

El INIAP, como muchos de los institutos nacionales de investigación de la región, tuvo un presupuesto en disminución desde mediados de la década de 1980, y el financiamiento es crecientemente canalizado a través de una fundación, FUNDAGRO (Fundación para el Desarrollo Agropecuario), la cual recibe fondos tanto públicos como privados. En 1992 el INIAP se transformó en un instituto descentralizado, autónomo y tiene su propia fundación para asegurarse los fondos.

FUNDACYT (Fondo de Desarrollo de la Ciencia y la Tecnología) es un fondo financiado por el gobierno para apoyar algunos aspectos de investigación, en particular, el desarrollo de recursos humanos.

La coordinación de la Red de Pastizales Andinos está basada en Quito. Ha realizado una considerable cantidad de trabajo con el apoyo financiero de varias fuentes, y actualmente funciona en el ámbito del Consorcio para el Desarrollo Sustentable de la Ecoregión Andina (CONDESAN), el cual a su vez es albergado por el Centro Internacional de la Papá (CIP), en Lima, Perú.

En adición a las instituciones señaladas arriba, un gran número de institutos internacionales y universidades han tenido proyectos ocasionales en Ecuador, particularmente en la zona de la Sierra, en cooperación con universidades nacionales y regionales y con organizaciones no gubernamentales. Muchos de estos proyectos han coincidido en la provincia de Carchi (norte de Quito), donde una gran cantidad de información fue y está siendo generada en el área húmeda altoandina.


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9. CONTACTS

INIAP, Instituto Nacional Autónomo de Investigaciones Agropecuarias (=Autonomous National Institute for Agricultural Research)

Casillas Postal 1717
1362 Quito
Ecuador

iniap@iniap-ecuador.gov.ec

http://www.iniap-ecuador.gov.ec/

Especialista en forrajes:

Victor Hugo Barrera Mosquera
Instituto Nacional Autónomo de Investigaciones Agropecuarias (INIAP)
Estación Experimental Santa Catalina.
Panamericana Sur Km 14.
Casilla Postal 17-012600.
Quito-Ecuador.

barrera@cip.org.ec

Germplasm collection and conservation:
Agr. Raúl Castillo, PhD
INIAP, Instituto Nacional Autónomo de Investigaciones Agropecuarias
DENAREF,
P.O. Box 17-01-340
Quito - Ecuador, South America
Teléfono: 593 (2) 690 691
Fax: 593 (2) 690 691 or 593 (2) 504 240
castillo@cip.org.ec

Coordinator of the Andean Network of Forage Evaluation:
Dr. Osvaldo Paladines
Red Pastizales Andinos (REPAAN)
Casilla 17-16-219
Quito
Ecuador
Tel: 220533/34; 277816
Fax: 507422

aladin@vio.telconet.net

FUNDAGRO
Moreno Bellido No. E6-168 & Av. Amazonas
Quito - Ecuador
Phone: (593) 250 7361 & 222 0533
Fax: (593) 250 7422
P.O. Box: 16-17-219 CEQ, Quito, Ecuador

fundagro@uio.telconet.net
www.fundagro.org

FUNDACYT (Fondo de Desarrollo de la Ciencia y Tecnologia) http://www.fundacyt.org.ec/

10. EL AUTOR

El autor de este perfil, Raúl R. Vera, trabajó 16 años en Colombia como Investigador Principal, y luego Líder del anterior Programa de Pasturas Tropicales, y del Programa de Tierras Bajas Tropicales del CIAT, Centro Internacional de Agricultura Tropical. Puede ser contactado en:

Raúl R. Vera
2 Norte 443 dpto. 52
Viña del Mar, CHILE 2534194
Fax (Chile) 56-2-552 9435
raulvera@terra.cl

[Este perfil fue preparado en diciembre de 2002/enero de 2003 y fue editado por J.M. Suttie y S.G. Reynolds en enero de 2003]

 [Este perfil fue traducido por Cadmo Rosell y Francisco .A. Mandl en diciembre de 2004]