4. SISTEMAS DE PRODUCCIÓN DE GANADO RUMIANTE

Principales sistemas de producción

El crecimiento de los vacunos y ovinos depende de la dieta y, por lo tanto, pueden ser distinguidos los siguientes sistemas:

  1. Cría de animales sobre pasturas naturales, con pérdida de peso en el invierno (15 a 25 kg), grandes ganancias de peso en primavera y moderadas ganancias en verano y otoño. A menudo, en estas condiciones, cuando un novillo tiene un año de edad pesa menos que cuando tenía seis meses. La curva de crecimiento tiene la forma de dientes de sierra característica de la cría de animales sobre pasturas naturales y es el resultado del bajo nivel de alimentación. Cuando un «novillo de campo» tiene tres años de edad, puede pesar entre 330 y 380 kg y necesita más de 160 kg hasta el peso de faena. Esto implica un año más de engorde.
  2. Cría de animales sobre pasturas mejoradas, para lo cual existen varias  opciones tecnológicas, está basada en la obtención de ganancias en el invierno lo que permite a las existencias tomar mejor ventaja en primavera y verano para acelerar el crecimiento. Un novillo a menudo alcanza 380 kg a la edad de dos años y con menos de un año de engorde puede ser faenado.
  3. En sistemas de cría intensivos pesos mayores a 350 kg por año son alcanzados cuando los novillos tienen un año e inclusive pesos de faena superiores a 440 kg.

Los novillos criados sobre campo natural, 50 por ciento de la extracción actual, tienen generalmente bajas ganancias diarias de peso vivo (0,3 kg/día) durante el año, con pérdidas en invierno, por lo cual necesitan una edad mayor para alcanzar un peso alto y ser faenados. Este tipo de animal está asociado con sistemas de producción extensiva, basados en pasturas naturales, con bajo nivel de insumos e inversión, prácticas simples de manejo, con baja producción de carne (60 a 70 kg/ha/año).

Una pastura natural de calidad media permite ganancias de peso de 0,25 kg/día y una producción de carne de alrededor de 80 a 100 kg/año. Los campos de buena calidad permiten mayores ganancias de peso (0,35 kg/día) y una producción de hasta 150 kg/año. Las tecnologías de alimentación y suplementación estratégicas sobre los campos (con concentrados, reservas forrajeras o pastoreo racionado de pasturas cultivadas) permiten superar las limitaciones de energía y proteína del forraje. Su uso es más eficiente cuando son usadas para corregir los rangos bajos de ganancia. Las principales fuentes de concentrados de energía usados son granos y sub-productos agro-industriales producidos en el país como maíz, sorgo, trigo, cebada, avena, afrechillo de arroz, afrechillo de trigo, alimento de gluten, pulpa de citrus. Los concentrados de proteína mas usados provienen de la producción agro-industrial: harina de carne y hueso, harina de sangre, harina de pescado, expeller de girasol y harina y poroto de soja.

Un campo mejorado mediante siembra en cobertura muestra un incremento substancial en ganancia diaria (0,6 a 1,0 kg/día) y en producción de carne por hectárea (mayor a 250 kg/año). Las pasturas cultivadas, anuales y «perennes», permiten ganancias promedio de 0,6 a 1,3 kg/día y producciones de carne desde 240 a 400 kg/año. El manejo correcto del sistema de pastoreo es la clave para aprovechar la alta productividad y calidad del forraje producido y para obtener alta producción de carne por hectárea. Las tecnologías disponibles de suplementación estratégica han sido muy importantes para corregir las deficiencias de estas pasturas y para mantener altas dotaciones a lo largo del año. Sus efectos se reflejan en mejoramientos de la ganancia diaria pero fundamentalmente en una mayor producción de carne (450-800 kg/ha).

De acuerdo con las características del campo, asociadas con pastoreo mixto con dotación fija, la producción ganadera tiene varias limitaciones principalmente debido a restricciones nutricionales. Algunas de las más importantes son: edad avanzada en el entore de las vaquillonas (tres años en promedio); baja tasa de parición (65 por ciento); baja ganancia de peso vivo de los ternero con el consecuente bajo peso al destete (130-140 kg); faena tardía (cuatro años) y baja tasa de extracción (18-20 por ciento). En tales condiciones la producción de carne en sistemas extensivos de pastoreo a la intemperie en un año en pasturas naturales es de alrededor de 65 kg/ha/año.

El ganado pastoreando las pasturas naturales depende casi exclusivamente del contenido de nutrientes de la pastura, el cual varía con las diferentes estaciones del año. Los niveles de proteína cruda (PC) (N x 6,25) de las especies nativas son más bajos durante el verano y más altos durante el invierno. En verano muchas de las especies florecen y semillan, particularmente las gramíneas. El nivel de PC que provee la mayoría de las especies nativas es suficiente para satisfacer las necesidades del ganado pero las ovejas que paren al comienzo de la primavera tienen algunas deficiencias al final de la gestación. Los niveles de P son también más bajos en verano y más altos en invierno. En primavera y verano la cantidad de P no es suficiente para cubrir los requerimientos de mantenimiento de ovinos y vacunos y este desbalance se incrementa durante la lactación. Para cubrir esta deficiencias los animales son alimentados en el campo mezclando fosfatos (monocálcico, bicálcico y tricálcico) con sal (NaCl). En primavera y verano tiene lugar la parición y las vacas y ovejas están en plena lactación; el entore de las vacas ocurre en verano. Aunque no hay evidencia clara de que el Na y el Cl son deficientes, los hacendados los usan como suplemento a lo largo del año. El contenido de Ca de pastos y malezas es suficiente para cubrir las necesidades de vacunos y ovinos (Berretta, 1998; Montossi et al., 2000). A veces, se informa sobre deficiencias en Cu e I [yodo], pero no son tan importantes. Se ha informado de toxicidad de Cu en ovejas pastoreando trébol rojo.

El Cuadro 6 compara dos sistemas de manejo, con y sin ovinos, en campos de basalto. Ambos sistemas fueron evaluados durante cuatro años en condiciones de pastoreo con una dotación continua de una vaca equivalente por hectárea.

Cuadro 6. Desempeño reproductivo y productividad de dos sistemas de manejo.

Sistema/Año

Destete

(porcentaje )

Peso al destete

 (kg)

Productividad (kg/ha/año)

     

Peso vivo

Lana

Sistema vacuno

1

80,0

141

109

-

2

60,0

141

78

-

3

87,5

137

103

-

4

75,0

143

100

-

Media

75,6

141

98

-

Sistema mixto

1

75,0

153

107

10,1

2

55,0

143

72

9,0

3

78,0

166

125

10,3

4

65,0

160

96

9,8

Media

68,0

156

100

9,8

Considerando la dotación alta y el manejo simple usado, los resultados muestran mayor productividad animal que aquellos obtenidos en sistemas extensivos de producción. Las diferencias anuales en tasa de parición y destete son los principales factores que determinan la productividad animal. Las tasas de destete son más altas en el sistema con vacunos solos, mientras que en el sistema  mixto el peso al destete y la productividad total son mayores (Berretta et al., 2000).

Las diferentes estrategias de alimentación, manejo y control sanitario tienen su efecto sobre la productividad del rebaño. La investigación está orientada a mejorar la eficiencia de la producción de lana y carne, considerando la calidad de ambos productos.

El Cuadro 7 muestra varias opciones tecnológicas adaptadas a diferentes condiciones de los sistemas de producción extensiva. Los niveles de alimentación en las ovejas de cría en los sistemas tradicionales son insuficientes durante el último tercio de la gestación, con los consecuentes peso bajo y calificación pobre de la condición al momento del parto. Esto tiene efectos negativos sobre la sobrevivencia de los corderos (20 a 30 por ciento de mortalidad), siendo la principal causa del desempeño reproductivo bajo del rebaño nacional. La calificación de la condición (CC) representa la conservación de energía (gordura), calificada en una escala de 1 (flaca) a 5 (sobre gorda).

Sobre campo mejorado, con una dotación del doble (10 ovinos/ha) de la del campo no mejorado y con la misma CC al parto, es posible alcanzar una mortalidad de corderos del 10 por ciento. La cantidad recomendada de forraje diferido debe estar entre 1 900 y 1 100 kg MS/ha, equivalentes a una altura aproximada de 7 y 4 cm, respectivamente. La calidad y cantidad de forraje dependerá de la proporción de leguminosas en el campo mejorado.

Cuadro 7. Resumen de experimentos, usando la calificación de la condición  (CC) de la oveja y el forraje acumulado en el otoño en campo y campo mejorado al final de la preñez

Características de la pastura, la oveja y el cordero

Sistema tradicional

Campo diferido

Campo mejorado diferido

Masa del tapiz al parto   (kg MS/ha)

400-700

1 300-1 500

1 1001-1 900

Altura del tapiz al parto (cm)

2 – 3

5 – 8

4 – 7

Dotación (ovejas/ha)

4 (0,8 UA/ha)

5 (1 UA/ha)

10 (2 UA/ha)

Peso vivo de la oveja al parto (kg)

35-40

42-45

45-48

CC de la oveja al parto (grado)

2-2,5

3-3,5

3,3-3,7

Peso vivo del cordero (kg)

2,5 – 3

3,6 – 3,8

3,8 – 4,6

Tasa de mortalidad de corderos (porcentaje)

20 – 30

10 –13

9 –10

1 Masa de tapiz necesaria de acuerdo con las leguminosas presentes en el campo mejorado.

Considerando la tasa de crecimiento promedio del otoño en el campo y en el campo mejorado, en la zona basáltica y en la estación de parición normal, es necesario comenzar el período de diferimiento entre 70 y 50 días en el campo, y entre 40 y 30 días en el campo mejorado, antes de la parición. Estos valores también dependen de las condiciones meteorológicas de cada año y su efecto sobre el crecimiento de la pastura y también de la cantidad de forraje existente al comienzo del período de acumulación.

La mayoría de las corderas son encarneradas a los 30 meses (4 dientes) desde que una alta proporción (40-60 por ciento) no alcanzan el peso mínimo de encarnerada a los 18 meses. Esto tiene consecuencias productivas y económicas adversas para la industria, al reducirse el número de corderos por oveja a lo largo de su vida, afectando el avance del mejoramiento genético del rebaño y el nivel de eficiencia de los recursos usados por el productor. Para mejorar la oferta de corderos, es muy importante incrementar la tasa reproductiva de las corderas.

Varias estrategias de manejo han sido definidas para mejorar la ganancia de peso de las corderas en sistemas de producción extensivos en los campos de la zona basáltica. El uso de campo mejorado y cultivos forrajeros anuales permite alcanzar ganancias de peso vivo adecuadas durante el invierno (60 a 90 g/animal/día). Estas tasas de ganancia permiten a un mayor número de corderas (80-90 por ciento) alcanzar el primer peso vivo a la encarnerada recomendado cuando tienen dos dientes: pesos mayores a 32 y 35 kg para corderas Merino y Corriedale, respectivamente. Para que una cordera obtenga esas ganancias durante el invierno se necesita una masa de tapiz mínima de 1 500 kg MS/ha, con una altura del tapiz de 5 a 6 cm en el campo, y de 1 000 kg MS/ha, con una altura de 4 a 5 cm en campo mejorado (Berretta, 1998).

El Departamento de Sanidad Animal del Ministerio de Agricultura y Pesca, está llevando a cabo un programa compulsivo de erradicación de la fiebre aftosa, garrapata (Boophilus microplus, responsable de la transmisión de piroplasma y anaplasma), brucelosis y tuberculosis. Está siendo implementado un programa de vigilancia epidemiológica y seguimiento para la Encefalitis Espongiforme Bovina (EEB) [ver Ministerio de Agricultura y PescaInforme de la Comisión Europea]. Para los ovinos hay campañas de erradicación compulsiva de ectoparásitos (sarna y piojo).


5. EL RECURSO PASTORIL

Los escasos datos de los primeros colonizadores permiten extraer algunas inferencias sobre la vegetación original. La población primitiva, ya sea por la caza para su alimentación o los conflictos entre tribus, causó cambios en la vegetación mediante el uso del fuego, dado que los herbívoros existentes eran pequeños comparados con los actuales vacunos y equinos de los cuales el más importantes era el venado (Ozotocerus besoarticus); también coexistía un ave mayor como el ñandú (Rhea americana). Los venados vivían junto con los vacunos pero eran desplazados por los ovinos, por lo tanto el número existente de venados es muy bajo y se encuentra en áreas protegidas. El ñandú, un ave herbívora corredora de 1,5 m de altura, vive actualmente en los campos junto a vacunos, ovinos y equinos, particularmente donde la agricultura no está desarrollada.

La vegetación climax,  hipotéticamente, antes de la introducción de los vacunos y equinos, debería haber tenido una proporción más grande de matorrales y arbustos, particularmente del género Baccharis. En ciertos hábitat húmedos, pueden prevalecer hierbas altas y pastos, comúnmente llamados «pajonales».Generalmente el campo debería haber tenido más humedad debido a la acumulación de material muerto de hierbas grandes de hoja ancha y matorrales que deberían detener el escurrimiento del agua de lluvia, mientras que la cobertura de paja protegería al suelo del estrés de agua, manteniendo de este modo a los excesos de humedad por períodos mucho más largos. Las  especies nativas anuales y las hierbas pequeñas de hoja ancha tienen probablemente un origen rupestre; actualmente las especies anuales más frecuentes son exóticas.

Los vacunos y equinos fueron los primeros grandes herbívoros domésticos introducidos al país por Hernandarias en 1611. Los ovinos aumentaron a mediados del siglo XIX. La acción humana, a través de la introducción de animales domésticos al sistema de praderas naturales, ha causado cambios en la vegetación de modo que el pastoreo es el principal factor que mantiene a los campos en una fase seudoclimácica herbácea.

El estado presente de las pasturas naturales esta lejos de su potencial. En el climax habría una predominancia de matorrales y pastos altos de baja palatabilidad y valor nutritivo; aunque pueden ser biológicamente productivos, estarían pobremente adaptados para alimentar vacunos y equinos. Por lo tanto, la situación presente de disclimax pastoral parece estar más adaptada para alimentar animales en pastoreo.

En esta situación de disclimax pastoral, los suelos que nunca han sido cultivados pueden sufrir degradación particularmente con altas dotaciones. Se pueden recuperar, excepto en situaciones extremas de degradación de suelos empobrecidos y erosionados, mediante la exclusión del pastoreo por largos períodos y con un subsecuente manejo cuidadoso. La aplicación de bajas dosis de fertilizantes inorgánicos y la introducción de leguminosas en algunos de estos estados permite llevar a la pastura a una mejor condición.

Cuando  las áreas que han sido pastoreadas durante siglos son excluidas del pastoreo, ocurren cambios en su composición florística. En un área que había sido protegida desde 1984, se observó el inicio de pastos cespitosos, y una disminución de los más pequeños; también comenzaron a crecer sub-arbustos y matorrales como Eupatorium buniifolium, Baccharis articulata, Baccharis spicata y Baccharis trimera, mientras que Baccharis coridifolia disminuyó debido a que prospera cuando los pastos están debilitados por el pastoreo. Luego de seis años se registró Baccharis dracunculifolia, un matorral de 3 m de alto, con ramas fácilmente quebrantables por los animales domésticos. La población de Baccharis articulata persistió por unos cinco años, cuando las plantas murieron casi simultáneamente; luego de un período similar la población se restableció y murió otra vez y actualmente se están desarrollando plantas nuevas. Los individuos originales de Eupatorium buniifolium persisten y también hay individuos jóvenes. El tamaño de las matas de pasto aumentó y el número de individuos como Stipa neesiana, Paspalum dilatatum, Rottboellia selloana y Schyzachyrium microstachyum decreció. Pastos de muy baja frecuencia y escasa floración bajo condiciones de pastoreo, como Paspalum indecorum, Schizachyrium imberbe y Digitaria saltensis, muestran un gran desarrollo en esta situación. Las leguminosas nativas, aunque infrecuentes, tienen también un desarrollo más grande. Con la exclusión continua del pastoreo también se produce una alta conservación de restos secos con importantes alteraciones en la retención de agua del suelo, lo cual junto con la altura de pastos y matorrales, modifica el microclima. Por lo tanto, la situación descripta podría ser algo similar a aquella previa a la introducción de la ganadería.   

Vegetación. Tipos de campos más importantes.
El campo natural es definido como la cubierta vegetal formada por pastos junto con hierbas y arbustos asociados, donde los árboles son escasos. El campo es un ambiente con gran riqueza de especies, tanto de plantas como de animales.

La familia botánica más numerosa es Gramineae = Poaceae, con unas 400 especies, tanto de verano (C4) como de invierno (C3), siendo esta asociación una característica marcada de estas pasturas.  Las tribus más importantes son: Paniceae, la cual incluye los géneros con el número más grande de especies, Paspalum, Panicum, Axonopus, Setaria, Digitaria entre otros; Andropogoneae, con los géneros Andropogon, Bothriochloa, Schizachyrium, y otros; Eragrostea con los géneros Eragrostis, Distichlis, etc.; Chlorideae, con los géneros Chloris, Eleusine, Bouteloua, etc., con pocas especies. Las tribus de gramíneas invernales, con un alto número de especies cultivadas adaptadas a estas condiciones, son Poeae (= Festuceae), con los géneros Bromus, Poa, Melica, Briza, Lolium, Dactylis y Festuca; Stipeae, con los géneros Stipa y Piptochaetium, con mayoría de especie nativas; Agrostideae, con los géneros Calamagrostis, Agrostis, etc., con escasas especies (Rosengurtt et al., 1970). En general la presencia de especies invernales está asociada con el tipo de suelo, topografía, altitud, fertilidad y manejo del ganado. Junto con Gramineae hay diferentes especies de tipo vegetativo, pertenecientes a otras familias como: Compositeae (=Asteraceae), Leguminoseae (=Fabaceae), Cyperaceae, Umbelliferae, Rubiaceae, Plantaginaceae, Oxalidaceae y otras. Las leguminosas herbáceas nativas están representadas por numerosos géneros: Trifolium, (T. polymorphum, T. grandiflorum, T. argentinense, T. riograndense), Adesmia, Desmodium, Desmanthus, Galactia, Zornia, Mimosa, Tephrosia y Stylosanthes; sin embargo, la suma de sus frecuencias es muy baja, siempre menos del tres por ciento en todos los tipos de campos, excepto en hábitats muy particulares.

Los  tipos de campos dedicados a los sistemas ganaderos extensivos, con bajo grado de modificación, corresponden a los principales tipos de suelos y zonas agro-ecológicas previamente definidas (Figuras 4 y 6). Las características florísticas de cada tipo de campo están dadas primeramente por el tipo de suelo, sus condiciones físicas y químicas y en menor medida por la topografía y la exposición a la radiación solar.

Algunas especies están presentes en diferentes tipos de campos con frecuencias variables; otras están presentes en algunos, mientras que otras son características e indicadores de ciertos hábitats. Dentro de cada tipo de campo existen gradientes de vegetación asociados con la localización de acuerdo con la posición topográfica (colina, pendiente, valle) que, debido a diferencias en profundidad de suelo y en las condiciones de humedad, desarrollan hábitats particulares que resaltan en la fisionomía del paisaje. En estos hábitats se pueden encontrar especies características que no están presentes en el campo. En los bañados se encuentran especies paludosas como: Cyperus spp., Heleocharis spp., Canna glauca, Leersia hexandra, Luziola peruviana, Paspalum hydrophillum, Pontederia cordata, Sagittaria montevidensis y Thalia spp.

En todos los campos predominan las especies perennes de diferentes familias botánicas, las anuales generalmente tienen baja frecuencia pero se hacen conspicuas en algunas estaciones del año o por efecto del manejo como los métodos de pastoreo, fertilización o introducción de leguminosas.

En las comunidades de plantas de los campos es posible establecer una relación entre el porcentaje de las especies que los componen y su contribución a la cobertura del suelo. La investigación en diferentes tipos de vegetación, a lo largo de las estaciones del año, muestra relaciones variables entre 30/70 y 20/80, resultando en 30 por ciento de especies produciendo 70 por ciento del forraje. En la mayoría de las comunidades de plantas nativas, unas 12 especies contribuyen del 70 al 80 por ciento del forraje total. Esta relación se mantiene a lo largo del año, pero hay algunos cambios en el tipo de especies. La identificación de especies en las diferentes comunidades es muy importante para seguir los cambios que ocurren en las comunidades mencionadas, los que están relacionados a factores climáticos y manejo del pastoreo (Berretta, 2001a; 2001b).

En el Cuadro 8 se detallan la tasa de crecimiento diaria (TCD), su desviación típica y la distribución estacional (DE) de diferentes tipos de campo. En algunos suelos se muestra el crecimiento de acuerdo a la profundidad o la posición topográfica lo cual conduce a tipos de vegetación compuestos por diferentes especies o diferentes frecuencias.

Cuadro 8.  Tasa de crecimiento diaria (TCD) (kg MS/ha/día) y distribución estacional (DE) (por ciento) de la producción anual de forraje de campos en los tipos de suelo más importantes

Suelos

   

Verano

Otoño

Invierno

Primavera

Basalto (1)

SPR

TCD

DE

10,1 ± 4,9

31,4

6,8 ± 2,9

21,2

4,9 ± 2,5

15,7

9,9 ± 3,9

31,7

SN

 TCD

DE

13,6 ± 5,9

32,1

8,8 ± 3,9

21,0

6,1 ± 2,4

14,9

13,0 ± 4,3

32,0

 P

TCD

DE

17,2 ± 7,8

33,3

10,9 ± 4,2

21,5

7,3 ±3,1

15,1

14,8 ±4,4

30,1

Sierras del Este (2)

TCD

DE

9,6 ± 6,7

41,5

6,3 ± 3,1

27,6

1,1 ± 1,0

5,0

6,0 ± 2,4

25,9

Granito del

Centro (4A)

P

TCD

DE

13,1 ± 7,3

28,6

8,6 ± 3,3

19,3

6,5 ± 3,2

14,5

17.0 ± 6.8

37,6

Lomadas del Este (4B)

TCD

DE

15,3

38,0

9,2

23,4

3,8

9,7

11,5

28,9

Suelos arenosos (5A)

Ladera

Alta

TCD

DE

27,7 ± 5,6

48,5

7,3 ± 4,2

13,1

4,1 ± 2,3

7,3

17,6 ± 3,3

31,1

Ladera

Baja

TCD

DE

27,3 ± 8,4

44,5

7,5 ± 4,4

13,6

3,7 ± 1,5

6,1

22,2 ± 4,1

36,8

Noreste (5B)

 

TCD

DE

5,1

18,3

6,9

25,0

4,7

17,1

11,0

39,6

SPR = Superficial pardo rojizo; SN = Superficial negro; P = Profundo.

Nota: Verano corresponde a diciembre, enero y febrero, 90 días; otoño es marzo, abril y mayo, 92 días; invierno es junio, julio y agosto, 92 días; y primavera es septiembre, octubre y noviembre, 91 días.

En campos sobre suelos basálticos (grupo I,1) se pueden distinguir tres principales tipos de vegetación, directamente relacionados a la profundidad del suelo. En los suelos superficiales pardo rojizos (SPR) la vegetación cubre el 70 por ciento aproximadamente, las piedras o rocas son el 10 por ciento, y el resto es suelo desnudo y restos secos; estos valores tienen ciertas oscilaciones con las estaciones y cambian notablemente durante una sequía. La TCD, expresada en kg MS/ha/día, varía de acuerdo con la estación y entre años. La mayor proporción de la producción anual de forraje ocurre en primavera y verano, siendo esta estación la que presenta la mayor variabilidad debido al alto riesgo de sequía en este tipo de suelo. Las especies más frecuentes son: Schizachyrium spicatum, Chloris grandiflora, Eragrostis neesii, Eustachys bahiensis, Microchloa indica, Bouteloua megapotamica, Aristida venustula, Adesmia punctata, Dichondra microcalyx, Eryngium nudicaule, Micropsis spathulata, Soliva pterosperma, Oxalis spp. y Selaginella spp.

En el mismo tipo de suelo, pero con un horizonte A de unos 15-20 cm de profundidad, se encuentran otras especies como las gramíneas de verano Paspalum notatum y Bothriochloa laguroides y las gramíneas de invierno Stipa neesiana, Piptochaetium stipoides y Piptochaetium montevidense. La presencia de estas gramíneas más productivas causa cambios en la distribución estacional, siendo primavera y verano las estaciones de mayor producción, aunque la producción anual total es similar.

En suelos superficiales negros la cubierta de plantas es 80 por ciento, el material muerto y el suelo desnudo varían entre y dentro de estaciones. Las especies más frecuentes son: Schizachyrium spicatum, Chloris grandiflora, Eustachys bahiensis, Bouteloua megapotamica, Aristida murina, Aristida uruguayensis, Carex spp., Dichondra microcalyx, Eryngium nudicaule, Chaptalia piloselloides, Oxalis spp., Nostoc spp. y Selaginella spp. Menos frecuentes son Stipa neesiana, Piptochaetium stipoides, Bothriochloa laguroides, Paspalum notatum, Paspalum plicatulum, Rottboellia selloana, Trifolium polymorphum y Adesmia bicolor.

Cuando el horizonte superficial es más profundo, la mayoría de las especies mencionadas que tienen baja frecuencia cuando el suelo es superficial, se transforman en frecuentes. La producción de forraje total anual en estas partes más profundas es algo alta, pero la distribución estacional es diferente, siendo la primavera y el otoño las estaciones de mayor crecimiento, con poco más del 70 por ciento del total. 

Los suelos profundos de mayor fertilidad tienen una cubierta de plantas de un 90 por ciento, siendo el material muerto el otro componente de importancia. Las principales especies de estos suelos son: Paspalum notatum, Paspalum plicatulum, Paspalum dilatatum, Paspalum indecorum, Rottboellia selloana, Panicum miliodes, Andropogon ternatus, Bothriochloa laguroides, Axonopus affinis, Aristida uruguayensis, Leptocoryphium lanatum, Schizachyrium microstachyum, Schizachyrium spicatum, Carex spp., Stipa neesiana, Piptochaetium stipoides, Piptochaetium medium, Poa lanigera, Bromus auleticus, Calamagrostis spp., Trifolium polymorphum y Adesmia bicolor. La principal maleza en los campos de basalto es Baccharis coridifolia, un arbusto tóxico.

En los suelos basálticos hay mayor variabilidad espacial relacionada con el intrincado mosaico formado por estos diferentes tipos de suelos. Esta variabilidad edáfica está reflejada en los diferentes tipos de vegetación los cuales, por el tipo de especies que los componen, requieren manejo diferente. A esta variabilidad espacial es necesario agregarle la relacionada al clima, particularmente la lluvia.

Los campos sobre suelos graníticos (grupo III, 4ª y 4 B) también tienen diferente productividad asociada con cambios en la profundidad del suelo. La producción de los campos sobre suelos profundos alcanza 4 125 kg MS/ha/año, concentrados en primavera y verano (Cuadro 8). La vegetación de estos suelos tiene una alta proporción de especies estivales pero es escasa en especies invernales. Las especies más frecuentes son: Andropogon ternatus, Rottboellia selloana, Paspalum notatum, Paspalum plicatulum, Paspalum dilatatum, Bothriochloa laguroides, Axonopus affinis, Aristida murina, las cuales tienen crecimiento estival; las especies invernales son: Stipa charruana, Briza subaristata, Piptochaetium stipoides, Piptochaetium lasianthum, Agrostis montevidensis, Vulpia australis, Gaudinia fragilis, Carex spp., o hierbas de hoja ancha como Chevreulia sarmentosa, Eryngium nudicaule y Micropsis spathulata.

La producción anual en los campos de las Lomadas del Este es de 3 626 kg MS/ha/año y de unos 2 100 kg MS/ha/año en las Sierras del Este. La mayoría de las especies de los campos, 80 a 85 por ciento, son perennes estivales. A pesar de la biodiversidad, el número de especies que contribuyen a la producción de forraje es bajo. La asociación Paspalum notatumAxonopus affinis, es el principal contribuyente. El forraje tiene normalmente baja digestibilidad (48-62 por ciento).

En suelos arenosos (grupo IV, 5A), los cambios en las proporciones de especies de los campos están principalmente asociados con la posición topográfica. En la el Cuadro 8 se muestran la tasa de crecimiento diario y la distribución estacional de la producción de forraje de una ladera alta y de una ladera baja, en la misma secuencia topográfica. La producción anual de la ladera alta es de 5 144 kg MS/ha y la de la ladera baja es de 5 503 kg MS/ha. En este tipo de campo la producción está concentrada en primavera y verano, con 80 por ciento del total. Esto está relacionado a las características físicas del suelo (profundidad del agua, textura, conservación del agua) y principalmente a la vegetación dominada por especies estivales como: Paspalum notatum, Axonopus argentinus, Axonopus affinis, Sporobolus indicus, Rottboellia selloana, Panicum milioides, Panicum sabulorum, Andropogon lateralis, Paspalum nicorae y Eragrostis montevidense, una planta característica de estos suelos. La gramínea de invierno más frecuente es el Piptochaetium montevidense. Hierbas de hoja ancha como: Soliva pterosperma, Eryngium nudicaule, Chevreulia sarmentosa, Chevreulia acuminata, Oxalis spp., Dichondra microcalyx, Spilanthes decumbens, Richardia humistrata, Hypochoeris spp. e Hypoxis decumbens, son relativamente frecuentes. Las leguminosas nativas son menos frecuentes, siendo Desmodium incanum la más representativa. Las principales malezas son: Baccharis coridifolia y Vernonia nudiflora.

Es una práctica común en estos suelos el quemado al final del invierno, para refinar el campo y obtener en primavera un rebrote tierno, libre de material muerto y, por lo tanto, de mejor calidad. Los pastos duros estivales, con un rendimiento anual alto pero de baja calidad, se destacan en el tapiz y tienen poca o ninguna palatabilidad para los animales domésticos, excepto en circunstancias muy particulares, de modo que las hojas y tallos florales se acumulan en invierno, cuando se hacen aún menos palatables. Las principales especies con estas características son: Erianthus angustifolius, Paspalum quadrifarium, Andropogon lateralis, y Schizachyrium microstachyum, las cuales en conjunción con algunos arbustos y matorrales que crecen en estas condiciones conducen a campos «sucios».

Las comunidades de plantas nativas de los campos del Noreste (grupos III y V, 5B) son ricas desde el punto de vista del número de especies presentes; es posible encontrar entre 50 y 60 especies en un área de 12 m2. Treinta por ciento de estas especies representan el 70 por ciento de la cobertura de plantas. Las especies más abundantes son gramíneas de las cuales el 70 por ciento son de crecimiento estival. A través de diferentes prácticas de manejo en algunos casos las pasturas se cubren de pequeños arbustos o incluyen árboles nativos. Bajo pastoreo la proporción de leguminosas es baja. Las plantas más frecuentes son: Paspalum notatum, Paspalum dilatatum, Bothriochloa laguroides, Rottboellia selloana, Axonopus affinis, Panicum milioides, Setaria geniculata, Sporobolus indicus y Eragrostis neesii de crecimiento estival, y especies invernales, menos frecuentes, representadas por Piptochaetium stipoides, Piptochaetium montevidense, Stipa neesiana, Stipa charruana, Chascolytrum sp., Trifolium polymorphum, Carex spp., Cyperus spp., y también hierbas de hoja ancha como Chevreulia sarmentosa, Chaptalia piloselloides, Eryngium nudicaule y Richardia stellaris, también con baja frecuencia. La principal maleza es Eryngium horridum. La calidad del forraje de las pasturas naturales varía entre 48 y 62 por ciento de DMO (digestibilidad de la materia orgánica), con un contenido de proteína cruda entre 6 y 12 por ciento y una concentración de P por debajo de 0,10 por ciento (Olmos y Gordon, 1990).

En algunas partes de esta zona Eupatorium buniifolium, un arbusto deciduo de crecimiento estival que puede alcanzar unos 2 m de altura, ocupa grandes áreas, dañando la vegetación que está por debajo, al competir por luz, agua y nutrientes; además dificulta el manejo del ganado, especialmente ovinos, y también reduce el acceso al forraje. Otra planta que crea problemas al manejo del pastoreo es Erianthus angustifolius, un pasto duro muy poco comido por los animales, que acumula rápidamente hojas viejas y secas. Para solucionar esta incidencia una solución es quemar; el rebrote tierno es pastoreado a veces.

La dotación calculada para este campo varía entre 0,40 UA/ha en las Sierras del Este a 0,9 UA/ha en suelos arenosos y basálticos profundos. La unidad animal (UA) es equivalente a una vaca de 380 kg que desteta un ternero por año. La reducción en el número de ovinos durante la década pasada redujo la dotación, lo cual puede salvar a la pastura natural de la degradación. En algunas agro-ecozonas la degradación es difícil de prevenir, particularmente en suelos basálticos donde la densidad de ovinos era muy alta (Rosengurtt, 1946; Millot et al., 1987; Formoso, 1996; Risso y Berretta, 2001).

Los sistemas de producción de vacunos y ovinos más intensivos están en la zona oeste, sobre suelos altamente fértiles (grupo V). Debido a su alto potencial de producción esta área tiene una larga tradición de cultivos. El cultivo continuo e intensivo resultó en la sustitución de las mejores especies de la pastura nativa por malezas gramíneas que invadieron (principalmente Cynodon dactylon) y afectaron adversamente las propiedades químicas y físicas de los suelos predominantes. Siguiendo a la investigación de comienzos de la década de 1970, la adopción de la rotación de cultivos y pasturas cultivadas (sistemas de producción con praderas) se hizo importante. Debido a que las pasturas cultivadas tienen tan alto potencial de producción, hacen posible la superación de las dificultades de las bajas producción anual e invernal y calidad del forraje de la vegetación nativa degradada, resultando así en mejoramientos de la eficiencia de los procesos de cría y engorde tanto de vacunos como de ovinos. Desde la introducción de las pasturas cultivadas ha habido una intensificación de los procesos de cría y engorde en un contexto que asegura la sostenibilidad bioeconómica de los sistemas de producción predominantes (Carámbula, 1991).

Las pasturas cultivadas tradicionales pueden ser anuales, de rotación corta o perennes, durando aproximadamente 4 años. Las principales forrajeras utilizadas se muestran en el Cuadro 9. Para cada forrajera, el INIA (Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria) ha desarrollado por lo menos un cultivar adaptado a las condiciones ecológicas locales y a los sistemas de producción predominantes. La estrategia de mejoramiento genético es un proceso continuo con liberaciones periódicas.

Cuadro 9. Especies anuales y perennes usadas en pasturas cultivadas

 

Anual

Rotación corta

Perenne

Avena (Avena byzantina, Avena sativa)

+++

-

-

Raigrás anual (Lolium multiflorum)

++

+

-

Trigo forrajero (Triticum aestivum)

++

-

-

Festuca (Festuca arundinacea)

-

-

+++

Dactilis (Dactylis glomerata)

-

++

+++

Falaris (Phalaris aquatica)

-

-

++

Holcus (Holcus lanatus)

+

++

-

Trébol rojo (Trifolium pratense)

+

+++

+

Trébol blanco (Trifolium repens)

-

+

+++

Alfalfa (Medicago sativa)

-

-

+++

Lotus (Lotus corniculatus)

-

+

+++

Achicoria (Cichorium intybus)

-

+++

-

- = no apropiada; + = recomendada.

Además de los esfuerzos hechos en mejoramiento genético, se está enfatizando el desarrollo de tecnologías de manejo y utilización de pasturas que aseguren la expresión de la productividad potencial de todas las especies y cultivares, compatibles con buena persistencia y valor nutritivo (Berretta et al., 2000).

Para evitar la escasez de forraje en invierno y otoño, los hacendados con sistemas de producción intensivos de carne y leche siembran y utilizan forrajeras anuales. En el Cuadro 10 se proporcionan el número de fincas, el área sembrada y el porcentaje del área con siembra directa en 1999/2000. Un área importante de forrajeras anuales es sembrada con siembra directa, indicando que los hacendados han adoptado esta técnica bastante fácilmente y están disminuyendo la preparación convencional de la tierra utilizando el arado.

Cuadro 10.  Forrajeras anuales, número de fincas y área sembrada en 1999-2000 con laboreo convencional y siembra directa.

   

Área sembrada en 1999-2000

 

Fincas

Total

Siembra directa

Cultivo

Número 1

ha

ha

 %

Avena

9 422

203 301

43 020

21,2

Trigo

1 708

49 188

12 120

24,6

Raigrás (Lolium multiflorum)

2 752

98 251

22 454

22,9

Moha (Setaria italica)

975

15 866

3 101

19,5

Maíz para pastoreo

2 113

15 143

875

5,8

Maíz para silo de grano húmedo

429

8 673

997

11,5

Maíz para silo

1 693

31 783

1 294

4,1

Sorgo para pastoreo

2 580

44 924

5 132

11,4

Sorgo para silo de grano húmedo

328

8 570

1 599

18,7

Sorgo para silo

140

3 996

467

11,7

Otros

877

26 007

3 275

12,6

Total

23 017

505 722

94 334

18,7

1 Las fincas que usan más de un tipo de cultivo forrajero anual se cuentan solo una vez para calcular el total (CGA, 2000).

El Cuadro 11 muestra las forrajeras sembradas más comunes. Las pasturas mejoradas o cultivadas pueden incluir una o más especies y lo mismo ocurre para la siembra en cobertura. El área bajo pasturas cultivadas es mucho más grande que la de pasturas mejoradas (con siembra en cobertura). La mayoría de las pasturas cultivadas está en sistemas de producción intensiva así como casi toda el área de pasturas mejoradas.

Cuadro 11.  Forrajeras más comúnmente usadas en pasturas cultivadas y campos mejorados, número de fincas y área (ha), Censo General Agropecuario, 2000

 

Pasturas cultivadas

Campos mejorados

Forrajera

Número de fincas 1

Área (ha)

Número de fincas

Área (ha)

Alfalfa

2 605

37 996

-

-

Trébol blanco

518

14 471

155

5 691

Trébol rojo

676

23 372

-

-

Lotus spp.

2 626

117 543

2 871

300 995

Otras simples

244

10 904

242

15 429

Mezclas

16 764

1 082 959

2 375

164 967

Total

20 1541

1 287 245

5 376

487 082

1 Las fincas que usan más de un tipo de cultivo forrajero anual se cuentan solo una vez para calcular el total (CGA, 2000).

Los hacendados de los sistemas de producción intensiva, particularmente aquellos involucrados en lechería y en engorde, conservan forraje para transferir el excedente de alimentos a estaciones en las que la comida es escasa; esto significa invierno o períodos de sequía. Las maneras más comunes de conservar forraje son:

  • a) heno de pasturas cultivadas, campos mejorados y forrajeras anuales;
  • b) silo de pasturas cultivadas, para preservar el excedente de forraje primaveral, se realiza durante el estado vegetativo de la pastura hasta la floración, de acuerdo con la especie;
  • c) silo de campos mejorados y forrajeras anuales, y
  • d) silo de grano húmedo de forrajeras anuales, particularmente maíz y sorgo.

Los sistemas de producción intensiva conservan el forraje mediante fardos cilíndricos de heno que oscilan entre 250 a 600 kg de peso según la materia prima. Los fardos prismáticos también se usan pero son menos frecuentes. El silo es una alternativa que se está difundiendo en este tipo de sistema de producción debido a:

  • a) las dificultades para cosechar y manejar grandes volúmenes de heno;
  • b) la creciente disponibilidad de maquinaria para hacer silo;
  • c) el uso de neumáticos viejos para fijar la cubierta de nylon de manera de obtener una adecuada cobertura del silo;
  • d) su sencillez de uso facilita la alimentación de los animales, y
  • e) para mejorar la eficiencia de la aplicación de acuerdo con el potencial de producción de las forrajeras estivales, especialmente maíz y sorgo.

Figura 6. Fotografías de varias zonas agro-ecológicas (pulse para ver la imagen completa)

 
Campos sobre suelos basálticon
superficiales, Agroeco zona 1.
  Campos sobre suelos graníticos,
Agroeco zona 4A.
Campos en colinas del Este,
Agroeco zona 4B.
Panorama de Sierras,
Agroeco zona 2.
Campos en suelos arenosos,
Agroeco zona 5A.
Pastorea mixto Panorama con ovinos y vacunos,
Agroeco zona 1.
Manejo del pastoreo,
forraje para pastoreo de invierno
Rastrojo mejorado de arroz por medio de
siembra aérea (pasturas cultivadas)
Agroeco zona 6A
Pasturas cultivadas trébol blanco,
lotus y pasto ovillo
Heno para alimento de invierno
 
Maiz para ensilaje sistemas intensivos,
Agroeco zona 7.
 
Oxalis en nativo campo
Fotografías del autor

Limitaciones del recurso forrajero
Se conoce que el campo natural tiene limitaciones que previenen una adecuada producción animal a lo largo del año. La principal limitación es la estacionalidad, con un crecimiento invernal muy reducido debido a la predominancia de especies de crecimiento estival. Escaso crecimiento invernal significa que los animales pierden peso. Para reducir este problema es conveniente diferir el forraje desde el otoño para ser pastoreado en invierno.

La calidad de la pastura natural es otra limitación importante desde que la mayoría de las especies nativas tienen bajo valor nutritivo, con valores de proteína cruda entre 5 y 15 por ciento, dependiendo de la estación; los valores más altos se registran en invierno y primavera, independientemente del ciclo de crecimiento de las plantas, y los más bajos en verano cuando la cantidad de forraje disponible es adecuada, aparte de una sequía. El fósforo es deficiente en prácticamente todos los suelos, con valores entre 0,12 y 0,21 por ciento, dependiendo de los suelos y las estaciones. Las gramíneas tienen las mayores concentraciones de este nutriente en las mismas estaciones que la proteína.

El principal problema de las pasturas naturales es el riesgo de degradación y pérdida de especies, relacionados a la carga continua, la dotación alta y la relación ovino/vacuno alta. Los signos de degradación son el incremento de las hierbas de hoja ancha y las gramíneas estoloníferas, adaptadas a tales condiciones de pastoreo, y la reducida frecuencia de gramíneas de maciega, así como una reducción en el número de especies. Tales cambios en la composición botánica resultan en una reducción del 12 por ciento en la producción anual de forraje, lo cual es raramente perceptible en períodos cortos. Cuando las dotaciones son ajustadas al potencial de la pradera, y manejo del pastoreo incluye períodos de descanso, es posible mantener el campo en buenas condiciones, con variaciones causadas por los cambios estacionales. El ecosistema de los campos es altamente estable y es capaz de recuperarse luego de eventos violentos como una sequía.

El número de potreros de una finca está basado en el tipo de operación de la misma, siendo la cría y el engorde de vacunos y ovinos el que requiere un mayor número de ellos para facilitar el manejo. La principal restricción es el suministro de agua de buena calidad en cantidad suficiente para satisfacer las necesidades de los animales. Debido a las diferencias entre las comunidades de plantas los potreros tienen que ser divididos o subdivididos cubriendo áreas homogéneas. Su área es una función de la fertilidad del suelo y del tipo de vegetación, siendo el tamaño de potrero de considerable importancia en el manejo de las pasturas naturales. La uniformidad de la vegetación y un mayor número de potreros facilitan el diseño de los sistemas de pastoreo, lo cual permite alternar períodos de carga baja o nula con otros de carga alta dependiendo de la estación, tipo de vegetación y categoría del animal.

Usualmente, el número de potreros en los sistemas de producción extensiva es bajo, menos de 10 por finca, lo cual complica el manejo del ganado vacuno y ovino. Los alambrados que separan las propiedades o las dividen de los lugares públicos (rutas, parques, pueblos) tienen una altura legal uniforme de 1,4 m, con siete hilos, uno de los cuales debe ser de púas. Los alambrados internos pueden ser iguales o pueden tener un hilo menos. También pueden estar formados por solo uno a tres hilos, pero electrificados. La estructura de los alambrados incluye diferentes diámetros de postes, de acuerdo con su función. En tiempos pasados se usaba madera dura (Prosopis spp. y Acacia spp.), importada de países vecinos, pero actualmente son casi exclusivamente de Eucalyptus. El alambre de púas no se usa más.

En las últimas dos décadas los hacendados han incrementado el número de potreros mediante el  uso de alambrados eléctricos, mejorando el manejo del ganado y la utilización de las pasturas mejoradas y cultivadas. En los sistemas intensivos, manejados con pastoreo rotativo o en fajas, un alto número de potreros y alambrados eléctricos es muy común.

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