Donaciones y compras excesivas

Las existencias de plaguicidas obsoletos con frecuencia se acumulan porque el suministro excede ampliamente la demanda. Hay una diversidad de factores que provocan y continúan provocando esta situación.

Estimaciones imprecisas de los requerimientos

Las autoridades gubernamentales de los países en desarrollo pueden no tomar en cuenta una serie de factores cuando elaboran las listas de los productos que deber ser adquiridos o solicitados a las agencias donantes. El resultado es que sus estimaciones de necesidades de plaguicidas pueden ser excesivas.

Los requerimientos de plaguicidas se hacen a veces en base al consumo de los años anteriores, sin tener en cuenta las variaciones de las superficies cultivadas o la intensidad de las plagas. Hay una tendencia a sobreestimar ligeramente las solicitudes, para no correr el riesgo de tener menos de lo necesario.

El histórico de las variaciones en la intensidad de las invasiones de las plagas y el hecho de determinar si las pérdidas potenciales podrían ser lo suficientemente severas como para justificar la inversión en plaguicidas, son consideraciones que pueden pasar a un segundo plano.

También pueden pasarse por alto factores que podrían limitar el uso de plaguicidas en el país, como:


■ disponibilidad o no de equipos apropiados, vestuario de protección y personal calificado;

■ disponibilidad o no de instalaciones para almacenamiento, y,

■ eficacia de los sistemas de distribución para entregar los plaguicidas en las zonas donde debe ser utilizado.

■ cuando el producto está destinado a la venta, la capacidad de los agricultores para adquirirlo también es a menudo sobreestimada.

En muchos países no se tiene información actualizada y centralizada sobre las propias existencias de plaguicidas. Por consiguiente, estas reservas no son tomadas en cuenta en los cálculos para evaluar las necesidades adicionales de plaguicidas.

Reservas estratégicas no utilizadas

En muchos países, se mantienen reservas estratégicas de plaguicidas para hacerle frente a cualquier emergencia seria de plagas o pestes, especialmente brotes de langostas depredadoras y otras plagas migratorias.

Seguramente es una buena noticia para los agricultores cuando las plagas de langostas no hacen su aparición, pero las reservas no utilizadas de plaguicidas generalmente se deterioran y se tornan inutilizables, y pueden transformarse en una grave amenaza para la salud pública y el medioambiente. Por ejemplo, en 1980 se adquirieron plaguicidas para enfrentar una invasión de langostas en Africa. Pero finalmente las langostas fueron empujadas por el viento hacia el océano, de tal manera que los daños fueron menores que los esperados. Los países afectados, sin embargo, se quedaron con millones de litros de plaguicida no utilizado. Lo que es más grave aún, muchos de los plaguicidas utilizados en anteriores campañas para combatir la langosta depredadora eran organoclorados, como el dieldrin. Estos plaguicidas, que se conocen como Contaminantes Orgánicos Persistentes o COP, son altamente tóxicos. En los climas cálidos se evaporan, viajan por la atmósfera y se asientan en zonas más frías donde se acumulan en la cadena alimenticia. Algunos de éstos fueron prohibidos en los programas de control de la langosta financiados por los donantes en los años '80.

Desde entonces, han sido almacenados, a menudo en muy malas condiciones, y representan una creciente amenaza para la salud pública y el medioambiente.

Algunos países de las regiones afectadas por las invasiones de langostas depredadoras, conservan grandes existencias de plaguicidas obsoletos, que en su casi totalidad son las reservas estratégicas de lucha contra esta plaga. Esto representa un doble gasto de recursos. Primero, se financió el costo de los plaguicidas, su transporte y almacenamiento, y luego el costo de su eliminación, que es enorme.

El Sistema de Prevención de Emergencias de la FAO (EMPRES) para Enfermedades de Animales y Plantas fue puesto en marcha en 1994, para reducir el riesgo de brotes importantes de plagas provocadas por las migraciones. EMPRES monitorea constantemente la situación de la langosta del desierto, ayuda a coordinar respuestas en tiempo a los brotes y desarrolla trabajos de investigación para poner en práctica los métodos más eficaces de control de plagas.

La FAO y otras organizaciones involucradas en este esfuerzo están sometiendo a consideración e investigación una diversidad de enfoques. Entre ellos se encuentran:

El bioplaguicida Green Muscle, ideado sobre la base del hongo patógeno de la langosta (Metarhizium anisopliae), ha sido puesto a prueba exitosamente en una cantidad de países y en condiciones de utilización a gran escala.

Una alternativa posible para conservar reservas estratégicas de plaguicidas en países que están en zonas de riesgo de brotes de langosta, es que las agencias de ayuda y los fabricantes organicen "bancos de plaguicidas". Los plaguicidas podrían conservarse a mano en los sitios de fabricación y llevados por aire directamente a los lugares donde deben ser utilizados en el momento en que se los necesita. Los gastos adicionales del transporte aéreo se verán compensados por:

■ ahorros en los costos de almacenamiento y transporte en zonas rurales;

■ reducción del riesgo de que las reservas estratégicas se deterioren y se tornen inutilizables; y,
     
■ un potencial uso más eficiente de los plaguicidas.     

Otro enfoque más radical sería sencillamente no hacer nada; la langosta depredadora actuaría libremente y se compensarían las pérdidas de los agricultores. Aunque parece ser una postura derrotista, al final de cuentas podría ser más rentable económicamente, y menos nocivo para el medioambiente que rociar con toneladas de plaguicida las áreas rurales.

Reservas excesivas de productos

Abarrotar las reservas de plaguicidas es una de las causas más comunes por las que estos productos caducan. Los plaguicidas más empleados tienen una vida útil de dos años. Sin embargo, cuando se les almacena en lugares calientes, en clima tropical húmedo, con grandes fluctuaciones de temperatura, su vida útil se reduce drásticamente. Cuando son almacenados por períodos de mediano o largo plazo, estos productos se deterioran y se tornan inutilizables.

Además, las variaciones del mercado de una estación a la siguiente pueden afectar los cultivos y el tipo de plaguicidas que se requieren. Los plaguicidas que se adquirieron para un determinado uso en una temporada, pueden no ser necesarios en la temporada siguiente. La sobreabundancia de las reservas hace que los productos no sean utilizados y se deterioren.

Donaciones que no reflejan la demanda

A veces las agencias suministran donaciones muy por encima de los requerimientos de los países beneficiarios. Esto puede ser el resultado de poca coordinación entre las agencias donantes, o una evaluación incompleta de las necesidades del país beneficiario.

También ocurre que los países industrializados que tienen excedentes o reservas indeseadas de plaguicidas, hacen ofertas de donación a los países en desarrollo aunque éstos no los hayan solicitado. Aunque el país en cuestión no esté necesitando estos plaguicidas, los funcionarios gubernamentales no quieren rechazar estas ofertas por el temor a ofender a sus donantes y/o comprometer futuras ayudas. Reciben con los brazos abiertos las donaciones, aunque luego nunca las utilicen.

En los programas de suministro de plaguicidas que se extienden por varios años, por lo general las partidas asignadas de plaguicida se renuevan automáticamente cada año. Sin embargo, si las condiciones de los campos de cultivo cambian, la demanda de plaguicida puede verse reducida, y si estas variaciones no son reportadas al país donante, los suministros siguen llegando innecesariamente y abarrotando las existencias.

Supresión de subvenciones

Muchos países subvencionan el costo de los plaguicidas, lo cual permite que los agricultores compren plaguicidas a un precio inferior al precio de mercado. Los subsidios fomentan prácticas agrícolas no sostenibles. Cuando los plaguicidas son fáciles de adquirir y a bajo costo, hay una tendencia natural a utilizar más de lo que se necesita. Los agricultores no reciben mayores incentivos para intentar utilizar técnicas alternativas de control de plagas que sean más seguras y más armoniosas medioambientalmente. Además, las técnicas agrícolas tradicionales que a menudo dependen de sofisticadas estrategias de gestión integrada de cultivos resultan fragilizadas por su dependencia en relación a los plaguicidas, de tal manera que con el transcurso de los años las técnicas tradicionales van siendo dejadas de lado y acaban perdiéndose.

También, cuando los plaguicidas se consiguen por debajo de los precios del mercado, se permite que haya contrabando lucrativo hacia países en los que no hay subsidios para estos productos. El tráfico ilegal de plaguicidas es un comercio de alto riesgo. Pero para muchos países en desarrollo, el control fronterizo del contrabando de plaguicidas es una tarea ardua. Y aun cuando los funcionarios de aduana requisan plaguicidas ilegales, en general no tienen la capacitación o los recursos para administrarlos adecuadamente. Los productos confiscados pueden permanecer sencillamente inutilizados en la frontera, incrementando así las cantidades locales almacenadas de plaguicidas obsoletos.

Muchos países están reduciendo los subsidios para plaguicidas o simplemente suprimiéndolos. Están tomando conciencia de que la lógica del subsidio de plaguicidas no lo resuelve todo. El dinero invertido en los subsidios no se recupera después con un incremento de los ingresos de una mejor producción, especialmente cuando se calculan los costos medioambientales que supone el uso excesivo de plaguicidas.

Por ejemplo, India aumentó su producción agrícola cuando eliminó los subsidios a los plaguicidas. Los gobiernos están descubriendo que tiene más sentido económico invertir en la investigación y el desarrollo de técnicas alternativas de control de plagas.

Algunas influencias externas están también presionando a los gobiernos para que eliminen los subsidios a los plaguicidas. Los programas de ajuste estructural impuestos por el Banco Mundial y el FMI como precondición para la asignación de préstamos a menudo demandan la eliminación de los subsidios.

La eliminación de los subsidios es algo bueno para el desarrollo sostenible, pero tiene también un efecto negativo: Cuando el precio de los plaguicidas sube repentinamente, la demanda cae. Las reservas existentes permanecen almacenadas y los plaguicidas se deterioran y caducan.

Sobreproducción en la ex Unión Soviética

En ciertos países de la ex Unión Soviética, los plaguicidas eran fabricados para alcanzar objetivos de producción muy rígidos. Sin embargo, el suministro de plaguicidas a menudo tenía poca relación con la demanda real. Algunos plaguicidas se fabricaban aun cuando los cultivos que estaban destinados a proteger ya no eran viables económicamente. Las fincas estatales tenían la obligación de comprar los plaguicidas.

Como resultado de este largo período de sobreproducción, las reservas de plaguicidas obsoletos en los antiguos países comunistas dejaron muy lejos a aquellas de todas las demás partes del mundo.

Plaguicidas obsoletos después de la campaña contra la langosta en Mauritania