Los costos
La destrucción de plaguicidas obsoletos es un proceso técnicamente complejo y muy costoso. La eliminación de plaguicidas obsoletos actualmente cuesta entre 3 y 5 dólares estadounidenses por kilogramo o litro de plaguicida o de material contaminado. Esto incluye el costo de re-envasado, limpieza del sitio, transporte terrestre, embarque hacia Europa e incineración en hornos que funcionan a altas temperaturas, especializados en la destrucción de residuos peligrosos.
Hasta la fecha 3.000 toneladas de plaguicidas obsoletos han sido eliminados de 14 países a un costo de casi 14 millones de dólares estadounidenses.
Sobre la base de una estimación global de 250.000 toneladas de plaguicidas obsoletos, se necesitará cerca de 1.25 mil millones de dólares estadounidenses para destruir la totalidad de las existencias.
¿Cuánto cuesta no hacer nada?
El costo que supone no eliminar estos plaguicidas no se puede calcular y desafortunadamente, porque no se pueden calcular, se ignora.
¿Cómo se pueden calcular los costos asociados con las enfermedades de personas que están continuamente expuestas a los plaguicidas, o las enfermedades crónicas, los desórdenes reproductivos y sus consecuencias en los recién nacidos?
¿Cómo podemos medir los costos asociados al envenenamiento del medioambiente? Una vez que el entorno local está contaminado, remediarlo resulta prohibitivamente caro. En algunos casos el daño es irreversible y en otros, la contaminación se extiende más allá del territorio local. La contaminación por plaguicidas puede traspasar las fronteras nacionales, produciendo una catástrofe de salud y medioambiente de envergadura internacional.
Si no se hace nada, son las comunidades pobres ubicadas cerca de estos sitios donde se depositan residuos peligrosos las que pagan el precio. Se les priva de cualquier posibilidad de salir de la pobreza y transitar por el camino de un desarrollo sostenible.
El costo invisible de los plaguicidas obsoletos
Las existencias de plaguicidas obsoletos representan una enorme suma de dinero malgastado.
Primero, el costo del producto original sumado al transporte de éste hasta el país en donde encontramos que se perdió porque el producto nunca fue utilizado para los fines previstos. El almacenamiento de estos productos tiene un costo asociado, que puede ir desde algo tan pequeño como la asignación de un pequeño terreno que ya no se necesita para otros fines, hasta el costo que supone la construcción de bodegas de almacenamiento de plaguicidas adecuadamente diseñadas, provistas de vigilantes y personal de almacenamiento. Si se han producido derrames con consecuencias para la salud humana o daños al medioambiente, habrá costos de tratamiento médico, pérdidas medioambientales e inversión en descontaminación, y finalmente hay que agregar el costo del re-envasado, el transporte y la destrucción de los plaguicidas que llegaron a la obsolescencia.
Lo que resulta más difícil de medir, pero es igualmente desperdiciado, son los beneficios que se podrían haber obtenido si se hubiese invertido ese dinero en otros proyectos de desarrollo. Y en los casos en que los plaguicidas comprados resultaron inadecuados, el problema de la plaga aún deberá ser resuelto.
Prevenir la acumulación de plaguicidas obsoletos conlleva un interés económico considerable. Se debe acordar a la prevención tanta importancia como a la eliminación de existencias en desuso.
Una de las mejores maneras de prevenir la acumulación de plaguicidas obsoletos es reducir su uso lo más que se pueda. Los donantes y los gobiernos deberían examinar cuidadosamente si el incremento de la producción agrícola que se le atribuye al uso de plaguicidas realmente compensa el costo de los plaguicidas, incluyendo los costos invisibles y medioambientales producto del mal uso y de la obsolescencia de los productos. Deberían buscar alternativas, como por ejemplo las técnicas de gestión integrada de plagas y métodos de control, utilizando insumos producidos localmente, como esencias botánicas.
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