A menudo los plaguicidas se encuentran mal almacenados. Los plaguicidas líquidos pueden derramarse de los bidones averiados hacia los suelos y las aguas superficiales, y acabar contaminando los lagos y ríos de la zona. El viento puede dispersar los plaguicidas en polvo sobre grandes extensiones de tierra.
Una vez que los plaguicidas penetran en los suelos, se dispersan con una velocidad que depende del tipo de suelo y de los plaguicidas, de la humedad, así como de los componentes orgánicos presentes en el suelo y otros factores. Por lo tanto, una cantidad relativamente pequeña de plaguicida derramado puede contaminar un volumen mucho mayor de suelo. Por ejemplo, aproximadamente 30 toneladas de plaguicidas enterrados en un sitio de Yemen en los años '80, contaminaron más de 1500 toneladas de suelo.
Evidentemente, esto significa una grave amenaza para la salud y el medioambiente de las comunidades aledañas.