LA ACTUACIÓN DE LA FAO

CON RESPECTO A LA TECNOLOGÍA DE APLICACIÓN

PARA AGROQUÍMICOS *

Theodor Friedrich, Servicio de Ingeniería Agrícola (AGSE)

ORGANIZACIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS

PARA LA AGRICULTURA Y LA ALIMENTACIÓN (FAO)

* Este artículo refleja la opinión particular del autor y no cita necesariamente la política oficial de la FAO.

Contenido

0. Resumen

1. Uso de Plaguicidas en la Agricultura

1.1 Problemas

1.2 Alternativas

2. Desarrollo de Plaguicidas

2.1 Plaguicidas químicos

2.2 Plaguicidas biológicos

3. Desarrollo de la Técnica de Aplicación

3.1 Diseño

3.2 Control y Monitoreo

3.3 Técnica de Atomización

3.4 Técnicas para Mejor Penetración y Cobertura

4. Realidad de Campo

4.1 Conocimientos de Operadores - Conceptos de Aplicación

4.2 Diseño de Equipo

4.3 Condiciones de Servicio del Equipo

5. Actividades de la FAO

5.1 Históricos

5.2 Recientes: Programa para la Aplicación Segura y Eficiente de Agro-químicos y Productos Biológicos

6. Conceptos para mejorar la Técnica para la Aplicación de Plaguicidas

6.1 Entrenamiento y Capacitación

6.2 Calidad de Equipo, Certificación, Capacitación de Fabricantes

6.3 Normas Técnicas para Equipo

6.4 Chequeo de Equipo

6.5 Especialización de Operadores: Servicios de Aplicación

6.6 Organización y Capacitación de Distribuidores

7. Conclusión

8. Referencias

0. Resumen

El uso de plaguicidas sintéticos en la agricultura mundial es el método más común para el control de plagas. Sin embargo estos plaguicidas sintéticos han creado muchos problemas ambientales y de salud de modo que su uso se ve restringido bajo la presión pública. La búsqueda por alternativas no químicas para controlar plagas está bien establecida.

Los plaguicidas sintéticos mismos han evolucionado hacia productos menos peligrosos pero también más potentes. Siguiendo este proceso la técnica para la aplicación de estos productos también ha avanzado permitiendo una aplicación más dirigida, exacta y uniforme con menos pérdidas de productos. El uso de la electrónica ha facilitado este proceso.

Sin embargo, estos desarrollos técnicos solo en la menor parte han sido transferidos a nivel de campo. Mientras los químicos modernos han llegado a las partes más remotas del mundo, el uso de equipo moderno para su aplicación se limita a pocos países y también dentro de ellos solo a agricultores progresistas. La mayor parte de equipo usado para la aplicación de plaguicidas en el mundo es obsoleto o en condiciones de servicio que no permiten una aplicación efectiva y segura de plaguicidas modernos. Además de esto los agricultores y operadores de equipo de aplicación tienen conceptos anticuados del modo en que actúan los plaguicidas modernos y de los requerimientos de aplicación.

Para mejorar esta situación el Servicio de Ingeniería Agrícola (AGSE) de la FAO ha establecido un programa para la Aplicación Segura y Eficiente de Agro-químicos y Productos Biológicos. Este programa se dirige a los gobiernos de países miembros de la FAO para crear la conciencia sobre este problema y para establecer programas integrados de capacitación de operadores tanto como de mejoras técnicas de equipo de aplicación. Para apoyar este proceso AGSE está trabajando en la formulación y aplicación de normas técnicas para equipo de aplicación. Estas normas técnicas serán entregados a países miembros como propuesta para la formulación de normas nacionales y incluyen también procedimientos para la implementación.

1. Uso de Plaguicidas en la Agricultura

1.1 Problemas

El uso de plaguicidas sintéticos en la agricultura es el método más común para controlar plagas. Es difícil imaginarse los niveles de producción agrícola y sobre todo la seguridad con la cual los rendimientos están obtenidos completamente sin uso de plaguicidas químicas. Sin embargo es un arma de doble filo. En algunos casos el uso irracional de plaguicidas ha creado problemas imposibles de manejar. Los costos del uso de plaguicidas para algunos cultivos, como ejemplo el arroz de riego en Asia, ya están superando los beneficios (Rola y Pingali, 1993). En cultivos como algodón, tomate o melón los costos de control de plagas con plaguicidas y la imposibilidad de controlar las plagas han obligado a los agricultores en algunos países de abandonar estos cultivos.

En general el miedo de efectos todavía no conocidos que el uso de plaguicidas sintéticos puede tener sobre el medio ambiente y la salud humana ha llevado a restricciones para el uso de estos productos cada vez más fuertes. Siguiendo la presión pública en algunos países Europeos existen compromisos políticos para reducir el uso de plaguicidas sintéticos en esta década en un porcentaje significativo.

El cuadro se pone aún más alarmante en países en desarrollo donde el uso de plaguicidas de la categoría I según la OMS es muy común. Estos productos son considerados altamente hasta extremamente tóxicos (WHO, 1992). Como consecuencia algunas fuentes estiman el número de intoxicaciones mundiales por plaguicidas en 25,000,000 anualmente (Knirsch, 1994).

Además a estas consecuencias ambientales y de salud todavía no completamente entendidos los plaguicidas sintéticos causan crecientes problemas en el control de plagas mismo. Principalmente por el uso indiscriminado de los productos las plagas han creado resistencia llevando así a los agricultores a una espiral de un incremento cada vez mayor en el uso de plaguicidas y en los costos de control de plagas. Algunas de estas plagas hoy en día están prácticamente incontrolables por plaguicidas sintéticos.

1.2 Alternativas

Los problemas arriba mencionados con el uso de plaguicidas sintéticos como única alternativa para el control de plagas han llevado al desarrollo de alternativas no químicas. Hoy en día existe para muchos cultivos y ecosistemas del mundo la tecnología para producir cultivos con conceptos alternativos para el control de plagas. Estos conceptos llegan de los cultivos biológicos u orgánicos que no usan ningún producto sintético al manejo integrado de plagas o del cultivo que acepta el uso de plaguicidas sintéticos como último remedio.

Todas estas alternativas al control químico de plagas tienen en común el concepto del manejo de las plagas. El concepto no es de matar o controlar la plaga sino de aceptar su existencia como parte del ecosistema y manejarla en límites aceptables apoyándose en un máximo en procesos naturales de control. Así el uso de plaguicidas sintéticos se puede evitar o al menos limitar a un mínimo. La consecuencia es un menor impacto negativo sobre el medio ambiente.

La producción agrícola significa siempre una intervención artificial en el ecosistema. Por lo tanto necesita también intervenciones correctivas para evitar el aumento excesivo de plagas. Estas intervenciones pueden ser culturales, biológicos, genéticos o también químicos. El manejo de cultivos bajo este concepto es mucho más complicado que la simple aplicación de un producto para matar una plaga existente. Las medidas en general se debe tomar por adelantado, evitando que la plaga venga o se propague demasiado. Esto significa, que bajo el concepto moderno de manejo integrado del cultivo el agricultor debe tener conocimientos sobre los organismos en el ecosistema, tanto dañinos como benéficos, sus ciclos de vida y sus interrelaciones y debe monitorearlos permanentemente. Adquirir estos conocimientos y este concepto sobre el manejo de las plagas en forma sostenible es difícil y ciertamente un proceso largo. Por esa razón muchos agricultores en el mundo continúan usando el control químico de plagas. Esta situación desafortunadamente va a ser la realidad de campo por mucho tiempo más.

2. Desarrollo de Plaguicidas

2.1 Plaguicidas químicos

El uso de plaguicidas sintéticos orgánicos en la agricultura comenzó en los años cuarenta. El control de insectos por ejemplo cambió drásticamente entre 1940 y 1950 con el descubrimiento de la acción insecticida del DDT y el desarrollo de los clorados hidrocarburos. Después siguieron en intervalos de más o menos 10 años otros grupos de productos como los organofosforados, los carbamatos, los piretroides sintéticos y los reguladores de crecimiento (Gallo, 1992).

Actualmente no está en vista el desarrollo de un grupo completamente nuevo de insecticidas. Eso significa, que para los próximos 10 a 15 años no saldrá al mercado un insecticida con un modo de acción diferente a los existentes. Además algunos productos ya fueron retirados del mercado por problemas ambientales (como los clorados hidrocarburos) o problemas de toxicidad (como algunos organofosforados) o perdieron su función en el control de ciertas plagas por resistencia desarrollada en la plaga (como algunos piretroides).

Por lo tanto se debería usar los plaguicidas sintéticos con mucho cuidado para no perderlos como arma en el manejo de plagas completamente. Factores importantes en este contexto no son solamente el concepto de cuando y como hacer uso de estos productos sino también como aplicarlos en la forma más eficiente para con un mínimo de pérdidas obtener un máximo efecto sobre la plaga.

Con el desarrollo tecnológico los plaguicidas llegaron a ser más potentes. Mientras en los años cuarenta se aplicó todavía por kilogramos o litros por hectárea, hoy en día se aplica por miligramos o mililitros por hectárea. Con esto se aumentaron las exigencias a la técnica de aplicación con respecto a la mezcla y distribución uniforme del caldo sobre el área meta.

2.2 Plaguicidas biológicos

Además a los plaguicidas sintéticos se está usando en forma creciente productos de origen biológico como plaguicidas. Estos pueden ser de origen vegetal como aceites, productos sintetizados por bacterias, como la toxina del Bacillus Thuringiensis (BT), u organismos vivos como virus, hongos o insectos benéficos. Todos estos productos requieren aplicaciones especiales y muchas veces fallan completamente si están aplicados en la misma forma como plaguicidas sintéticos. Esto se refiere a todos los parámetros de aplicación, como tamaño y distribución de gotas, condiciones ambientales y hora del día. Especialmente la aplicación de insectos benéficos a extensiones grandes está frecuentemente limitada por falta de equipo adecuado. El desarrollo de métodos mecanizados para la aplicación de depredadores vivos podría facilitar el uso de estos productos en la misma forma como el uso de plaguicidas sintéticos ha sido facilitado por el desarrollo de equipo adecuado (Giles et al., 1995).

Este sector de productos biológicos con las posibilidades de la ingeniería genética ha tenido un auge y seguramente va a seguir creciendo.

3. Desarrollo de la Técnica de Aplicación

Como en el caso de los plaguicidas la técnica de aplicación también ha sido desarrollada siguiendo las exigencias de los nuevos productos como de la presión pública por más seguridad humana y ambiental.

3.1 Diseño

Las características de equipo de aplicación que refleja los conocimientos técnicos actuales permiten un uso adecuadamente seguro y eficiente de plaguicidas. Esto vale para equipo manual, como bombas de mochila, tanto como para equipo motorizado para tractores o aviones. Las normas más avanzadas para equipos de aplicación se encuentran en países donde las exigencias legales por seguridad humana y ambiental y las exigencias de los agricultores por eficiencia y distribución exacta han obligado a los fabricantes de equipo de aplicación de ofrecer una calidad que refleja el desarrollo tecnológico actual. Esto es el caso por ejemplo en algunos países Europeos.

Aspectos de seguridad con equipo de aplicación son entre otros el tamaño de la abertura de carga del tanque que debe permitir llenar el tanque cómodamente con el caldo sin pérdidas por derrame. Equipos grandes de tractor tienen normalmente recipientes de toma colocado a un lado que permiten cargar sin trepar al equipo. Esto reduce el peligro de accidentes.

El diseño de los tanques y el acabado de la superficie reduce la retención de producto y reduce el peligro de contaminación del operador (por ejemplo con bombas de mochila) y facilita también el lavado.

Equipo de tractor lleva tanques de agua limpia. Uno más pequeño para el operador para lavarse, otro más grande para lavar el equipo después del uso. El lavado se aplica sobre el último lote tratado.

Sistemas de manejo de presión para bombas manuales permiten una aplicación mucho más uniforme y un ahorro en producto comparado al control manual. El diseño de la amortiguación y suspensión de barras aplicadoras para equipo de tractor ha mejorado la uniformidad de la aplicación también para barras muy anchas y velocidades altas.

Detalles ergonómicos para bombas de mochila como el ancho y el material de las correas, correas de cintura y el uso de hebillas de cierre rápido mejoran el confort y la seguridad para el operador.

El diseño del equipo influye sobre todo sobre la seguridad del operador con respecto a contaminación y peligro de accidentes como también sobre la seguridad ambiental con respecto a pérdidas de producto por derrame y fugas o con respecto a la uniformidad y por lo tanto la cantidad total de producto aplicado.

3.2 Control y Monitoreo

El uso de la electrónica para monitorear y controlar los parámetros de aplicación permite hoy en día una mayor exactitud en la dosificación y aplicación. Equipo moderno de tractor está generalmente equipado con sistemas electrónicos para medir la velocidad del equipo, el caudal y la presión del caldo y ajustarlos de acuerdo a valores predeterminados.

Sistemas de navegación por satélite (GPS) permitan un control exacto de la posición del equipo de aplicación. Este sistema instalado en aviones para fumigación permite una aplicación exacta sin necesidad de bandereo en el campo. Además se puede grabar los datos de vuelo y la posición en una computadora para luego evaluarlos (Vetter, 1994).

Combinando el sistema de GPS con un mapeo de malezas y usando la técnica de inyección directa del agro-químico en un caudal de agua cerca a las boquillas se puede tratar un lote muy específicamente de acuerdo a las malezas existentes (Miller & Paice, 1995). Otros sistemas para el uso de herbicidas totales tienen sensores que detectan la existencia de plantas para solo entonces abrir las boquillas (Detectspray, 1993).

Una técnica similar está usada ahora para equipos de aplicación en plantaciones frutales: en los intervalos entre plantas se cierren las boquillas y el flujo del producto está interrumpido. De este modo se puede ahorrar hasta el 50% de producto sin reducir la cobertura de las plantas tratadas (Perry, 1995).

El uso de la electrónica en equipo moderno permite una dosificación muy exacta y puede ser usado para evitar aplicaciones fuera del área meta. De este modo contribuye a un ahorro de producto y a menor contaminación ambiental.

3.3 Técnica de Atomización

El desarrollo de las boquillas es una parte muy importante de todos equipos de aplicación. La boquilla más común todavía es la boquilla hidráulica. El caldo pasa con alta presión por un orificio pequeño y al salir a la presión ambiental se pulveriza. La forma del orificio, su tamaño y la presión determinan el patrón de distribución, el caudal y el tamaño y espectro de gotas. En este tipo de boquillas siempre hay un espectro más o menos amplio con algunas gotas grandes y otras muy pequeñas. Especialmente las gotas pequeñas presentan un peligro porque son sujeto a la deriva y la evaporación. El diseño de boquillas modernas ha creado boquillas con un espectro muy estrecho de gotas reduciendo especialmente la cantidad de gotas muy finas. Las boquillas trabajan con bajas presiones, permitiendo caudales reducidos. Existen boquillas que varían el orificio para mantener el tamaño de gotas y el ángulo del abanico constante sobre un rango de presión y caudal (DLG, 1995).

Boquillas de doble flujo inyectan un chorro de aire para mejorar la penetración y cambiar el tamaño de gotas sin cambiar el caudal y permiten la aplicación de volúmenes muy bajos sin peligro de obstrucciones de la boquilla (Thornhill & Matthews, 1995). Otro tipo de boquillas aspira aire que en el chorro de líquido forman burbujas dentro de las gotas las cuales revientan en el momento de impacto y mejoran la cobertura (Göbel, 1995). Boquillas rotativas permiten crear un espectro de gotas casi homogéneo, la llamada aplicación con gota controlada. Esto permite reducir los volúmenes de aplicación y limita el peligro de derrame de gotas grandes.

La boquilla, aunque parece insignificante, es una de las partes más importantes del equipo de aplicación y boquillas modernas presentan un producto de ingeniería muy sofisticada. El uso de boquillas de buena calidad tiene un potencial muy alto para ahorrar producto y reducir contaminación ambiental.

3.4 Técnicas para Mejor Penetración y Cobertura

Para insecticidas y fungicidas de acción por contacto es determinante conseguir una buena cobertura del área meta. Esto se logra mejor con gotas finas que al mismo tiempo permiten el uso de volúmenes reducidos. La eficiencia más alta para controlar insectos y hongos con este tipo de producto a nivel de laboratorio tienen aerosoles con gotas inferiores a 50 µm. Con gotas inferiores a 100 µm se obtiene una mejor cobertura del envés de las hojas y se puede ahorrar un significante porcentaje de la dosis en comparación a gotas más grandes (Pompe et al. 1992). Sin embargo, las gotas pequeñas bajo condiciones de campo son altamente susceptibles a la deriva y a la evaporación. Además no tienen suficiente energía cinética para penetrar en cultivos densos.

Sistemas de aplicación con un apoyo de aire pueden evitar los efectos negativos de las gotas pequeñas y permitir el uso en aplicaciones de campo. Existen versiones que usan aire de alta velocidad para atomizar y llevar el producto al área meta y otros, que usan boquillas hidráulicas para la pulverización y aplican un chorro de aire de baja velocidad pero de alto volumen para transportar las gotas y crear turbulencia en el cultivo. Calibrados correctamente, esta tecnología permite reducir la deriva tanto como el deposito sobre el suelo significantemente mientras mejora la penetración del producto en el cultivo (Jeffrey, 1994).

El efecto sobre la cobertura puede ser aún aumentado agregando una carga electrostática a las gotas. Especialmente equipo para tractores con sistemas de apoyo de aire llegan a ser más y más populares pero también sistemas con carga electrostática están en el mercado después de que esta tecnología ha quedado sin mayor atención por muchos años (McGill, 1995). Una combinación de las dos técnicas pueden traer beneficios significativos en términos tanto de seguridad ocupacional y ambiental como de costos de aplicación (Cooper, 1993).

Sistemas que mejoran la penetración y cobertura con corrientes de aire o cargas electrostáticas contribuyen a una aplicación más eficiente, pues menos producto se pierde. Esto significa ahorro para el agricultor. Además permiten el uso de volúmenes reducidos que también se refleja en los costos de aplicación. En países con una fuerte presión pública y legal sobre el uso de plaguicidas y con agricultores bien capacitados e informados sobre opciones técnicas estas tecnologías actualmente tienen un auge.

4. Realidad de Campo

Infelizmente la tecnología moderna para la aplicación de plaguicidas a nivel de campo no ha avanzado al mismo paso como la tecnología química. Mientras se encuentra los más modernos productos químicos en las partes más remotas del mundo, la técnica de aplicación usada muchas veces refleja niveles tecnológicos de 40 años atrás. Esto resulta en grandes desperdicios de productos químicos, causando innecesaria contaminación ambiental y cargando la producción agrícola con altos costos. Se han reportado casos donde con solo cambiar la boquilla en bombas manuales de mochila se ahorró 70% de producto químico comparando con la práctica usada por los agricultores anteriormente (Stallen & Lumkes, 1990). Esto demuestra, que existe un gran potencial de ahorro en el uso de agro-químicos usándolos según los conocimientos técnicos y con la técnica más avanzada que existe hoy en día.

El Servicio de Ingeniería Agrícola (AGSE) de la FAO ha realizado estudios en Europa Central y Oriental (Lavers, 1994) y en Sudamérica (Wiles, 1994) los cuales han demostrado fallas a diferentes niveles.

4.1 Conocimientos de Operadores - Conceptos de Aplicación

Los conocimientos técnicos sobre los principios de acción de plaguicidas y la forma de aplicación entre agricultores y operadores de equipo muchas veces es deficiente. Ellos normalmente no reciben ningún tipo de entrenamiento en esta materia (Heong et al., 1992). Los servicios de extensión normalmente tampoco disponen de especialistas en técnica de aplicación. Siguiendo la cadena de capacitación y educación formal hasta el nivel universitario son muy pocos las instituciones que ofrecen cursos específicos sobre este tema. En general ingeniería agrícola recibe poca atención y dentro de este ramo la técnica de aplicación de plaguicidas recibe aún menos interés. Entonces no sorprende, que a nivel de campo no se encuentra conocimientos prácticos sobre como aplicar los plaguicidas modernos en la forma mejor. En muchos países en desarrollo son los mismos representantes de las casas comerciales vendedores de productos químicos los más calificados en la materia y muchas veces son ellos los únicos que pueden ofrecer una asistencia técnica sobre aplicación al agricultor - y quienes también lo hacen.

Naturalmente esta situación es poco satisfactoria porqué el interés primordial de los vendedores de químicos es de vender estos productos y no de enseñar como se puede ahorrar mayores cantidades.

Las consecuencias de esta falta de conocimientos son varios. Comienzan con la selección de equipo. Por falta de criterios técnicos el criterio más común para la selección de equipo entre agricultores es el precio del equipo. Otro criterio es la durabilidad, especialmente cuando no son los mismos agricultores que usan el equipo sino jornaleros. En este caso criterios de comodidad, peso o seguridad son de menos importancia. Siguiendo este concepto, agricultores también prefieren en general bombas potentes que crean altas presiones, muchas veces excesivas. Muy populares con bombas de mochila son las boquillas ajustables que en realidad deberían ser prohibidas para uso con plaguicidas.

En esta situación y bajo condiciones de un libre mercado es difícil vender equipo de alta calidad. Este equipo muchas veces tiene un precio elevado por causa de ciertas características respecto a la seguridad y eficiencia que no son apreciadas por los agricultores por falta de conocimientos y criterios técnicos.

Aplicaciones con volúmenes de hasta 6.000 l/ha para flores o 10.000 l/ha en frutales no son raros (Wiles, 1994). En estos casos la plaga está lavada y ahogada por el agua pero no controlada por el plaguicida. Altas cantidades de plaguicida llegan al suelo por el derrame de las plantas contaminando el ambiente y hasta los recursos acuáticos. Sin embargo, este tipo de aplicación entre muchos agricultores es todavía más popular que por ejemplo una aplicación a bajo volumen con gotas controladas que a penas se puede notar.

Obviamente bajo estas condiciones aspectos de seguridad laboral son desconocidos o no observados.

El problema fundamental es que muchos operadores y agricultores todavía creen en que el mejor concepto para la aplicación de plaguicidas es de usar altos volúmenes con altas presiones y a lo mejor altas dosis de productos.

4.2 Diseño de Equipo

En situaciones de libre mercado el equipo para aplicación ofrecido comercialmente muchas veces no refleja los criterios de seguridad y eficiencia de equipo moderno. Los fabricantes evitan poner extras al equipo que aumentarían el precio sin ser requeridos por los clientes. Fabricantes, que por su ética profesional ofrecen equipo de buena calidad se pueden ver confrontados con importaciones baratas de baja calidad que les sacan del mercado.

Ejemplos de algunos detalles técnicos, que normalmente faltan en equipo de aplicación ofrecido en mercados poco exigentes son:

Además el acabado técnico a veces es deficiente. Se puede encontrar materiales para mangueras y empaquetaduras no resistentes a algunos plaguicidas, superficies de tanques demasiado ásperas, uniones selladas con bridas de sujeción no reparables y otros detalles más que sirven a ahorrar costos de producción.

La causa para esta situación muchas veces está en la falta de conocimientos a nivel de agricultores. Ellos como clientes en el mercado para equipo de aplicación no demandan estas características adicionales que llevarían un equipo al tanto del desarrollo tecnológico. En esta situación hasta fabricantes, que ofrecen equipo moderno de alta calidad para mercados exigentes, producen y venden equipo con características inferiores y a veces deficientes en mercados menos exigentes.

Además estos mercados no exigentes llevan al establecimiento de fabricantes que no tienen la mínima idea de requerimientos básicos de un buen equipo para aplicación. Estos son normalmente talleres mecánicos, que logran juntar componentes elementales como un tanque, una bomba, algunas mangueras y boquillas con una estructura de soporte para algo que a primera vista parece un equipo de aplicación. Lo venden a agricultores que no tienen tampoco una idea de normas técnicas para equipo de aplicación y que lo compran por el bajo precio.

Este fenómeno se ve también con equipo para aplicación aérea. Normalmente los aviones no vienen con el equipo de aplicación integrado. Este equipo esta seleccionado de una variedad muy amplia de componentes y muchas veces son los mecánicos del avión que lo montan según sus criterios. Estos criterios no siempre reflejan los conocimientos actuales sobre la aplicación de plaguicidas en agricultura.

Los conocimientos y la conciencia de agricultores como clientes en el mercado tanto como de fabricantes ofreciendo equipo son las causas principales para la baja calidad de equipo encontrado en algunos países.

4.3 Condiciones de Servicio del Equipo

La mayor parte de equipo de aplicación que se puede ver en el campo se encuentra en lamentables condiciones de servicio y mantenimiento. Equipo no está lavado bien después del uso. Partes de desgaste como empaquetaduras o boquillas no son cambiados. Un estudio hecho en las Filipinas ha demostrado, que un muy alto porcentaje de los agricultores nunca cambia empaquetaduras en su equipo (Withaker, 1993). Como resultado de estas fallas de mantenimiento un muy alto porcentaje de equipo presenta fugas con la consecuencia de innecesaria contaminación tanto del operador como del medio ambiente. En un estudio realizado en Indonesia 58% de los agricultores reportaron fugas de producto en sus bombas de mochila (Hirschhorn, 1993). Otros datos de Nicaragua confirman estas observaciones indicando el derrame de plaguicidas, causado por fugas, sobre la espalda de operadores de bombas de mochila como una frecuente causa de intoxicaciones (Matus & Beck, 1991).

Las boquillas del equipo normalmente son gastadas, los orificios a veces están aumentados a propósito o las boquillas son retiradas completamente. Esto se puede observar especialmente donde jornaleros están pagados por el número de cargas que logran aplicar. Por lo tanto existe un incentivo para deshacerse lo más rápido posible del producto.

La distribución del producto bajo estas condiciones aplicando con equipo de tractor o con aviones no es uniforme dejando fajas con deficiente aplicación entre otras con una sobredosis. Al iniciar un programa de calibración sistemática de aviones de aplicación se notó en Nicaragua, que la mayoría de los equipos se encontró en mal estado (PAAT, 1992). Esto se refirió a boquillas o atomizadores, controles, bombas, montaje del equipo en el avión y dispositivos anti goteo. Especialmente peligrosos son fallas en los dispositivos anti goteo (válvulas diafragma) en aviones. El producto sigue saliendo por la boquilla después del cierre de la válvula principal y puede contaminar hasta áreas habitadas.

Son otra vez la falta de conocimientos y conciencia por parte de los agricultores y operadores que causan una negligencia hacia un buen mantenimiento del equipo de aplicación y resultan en un funcionamiento deficiente de la mayoría de los equipos. La falta de facilidades para chequeo de equipos de fumigación solo influye marginalmente sobre esta situación.

5. Actividades de la FAO

5.1 Históricos

La FAO desde hace muchos años se dedica a un uso racional de plaguicidas. El trabajo más visible ha sido la introducción del Código Internacional de Conducta para la Distribución y Utilización de Plaguicidas en 1985 con el Principio de Información y Consentimiento Previos en 1989 (FAO, 1990). Sin embargo, este código se refiere básicamente a los aspectos químicos y toxicológicos de plaguicidas. En lo que concierne la aplicación misma en el campo hace referencia a las Directrices sobre buenas Prácticas para Aplicación Terrestre y Aérea de Plaguicidas. Sin embargo, estas guías quedan cortas con respecto a conceptos y métodos de aplicación y no hacen ninguna mención de las normas técnicas del equipo de aplicación (FAO, 1988).

En 1985 un grupo de expertos de la FAO sobre especificaciones de plaguicidas, requisitos para registro y normas para aplicación señaló la importancia de normas técnicas para garantizar un estándar de calidad para equipos de aplicación tanto como de capacitación en materia de aplicación de plaguicidas (FAO, 1986). Infelizmente esta actividad no ha tenido suficiente seguimiento.

En el transcurso de las actividades relacionadas a la implementación del código de conducta se organizó cursos de capacitación sobre manejo de plaguicidas, que siempre tenían una componente sobre aplicación. Sin embargo, estos cursos normalmente no llegan al grupo meta correcto y no impactan en la realidad de campo.

Los efectos de estos cursos en un país desaparecieron debido a la falta de una estructura formal para dar un seguimiento permanente a la materia. Además se simplificó la materia dejando por fuera el aspecto de la calidad del equipo de aplicación.

5.2 Recientes: Programa para la Aplicación Segura y Eficiente de Agro-químicos y Productos Biológicos

El asunto ha sido retomado por el Servicio de Ingeniería Agrícola de la FAO en el Programa para la Aplicación Segura y Eficiente de Agro-químicos y Productos Biológicos. Este programa trata de incluir los aspectos técnicos del equipo tanto como los aspectos de conocimientos de los operadores y agricultores. Se dirige en un lado a los gobiernos de países miembros de la FAO como también a los gremios de agricultores como usuarios y al sector comercial como fabricantes de equipo. El objetivo del programa es, crear la conciencia y estructuras básicas en los países para tener a largo plazo un impacto real sobre las prácticas de uso de plaguicidas en el campo.

El programa se orienta en las experiencias de países avanzados en la materia. Estas experiencias demuestran que, aparte de los conocimientos y la conciencia, un componente de presión legal siempre es necesario para lograr introducir buenas prácticas de aplicación de plaguicidas en el campo. La relación entre concientización y presión legal, sin embargo, depende mucho de la idiosincrasia y característica del pueblo específico y tiene que ser diseñado para cada situación individualmente. Por lo tanto este programa no es una receta fija, que se puede aplicar a todos países en forma igual, sino contiene una serie de alternativas que pueden ser seleccionadas y adaptadas según conveniencia.

El programa además depende completamente del interés y de la acción propia de los países miembros de la FAO. La FAO en este caso actúa como un catalizador señalando el asunto y indicando soluciones. La implementación misma queda responsabilidad de los países mismos.

El programa comenzó con los primeros talleres en Europa Central y Oriental y en el Cono Sur de Latinoamérica el año pasado. Para este año se planifica de extenderlo a Centroamérica y para 1997 al Sur y Sur-Est de Asia.

Típicamente el programa comienza con un taller de concientización en el cual participan representantes de gobiernos de países de la región, organismos de agricultores y del sector comercial. Se presenta un bosquejo de la situación, de los problemas y posibles soluciones. Las acciones de implementación después tienen que ser tomadas por cada país o grupo de países mismos. La FAO ofrece apoyo técnico en este caso y da un cierto seguimiento, pero no puede ni quiere obligar a ningún país de seguir con este programa si no está suficientemente convencido de hacerlo por su propia cuenta.

6. Conceptos para mejorar la Técnica para la Aplicación de Plaguicidas

Un mejoramiento de la situación actual depende de la participación concertada de todos los sectores involucrados. Mientras el papel del gobierno es definir las pautas y establecer un ambiente favorable muchas veces depende, por falta de fondos, del sector privado para implementar ciertas acciones. Así el gobierno podría establecer el marco legal y dar énfasis al tema en el sector de educación oficial. El sector privado al otro lado puede tomar la responsabilidad para capacitación y los aspectos técnicos de la calidad de equipo.

6.1 Entrenamiento y Capacitación

La falta de conocimientos y conciencia en la materia de aplicación de plaguicidas es notable a todos niveles. Por lo tanto educación y capacitación es una de las tareas principales dentro del programa. Para mejorar la situación a largo plazo es necesario educar agrónomos y técnicos a nivel universitario en materia de aplicación de plaguicidas. Este tema debería recibir mucho más atención que actualmente y debería ser obligatorio para todos ingenieros agrónomos y fitopatólogos.

Al otro lado hay que establecer programas muy prácticos de capacitación de los actuales usuarios en forma permanente. En muchos casos no está indicado realizar esta capacitación a través de los servicios de extensión oficial. Estos servicios muchas veces padecen de fondos, tienen una jerarquía de varios niveles técnicos en la cual se pierde todo el entusiasmo y por lo tanto los técnicos de base frecuentemente tienen una baja motivación. Además la tarea típica de la extensión es transmitir el progreso tecnológico al agricultor y darle asistencia técnica, pero no de ofrecer una capacitación formal.

Un mejor concepto es establecer grupos con entrenadores dedicados que ofrecen cursos de capacitación formales. Estos entrenadores preferiblemente serían seleccionados entre agricultores progresistas que tengan experiencias prácticas en el manejo de equipos de aplicación. Esta gente recibe una capacitación adicional de un grupo muy limitado de especialistas en la materia para afinar sus conocimientos técnicos y para capacitarlos en métodos pedagógicos. Además deberían participar regularmente en cursos de refrescamiento para mantenerse al tanto de la tecnología.

Los entrenadores entonces darían directamente los cursos a los agricultores y operadores de equipo. Los cursos tendrían que ser muy prácticos, de corta duración y de estructura modular, para capacitar cada agricultor solamente en el tipo de equipo que realmente esté usando. Los entrenadores tendrían que ser pagados por estos cursos para incentivarlos de seguir con esta actividad a largo plazo. Los cursos podrían ser financiados por los mismos clientes es decir los agricultores, por las casas comerciales de agro-químicos, por fabricantes de equipo para promover el uso correcto de su equipo y naturalmente por el sector público como representante del interés público en un ambiente sano.

La introducción de una licencia obligatoria para el manejo de equipos de aplicación de agro-químicos puede a largo plazo garantizar el interés de los agricultores en este tipo de capacitación y también la disposición de los mismos a pagar los cursos. Aunque siempre es mejor evitar este tipo de presión legal varios casos de países Europeos, como por ejemplo Inglaterra donde un sistema parecido al descrito ha sido introducido, han demostrado la necesidad de cierta presión legal (Devereux-Cooke, 1995).

Sin embargo, solo se puede introducir esto paulatinamente según la conciencia y capacidad educativa establecida. El sistema de capacitación descrito anteriormente tendrá solamente una capacidad limitada y no podrá cubrir todos los agricultores. La idea es establecer una capacidad educativa sostenible que a largo plazo tiene una demanda garantizada cubriendo al otro lado el sector agrícola lo más completamente posible. La obligatoriedad de participar en este tipo de capacitación solo puede avanzar al paso de la capacidad de entrenamiento.

Una opción para introducir el sistema de licencias es de comenzar con contratistas que ofrecen servicios de aplicación a otros agricultores. Al inicio los mismos contratistas serían interesados en conseguir esta licencia como un factor en la competencia de mercado. Además para ellos el pago del curso y de la licencia sería una inversión en su negocio. Para los clientes sería ventajoso contratar un operador licenciado dándoles más seguridad de una aplicación segura y eficiente, es decir profesional.

Por el alto potencial de daño los operadores de aviones de fumigación tendrían que ser entre el primer grupo de ser controlado por un sistema de licencias.

El objetivo de cada programa de entrenamiento debe ser proveer en forma sostenible a los agricultores y operadores de equipos de fumigación los conocimientos técnicos necesarios para una aplicación segura y eficiente. Un sistema de licencia nunca puede ser un objetivo en si sino solamente contribuir al objetivo de entrenamiento. Si esto estuviera posible sin la necesidad de introducir licencias sería mucho mejor.

6.2 Calidad de Equipo, Certificación, Capacitación de Fabricantes

El segundo aspecto es garantizar que el equipo para aplicación de plaguicidas ofrecido en el mercado refleje el actual nivel tecnológico. En algunos países probablemente es necesario ofrecer capacitación específica a talleres que se han dedicado a la producción de equipo sin tener los conocimientos técnicos.

En la mayoría de los casos, sin embargo, se puede suponer que los conocimientos técnicos para construir un equipo de buena calidad en términos de seguridad ocupacional y ambiental existan. En estos casos habría que establecer incentivos en el mercado que llevarían hacia equipos de mejor calidad. Como demostrado anteriormente, esto es muy difícil en situaciones donde los clientes de equipos no disponen de suficientes criterios técnicos para apreciar características de un equipo seguro. La única solución en este caso sería limitar la oferta en el mercado a través de un sistema de certificación de equipo. De este modo solo equipo que tiene un cierto estándar puede ser vendido.

Este control puede ser introducido por el gobierno con su mandato de velar por el medio ambiente. De todos modos tendrían que aplicar las mismas normas a equipo de fabricación nacional como a equipo importado.

Sin embargo, especialmente para iniciar este proceso, la introducción de un sistema de certificación podría también ser realizada por el sector privado mismo. En muchos casos es más conveniente y practicable si los mismos fabricantes y distribuidores de equipo de aplicación a través de sus organizaciones establezcan un sistema de autocontrol y de certificación. Esta certificación acompañada por una publicidad adecuada podría también servir como promoción del producto dándole un sello de calidad garantizada.

Para introducir un sistema de certificación no es absolutamente necesario de instalar centros y laboratorios oficiales de control de calidad. A veces estas instalaciones ya existen con algunos fabricantes mayores y se trataría solamente de establecer un sistema de control para evitar abusos. En otros casos se podría hacer convenios con centros existentes en otros países. En caso que el gobierno decida de introducir un sistema de certificación, no tiene necesariamente que controlar cada equipo mismo. Dependiendo del funcionamiento del sistema legal podría ser suficiente que el fabricante o importador firme una declaración diciendo que el equipo cumple con los requisitos del certificado. En este caso sería responsabilidad del fabricante o importador asegurarse que su equipo realmente tenga estas características. El gobierno solo tendría que disponer de mecanismos para sancionar declaraciones falsas en un modo efectivo. Para ejecutar un cierto control podría chequear al azar una cantidad limitada de equipos. Para estos chequeos podría usar centros de control reconocidos de la región.

Importante es que este sistema de certificación no sea entendido como una barrera para el sector privado al libre mercado sino como un mecanismo de proteger y promover buenos productos.

6.3 Normas Técnicas para Equipo

Un sistema de certificación solo puede funcionar si existan para el país normas técnicas en las cuales se basa la certificación. Estas normas técnicas pueden ser introducidas por el sector privado como un mecanismo de autocontrol o por el gobierno. Tarde o temprano van a ser oficializadas en el país tratándose de equipos que manejan productos peligrosos y contaminantes.

Las normas técnicas tienen que reflejar un nivel tecnológico adecuado. Sin embargo, tienen que ser practicables y realistas para realmente poder ser aplicadas. No vale introducir normas muy sofisticadas sabiendo que los fabricantes a corto plazo no pueden cumplir con ellas. La introducción también tiene que ser realizada paulatinamente para dar al mercado la posibilidad de adaptarse a los nuevos requisitos. Al otro lado tampoco pueden ser demasiado amplias porque la idea de normas técnicas es garantizar un nivel tecnológico aceptable según los conocimientos actuales. De esta forma normas técnicas serán siempre un compromiso y tendrán que ser adaptados según el progreso tecnológico.

Existen dos aspectos de normas técnicas: uno es de garantizar una calidad mínima aceptable. El otro es de incentivar avances tecnológicos. Para lograr esto las normas técnicas tienen que representar un avance tecnológico con respecto a equipo de baja calidad ofrecido en el mercado sin ser demasiado lejos del nivel tecnológico actualmente existente.

Dentro de su programa para la aplicación segura y eficiente de agro-químicos y productos biológicos el Servicio de Ingeniería Agrícola de la FAO está trabajando con apoyo internacional en ambos aspectos de normas técnicas para equipo de aplicación de plaguicidas.

Para implementación inmediata se formuló una guía con requisitos básicos para equipo de aplicación de plaguicidas. Esta guía servirá primeramente para la FAO mismo pero será también distribuida a otros organismos donantes y países miembros. La idea de la guía es de formular normas que reflejen un nivel aceptable de seguridad y eficiencia y que estén actualmente ya cumplidos por la mayoría de los equipos ofrecidos en el mercado mundialmente. Introduciendo estas normas se evitaría la adquisición de equipo de muy baja calidad que solo sobrevive en el mercado por su bajo precio.

Las otras normas son más exigentes y reflejan características deseables que, sin embargo, ya están realizadas en equipos existentes en el mercado. Se limitan estrictamente a aspectos de seguridad y eficiencia, es decir seguridad humana y ambiental. La intención es de introducirlos como anexo al código de conducta de la FAO como guía oficial y de este modo ofrecerlos a los países miembros de la FAO como propuesta y base para la formulación de normas nacionales. Las normas incluyen una guía sobre métodos para su implementación y el procedimientos de verificación de la calidad de los equipos. La introducción de estas normas sería a medio plazo dependiendo de las respuestas de los países miembros y de los fabricantes de equipos. Sin embargo, como inicio a nivel voluntario se las podría promover entregando un sello de calidad aprobada por la FAO a los equipos que ya cumplen con los requisitos.

La introducción de normas técnicas no debería ser malentendida como objetivo en si. Las normas deberían garantizar una calidad básica de equipos en el mercado y impulsar el progreso tecnológico.

6.4 Chequeo de Equipo

Aparte del diseño y de las características de equipos nuevos las condiciones de servicio de equipos actualmente usados merecen atención especial. Muy pocos agricultores asumen la responsabilidad de mantener su equipo en perfectas condiciones funcionales referiendose no solamente a fugas y limpieza sino también a la uniformidad de distribución y el funcionamiento exacto de los controles. Las causas para esto son seguramente negligencia y falta de conocimientos pero también falta de instalaciones para controlar el equipo.

Por lo tanto es importante ofrecerles a los agricultores las facilidades para hacer este control y convencerlos del beneficio que trae para ellos en términos de ahorro en plaguicidas. Aquí también hay que buscar formas de introducir estos chequeos de tal modo que todos los involucrados ven un provecho en la acción.

Bajo este concepto la mejor forma de realizar el chequeo de equipos de aplicación es a través del sector comercial. Por ejemplo los talleres mecánicos o los distribuidores de equipo de aplicación autorizados pueden ofrecer el servicio de chequeo y calibración como oferta permanente a sus clientes. Para introducir este servicio se puede hacer jornadas de calibración donde no se cobra por el servicio sino solo por los repuestos. Para los talleres el interés comercial sería la venta de repuestos y partes de desgaste como boquillas. El beneficio para el agricultor sería un equipo en buenas condiciones y como consecuencia un ahorro en plaguicidas.

El chequeo y calibración de equipos puede también ser realizado por servicios de extensión. El Proyecto Algodonero de Asistencia Técnica PAAT en Nicaragua introdujo un servicio de calibración de aviones de fumigación en forma de un contrato por un ciclo entero. En este contrato el PAAT calibró el equipo al inicio y daba seguimiento a la aplicación con 4 tarjeteos distribuidos por todo el ciclo de aplicación. El PAAT se hizo responsable de vigilar por la calibración del equipo. Este contrato se demostró con una calcomanía pegada al avión con los datos de la calibración. La calcomanía rápidamente se transformó en un argumento comercial. Los agricultores contrataron con preferencia aviones calibrados.

Paulatinamente se puede hacer este chequeo obligatorio. Chequeos obligatorios se introdujo en algunos países Europeos como Alemania, Holanda y Bélgica después de chequeos voluntarios ofrecidos por muchos años. Sin embargo, los chequeos voluntarios no tenían el efecto deseado. En Alemania, un país donde supuestamente los conocimientos y la conciencia de los agricultores tanto como la presión pública son altos, antes de la introducción obligatoria del chequeo en 1993 solo el 20% de los equipos fue presentado a los controles voluntarios y de estos equipos solo el 50% se encontró en perfectas condiciones (Wehmann, 1993). En Nicaragua se introdujo el chequeo anual obligatorio para aviones de fumigación en 1991 (Friedrich, 1995).

La obligatoriedad de los chequeos se puede solo introducir según la capacidad de chequeo y de controles instalada. Una opción factible sería aquí también de comenzar con equipos de contratistas que prestan servicios de fumigación a otros agricultores. Entre ellos los aviones de fumigación serían los primeros de ser incluidos en un chequeo obligatorio. Para estos chequeos oficiales obligatorios se podría siempre usar los mismos talleres y distribuidores comerciales que en este caso tendrán que obtener una autorización para realizar este trabajo. El gobierno solo tendría que velar por la calidad de los chequeos realizados en estos talleres autorizados y establecer un sistema de sanciones efectivas.

La idea de chequeos regulares de equipos de fumigación debería ser promovida en una forma que permita a todos los involucrados sacar su provecho.

6.5 Especialización de Operadores: Servicios de Aplicación

La aplicación de plaguicidas llega a ser cada vez más difícil. Así parece lógico que algunos operadores se especialicen y ofrezcan como contratistas servicios de aplicación a los agricultores. Este sistema funciona en algunos países muy bien, mientras en otros los agricultores más individualistas prefieren tener sus propios equipos.

Las ventajas de contratistas son que ellos pueden especializarse en asuntos de aplicación conociendo bien los productos (químicos o biológicos), sus requisitos específicos para una buena aplicación y las técnicas de aplicación. Además pueden con más facilidad que un agricultor individual mantener su equipo de aplicación al tanto del desarrollo tecnológico usando siempre equipos más modernos.

Estos contratistas pueden ser agricultores que se especializan en control de plagas y prestan servicio a otros agricultores de la zona o empresas comerciales que se dedican solamente a este tipo de servicio.

6.6 Organización y Capacitación de Distribuidores

Equipos de aplicación, especialmente equipos manuales, muchas veces están vendidos en tiendas generales donde el personal no tiene ningún conocimiento específico sobre el uso de estos equipos y sobre aplicación de plaguicidas.

Sería preferible limitar la venta de equipos de aplicación a lugares donde se vende equipo agrícola o plaguicidas y de entrenar el personal de venta específicamente en técnicas de aplicación de plaguicidas (Dandy, 1994). En muchos casos el personal de venta de productos agrícolas es la única fuente de información técnica para el agricultor. Por eso es necesario que este personal tenga los conocimientos técnicos para asesorar al agricultor profesionalmente con respecto a la selección de equipo, las características necesarias, extras requeridos, el uso y mantenimiento del equipo. El puesto de venta de equipo debería tener también los partes de desgaste necesarios como boquillas y empaquetaduras y debería asegurarse, en caso que no tenga un taller mecánico propio, que algún mecánico o taller en su zona tenga personal entrenado en la reparación de este tipo de equipo.

El entrenamiento a los distribuidores y talleres mecánicos podría ser ofrecido por los mismos fabricantes de equipo u otras entidades privadas. El gobierno solo tendrá que velar por el funcionamiento y en caso necesario introducir un sistema de licencias para la venta de equipos para manejo y aplicación de substancias tóxicas.

7. Conclusión

La manera más efectiva para mejorar las prácticas en el uso de plaguicidas a través de la tecnología de aplicación es mejorando la calidad de los equipos, estandardizarlos y entrenar los operadores (Pingali, 1994).

Como conclusión se puede decir que actualmente la tecnología para una aplicación aceptable de plaguicidas como también conceptos para su introducción en la práctica existen. Estos conceptos se puede diseñar para que todos los involucrados aprovechen asegurando de este modo una sostenibilidad de las acciones. Sin embargo estos conceptos no se puede aplicar en forma de receta. Su implementación depende en cada situación específica de las condiciones y la capacidad técnica del país, la idiosincrasia y cultura de la gente y sobre todo del grado de organización y buena voluntad de los involucrados.

En este aspecto el gobierno tiene un papel muy importante como un dirigente en un orquesta que está conformado por el sector privado. El reto no queda tanto en los detalles técnicos sino en la coordinación de las actividades de los músicos para que cada uno contribuya lo que mejor pueda. El concierto solo será exitoso si los músicos, es decir el sector privado, asuman su parte con responsabilidad y en forma armonizada con los demás.

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