Comunicados de prensa 97/20
En muchos países, afirma Friedrich, la mayor parte del equipo de pulverización se halla en muy malas condiciones. Normalmente no se suelen sustituir las boquillas de pulverización e incluso se ensanchan para que salgan cantidades mayores.
En Pakistán, según la FAO, se desperdicia un 50 por ciento de los plaguicidas aplicados debido a la mala maquinaria de pulverización y a la aplicación inadecuada. Muchos de los agricultores no han recibido ninguna instrucción sobre los aspectos de seguridad y las consecuencias de la utilización indiscriminada de plaguicidas para la contaminación de las aguas freáticas.
En Colombia, se pulverizan las flores con cantidades de hasta 6 000 litros por hectárea semanalmente y en Brasil se han señalado volúmenes de aplicación de 10 000 litros por hectárea en la horticultura. Volú menes de aplicación tan altos provocan la contaminación del suelo y las aguas freáticas. Para combatir eficazmente las plagas con tecnologías apropiadas es más que suficiente utilizar menos del 10 por ciento de estos volúmenes.
En la India se señalan altos niveles de residuos de plaguicidas en los cultivos alimentarios, en comparación con el promedio mundial. Según la FAO, esto indica que se utilizan mal los plaguicidas. Aunque en la India existen normas nacionales para el equipo de pulverización, que las cumplen los principales fabricantes, hay muchos fabricantes menores que satisfacen necesidades locales y no cumplen las normas de calidad.
En Tailandia, se han hecho encuestas que demuestran que los agricultores no prestan atención a la utilización adecuada de los plaguicidas. La capacitación en el manejo del equipo de pulverización es casi inexistente. Un estudio realizado en Indonesia mostró que el 58 por ciento del equipo manual de pulverización tenía fugas. En Malasia, la falta de capacitación en el uso, el mantenimiento inadecuado del equipo y la insuficiente utilización de ropa protectora contribuyen al envenenamiento por plaguicidas entre los operadores. La presencia de residuos en el agua se debe sobre todo a que los agricultores utilizan cantidades excesivas de plaguicidas.
Un informe sobre Viet Nam señala que las disponibilidades de equipo seguro de pulverización son limitadas, sobre todo por falta de una legislación y normas nacionales, así como de capacitación para los operadores. En Filipinas es muy corriente que los equipos de pulverizaci ón tengan fugas. La mayoría de los agricultores y operadores nunca han recibido ninguna capacitación formal antes de su primer contacto con los plaguicidas y el equipo de aplicación.
"Actualmente existe una tecnología que permite aplicar con seguridad y eficacia los plaguicidas y debe formar parte de la lucha integrada contra las plagas. Sin embargo, su utilización depende de la capacidad t écnica y de la base económica y cultural de un país", afirmó Friedrich. "Para mejorar la aplicación de plaguicidas es imprescindible introducir equipo de calidad adecuados y capacitar a los operadores, todo lo cual debe formar parte de la lucha integrada contra las plagas".
Afirmó asimismo que los agricultores se podrían beneficiar de la aplicación segura y más eficaz de los plaguicidas, ahorrando grandes cantidades de éstos y de dinero, y consiguiendo a la vez un control mejor de las plagas. El sector comercial se beneficiaría si falicitase tecnología, servicios y piezas de repuesto.
La FAO ha elaborado directrices sobre los requisitos básicos y normas para el equipo de aplicación de plaguidas, que incluyen procedimientos de ensayo. La FAO sugiere que se creen incentivos para mejorar la calidad del equipo. Los fabricantes podrían introducir, con carácter voluntario, un sistema de utilización de certificados como marca de fá brica de calidad y para la promoción de las ventas. Habría que formar a los agricultores y operadores del equipo trabajando con pequeños grupos de agricultores. La FAO organiza talleres regionales para sensibilizar a los gobiernos, a los agricultores y al sector comercial.
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