República de Zambia

RESUMEN

La República de Zambia es un país sin salida al mar situado en África centro-meridional. Goza de un clima tropical suave y está escasamente poblada en comparación con los países vecinos. La población es joven y predominantemente rural. Zambia está gravemente afectada por la pandemia del VIH/SIDA, que compromete los logros sociales y económicos que el país se esfuerza por obtener. Debido sobre todo a la pandemia, la esperanza de vida al nacer ha disminuido bruscamente.

Tradicionalmente la economía de Zambia ha estado dominada por la industria minera del cobre, si bien el aporte del sector de la agricultura al producto interno bruto (PIB) ha experimentado un incremento a causa de del brusco descenso de las entradas procedentes del cobre. Zambia cuenta con un elevado potencial agrícola, en gran parte aún sin explotar. La mayoría de la población se dedica a cultivos de secano de subsistencia. La escasa ayuda estatal en la década de los noventa llevó a un cambio en la producción, que pasó del cultivo de maíz, el cultivo alimenticio básico, a otros cultivos (yuca y cultivos industriales), si bien el maíz sigue siendo aún el cultivo predominante. La producción pecuaria está muy por debajo de sus posibilidades, debido especialmente a las reiteradas sequías y brotes de enfermedades.

Después de dos décadas de declive, a partir de 1999 Zambia ha experimentado un crecimiento económico constante. Aunque el índice de pobreza haya disminuido desde principios de la década actual, la pobreza sigue estando ampliamente extendida.

Los principales factores determinantes de la elevada morbilidad y mortalidad entre los niños de corta edad son la alta incidencia de las enfermedades infecciosas, así como las deficiencias nutricionales, la escasa cobertura de la inmunización y un limitado acceso a las fuentes de aguas mejoradas en las áreas rurales. El acceso a los servicios de salud sigue siendo limitado, mientras que la escasez de material y la falta de recursos humanos en el sistema sanitario limitan aún más la calidad del servicio. No obstante se haya podido constatar alguna mejora, la tasa de mortalidad infantil y de niños menores de cinco años sigue siendo alta. La tasa de mortalidad materna sigue siendo muy alta.

La dieta zambiana está compuesta principalmente por cereales, predominantemente maíz, raíces feculentas y, en menor medida, fruta y hortalizas. Los cereales proporcionan casi dos tercios del suministro de energía alimentaria. Aunque otros cultivos alimentarios, como la yuca, resulten cada vez más importantes, la dependencia del maíz sigue siendo muy alta, lo que contribuye a incrementar la vulnerabilidad del país ante las amenazas climáticas. En las áreas urbanas, los patrones de consumo de alimentos están cambiando y el arroz y las batatas están cobrando cada vez más importancia. Un consistente declive en la producción del maíz, la producción inadecuada de cultivos básicos alternativos, las limitaciones climáticas y la pobreza contribuyen a la inseguridad alimentaria generalizada. El suministro de energía alimentaria no es suficiente para satisfacer las necesidades energéticas de la población. La prevalencia de la subnutrición ha crecido, llegando a alcanzar el 45 por ciento entre 2003 y 2005. Cuantitativamente insuficiente, el suministro alimentario carece también de diversidad y es pobre en micronutrientes esenciales.

Las prácticas alimentarias de los niños de corta edad están mejorando. La lactancia materna es universal y la tasa de lactancia exclusiva ha aumentado considerablemente desde principios del año 2000, si bien resulta aún insuficiente. La tasa de alimentación complementaria oportuna es alta y la alimentación complementaria está relativamente diversificada. La elevada morbilidad, el limitado acceso a los servicios de salud, la pobreza y la inseguridad alimentaria son los principales factores determinantes de la malnutrición en los niños. El retraso del crecimiento (es decir, la malnutrición crónica) afecta al 39 por ciento de los niños menores de cinco años. La prevalencia del retraso del crecimiento ha disminuido desde principios del año 2000, aunque sigue siendo alta. La desnutrición también afecta a mujeres en edad fértil. Por otra parte, el país está experimentando una transición nutricional, particularmente evidente en las áreas urbanas, donde casi un tercio de las mujeres padece sobrepeso u obesidad.

En los recientes años noventa, la carencia de yodo fue un grave problema de salud pública que afectó a todo el país. Desde que se aplicó la legislación sobre la yodación de la sal en 1996, el porcentaje de niños con un nivel bajo de yodo en la orina descendió considerablemente. Las estimaciones más recientes del nivel de yodo en la orina indican que el consumo de yodo entre la población es más que adecuado. Gracias sobre todo al incremento de la cobertura de la suplementación de vitamina A, la prevalencia de la carencia asintomática de vitamina A entre las mujeres ha experimentado un descenso. Sin embargo, sólo la mitad de las madres reciben vitamina A suplementaria durante el posparto. Entre los niños, la prevalencia de la carencia asintomática de vitamina A está descendiendo, aunque sigue estando situada a un nivel muy alto no obstante la cobertura de la suplementación abarque casi las dos terceras partes de la población infantil. En los últimos años, dicha cobertura parece haber sufrido un ligero descenso. La suplementación necesita ampliarse para cubrir a madres y niños. La anemia afecta a más de la mitad de los niños en edad preescolar y a casi un tercio de las mujeres no embarazadas. La cobertura de la suplementación de hierro entre las mujeres embarazadas es muy amplia, pero aún no se ha evaluado su efectivo cumplimiento. Se han puesto en marcha diversos programas de salud pública destinados a reducir la alta incidencia de la malaria y otras infecciones parasitarias que contribuyen a la prevalencia de la anemia.

Las intervenciones a corto plazo, como la suplementación, precisan un ulterior fortalecimiento. Es urgentemente necesaria la inversión en estrategias basadas en la alimentación sostenible para combatir el hambre y la carencia de micronutrientes.

© FAO 2010