República de Armenia

RESUMEN

Tras la proclamación de la independencia en 1991, Armenia pasó por una difícil transición hacia una economía de mercado. Factores tales como el conflicto de Nagorno-Karabaj de 1989‑1994, o los terremotos y sequías agravaron aún más la situación socioeconómica. Las reformas agrarias emprendidas tras la independencia no consiguieron incrementar la escasa productividad del sector agrícola. A pesar del crecimiento económico de los últimos ocho años, el efecto conjunto del empobrecimiento masivo, el creciente desempleo y la disminución del acceso a los servicios públicos condujo a un deterioro de la calidad de vida. Las tendencias indican que la pobreza podría llegar a ser estructural.

Armenia es un país de bajos ingresos y con déficit de alimentos. Aunque las estadísticas sobre consumo y suministro de alimentos indican que el suministro de energía alimentaria es bajo y no cubre las necesidades energéticas de la población, se registra, sin embargo, una prevalencia muy acusada del sobrepeso y la obesidad entre los adultos. Una posible explicación de esta discrepancia reside en el hecho de que una parte sustancial de la producción de los hogares agrícolas se destina al autoconsumo y no viene registrada en las estadísticas de suministro.

La dieta es rica en carbohidratos como cereales, raíces feculentas y edulcorantes, que proporcionan más de las dos terceras partes de la energía. El índice de la diversificación de la dieta sigue siendo bajo. Aunque el consumo de carne y pescado es escaso, tanto el de leche y huevos como el de frutas y hortalizas son sustanciales.

Si bien la lactancia materna es común, la lactancia exclusiva es rara, la duración de la lactancia breve y la alimentación con biberón frecuente. Los esfuerzos para promover la lactancia materna han obtenido buenos resultados pero se precisan aún ulteriores mejoras.

Como consecuencia de la creciente y generalizada inseguridad alimentaria y el deficente acceso a servicios de salud de calidad, no se ha registrado una disminución del retraso del crecimiento de los niños en edad preescolar. Los niños en edad escolar y los adolescentes presentan tanto retraso del crecimiento como emaciación. Al mismo tiempo, el sobrepeso está surgiendo entre los grupos de todas las edades. La doble cara de la malnutrición —la persistente desnutrición y la hipernutrición— afecta a los niños en edad preescolar y escolar. La hipernutrición tiene además una elevada prevalencia entre las mujeres adultas. Esta transición nutricional provocará un aumento de la incidencia de enfermedades crónicas, lo que agravará ulteriormente la situación de un sistema sanitario que se encuentra ya al límite.

Las deficiencias de micronutrientes siguen siendo muy comunes. En la última década, la prevalencia de trastornos por carencia de yodo era aún bastante elevada entre las mujeres. En la actualidad, un programa de yodación de la sal proporciona un suministro adecuado de sal yodada a la mayoría de los hogares, si bien en algunas regiones la cobertura es aún insuficiente. La anemia por carencia de hierro tiene una alta prevalencia entre las mujeres en edad fértil y los niños de corta edad. Es preciso adoptar con carácter de urgencia estrategias de lucha contra la anemia por carencia de hierro.

© FAO 2010