República Democrática Federal de Etiopía

RESUMEN

La República Democrática Federal de Etiopía es un país montañoso y sin salida al mar situado en el Cuerno de África. Etiopía, el segundo país más poblado del África subsahariana, está experimentando un rápido crecimiento demográfico. La población es muy joven y es uno de los países menos urbanizados del mundo.

Etiopía depende en gran medida del sector agrícola, que representa casi la mitad del producto interno bruto (PIB). Alrededor de las tres cuartas partes de la población se dedican a la agricultura, fundamentalmente a la agricultura de subsistencia y de secano y a la producción pecuaria. Desde el año 2000, la economía está registrando un crecimiento sostenido. No obstante, Etiopía sigue siendo una de las naciones más pobres del mundo: casi una cuarta parte de la población vive con menos de 1 dólar al día.

Los principales factores determinantes de la elevada morbilidad son la alta incidencia de las enfermedades infecciosas y las deficiencias nutricionales, la escasa cobertura de la inmunización y un acceso muy limitado a las fuentes de agua mejoradas y la sanidad. Debido a la escasez de personal sanitario cualificado y a la carencia de instalaciones sanitarias, el acceso a la atención sanitaria básica es aún muy limitado. En consecuencia, las tasas de mortalidad de lactantes y niños menores de cinco años siguen siendo muy elevadas, si bien se han podido constatar ciertos progresos. La tasa de mortalidad materna sigue estando también situada a niveles inaceptables.

La dieta etíope está compuesta principalmente por cereales (maíz, sorgo, teff), cultivos de raíces y tubérculos (ensete, patatas, batatas), legumbres y semillas oleaginosas. A pesar de la abundante población ganadera, el suministro alimentario procedente de productos pecuarios es muy limitado y el consumo de estos productos es especialmente bajo en las áreas rurales, excepto en zonas nómadas donde la leche es uno de los componentes principales de la dieta. Los factores medioambientales y humanos causan una inseguridad alimentaria grave y generalizada. El suministro de energía alimentaria no es suficiente para cubrir las necesidades energéticas de la población y casi la mitad de la población padece subnutrición. Además de ser cuantitativamente insuficiente, el suministro alimentario carece asimismo de diversidad.

La lactancia materna está generalizada y suele iniciar pronto, pero la lactancia exclusiva sigue siendo de muy breve duración, la alimentación con biberón frecuente y las prácticas de alimentación inadecuadas. Dichas prácticas, junto con la pobreza, la inseguridad alimentaria y el limitado acceso a los servicios de salud, son los principales factores determinantes de la alta prevalencia de la malnutrición entre los niños de corta edad. Casi la mitad de los menores de cinco años sufren retraso del crecimiento y, si bien su prevalencia ha experimentado un leve retroceso en los últimos cinco años, es preciso seguir prestando especial atención a esta emergencia silenciosa a fin de obtener una ulterior reducción de la misma. Más de una cuarta parte de las mujeres padece deficiencia energética crónica.

Aunque no existen datos recientes, cabe suponer que los trastornos por carencia de yodo tienen aún una prevalencia elevada, en particular en las zonas montañosas del país. En la actualidad no hay un programa de yodación universal de la sal en Etiopía, si bien está previsto un proyecto piloto. Mientras tanto deben adoptarse urgentemente enfoques alternativos como las cápsulas de aceite yodado. La carencia de vitamina A es un grave problema de salud pública que afecta a los niños pequeños y a sus madres, llegando a alcanzar niveles alarmantes en Amhara y Tigray. La cobertura de la suplementación de vitamina A sigue siendo limitada, en especial en las zonas rurales. Es preciso intensificar la suplementación de vitamina A, así como realizar intervenciones a largo plazo basadas en los alimentos. La anemia es también un problema de salud pública: más de la mitad de los menores de cinco años y más de la cuarta parte de las mujeres son anémicos. La causa principal es la carencia de hierro debida al bajo consumo de alimentos de origen animal, junto con la alta incidencia de la malaria y otras enfermedades parasitarias. Las únicas intervenciones actualmente en marcha para combatir la anemia por carencia de hierro son la educación nutricional y la suplementación de hierro a las mujeres embarazadas, que llega a un número limitado de mujeres. Es preciso fortalecer los esfuerzos para afrontar este problema de salud pública.

Gravemente afectada por la pobreza, la inseguridad alimentaria y la morbilidad, la población rural está gravemente expuesta a la desnutrición y las carencias de micronutrientes. Es necesario realizar los mayores esfuerzos a fin de mejorar el nivel de salud y nutrición de la población, lo cual tendría a su vez un impacto positivo en el crecimiento económico y el desarrollo del país.

© FAO 2010