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VIH/SIDA y nutrición
Pocas crisis han repercutido en la salud humana y puesto en peligro el progreso nacional, social y económico como la producida por el VIH/SIDA. Esta pandemia ha producido efectos devastadores en la seguridad alimentaria y en la nutrición de los hogares por sus repercusiones en la disponibilidad y estabilidad de los alimentos, en el acceso a éstos y en su utilización para disfrutar de una buena nutrición. La producción agrícola y el empleo en este sector sufren los efectos de la pandemia, y los servicios sociales y de salud son objeto de enormes presiones. Las familias pierden la capacidad de trabajar y producir. Al empeorar la pobreza, las familias además pierden la capacidad de adquirir alimentos y satisfacer otras necesidades básicas. El tiempo y los recursos del hogar se consumen en el esfuerzo que representa cuidar a los familiares enfermos, las parejas pueden contagiarse, las familias pueden ser objeto de discriminación y quedar socialmente marginadas, los niños pueden quedar huérfanos y los ancianos tienen que arreglárselas como mejor puedan.
La malnutrición es un serio peligro para las personas que viven con VIH/SIDA. Aun en las primeras etapas de la infección de VIH, cuando los síntomas no se han presentado, el virus repercute en la nutrición de la persona. El riesgo de malnutrición aumenta considerablemente en el transcurso de la infección. Es esencial satisfacer las necesidades inmediatas de alimentos, nutrición y otras necesidades básicas para que los hogares donde hay integrantes con VIH/SIDA vivan con dignidad y seguridad. Proporcionar atención y apoyo en materia de nutrición a las personas que viven con VIH/SIDA es parte importante de la atención en todas las fases de la enfermedad.
Muchas de las condiciones asociadas al VIH/SIDA repercuten en el consumo, la digestión y el aprovechamiento de los alimentos, mientras que otras repercuten en las funciones del organismo. Muchos de los síntomas de estas condiciones: la diarrea, pérdida de peso, dolor de la boca y la garganta, náusea o vómitos, son más tolerables con una nutrición apropiada. Una buena nutrición no es capaz de curar el SIDA ni de evitar el contagio del VIH, pero puede ayudar a mantener y a mejorar la nutrición de la persona que tiene VIH/SIDA y demorar el avance del VIH a enfermedades relacionadas con el SIDA. Por lo tanto, es capaz de mejorar la calidad de vida de las personas que viven con VIH/SIDA. La atención y el apoyo en materia de nutrición son importantes desde las primeras etapas de la infección, a fin de evitar deficiencias nutricionales. Una alimentación saludable y equilibrada ayudará a mantener el peso corporal y la buena condición del organismo. Comer bien ayuda a mantener y mejorar la labor del sistema inmunológico -la protección del organismo contra las infecciones- y, de esta manera, ayuda a las personas a mantener la salud. Una buena nutrición complementará y fortalecerá los efectos de los medicamentos que se tomen. El consumo de una alimentación bien equilibrada es esencial para compensar la pérdida de energía y de nutrientes que causan las infecciones. Una buena nutrición ayuda asimismo a promover una sensación de bienestar y a fortalecer la decisión de los enfermos de mejorar.
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