Marruecos

RESUMEN

La dieta marroquí es una dieta mediterránea basada en un consumo elevado de cereales, frutas y hortalizas. Esta dieta se está diversificando progresivamente, en especial en los hogares urbanos y en los pertenecientes al grupo de altos ingresos, con la incorporación de más alimentos ricos en micronutrientes. El consumo de alimentos de origen animal, sin embargo, sigue siendo limitado no obstante los abundantes recursos, en particular pesqueros, del país. En las zonas urbanas, es cada vez más habitual el consumo de alimentos elaborados y comidas preparadas, así como comer fuera de casa, lo que tiene como consecuencia un aumento de la cantidad de azúcares y alimentos grasos, e indica una transición nutricional en curso tanto en las zonas urbanas como en las rurales. Estos cambios, unidos a un descenso del nivel de actividad física, generan un incremento de la prevalencia del sobrepeso y la obesidad entre la población adulta.

El suministro de cereales per cápita ha experimentado desde los años sesenta un crecimiento regular, reforzado por las importaciones masivas. Marruecos cuenta con un importante potencial agrícola: produce principalmente trigo y cebada, pero la producción interna es absolutamente insuficiente para satisfacer la demanda. La elevada dependencia de las importaciones de cereales expone a Marruecos a la variabilidad en los precios internacionales de los alimentos. La oferta de carne y pescado sigue siendo muy limitada aunque está creciendo. El suministro de energía alimentaria es mucho más elevado que las necesidades de la población y la prevalencia de la subnutrición es baja.

Algunas de las prácticas de alimentación de lactantes y niños de corta edad muestran tendencias preocupantes: la tasa de lactancia materna hasta la edad de seis meses está experimentando un descenso, la alimentación con biberón es cada vez más frecuente y la alimentación complementaria, relativamente diversificada, se introduce aún o demasiado pronto o demasiado tarde.

En 2003-2004 casi la cuarta parte de los niños menores de cinco años padecían retraso del crecimiento. La prevalencia de este retraso, sin embargo, sigue descendiendo desde finales de la década de los ochenta. Por otra parte, la prevalencia de emaciación muestra una preocupante tendencia a la alta. Los probables factores determinantes son las prácticas de alimentación inadecuadas de los niños pequeños, la sequía persistente en algunas zonas rurales (regiones de Marrakech-Tensift-Al Haouz y de Souss-Massa-Draa en particular) y la incidencia de la pobreza, que es aún muy elevada en determinadas regiones. La prevalencia del sobrepeso entre los niños de corta edad ha permanecido estable durante estos últimos años.

El estatus nutricional de la mujer es un reflejo de la transición nutricional y de la malnutrición presentes en el país en su doble vertiente. Mientras casi una de cada diez mujeres sigue sufriendo todavía carencias energéticas crónicas, cerca de un 40 por ciento padecen sobrepeso u obesidad. El sobrepeso y la obesidad están más extendidos en las zonas urbanas, pero afectan también a las zonas rurales.

A principios de la década de los noventa, los trastornos por carencia de yodo constituían un problema de salud pública en Marruecos. La estrategia universal de yodación de la sal (adoptada en 1996) reportó beneficios sólo a un restringido número de hogares. No disponemos de datos recientes para evaluar el actual nivel de esta carencia. Entre los niños de corta edad, la carencia de vitamina A era un grave problema de salud pública a finales de los años noventa; la falta de datos actualizados al respecto impide evaluar la oportunidad de una extensión de la cobertura de la suplementación. Entre las mujeres, la carencia de vitamina A no está extendida. En 2000, la anemia fue un problema de salud pública que afectó a un tercio de los niños y un tercio de las mujeres no embarazadas. La cobertura de la suplementación de hierro de las mujeres embarazadas es muy limitada. Se han implementado intervenciones a largo plazo para luchar contra estas deficiencias, en partiular la fortificación de aceite en vitamina A y D y la fortificación de harina en el hierro y las vitaminas B. Estas estrategias se promovieron mediante campañas de educación nutricional.

El marco de crecimiento económico sostenido, reducción de la pobreza, mayor acceso al agua potable y la atención sanitaria, y apoyo político al sector agrícola supone en la actualidad una gran oportunidad para Marruecos de mejorar de manera duradera la dieta y el estatus nutricional de la población.

© FAO 2010