El Salvador

RESUMEN

La población infantil de El Salvador ha presentado a lo largo de tres décadas desnutrición como lo demuestran las encuestas sobre el estado nutricional de este grupo de población. El mayor déficit se encontró en la talla. Estas evaluaciones indicaban una leve mejoría en el retardo de crecimiento, sin embargo la prevalencia continuaba alta, disminuyendo de 44% en 1979 a 32% en 1988, a 23% en 1993. Según los resultados de la última evaluación nutricional FESAL-98, la mitad de niños en el área rural padece de retardo de crecimiento, en comparación con el área urbana. La prevalencia de la desnutrición crónica es desproporcionadamente alta en los departamentos de Ahuachapan y Cuscatlan, especialmente en esta ultima donde más de 30% de los menores de cinco años la sufren y la mitad de la desnutrición se identifica como severa (debajo de -3 DE o más). En todos los estudios realizados a nivel nacional la población evaluada fueron niños menores de cinco años, por lo que se carece de información antropométrica en adolescentes y adultos.

Las deficiencias de micronutrientes, principalmente yodo, vitamina A e hierro, se conocen en El Salvador desde la primera evaluación del estado nutricional de la población en la década de los sesenta. Estas deficiencias adquirieron relevancia como problemas de salud pública por su magnitud y sus efectos sobre la salud de la población. En la actualidad se encuentran en ejecución, la ley de yodación de la sal, y los programas de fortificación del azúcar con vitamina A, así como de harinas de trigo y maíz con hierro y ácido fólico como respuesta a los problemas encontrados. En las últimas encuestas realizadas se encontró disminución en la prevalencia de estas deficiencias, pero continúan considerándose problemas de salud pública.

En El Salvador se han realizado dos encuestas de consumo de alimentos a nivel nacional, en 1965-67 y en 1988. Existen discrepancias entre los resultados de las encuestas de consumo y la disponibilidad de alimentos a través de las hojas de balance, ya que las metodologías son distintas. Contrariamente a lo estimado por las hojas de balance de alimentos, las encuestas de consumo registraban una tendencia decreciente en la ingesta de energía, de 2175 a 1833 kcal/persona/día entre el período de 1965-67 y 1988.

Es importante hacer notar que durante la década de los ochenta, el País se encontraba enfrascado en una guerra civil que afectó de forma negativa el acceso de la población a alimentos y ocasionó la migración de muchas personas de las zonas rurales, donde se producía la mayor parte de los cereales del País. Pero, por otro lado, se experimentó un fuerte incremento de ayuda alimentaria en forma de aceites vegetales, cereales, leche en polvo y productos cárnicos enlatados. Aparentemente la ayuda alimentaria contribuyó a que la disponibilidad de alimentos no sufriera una disminución drástica, sin embargo el consumo real si refleja una disminución.

© FAO 2010