Zimbabwe

RESUMEN

En 1994 la prevalencia de la insuficiencia ponderal era de 15,5% entre los niños menores de tres años. El 21,4% de los niños presentaban retraso del crecimiento y el 5,5% emaciación. Se estimaba que los niños de las zonas rurales eran más vulnerables a la insuficiencia ponderal y al retraso del crecimiento que los de las zonas urbanas. La prevalencia de la insuficiencia ponderal oscilaba entre 7,1% en Bulawayo y 24% en Matabeleland Septentrional y la de la emaciación entre 1,9% en Mashonaland Oriental y 9,8% en Matabeleland Septentrional. En Matabeleland Septentrional, cuya tierra es seca y propensa a la sequía, se registraban también las prevalencias más elevadas de retraso del crecimiento (28,5%). Existe prácticamente una concordancia en la distribución de la insuficiencia ponderal, el retraso del crecimiento y la emaciación, con excepción de las provincias de Mashonaland Central y de Matabeleland Meridional, que muestran una mayor vulnerabilidad respecto del retraso del crecimiento que de la emaciación y la insuficiencia ponderal.

En los últimos diez años la prevalencia de la insuficiencia ponderal ha empeorado. Especialmente preocupante es la proporción de la insuficiencia ponderal grave. Varios programas de intervención parecen haber tenido efectos positivos en la prevalencia del retraso del crecimiento, pero se sigue considerando que representa un problema a pesar de que en las dos últimas encuestas demográficas y de salud (encuestas DHS) se ha registrado una reducción de la prevalencia. Entre la DHS de 1988 y la de 1994 se registró un aumento considerable de la prevalencia de la emaciación, probablemente debido a las graves sequías que asolaron el país en el período transcurrido entre estas dos encuestas.

No parece haber superposición en la distribución de la desnutrición entre los niños y los adultos. Un estudio realizado en 1992 mostró una muy leve carencia proteica crónica - de moderada a grave - (1,6% entre los varones y 3,1% entre las mujeres), sin embargo, el 5,6% de los varones y el 17,4% de las mujeres sufrían de exceso de peso u obesidad. Además, mientras que el 5% de las mujeres entre 15 y 49 años consideradas en la DHS tenían un índice de masa corporal inferior a 18,5, el 21,5% de las mujeres no gestantes sufrían de exceso ponderal y de obesidad. Las mujeres de las zonas urbanas son más propensas al exceso de peso. El aumento de la prevalencia del exceso de peso está unido a una tendencia más elevada a las enfermedades cardiovasculares y la diabetes. El aumento de la prevalencia de las enfermedades no transmisibles parece estar en relación con los estilos de vida no saludables y los cambios en los hábitos alimenticios, unidos a un consumo elevado de grasas, azúcar y sal. Las infecciones (tuberculosis y paludismo, pero sobre todo el VIH/SIDA) parecen representar la principal amenaza para la salud de la población adulta.

La persistencia de la desnutrición infantil en coincidencia con un principio de obesidad en los adultos indica que es posible que el problema principal de las familias de Zimbabwe no sea su seguridad alimentaria sino que dependa de una higienización insuficiente y de los servicios de atención sanitaria insatisfactorios. Además, el consumo impropio de los alimentos, las pautas desfavorables de la alimentación infantil y la presión debida a la reincidencia de las infecciones (especialmente las infecciones respiratorias agudas) y de las enfermedades (diarrea) hacen que los niños sean especialmente vulnerables a la desnutrición.

También la carencia de micronutrientes es un importante problema de salud en Zimbabwe, sobre todo la carencia de hierro, de vitamina A y de vitaminas B, especialmente la niacina. Los resultados de un estudio realizado en 1997 en cuatro provincias (Mashonaland Central, Midlands y Matabeleland Septentrional y Meridional) mostraron que los valores de la hemoglobina en el 33% de las gestantes, el 29,6% de las madres lactantes, el 17,6% de los niños en edad preescolar y el 16,5% de los varones adultos oscilaba entre 11 g/dl y 9 g/dl. En 1991, una encuesta sobre la carencia de vitamina A en la provincia de Matabeleland Septentrional indicó que el 0,6% de los niños entre 6 meses y 6 años sufría de ceguera nocturna y el 0,2% de cicatrices de la córnea. Por conducto de una financiación del UNICEF se inició un programa selectivo de complementación de vitamina A para todos los casos de sarampión.

Gracias a la yodación total de la sal en 1995 los trastornos por carencia de yodo (TCY) se han eliminado. En 1988 habían sido un importante problema de salud pública cuando la Encuesta Nacional sobre el Bocio arrojó una tasa de bocio visible de 3,7%, y una tasa de bocio total de 42,3%. Sin embargo, probablemente debido a una vigilancia ineficaz de la calidad de la sal la incidencia de la tirotoxicosis se duplicó en todas las edades entre 1991 y 1995.

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