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Ecuador
por Dr. Raul Vera |
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| 2. SUELOS Y TOPOGRAFÍA
Topografía La Sierra incluye dos cordilleras principales de las montañas de los Andes que corren en dirección norte-sur: la cordillera Occidental y la cordillera Oriental, respectivamente con cuencas inter-montanas entre ellas. La cordillera Occidental contiene el pico más alto de Ecuador, el Chimborazo de 6 267 msnm y la cordillera Oriental consiste en los pie de monte andinos y las tierras bajas orientales. Varias montañas transversales cruzan las dos cordilleras, dividiendo así a las mesetas inter-montanas en 10 cuencas. La principal montaña transversal es el Nudo de Azuay que divide la Sierra en dos sub-regiones: el área de vulcanismo moderno al norte y el área de vulcanismo antiguo al sur. La primer área consiste en montañas nuevas más altas que aquellas de la sección de vulcanismo antiguo, la cual el tiempo ha erosionado a niveles inferiores. Convencionalmente, el área localizada por encima de 3 500 msnm es identificada como el Páramo. El Oriente consiste de dos sub-regiones: los pie de monte de los Andes y las tierras bajas orientales. El pie de monte cae de una altura de 3 353 msnm hacia las tierras bajas, las cuales se extienden a una altitud de 150-300 msnm. Suelos El litoral costero, localizado entre el océano Pacífico y los Andes occidentales posee una abundancia de suelos hidromórficos particularmente en las partes bien irrigadas, los cuales tienen drenaje moderado a bajo y moderada fertilidad. Contiene suelos derivados de depósitos de diverso origen influenciados por la actividad volcánica de los Andes, el transporte eólico de las cenizas volcánicas y depósitos aluviales, todos sujetos a una intensa meteorización. En la ecozona templada de los Andes (ver ecozonas), los suelos varían dependiendo de la lluvia. Se debe destacar que la clasificación de los suelos andinos es notoriamente compleja; están disponibles detalles y equivalencias entre sistemas de clasificación (Quantin, 1986; FAO, 2001; FAO-CSIC, 2002). La porción del área templada frecuentemente clasificada como estepa espinosa de montaña baja, con precipitaciones inferiores a 500 mm incluye los siguientes suelos (León-Velarde e Izquierdo, 1993): (a) Durandept, limos arenosos, con una capa calcárea localizada sobre un duripan (capa dura) colocado a una profundidad de 70 cm; estos son suelos que si se riegan permiten una variedad de cultivos anuales, como alfalfa, avena y pasto Kikuyu; (b) Durustoll, generalmente localizados en las pendientes, sobre cenizas finas y también con un duripan por debajo; (c) Eutrandept, suelos limosos con cenizas muy finas, baja retención de agua, pH 7 y, (d) Torripsamment, suelos muy arenosos, con menos de 1 por ciento de materia orgánica y pH 8. Las fincas censadas en esta área por Ramírez et al. (1996) tenían suelos con pH 5,2 a 6,7 (la acidez se incrementa con la altitud), generalmente bajos en materia orgánica (MO), y siempre con muy bajo P (< 4 ppm). Cuando la lluvia se incrementa a 500-1 000 mm, la zona es clasificada como selva seca de montaña baja, e incluye suelos muy variables, muy frecuentemente derivados de cenizas volcánicas. Estos son limos arcillosos, suelos negros, que sostienen tapices productivos de alfalfa si son regados. La zona de selva húmeda de montaña baja se encuentra en áreas con 1 000 a 2 000 mm, y tiene suelos similares a la anterior. La ecozona templada fría se encuentra en zonas muy altas. Dentro de ella, el Páramo (o estepa alta fría) es el paisaje típico, el cual recibe entre 250-500 mm de lluvia. En términos generales, los suelos del Páramo son de origen volcánico; estos incluyen suelos derivados de cenizas volcánicas recientes, y aquellos derivados de rocas metamórficas e ígneas (Medina y Mena, 2001). Los suelos de los Páramos norte y central son generalmente Andisoles, suelos jóvenes, no diferenciados, con alto contenido de materia orgánica, con alta capacidad de retención de agua, altamente permeables y resistentes a la erosión. Sin embargo, una vez que pierden estas propiedades físicas como consecuencia de la compactación, comienzan a repeler agua. Los suelos de los Páramos del sur son generalmente Inceptisoles, derivados de rocas metamórficas, más antiguos que los anteriores, menos fértiles pero tienen menos capacidad que los primeros para inmovilizar el P. Los suelos en fincas censadas por Ramírez et al. (1996) en los Páramos tenían pH 5,8 a 6,2, alta MO (6-15 por ciento), alto K y cantidades traza de P disponible. Los suelos de las regiones interandinas están altamente erosionados (de Noni, Viennot y Trujillo, 1989-90) y se ha estimado que el 48 por ciento del territorio nacional tiene algún grado de erosión (Ecuador, 2001). Los suelos del pie de monte amazónico, en las pendientes orientales de los Andes son mayormente Inceptisoles de fertilidad baja a media (Hicks et al., 1990). De este modo, las fincas censadas por Ramírez et al. (1996) presentaban suelos con pH 5-5,8, frecuentemente alta MO (> 5 por ciento) particularmente si está asociada a drenaje pobre, P < 3 ppm y moderado a bajo K. En las planicies de las tierras bajas se reconocen tres tipos principales de suelos (Estrada et al., 1988): (a) suelos arenosos aluviales en las porciones planas a lo largo de los ríos, estacionalmente cultivados con una variedad de cultivos; (b) suelos negros, volcánicos, fértiles, en las planicies localizadas al norte del río Napo y (c) Ultisoles rojos en sierras quebradas, característicamente ácidos y de baja fertilidad. |
| 3. ZONAS CLIMÁTICAS Y
AGRO-ECOLÓGICAS El área de la Costa presenta un clima tropical húmedo (Ecuador, 2001). Las temperaturas de la región oscilan entre 23 ºC en el sur y 26 ºC en el norte. Aunque los cambios estacionales en temperatura no son pronunciados, el período más cálido ocurre durante la estación lluviosa, especialmente de febrero a abril. Cerca de Guayaquil, los meses más frescos son agosto y setiembre. La lluvia disminuye de norte a sur, cambiando la vegetación desde la selva lluviosa tropical en el norte a las sabanas tropicales y el desierto en el sur. Estos fenómenos están asociados con la Corriente de Humboldt y apariciones periódicas de El Niño. Cuando la Corriente de Humboldt es dominante, la cantidad de precipitaciones a lo largo de la costa varía de norte a sur, con niveles oscilando desde 3 000 a 300 mm. Las dos estaciones lluviosas en la parte más al norte de la costa se transforman en una única estación (diciembre a junio) en el sur. Cerca de Esmeraldas, la precipitación media anual es de 2 500 mm. La estación lluviosa se acorta más hacia el sur, durando solamente desde enero a mayo en Guayaquil. Muy poca lluvia ocurre en el extremo de la península de Santa Elena al oeste de Guayaquil. Condiciones áridas prevalecen en la frontera con Perú al sur del golfo de Guayaquil. Separada de los efectos de las corrientes oceánicas por las montañas costeras, la parte interna del área de la Costa tiene un clima cálido y húmedo. Las temperaturas pueden superar los 26 ºC, y la vegetación y la cobertura de nubes tienden a retener y aumentar el calor. La lluvia es constante durante los meses invernales de diciembre a mayo, con las lluvias más fuertes ocurriendo en febrero y marzo. Las temperaturas en la Sierra no presentan gran variación, con el mes más cálido promediando 16 ºC y el mes más fresco con 13 ºC, en las partes más altas. Las temperaturas diurnas varían marcadamente desde mañanas frías hasta tardes cálidas. El sol casi vertical y el aire enrarecido en la región más alta de la Sierra permiten a la tierra calentarse rápidamente durante el día y perder calor rápidamente en la noche. Las mañanas son típicamente brillantes y soleadas, mientras que las tardes son nubladas y lluviosas. En general, la lluvia es mayor en localidades expuestas a bajas altitudes. La lluvia puede variar localmente. La región interandina tiene una estación lluviosa que se extiende desde octubre a mayo y los meses más secos van de junio a septiembre con máximos de 1 500 a 2 000 mm a lo largo de las montañas y 500 mm en algunos valles interiores. Los valles resguardados normalmente reciben 500 mm por año, mientras que la lluvia anual es de 1 500 mm en Quito y puede alcanzar 2 500 mm en ciertas pendientes expuestas a los vientos. El clima en la Sierra está dividido en niveles basados en la altitud. El nivel tropical comprendido entre 400 a 1 800 m tiene temperaturas que oscilan entre 20 y 25 ºC y fuertes precipitaciones. El nivel sub-tropical entre 1 800 y 2 500 m tiene temperaturas desde 15 a 20 ºC y moderadas precipitaciones. El nivel templado entre 2 500 y 3 200 m tiene una temperatura durante todo el año comprendida entre 10 y 15 ºC una lluvia anual de 1 000 mm. El nivel templado experimenta tormentas de lluvia, tormentas de granizo y niebla. La estación lluviosa («invierno»), dura desde enero hasta junio, y la estación seca o verano desde julio a diciembre. La mayor parte de la lluvia cae en abril. Hay también un período lluvioso corto a comienzos de octubre causado por la humedad que penetra en la Sierra desde el Oriente. Quito y muchas otras áreas pobladas en la Sierra están en este nivel templado. El nivel frío se extiende desde la zona templada hasta 4 650 msnm. Aquí, la temperatura media está entre 3 y 9 ºC, y la precipitación a menudo aparece en forma de lluvia, granizo o niebla densa. Por encima de 4 650 msnm está el nivel helado, donde los picos están constantemente cubiertos de nieve y hielo, y las temperaturas oscilan entre bajo cero y 3 ºC. La precipitación ocurre en forma de nieve, niebla o lluvia. Las tierras bajas orientales tienen un clima ecuatorial. La lluvia es abundante, especialmente en los pie de monte andinos, a veces excediendo los 5 000 mm por año. Las temperaturas promedian los 25 ºC en las partes occidentales de esta región. Las planicies de las tierras bajas orientales cubiertas de jungla registran altos niveles de lluvia (> 2 500 mm) y temperaturas que sobrepasan 28 ºC.
Los tipos de vegetación están relacionados a las condiciones climáticas y, en particular, a la lluvia. La clasificación de los tipos de vegetación varía entre países y también entre autores, pero está disponible un glosario (Huber y Riina, 1997). Se identifican los siguientes tipos (ver Figura 2: Ecozonas de Ecuador):
Dependiendo de la altitud, los suelos y la lluvia, ocurren una variedad de sistemas de producción, resumidos en la Figura 4; en términos generales, la leche fue el producto más importante en términos de valor de producción a lo largo de la década de 1990.
Figura 4. Sistemas de cultivo en los altos Andes Las tierras bajas de la Costa son usadas para plátano, cacao, café, arroz, algodón y caña de azúcar. Partes importantes de la costa del Pacífico y de los manglares son dedicados a la producción de langostinos. Algunos de los cultivos previos se extienden a los pisos inferiores de la Sierra, junto con el maíz. Por encima de 1 800 msnm, predominan cereales templados, frutales y cultivos hortícolas, mientras que la ganadería extensiva, principalmente la producción de ovinos y camélidos sudamericanos, es practicada por encima de los 3 500 msnm. |
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| 4. SISTEMAS
DE PRODUCCIÓN DE GANADO RUMIANTE Los sistemas de producción que incluyen rumiantes cubren cerca de la mitad del territorio nacional (Thornton et al., 2002). Esta estimación incluye sistemas mixtos de secano (32 por ciento del territorio), sistemas basados en campo natural (10-11 por ciento), y sistemas mixtos irrigados (8 por ciento). Los sistemas de producción varían algo entre zonas agroecológicas, pero una característica de Ecuador es la predominancia general de los sistemas de doble propósito sobre los sistemas cárnicos y lecheros. Como ocurre en todos los otros países de América Latina tropical, estos sistemas utilizan ganado cruza (Bos indicus x Bos taurus) resultante de cruzamientos diversos, incontrolados, entre Zebu, Creole, Hostein y Brown Swiss. Las vacas son ordeñadas generalmente a mano una vez al día con el ternero al pie para permitir bajar la leche. Luego del ordeñe, al ternero se le permite mamar y permanece con la vaca desde el ordeñe de la mañana hasta media tarde cuando los terneros son encerrados y las vacas generalmente son dejadas a pastorear. La cantidad de leche ordeñada de este modo raramente excede los 5 kg por día durante lactaciones que se pueden extender entre 150 y 350 días o más, dependiendo de las necesidades financieras del hacendado, el potencial lechero de la vaca y los recursos forrajeros disponibles. Constituye un sistema muy flexible en el cual si temporariamente la leche no puede ser llevada a los mercados locales o transformada en queso, es utilizada por el ternero para ganar peso. Los sistemas de doble propósito predominan en el área de la Costa, donde se estima que se preactica en el 75 por ciento de las fincas (Ramírez et al., 1996), mientras que el resto tienen sistemas de cría de ganado de carne basados en razas de Bos indicus. En general, todo el ganado pastorea directamente las pasturas disponibles y puede ser suplementado con forraje cortado (pasto elefante, caña de azúcar, etc.) durante la parte seca del año. Datos a nivel de finca (Ramírez et al., 1996) muestran que la producción de leche para la venta (o para hacer queso) es generalmente baja (3-4 kg/vaca/día). Similarmente, en los sistemas ganaderos la ganancia de peso de los novillos de un año no excede los 400 g/cabeza/día. Los sistemas de doble propósito también ocurren en la mayor parte de la región andina, debajo de 2 500 hasta 3 500 msnm. Los rendimientos por vaca son igualrmente bajos, la edad al primer parto generalmente excede los 36 meses y el intervalo entre partos es largo (> 450 días). La leche de la mayoría de estos sistemas es convertida en queso y los residuos se usan para alimentar a los cerdos. A medida que aumenta la altitud, los ovinos y los cuises pasan a ser parte de los animales criados por los hacendados, siendo los cuises y las aves principalmente destinados al consumo familiar. Sin embargo, en las partes más favorecidas, al norte de los Andes, los sistemas de producción son generalmente mixtos y más productivos, incluyendo 70-80 por ciento del área bajo pasturas y los cultivos como las papas, cereales, maíz y porotos, en orden decreciente de importancia, hacen la diferencia sin embargo, la base es generalmente leche-papa, con una alta proporción de ganado lechero Holstein puro o cruza. El sistema leche-papa es también característico de las partes bien irrigadas de los Andes en Perú, Colombia y Venezuela; están disponibles caracterizaciones detalladas (por ejemplo, Proaño y Paladines, 1998). Un resumen de los numerosos proyectos de investigación en fincas (Estrada, Paladines y Quiroz, 1997) indica que los rendimientos de papa varían entre 20 toneladas/ha en lotes sin fertilizar y 30-35 toneladas/ha en campos bien manejados y fertilizados. Los rendimientos de forraje en pasturas sembradas oscilan actualmente entre 4 y 10 toneladas MS/ha. Sin embargo, estos rendimientos potenciales están severamente limitados por un número de factores socioeconómicos. En 1998, el sistema leche-papa ocupaba 2 000 000 ha en la Sierra, incluyendo 67 000 ha con papas y 1 940 000 ha con pasturas (CONDESAN, 2000) y contribuía con 5,5 kg/vaca/día de leche y 7,5 toneladas/ha de papas, estas últimas para consumo familiar. La parte norte de la Sierra (norte de Quito hasta la frontera con Colombia) es la más favorecida en términos de suelos y lluvia; históricamente fue relativamente menos modificada por la intervención humana. Las actividades agropecuarias importantes incluyen la producción de cereales, papas, ajo, cebollas, leche y ovinos, con la leche incrementándose en importancia hacia los valles, en competencia con la floricultura (Recharte y Gearheard, 2001). Al sur de Quito, en la Sierra, la lluvia disminuye. Esta área concentra un gran número de comunidades indígenas que cultivan trigo, cebada y papas a 3 200-3 800 msnm, en estrecha asociación con un pequeño número de bovinos y ovinos, mientras que a mayores altitudes se practica pastoreo extensivo de la vegetación del Páramo (ver Figura 3 y www.paramo.org\coppusetal-eser.doc). Los rumiantes juegan en estos sistemas un papel importante, entre otros, por el suministro de abono para los cultivos (Recharte y Gearheard, 2001). Al norte de la frontera con Perú, la Sierra es seca y los suelos son más superficiales; en el extremo sur existen grandes haciendas, evolucionando a sistemas mixtos pequeños a medianos en dirección norte. Los Andes altos están mayormente habitados por comunidades indígenas. Las actividades en la finca generalmente proveen 40-90 del ingreso familiar, con la leche comprendiendo el 20-70 por ciento del mismo, lo que depende de la comunidad específica y de la ubicación (Candill, Bremner y Vohman, 2001). El empleo fuera de la finca es esencial para el mantenimiento de los establecimientos, debido a que han sido tan altamente subdivididos (a través de sucesivas generaciones) que muchos de ellos son marginalmente viables, particularmente cuando estas comunidades sufren una rápida transición a la economía de mercado. A medida que la altitud sigue aumentando, generalmente por encima de 3 500 msnm, raramente se crían bovinos, mientras que los ovinos, los camélidos sudamericanos y los cuises se hacen relativamente más importantes. En ciertas áreas, en grandes establecimientos, los toros de lidia pueden ser importantes. Los sistemas de producción en estas altitudes hacen un uso intensivo de las partes más favorecidas para cultivar cebada, papas y habas, mientras que los rumiantes y los camélidos son criados extensivamente en los campos naturales del Páramo. Las vicuñas (salvajes) se encuentran generalmente por encima de 4 300 msnm, mayormente en reservas naturales. Las llamas están concentradas en la porción central de la Sierra y son usadas por las comunidades indígenas como fuente de carne, cuero, abono y para carga. Las alpacas fueron introducidas desde Chile y Perú en 1985. La mayor parte de ellas se encuentran en una reserva natural, pero se están popularizando entre los productores privados. Una característica peculiar de los sistemas de cría de ganado en los Andes es la frecuencia del «sogueo», una forma de atadura a través de la cual el ganado es atado individualmente con una soga larga a una estaca colocada en el potrero, de donde es movido diariamente o más frecuentemente. Esto implica por supuesto un manejo del pastoreo (y de trabajo) muy intensivo practicado en el 27 por ciento de las fincas. Es más común en las fincas pequeñas, y su uso decrece desde 35 por ciento en el sector pequeño a 6 por ciento en las fincas grandes (SICA/MAG, 2002). En el pie de monte de la cuenca amazónica el ganado es el soporte principal de la economía rural. Ramírez et al. (1996) estimaron que el 95 por ciento del ingreso familiar es provisto por el ganado, con contribuciones menores de la caña de azúcar, banana, plátano y otros cultivos. Dependiendo de la localidad, puede predominar el doble propósito o el ganado de carne. El ganado es pastoreado todo el año, con muy poca o ninguna suplementación. Los rendimientos son similares a aquellos ya mencionados, y en fincas bien dotadas, la dotación oscila entre 1 y 2 UG/ha. En las tierras bajas de la cuenca amazónica (< 450 msnm, > 3000 mm de lluvia) las fincas de los colonos promedian 40-50 ha (Estrada et al., 1988), 5-15 ha de las cuales pueden ser pasturas y 1-5 ha están bajo café y/o cacao, estando el resto bajo selva. Durante la década de 1980 y comienzos de 1990 las pasturas estaban constituidas por pasto elefante y Brachiaria decumbens, pero Brachiaria humidicola se incrementó rápidamente a fines de esa última década. Como en muchas de las tierras bajas tropicales, la relativa escasez de ganado implica que las dotaciones de ganado de carne o doble propósito raramente exceden 1 cabeza/ha, aunque los datos experimentales sugieren que Brachiaria humidicola debería ser capaz de soportar por lo menos 2 cabezas/ha. |
| 5. EL RECURSO PASTORIL De acuerdo con los datos del censo (SICA/MAG, 2002) las tierras agropecuarias de Ecuador en 1999-2000 alcanzaban a 12 400 000 ha, 27 por ciento de las cuales estaban bajo pasturas sembradas, 9,1 por ciento bajo pasturas nativas, 4,9 cubierta por páramos y 3 por ciento bajo barbecho. Si todos estos elementos son considerados recursos pastoriles, cerca de la mitad de la tierra utilizable estaba disponible para pastoreo. Aunque los datos revelan que hay una tendencia de las fincas más grandes a tener mayor proporción de la tierra cubierta por los recursos anteriores, aún las fincas con menos de 5 ha dedican 32 por ciento de la tierra al pastoreo y 24 por ciento a pasturas sembradas y naturales. En las fincas con más de 200 ha estos porcentajes se incrementan a 48 y 32 por ciento, respectivamente. La Sierra y la Costa tienen 51 y 36 por ciento de las existencias ganaderas de Ecuador, respectivamente, mientras que el resto se encuentra en Oriente. El ganado está distribuido en forma homogénea a través de los distintos tamaños de finca, oscilando muy poco entre 12 por ciento de las existencias en fincas de 100-200 ha a 19 por ciento en fincas de 20-50 ha; fincas con menos de 5 ha tienen el 17 por ciento de las existencias ganaderas. Los datos previos muestran la extrema importancia de la cría de ganado en Ecuador a través de regiones y tamaños de finca. El área de pasturas sembradas, nativas y naturalizadas en Ecuador ha sido estimada entre las 5 510 000 ha citadas en SICA/MAG (2002) y en la base de datos de FAO y las 6 500 000 ha citadas por algunos analistas (Hervas, 1985). Estas se distribuyen como sigue: 3 070 000 ha en el área costera (48 por ciento), 180 000 ha (3 por ciento) en la cuenca amazónica, 1 865 460 ha en los páramos altos (29 por ciento) y 883 400 ha de pasturas naturalizadas donde Pennisetum clandestinum (pasto Kikuyu) es un contribuyente muy importante (14 por ciento); las pasturas sembradas, incluyendo la alfalfa (De acuerdo con los datos del censo (SICA/MAG, 2002) las tierras agropecuarias de Ecuador en 1999-2000 alcanzaban a 12 400 000 ha, 27 por ciento de las cuales estaban bajo pasturas sembradas, 9,1 por ciento bajo pasturas nativas, 4,9 cubierta por páramos y 3 por ciento bajo barbecho. Si todos estos elementos son considerados recursos pastoriles, cerca de la mitad de la tierra utilizable estaba disponible para pastoreo. Aunque los datos revelan que hay una tendencia de las fincas más grandes a tener mayor proporción de la tierra cubierta por los recursos anteriores, aún las fincas con menos de 5 ha dedican 32 por ciento de la tierra al pastoreo y 24 por ciento a pasturas sembradas y naturales. En las fincas con más de 200 ha estos porcentajes se incrementan a 48 y 32 por ciento, respectivamente. La Sierra y la Costa tienen 51 y 36 por ciento de las existencias ganaderas de Ecuador, respectivamente, mientras que el resto se encuentra en Oriente. El ganado está distribuido en forma homogénea a través de los distintos tamaños de finca, oscilando muy poco entre 12 por ciento de las existencias en fincas de 100-200 ha a 19 por ciento en fincas de 20-50 ha; fincas con menos de 5 ha tienen el 17 por ciento de las existencias ganaderas. Los datos previos muestran la extrema importancia de la cría de ganado en Ecuador a través de regiones y tamaños de finca. El área de pasturas sembradas, nativas y naturalizadas en Ecuador ha sido estimada entre las 5 510 000 ha citadas en SICA/MAG (2002) y en la base de datos de FAO y las 6 500 000 ha citadas por algunos analistas (Hervas, 1985). Estas se distribuyen como sigue: 3 070 000 ha en el área costera (48 por ciento), 180 000 ha (3 por ciento) en la cuenca amazónica, 1 865 460 ha en los páramos altos (29 por ciento) y 883 400 ha de pasturas naturalizadas donde Pennisetum clandestinum (pasto Kikuyu) es un contribuyente muy importante (14 por ciento); las pasturas sembradas, incluyendo la alfalfa (Medicago sativa) y otras forrajeras templadas cubren cerca de 400 000 ha. Pasturas costeras Ramírez et al. (1996) describen un estudio reciente sobre pasturas en una subregión del área costera, localizada a 150-260 msnm, entre latitudes de 0° 11’ S y 0° 28’ S, temperatura media de 25 ºC y lluvia de 1 560 a 2 000 mm. El área examinada incluía 55 000 ha de pasturas sembradas, 95 por ciento de las cuales eran Panicum maximum y 5 por ciento Cynodon nlemfluensis con una presencia característica de Desmodium sp. nativo y algunas malezas de hoja ancha como Sida acuta entre otras. A través de 11 sitios experimentales en finca, los rendimientos de la parte aérea promedio de tres años fueron estimados en 15 400 kg MS/ha/año, con dos tercios producidos en la estación húmeda. Este rendimiento anual fue cerca de 50 por ciento menor del obtenido bajo condiciones controladas, bien manejadas en un cercana estación experimental de investigación. Cortes realizados a intervalos de 60 días durante la estación húmeda y a 78 días en la estación seca, mostraron porcentajes de proteína cruda de 10,4 y 7,2 y porcentajes de DMSIV (digestibilidad de la materia seca in vitro) de 55 y 52,8, respectivamente. Los rendimientos de leche fueron registrados en una submuestra de dos fincas que tenían sistemas de doble propósito. Como en otras áreas, los rendimientos de leche promediaron 3 kg/vaca en ordeñe/día durante todo el año usando dotaciones de 1,5-1,8 vacas/ha. Los autores consideran que las dotaciones pueden ser incrementadas significativamente si las previsiones para la alimentación estival están disponibles, dado que los hacendados cargan sus pasturas basados en la capacidad de carga predicha para la estación seca. Las ganancias de peso en sistemas de producción de carne de siete fincas promediaron 0,35 kg/novillo/día, también valores típicamente altos para sistemas tropicales en las tierras bajas de América Latina. Comentarios similares referidos a la eficiencia de la utilización de pasturas se aplican a los sistemas de doble propósito. El potencial de estas pasturas bajo condiciones óptimas ha sido determinado en experimentos controlados de pastoreo, conducidos a nivel de estación experimental. Ramírez et al. (1996) informaron que las capacidades de carga en Panicum maximum solo o en mezcla con leguminosas (especialmente Centrosema pubescens, contribuyendo con 40 por ciento de la composición botánica) fueron de 4 y 2,5 novillos /ha para la estación lluviosa y de 3,5 y 2 cabezas/ha para la estación seca, respectivamente. Pasturas andinas La ecozona templada andina A similares altitudes, pero con lluvias oscilando desde 500 a 1 000 mm, la región incluye un gran número de valles que, aunque representan solo el 3 por ciento del área del país, son extremadamente importantes desde el punto de vista de la densidad de población y de las actividades agrícolas y pecuarias. Aquí el principal recurso forrajero es la alfalfa cuando el riego está disponible, seguido por el pasto Kikuyu y el lupino (Lupinus spp.) en un mosaico variable de uso de la tierra que incluye trigo, cebada, porotos, frijoles cometodo y varias otras hortalizas. En otros numerosos valles de similar altitud pero con precipitaciones por encima de 1 000 mm, la producción de leche está basada en pasto Kikuyu, raigras, Melinis minutiflora y Panicum coloratum, frecuentemente localizada en sistemas mixtos de producción que incluyen papas, maíz y trigo. Ramírez et al. (1996) describen estudios llevados a cabo en un área de la parte seca de la ecozona templada, con 6-8 meses de estación seca. El área de estudio cubrió 87 000 ha a latitudes de 3º 59’ a 4º 26’ S, y entre longitudes de 79º 18’ a 79º 37’ W. Las fincas promediaron 53 ha, con 31 por ciento de esta área bajo pasturas y 50 por ciento en barbecho usado para pastoreo y dominado por Paspalum Humboldteanum y pasto Kikuyu bajo una cubierta rala de árboles de Acacia sp. y Mimosa sp. Se llevó a cabo una caracterización más detallada de 13 fincas localizadas entre 1 600 y 2 400 msnm dentro de esta área, y con pendientes oscilando entre 10 y 65 por ciento. Cinco de las 13 fincas disponían de riego. Las pasturas nativas y naturalizadas estaban compuestas por gramíneas (88 por ciento, P. Humboldteanum y/o Kikuyu), leguminosas (6 por ciento) y malezas de hoja ancha (6 por ciento). Las pasturas fueron utilizadas para pastorear ganado doble propósito. Las pasturas no regadas rindieron en promedio 2 548 kg MS/ha/año (rango 500-7 000), y los rendimientos estuvieron inversamente relacionados a la pendiente (r=-0,62, P<0,05). El pisoteo del ganado en la estación lluviosa deja manchones de suelo desnudo, el tamaño de los cuales estuvo positivamente relacionado a la pendiente (r=0,65, P<0,05). El pasto rey (Pennisetum purpureum x P. typhoides), con riego, usado para proveer forraje para corte y acarreo, rindió 15-18 toneladas Ms/ha/año, mientras que sin riego los rendimientos cayeron a 6-8 toneladas. Quince fincas promediando 26 ha cada una, localizadas a altitudes de 3 000 a 3 500 msnm y con pendientes oscilando de 0 a 55 por ciento, tenían 71 por ciento de su área bajo pasturas. La mitad del área de pasturas estaba bajo asociaciones naturalizadas y sembradas de Dactylis glomerata-Lolium multiflorum-Trifolium repens y 37 por ciento bajo poblaciones nativas de Kikuyu, Holcus lanatus y Paspalum pigmaeum. En este caso, los rendimientos de parte aérea oscilaron desde 4 toneladas de MS/ha/año en pasturas de Paspalum pigmaeum hasta 15 toneladas en lotes bien manejados de alfalfa. Estos resultados coinciden con un estudio conducido a través de 17 sitios por Paladines y Jácome (1999) quienes midieron la producción de materia seca en cercamientos colocados en una variedad de pasturas en el extremo norte de los Andes (Carchi). Los componentes de la pastura incluían todas las especies nombradas arriba en varias proporciones. Los autores encontraron que 93 por ciento de la variación en rendimiento (oscilando entre 3 y 18 toneladas de MS/ha) fue explicada por solamente dos variables: horas de riego aplicadas por mes y densidad aparente del suelo la cual tenía un efecto negativo sobre los rendimientos. La ecozona fría templada andina El primero de estos subtipos son las estepas secas, con < 500 mm de lluvia distribuidos en 10 meses. Los meses secos son julio y agosto. El área ha sido estimada cubriendo un 0,4 por ciento del país Ecuador. Los sistemas extensivos de producción ovina hacen uso de estas pasturas, las cuales están basadas en una variedad de especies de Festuca, Agrostis, Poa, Bromus, Calamagrostis, Stipa (esèecíficamente Stipa ichu) y Lupinus spp. El segundo subtipo, húmedo, recibe 500-1 000 mm de lluvia y constituye cerca del 4 por ciento del área superficial de Ecuador. La lluvia está distribuida a lo largo de todo el año y la evapotranspiración a esta altitud es muy baja. Las pasturas están dominadas por especies de Stipa, Calamagrostis y Festuca, y constituyen el principal uso de la tierra. La ganadería, tanto para carne como para leche, constituye el principal soporte de la economía de estas regiones. Ramírez et al. (1996) ó sobre estudios que apuntaban a caracterizar las pasturas nativas por encima de 3 500 msnm, con lluvias de 500-1 000 mm y pendientes >12 por ciento, donde la temperatura media oscilaba entre 3 y 12 ºC. Calamagrostris sp. dominaba las pasturas (>35 por ciento de la composición botánica) localizadas a altas altitudes dentro de la región, mientras que las áreas más bajas se caracterizaban por mezclas de Bromus sp., Holcus lanatus, Poa sp., Stipa ichu, Festuca pratensis y otras. Las áreas con lluvias por encima de los 1 000 mm (más del 4 por ciento de Ecuador) son extremadamente húmedas y los humedales abundan. Las áreas mejor drenadas así como las pendientes son dominadas por las mismas especies citadas anteriormente, pero la industria animal aquí es marginal. Pasturas introducidas en los Andes Pasturas de la región oriental Las pasturas en las tierras bajas son mucho menos comunes. Estrada et al. (1988) estudiaron fincas localizadas en el área hasta 450 msnm, promediando más de 3 000 mm de lluvia y con el mes más seco promediando 140 mm. Las fincas tenían una media de 46 ha cada una, incluyendo 4-11 ha bajo pasturas. El pasto elefante y Brachiaria decumbens eran las dos especies más importantes, aunque Brachiaria humidicola se estaba expandiendo a expensas de la última. La escasez de ganado probablemente explicaba porque la dotación promedio era de solo 0,93 cabezas/ha, cuando los resultados experimentales sugieren que Brachiaria humidicola puede soportar hasta 2 cabezas/ha. |
| 6. OPORTUNIDADES PARA EL MEJORAMIENTO DE LOS RECURSOS FORRAJEROS
Indudablemente, las limitantes más difíciles son enfrentadas por las pasturas de los Andes altos, particularmente en las partes secas de la cadena montañosa. En Ecuador la coordinación comunal indígena es importante. Por lo tanto, las iniciativas de desarrollo rural pueden ser efectivamente sostenidas por estas organizaciones, pero una dificultad mayor enfrentada son las limitadas opciones económicas disponibles, un tema discutido extensamente por Bebbington (1996) desde el punto de vista institucional. Como se indicó antes, la mayor limitación es la disponibilidad forrajera, seguida de cerca por la calidad forrajera, en un ambiente donde el crecimiento está severamente limitado por bajas temperaturas y lluvia, haciéndose así muy lenta la restauración de las pasturas. Cuando se dispone de riego estratégico, estas limitaciones pueden ser superadas recurriendo a la suplementación de los animales con pasturas sembradas. Los rendimientos de alfalfa y de raigrás-alfalfa, así como los de pasturas basadas en trébol blanco pueden ser razonablemente altos y las respuestas a N y P también son altas. Sin embargo, una limitación a mayor nivel en la aplicación de esta soluciones es la falta de políticas favorables, crédito y servicios de asesoramiento, así como la inaccesibilidad de muchas partes de los Andes altos. Las pasturas nativas andinas, particularmente en el Páramo, han sido sobre pastoreadas y sobreexplotadas por décadas o centurias. Dadas las severas condiciones climáticas, la inversión de esta situación, si fuera factible, es solo posiblea largo plazo y si existen políticas adecuadas. Las políticas deben de tener en cuenta la valoración de su biodiversidad y los servicios ecológicos que ellas ofrecen. Se debería hacer notar que 9 de las 34 ecorregiones de América Latina clasificadas como globalmente sobresalientes en peculiaridad biológica son pasturas (White et al., 2000), y una de ellas es el Páramo del norte andino de Ecuador (compartido con Colombia), así como el Páramo central andino (compartido con Perú). Estos son desafíos que permanecen para ser enfrentados por los cuerpos gubernamentales, una propuesta difícil en vista de más inmediatas preocupaciones en la promoción de cultivos de exportación de alto valor y otros bienes mayormente producidos en las tierras bajas. Parecería que el balance entre retornos inmediatos y beneficios a largo plazo tendría que ser examinado a través de la simulación de escenarios de desarrollo alternativo, desde que la investigación de campo a largo plazo solo ofrecerá soluciones en un tiempo más prolongado. En las áreas templadas de los Andes, donde las gramíneas y leguminosas templadas tradicionales (Lolium sp., alfalfa, trébol blanco, etc.) han sido usadas por décadas, la introducción y evaluación continuada de variedades y especies debería proveer una corriente permanente de materiales mejorados. Probablemente se requieran mejores prácticas de manejo, incluyendo aquellas referidas a la conservación de forraje, pero este es un proceso que se está cumpliendo en cierta medida y que probablemente explique el relativamente rápido aumento en la producción láctea del país. Las oportunidades para el mejoramiento de los recursos forrajeros son, sin embargo, mucho más abundantes y factibles a lo largo del área costera. Desde que esta es la región que produce una porción substancial de los bienes de exportación (bananas, plátanos, cacao) así como de consumo local (leche, carne), la capacidad de gestión y las actitudes ya se encuentran en el lugar lo cual haría que el mejoramiento de pasturas y el manejo animal fueran factibles y relativamente fáciles. En buena medida esto ya está sucediendo como lo atestigua la rápida expansión del sector lechero en est área así como en altitudes intermedias y valles de la región andina. Está disponible un número relativamente grande de alternativas técnicas, tanto generadas localmente como provenientes de regiones comparables de otros lugares de América Latina tropical. Estas incluyen la introducción de leguminosas persistentes como Arachis pintoi, y un grupo más variado de especies y variedades de gramíneas. La adopción de leguminosas forrajeras tropicales es reconocidamente muy baja, pero en contraste, la más rápida adopción de algunas de estas mismas leguminosas como cultivos de cobertura debajo de cacao, café y plátanos podría eventualmente extenderse a las pasturas. |
| 7. ORGANIZACIONES
DE INVESTIGACIÓN Y DESARROLLO Y RECURSOS HUMANOS El instituto nacional de investigación de Ecuador es el Instituto Nacional Autónomo de Investigaciones Agropecuarias, INIAP. Este instituto opera siete estaciones experimentales, en las tres principales ecozonas, a saber la Costa, Sierra y Oriente y además incluye el Departamento Nacional de Recursos Fitogenéticos y Biotecnología, DENAREF; este opera bajo la égida del INIAP llevando a cabo recolección de germoplasma, investigación, entrenamiento, promoción y la provisión de asesoramiento científico y técnico e información. El INIAP, como muchos de los institutos nacionales de investigación de la región, tuvo un presupuesto en disminución desde mediados de la década de 1980, y el financiamiento es crecientemente canalizado a través de una fundación, FUNDAGRO (Fundación para el Desarrollo Agropecuario), la cual recibe fondos tanto públicos como privados. En 1992 el INIAP se transformó en un instituto descentralizado, autónomo y tiene su propia fundación para asegurarse los fondos. FUNDACYT (Fondo de Desarrollo de la Ciencia y la Tecnología) es un fondo financiado por el gobierno para apoyar algunos aspectos de investigación, en particular, el desarrollo de recursos humanos. La coordinación de la Red de Pastizales Andinos está basada en Quito. Ha realizado una considerable cantidad de trabajo con el apoyo financiero de varias fuentes, y actualmente funciona en el ámbito del Consorcio para el Desarrollo Sustentable de la Ecoregión Andina (CONDESAN), el cual a su vez es albergado por el Centro Internacional de la Papá (CIP), en Lima, Perú. En adición a las instituciones señaladas arriba, un gran número de institutos internacionales y universidades han tenido proyectos ocasionales en Ecuador, particularmente en la zona de la Sierra, en cooperación con universidades nacionales y regionales y con organizaciones no gubernamentales. Muchos de estos proyectos han coincidido en la provincia de Carchi (norte de Quito), donde una gran cantidad de información fue y está siendo generada en el área húmeda altoandina. |
8. REFERENCES
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| 9. CONTACTS INIAP, Instituto Nacional Autónomo de Investigaciones Agropecuarias (=Autonomous National Institute for Agricultural Research) Casillas Postal 1717 http://www.iniap-ecuador.gov.ec/
El autor de este perfil, Raúl R. Vera, trabajó 16 años en Colombia como Investigador Principal, y luego Líder del anterior Programa de Pasturas Tropicales, y del Programa de Tierras Bajas Tropicales del CIAT, Centro Internacional de Agricultura Tropical. Puede ser contactado en: Raúl R. Vera [Este perfil fue preparado en diciembre de 2002/enero de 2003 y fue editado por J.M. Suttie y S.G. Reynolds en enero de 2003] [Este perfil fue traducido por Cadmo Rosell y Francisco .A. Mandl en diciembre de 2004] |