|
5. EL RECURSO PASTORIL
Los escasos datos de los primeros colonizadores permiten extraer algunas
inferencias sobre la vegetación original. La población primitiva, ya sea
por la caza para su alimentación o los conflictos entre tribus, causó
cambios en la vegetación mediante el uso del fuego, dado que los herbívoros
existentes eran pequeños comparados con los actuales vacunos y equinos
de los cuales el más importantes era el venado (Ozotocerus besoarticus);
también coexistía un ave mayor como el ñandú (Rhea americana).
Los venados vivían junto con los vacunos pero eran desplazados por los
ovinos, por lo tanto el número existente de venados es muy bajo y se encuentra
en áreas protegidas. El ñandú, un ave herbívora corredora de 1,5 m de
altura, vive actualmente en los campos junto a vacunos, ovinos y equinos,
particularmente donde la agricultura no está desarrollada.
La vegetación climax, hipotéticamente, antes de la introducción de los
vacunos y equinos, debería haber tenido una proporción más grande de matorrales
y arbustos, particularmente del género Baccharis. En ciertos hábitat
húmedos, pueden prevalecer hierbas altas y pastos, comúnmente llamados
«pajonales».Generalmente el campo debería haber tenido más humedad debido
a la acumulación de material muerto de hierbas grandes de hoja ancha y
matorrales que deberían detener el escurrimiento del agua de lluvia, mientras
que la cobertura de paja protegería al suelo del estrés de agua, manteniendo
de este modo a los excesos de humedad por períodos mucho más largos. Las
especies nativas anuales y las hierbas pequeñas de hoja ancha tienen probablemente
un origen rupestre; actualmente las especies anuales más frecuentes son
exóticas.
Los vacunos y equinos fueron los primeros grandes herbívoros domésticos
introducidos al país por Hernandarias en 1611. Los ovinos aumentaron a
mediados del siglo XIX. La acción humana, a través de la introducción
de animales domésticos al sistema de praderas naturales, ha causado cambios
en la vegetación de modo que el pastoreo es el principal factor que mantiene
a los campos en una fase seudoclimácica herbácea.
El estado presente de las pasturas naturales esta lejos de su potencial.
En el climax habría una predominancia de matorrales y pastos altos de
baja palatabilidad y valor nutritivo; aunque pueden ser biológicamente
productivos, estarían pobremente adaptados para alimentar vacunos y equinos.
Por lo tanto, la situación presente de disclimax pastoral parece estar
más adaptada para alimentar animales en pastoreo.
En esta situación de disclimax pastoral, los suelos que nunca han sido
cultivados pueden sufrir degradación particularmente con altas dotaciones.
Se pueden recuperar, excepto en situaciones extremas de degradación de
suelos empobrecidos y erosionados, mediante la exclusión del pastoreo
por largos períodos y con un subsecuente manejo cuidadoso. La aplicación
de bajas dosis de fertilizantes inorgánicos y la introducción de leguminosas
en algunos de estos estados permite llevar a la pastura a una mejor condición.
Cuando las áreas que han sido pastoreadas durante siglos son excluidas
del pastoreo, ocurren cambios en su composición florística. En un área
que había sido protegida desde 1984, se observó el inicio de pastos cespitosos,
y una disminución de los más pequeños; también comenzaron a crecer sub-arbustos
y matorrales como Eupatorium buniifolium, Baccharis articulata, Baccharis
spicata y Baccharis trimera, mientras que Baccharis coridifolia
disminuyó debido a que prospera cuando los pastos están debilitados por
el pastoreo. Luego de seis años se registró Baccharis dracunculifolia,
un matorral de 3 m de alto, con ramas fácilmente quebrantables por los
animales domésticos. La población de Baccharis articulata persistió
por unos cinco años, cuando las plantas murieron casi simultáneamente;
luego de un período similar la población se restableció y murió otra vez
y actualmente se están desarrollando plantas nuevas. Los individuos originales
de Eupatorium buniifolium persisten y también hay individuos jóvenes.
El tamaño de las matas de pasto aumentó y el número de individuos como
Stipa neesiana, Paspalum dilatatum, Rottboellia selloana y Schyzachyrium
microstachyum decreció. Pastos de muy baja frecuencia y escasa floración
bajo condiciones de pastoreo, como Paspalum indecorum, Schizachyrium
imberbe y Digitaria saltensis, muestran un gran desarrollo en esta
situación. Las leguminosas nativas, aunque infrecuentes, tienen también
un desarrollo más grande. Con la exclusión continua del pastoreo también
se produce una alta conservación de restos secos con importantes alteraciones
en la retención de agua del suelo, lo cual junto con la altura de pastos
y matorrales, modifica el microclima. Por lo tanto, la situación descripta
podría ser algo similar a aquella previa a la introducción de la ganadería.
Vegetación. Tipos de campos más importantes.
El campo natural es definido como la cubierta vegetal formada por pastos
junto con hierbas y arbustos asociados, donde los árboles son escasos.
El campo es un ambiente con gran riqueza de especies, tanto de plantas
como de animales.
La familia botánica más numerosa es Gramineae = Poaceae, con unas 400
especies, tanto de verano (C4) como de invierno (C3), siendo esta asociación
una característica marcada de estas pasturas. Las tribus más importantes
son: Paniceae, la cual incluye los géneros con el número más grande
de especies, Paspalum, Panicum, Axonopus, Setaria, Digitaria entre
otros; Andropogoneae, con los géneros Andropogon, Bothriochloa,
Schizachyrium, y otros; Eragrostea con los géneros Eragrostis,
Distichlis, etc.; Chlorideae, con los géneros Chloris, Eleusine,
Bouteloua, etc., con pocas especies. Las tribus de gramíneas invernales,
con un alto número de especies cultivadas adaptadas a estas condiciones,
son Poeae (= Festuceae), con los géneros Bromus, Poa,
Melica, Briza, Lolium, Dactylis y Festuca; Stipeae,
con los géneros Stipa y Piptochaetium, con mayoría de especie
nativas; Agrostideae, con los géneros Calamagrostis, Agrostis,
etc., con escasas especies (Rosengurtt et al., 1970). En general
la presencia de especies invernales está asociada con el tipo de suelo,
topografía, altitud, fertilidad y manejo del ganado. Junto con Gramineae
hay diferentes especies de tipo vegetativo, pertenecientes a otras familias
como: Compositeae (=Asteraceae), Leguminoseae (=Fabaceae),
Cyperaceae, Umbelliferae, Rubiaceae, Plantaginaceae,
Oxalidaceae y otras. Las leguminosas herbáceas nativas están representadas
por numerosos géneros: Trifolium, (T. polymorphum, T. grandiflorum,
T. argentinense, T. riograndense), Adesmia, Desmodium, Desmanthus,
Galactia, Zornia, Mimosa, Tephrosia y Stylosanthes; sin embargo,
la suma de sus frecuencias es muy baja, siempre menos del tres por ciento
en todos los tipos de campos, excepto en hábitats muy particulares.
Los tipos de campos dedicados a los sistemas ganaderos extensivos, con
bajo grado de modificación, corresponden a los principales tipos de suelos
y zonas agro-ecológicas previamente definidas (Figuras 4 y 6). Las características
florísticas de cada tipo de campo están dadas primeramente por el tipo
de suelo, sus condiciones físicas y químicas y en menor medida por la
topografía y la exposición a la radiación solar.
Algunas especies están presentes en diferentes tipos de campos con frecuencias
variables; otras están presentes en algunos, mientras que otras son características
e indicadores de ciertos hábitats. Dentro de cada tipo de campo existen
gradientes de vegetación asociados con la localización de acuerdo con
la posición topográfica (colina, pendiente, valle) que, debido a diferencias
en profundidad de suelo y en las condiciones de humedad, desarrollan hábitats
particulares que resaltan en la fisionomía del paisaje. En estos hábitats
se pueden encontrar especies características que no están presentes en
el campo. En los bañados se encuentran especies paludosas como: Cyperus
spp., Heleocharis spp., Canna glauca, Leersia hexandra,
Luziola peruviana, Paspalum hydrophillum, Pontederia
cordata, Sagittaria montevidensis y Thalia spp.
En todos los campos predominan las especies perennes de diferentes familias
botánicas, las anuales generalmente tienen baja frecuencia pero se hacen
conspicuas en algunas estaciones del año o por efecto del manejo como
los métodos de pastoreo, fertilización o introducción de leguminosas.
En las comunidades de plantas de los campos es posible establecer una
relación entre el porcentaje de las especies que los componen y su contribución
a la cobertura del suelo. La investigación en diferentes tipos de vegetación,
a lo largo de las estaciones del año, muestra relaciones variables entre
30/70 y 20/80, resultando en 30 por ciento de especies produciendo 70
por ciento del forraje. En la mayoría de las comunidades de plantas nativas,
unas 12 especies contribuyen del 70 al 80 por ciento del forraje total.
Esta relación se mantiene a lo largo del año, pero hay algunos cambios
en el tipo de especies. La identificación de especies en las diferentes
comunidades es muy importante para seguir los cambios que ocurren en las
comunidades mencionadas, los que están relacionados a factores climáticos
y manejo del pastoreo (Berretta, 2001a; 2001b).
En el Cuadro 8 se detallan la tasa de crecimiento diaria (TCD), su desviación
típica y la distribución estacional (DE) de diferentes tipos de campo.
En algunos suelos se muestra el crecimiento de acuerdo a la profundidad
o la posición topográfica lo cual conduce a tipos de vegetación compuestos
por diferentes especies o diferentes frecuencias.
| Cuadro 8. Tasa de crecimiento diaria
(TCD) (kg MS/ha/día) y distribución estacional (DE) (por ciento)
de la producción anual de forraje de campos en los tipos de suelo
más importantes |
| Suelos |
|
|
Verano |
Otoño |
Invierno |
Primavera |
| Basalto (1) |
SPR |
TCD
DE |
10,1 ± 4,9
31,4 |
6,8 ± 2,9
21,2 |
4,9 ± 2,5
15,7 |
9,9 ± 3,9
31,7 |
| SN |
TCD
DE |
13,6 ± 5,9
32,1 |
8,8 ± 3,9
21,0 |
6,1 ± 2,4
14,9 |
13,0 ± 4,3
32,0 |
| P |
TCD
DE |
17,2 ± 7,8
33,3 |
10,9 ± 4,2
21,5 |
7,3 ±3,1
15,1 |
14,8 ±4,4
30,1 |
| Sierras del Este (2) |
TCD
DE |
9,6 ± 6,7
41,5 |
6,3 ± 3,1
27,6 |
1,1 ± 1,0
5,0 |
6,0 ± 2,4
25,9 |
| Granito del
Centro (4A) |
P |
TCD
DE |
13,1 ± 7,3
28,6 |
8,6 ± 3,3
19,3 |
6,5 ± 3,2
14,5 |
17.0 ± 6.8
37,6 |
| Lomadas del Este (4B) |
TCD
DE |
15,3
38,0 |
9,2
23,4 |
3,8
9,7 |
11,5
28,9 |
| Suelos arenosos (5A) |
Ladera
Alta |
TCD
DE |
27,7 ± 5,6
48,5 |
7,3 ± 4,2
13,1 |
4,1 ± 2,3
7,3 |
17,6 ± 3,3
31,1 |
| Ladera
Baja |
TCD
DE |
27,3 ± 8,4
44,5 |
7,5 ± 4,4
13,6 |
3,7 ± 1,5
6,1 |
22,2 ± 4,1
36,8 |
| Noreste (5B) |
|
TCD
DE |
5,1
18,3 |
6,9
25,0 |
4,7
17,1 |
11,0
39,6 |
| SPR = Superficial pardo rojizo; SN = Superficial
negro; P = Profundo. |
Nota: Verano corresponde a diciembre, enero y febrero, 90 días;
otoño es marzo, abril y mayo, 92 días; invierno es junio, julio y agosto,
92 días; y primavera es septiembre, octubre y noviembre, 91 días.
En campos sobre suelos basálticos (grupo I,1) se pueden distinguir tres
principales tipos de vegetación, directamente relacionados a la profundidad
del suelo. En los suelos superficiales pardo rojizos (SPR) la vegetación
cubre el 70 por ciento aproximadamente, las piedras o rocas son el 10
por ciento, y el resto es suelo desnudo y restos secos; estos valores
tienen ciertas oscilaciones con las estaciones y cambian notablemente
durante una sequía. La TCD, expresada en kg MS/ha/día, varía de acuerdo
con la estación y entre años. La mayor proporción de la producción anual
de forraje ocurre en primavera y verano, siendo esta estación la que presenta
la mayor variabilidad debido al alto riesgo de sequía en este tipo de
suelo. Las especies más frecuentes son: Schizachyrium spicatum, Chloris
grandiflora, Eragrostis neesii, Eustachys bahiensis, Microchloa indica,
Bouteloua megapotamica, Aristida venustula, Adesmia punctata, Dichondra
microcalyx, Eryngium nudicaule, Micropsis spathulata, Soliva pterosperma,
Oxalis spp. y Selaginella spp.
En el mismo tipo de suelo, pero con un horizonte A de unos 15-20 cm de
profundidad, se encuentran otras especies como las gramíneas de verano
Paspalum notatum y Bothriochloa laguroides y las gramíneas
de invierno Stipa neesiana, Piptochaetium stipoides y Piptochaetium
montevidense. La presencia de estas gramíneas más productivas causa
cambios en la distribución estacional, siendo primavera y verano las estaciones
de mayor producción, aunque la producción anual total es similar.
En suelos superficiales negros la cubierta de plantas es 80 por ciento,
el material muerto y el suelo desnudo varían entre y dentro de estaciones.
Las especies más frecuentes son: Schizachyrium spicatum, Chloris grandiflora,
Eustachys bahiensis, Bouteloua megapotamica, Aristida murina, Aristida
uruguayensis, Carex spp., Dichondra microcalyx, Eryngium nudicaule,
Chaptalia piloselloides, Oxalis spp., Nostoc spp. y Selaginella
spp. Menos frecuentes son Stipa neesiana, Piptochaetium stipoides,
Bothriochloa laguroides, Paspalum notatum, Paspalum plicatulum, Rottboellia
selloana, Trifolium polymorphum y Adesmia bicolor.
Cuando el horizonte superficial es más profundo, la mayoría de las especies
mencionadas que tienen baja frecuencia cuando el suelo es superficial,
se transforman en frecuentes. La producción de forraje total anual en
estas partes más profundas es algo alta, pero la distribución estacional
es diferente, siendo la primavera y el otoño las estaciones de mayor crecimiento,
con poco más del 70 por ciento del total.
Los suelos profundos de mayor fertilidad tienen una cubierta de plantas
de un 90 por ciento, siendo el material muerto el otro componente de importancia.
Las principales especies de estos suelos son: Paspalum notatum, Paspalum
plicatulum, Paspalum dilatatum, Paspalum indecorum, Rottboellia selloana,
Panicum miliodes, Andropogon ternatus, Bothriochloa laguroides, Axonopus
affinis, Aristida uruguayensis, Leptocoryphium lanatum, Schizachyrium
microstachyum, Schizachyrium spicatum, Carex spp., Stipa neesiana,
Piptochaetium stipoides, Piptochaetium medium, Poa lanigera, Bromus auleticus,
Calamagrostis spp., Trifolium polymorphum y Adesmia bicolor.
La principal maleza en los campos de basalto es Baccharis coridifolia,
un arbusto tóxico.
En los suelos basálticos hay mayor variabilidad espacial relacionada
con el intrincado mosaico formado por estos diferentes tipos de suelos.
Esta variabilidad edáfica está reflejada en los diferentes tipos de vegetación
los cuales, por el tipo de especies que los componen, requieren manejo
diferente. A esta variabilidad espacial es necesario agregarle la relacionada
al clima, particularmente la lluvia.
Los campos sobre suelos graníticos (grupo III, 4ª y 4 B) también tienen
diferente productividad asociada con cambios en la profundidad del suelo.
La producción de los campos sobre suelos profundos alcanza 4 125 kg MS/ha/año,
concentrados en primavera y verano (Cuadro 8). La vegetación de estos
suelos tiene una alta proporción de especies estivales pero es escasa
en especies invernales. Las especies más frecuentes son: Andropogon
ternatus, Rottboellia selloana, Paspalum notatum, Paspalum plicatulum,
Paspalum dilatatum, Bothriochloa laguroides, Axonopus affinis, Aristida
murina, las cuales tienen crecimiento estival; las especies invernales
son: Stipa charruana, Briza subaristata, Piptochaetium stipoides, Piptochaetium
lasianthum, Agrostis montevidensis, Vulpia australis, Gaudinia fragilis,
Carex spp., o hierbas de hoja ancha como Chevreulia sarmentosa,
Eryngium nudicaule y Micropsis spathulata.
La producción anual en los campos de las Lomadas del Este es de 3 626
kg MS/ha/año y de unos 2 100 kg MS/ha/año en las Sierras del Este. La
mayoría de las especies de los campos, 80 a 85 por ciento, son perennes
estivales. A pesar de la biodiversidad, el número de especies que contribuyen
a la producción de forraje es bajo. La asociación Paspalum notatum
– Axonopus affinis, es el principal contribuyente. El forraje tiene
normalmente baja digestibilidad (48-62 por ciento).
En suelos arenosos (grupo IV, 5A), los cambios en las proporciones de
especies de los campos están principalmente asociados con la posición
topográfica. En la el Cuadro 8 se muestran la tasa de crecimiento diario
y la distribución estacional de la producción de forraje de una ladera
alta y de una ladera baja, en la misma secuencia topográfica. La producción
anual de la ladera alta es de 5 144 kg MS/ha y la de la ladera baja es
de 5 503 kg MS/ha. En este tipo de campo la producción está concentrada
en primavera y verano, con 80 por ciento del total. Esto está relacionado
a las características físicas del suelo (profundidad del agua, textura,
conservación del agua) y principalmente a la vegetación dominada por especies
estivales como: Paspalum notatum, Axonopus argentinus, Axonopus affinis,
Sporobolus indicus, Rottboellia selloana, Panicum milioides, Panicum sabulorum,
Andropogon lateralis, Paspalum nicorae y Eragrostis montevidense,
una planta característica de estos suelos. La gramínea de invierno más
frecuente es el Piptochaetium montevidense. Hierbas de hoja ancha
como: Soliva pterosperma, Eryngium nudicaule, Chevreulia sarmentosa,
Chevreulia acuminata, Oxalis spp., Dichondra microcalyx, Spilanthes
decumbens, Richardia humistrata, Hypochoeris spp. e Hypoxis decumbens,
son relativamente frecuentes. Las leguminosas nativas son menos frecuentes,
siendo Desmodium incanum la más representativa. Las principales
malezas son: Baccharis coridifolia y Vernonia nudiflora.
Es una práctica común en estos suelos el quemado al final del invierno,
para refinar el campo y obtener en primavera un rebrote tierno, libre
de material muerto y, por lo tanto, de mejor calidad. Los pastos duros
estivales, con un rendimiento anual alto pero de baja calidad, se destacan
en el tapiz y tienen poca o ninguna palatabilidad para los animales domésticos,
excepto en circunstancias muy particulares, de modo que las hojas y tallos
florales se acumulan en invierno, cuando se hacen aún menos palatables.
Las principales especies con estas características son: Erianthus angustifolius,
Paspalum quadrifarium, Andropogon lateralis, y Schizachyrium microstachyum,
las cuales en conjunción con algunos arbustos y matorrales que crecen
en estas condiciones conducen a campos «sucios».
Las comunidades de plantas nativas de los campos del Noreste (grupos
III y V, 5B) son ricas desde el punto de vista del número de especies
presentes; es posible encontrar entre 50 y 60 especies en un área de 12
m2. Treinta por ciento de estas especies representan el 70 por ciento
de la cobertura de plantas. Las especies más abundantes son gramíneas
de las cuales el 70 por ciento son de crecimiento estival. A través de
diferentes prácticas de manejo en algunos casos las pasturas se cubren
de pequeños arbustos o incluyen árboles nativos. Bajo pastoreo la proporción
de leguminosas es baja. Las plantas más frecuentes son: Paspalum notatum,
Paspalum dilatatum, Bothriochloa laguroides, Rottboellia selloana, Axonopus
affinis, Panicum milioides, Setaria geniculata, Sporobolus indicus
y Eragrostis neesii de crecimiento estival, y especies invernales,
menos frecuentes, representadas por Piptochaetium stipoides, Piptochaetium
montevidense, Stipa neesiana, Stipa charruana, Chascolytrum sp., Trifolium
polymorphum, Carex spp., Cyperus spp., y también hierbas de
hoja ancha como Chevreulia sarmentosa, Chaptalia piloselloides, Eryngium
nudicaule y Richardia stellaris, también con baja frecuencia.
La principal maleza es Eryngium horridum. La calidad del forraje
de las pasturas naturales varía entre 48 y 62 por ciento de DMO (digestibilidad
de la materia orgánica), con un contenido de proteína cruda entre 6 y
12 por ciento y una concentración de P por debajo de 0,10 por ciento (Olmos
y Gordon, 1990).
En algunas partes de esta zona Eupatorium buniifolium, un arbusto
deciduo de crecimiento estival que puede alcanzar unos 2 m de altura,
ocupa grandes áreas, dañando la vegetación que está por debajo, al competir
por luz, agua y nutrientes; además dificulta el manejo del ganado, especialmente
ovinos, y también reduce el acceso al forraje. Otra planta que crea problemas
al manejo del pastoreo es Erianthus angustifolius, un pasto duro
muy poco comido por los animales, que acumula rápidamente hojas viejas
y secas. Para solucionar esta incidencia una solución es quemar; el rebrote
tierno es pastoreado a veces.
La dotación calculada para este campo varía entre 0,40 UA/ha en las Sierras
del Este a 0,9 UA/ha en suelos arenosos y basálticos profundos. La unidad
animal (UA) es equivalente a una vaca de 380 kg que desteta un ternero
por año. La reducción en el número de ovinos durante la década pasada
redujo la dotación, lo cual puede salvar a la pastura natural de la degradación.
En algunas agro-ecozonas la degradación es difícil de prevenir, particularmente
en suelos basálticos donde la densidad de ovinos era muy alta (Rosengurtt,
1946; Millot et al., 1987; Formoso, 1996; Risso y Berretta, 2001).
Los sistemas de producción de vacunos y ovinos más intensivos están en
la zona oeste, sobre suelos altamente fértiles (grupo V). Debido a su
alto potencial de producción esta área tiene una larga tradición de cultivos.
El cultivo continuo e intensivo resultó en la sustitución de las mejores
especies de la pastura nativa por malezas gramíneas que invadieron (principalmente
Cynodon dactylon) y afectaron adversamente las propiedades químicas
y físicas de los suelos predominantes. Siguiendo a la investigación de
comienzos de la década de 1970, la adopción de la rotación de cultivos
y pasturas cultivadas (sistemas de producción con praderas) se hizo importante.
Debido a que las pasturas cultivadas tienen tan alto potencial de producción,
hacen posible la superación de las dificultades de las bajas producción
anual e invernal y calidad del forraje de la vegetación nativa degradada,
resultando así en mejoramientos de la eficiencia de los procesos de cría
y engorde tanto de vacunos como de ovinos. Desde la introducción de las
pasturas cultivadas ha habido una intensificación de los procesos de cría
y engorde en un contexto que asegura la sostenibilidad bioeconómica de
los sistemas de producción predominantes (Carámbula, 1991).
Las pasturas cultivadas tradicionales pueden ser anuales, de rotación
corta o perennes, durando aproximadamente 4 años. Las principales forrajeras
utilizadas se muestran en el Cuadro 9. Para cada forrajera, el INIA (Instituto
Nacional de Investigación Agropecuaria) ha desarrollado por lo menos un
cultivar adaptado a las condiciones ecológicas locales y a los sistemas
de producción predominantes. La estrategia de mejoramiento genético es
un proceso continuo con liberaciones periódicas.
| Cuadro 9. Especies anuales y perennes
usadas en pasturas cultivadas |
| |
Anual |
Rotación corta |
Perenne |
| Avena (Avena byzantina, Avena sativa) |
+++ |
- |
- |
| Raigrás anual (Lolium multiflorum) |
++ |
+ |
- |
| Trigo forrajero (Triticum aestivum) |
++ |
- |
- |
| Festuca (Festuca arundinacea) |
- |
- |
+++ |
| Dactilis (Dactylis glomerata) |
- |
++ |
+++ |
| Falaris (Phalaris aquatica) |
- |
- |
++ |
| Holcus (Holcus lanatus) |
+ |
++ |
- |
| Trébol rojo (Trifolium pratense) |
+ |
+++ |
+ |
| Trébol blanco (Trifolium repens) |
- |
+ |
+++ |
| Alfalfa (Medicago sativa) |
- |
- |
+++ |
| Lotus (Lotus corniculatus) |
- |
+ |
+++ |
| Achicoria (Cichorium intybus) |
- |
+++ |
- |
| - = no apropiada; + = recomendada. |
Además de los esfuerzos hechos en mejoramiento genético, se está enfatizando
el desarrollo de tecnologías de manejo y utilización de pasturas que aseguren
la expresión de la productividad potencial de todas las especies y cultivares,
compatibles con buena persistencia y valor nutritivo (Berretta et al.,
2000).
Para evitar la escasez de forraje en invierno y otoño, los hacendados
con sistemas de producción intensivos de carne y leche siembran y utilizan
forrajeras anuales. En el Cuadro 10 se proporcionan el número de fincas,
el área sembrada y el porcentaje del área con siembra directa en 1999/2000.
Un área importante de forrajeras anuales es sembrada con siembra directa,
indicando que los hacendados han adoptado esta técnica bastante fácilmente
y están disminuyendo la preparación convencional de la tierra utilizando
el arado.
| Cuadro 10. Forrajeras anuales, número
de fincas y área sembrada en 1999-2000 con laboreo convencional
y siembra directa. |
| |
|
Área sembrada en 1999-2000 |
| |
Fincas |
Total |
Siembra directa |
| Cultivo |
Número 1 |
ha |
ha |
% |
| Avena |
9 422 |
203 301 |
43 020 |
21,2 |
| Trigo |
1 708 |
49 188 |
12 120 |
24,6 |
| Raigrás (Lolium multiflorum) |
2 752 |
98 251 |
22 454 |
22,9 |
| Moha (Setaria italica) |
975 |
15 866 |
3 101 |
19,5 |
| Maíz para pastoreo |
2 113 |
15 143 |
875 |
5,8 |
| Maíz para silo de grano húmedo |
429 |
8 673 |
997 |
11,5 |
| Maíz para silo |
1 693 |
31 783 |
1 294 |
4,1 |
| Sorgo para pastoreo |
2 580 |
44 924 |
5 132 |
11,4 |
| Sorgo para silo de grano húmedo |
328 |
8 570 |
1 599 |
18,7 |
| Sorgo para silo |
140 |
3 996 |
467 |
11,7 |
| Otros |
877 |
26 007 |
3 275 |
12,6 |
| Total |
23 017 |
505 722 |
94 334 |
18,7 |
| 1 Las fincas que usan más de
un tipo de cultivo forrajero anual se cuentan solo una vez para
calcular el total (CGA, 2000). |
El Cuadro 11 muestra las forrajeras sembradas más comunes. Las pasturas
mejoradas o cultivadas pueden incluir una o más especies y lo mismo ocurre
para la siembra en cobertura. El área bajo pasturas cultivadas es mucho
más grande que la de pasturas mejoradas (con siembra en cobertura). La
mayoría de las pasturas cultivadas está en sistemas de producción intensiva
así como casi toda el área de pasturas mejoradas.
| Cuadro 11. Forrajeras más comúnmente
usadas en pasturas cultivadas y campos mejorados, número de fincas
y área (ha), Censo General Agropecuario, 2000 |
| |
Pasturas cultivadas |
Campos mejorados |
| Forrajera |
Número de fincas 1 |
Área (ha) |
Número de fincas |
Área (ha) |
| Alfalfa |
2 605 |
37 996 |
- |
- |
| Trébol blanco |
518 |
14 471 |
155 |
5 691 |
| Trébol rojo |
676 |
23 372 |
- |
- |
| Lotus spp. |
2 626 |
117 543 |
2 871 |
300 995 |
| Otras simples |
244 |
10 904 |
242 |
15 429 |
| Mezclas |
16 764 |
1 082 959 |
2 375 |
164 967 |
| Total |
20 1541 |
1 287 245 |
5 376 |
487 082 |
| 1 Las fincas que usan más de
un tipo de cultivo forrajero anual se cuentan solo una vez para
calcular el total (CGA, 2000). |
Los hacendados de los sistemas de producción intensiva, particularmente
aquellos involucrados en lechería y en engorde, conservan forraje para
transferir el excedente de alimentos a estaciones en las que la comida
es escasa; esto significa invierno o períodos de sequía. Las maneras más
comunes de conservar forraje son:
- a) heno de pasturas cultivadas, campos mejorados y forrajeras anuales;
- b) silo de pasturas cultivadas, para preservar el excedente de forraje
primaveral, se realiza durante el estado vegetativo de la pastura hasta
la floración, de acuerdo con la especie;
- c) silo de campos mejorados y forrajeras anuales, y
- d) silo de grano húmedo de forrajeras anuales, particularmente maíz
y sorgo.
Los sistemas de producción intensiva conservan el forraje mediante fardos
cilíndricos de heno que oscilan entre 250 a 600 kg de peso según la materia
prima. Los fardos prismáticos también se usan pero son menos frecuentes.
El silo es una alternativa que se está difundiendo en este tipo de sistema
de producción debido a:
- a) las dificultades para cosechar y manejar grandes volúmenes de heno;
- b) la creciente disponibilidad de maquinaria para hacer silo;
- c) el uso de neumáticos viejos para fijar la cubierta de nylon de
manera de obtener una adecuada cobertura del silo;
- d) su sencillez de uso facilita la alimentación de los animales, y
- e) para mejorar la eficiencia de la aplicación de acuerdo con el potencial
de producción de las forrajeras estivales, especialmente maíz y sorgo.
Figura 6. Fotografías de varias zonas agro-ecológicas (pulse para ver
la imagen completa)
Limitaciones del recurso forrajero Se conoce que el campo natural tiene limitaciones que
previenen una adecuada producción animal a lo largo del año. La principal
limitación es la estacionalidad, con un crecimiento invernal muy reducido
debido a la predominancia de especies de crecimiento estival. Escaso
crecimiento invernal significa que los animales pierden peso. Para
reducir este problema es conveniente diferir el forraje desde el otoño
para ser pastoreado en invierno.
La calidad de la pastura natural es otra limitación
importante desde que la mayoría de las especies nativas tienen bajo
valor nutritivo, con valores de proteína cruda entre 5 y 15 por ciento,
dependiendo de la estación; los valores más altos se registran en
invierno y primavera, independientemente del ciclo de crecimiento
de las plantas, y los más bajos en verano cuando la cantidad de forraje
disponible es adecuada, aparte de una sequía. El fósforo es deficiente
en prácticamente todos los suelos, con valores entre 0,12 y 0,21 por
ciento, dependiendo de los suelos y las estaciones. Las gramíneas
tienen las mayores concentraciones de este nutriente en las mismas
estaciones que la proteína.
El principal problema de las pasturas naturales es
el riesgo de degradación y pérdida de especies, relacionados a la
carga continua, la dotación alta y la relación ovino/vacuno alta.
Los signos de degradación son el incremento de las hierbas de hoja
ancha y las gramíneas estoloníferas, adaptadas a tales condiciones
de pastoreo, y la reducida frecuencia de gramíneas de maciega, así
como una reducción en el número de especies. Tales cambios en la composición
botánica resultan en una reducción del 12 por ciento en la producción
anual de forraje, lo cual es raramente perceptible en períodos cortos.
Cuando las dotaciones son ajustadas al potencial de la pradera, y
manejo del pastoreo incluye períodos de descanso, es posible mantener
el campo en buenas condiciones, con variaciones causadas por los cambios
estacionales. El ecosistema de los campos es altamente estable y es
capaz de recuperarse luego de eventos violentos como una sequía.
El número de potreros de una finca está basado en el
tipo de operación de la misma, siendo la cría y el engorde de vacunos
y ovinos el que requiere un mayor número de ellos para facilitar el
manejo. La principal restricción es el suministro de agua de buena
calidad en cantidad suficiente para satisfacer las necesidades de
los animales. Debido a las diferencias entre las comunidades de plantas
los potreros tienen que ser divididos o subdivididos cubriendo áreas
homogéneas. Su área es una función de la fertilidad del suelo y del
tipo de vegetación, siendo el tamaño de potrero de considerable importancia
en el manejo de las pasturas naturales. La uniformidad de la vegetación
y un mayor número de potreros facilitan el diseño de los sistemas
de pastoreo, lo cual permite alternar períodos de carga baja o nula
con otros de carga alta dependiendo de la estación, tipo de vegetación
y categoría del animal.
Usualmente, el número de potreros en los sistemas de producción extensiva
es bajo, menos de 10 por finca, lo cual complica el manejo del ganado
vacuno y ovino. Los alambrados que separan las propiedades o las dividen
de los lugares públicos (rutas, parques, pueblos) tienen una altura legal
uniforme de 1,4 m, con siete hilos, uno de los cuales debe ser de púas.
Los alambrados internos pueden ser iguales o pueden tener un hilo menos.
También pueden estar formados por solo uno a tres hilos, pero electrificados.
La estructura de los alambrados incluye diferentes diámetros de postes,
de acuerdo con su función. En tiempos pasados se usaba madera dura (Prosopis
spp. y Acacia spp.), importada de países vecinos, pero actualmente
son casi exclusivamente de Eucalyptus. El alambre de púas no se usa más.
En las últimas dos décadas los hacendados han incrementado
el número de potreros mediante el uso de alambrados eléctricos, mejorando
el manejo del ganado y la utilización de las pasturas mejoradas y
cultivadas. En los sistemas intensivos, manejados con pastoreo rotativo
o en fajas, un alto número de potreros y alambrados eléctricos es
muy común.
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