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6. OPORTUNIDADES PARA EL MEJORAMIENTO DE LOS RECURSOS
FORRAJEROS
Fertilización El crecimiento pobre de la pastura natural en invierno,
su calidad media a baja, y las deficiencias de fósforo así como las
de nitrógeno en la gran mayoría de los suelos, ha llevado a la introducción
de nitrógeno al ecosistema mediante la aplicación de fertilizantes
inorgánicos o a través de leguminosas y fertilización con fósforo
para facilitar su establecimiento y producción. La introducción de
leguminosas junto a la fertilización con fósforo previene la degradación
de los campos y mejora de una manera sostenible este recurso natural
sin destruir el tapiz. Esto también permite que áreas mejoradas desarrolladas
estratégicamente sean usadas por ruminates eficientes, aumentando
la productividad global a nivel de finca. La fertilización de los
campos con fósforo solamente, tiene poco impacto en la composición
botánica y en el incremento de la producción de forraje, menos de
un 15 por ciento, debido a la baja frecuencia de las leguminosas nativas.
En contraste con las pasturas sembradas que son introducidas
para restaurar las propiedades del suelo y hacer sustentable la fase
de cultivo de la pastura intensiva –rotaciones de cultivos luego de
remover la vegetación nativa– el mejoramiento de los campos está dirigido
a capitalizar y mejorar las buenas condiciones de suelo y planta ya
existentes. El uso de dosis relativamente bajas de N y P2O5 (90 kg
N/ha/año; 44 kg P2O5/ha/año) favorece el incremento del nivel de fertilidad
del suelo, especialmente si este fertilizante es aplicado en dosis
fraccionadas, una al comienzo del otoño y la otra al final del invierno.
Esta estrategia puede ser usada en pasturas con buenas gramíneas perennes
invernales, con una frecuencia relativa mayor del 20 por ciento. La
aplicación de otoño favorece el rebrote y crecimiento de las gramíneas
invernales y la extensión del periodo de crecimiento de las gramíneas
estivales hasta el comienzo del otoño. Por otro lado, la aplicación
de fertilizante al final del invierno continúa favoreciendo el crecimiento
de las gramíneas invernales así como el rebrote temprano de las gramíneas
estivales. El rebrote temprano de las especies C3 y C4 así como la
disminución en el período de descanso de las especies C4 tiende a
reducir el período de escaso crecimiento invernal.
En la medida que el nivel de fertilidad del sistema
se incrementa, la producción de forraje del campo fertilizado se estabiliza
a un valor que es un 60 por ciento superior al de un campo sin N+P.
Las estaciones en las cuales la fertilización tiene mayor influencia
desde el punto de vista del manejo del pastoreo son otoño e invierno.
La tasa de crecimiento diario (TCD) en otoño es mayor en el campo
fertilizado. En invierno la TCD del campo fertilizado es cerca de
100 por ciento superior al campo no fertilizado.
El contenido de N y P es siempre mayor en un campo
fertilizado. En pasturas naturales los mayores valores de N y P se
registran en invierno y primavera y los más bajos en verano, cuando
el forraje está maduro y generalmente hay déficit de agua. En invierno
el contenido de N del forraje fertilizado alcanza 2,3 por ciento,
mientras que sin fertilización llega a 1,7 por ciento. En primavera
los valores son 2,8 y 1,9 por ciento, respectivamente. En verano los
valores caen a 1,4 y 1,1 por ciento, respectivamente. Tomando como
ejemplo el invierno, el campo natural produce aproximadamente 38 kg/ha
de proteína cruda (PC), mientras que el campo fertilizado produce
alrededor de 95 kg/ha de PC. El contenido de P en invierno y verano
es de unos 2,3 mgP/gMS con fertilización y 1,8 mgP/gMS sin fertilizante.
En verano, estos valores son 1,9 y 1,5 mgP/gMS, respectivamente, y
en otoño 1,5 y 2,2 mgP/gMS.
A lo largo del año la frecuencia relativa de especies
invernales es mayor en el campo fertilizado que en el no fertilizado.
El incremento de gramíneas C3 está relacionado a la adición de nutrientes
que incrementan la fertilidad del suelo. El estímulo a las gramíneas
invernales perennes a través de la fertilización es una manera de
cambiar la composición botánica del tapiz, mejorando la producción
invernal.
Especies invernales productivas tales como Stipa neesiana,
Pitochaetium stipoides, Poa lanigera y Adesmia bicolor tienden a
incrementar su presencia con la fertilización. Buenas gramíneas estivales
como Paspalum notatum y Paspalum dilatatum también incrementan su
frecuencia. Pastos gruesos como Bothriochloa laguroides y Andropogon
ternatus son menos frecuentes y Schizachyrium spicatum es aún menos
frecuente con fertilización dado que es una especie de ambientes pobres,
ya que al incrementarse la fertilidad su frecuencia disminuye hasta
desaparecer. Paspalum plicatulum también disminuye con la fertilización,
aunque está disminución puede estar relacionada con un incremento
de la palatabilidad, ya que sus hojas permanecen más tiempo verdes
que en un campo no fertilizado. Las leguminosas nativas incrementan
su frecuencia relativa a valores cercanos a 5 por ciento. Las malezas
son de poca importancia y no aumentan con la fertilización (Berretta,
1998).
En situaciones donde el campo tiene una alta proporción
de especies estivales, mientras que las invernales son anuales, como
sobre suelos graníticos, los resultados son muy diferentes. La fertilización
a comienzos del invierno favorece la presencia de gramíneas anuales
invernales, como Vulpia australis y Gaudinia fragilis, con un limitado
potencial productivo cerca del final de la estación; la desaparición
de estas especies cuando finalizan sus ciclos deja espacios que pueden
ser colonizados por plantas indeseables. La fertilización de primavera
incrementa el crecimiento al final del verano, cuando las gramíneas
estivales florecen y semillan. La digestibilidad de la materia orgánica
(DMO) del forraje fertilizado es mayor que la del tapiz no tratado.
La fertilización con N incrementa notablemente la producción de primavera
y verano, pero tiene un reducido efecto en invierno; los nutrientes
estimulan el aumento de las anuales en detrimento de las perennes.
Mejoramiento mediante introducción de leguminosas La necesidad de mejorar la producción primaria de las
pasturas naturales, así como su calidad, ha conducido a la introducción
de leguminosas a través de la siembra en cobertura, siembra con zapatas,
labranza cero o siembra directa, como una forma de incrementar la
producción secundaria. En este proceso es esencial la corrección de
los bajos niveles de fósforo del suelo.
El estudio de los factores controlados por el hombre,
permite comprender diferentes aspectos de la sucesión vegetal inducida,
contribuyendo al éxito de la aplicación de esta tecnología.
En el mejoramiento del campo debe tenerse en cuenta:
- el tapiz vegetal: las especies que lo componen indican
la calidad del campo, estando esto relacionado con los tipos productivos
y vegetativos de las mismas y sus ciclos; - el tipo de suelo, topografía, pedregosidad, riesgos
de erosión y sequía, drenaje, etc. - destino ganadero que se piensa dar al potrero mejorado,
por ejemplo bovinos, ovinos, cría, engorde, destetes u otros.
Estos factores condicionan la elección de las especies
a introducir, así como la manera en que las semillas estarán en contacto
con el suelo, para obtener agua y elementos nutritivos, regular y
eficientemente.
El establecimiento, la productividad y la persistencia
de las especies forrajeras introducidas en una pastura natural dependen,
principalmente, de la manera en que haya podido ser realizada la reducción
de la competencia del tapiz vegetal existente, y también están ligadas
estrechamente a la calidad de la cama de siembra así como a la adaptación
al ambiente de las especies introducidas.
Siembra En general es necesario realizar un pastoreo previo
con vacunos para reducir pastos altos con restos secos; la dotación
estará en función del forraje disponible al final de la primavera
y del crecimiento durante el verano, pero deberá ser alta. Si el varano
es muy lluvioso, el crecimiento del campo será elevado y quedará hacia
el final del mismo una cierta cantidad de restos secos y cañas florales,
por lo que se debe incrementar la dotación para eliminar este forraje.
En las etapas finales del acondicionamiento del tapiz es necesario
utilizar ovinos para reducir la altura hasta alrededor de 2 cm. Estos
pastoreos pueden hacerse continuos, aunque es conveniente hacerlos
de manera de reducir la altura, permitir un rebrote y luego pastorear
nuevamente, reduciendo así las reservas de las plantas para favorecer
la germinación, emergencia y establecimiento de las especies introducidas.
Según el crecimiento del pasto, estos pastoreos deberán hacerse cada
30 a 45 días. En el caso de combinar pastoreos con alivios, la carga
instantánea deberá ser bastante más elevada que con pastoreo continuo.
Esta preparación del tapiz tiene como objetivo obtener sitios seguros
para el buen contacto de las semillas con el suelo. Por lo general
es muy difícil reducir la cubierta vegetal por debajo de 50 por ciento,
aunque la altura del tapiz sea reducida; la altura al momento de la
siembra es importante para proteger a las semillas de las adversidades
climáticas.
La siembra es realizada con una distribuidora de fertilizante,
mezclando la semilla inoculada con el fertilizante, y distribuyendo
la mezcla de inmediato para que el fertilizante no afecte a la semilla
y al rizobio. Es posible usar una sembradora de surcos, con una tensión
liviana en los discos, dejando hileras superficiales en el suelo.
Durante la década de 1960, en los inicios de la tecnología de mejoramiento
de campo con introducción de leguminosas, se usaba una sembradora
a zapatas (cinceles), la cual abría un surco de 6 cm de ancho y 4
cm de profundidad, en el cual se colocaban el fertilizante y la semilla.
Cuando la vegetación es muy densa o hay una capa grande de material
muerto, se usa una disquera excéntrica (abierta) para producir pequeños
surcos. En años recientes, la siembra directa se ha hecho importante
incluyendo el uso de herbicidas no selectivos. Si el acondicionamiento
del dosel foliar es hecho apropiadamente con pastoreo controlado,
no hay diferencias importantes con los resultados obtenidos luego
de la aplicación de herbicidas.
Los agentes químicos deber ser usados muy cuidadosamente.
Es preferible utilizar herbicidas no selectivos de contacto, de manera
de no afectar negativamente la capacidad de crecimiento de las plantas
nativas. En los casos en que se utilicen herbicidas sistémicos, la
dosis debe ser baja para preservar las especies nativas de buena calidad.
La época de siembra más adecuada es el otoño (abril),
cuando hay humedad en el suelo y la temperatura de este aún es adecuada
para una rápida germinación y emergencia de las plantas. En algunas
circunstancias esta fecha de siembra puede extenderse hasta mayo,
aunque las bajas temperaturas pueden reducir la germinación y el desarrollo
de las plántulas. Las leguminosas deberían tener de 4 a 5 hojas cuando
las temperaturas comiencen a descender. La mayoría de los fracasos
de las siembras en cobertura se debe a la falta de agua durante el
establecimiento, por reducción de las precipitaciones en el invierno
y comienzos de primavera.
Fertilización La fertilización con P es importante tanto para el
establecimiento y rendimiento de forraje en el primer año, como para
el mantenimiento de un alto nivel productivo; es una condición necesaria
(aunque no el único factor) para la persistencia de la fracción leguminosa.
Las dosis de fertilizante no deben ser inferiores a 40 kg/ha de P2O5
y en el caso de trébol blanco (Trifolium repens), es aconsejable utilizar
al menos 60kg/ha. Para el mantenimiento anual, pueden emplearse niveles
superiores a 30 kg/ha para especies del género Lotus, pero para trébol
blanco, la dosis de fertilizante para mantenimiento tiene que ser
superior a 40 kg/ha de P2O5.
Leguminosas para mejoramiento A través de los años se han realizado varias evaluaciones
de diversos géneros y especies de leguminosas buscando aquellas adaptadas
a los distintos tipos de suelo y condiciones tan particulares de las
siembras en la vegetación natural. Los estudios más recientes incluyen
diversas especies de Trifolium, Lotus, Medicago, Ornithopus, Desmanthus
y Vicia. De este conjunto, en suelos medios y profundos, los tréboles
blancos cv. ‘Zapicán’ y ‘Bayucuá’, Lotus corniculatus, Lotus pedunculatus cv. ‘Maku’ continúan destacándose. El
Lotus subbiflorus (=L. hispidus) cv. ‘Rincón’ es una leguminosa anual
altamente utilizada en el mejoramiento de campos en todo el país,
pero particularmente en suelos graníticos (agro-ecozonas 4A y 4B)
donde es el cultivar más adaptado.
En el Cuadro 12 se muestra la densidad de siembra de
los principales especies y cultivares utilizados
en los mejoramientos de campos.
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Cuadro 12. Principales especies y cultivares y su densidad
de siembra, para mejoramiento de campos
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Especies
|
Densidad de siembra (kg/ha) |
|
Trifolium repens (cv. ‘Zapican’, ‘Bayucuá’) |
4
- 5 |
|
Lotus corniculatus ( cv. ‘SanGabriel’,
‘INIA Draco’) |
10
– 12 |
|
Lotus pedunculatus (cv. ‘Maku’) |
2.5
- 3.5 |
|
Lotus subbiflorus (cv. ‘El
Rincón’) |
4 – 5 |
|
Trifolium
pratense
(cv.’Estanzuela 116’, ‘INIA Mizar’) |
6 –8 |
|
Ornithopus
compresus
(cv. ‘INIA Encantada’) |
20 |
Estas cantidades son para siembras de especies puras; cuando se siembran
mezclas, la cantidad individual se reduce, por ejemplo, Trifolium repens
+ Lotus corniculatus = 2 + 10 kg/ha. Las semillas son inoculadas
con el rizobio específico para cada leguminosa; posteriormente se agrega
un adherente para ser finalmente peleteadas con carbonato de calcio. Las
leguminosas utilizadas generalmente para mejoramiento no tienen requerimientos
específicos de escarificación.
Esta tecnología de mejoramiento de campos requiere
escasos insumos, es ambientalmente amigable, promueve el desarrollo
continuo de la vegetación nativa y la lleva a un nivel más productivo,
acelerando los procesos de engorde en diferentes zonas del país para
obtener un mejor desempeño individual y una mayor capacidad de carga
(Cuadro 13). Estos resultados fueron obtenidos en condiciones de pastoreo
con carga rotativa, 5 a 8 potreros, 7 a 12 días de pastoreo y 30
a 40 días de descanso, en una temporada de pastoreo de aproximadamente
300 días.
Cuadro 13. Productividad animal anual de campos mejorados,
en condiciones de pastoreo con carga rotativa de novillos, en diferentes
zonas de Uruguay.
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| Tipo
de suelo |
Dotación (UA/ha) |
Ganancia de peso vivo (kg/ha) |
Productividad (kg PV/ha)
|
| Granítico
(4A – 4B) |
1.55 |
533 |
406 |
| |
1.85 |
680 |
485 |
| Lixiviado, baja fertilidad
(Este) |
1.53* |
700 |
473 |
| * Incluye dotación mixta con capones, relación 2:1.
PV = Peso vivo. UA = Unidad animal |
En cuanto al efecto de la introducción de leguminosas
en la composición botánica de las pasturas naturales, una vez que
las especies introducidas están establecidas, uno de los cambios más
importantes que se observan en la vegetación con el tiempo, es el
incremento en las especies invernales (C3). En otras vegetaciones
similares de la región basáltica la frecuencia de las especies estivales
(C4) es siempre mayor que la de las invernales. La frecuencia relativa
de las especies invernales es de un 75 por ciento, con similares valores
para los pastos nativos y el Trifolium repens introducido.
Para asegurar que las especies introducidas se mantengan en la pastura
es necesario que florezcan y semillen, de manera de asegurar su regeneración
en el otoño siguiente, pasando el verano parte como plantas y parte como
semillas. Las leguminosas introducidas florecen y producen semillas, como
lo hacen las especies invernales nativas (como Poa lanigera, Stipa
neesiana, Piptochaetium sitpoides y Adesmia bicolor).
Por lo tanto, la conservación de estas especies está relacionada a los
periodos de descanso que les permitan florecer y fructificar, permitiendo
también un incremento en el nivel de fertilidad del suelo. En varios campos
mejorados hay un incremento en la frecuencia de la gramínea exótica aclimatada
Lolium multiflorum, la que en muchos casos es introducida por animales
y prospera con el incremento de la fertilidad del suelo.
En tipos de vegetación más degradados, compuestos por pastos ordinarios
improductivos y de pobre palatabilidad y hierbas de hoja ancha, la introducción
de leguminosas también induce cambios positivos. La frecuencia relativa
de las leguminosas (Trifolium repens, Lotus corniculatus) es de
un 60 por ciento; las gramíneas nativas invernales productivas, como Stipa
neesiana y Piptochaetium stipoides y las aclimatadas como Lolium
multiflorum, aumentan su frecuencia, mientras que se reducen las gramíneas
ordinarias improductivas y las hierbas de hoja ancha. El Lotus subbiflorus
anual y las leguminosas perennes (Trifolium repens, Lotus corniculatus,
L. pedunculatus) sembrados en cobertura sobre pasturas compuestas
casi exclusivamente por especies C4, con una producción anual de 3 400
kg MS/ha, elevan la producción forrajera a valores de 8 600 kgMS/ha. Cuando
las leguminosas son introducidas en campos donde predominan los pastos
ordinarios y las hierbas de hoja ancha, la producción secundaria resultante
es similar a aquella pasturas con alta frecuencia de pastos nativos finos
(Berretta y Risso, 1995; Risso y Berretta, 1997; Risso y Berretta, 2001).
El agregado de P ayudaría a devolver al campo natural
parte de lo que fue extraído por siglos de pastoreo, desde la introducción
de la ganadería a comienzos del siglo XVII, además de contribuir al
mantenimiento de la biodiversidad animal y vegetal de la pastura natural.
Debemos conservar nuestros recursos naturales, sin degradación, pensando
en el desarrollo sostenible en términos económicos, ecológicos y sociales.
Los resultados acumulados de la investigación han contribuido
a aplicar mejores prácticas de manejo de pasturas, resultando en beneficios
biológicos y económicos de largo plazo para la comunidad productora
y la sociedad toda, con especial cuidado por la biodiversidad animal
y de la comunidad de plantas y de la conservación del agua para uso
humano y animal. Tanto los animales como las plantas serán, por mucho
tiempo, la principal fuente de alimentos y fibras del mundo, en consecuencia
debemos condicionar nuestras acciones y comportamiento de manera de
que preservemos nuestros recursos naturales para las futuras generaciones.
Los desafíos futuros para la investigación en producción
animal y en pasturas serán primariamente:
- liberar continuamente nuevos materiales vegetales
para los sistemas de producción extensivos e intensivos, para propósitos
de pastoreo y conservación de forraje;
- evaluar el impacto del riego sobre las pasturas cultivadas
y campos mejorados, particularmente en períodos de déficit de agua;
- producir productos de mejor calidad y más seguros
para satisfacer las demandas de los consumidores locales y extranjeros;
- integrar el conocimiento generado por los componentes
animal y vegetal a nivel de los sistemas de producción, ofreciendo
herramientas fáciles a los productores para facilitar la adopción
de nuevas tecnología disponibles;
- evaluar el impacto de las tecnologías propuestas
sobre nuestros recursos naturales, particularmente del uso de fertilizantes,
herbicidas, insecticidas y de la intensidad de pastoreo;
- tener en consideración los requerimientos de los
diferentes componentes de cada sector industrial, particularmente
los consumidores, tanto a nivel nacional como internacional;
- considerar la influencia de los aspectos sociales,
ecológicos y económicos sobre la unidad de toma de decisiones a nivel
de finca, en la definición de las estrategias futuras de investigación
y transferencia de tecnología;
- definir y establecer un esquema apropiado para los
procesos de adopción de tecnología, considerando las particularidades
culturales, económicas y ecológicas de cada sistema de producción
a nivel de finca y regional.
El Profesor Bernardo Rosengurtt, pionero de los estudios
en pasturas naturales en el Uruguay, escribió en 1943: Debemos proteger
nuestro patrimonio de praderas con gran intensidad, tanto nacional
como privadamente, de manera de entregarlo inalterado a las futuras
generaciones.
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