Agricultura urbana y periurbana en América Latina y el Caribe

Antigua y Barbuda

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Este país formado por dos islas, Antigua y Barbuda, se clasifica como un país de “ingreso alto no pertenecientes a la OCDE”. Sin embargo, un estudio realizado en 2007 reveló que el 28 % de la población del país vivía en condiciones de indigencia o pobreza o se encontraba en riesgo de caer en la pobreza en caso de crisis económica o desastre natural. Ambas cosas sucedieron en 2008. La inflación mundial de los precios alimentarios dio lugar a fuertes aumentos en el costo local de los alimentos, que representa casi la mitad de los gastos en los hogares más pobres. Posteriormente, en octubre, el huracán Omar causó inundaciones que produjeron grandes pérdidas en las cosechas. Ambos acontecimientos motivaron al Gobierno a acelerar sus proyectos de impulsar la producción alimentaria nacional, con medidas para promover los huertos familiares tradicionales. Seis años más tarde, el Programa nacional de horticultura doméstica produce 280 toneladas de hortalizas anualmente y se considera un factor clave para alcanzar el objetivo “Hambre Cero” en Antigua y Barbuda.

Antigua y Barbuda tiene una larga tradición de huertos caseros, en los que se cultivan productos para el consumo de la familia y otro poco para compartir con amigos y vecinos. Pero esta tradición estaba en declive, ya que la gente comenzó a consumir menos fruta y hortalizas en favor de los alimentos procesados y las dietas abundantes en grasas, azúcar y sal. Al mismo tiempo, las zonas agrícolas se han despoblado debido a la emigración rural hacia la capital, Saint John. Casi el 60 % de la población vive actualmente en los distritos de Saint John City y Saint John Rural, y la mayoría de esta población “rural” se dedica básicamente a actividades urbanas.

Con la urbanización y el cierre de la industria azucarera, la contribución de la agricultura al PIB nacional ha bajado hasta solo el 2 %, muy inferior a la de los sectores del turismo y la banca. Menos del 3 % de la población activa del país trabaja en la agricultura, un sector que sufre una fuerte competencia por la tierra a raíz de la urbanización y el avance del turismo, carece de una producción sostenida durante todo el año y de tecnologías de elaboración y está sometido a condiciones ambientales adversas, como una escasez crónica de agua y una extendida deforestación.

Si bien la horticultura ha pasado a ser hoy en día la principal actividad agrícola, en el año 2008 apenas satisfacía más de una cuarta parte de la demanda local. La factura del país por la importación de frutas y hortalizas aumentó de los 4 millones de USD del año 2000 a los 12,8 millones de USD de 2008, cuando el volumen de hortalizas importadas superó las 5 200 t. En ese año, la producción local de hortalizas fue de solo 2 000 t.

El impacto de la inflación de los precios de los alimentos y del paso del huracán Omar en 2008 puso de relieve la vulnerabilidad del sistema alimentario de Antigua y Barbuda a las crisis externas. Para fortalecer la capacidad de producción alimentaria del país, el Ministerio de Agricultura, Tierras, Vivienda y Medio Ambiente puso en marcha en 2009, con la asistencia de la FAO, un Plan nacional de producción de alimentos. Además de ocuparse de reconstruir y mejorar las infraestructuras agrícolas, como centros agrícolas y laboratorios, caminos, presas y pozos, el plan impone la adopción de medidas para incrementar la contribución de los huertos caseros a la seguridad alimentaria nacional.


Esta iniciativa ha crecido hasta convertirse en un Programa nacional de horticultura doméstica, administrado por la División de Extensión del Ministerio de Agricultura. El programa ya está activo en todos los distritos del país, incluidas las zonas rurales, y tiene 2 500 hogares registrados. Considerando a los miembros de las unidades familiares, se estima que el programa beneficia directamente a un total de 7 500 personas.

El programa alienta a los horticultores domésticos a registrarse en el Ministerio de Agricultura para poder solicitar los servicios de apoyo. Este apoyo comprende el asesoramiento de ocho técnicos y seis facilitadores comunitarios, además del suministro de semillas de hortalizas, plántulas, frutales e insumos, sin costo o a un costo mínimo. En 2011, el programa distribuyó fertilizantes y 250 000 plántulas de diversas hortalizas a los horticultores domésticos. También se han introducido tecnologías modernas para mejorar la productividad, como el riego por goteo, el vermicompostaje, las instalaciones de sombra y el establecimiento de microhuertos en bidones cortados y en palés de madera.

El número de horticultores domésticos ha crecido por efecto de la recesión económica mundial, que ha reducido las oportunidades de empleo y los ingresos. Ahora, la base de participantes incluye organizaciones religiosas, grupos comunitarios, escuelas, servicios militares y prisiones. Están representadas todas las clases sociales, ya que entre los participantes figuran abogados, médicos, pilotos, contadores, enfermeras, funcionarios públicos y empresarios. Sin embargo, hay una clara diferenciación de género: en la horticultura doméstica predominan las mujeres, que superan a los hombres en más de 3 a 1. En cuanto al tamaño de las familias, el 55 % de los solicitantes tiene hogares de 1 a 3 miembros, y el 43 %, de 4 a 6. Solo el 2 % de los registros correspondían a familias de más de 6 personas.

En los huertos se cultivan hortalizas locales tradicionales, como berenjena, pepino, ocra, tomillo y cebollino, así como cultivos tropicales que normalmente son de importación, como tomates, zanahorias, pimientos, cebollas y coles. La mayoría de los vegetales se consumen frescos, con poco o ningún tratamiento, aunque los pimientos picantes muchas veces se deshidratan o refrigeran, la ocra y las espinacas se escaldan, y con la mayor parte de la fruta se elaboran bebidas.

No es fácil cuantificar el área de tierra utilizadas para la horticultura doméstica. La mayoría de los huertos son muy pequeños, de 1 a 10 m2, y muchos productores cultivan hortalizas en recipientes reciclados de diversos tamaños y formas. Sin embargo, a partir de un coeficiente de productividad media, la División de Extensión ha calculado que la horticultura urbana y periurbana ocupa una superficie equivalente a unas 20 ha.

De las 2 500 familias que practican la horticultura doméstica, más de dos tercios consumen la mayor parte de lo que producen y distribuyen el resto entre amigos, colegas y vecinos. Las principales ventajas son el ahorro en la compra de alimentos y la mejora de la situación nutricional. Unas 650 familias también utilizan sus huertos para obtener ingresos, mediante la venta de sus productos en mercados y tiendas locales. La producción casera también ha creado empleos basados en la elaboración de los productos, con los que se preparan salsas, mermeladas o jaleas, y en la producción de plántulas e injertos. Además de promover los huertos caseros, la División de Extensión fomenta la cría de aves de corral en las escuelas y la apicultura en los patios de las casas.

El Plan nacional de producción de alimentos y el Programa de horticultura doméstica han mejorado considerablemente la seguridad alimentaria de Antigua y Barbuda. La producción de hortalizas en las zonas rurales alcanzó las 3 200 t en 2012, un aumento de más del 60 % desde 2008. En ese mismo período, la producción de las zonas urbanas y periurbanas creció todavía más rápidamente, de 500 a 900 t.

Los huertos caseros aportaron cerca de 280 t, es decir, el 7 % de la producción de hortalizas del país. Otras 620 t procedieron de horticultores periurbanos que han ampliado la superficie de cultivo y que, gracias a la utilización de semillas mejoradas y al manejo integrado de plagas y al uso de embalajes, están suministrando lechugas, espinacas y otros cultivos de alto valor a hoteles y supermercados y consiguen un gran volumen de ventas en los mercados públicos.

La horticultura casera también se considera un baluarte de la seguridad alimentaria en caso de fenómenos climáticos extremos. Cuando el huracán Earl azotó Antigua en agosto de 2010, las inundaciones anegaron grandes campos de hortalizas en las zonas rurales y causaron pérdidas de alrededor del 20 % en las cosechas. Sin embargo, la producción doméstica no se vio afectada significativamente, ya que los huertos caseros son de menor tamaño, su gestión es más intensiva y se restablecen rápidamente.

La horticultura casera ha cobrado tal popularidad que el Gobierno ha designado el 21 de abril como Día Nacional de los Huertos Caseros. El apoyo del Gobierno a la agricultura urbana y periurbana ha quedado incorporado en la Política nacional de seguridad alimentaria y nutricional, la Estrategia nacional de reducción de la pobreza, el Plan nacional de transformación económica y social y, más recientemente, el Plan de acción del Desafío Hambre Cero. El régimen de prestaciones médicas nacionales, con la asistencia del Ministerio de Agricultura, ha puesto en marcha el programa de horticultura escolar “Produce lo que consumes”, que ya está activo en cuatro escuelas primarias.


El Gobierno ha fijado el objetivo de producir al menos 1 800 t anuales de hortalizas en los patios de la población. Para ello, el programa tendrá que ampliarse considerablemente y basarse en la experiencia adquirida hasta la fecha.

Es decisivo que el Gobierno siga prestando su apoyo. La agricultura casera tiene que incorporarse al presupuesto nacional, a fin de que pueda incluirse en las partidas destinadas a la prestación de servicios para la agricultura en su conjunto. Se necesitan fondos para aumentar el suministro de insumos materiales, como semillas y sistemas de riego, y para mejorar las tecnologías de producción y de gestión poscosecha. Es necesario modernizar el centro agrícola de Bendal a fin de aumentar la producción en masa de plántulas para su distribución. Un equipo de pequeños tractores también contribuiría a dar una mayor escala a la horticultura periurbana.

Uno de los principales retos para la sostenibilidad del programa es el acceso a los recursos, especialmente por parte de las familias vulnerables. Si bien hay entidades de crédito que ofrecen préstamos a los agricultores, los prestatarios necesitan garantías, algo que suele estar fuera del alcance de las familias de bajos ingresos.

También es necesario preparar a la comunidad para el uso de aguas grises en el riego de las hortalizas, lo que todavía no es una práctica común. Dado que el agua es un recurso escaso y costoso en Antigua y Barbuda, es importante reducir la dependencia del abastecimiento interno a través de reciclaje de aguas grises en pequeña escala.

Dado que la mayoría de los productos agrícolas de cultivo casero se consumen frescos, también es necesario capacitar a los horticultores en materia de inocuidad de los alimentos y en el manejo integrado de plagas, para eliminar el uso de plaguicidas sintéticos. También hay problemas en la gestión poscosecha y el almacenamiento, que han dado lugar a grandes pérdidas de alimentos.

Por último, la creación de redes de horticultores los ayudaría a compartir experiencias, tecnología e información y permitiría organizar visitas en grupo para ver lo que están haciendo los demás y aprender formas de hacer más sostenibles sus innovaciones domésticas. De esta manera, entre las prioridades que habrá que tener en cuenta en el futuro está la formación de una asociación de horticultores domésticos, para ayudarlos a obtener insumos y a comercializar sus productos conjuntamente.

Hambre Cero para el año 2015

Los huertos caseros de Antigua y Barbuda desempeñan un papel fundamental en un ambicioso plan con el que se pretende lograr el objetivo “Hambre Cero” en el país para el año 2015. Puesto en marcha en febrero de 2013, este plan hace suyo el Desafío Hambre Cero del Secretario General de las Naciones Unidas Ban Ki-moon, quien ha reclamado la adopción de medidas para que en todo el mundo haya un acceso sin restricciones a una alimentación adecuada durante todo el año, ningún caso de retraso en el crecimiento entre los niños menores de 2 años, un 100 % de crecimiento en la productividad y los ingresos de los pequeños agricultores, sostenibilidad de todos los sistemas de producción de alimentos y ninguna pérdida ni despilfarro de alimentos.

El plan, que fue preparado conjuntamente por el Gobierno de Antigua y Barbuda, la FAO y otras cuatro organizaciones, tiene por objeto eliminar el hambre y la pobreza extrema en el país en un plazo de dos años. Su estrategia se basa en fortalecer y diversificar el sector de la agricultura, mejorar el estado nutricional y de salud de la población, ampliar la protección social, crear empleos y oportunidades de generación de ingresos para los pobres y asegurar una buena gestión de los programas destinados a combatir el hambre y la pobreza.

La horticultura doméstica está considerada un “elemento fundamental” para incrementar la disponibilidad de alimentos en los hogares. El plan está ampliando el alcance del programa, con especial hincapié en las mujeres y los jóvenes. Facilitadores de la comunidad están trabajando con personal de extensión en seis centros de demostración de horticultura casera, en los que se capacita a familias vulnerables para establecer huertos domésticos y para usar tecnologías, como el riego por goteo o la microhorticultura. El plan también reclama la creación de huertos en las 33 escuelas de Antigua y Barbuda y la inclusión de los productos de los huertos caseros y escolares en el Programa nacional de alimentación escolar, que ofrece almuerzos todos los días a 3 000 alumnos.