Agricultura urbana y periurbana en América Latina y el Caribe

Managua

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Entre los países centroamericanos, Nicaragua ha demostrado el compromiso más firme con la agricultura urbana y periurbana. La agricultura urbana y periurbana es una estrategia clave en su Plan nacional de desarrollo humano para 2012-2016, y un programa del Gobierno tiene como objetivo establecer 250 000 huertos domésticos en las ciudades de todo el país. El Gobierno considera que la agricultura urbana y periurbana es un elemento fundamental para sus políticas de desarrollo de la economía familiar y para lograr la seguridad y soberanía alimentaria. El plan es establecer huertos familiares y bancos comunitarios de semillas, brindar a los productores urbanos pobres capacitación, acceso a insumos y asistencia para comercializar sus productos, y desarrollar tecnologías de riego para superar la escasez estacional de agua. Las bases de la nueva Política nacional y del Programa de huertos familiares quedaron sentadas en el proyecto iniciado en 2010 en dos de las áreas más pobres y más densamente pobladas de Managua.

En Nicaragua, cuando llueve, truena. Casi la totalidad de las precipitaciones anuales del país se registran entre mayo y noviembre, mientras que gran parte de la temporada seca, de diciembre a abril, transcurre prácticamente sin lluvia. Esta característica representó un desafío para un proyecto reciente destinado a introducir huertos caseros en los patios del barrio Los Laureles Sur de Managua y en el municipio de Ciudad Sandino.

El barrio Los Laureles Sur tiene a la vez un carácter urbano y periurbano, y fue escogido por sus altos niveles de inseguridad alimentaria y desnutrición. Un censo de escolares de primer grado refleja que el 17 % muestran un retraso del crecimiento moderado o severo. Ciudad Sandino, situada al oeste de la capital, cuenta con una población de unos 90 000 habitantes y es predominantemente urbana y pobre, ya que casi todos los residentes viven con menos de 2 USD diarios. Los hogares de ambas zonas consumían menos de 60 g de frutas y hortalizas por persona por día, es decir, apenas el 15 % del nivel recomendado por la FAO y la OMS.

El proyecto, que fue financiado por España y ejecutado por la FAO en colaboración con el Ministerio Agropecuario y Forestal y las alcaldías de Managua y Ciudad Sandino, invitaba a los residentes locales a inscribirse en cursos sobre el cultivo orgánico de hortalizas que se impartían en los centros demostrativos de capacitación establecidos en terrenos municipales de las dos zonas implicadas.

Cada centro constaba de dos zonas: una, destinada a la creación de los huertos y la demostración de tecnologías, incluyendo lombricultura, elaboración de biofertilizantes foliares y construcción de invernaderos para la producción de plántulas y de tanques para almacenar agua; y la otra, reservada para las actividades de capacitación y para instalar oficinas y bodegas de herramientas y equipos. Los módulos de capacitación incluían áreas tales como la preparación del suelo, la siembra, el manejo agroecológico de plagas y enfermedades, el manejo del agua y las tecnologías de riego y la seguridad alimentaria.

Después de la capacitación, los participantes recibieron un conjunto básico de herramientas que incluía una pala, un pico y una carretilla para crear huertos domésticos, junto con una serie de escardadores, rastrillos y perforadores para las labores agrícolas. Además, en los centros demostrativos podían conseguir plántulas y recibían asistencia técnica en caso de necesidad. Los técnicos destinaban dos días a la semana a atender asuntos en el centro de capacitación, y cuatro días a brindar asistencia directa a los participantes en sus propios hogares.

Alrededor del 75 % de las 430 personas que se unieron al proyecto fueron mujeres; por lo general, cabezas de familia motivadas por el deseo de mejorar la nutrición de sus familias. En muchos hogares, todos los miembros de la familia participaban en el proyecto, cavando el huerto o construyendo contenedores y preparando sustratos para los microhuertos. Algunos de los participantes en el proyecto convirtieron su huerto en un minicentro de demostración, donde incluso hoy se sigue capacitando a los vecinos.

Para asegurar la producción de hortalizas durante todo el año, era necesario encontrar una fuente fiable de agua que obedeciera a la demanda que requieren los cultivos durante los seis meses de la temporada seca. Pero tanto en Los Laureles Sur como en Ciudad Sandino, los arroyos que causan inundaciones durante la temporada de lluvia se secan durante los meses secos. El uso de agua corriente de la red urbana para cultivar hortalizas era otra alternativa que se debía descartar: pocas casas cuentan con el servicio de agua potable. En cualquier caso, debido a las altas tasas de fugas y desperdicio, el agua en Nicaragua está muy racionada. Algunos vecinos reciben el servicio solo dos horas diarias. Y el cercano lago de Managua está tan contaminado tras décadas de recibir desechos sin tratar, que pasarán décadas antes de que una planta de tratamiento recién construida vuelva su uso adecuado para el riego.


Para regar los huertos de los patios traseros, por lo tanto, el proyecto aprovechaba la fuente de agua limpia y abundante más fiable de la ciudad: las lluvias de la estación húmeda. Para ello, en las azoteas de las viviendas de todos los participantes se instaló un sistema capaz de capturar y almacenar unos 10 000 l de agua de lluvia al año.

Según las estimaciones del proyecto, para capturar agua de lluvia en cantidad suficiente para un huerto familiar de hortalizas se requiere un área mínima en techo de 10 m2. Cada familia recibió un tanque con una capacidad de 5 000 l, que se conecta a un tubo de plástico que conduce el agua de lluvia desde el techo al tanque. El tubo posee un acople en T que permite drenar el agua de las primeras lluvias al inicio del invierno (ya que esta agua probablemente contiene polvo o desperdicios de animales caseros, pájaros y palomas acumulados en el tejado).

Los tanques de almacenamiento cilíndricos verticales, que miden de 1,6 m a 2,5 m de alto y ancho, se elaboraron en una fábrica de Managua con dos capas reforzadas a base de resina plástica de alta tecnología. La capa externa es de color negro para bloquear el paso de la luz y la formación de lama, y la interior es una capa blanca de polímero antibacteriano. En la parte inferior del tanque hay una llave de paso regulable que se conecta a una manguera o se usa para llenar botes de riego. Los tanques, producidos con un costo equivalente a 585 USD cada uno, incluyendo tubos, filtros e instalación, son reciclables y tienen una durabilidad de 10 años.

Ya que cada tanque se puede llenar dos veces o más durante la estación húmeda, las 430 unidades instaladas en el marco del proyecto pueden capturar en un año como mínimo 4,3 millones de litros de agua, una cantidad que ya no se escurre superficialmente sino que se utiliza para el riego de hortalizas y para enriquecer el manto acuífero de la ciudad. Con los tanques para la captación del agua de lluvia y los sistemas de riego por goteo, los centros de capacitación de Los Laureles Sur y de Ciudad Sandino obtuvieron en 2012 una producción total de más de 1,5 t de hortalizas, principalmente tomates, zanahorias y berenjenas. Aplicando todo lo que habían aprendido en los centros demostrativos, los participantes en el proyecto cosecharon en sus propios huertos tomate, chiltoma (chile dulce), cebolla, lechuga, acelga, rábano, espinaca, remolacha, berenjena, ayote (calabaza o zapallo), apio, pepino, frijol de vara y batata, además de hierbas como menta, perejil y albahaca.

En total, el proyecto supuso una inversión de unos 620 000 USD en capacitación, infraestructuras, sistemas de captación de agua y creación de centros demostrativos de capacitación. Una evaluación realizada en 2012 estimó que entre los agricultores urbanos de Managua existía una alta tasa de adopción de tecnologías y prácticas de bajo costo, con conservación de recursos y respetuosas con el medio ambiente.

Los productores habían empezado a utilizar riego por goteo usando botellas plásticas recicladas y aplicaban abono orgánico hecho a base de hierba y paja para conservar la humedad del suelo. También enriquecían el suelo de sus parcelas y microhuertos con compost, estiércol y fertilizante orgánico creados con la fermentación anaeróbica de residuos domésticos (bioles) y sembraban semillas certificadas de variedades recomendadas a nivel local. Para el control de plagas y enfermedades, aplicaban cal y cenizas a la tierra antes de la siembra y a las hojas durante el crecimiento del cultivo. Para combatir la mosca blanca, plantaban setos alrededor de los huertos y ponían trampas adhesivas que utilizan aceite de cocina como pegamento.

La evaluación también indicó que el consumo promedio de hortalizas en las familias que cultivaban huertos había mejorado en un 60 %, alcanzando casi los 100 g por persona y día. La mejora más espectacular se dio en el barrio Israel Galeano de Los Laureles Sur, donde el consumo aumentó en más del 160 %. Para fomentar la diversificación de la producción y un consumo mayor de frutas y verduras por parte de los agricultores domésticos —y ayudar a que sus vecinos hagan lo mismo— en el marco del proyecto de Managua se organizaron ferias gastronómicas donde los visitantes podían degustar una variedad de platos a base de productos frescos y cultivados en casa.

Los huertos domésticos no solo mejoraron la nutrición de aproximadamente 2 500 miembros de unidades familiares, sino que también les permitió ahorrar el dinero que hubieran gastado en la compra de alimentos. Aunque los excedentes producidos fueron relativamente modestos, el 17 % de los hogares de Ciudad Sandino y el 10 % de los de Los Laureles Sur lograron generar ingresos con la venta de hortalizas a los vecinos o en los mercados locales.

El proyecto también ayudó al Ministerio de Educación a crear microhuertos en recipientes en 10 escuelas. Después de la capacitación, alrededor de 2 000 estudiantes comenzaron a cultivar repollo, lechuga, tomate y chiltoma en llantas, botellas y hasta en carcasas de televisores. En el marco del proyecto se imprimieron 1 500 ejemplares de un manual para la creación de huertos escolares que se utilizó en cursos realizados en otras 17 escuelas de Managua.


El éxito del proyecto de los huertos en Managua contribuyó a que el Gobierno de Nicaragua incluyera la agricultura urbana y periurbana en su Plan nacional de desarrollo humano (PNDH) para el período 2012-2016 y pusiera en marcha el Programa solidario Patio Saludable, con una inversión de 3 millones de USD, para fomentar la producción de alimentos en las ciudades.

El PNDH reafirma la primera prioridad para el Gobierno: garantizar que las familias nicaragüenses, especialmente las más pobres, tengan acceso a una alimentación suficiente, nutritiva, sana e inocua. Como parte de su estrategia de soberanía y seguridad alimentaria, el Plan busca aumentar la producción, la productividad y los ingresos de familias, comunidades y cooperativas. Explícitamente se incluyen entre los pequeños y medianos productores de alimentos aquellos de las áreas urbanas.

El Programa solidario Patio Saludable, puesto en marcha por el recién creado Ministerio de Economía Familiar, Comunitaria, Cooperativa y Asociativa, promueve la producción de alimentos sanos en los hogares urbanos y periurbanos, aplicando tecnologías apropiadas y con la participación de familias, jóvenes e instituciones públicas.

El Ministerio ha capacitado a 13 000 jóvenes que brindan asistencia a los participantes en el programa y, con el apoyo de la FAO, está estableciendo 13 viveros —en Managua y en cabeceras departamentales— para la producción de plántulas y para usar como centros de capacitación.

Según informa el Ministerio, desde que se puso en marcha el programa en el barrio Nueva Nicaragua de Managua, en mayo de 2012, se ha ayudado a más de 76 000 hogares a crear huertos con plantas frutales, hortalizas, especias y plantas locales, tales como la malanga, el chayote y el achiote. La meta para el bienio 2013-2014 es crear otros 120 500 huertos en todas las cabeceras departamentales del país, 60 000 de ellos solo en Managua.

Riego por goteo así de sencillo

Para optimizar el uso del agua de lluvia captada, el proyecto incluía un sistema de riego por goteo de bajo costo. La construcción del sistema requiere material muy simple: botellas plásticas de refrescos y sus tapones, un clavo de zinc de 8 cm, martillo, cuchilla afilada y goteros de plástico usados en sistemas de microrriego.

El clavo se usa para abrir un hueco en la tapa, donde se instala el gotero y se enrosca a la botella. Luego se hace una incisión en la parte inferior de la botella para poder llenarla con agua usando el embudo (no se recomienda retirar la base de las botellas ya que se bloquean fácilmente con polvo y residuos). Las botellas se pueden instalar en los huertos usando estacas de madera de 30 cm de altura, o fijadas a canastas colgantes y otros recipientes usados en los microhuertos.

El caudal de salida se regula según la posición de la botella, vertical o en ángulo de 45º, o colocando una esponja en el cuello de la botella.

El tamaño de las botellas de riego debe guardar correspondencia con el desarrollo vegetativo de la planta. Una botella de 1,5 l de agua es suficiente para satisfacer las necesidades cotidianas de una planta de tomate o de chiltoma durante 20 días después del trasplante. A continuación se remplaza por una botella de 2 l, y al cabo de 35 días más, por una botella de 3 l. Una vez que se han asegurado la floración y la fructificación, se empieza a disminuir la pauta de riego.

Un último consejo del equipo de trabajo del proyecto de Managua: hay que lavar las botellas bien antes de utilizarlas en el huerto porque los residuos de azúcar atraen a las hormigas, lo que puede causar problemas en los cultivos.