Agricultura urbana y periurbana en América Latina y el Caribe

Panorama general

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En octubre de 2009, se reunieron en la ciudad de Medellín (Colombia) representantes de organismos gubernamentales, institutos de investigación, ONG y organizaciones internacionales, procedentes de 12 países de América Latina y el Caribe, para elaborar estrategias destinadas a acabar con las altas tasas de pobreza en las zonas urbanas y la inseguridad alimentaria en la región. La reunión se celebró mientras muchos de estos países salían lentamente de los efectos de la inflación mundial de los precios de los combustibles y los alimentos, que habían elevado el costo de la vida más allá de los recursos de muchos de los 160 millones de pobres de las zonas urbanas. En la reunión de Medellín se propuso una transición urbana hacia la inclusión social, la equidad y la sostenibilidad. La Declaración de Medellín insta a los gobiernos nacionales, estatales y locales a incorporar la agricultura urbana y periurbana (AUP) en sus programas destinados a erradicar el hambre y la pobreza, fortalecer la seguridad alimentaria y la nutrición, promover el desarrollo local y mejorar el medio ambiente urbano.

En esos momentos, la agricultura urbana y periurbana proporcionaba una red de seguridad a muchas familias de bajos ingresos. Análisis recientes de la FAO de encuestas nacionales de las familias realizadas entre 2003 y 2008 indican que 1,4 millones de residentes urbanos de Nicaragua y Guatemala también eran productores de alimentos. Los ahorros en las compras de alimentos, junto con las ventas de los productos, representaban más de una quinta parte de los ingresos de los hogares.

Cinco años después, el presente informe se centra en los progresos alcanzados en la realización de la perspectiva de Medellín sobre “ciudades más verdes” en América Latina y el Caribe, donde la agricultura urbana y periurbana está reconocida en las políticas públicas, se incluye en las estrategias de desarrollo urbano y la planificación del uso de la tierra, cuenta con el apoyo de entidades de investigación y extensión agrícola y está vinculada a las fuentes de la innovación tecnológica, la inversión y el crédito, así como a los mercados urbanos y los consumidores.


Desde 2009, la población urbana de América Latina y el Caribe ha aumentado en unos 50 millones, alcanzado casi los 500 millones de personas. Actualmente la región es la más urbanizada del mundo, ya que el 80 % de su población vive en ciudades. Casi 70 millones de habitantes se concentran en cuatro megalópolis: Buenos Aires, la Ciudad de México y dos ciudades brasileñas, Río de Janeiro y São Paulo.

Si bien el porcentaje de habitantes de barrios urbanos marginales dentro de la población urbana ha disminuido, el número total ascendió a más de 110 millones de personas en 2010. Las tasas de pobreza urbana siguen siendo inaceptablemente elevadas: el 30 % de los residentes urbanos de Colombia, el 35 % de Guatemala y el 24 % del Paraguay vivían por debajo del umbral nacional de pobreza en 2011.

Además, todavía no se ha derrotado el fantasma del hambre urbana. Un reciente estudio del Banco Mundial encontró que los precios de los alimentos seguirán siendo elevados en América Latina y el Caribe. Según este estudio, los habitantes pobres de las zonas urbanas serán los que más sufrirán las repercusiones negativas de los futuros aumentos de precios.

El Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-Hábitat) considera que las ciudades de América Latina y el Caribe tienen posibilidades de salir del subdesarrollo, la desigualdad y la insostenibilidad. Tras 50 años de crecimiento acelerado, el proceso de urbanización está “prácticamente concluido” en todos los países.

Según ONU-Hábitat, en estos momentos la región necesita crear centros urbanos que sean ambientalmente sostenibles, promover la inclusión social, favorecer el empleo local y reafirmar la primacía de los espacios públicos. Un punto de partida para esta transformación es la agricultura urbana y periurbana.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura promueve activamente la agricultura urbana y periurbana desde 1999, cuando determinó que 800 millones de personas en todo el mundo participaban activamente en la agricultura, la ganadería, la pesca y la producción forestal en las zonas urbanas y conurbadas. Desde entonces, la población urbana de las regiones menos desarrolladas del mundo ha pasado de 2 000 millones de personas a más de 2 700 millones.

Los conceptos de la agricultura urbana y periurbana han evolucionado junto con el crecimiento demográfico, los desafíos del cambio climático y el agotamiento de los recursos naturales. Actualmente, la producción de alimentos en las zonas urbanas y periurbanas se considera un factor esencial of para conseguir “sistemas alimentarios de las ciudades-región” que sean sostenibles y con capacidad de recuperación y que estén plenamente incorporados en la planificación del desarrollo.

Además de proporcionar a la población pobre de las zonas urbanas alimentos nutritivos e ingresos adicionales, la agricultura urbana y periurbana se ha convertido en un elemento clave de las estrategias destinadas a reducir la huella ecológica de las ciudades, reciclar los residuos urbanos, contener la expansión urbana, proteger la biodiversidad, fortalecer la capacidad de recuperación ante el cambio climático, estimular las economías regionales y reducir la dependencia del mercado mundial de alimentos.


Para evaluar el estado de la agricultura urbana y periurbana en América Latina y el Caribe, la FAO llevó a cabo en 2013 una encuesta en 27 países, de los que 23 enviaron respuesta. Además, la FAO encargó la realización de estudios de casos sobre la agricultura practicada en y alrededor de 13 grandes ciudades de la región.

Se proporcionaron datos sobre la agricultura de 110 ciudades y municipios, desde grandes aglomeraciones urbanas como la Ciudad de México hasta comunidades pequeñas como San José del Golfo (con una población de 5 889 personas), en Guatemala; desde la próspera capital regional de Belo Horizonte, en el Brasil, hasta los campamentos de las afueras de Puerto Príncipe donde se hacinan personas desplazadas.

La investigación de la FAO ha confirmado que la agricultura urbana y periurbana está muy difundida en la región. Se practica, por ejemplo, en un 40 % de los hogares de Cuba y en el 20 % de los de Guatemala y Santa Lucía. En las principales ciudades y municipios del Estado Plurinacional de Bolivia, 50 000 familias son productoras de alimentos. En Bogotá, 8 500 familias producen alimentos para consumo doméstico. En Haití, 25 500 familias cultivan 260 ha de tierra en Puerto Príncipe y sus alrededores y en otras ciudades.

Entre las capitales, la “más verde” es La Habana, donde 90 000 residentes se dedican a alguna forma de agricultura, ya sea cultivando huertos caseros o trabajando en los huertos y las granjas pecuarias comerciales de la ciudad. Quito es otra de las que destacan, ya que según el último recuento contaba con 140 huertos comunitarios, 800 huertos familiares y 128 huertos escolares.

La agricultura urbana de la región abarca una amplia gama de actividades adaptadas a espacios pequeños, desde el cultivo de hortalizas en los traspatios de las casas hasta la producción intensiva de flores y la cría de animales pequeños para obtener huevos y carne. Los huertos escolares y la horticultura familiar son las formas predominantes de producción de alimentos en las zonas urbanas.

Los huertos familiares son habituales en las zonas urbanas de Cuba, Colombia, Nicaragua, el Ecuador y el Perú y en la mayoría de los países del Caribe. Estos huertos producen berenjena y ocra en Antigua y Barbuda, zanahoria y cilantro en Tegucigalpa, brócoli y quinua en Quito y espinacas y fresas en el altiplano boliviano.

En El Alto, las familias también crían cobayos, que se adaptan fácilmente a espacios pequeños y son una buena fuente de proteínas. En los barrios que circundan la Ciudad de México, se crían conejos, aves y borregos. En los barrios deprimidos de Kingston, los jóvenes crían peces tropicales para su exportación a América del Norte.

Los agricultores urbanos provienen de todos los grupos de edad y orígenes sociales. La mayoría, sin embargo, proceden de familias de bajos ingresos y practican la agricultura como una manera de reducir su gasto en alimentos y de obtener más ingresos por la venta de sus productos. En 16 de los 23 países estudiados, los agricultores urbanos o periurbanos obtenían algunos ingresos con esta actividad.

La principal ventaja, sin embargo, ha sido mejorar el acceso a los alimentos. Los horticultores urbanos y sus familias disfrutaban de una alimentación más variada que otros habitantes de las zonas urbanas y tenían más probabilidades de consumir frutas y hortalizas con regularidad.

Las mujeres son la fuerza motriz de la agricultura urbana en muchos países, especialmente en el Caribe, Bolivia, Colombia, el Ecuador, Honduras y Nicaragua. Una elevada proporción de las familias de agricultores urbanos están a cargo de una mujer: el 90 % en Managua, el 86 % en Haití, el 70 % en la Ciudad de Belice y el 25 % en Quito.

El principal reto que afrontaban los agricultores en las ciudades estudiadas era la falta de espacio, seguida de la mala calidad de los suelos y la falta de fiabilidad del suministro de agua. Para aquellos interesados en producir grandes excedentes para la venta, las principales dificultades eran el alto costo de los insumos, así como la falta de semillas de calidad y del crédito necesario para comprar herramientas y equipos de procesamiento. Pero unos rendimientos superiores no garantizaban la obtención de ingresos más altos: la mayoría de los productores tenía un acceso muy limitado a los mercados.


En los sistemas alimentarios de las ciudades-región, la agricultura practicada en las zonas periurbanas y rurales es fundamental para el abastecimiento de alimentos a los centros urbanos y contribuye al empleo, los medios de subsistencia, la nutrición y la capacidad de recuperación del medio ambiente. La escala de la ciudad-región se considera una unidad espacial sostenible y manejable para la integración de la producción alimentaria con otros servicios de los ecosistemas, al tiempo que ayuda a asegurar la protección social de la población pobre de las zonas rurales y urbanas.

En América Latina y el Caribe, la agricultura periurbana incluye grandes zonas agrícolas de producción de cereales, hortalizas y tubérculos, tierras de pastoreo de cabras y ovejas, granjas lecheras y unidades de producción ganadera intensiva. Unas 22 800 ha de tierras agrícolas dentro del perímetro de la Ciudad de México producen anualmente alrededor de 15 000 t de hortalizas. En las afueras de Lima, en unas 5 000 ha de tierras de regadío, se cultivan hortalizas de ciclo corto para la venta en los mercados de la ciudad. La agricultura a pequeña escala es una fuente de ingresos para la población procedente de las zonas rurales y para muchos de los habitantes pobres de las zonas urbanas de Lima.

A pesar de su papel en la creación de empleo y el suministro de alimentos a las ciudades, la agricultura periurbana sufre la presión cada vez mayor de la urbanización. En la Argentina, la producción de soja para la exportación ha desplazado de la periferia urbana la producción de leche, fruta y hortalizas.

En la Ciudad de México, proliferan los asentamientos informales en tierras reservadas para la agricultura, y la sobreexplotación de los acuíferos por los usuarios domésticos e industriales ha provocado un grave deterioro en el suministro y la calidad del agua. Los pequeños agricultores tienen un acceso limitado a los mercados de la ciudad, carecen de las tecnologías necesarias para agregar valor a sus productos y están expuestos a riesgos para la salud por el uso excesivo de productos agroquímicos.

En Lima, la intensa competencia por el agua obliga a la mayoría de los agricultores a regar con aguas residuales muy contaminadas. La expansión urbana ha apartado de la producción las mejores tierras agrícolas de la provincia de Lima y está desplazando la agricultura hacia zonas más distantes y menos fértiles, lo que dará lugar a canales de distribución más largos, precios más elevados de los alimentos y escasez de algunos productos.


Para crear ciudades más verdes es necesario el apoyo de los gobiernos, desde el nivel local hasta el central. Los gobiernos establecen las políticas y las prioridades de desarrollo urbano. Como principales propietarios de las tierras y encargados de la gestión de los residuos sólidos y el suministro de agua, pueden proporcionar, o negar, los recursos necesarios para la agricultura urbana y periurbana. Veamos cuál es el grado de compromiso político e institucional de la región y lo que significa para la agricultura urbana y periurbana “sobre el terreno”.

Doce de los 23 países estudiados tienen políticas nacionales que promueven expresamente la agricultura urbana y periurbana. Ocho de ellos están en el Caribe. La política de Cuba data de 1997, cuando el Gobierno decidió fomentar la agricultura urbana en todo el país. Su Programa de agricultura urbana y periurbana ha establecido en La Habana una red de tiendas de suministros agrícolas, fincas municipales de semillas, unidades de producción de compost y clínicas veterinarias. Los horticultores urbanos tienen derecho a seguros agrícolas y a créditos para la producción.

En el Brasil, el apoyo a la agricultura urbana y periurbana se enmarca en la política nacional sobre el Hambre Cero. Esta política, ejecutada por las autoridades locales, incluye la creación de mercados para los agricultores, la capacitación para el establecimiento de huertos escolares, la asignación de espacios urbanos libres para la agricultura y la reducción de impuestos aplicables a las tierras utilizadas para este fin.

Por otra parte, hay países donde no existen políticas en materia de agricultura urbana y periurbana, entre ellos algunos —Colombia, el Ecuador y el Perú— con una población urbana importante y con programas de agricultura urbana en vigor en sus capitales (Bogotá, Quito y Lima).

No obstante, incluso en ausencia de una política nacional, la agricultura urbana y periurbana está claramente reconocida en el ámbito de las instituciones nacionales. A pesar de que Bolivia no ha aprobado todavía su proyecto de Política nacional de alimentación y nutrición —que previsiblemente apoyará la agricultura urbana y periurbana—, el Ministerio de Desarrollo Productivo y Economía Plural pondrá en marcha, con la asistencia de la FAO, un Programa nacional de agricultura urbana y periurbana en 2014.

De los 26 países sobre los que se dispone de información, 17 tienen al menos un ministerio encargado de reglamentar, facilitar y apoyar la agricultura urbana y periurbana. En 11 de los 12 países del Caribe estudiados, un ministerio nacional, por lo general el Ministerio de Agricultura, es responsable del sector. En Antigua y Barbuda, el apoyo a la horticultura doméstica comprende el asesoramiento de ocho técnicos y seis extensionistas comunitarios y el suministro de semillas, plántulas, frutales e insumos sin costo o a un costo mínimo. En Guatemala, el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación ha creado un Departamento de Agricultura Urbana, que provee a los productores de capacitación, herramientas e insumos.

En algunos países, la agricultura urbana y periurbana se promueve desde las instituciones nacionales de investigación. El programa argentino Pro-Huerta, a cargo del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, funciona desde hace más de veinte años y ha ayudado a establecer 8 000 huertos comunitarios y medio millón de huertos familiares.


Sin embargo, la verdadera demostración del compromiso político e institucional debe estar en el ámbito de la ciudad. En los países del Caribe, son las instituciones nacionales las que regulan y respaldan la agricultura en las zonas urbanas, como es natural, dada la pequeña extensión de la mayoría de los países caribeños insulares.

En Cuba, Guatemala y Nicaragua, comparten esta tarea las autoridades nacionales, provinciales y locales. En la ciudad de Rosario (Argentina), el gobierno municipal asigna 25 ingenieros agrónomos y 380 000 USD al programa de agricultura Pro-Huerta y proporciona capacitación, semillas y herramientas, mientras que la provincia de Santa Fe financia la instalación de infraestructuras.

La Política de apoyo a la horticultura urbana de Belo Horizonte reconoce que la agricultura urbana y periurbana contribuye al “pleno desarrollo de las funciones sociales de la ciudad”. El gobierno local invierte 240 000 USD al año para promover la producción urbana, periurbana y rural de alimentos, con el apoyo del Servicio de Extensión Agrícola. El desarrollo de la agricultura urbana y periurbana cuenta con la orientación de un Consejo para la Seguridad Alimentaria, compuesto por representantes de los gobiernos municipales, estatales y federal.

Los gobiernos locales, en diferentes escalas territoriales y administrativas —desde la parroquia y el municipio hasta el distrito y la provincia—, son responsables de la agricultura urbana y periurbana en Bolivia, Colombia, el Ecuador, El Salvador, Haití, Honduras, el Paraguay y el Perú. Muchas ciudades han establecido organismos especializados para la gestión y el apoyo a estas actividades en sus respectivas jurisdicciones. En la ciudad de Quito, la Agencia Metropolitana de Promoción Económica es la que ofrece insumos subsidiados y contribuye a proporcionar conocimientos de administración a los horticultores urbanos.

Varios municipios de las afueras de la Ciudad de Guatemala tienen sus propios programas de horticultura familiar. Los municipios, a menudo en colaboración con ONG, también son los principales promotores de la agricultura urbana y periurbana en El Salvador y Honduras. El gobierno municipal de El Alto ha adoptado como política pública la promoción de la producción agropecuaria en sus zonas urbanas y periurbanas.

Los gobiernos provinciales y de distrito tienen la responsabilidad de la agricultura urbana y periurbana en el Perú. La Municipalidad Metropolitana de Lima aprobó en septiembre de 2012 una ordenanza que establece un Programa de agricultura urbana. Sin embargo, muchas de las administraciones locales del Perú no tienen políticas o programas para la agricultura.

¿Por qué algunas ciudades adoptan la agricultura urbana y periurbana y otras no? Entre los factores que favorecen el fomento de este tipo de agricultura está la participación de las organizaciones internacionales, como la FAO y ONU-Hábitat, y de ONG internacionales, como la Fundación RUAF y el Instituto para la Promoción del Desarrollo Sostenible (IPES).

Entre 2004 y 2011, un grupo multidisciplinario, basado en la Oficina Regional de la FAO para América Latina y el Caribe, promovió el desarrollo de la agricultura urbana y periurbana en toda la región. Organizó reuniones de alto nivel de los responsables de las políticas y puso en marcha proyectos en Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Uruguay y Venezuela, que generaron conocimientos y herramientas que se utilizan el día de hoy en el diseño de estrategias y programas, y en capacitaciones y la transferencia de tecnologías. La iniciativa regional también produjo una campaña radial y videos educativos sobre la agricultura urbana y periurbana, un curso a distancia para los gestores de programas, y manuales prácticos sobre temas como los huertos familiares, “hidroponía popular”, la producción artesanal de semillas y el uso de biopreparados para el manejo de plagas y enfermedades.

Las ONG locales pueden estimular la agricultura urbana y periurbana en cada lugar. El programa de Rosario surgió a raíz de una iniciativa de una ONG que llevó la horticultura a los barrios pobres. La voluntad política de personas concretas también puede ser decisiva; los programas para la agricultura urbana de Belo Horizonte y Bogotá fueron iniciados por alcaldes que presentaron programas de seguridad alimentaria y desarrollo socioeconómico incluyente.

A veces, los resultados positivos de iniciativas municipales pueden influir en las políticas nacionales. El éxito de los proyectos de horticultura casera de la FAO en Managua y Tegucigalpa ayudó a convencer a los gobiernos de Nicaragua y de Honduras de “incrementar” la agricultura urbana a escala nacional.


El Equipo de Tareas de Alto Nivel de las Naciones Unidas reclamó un cambio del paradigma de planificación urbana, hacia otro que aliente la producción de alimentos en las zonas urbanas y periurbanas. La zonificación de las tierras para la agricultura es una medida recomendada: protege las tierras de otros usos, y puede ayudar a establecer la agricultura urbana como una actividad económica y a los agricultores urbanos como una categoría profesional.

El estudio de la FAO ha constatado que la agricultura urbana y periurbana muchas veces no figura o no está explícitamente incluida en la planificación y ordenación del uso de la tierra en las ciudades de América Latina y el Caribe. Este era el caso de Antigua y Barbuda, Chile, Colombia, Dominica, el Ecuador, El Salvador, Guyana, la República Dominicana, Honduras, Jamaica, el Panamá y el Paraguay. En otros cinco países, no hubo información disponible.

Solo Cuba, Guatemala y el Perú confirmaron que la agricultura urbana y periurbana estaba incluida en los planes de uso de la tierra de al menos algunas ciudades o municipios. En Guatemala, el municipio de Palencia ha reconocido la horticultura en su Plan de desarrollo. En el Perú, los gobiernos locales de tres de los distritos de Lima han incorporado la agricultura en su planificación, a veces con fines de embellecimiento cívico.

La producción agropecuaria está reconocida como uso legítimo del suelo en el Plan estratégico de la ciudad de La Habana, que permite la agricultura en las zonas donde no está prevista la construcción. La Dirección de Planificación Física de la ciudad realiza una evaluación del impacto de todas las propuestas de actividades relacionadas con la agricultura urbana y periurbana y exige, por ejemplo, que los grandes huertos armonicen con su ubicación.

En la Argentina, el Plan de utilización de la tierra de Rosario establece disposiciones específicas para el uso agrícola de los terrenos públicos, y el municipio está construyendo un “circuito verde” de tierras agrícolas que atraviesa y rodea la ciudad. La producción de alimentos también está reconocida como un uso legítimo no residencial de la tierra, a la par con el comercio, los servicios y la industria, en la ciudad de Belo Horizonte.

Sin embargo, los responsables de la planificación urbana todavía están muy atrasados en esta materia en muchas ciudades, incluso en algunas que desde hace tiempo cuentan con programas de agricultura urbana y periurbana. Si bien el nuevo Plan de desarrollo de Quito prevé una ciudad equitativa, sostenible y participativa, con pleno empleo y una economía diversificada, no hace mención a la agricultura urbana.

La agricultura periurbana también necesita protección contra el crecimiento urbano no planificado. Para garantizar el suministro de agua potable —y oxígeno—, la Ciudad de México ha clasificado más de la mitad de su superficie total protegida como Suelo de Conservación, que incluye 300 km2 de tierras agrícolas. Sin embargo, los esfuerzos para promover la agricultura sostenible en los suburbios y las zonas periurbanas no solo se ven obstaculizados por los asentamientos ilegales, sino también por la falta de seguridad de los agricultores a pequeña escala respecto a la tenencia de la tierra.


En muchos programas de agricultura urbana y periurbana de América Latina y el Caribe, hay una clara tendencia hacia la adopción de tecnologías y prácticas agrícolas que producen más alimentos, y de mejor calidad, a la vez que optimizan el uso de los recursos naturales y reducen la dependencia de las sustancias agroquímicas.

En La Habana, el uso de plaguicidas y fertilizantes sintéticos está prohibido por ley. Para mantener la tierra sana, el Programa de agricultura urbana y periurbana proporciona abonos verdes y vermicompost y pone en contacto a los horticultores con proveedores de estiércol, residuos domésticos y residuos agroindustriales. Los huertos de La Habana son tan productivos y tan poco costosos, que el Ministerio de la Agricultura promueve la producción agroecológica también en las zonas rurales.

Las hortalizas son 100 % orgánicas en Rosario, donde los horticultores cultivan sobre sustratos de compost de alto rendimiento. En Managua, los horticultores urbanos enriquecen el suelo con fertilizantes obtenidos con la fermentación anaeróbica de desechos domésticos y combaten la mosca blanca con trampas adhesivas.

En Tegucigalpa, un proyecto impulsado con apoyo de la FAO promueve tecnologías de horticultura de bajo costo y fáciles de ejecutar con insumos locales. Como la calidad del suelo se mejora más fácilmente en espacios reducidos, se pusieron a prueba diversos contenedores para optimizar la producción. Los mejores contenedores resultaron ser los neumáticos viejos, que los horticultores encontraron muy productivos y fáciles de regar. En El Alto, un proyecto instaló, en pequeños invernaderos de fabricación local, cultivos hidropónicos que producen 40 kg de tomates por metro cuadrado al año.

La FAO ha promovido diversas tecnologías para conservar el agua. En Managua, la respuesta ante la escasez de la estación seca es un sistema de recolección de agua de lluvia en las azoteas, que canaliza el escurrimiento de la estación lluviosa a un tanque de almacenamiento con 5 000 l de capacidad. En El Alto, la aplicación de cobertura de la tierra y de riego por goteo redujo las necesidades de agua en un 80 %. En la ciudad de Tegucigalpa, muchas mujeres utilizaban neumáticos viejos llenos de grava para purificar las aguas grises de la cocina, que reutilizaban en sus huertos.

Con el tratamiento adecuado, las aguas residuales de origen doméstico se pueden utilizar en los cultivos; además, contienen nutrientes que aumentan los rendimientos. El abundante suministro de Lima de aguas residuales podría aprovecharse ya en la agricultura periurbana. Gracias a dos nuevas plantas de tratamiento de aguas residuales, el 100 % de los efluentes de Lima serán tratados a finales de 2014. Esto abre paso a la reutilización de los desechos líquidos y sólidos de la ciudad en unas 10 800 ha de tierras agrícolas, lo que permitiría aumentar la producción y crear puestos de trabajo.

La producción pecuaria también puede ser más segura y más productiva. La Subgerencia de Agricultura Urbana de uno de los distritos de Lima capacitó a criadores de cerdos en buenas prácticas de producción, tales como la vacunación de los animales, la mejora de su alimentación, la eliminación segura de los desechos y la construcción de corrales de concreto. Los agricultores han empezado a convertir el estiércol de cerdo en biogás y a venderlo a los residentes urbanos.

Aunque la Ciudad de México prohíbe el uso de sustancias agroquímicas en la agricultura periurbana, hay poca eficacia ejecutiva porque la responsabilidad del cumplimiento recae en los agricultores y no en los proveedores. La transición hacia una agricultura sostenible requiere también una mayor eficiencia en la gestión de los desechos orgánicos para elaborar compost, y el aumento de la capacidad de tratamiento de aguas residuales para el riego.


A fin de aprovechar todo el potencial de la agricultura urbana y periurbana para generar ingresos, estimular el desarrollo económico y suministrar alimentos inocuos y de buena calidad, los productores necesitan acceder a los mercados y a las tecnologías que agregan valor a sus productos.

La encuesta de la FAO y los estudios de casos indican que muchas personas que practican la agricultura urbana y periurbana para consumo en el hogar también venden los excedentes. La proporción de “productores comerciales” era del 26 % en Antigua y Barbuda, el 40 % en Cuba, el 54 % en Bolivia y el 68 % en la República Dominicana. Incluso los pequeños huertos familiares suelen producir un pequeño excedente que se puede vender.

Las ciudades con programas de agricultura urbana y periurbana exitosos suelen tener sistemas de comercialización bien organizados. la Habana tiene puntos de venta de fruta y hortalizas ubicados a una distancia de menos de 5 km de las unidades de producción y repartidos por todos los barrios de la ciudad, donde los productores venden directamente a los consumidores. En 2013, las ventas ascendieron a 26 500 t.

Otra tendencia de las ciudades de América Latina es la propagación de los mercados de agricultores que venden alimentos orgánicos de producción local. Quito tiene 14 “bioferias” que funcionan semanalmente en zonas de bajos ingresos, así como en los barrios acomodados. En 2012, se vendieron más de 100 t de productos por un valor de 176 000 USD.

Asimismo, en la ciudad de Rosario se venden hortalizas en las “ferias de verduras libres de agroquímicos” que funcionan en seis de los distritos de la ciudad. Las hortalizas de Rosario están certificadas como orgánicas mediante un sistema de “certificación social”, avalado por el municipio, la asociación de horticultores de la ciudad, Pro-Huerta y una ONG local que promueve el comercio justo. El Programa de agricultura urbana de Quito está registrado como productor y comercializador de productos orgánicos en el país.

El municipio de Belo Horizonte tiene previsto abrir en el centro de la ciudad una “feria de agricultura urbana” para la comercialización directa por los agricultores que se han pasado a la producción orgánica. El gobierno municipal también ofrece 30 puntos de venta donde los agricultores rurales venden cada año unas 700 t de hortalizas, frutas y tubérculos.

La elaboración poscosecha agrega valor a los productos. En Antigua y Barbuda, algunos horticultores venden pimientos picantes secados al sol y bebidas a base de frutas. Conforme los horticultores urbanos alcanzan la seguridad alimentaria familiar en la ciudad de Quito, el Programa agrícola de la ciudad los alienta a formar microempresas y los capacita en planificación comercial, comercialización y contabilidad. Los agricultores urbanos de Quito se han incorporado a la cadena de valor como elaboradores intermedios o finales de carnes, conservas, productos lácteos y aperitivos.

El Programa de agricultura urbana de la ciudad de Rosario ha creado tres “agroindustrias sociales” que preparan bandejas y cestas de hortalizas y elaboran rellenos para tartas, sopas, mermeladas y dulces. En la ciudad de El Alto, 70 familias que recibieron capacitación en técnicas de manipulación poscosecha y embalaje ahora venden sus hortalizas, con la marca Verdurita, en la capital, La Paz.

Muchos agricultores urbanos y periurbanos se han convertido en proveedores de diversos “programas institucionales de alimentación”. En la Habana, la agricultura urbana y periurbana suministró en 2013 alrededor de 6 700 t de alimentos para casi 300 000 personas en escuelas, centros de salud pública, hospitales y otras instituciones de la ciudad. La agricultura urbana, periurbana y rural contribuye a los múltiples programas de seguridad alimentaria y nutricional de Belo Horizonte. Una tercera parte de los productos utilizados en los 46 millones de almuerzos preparados anualmente para su Programa de alimentación escolar se compra a los agricultores familiares de las zonas rurales de la región metropolitana.


La comunidad internacional está elaborando un programa de desarrollo global para después de 2015, con el desarrollo sostenible como concepto central. Como parte de ese proceso, todos los participantes han sido invitados a intervenir en el establecimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible que se acordarán en la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Hay un consenso general de que estos Objetivos de Desarrollo Sostenible deberán incluir: la erradicación del hambre y la pobreza, el aumento de la producción agrícola sostenible y la mejora de los sistemas de producción de alimentos, y la creación de ciudades sostenibles que proporcionen seguridad alimentaria, oportunidades económicas y un medio ambiente sano y que tengan una relación fuerte con las zonas periurbanas y rurales.

El sistema alimentario de la ciudad-región ofrece un punto de convergencia para lograr esos objetivos. En América Latina, en el Caribe y en todo el mundo, la agricultura urbana y periurbana ayudará a construir las ciudades más verdes del futuro.