Agricultura urbana y periurbana en América Latina y el Caribe

Rosario

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Los visitantes primaverales de la ciudad argentina de Rosario, situada junto al río Paraná, a 300 km al norte de Buenos Aires, no deberían perderse la Semana de la Agricultura Urbana. El pasado año, el evento incluyó visitas guiadas a huertos urbanos establecidos junto al trazado de la principal línea ferroviaria de la ciudad, talleres sobre el cultivo con técnicas organopónicas y clases de cocina al aire libre en un parque huerta de 5 ha. La Semana terminó con una feria dominical en la plaza Suecia, donde los miembros de la Red de Huerteras y Huerteros de Rosario mostraron verduras, hortalizas y plantas medicinales provenientes de cultivos orgánicos, así como tecnologías utilizadas para la horticultura vertical, secaderos solares y biodigestores. Celebrada cada año desde 2004, la Semana es un escaparate de la agricultura urbana en la ciudad, que ha sido reconocida internacionalmente como un ejemplo de la buena integración de la agricultura en el desarrollo urbano.

Con 1,35 millones de habitantes, el área metropolitana de Rosario es la tercera aglomeración urbana de Argentina y una de las más prósperas. Vinculados a las ricas tierras agrícolas de la provincia de Santa Fe por carretera y por vía fluvial, los puertos del Gran Rosario manejan la mayor parte de las exportaciones argentinas de trigo, soja y aceite vegetal. Las exportaciones anuales de soja ascendieron en el año 2013 a 50 millones de t, por valor de 17 570 millones de USD.

Hace apenas 13 años, Rosario era una ciudad industrial en declive, en una nación cuya economía se había hundido. Muchas de las fábricas de acero, productos químicos y papel habían cerrado, y un tercio de los trabajadores estaban desempleados. En diciembre de 2001, alrededor del 60 % de la población tenía ingresos por debajo del umbral de pobreza y 30 % vivía en situación de pobreza extrema, y la hiperinflación había multiplicado por cuatro el precio de los alimentos básicos. La desesperación en los barrios pobres de Rosario llevó a personas necesitadas a saquear supermercados en busca de alimento.

En febrero de 2002, el Gobierno Municipal respondió a la crisis con el lanzamiento de un Programa de agricultura urbana en colaboración con dos socios claves. Uno era Pro- Huerta, un programa del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria iniciado en el año 1990 para fomentar la autoproducción en pequeña escala de alimentos frescos, principalmente en áreas de bajos ingresos urbanas y periurbanas. El otro era una ONG rosarina, el Centro de Estudios de Producciones Agroecológicas (CEPAR), que llevaba promoviendo la horticultura en los barrios pobres de la ciudad desde 1987.

El plan inicial —proporcionar herramientas y semillas a 20 grupos de horticultura y a continuación extender gradualmente el programa a toda la ciudad— no tardó en quedar desbordado por las solicitudes de asistencia. La financiación de equipos, insumos y talleres de capacitación se incrementó y, en el plazo de dos años, cerca de 800 huertos comunitarios producían verduras para aproximadamente 40 000 personas.

El objetivo inmediato del programa consistía en responder a las necesidades urgentes de los desempleados de barrios pobres, pero también había una idea muy clara de establecer la agricultura urbana como actividad permanente en la ciudad. Dado que una de las necesidades básicas es la disponibilidad a largo plazo de tierras aptas, varias secretarías municipales colaboraron con la Universidad Nacional de Rosario en un estudio que reportó que un 36 % de la superficie del municipio eran terrenos no construidos.

Las áreas en las que no se podría construir y que, por lo tanto, podían ser aptas para la agricultura eran, entre otras, laterales de vías de ferrocarril y autopistas urbanas, suelos anegadizos o inundables y espacios públicos destinados a áreas verdes en espera de concreción por falta de presupuesto.

Para garantizar la seguridad de la tenencia por parte de los horticultores, el alcalde de la ciudad aprobó en septiembre de 2004 una ordenanza que aceleraba la formalización de concesiones de tierra urbana vacante a los residentes para la agricultura. A continuación, la Secretaría de Planeamiento Municipal trabajó con socios internacionales para elaborar propuestas de integración de la agricultura en el Plan de desarrollo urbano de Rosario.

Paralelamente, el programa ejecutaba otro punto clave de la estrategia a largo plazo: establecer un sistema de comercialización directa de los productos. A los seis meses de iniciado se puso en marcha la primera feria, y se abrieron otras dos en 2004.

La primera fase del Programa de agricultura urbana fue tan exitosa, que en 2004 Rosario fue galardonada con el Premio Internacional de Dubái a las Buenas Prácticas, administrado por el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-Hábitat). Una evaluación reveló que había cerca de 10 000 familias de bajos ingresos directamente involucradas en la agricultura urbana y que las ventas reportaban a los productores hasta 150 USD por mes, una cantidad muy por encima de la línea de pobreza. Casi dos tercios de los horticultores eran mujeres, y para la gran mayoría, la agricultura era la principal fuente de ingresos.


Desde entonces, la agricultura urbana de Rosario ha evolucionado paralelamente a la recuperación económica de Argentina y al resurgimiento de la ciudad como centro industrial, comercial y de servicios. Hoy en día, el número de habitantes de la ciudad que practican la horticultura es de alrededor de 1 800, de los cuales 250 son productores a tiempo completo organizados en la Red de Huerteras y Huerteros.

En la última década, el Programa de agricultura urbana ha pasado por un proceso de consolidación. Se ha hecho hincapié en garantizar la tenencia segura de los terrenos y en aportar las infraestructuras necesarias para el cultivo permanente a mayor escala, desarrollando canales más cortos de comercialización, aumentando la oferta y la calidad de los productos de cultivo ecológico y promocionando la horticultura como una parte integral de las iniciativas destinadas a recuperar áreas degradadas, crear espacios verdes y mejorar la calidad de vida en los barrios de mayor vulnerabilidad

El programa se apoya en un sólido compromiso político e institucional, desde el nivel nacional hasta el local. Los horticultores que comercializan sus productos se inscriben en el Registro Nacional de la Agricultura Familiar, lo que les da derecho a recibir asistencia para el desarrollo, acceder a una obra social gratuita y optar a una jubilación. Pro-Huerta continúa proporcionando capacitación, semillas y herramientas a los horticultores, y el Gobierno Provincial de Santa Fe financia la instalación de infraestructuras como apoyo a la creación de huertos familiares y comunitarios en áreas urbanas y periurbanas.

A nivel local, la promoción de la agricultura urbana constituye una política pública de la Municipalidad de Rosario, ejecutada por la Subsecretaria de Economía Solidaria en colaboración con Pro-Huerta y el CEPAR y dirigida a “integrar varones y mujeres en la generación de emprendimientos sociales de producción y elaboración de alimentos mediante técnicas ecológicas, destinados al consumo familiar, comunitario y al mercado”.

El Programa de agricultura urbana tiene un presupuesto anual de unos 380 000 USD y cuenta con un equipo de 25 técnicos agrónomos y promotores. Sus actividades tienen el apoyo de numerosas instituciones públicas y privadas locales, nacionales e internacionales, entre ellas la Fundación RUAF, el Servicio Público de la Vivienda y la Dirección General de Parques y Paseos de la Municipalidad, las facultades de Ingeniería, Arquitectura y Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Rosario, y la Fundación de la Ciudad de Rosario, una organización que reúne a entidades del sector público y el privado.


Rosario es una de las pocas grandes ciudades de América del Sur que han incorporado plenamente la agricultura en su planificación del uso del suelo y en las estrategias de desarrollo urbano. Su Plan de ordenamiento territorial 2007-2017 contiene una disposición específica para el uso agrícola de espacios públicos que desempeñan una función estructural en la organización de la ciudad y del territorio. En el marco del Plan estratégico metropolitano 2008-2018, Rosario está construyendo un cinturón verde que atraviesa la ciudad y que está formado por huertos familiares y comunitarios, huertos de producción comercial a gran escala, parques huerta polivalentes, y los denominados barrios productivos, en los que la agricultura está integrada en los programas para la construcción y al mejoramiento de los barrios sociales.

En 2014, el cinturón verde comprendía más de 30 ha de tierra dedicada al cultivo de verduras, hortalizas, frutas y plantas aromáticas y medicinales. La superficie cultivada incluye un corredor verde lindante con las vías del ferrocarril que atraviesan el distrito norte de la ciudad. Cuatro parcelas, que suman un total de 2 ha y están equipadas con un cerco perimetral, riego y estructuras parraleras, son utilizadas por residentes y escolares de la zona circundante para el cultivo de plantas aromáticas, hortalizas y plantas ornamentales

Los huertos colectivos se usan para la producción intensiva de hortalizas de estación y de una gran variedad de plantas aromáticas, como cedrón (citronela), romero y lavanda. Estos huertos, con una extensión media de 2 ha, están divididos en parcelas de entre 500 m2 y 1 000 m2, cada una cultivada por un horticultor u horticultora individuales o una familia. Los huertos productivos proporcionan trabajo a 20 personas cada uno e incluyen un vivero, instalaciones para riego y un área de capacitación.

También se cultivan verduras, plantas aromáticas y flores en pequeñas parcelas conocidas como huertas jardín, en las que crecen especies vegetales herbáceas, arbustivas y arbóreas adaptadas a las condiciones climáticas de Rosario y de cultivo de la ciudad, y que proveen de semillas y esquejes a la comunidad horticultora. En colaboración con Pro-Huerta y la Red de Huerteras y Huerteros, el Programa de agricultura urbana ha creado espacios demostrativos y de capacitación, conocidos como ecohuertas, donde los ciudadanos pueden aprender técnicas de cultivo organopónico y descubrir las ventajas de producir alimentos ecológicos en sus propias casas.

Sin embargo, la piedra angular del cinturón verde de Rosario son sus innovadores parques huerta: cinco grandes zonas ajardinadas, con una superficie total de 72 ha de tierra, que se utilizan para la agricultura, además de para actividades culturales, deportivas y educativas. La horticultura se practica en 24 ha de la superficie total, divididas en parcelas con un promedio de 900 m2 de extensión, para uso de 280 horticultores que producen a nivel comercial, y otras parcelas más pequeñas, donde 400 vecinos producen solo para autoconsumo.

Uno de los primeros parques huerta se creó en 2008 sobre terrenos inundables de Molino Blanco Sur, un barrio periférico situado en el límite sur del municipio, en el que residen 800 familias. El parque incluye 5,6 ha de huertos, y siguiendo uno de sus bordes se ha establecido una zona demostrativa para fomentar la horticultura a pequeña escala en patios, el cultivo organopónico y la protección del arbolado público.

Entre los demás parques huerta hay uno de 3 ha situado en el barrio Saladillo Sur en un terreno cedido por la Dirección Nacional de Vialidad sobre la margen del río Paraná; otro en la reserva natural del bosque de los Constituyentes; otro a lo largo de la autopista Rosario-Buenos Aires, en el barrio de Miraflores; y otro establecido en un terreno de 3 ha de una residencia para mayores, el Hogar Español, ubicada en el límite de las zonas rurales agrícolas, al sudoeste de la ciudad.

Los espacios para la práctica de la agricultura urbana en Rosario se ceden en uso gratuitamente, mediante un convenio anual, a los horticultores, quienes se comprometen a asegurar una producción continuada durante todo el año, utilizando técnicas ecológicas. La mayoría de ellos vienen de barrios de bajos ingresos de las cercanías. Muchos son migrantes de las zonas rurales y han contribuido positivamente al programa gracias a sus conocimientos de agricultura en general y de producción intensiva de cultivos en particular.

Las actividades agrícolas en la ciudad cuentan con el apoyo de un vivero agroecológico, donde se cultivan plántulas y se producen compost y fertilizantes líquidos, y del Banco de Semillas Ñanderoga, que se ocupa de conservar las semillas de más de 600 especies nativas, bien adaptadas a las condiciones de Rosario.


Prácticamente todos los espacios donde actualmente están establecidos los parques huerta, el corredor verde y los huertos de producción colectiva se sitúan en lugares degradados y que no eran aptos para la agricultura. Muchos de ellos habían contenido basuras y escombros, y la tierra solía estar contaminada por metales pesados. El programa ha utilizado distintas técnicas agroecológicas, como la siembra de leguminosas y gramíneas y la incorporación a la tierra de restos de jardinería, virutas de madera, compost y estiércoles, con el fin de mejorar la fertilidad del suelo y su contenido en materia orgánica.

Además, la producción de cultivos en estas tierras recuperadas respeta los principios de la agroecología, la cual promueve una agricultura familiar socialmente justa, económicamente viable y ecológicamente sostenible. Los agricultores producen sus propios insumos básicos, como los abonos orgánicos y las semillas, y no usan plaguicidas o fertilizantes sintéticos. Cultivan verduras en unidades intensivas de alto rendimiento sobre un sustrato de compost, mantienen la productividad del suelo gracias al vermicompostaje, los abonos verdes y la técnica de cobertura, y organizan los cultivos de forma asociada y rotatoria para prevenir el ataque de enfermedades y plagas.

De este modo, las hortalizas, verduras y plantas aromáticas cultivadas en los huertos de Rosario son 100 % orgánicas y libres de agrotóxicos. En lugar de recurrir a la certificación de las entidades privadas, se ha diseñado un sistema de “certificación social”, en virtud del cual la calidad e inocuidad de los productos es avalada por la Municipalidad, la Red de Huerteras y Huerteros, Pro-Huerta y una red de 450 consumidores (Vida Verde), establecida en 2008 para fomentar el comercio justo de los cultivos orgánicos locales.

Todos los espacios productivos tienen instalaciones donde se lavan y acondicionan las verduras para su venta, y los parques huerta están equipados con secaderos solares artesanales diseñados por la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Rosario. Además, el Programa de agricultura urbana ha creado tres “agroindustrias sociales” (unidades de procesamiento a pequeña escala, gestionadas por grupos comunitarios) que proporcionan empleo a personas excluidas del mercado laboral formal y añaden valor a la producción primaria. En estas unidades se preparan bandejitas listas para el consumo, se procesan productos en forma de rellenos de tartas, sopas, conservas y dulces, y se fabrica una línea de cosmética natural, compuesta por jabones, geles, cremas y champús, a partir de las plantas cultivadas en los huertos.

La producción se puede adquirir directamente en los huertos o mediante el reparto a domicilio de cestas para consumidores particulares o restaurantes, y también en las “ferias de verduras libres de agroquímicos” que funcionan en los seis distritos de la ciudad. Se estima que en 2013 las ventas ascendieron a 100 t de verduras y 5 t de plantas aromáticas y medicinales.


Rosario ha demostrado que, cuando hay voluntad política y una clara visión de inclusión social, es posible poner en marcha en poco tiempo un programa exitoso de agricultura urbana. En tan solo 12 años, el programa ha transformado y revalorizado los recursos de la ciudad mediante la rehabilitación de terrenos baldíos abandonados, recuperando y revitalizando espacios públicos, y creando una alternativa de abastecimiento continuado de verduras libres de agrotóxicos y producidas de forma agroecológica.

También ha tenido importantes beneficios para los residentes de bajos ingresos de la ciudad, ya que ha permitido a muchos de ellos trabajar con un enfoque de construcción ciudadana y desarrollo local. Los huertos han proporcionado un espacio para aprender, comunicarse y compartir experiencias; en el caso de muchas mujeres, les han aportado independencia económica y han mejorado sus relaciones sociales. Se ha consolidado el reconocimiento público del agricultor urbano como cuidador de la tierra y constructor del paisaje, como una persona que con su trabajo mejora el entorno vital y contribuye a la seguridad alimentaria y nutricional de todos los ciudadanos.

Los horticultores urbanos de Rosario están ahora inscritos en el registro de emprendedores de economía solidaria, lo que les permite acceder a financiamiento municipal para sus propios proyectos de inversión. Veinte de ellos obtuvieron la certificación del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social como especialistas en cultivos ecológicos en el año 2013.

La Red de Huerteras y Huerteros lanzó recientemente un proyecto, financiado por el Ministerio de Trabajo, para compartir los beneficios de la agricultura urbana con el grupo más desfavorecido de Rosario: los jóvenes desempleados. En el marco de este proyecto, se han asignado parcelas productivas a 140 jóvenes de entre 20 y 29 años, que reciben formación en técnicas de producción agroecológica. El objetivo es capacitar a estos jóvenes como especialistas en cultivos ecológicos, lo que les permitirá insertarse en el mercado laboral formal y satisfacer la creciente demanda de este tipo de servicios por parte de los sectores público y privado.

Avances de la soja en el “cinturón hortícola”

En 1996, Argentina aprobó el cultivo de la soja transgénica. Desde entonces, la producción anual de soja del país se ha cuadruplicado, pasando de 12,4 a más de 50 millones de t, mientras que el área cosechada ha crecido de 6 a 20 millones de ha.

Argentina es actualmente el tercer productor de soja del mundo y el principal exportador de harina y aceite de soja. La mayor parte de la soja se cultiva en la provincia de Santa Fe y es procesada en el área metropolitana de Rosario para su exportación.

La producción de la soja ha desplazado otros cultivos de exportación, como el trigo y el girasol, así como la producción de leche, frutas y verduras para el mercado interno. En el departamento de Rosario, en 2013 se sembraron con soja en torno a 70 000 ha de tierras, en comparación con solo 3 600 ha de hortalizas y legumbres. En los alrededores de la ciudad de Rosario la horticultura se encuentra sometida a una creciente presión, ya que los agricultores dedican sus tierras a la producción de soja, por ser más rentable y de fácil manejo y comportar menores costos laborales. El “cinturón hortícola” de la ciudad también se ve amenazado por el avance de la urbanización.

Para reducir la creciente dependencia de las hortalizas cultivadas en otras regiones del país, el Plan estratégico metropolitano de Rosario incluye apoyos para los pequeños productores frutihortícolas de zonas semirrurales. El objetivo es promocionar la adopción de buenas prácticas agrícolas y, mediante el establecimiento de consorcios, favorecer la inserción de los pequeños productores en los mercados concentradores de la ciudad.