Programa de la FAO para la Horticultura urbana y periurbana
Ciudades más verdes
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Fotografía: FAO/Giulio Napolitano

Seguridad alimentaria y nutricional

Cultivar fruta y hortalizas en las ciudades y sus alrededores incrementa el suministro de productos frescos y nutritivos y mejora el acceso económico de los grupos urbanos pobres a los alimentos

La seguridad alimentaria es cuando las personas pueden producir suficientes alimentos, o comprarlos, para satisfacer sus necesidades diarias a fin de llevar una vida activa y sana. En muchas de las ciudades en desarrollo del siglo XXI todas estas condiciones de la seguridad alimentaria están amenazadas.

Las familias urbanas pobres gastan hasta el 80% de sus ingresos en alimentos, lo que los vuelve muy vulnerables cuando los precios de los alimentos suben o sus ingresos disminuyen. La FAO estima que al inicio de la inflación mundial de los precios de los alimentos de 2007-2008, y la recesión económica posterior, el número de personas que sufren de hambre crónica en el mundo aumentó por lo menos 100 millones hasta superar los 1 000 millones de personas. El mayor incremento se produjo entre la población urbana pobre, las mujeres y los niños.

El acceso a alimentos nutritivos es una dimensión clave de la seguridad alimentaria. En África y Asia, las familias urbanas gastan hasta un 50% de su presupuesto para alimentos en productos preparados baratos, muchas veces carentes de las vitaminas y minerales esenciales para la salud. Un estudio reveló que la falta de vitamina A, causa de la ceguera, era más aguda entre los habitantes de los barrios bajos de Dhaka que incluso entre los grupos rurales pobres.

La fruta y las hortalizas son las fuentes naturales que tienen mayor abundancia de micronutrientes, pero en los países en desarrollo, el consumo diario de fruta y hortalizas es apenas del 20% al 50% de lo recomendado por la FAO y la Organización Mundial de la Salud (OMS). Los alimentos urbanos, ricos en grasas baratas y azúcares también son responsables del aumento de la obesidad y el sobrepeso. En la India, las enfermedades crónicas relacionadas con la alimentación, como la diabetes, son un problema de salud cada vez mayor, y sobre todo en las zonas urbanas.

La horticultura urbana y periurbana ayuda a las ciudades en desarrollo a subsanar todos esos problemas. Primero, contribuye al suministro de productos frescos, nutritivos, disponibles durante todo el año. Segundo, mejora el acceso económico de los sectores urbanos pobres a los alimentos cuando la producción familiar de fruta y hortalizas reduce sus gastos en alimentos, y cuando los productores obtienen ingresos de la venta.

Seguridad alimentaria urbana

La producción hortícola intensiva en la periferia urbana tiene sentido, pero con el crecimiento de las ciudades se pierden valiosos terrenos agrícolas por la industria y la infraestructura (la expansión de Accra se produce a expensas de unas 2 600 hectáreas de tierras agrícolas cada año). Resultado: la producción de alimentos frescos se aleja más hacia las zonas rurales. El costo del transporte, el embalaje y la refrigeración, el mal estado de las carreteras rurales y las grandes pérdidas en el tránsito, todo ello se suma a la escasez y el costo de la fruta y las hortalizas en los mercados urbanos.

Por eso China integró la producción de alimentos en el desarrollo urbano desde el decenio de 1960. Hoy, más de la mitad del suministro de hortalizas de Beijing procede de los propios huertos comerciales de la ciudad, y cuesta menos que los productos transportados desde zonas alejadas. La horticultura que se practica en Hanoi y sus alrededores produce más de 150 000 toneladas de fruta y hortalizas al año. En Cuba, que promueve la HUP desde principios del decenio de 1990, este sector representa el 60% de la producción hortícola, y el consumo per cápita de los cubanos de fruta y hortalizas supera el mínimo recomendado por la FAO y la OMS.

Conforme se acelera la urbanización en el África subsahariana, muchos países tratan de desarrollar sus sectores de horticultura comercial para asegurar la seguridad alimentaria en los centros urbanos. El primer paso muchas veces es legalizar y proteger pequeños huertos comerciales establecidos desde hace mucho tiempo, que han surgido sin planificación ni permisos.

En la República Democrática del Congo, la FAO dio asesoría sobre medidas para regularizar los derechos sobre 1 600 hectáreas de huertos trabajadas por unos 20 000 agricultores de tiempo completo en cinco ciudades. El proyecto introdujo variedades mejoradas de hortalizas e instaló o mejoró 40 estructuras de irrigación, que ampliaron la disponibilidad de agua y la producción durante todo el año. Para asegurar la calidad y la inocuidad de los productos, se capacitó a 450 asociaciones de agricultores en buenas prácticas agrícolas, así como para el uso de fertilizantes y bioplaguicidas orgánicos. Los huertos comerciales de la capital, Kinshasa, hoy producen alrededor de 75 000 a 85 000 toneladas de hortalizas al año, o el 65% del suministro de la ciudad.

Seguridad alimentaria del hogar

El Programa de la FAO para la HUP también promueve huertos domésticos, escolares y comunitarios, donde personas pobres cultivan fruta y hortalizas y ganan ingresos de la venta de sus excedentes. En el Estado Plurinacional de Bolivia la FAO ayudó a introducir invernaderos y microhuertos comunitarios en el municipio de El Alto, donde el 70% de los residentes viven en la pobreza y el 40% de los niños menores de cinco años padece de malnutrición.

Unas 1 500 familias recibieron capacitación para cultivar una gran variedad de hortalizas, hierbas, plantas medicinales y frutas, en pequeños invernaderos económicos. El resultado es una gran mejoría en la nutrición infantil y ahorros para la familia (en promedio 30 USD mensuales), destinados a la compra de huevos y carne. Se documentaron beneficios análogos en Caracas, después de que el gobierno instaló 4 000 microhuertos en los barrios pobres de la ciudad. En Ecuador, unos microhuertos de hortalizas en 54 centros para el desarrollo infantil alimentan a 2 500 niños y obtienen suficientes ganancias de sus ventas para ser autosustentables.

La FAO ayudó a mujeres de los barrios pobres de Dakar a iniciar microhuertos en sus patios y azoteas. Estos huertos producen por metro cuadrado al año hasta 30 kg de tomates, lechuga y frijoles, lo que se traduce en la duplicación del consumo de hortalizas entre las familias participantes.

Los huertos escolares son un medio comprobado para promover la nutrición de los niños, que así se familiarizan con la horticultura, y además suministran fruta y hortalizas frescas para alimentos escolares sanos, ayudan a los maestros a preparar sus cursos de nutrición y, cuando esto se repite en casa, también mejoran la nutrición de toda la familia. En los últimos 10 años la FAO ha proporcionado instrumentos, semillas y capacitación para establecer miles de huertos escolares en más de 30 países.