Programa de la FAO para la Horticultura urbana y periurbana
Ciudades más verdes
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Fotografía: FAO/Jon Spaull

Medios de subsistencia sostenibles

La horticultura urbana y periurbana proporciona medios de subsistencia con capacidad de recuperación cuando hay crisis económicas y escaladas de los precios de los alimentos, y contribuye al desarrollo económico de las ciudades

La Organización Internacional del Trabajo estima que 180 millones de personas del mundo en desarrollo carecen de empleo, y otros 550 millones apenas ganan apenas suficiente para sobrevivir en la economía informal. En los próximos 10 años, casi 500 millones de personas, muchas de las zonas rurales, ingresarán en el mercado de trabajo. A menos que los países en desarrollo creen más oportunidades de trabajo productivo digno, el número de desempleados y de trabajadores pobres podría llegar al 45% de sus poblaciones urbanas para 2020.

La horticultura urbana y periurbana ofrece una vía de salida de la pobreza. Tiene costos bajos de inicio, ciclos de producción cortos y un gran rendimiento por unidad de tiempo y unidad de tierra y agua. Su producción tiene un elevado valor comercial. Como requiere mucha mano de obra, la horticultura crea empleos para los desempleados, en particular para las personas recién llegadas de las zonas rurales.

De los 800 millones de personas que se estima que se dedican a la agricultura urbana y periurbana en todo el mundo, 200 millones producen para el mercado y emplean a tiempo completo a otros 150 millones de personas. Este sector proporciona directamente unos 117 000 empleos en La Habana, y en Hanoi suministra ingresos para 150 000 familias de bajos ingresos, o el 24% de todas las familias. La FAO calcula que el programa de HUP de la República Democrática del Congo ha creado unos 40 empleos por hectárea cultivada, o 66 000 empleos, que benefician indirectamente a unas 330 000 personas.

La HUP puede ser rentable incluso a muy pequeña escala. En Dakar, unas mujeres mantenían para consumo de sus familias el 30% de las hortalizas de sus microhuertos, vendían los excedentes en los puestos de las familias y ganaban el equivalente a los salarios de los trabajadores. En los barrios bajos de Lima, las mujeres practican la HUP de tiempo parcial para ganar ingresos adicionales y tener tiempo para sus tareas domésticas y el cuidado de los niños.

La FAO fomenta el uso de microcrédito para ayudar a los agricultores a ampliar su producción y comenzar nuevas empresas. En Lubumbashi, en la República Democrática del Congo, 6 000 horticultoras utilizaron crédito para comprar insumos y equipo. Al aumentar sus ingresos, invirtieron sus ahorros en ganado menor, elaboración de hortalizas y confección de vestidos. Los hijos de los horticultores comerciales de Lubumbashi ahora consumen normalmente tres alimentos al día, en comparación con los «menos de dos» de antes que comenzara el proyecto.

Dado que la cadena de productos hortícolas es larga y compleja, genera empleo en producción, suministro de insumos, comercialización y adición de valor, del productor al consumidor. Un 10% de la fuerza de trabajo calificada de Hanoi participa directamente en la agricultura, y miles de trabajadores se dedican a la producción de insumos (por ejemplo, en los viveros de plántulas), a la elaboración y la distribución de alimentos. En Argentina, Brasil y Uruguay, la HUP ha creado empleos en una variedad de sistemas de comercialización, incluidos los mercados comunitarios y agrícolas y la entrega a domicilio de canastas de alimentos.

La HUP puede desempeñar un papel importante en las estrategias para el desarrollo económico local (DEL). En la periferia de las ciudades y en otras zonas donde hay tierras aptas para la producción agrícola, la horticultura proporciona un objetivo para los programas de DEL, que aprovecha las ventajas comparativas de las zonas locales para promover el crecimiento económico, el empleo y la reducción de la pobreza.