Del total del agua que llega al suelo
bajo la forma de lluvias intensas, una parte se infiltra y el resto pasa a formar la
escorrentía, concentrándose en las depresiones naturales del terreno, escurriendo hasta
encontrar áreas de deposición natural (planicies, bajadas, red de drenaje). A medida que
la escorrentía avanza, aumenta su velocidad y volumen. Cuanto mayor es la escorrentía,
mayor es su capacidad de causar erosión. Según Rufino (1989), la velocidad crítica de
escurrimiento de la escorrentía en la cual comienza el arrastre de partículas
desagregadas es de 5 m/seg en suelos arenosos y 8 m/seg en suelos arcillosos.
El control eficiente de la acción erosiva
de las lluvias puede ser obtenido a través de la implantación de un conjunto de
prácticas de conservación de suelos. Estas prácticas comprenden:
la sistematización y la protección del
área para controlar el escurrimiento superficial;
la preparación del suelo;
la plantación de cultivos; y
la cobertura del suelo.
Las prácticas de sistematización y
protección del área tienen por objetivo la implantación racional de obstáculos,
drenajes o vías de acceso contra la acción de la escorrentía. La implantación de estas
prácticas promueve alteraciones morfológicas en la superficie del suelo. Las prácticas
tradicionales implantadas para este fin son: canales escurrideros, banquetas individuales,
cordones de vegetación permanente y rompevientos (Sobral Filho, et al. 1980).
Terraceo
Los proyectos de terraceo agrícola
deben contemplar la propiedad entera, un grupo de propiedades o hasta la misma microcuenca
hidrográfica, en la cual están localizadas las propiedades agrícolas, para que la
construcción de las terrazas en cualquier parte, pueda ser integrada al sistema
general, sin problemas ni gastos innecesarios. En este aspecto no se debe
L. do Prado Wildner
Empresa de Pesquisa Agropecuária e Extensão
Rural de Santa Catarina (EPAGRI) -
Centro de Pesquisas para Pequenas
Propriedades (CPPP)
Santa Catarina, Brasil
excluir la posibilidad de una
redistribución de las áreas agrícolas, cercos y caminos para adecuar su arreglo a los
preceptos de utilización adecuada del suelo y de la administración agrícola.
Estudio del área a ser terraceada
Una vez constatada la necesidad de la
construcción de terrazas para la protección de un área, se debe realizar un estudio
previo que considere el uso actual, observando la naturaleza del suelo; las depresiones
naturales o locales para la construcción de canales escurrideros artificiales; el
escurrimiento de aguas en áreas vecinas, en caminos o en cárcavas; la pendiente y
longitud del declive; la presencia de surcos de erosión o cárcavas; la localización de
los caminos y las informaciones sobre el régimen pluviométrico de la región.
Uniformidad del terreno
Antes de ser ejecutada cualquier
práctica conservacionista de prevención de la erosión, se debe proceder a uniformar el
área; o sea, por medio del uso de motoniveladoras, gradas, arados, instrumentos de
tracción animal o manual tapar huecos, cunetas, surcos provocados por la erosión,
retirar tocones o raíces, o hasta eliminar el antiguo sistema de terraceo.
La uniformidad del terreno es en la
práctica, muchas veces, costosa y ambigua, pero es la única solución para la
recuperación y aprovechamiento total de las áreas agrícolas (Zenker, 1978).
Control de cárcavas
Las cárcavas son surcos de erosión de
grandes dimensiones que desvalorizan la propiedad agrícola por impedir el tránsito de la
maquinaria, disminuir el área aprovechable y causar trastornos o impedir la implantación
de cultivos. La mayoría de las veces la recuperación de la cárcava es un proceso lento
y oneroso y para lograr tal objetivo es necesario recurrir a un conjunto de procedimientos
prácticos, tales como el cierre del área, la construcción de un canal divergente en la
cabecera, la suavización de los taludes, la implantación de vegetación protectora y la
construcción de empalizadas transversales al curso de la cárcava (mayores detalles se
encuentran en el capítulo Control de Cárcavas).
Construcción de canales divergentes
Es bastante común en laboreos
terraceados o sistemas de terrazas, contemplar solamente el área de los cultivos anuales,
ignorando las influencias externas de los mismos.
La escorrentía de las partes más altas de
los caminos y cárcavas puede comprometer cualquier sistema de terraceo, aún aquellos
bien planificados. Por eso, muchas veces es necesario que se construyan algunos canales
divergentes (cordones en contorno). Estos canales son pequeñas cunetas o terrazas de base
estrecha que interceptan el agua del escurrimiento superficial, provenientes de un área
situada en un plano superior, desviándola hacia desaguaderos seguros, sin interferir en
el sistema de conservación del suelo implantado en el área inmediatamente inferior.
La sección transversal del canal
divergente debe ser calculada en función del área situada en el plano superior y de la
cantidad de agua a ser desviada. Se recomienda revestir con pasto toda la estructura del
canal para darle mayor estabilidad y evitar problemas en la formación futura de
cárcavas.
Localización de caminos y corredores internos
La planificación de una propiedad debe
ser realizada de tal manera que contemple la construcción de caminos y corredores
internos que posibiliten el acceso a todas las áreas de producción durante todo el año.
De esta manera, la localización de caminos
debe ser realizada al mismo tiempo del sistema de terrazas. Los caminos principales deben
estar localizados en las divisorias de agua, de modo que la escorrentía sea dirigida a
las terrazas en vez de escurrir por el propio lecho. Los corredores internos o caminos
destinados al tránsito de máquinas e implementos agrícolas, deben estar situados en el
área inmediatamente por debajo del dique del terraceo; o sea, del lado opuesto al canal.
Construcción de canales de desagüe
Los canales de desagüe son estructuras
naturales (depresiones) o especialmente localizadas, debidamente protegidos por
vegetación nativa o establecida, con formato y sección suficientes para conducir la
escorrentía colectada y despejada por las terrazas hacia las partes bajas del terreno,
sin peligro de erosión dentro de su lecho. Normalmente se procura aprovechar como canales
de desagüe las depresiones naturales, las cuencas de acumulación, los potreros con pasto
o bordes de matorrales, los bosques y las zonas arbustivas.
Concepto de terraza
La terraza puede ser definida como una
estructura física compuesta por un dique y un canal, de tierra o de piedra, construida
sistemáticamente en el terreno, en el sentido perpendicular a la pendiente, de manera que
intercepte el agua que escurre sobre el suelo, provocando su infiltración, evaporación o
desviándola hacía un lugar determinado, debidamente protegido y con una velocidad
controlada que no ocasione erosión en el canal (Figura 38).
Terrazas bien planificadas y correctamente
construidas y conservadas, pueden disminuir considerablemente las pérdidas de suelo por
erosión. Resultados obtenidos en Paraná (IAPAR, 1984) constataron que con la práctica
del terraceo, es prácticamente posible reducir a la mitad las pérdidas de suelo por
erosión, independientemente del sistema de cultivo utilizado.
La eficiencia de un sistema de terraceo
depende de la adopción de otras prácticas conservacionistas tales como la plantación en
curvas de nivel o contorno; la plantación en fajas o la cobertura del suelo. Además debe
tomarse en consideración las condiciones del área, el correcto dimensionamiento y
construcción de las terrazas y su funcionalidad y seguridad (Rufino, 1989).
Objetivos principales del terraceo
disminuir la velocidad de la
escorrentía;
disminuir el volumen de la escorrentía;
disminuir las pérdidas de suelo, semillas
y abonos;
aumentar el contenido de humedad en el
suelo, una vez que haya mayor infiltración de agua;
reducir el pico de descarga de los cursos
de agua;
suavizar la topografía y mejorar las
condiciones de mecanización de las áreas agrícolas (Figura 39).
Aplicabilidad del terraceo
Por ser una práctica que requiere
inversiones, el terraceo debe ser usado solamente cuando no es posible controlar la
erosión en forma satisfactoria, con la adopción de otras prácticas más simples de
conservación del suelo. Sin embargo, el terraceo es útil en lugares donde es común la
escorrentía de lluvias cuya intensidad y volumen superan la capacidad de almacenamiento
de agua en el suelo, y donde otras prácticas conservacionistas son insuficientes para
controlar la escorrentía. Según Rufino (1989) las terrazas son recomendables para
terrenos con pendientes entre 4 y 50%. En pendientes inferiores al 4% y cuando las
extensiones son cortas deben ser sustituidas por fajas de retención, plantación en
curvas de nivel o por cultivos en fajas. En extensiones largas, las áreas deben ser
terraceadas a partir de 0.5% de pendiente.
Bertol y Cogo (1996) proponen nuevos
conceptos para las terrazas en sistemas de preparación conservacionista del suelo
labranza mínima o siembra directa: 1) longitud crítica del declive; y 2) falta de
residuos de cultivos. Utilizando cualquiera de esos conceptos, hay posibilidades de
aumentar la distancia entre las terrazas en presencia de cobertura del suelo
siembra directa u otro sistema consevacionista cuando se lo compara con la
recomendación de la distancia para la colocación de las terrazas en el sistema
tradicional de cultivo arada y rastra.
Clasificación de las terrazas
Se usan diversos criterios para la
clasificación de las terrazas; entre los más comunes están:
Con relación al destino de las aguas
interceptadas
Terrazas de absorción: son
terrazas construidas en nivel con el objetivo de retener y acumular la escorrentía en el
canal para la posterior infiltración del agua y acumulación de sedimentos; son terrazas
recomendadas para regiones de baja precipitación pluvial, suelos permeables y en terrenos
con pendiente menor a 8%; normalmente son terrazas de base ancha.
Terrazas de drenaje: son
terrazas construidas en desnivel cuyo objetivo es interceptar la escorrentía y conducir
el exceso de agua no infiltrada hasta lugares debidamente protegidos (desagües). Son
terrazas recomendadas para las regiones de alta precipitación pluvial, suelos con
permeabilidad moderada o lenta y recomendadas para áreas con más de 8% y hasta 20 % de
pendiente; normalmente son terrazas de base estrecha o media.
Según Bertolini et al. (1989), la
selección del tipo de terraza, está relacionada a las propiedades físicas del suelo que
determinan la permeabilidad del agua en su perfil. De ahí la importancia del conocimiento
de la textura, la estructura, la profundidad efectiva y la permeabilidad de la capa
superficial y subsuperficial en la planificación de un sistema de terraceo.
Con relación al proceso de
construcción
Tipo canal o terraza de Nichols:
Son terrazas que presentan canales de sección más o menos triangular, construidas
cortando y eliminando la tierra hacia abajo; son recomendadas para pendientes de hasta
20%; generalmente son construidas con implementos reversibles, de tracción animal o
manuales; utilizadas en regiones con altas precipitaciones pluviales y en suelos de
permeabilidad media a baja.
Tipo camellón o terraza de Mangun:
Son terrazas construidas cortando y eliminado la tierra a ambos lados de la línea
demarcatoria, formando ondulaciones sobre el terreno; son recomendadas para áreas con
pendientes de hasta 10%; construidas con implementos fijos o reversibles, son recomendadas
para regiones de baja precipitación pluvial y suelos permeables.
La disponibilidad de maquinaria agrícola y
la pendiente del terreno son otros factores que determinan la opción del proceso de
construcción de una terraza (Bertolini et al. , 1989).
Con relación al tamaño de la base o
longitud del movimiento de tierra
Terraza de base estrecha: cuando el
movimiento de tierra es de hasta tres metros de longitud; se incluyen en este grupo los
cordones en contorno.
Terraza de base media: cuando la
longitud del movimiento de tierra varía de tres a seis metros.
Terraza de base ancha: cuando la
longitud del movimiento de tierra es mayor de seis metros (generalmente hasta 12 m)
(Figura 40).
La pendiente del terreno, la intensidad de
mecanización (cultivos y sistemas de cultivo), las máquinas e implementos disponibles,
así como la condición financiera del agricultor son los factores que condicionan la
selección del tipo de terraza en cuanto al movimiento de tierra (Bertolini et al.,
1989).
Con relación a la forma
Según Bertolini et al.
(1989), otra manera, de clasificar las terrazas es en cuanto a la forma de su perfil. En
este caso, la pendiente del terreno es determinante en la definición del tipo de terraza
a ser construida: común o de banco (Figuras 41 y 42).
Terraza común: es una construcción
de tierra, a nivel o desnivel, compuesta de un canal y un camellón o dique. Este tipo de
terraza es usado normalmente en áreas con pendiente inferior a 20%. Se incluyen en esta
clasificación las terrazas de base estrecha, media, ancha y algunas variaciones tales
como terraza embutida y de caballón grande.
Terrazas de banco: Estas son las
verdaderas terrazas, puesto que de ellas se originan los otros tipos. Son utilizadas en
terrenos con pendientes superiores a 20% y construidas transversalmente a la línea de
mayor declive.
Localización de las terrazas
La terraza es una obra de ingeniería
agrícola y reviste gran importancia debido a su función y a la eficacia de su
construcción. La planificación y ejecución de un sistema de terrazas exigen
conocimiento técnico que debe ser unido a la práctica y al buen sentido. Debe realizarse
todo esfuerzo necesario para proporcionar un sistema de terraceo que minimice la erosión
y promueva un adecuado drenaje superficial. Para lograr este objetivo es necesario
observar algunos puntos importantes en cuanto a la localización de las terrazas, tal como
sigue:
determinar, por medio de un nivel, el punto
más alto del área a ser terraceada (terreno, propiedad o microcuenca);
identificar la línea de mayor inclinación
para que a partir de ella se comience la localización de las terrazas:
en caso de que el declive de la línea de
mayor inclinación sea uniforme, dividir la línea en secciones uniformes de declive;
determinar la pendiente de la línea de
mayor inclinación con el auxilio de un nivel óptico, clinómetro o pie de gallina:
si la línea de inclinación es desigual,
proceder a la determinación del declive de la próxima sección uniforme, siempre a
partir de la terraza ya demarcada;
después de calculada la pendiente y
verificada la textura del suelo, determinar el espaciamiento vertical (EV) o espaciamiento
horizontal (EH) a ser adoptado para la demarcación de la terraza:
como medida de seguridad, localizar la
primera terraza en la parte más alta del terreno, en la mitad de la distancia recomendada
por el cuadro;
basándose en la estaca clavada en la
línea de mayor inclinación, localizar la línea de la terraza clavando estacas cada 20 m
o cada tres pasos del pie de gallina:
en áreas poco uniformes la distancia entre
las estacas puede ser disminuida a 15 o 10 metros;
para terrazas de absorción o en nivel,
todas las estacas deben ser clavadas en la misma cota de la estaca de la línea de
pendiente;
para terrazas de drenaje o en desnivel, las
estacas deben ser clavadas en las cotas calculadas de acuerdo con el desnivel deseado y
especificado en el Cuadro 33;
Cuadro 33
Cuadro de desnivel o gradiente para terrazas de drenaje