Capítulo 9

El uso de las tierras de acuerdo con su capacidad de uso

 

Muchos agricultores en el mundo, basados en generaciones de experiencia, están usando sus tierras en una manera sostenible. Otros hacen los mismo en base a las recomendaciones de los servicios de extensión o de los resultados experimentales. Pero en muchos lugares, se han abierto nuevas tierras para la agricultura o el uso de la tierra ha cambiado drásticamente a causa de los cambios de población o de presiones económicas. A menudo tales cambios en el uso de la tierra han sido hechos sin estudios previos que indiquen cual sería el uso mas apropiado y que efectos pueden tener sobre el ambiente los diferentes usos que se podrán hacer. Esto ha llevado a pobreza, degradación ambiental, explotación económica ineficiente y pérdida de recursos naturales como suelo y agua. Los mejores usos de la tierra dependen de condiciones económicas, sociales, políticas y culturales, de las características del suelo y de su respuesta al uso.

Gran parte de las tierras han sido utilizadas sin estudios previos que muestren cual es el tipo de uso más adecuado y cual es el efecto ambiental de los diferentes usos. Muchos tipos de uso de la tierra, agrícolas o no, son hechos de forma y en lugares inadecuados, lo que ha resultado en pobreza, degradación ambiental, explotación económicamente ineficiente y pérdida de recursos naturales como suelo y agua. La mejor forma de uso de la tierra depende de las condiciones económicas, sociales, políticas y culturales, además de las características del suelo y su respuesta al uso.

Las tierras, en un sentido económico, tienen muchos otros atributos como el tamaño de las fincas, la proximidad al agua y a otras tierras, las facilidades de transporte y de mercado (FAO, 1967). Según FAO (1993), tierra es un segmento de la superficie del globo terrestre definido en el espacio y en función de características y propiedades comprendidas por los atributos de la biósfera, que sean razonablemente estables o cíclicamente previsibles, incluyendo aquellas de la atmósfera, el suelo, el substrato geológico, la hidrología y el resultado de las actividades humanas actuales y futuras hasta el punto que estos atributos tengan influencia significativa en el uso presente o futuro de la tierra por el hombre.

 

Evaluación de las tierras

Las tierras varían en sus características y esa variación afecta el uso de las mismas, pues para cada tipo de uso hay tierras más o menos aptas física y económicamente, esto es, en cuanto a la

E. Giasson

Departamento de Solos de la Universidade Federal do Rio Grande do Sul

Porto Alegre, Brasil

roductividad y en cuanto al retorno del capital invertido. La variación de las tierras es en gran parte sistemática y provocada por factores conocidos, por lo tanto, esta puede ser mapeada, separándose en áreas homogéneas. Esas áreas particulares pueden tener un comportamiento previsible con algún grado de certeza cuando son sometidas a cierto tipo de uso. Ese grado de certeza depende de la calidad de los datos disponibles y del conocimiento usado para relacionar las características de la tierra con su respuesta al uso.

La evaluación de las tierras es el proceso de evaluación de la respuesta de las tierras cuando son usadas para fines específicos. Este proceso permite que sea hecho un planeamiento racional del uso de las tierras y un uso adecuado y sostenible ambiental y económico de los recursos naturales y humanos. De esta forma, puede ser un importante instrumento para el planeamiento del uso, tanto por usuarios individuales, por grupos o por la sociedad como un todo.

Es necesario que haya un sistema de evaluación de la aptitud de uso de las tierras que utilice parámetros objetivos y que pueda ser aplicado en cualquier escala, desde el reconocimiento hasta el planeamiento individual de propiedades, que sea adecuado a las condiciones locales y que considere los aspectos económicos involucrados en cada tipo de uso de la tierra, así como que sea aplicable a la mayoría de las situaciones de disponibilidad de recursos naturales.

En la clasificación técnica, los casos individuales son agrupados en función de pocas características de interés práctico y específico, relacionadas con el comportamiento agrícola de los suelos, involucrando los aspectos físicos y socio-económicos y resultando así un trabajo de naturaleza interdiciplinaria. De esta forma, este tipo de clasificación es un proceso estimativo del comportamiento o de la aptitud del uso de la tierra cuando es usada para propósitos específicos (Resende et al., 1995).

En el Brasil, los principales sistemas utilizados en trabajos de levantamiento de suelos para la clasificación de la aptitud de uso de los suelos son:

el Sistema de Clasificación de la Capacidad de Uso de la Tierra (Klingebiel y Montgomery, 1961);

el Sistema de Evaluación de la Aptitud Agrícola de las Tierras (Bennema et al., 1964, modificado por Beek, 1975).

Además, otros sistemas son usados para tales fines, habiendo sido desarrollados para adaptarse mejor a condiciones específicas, como es el caso del sistema actualmente en estudio en la Universidad Federal de Río Grande do Sul.

Un sistema de clasificación de la aptitud de uso de los suelos debe responder a una serie de preguntas, tal como sugieren Brinkman y Smyth (apud Klamt, 1978):

a. ¿Cómo está siendo usado el suelo y que sucederá si el uso actual no fuera modificado?

b. ¿Qué otros usos del suelo son posibles bajo las condiciones sociales y económicas existentes?

c. ¿Cuál o cuáles alternativas de uso muestran posibilidades de mantenimiento de la calidad del medio ambiente?

d. ¿Qué limitaciones o efectos adversos están asociados con cada alternativa de uso?

e. ¿Qué inversiones son necesarias para minimizar las limitaciones y efectos adversos?

f. ¿Cuáles son los beneficios de cada alternativa de uso?

g. ¿Hay previsión de grandes modificaciones en el uso del suelo o sistema de manejo? ¿Cuáles? ¿Cómo ejecutarlas? ¿Cuáles inversiones? ¿Cuáles beneficios? ¿Quién será beneficiado?

Sistema de clasificación de la capacidad de uso

El Sistema fue estructurado por el Servicio de Conservación del Suelo de los Estados Unidos, desarrollado por Klingebiel y Montgomery (1961) y adaptado y divulgado en Brasil por Marques (1971). Después fueron efectuadas otras aproximaciones, como las hechas por Lepsch (1983) y Lepsch (1991).

La utilización de este sistema es recomendada para fines de planeamiento de prácticas de conservación del suelo, al nivel de propiedades o empresas agrícolas, o para pequeñas cuencas hidrográficas. Su uso para otras finalidades, como en el caso de estudios regionales, debe ser hecho con adaptaciones y con acompañamiento de estudios que consideren las condiciones socioeconómicas y aptitud agroclimática de los cultivos (Lepsch, 1991).

Conceptualmente, el sistema se basa en la interpretación de las características y propiedades intrínsecas del suelo, del medio físico y del nivel tecnológico de los agricultores, con el objetivo de obtener clases homogéneas de tierras, y definir su máxima capacidad de uso sin riesgos de degradación del suelo, especialmente con relación a la erosión acelerada. De esta forma, el sistema toma en cuenta las limitaciones permanentes de la tierra, relacionándolas con las posibilidades y limitaciones de uso de la misma. Considera, sin embargo, aspectos socioeconómicos y de política agrícola (Lepsch, 1991).

Este sistema es jerarquizado de la siguiente forma:

grupos de capacidad de uso (A, B y C): establecidos en base a los tipos de intensidad del uso de las tierras;

clases de capacidad de uso (I a VIII): basadas en el grado de limitación del uso;

subclases de capacidad de uso (IIe, IIIe, IIIa, etc.): basadas en la naturaleza de la limitación del uso;

unidades de capacidad de uso (IIe-1, IIe-2, IIIa-1, etc.): basadas en condiciones específicas que afectan el uso o manejo de la tierra.

Son por lo tanto ocho clases organizadas en tres grupos, con la intensidad de uso en escala decreciente de I a VIII. El grupo A contiene tierras cultivables con cultivos anuales, perennes, pasturas y/o reforestación y/o vida silvestre, comprendiendo las clases I, II, III y IV. El grupo B comprende tierras adaptadas a las pasturas y/o reforestación y/o vida silvestre, incluyendo las clases V, VI y VII. El grupo C son tierras no cultivables, pero apropiadas para protección de la flora y de la fauna silvestre, recreación y almacenamiento de agua, abarcando la clase VIII.

Las clases II a VII, excepto la V, son subdivididas en subclases en función de sus limitaciones permanentes, relacionadas con erosión (e), suelo (s), agua (a) y clima (c). Las unidades de capacidad de uso tornan más explícita la naturaleza de las limitaciones, o sea, facilitan el proceso de establecimiento de las prácticas de manejo.

El sistema de clasificación de la capacidad de uso tiene como ventaja el hecho de poder ser usado para trabajos de planeamiento e indicar el uso y las prácticas conservacionistas a nivel de finca. Como desventaja, el sistema presupone la utilización de un nivel avanzado de manejo del suelo, no considerando el uso de niveles de manejo menos desarrollados, como por ejemplo, los que utilizan tracción animal, pudiendo con eso subestimar el potencial agrícola de ciertas fincas. De esta forma, tierras pedregosas con declives poco acentuados que con tracción animal pueden ser cultivadas con cultivos anuales, en ese sistema de evaluación son clasificadas como clase VI (inaptas para cultivos anuales), por no permitir la motomecanización. Además, el sistema exige un mapa básico de suelos o de atributos del medio físico a nivel detallado, no siempre disponible. Las recomendaciones conservacionistas de uso de la tierra y la rigidez con la cual los riesgos de erosión son interpretados y mapeados, particularmente en las clases VI y VII (tierras inaptas para el uso con cultivos anuales), y la falta de informaciones científicas en cuanto a la recomendación de uso de estas áreas dificulta la determinación del potencial agrícola de las mismas (Streck, 1992).

Otras limitaciones del sistema, según Klamt (1978), se refieren a la ausencia de informaciones sobre ciertos parámetros utilizados para la definición de las unidades de capacidad de uso, como datos de producción de los principales cultivos y definición exacta de las condiciones de manejo en que estas producciones son obtenidas. Además, son destacados los problemas relacionados a la erosión del suelo sin considerar detalladamente las limitaciones a nivel de fertilidad natural, lo que es un grave problema en las regiones en desarrollo.

Sistema de evaluación de la aptitud agrícola de las tierras

Este sistema fue propuesto inicialmente por Bennema et al. (1964), reformulado por Beek (1975), por Ramalho Filho et al. (1977), Ramalho Filho et al. (1978) y por Ramalho Filho y Beek (1995). También es conocido como "Sistema FAO/Brasileño".

El sistema está estructurado en las siguientes categorías:

niveles de manejo (A, B y C): para diagnosticar el comportamiento de las tierras en diferentes niveles tecnológicos;

grupos de aptitud agrícola (1 a 6): identifica en el mapa el tipo de utilización más intenso de las tierras;

subgrupos de aptitud agrícola (1ABC, 1bC, etc.): indica el tipo de utilización de la tierra, de acuerdo con el nivel de manejo;

clases de aptitud agrícola (buena, regular, limitada e inapta): expresan la aptitud agrícola de las tierras para un determinado tipo de uso, con un nivel de manejo definido, dentro del subgrupo de aptitud.

El nivel de manejo A (primitivo) corresponde a un bajo nivel técnico-cultural, caracterizándose por la no aplicación de tecnología, por el trabajo manual o alguna tracción animal con implementos simples.

El nivel de manejo B (poco desarrollado) corresponde a un nivel intermedio, con pequeña aplicación de capital en el mejoramiento y conservación de las tierras, con la mecanización basada en la tracción animal o en la tracción motorizada sólo para desmonte y labranza inicial del suelo.

El nivel de manejo C (desarrollado) se basa en un alto nivel tecnológico, caracterizándose por la aplicación intensiva de capital y de resultados de investigación para el manejo, el mejoramiento y la conservación de las tierras, con el uso de la motomecanización en prácticamente todas las fases de la operación agrícola (Ramalho Filho y Beek, 1995; Resende et al., 1995).

En el más alto nivel de clasificación se sitúan seis grupos de aptitud, esencialmente comparables a las ocho clases de capacidad de uso del sistema estadounidense. Los grupos 1, 2 y 3, además de la identificación de cultivos como tipo de utilización, tienen la función de representar, en el subgrupo, las mejores clases de aptitud de las tierras indicadas para cultivos, según los niveles de manejo. Los grupos 4, 5 y 6 sólo identifican tipos de utilización (pastura sembrada, silvicultura y/o pastura natural y preservación de la flora y de la fauna, respectivamente), independientemente de la clase de aptitud (Ramalho Filho y Beek, 1995).

El subgrupo de aptitud agrícola es el resultado conjunto de la evaluación de la clase de aptitud relacionada con el nivel de manejo. Hay diferencias en cuanto al segundo nivel de clasificación cuando se compara con el sistema estadounidense. El subgrupo se refiere a la aptitud agrícola de las tierras para los tipos de utilización adaptados, pero la subclase del sistema estadounidense se refiere a los tipos de limitación que determinan la clase. Así, en el ejemplo 1(a)bC, el número 1, indicativo del grupo, representa la mejor clase de aptitud de los componentes del subgrupo - las tierras pertenecen a la clase de aptitud buena; en el nivel de manejo C (grupo 1), clase de aptitud regular en el nivel de manejo B (grupo 2) y clase de aptitud restricta, en el nivel de manejo A (grupo 3). La ausencia de cualquiera de las letras significa que no es apto para ningún uso (Ramalho Filho y Beek, 1995).

El encuadramiento de las clases en ese sistema es hecho por el proceso paramétrico (los parámetros que definen cada clase son establecidos en tablas o cuadros-guías) considerando los siguientes factores limitantes: deficiencia de fertilidad, deficiencia de agua, exceso de agua o deficiencia de oxígeno, susceptibilidad a la erosión e impedimentos a la mecanización, que definen los diferentes tipos de usos de los suelos. Para cada factor son definidos los siguientes grados de limitación: nulo, ligero, moderado, fuerte y muy fuerte (Streck, 1992). Estos grados de limitación se refieren a los desvíos relativos del suelo considerado en relación a un suelo hipotético "ideal", en cuanto a los factores limitantes (Resende et al., 1995).

Los cuadros-guías de evaluación de la aptitud agrícola de las tierras, constituyen una orientación general para la clasificación de la aptitud agrícola de las mismas, en función de sus grados de limitación y relacionados a los factores limitantes, para los niveles de manejo A, B y C. De esta forma, la clase de aptitud agrícola de las tierras, de acuerdo con el nivel de manejo establecido, es obtenida en función del grado limitativo más fuerte. Este cuadro-guía debe ser utilizado para una orientación general, debido a que la evaluación varía de acuerdo con peculiaridades locales, calidad y diversidad de los datos, así como con el nivel de detalle del estudio (Ramalho Filho y Beek, 1995).

El sistema prevé además la viabilidad de mejoramiento de las condiciones agrícolas de las tierras en sus condiciones naturales, con la adopción de los niveles de manejo B y C, siendo expresada por números subrayados, que acompañan las letras representativas de los grados de limitación estipulados en los cuadros-guías.

Este sistema tiene la ventaja de identificar la aptitud de las tierras para cada uno de los niveles de manejo considerados, siendo recomendado para lugares que poseen levantamientos pedológicos a nivel de reconocimiento o exploratorio, donde se necesita un planeamiento agrícola regional y trabajos de zonificación agrícola. Como desventaja, no especifica las prácticas de manejo adecuadas al nivel de fincas, y se basa en cuadros-guías pre-establecidos aplicables al nivel de grandes regiones del país, no siempre adaptables a las condiciones locales. Debido a eso, este sistema se generalizó y sobrestimó el potencial agrícola de las áreas del Escudo Basáltico de Río Grande do Sul, en Brasil (Streck, 1992).

El empleo de este sistema en la evaluación del potencial de uso de las tierras, al nivel de propiedades o cuencas, necesita ser adaptado a las condiciones locales. Estas adaptaciones deben considerar niveles de manejo menos desarrollados que los enfocados en el sistema estadounidense o que sea más específico en cuanto a la recomendación de las prácticas conservacionistas a nivel de finca que el sistema FAO/Brasil.

Método paramétrico para la clasificación de la capacidad de uso de las tierras

Según Streck (1992), este método clasifica las tierras basándose en las características de suelo y del medio físico que presentan diferentes grados de limitación para el uso agrícola y que sirven de parámetros para diferenciar las fincas. Este sistema combina las características favorables del sistema estadounidense y del sistema FAO/Brasileño, considerando niveles de manejo menos desarrollados e indicando las prácticas de conservación específicas para que las diferentes fincas puedan ser utilizadas sin superar los límites tolerables de pérdidas de suelo. El método desarrollado debe ser simple para que pueda ser de fácil utilización por diferentes técnicos y para la obtención de resultados consistentes en términos de clasificación y recomendación de prácticas de manejo. El método se basa en el establecimiento de cuadros-guías, elaborados a partir de resultados de investigación, experiencia del evaluador y observaciones empíricas del agricultor, con la definición de las diferentes fincas, del tipo de uso y de las prácticas conservacionistas más adecuadas a las mismas.

Este método tiene la ventaja de ser adecuado para la evaluación del potencial de uso de los suelos al nivel de propiedades rurales, también a nivel de cuencas hidrográficas, y en condiciones de manejo menos desarrollado; además, es de más fácil aplicabilidad y comprensión por parte de los técnicos. Define los grupos de suelos ocurrentes y que presentan diferentes grados de limitaciones, desarrollándose cuadros-guías específicos más simples para cada grupo.

En el Cuadro 18 está ejemplificado un cuadro-guía hecho para la determinación de las clases de aptitud agrícola para los suelos de la Cuenca del Lageado Atafona, en Santo Ângelo (Brasil), donde fueron definidos tres grupos de tierras. El Cuadro se refiere a tierras del grupo 1, caracterizado por presentar suelos bien profundos, drenados, sin piedras, con limitaciones impuestas por diferentes clases de pendiente, profundidad y erosión (Streck, 1992).

En un trabajo realizado para definir la aptitud de uso de los suelos del Escudo Basáltico de Río Grande do Sul, a través de un manejo adecuado, fueron propuestos cuadros-guías basados en la inclinación del terreno, profundidad del suelo y pedregosidad; las limitaciones referentes a la fertilidad, el drenaje y otras fueran omitidas para simplificar los cuadros y por ser más fácilmente solucionables (Klamt y Stammel, 1984). Estos mismos autores apoyan la idea que, para evitar considerables pérdidas por erosión y agotamiento de nutrimentos, y sin causar desequilibrios ambientales, la utilización de los suelos del basáltico debe basarse en la aptitud o capacidad de uso de los mismos.

En un trabajo semejante al anterior, fueron desarrollados cuadros-guías para el uso adecuado de los suelos del Oeste y del Valle del Río do Peixe, en Santa Catarina (Brasil), donde el 75% del área tiene un relieve accidentado y con pedregosidad (Uberti, 1985).