Eric Kueneman, del Departamento de Agricultura y coordinador sectorial del Programa 21/Capítulo 14, sobre Fomento de la agricultura y el desarrollo rural sostenible (ADRS), afirma: "Para alcanzar la seguridad alimentaria, mitigar la pobreza y para la sostenibilidad en general son determinantes las mejoras agrícolas, un desarrollo rural integral y la utilización de los recursos naturales. Río+10 es una buena ocasión para reforzar la función central de la ADRS en el logro de los objetivos del Programa 21 y futuros". Un documento preliminar de debate -cuyo propósito es abrir camino para realizar consultas de gran alcance con los asociados en el desarrollo (ver recuadro)- informa de los avances logrados en la producción de alimentos y en la gestión de los recursos naturales desde la CNUMAD. Pero destaca "la contradicción de una crítica pobreza y subnutrición en medio de una abundancia sin precedentes. Cientos de millones de habitantes del medio rural siguen siendo pobres y pasando hambre". Además: "prosigue la pérdida y aumentan la gravedad y el alcance del degrado de los recursos agrarios pese a que hoy se dispone de mejores técnicas y más conocimientos".
Un mundo en transformación. El documento señala diversas dimensiones de la sostenibilidad agropecuaria, las tierras y el desarrollo rural. Por una parte, se adoptaron a inicios de la CNUMAD distintos instrumentos y mecanismos jurídicos internacionales. Los encargados de las negociaciones están terminando una revisión del Compromiso Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura (que contiene acuerdos relativos a la difusión y acceso de los beneficios, y garantiza los "derechos del agricultor"), y la FAO está elaborando una estrategia mundial en materia de diversidad de los animales de granja. La Cumbre Mundial sobre la Alimentación de 1996 proporcionó una estructura para mejorar las políticas y los programas necesarios orientados a alcanzar el objetivo de "alimentos para todos". La comunidad internacional avanza hacia la armonización de normas, a través del Codex Alimentarius, los acuerdos de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y la Convención internacional de protección fitosanitaria, a la vez que el Fondo para el Medio Ambiente Mundial contribuye a la ejecución de los convenios y programas de acción de Río.
Otros acontecimientos internacionales han estimulado la gestión y el aprovechamiento sostenible de los recursos naturales. Los planes de acción de los países para el Programa 21 y los convenios concomitantes en materia de desertificación y biodiversidad han conducido a la realización de inventarios de los recursos agrarios, a la adopción de una planificación integrada para el uso de las tierras y a la introducción de reformas necesarias desde hace tiempo en materia de administración y tenencia agraria. Pese a todo, la degradación sigue afectando aproximadamente a una superficie agraria de 20 millones de kilómetros cuadrados. Si bien en la mayor parte de los países de bajos ingresos y con déficit de alimentos esto suele deberse a una utilización insostenible y a la extracción de los recursos, en los países en desarrollo obedece sobre todo al uso excesivo de insumos para la producción y de la maquinaria agrícola. "Ambos tienen que ver -dice la FAO- con una planificación inadecuada a largo plazo de la explotación agraria y con estrategias inconvenientes de gestión de las tierras".
La disminución constante del costo de la tecnología de la información y los instrumentos de apoyo a la toma de decisiones ha conducido a una mejor gestión y mayor difusión de la información sobre agricultura y el medio ambiente. Los encargados de la planificación utilizan sistemas de información geográfica para analizar los recursos naturales y datos socioeconómicos. Iniciativas como el Sistema mundial de información y alerta sobre la alimentación y la agricultura (SMIA) de la FAO contribuyen a determinar y entender mejor la índole de la insuficiencia persistente de alimentos y la pobreza, y su efecto en la productividad agrícola, la sostenibilidad y los medios de sustento en el ámbito rural.
Por último, desde la Cumbre de Río se ha generalizado la aceptación de la necesidad de un buen ejercicio del gobierno y la participación de los interesados. Las organizaciones de la sociedad civil y el sector privado han presionado para ampliar su participación en los programas de desarrollo. En todo el mundo, las organizaciones campesinas y otros grupos rurales han formado amplias confederaciones que refuerzan su presencia en el ámbito nacional y en otros círculos de mayor jerarquía. Localmente, las ONG han ayudado a promover estrategias y programas para el desarrollo rural a partir de sistemas agroecológicos a escala familiar y bien informados. Con todo, según la FAO, los mecanismos de colaboración entre los gobiernos y otros participantes siguen siendo muy particulares y es preciso difundir más las experiencias de cooperación entre asociados que han tenido buenos resultados.
"En conjunto -concluye Eric Kueneman, de AG- las repercusiones de las tecnologías y la escala de la economía global han producido efectos profundos, algunos negativos, en la agricultura sostenible, el aprovechamiento de las tierras y los frágiles ecosistemas. Sin embargo, son prometedoras algunas de las tendencias y oportunidades que hemos detallado. En la preparación de nuestro informe final para Río+10 se acoge con beneplácito la participación de las organizaciones de la sociedad civil y el sector privado. Su contribución propiciará la difusión de sus puntos de vista y ampliará el apoyo a los mismos".
Publicado en febrero de 2001