Casi un decenio después, la FAO considera que ha llegado el momento de renovar el compromiso mundial con esa perspectiva. "Desde la celebración de la Cumbre de Río se han registrado algunas novedades alentadoras -dice su informe al COAG-. No obstante, los resultados no son suficientes. Aunque a nivel mundial se están produciendo más alimentos que nunca, unos 800 millones de personas siguen padeciendo malnutrición crónica. Muchos objetivos ambientales no se están alcanzando y numerosos países, desarrollados y en desarrollo, no pueden o no quieren integrar los requisitos ambientales en las políticas de desarrollo agrícola y rural."
Nuevos conceptos. Para cumplir los objetivos de la ADRS, que comprenden reducir el número de personas subnutridas por lo menos a la mitad en los siguientes 15 años, hará falta un cambio radical de prioridades y anteponer la mitigación de la pobreza y de la exclusión social. "Aunque la ADRS sigue siendo un paradigma válido del desarrollo -dice el informe- las formas en que se perciben la agricultura y las sociedades rurales, así como sus problemas, están cambiando como resultado de toda una gama de novedades, algunas veces discrepantes."
La globalización puede ofrecer un potencial enorme para acelerar el desarrollo, pero sus beneficios con facilidad pasan por alto a los que quedan fuera, o están apenas vinculados con la economía moderna. La función del gobierno se ha reducido en muchos países, lo que ha fomentado una mayor participación de la sociedad en la toma de decisiones, pero también ha dado lugar a recortes en la inversión y el gasto en las zonas rurales. Al mismo tiempo, el incremento de los ingresos y una urbanización cada vez mayor están modificando las pautas de consumo y conducen a un acelerado crecimiento del sector ganadero, así como a la expansión de la agricultura en las zonas periurbanas.
"El desafío es aprovechar estas fuerzas potencialmente benéficas en un marco de ADRS", afirma la FAO. Es necesario "ampliar el concepto a la sostenibilidad social, institucional y económica y no limitarlo exclusivamente a la sostenibilidad ambiental: la conservación y utilización racional de los recursos naturales". A juicio de la FAO, para avanzar en materia de ADRS se requiere trabajar en tres aspectos:
Movilizar la inversión. La disminución de la inversión del sector público en agricultura se da a la par que alarmantes reducciones de la ayuda de los donantes bilaterales y multilaterales destinada al desarrollo a ese sector. "Lo que hace falta -dice el informe- es un plan u orientación de estrategia de inversiones que obtenga el máximo efecto multiplicador de la orientación de los limitados recursos gubernamentales a bienes públicos como la infraestructura de transporte, de forma que se facilite el flujo de la inversión privada en zonas mejor comunicadas." La formación de nuevas alianzas y asociaciones entre los gobiernos, la iniciativa privada y la sociedad civil, facilitadas por la mayor integración mundial, podría contribuir a redefinir las funciones tradicionales de la financiación externa y la asistencia técnica. También podría haber nuevas oportunidades y mecanismos, como el Fondo para el Medio Ambiente Mundial y el comercio de carbono, a fin de suministrar fondos para la inversión pública en actividades relacionadas con la ADRS.
Creación de técnicas para incrementar la productividad y conservar los recursos naturales. Las necesidades tecnológicas de los campesinos pobres -y la investigación necesaria para satisfacerlas- son enormes, pero la demanda efectiva es muy poca: los pobres mismos no pueden pagarla ni los insumos asociados a ella, como el agua, fertilizantes y mano de obra adicional. Hace falta aumentar la financiación del sector de investigación agrícola y extensión, de ser posible en colaboración más estrecha con el sector privado. El posible programa de investigación incluye creación y difusión de sistemas de producción que limiten el agotamiento de las tierras, el agua y los recursos naturales debidos a la intensificación agrícola, así como técnicas inocuas para el medio ambiente, que comprenden sistemas de gestión integrados (por ejemplo, agricultura orgánica, manejo integrado de plagas, labranza cero, agrosilvicultura) y técnicas que garanticen la inocuidad de los alimentos. No hay que olvidar los beneficios potenciales que puede ofrecer la tecnología de la modificación genética en el futuro.
Estos tres desafíos deberían orientar a la FAO en la formulación de sus propios programas de ADRS, indica el informe. Como coordinador sectorial del Capítulo 14, la Organización debe fortalecer su actividad organizadora del fomento mundial de la ADRS, en cooperación con sus asociados internacionales del sistema de las Naciones Unidas, otras organizaciones gubernamentales, sus Estados Miembros y la sociedad civil.
Publicado en marzo de 2001