El estado de Santa Catarina, del sur del Brasil, ofrece un ejemplo práctico de ese proceso, y de cómo invertirlo. Ahí, hasta hace poco tiempo, miles de hectáreas de tierras agrícolas estaban aproximándose a una condición irrecuperable entre las etapas 2 y 3 mencionadas. "En la década de 1970 surge la llamada modernización de la agricultura, con incentivos para el uso de abonos minerales, pesticidas tóxicos y máquinas e implementos pesados como los tractores, arados y rastras de discos", dice en un nuevo estudio de caso de la FAO (ver recuadro). Si bien algunos agricultores llegaron a producir en cultivos en los que utilizaban ese paquete tecnológico de 7 200 a 7 800 kilogramos de maíz por hectárea, esa tecnología contribuiría a la consecuente degradación de sus tierras.
Modelos europeos. A lo largo del siglo pasado los pobladores de Santa Catarina habían despejado más de dos tercios de la cubierta forestal del estado para la agricultura, y utilizaron métodos de preparación de las tierras de origen europeo. Por ejemplo, era común que después de la cosecha los residuos de ésta y otra biomasa se arara en el suelo, o sencillamente se quemara, dejando las tierras en barbecho durante el invierno. Para eliminar toda vegetación de las tierras, éstas se araban y rastreaban, así el suelo quedaba suelto y pulverizado para recibir las semillas. Los agricultores además tendían a producir un solo cultivo, por lo general maíz destinado a la porcicultura, año tras año.
Eliminar la vegetación de la superficie en el invierno no sólo dejaba el suelo expuesto a las intensas lluvias que lo deterioraban, sino que además desechaba uno de los principales factores de circulación de nutrientes de los suelos. La quema de residuos de las cosechas destruía meso y macrofauna importante, como lombrices e insectos. El monocultivo también contribuía a la degradación del suelo porque no había otros sistemas de raíces con distintas profundidades de penetración, que contribuyen a ventilar los suelos y fomentan una favorable actividad microbiana.
La investigación demostró que factores físicos naturales, como las pendientes, la pedregosidad, la profundidad del suelo y el desagüe pueden propiciar la erosión de los suelos, aunque no son los factores responsables dominantes, según este estudio. "La forma en que los agricultores estaban tratando sus tierras era la causa del deterioro físico, químico y biológico de los suelos".
Siembra directa. En Santa Catarina la solución ha sido un cambio constante a lo largo de los últimos dos decenios hacia la agricultura de conservación, planteamiento de la ordenación de los suelos que trata de limitar el daño a la composición, estructura y biodiversidad natural de los mismos. Numerosos agricultores, alentados por el servicio de extensión rural del estado, hoy mantienen sus tierras cubiertas de biomasa viva o muerta durante la temporada de barbecho y la siembra, a fin de protegerlas del choque de la lluvia, del sol excesivo y del viento. Muchos de sus "cultivos de cobertura" son variedades espontáneas que se cortan o se secan antes de cada siembra nueva.
La adopción de cultivos de cobertura se ha acompañado de la práctica de la labranza mínima, que limita a una estrecha franja de entre 10 y 50 centímetros la superficie que se remueve durante la preparación de las tierras. La siembra directa se realiza con una variedad de aparatos, de motor o de tracción animal, muchos de ellos fabricados localmente. Algunas de las ventajas de esta práctica son que se reduce la pérdida de los suelos, requiere menos mano de obra y ofrece mayor flexibilidad respecto al ritmo de la siembra. El estudio de la FAO además señala que la labranza mínima puede contribuir a reducir los niveles de los gases que producen el efecto de "invernadero" causantes del cambio climático: los suelos en los que se aplican los sistemas de siembra directa emiten hasta ocho veces menos bióxido de carbono que los que se aran.
En Santa Catarina se han adoptado en gran escala las técnicas agrícolas de conservación, informa el estudio. Entre 1994 y 1997 la superficie en la que se aplican sistemas de labranza de conservación aumentó de 124 000 a 685 000 hectáreas, equivalentes a más de un tercio de la superficie agrícola total del estado. "De cualquier manera -señala el estudio- ni la comunidad científica ni los agricultores consideran que esto sea suficiente para resolver los problemas físicos, químicos y biológicos de la degradación de los suelos. La siembra directa ha llegado a ser considerada como un sistema y no sólo como un método de preparación de la tierra. Para que el sistema sea exitoso es necesario introducir rotaciones de cultivos, por ejemplo, el uso dentro del área de una secuencia de diferentes especies en el tiempo y en el espacio. La rotación de cultivos es la base para la sostenibilidad de los sistemas de siembra directa."
Publicado en mayo de 2001