Al otro lado del planeta, en los Andes bolivianos, los pastores tienen otro sistema para identificar a sus llamas: un lienzo de tela de color atado en las orejas, pero estos animales no son menos importantes para la alimentación y la agricultura local. De ellos se extraen carne y fibra, y sirven sobre todo como animales de carga para transportar sal, patatas y maíz a los mercados. Si bien los camellos y las llamas pocas veces llegan a reunirse -o tal vez nunca-, en realidad son parientes lejanos, descendientes de un mamífero del tamaño de un conejo, que evolucionó para dar lugar a dos de los animales domésticos más polivalentes del hombre.
Camelidae. Las huellas fósiles encontradas indican que los Camelidae se originaron en América del Norte hace unos 50 millones de años. Sus antepasados dieron lugar al Poebrotherium, que era del tamaño de una oveja y proliferaba alrededor de 30 millones de años a.C. en el territorio que hoy ocupan los Estados Unidos. En el Mioceno, conforme el calentamiento del planeta produjo climas áridos y la expansión de las praderas, los camélidos aumentaron de tamaño, se adaptaron a un alimento de calidad secundaria y desarrollaron un hábito de pastoreo itinerante adecuado a la migración a través de las estepas en expansión. Hace unos cinco millones de años había rebaños de camélidos avanzando hacia América del Sur y a través del estrecho de Bering rumbo a Asia. La evolución posterior produjo dos géneros distintos: la Lama, hoy nativa de los Andes de Bolivia, Chile y Perú, y el Camelus -dromedarios y camellos- de África y el Asia Central. Aunque sus antepasados de América del Norte fueron cazados hasta la extinción, ambos animales fueron domesticados hace entre 4 000 y 5000 años.
"Para los pastores de las regiones semiáridas, los camellos son la especie animal más importante -dice un artículo reciente de la Revista mundial de zootecnia de la FAO, respecto a los polivalentes dromedarios de Eritrea-. Su singular capacidad para sobrevivir en zonas de clima inhóspito y pastorear y ramonear entre una amplia gama de especies vegetales, su capacidad de adaptación a las temperaturas elevadas y su resistencia a las enfermedades, son cualidades que les permiten mantener a las familias de pastores sin contribuir al degrado del medio ambiente y la desertificación".
Los dromedarios eritreos son de distintos colores y tamaños, desde unos relativamente pequeños y blancos de la costa sur del Mar Rojo (izquierda) hasta los más robustos y rojizos de las tierras bajas occidentales. "La adquisición de dromedarios comienza al nacer: el padre le regala a su hijo una hembra de dromedario recién nacida -dice en el informe-. El niño también recibe regalos de dromedarios de sus parientes cercanos. Conforme crece, crece asimismo su rebaño. Al casarse, se le asigna una parte del rebaño de la familia y de dos a siete camellos se entregan al nuevo suegro".
La manada ayuda a satisfacer la mayor parte de las necesidades básicas de la familia. Las hembras lactantes se ordeñan tres veces al día y producen alrededor de nueve litros en la temporada húmeda y seis litros en la seca. La leche de dromedaria es particularmente preciada en los meses secos, cuando escasea la leche del resto del ganado. En algunas zonas, durante las sequías, constituye la principal fuente de nutrición de las comunidades rurales. Como los pastores acostumbran desplazarse en busca de pastizales frescos hasta cinco veces al año, y a distancias de hasta varios cientos de kilómetros, los dromedarios machos son valiosos animales de carga. Transportan las casas y los utensilios de los nómadas, a los niños más pequeños, a las personas débiles o enfermas y los animales pequeños. Los estudios realizados han demostrado que un macho maduro puede transportar alrededor de 150 litros de agua durante cinco o seis horas, o 200 kilogramos de sorgo de cinco a ocho horas, y avanzar de 25 a 35 kilómetros en un día. Cuando se utilizan para hacer girar los molinos de ajonjolí (llamados assara), los dromedarios pueden extraer 40 litros de aceite en "un día normal de trabajo".
El mantenimiento de los camellos es muy simple, ramonean y pastan todo el año, sin necesidad de alimentación complementaria. En la temporada húmeda, consumen el pasto anual tierno que encuentran en las tierras arcillosas que se inundan durante la crecida; en la estación seca, los arbustos perennes y los árboles más pequeños son importantes forrajes. (Los dromedarios de trabajo utilizados en los assara consumen subproductos del aceite de ajonjolí). La capacidad de estos camélidos de desplazarse largas distancias y encontrar forrajes verdes reduce al mínimo su necesidad de beber agua. En efecto, en la estación de lluvias parecen no beber en absoluto, ya que su necesidad de agua se satisface con plantas suculentas. En la temporada seca, los pozos cavados a lo largo de las rutas de migración satisfacen las necesidades del camello de consumir por lo menos entre 20 y 25 litros de agua al día.
A los tres años de edad se empieza a hacer trabajar a las llamas como animales de carga, de preferencia machos castrados, y siguen trabajando hasta los nueve años. Las caravanas guiadas por machos experimentados, llamados "delanteros", que se asustan menos a la vista de los depredadores (como pumas y cóndores) que a menudo producen estampidas entre los miembros con menos experiencia del rebaño. Con cargas de entre 30 y 40 kilos por animal - aunque algunos soportan cargas de más de 50 kilogramos - , las caravanas de llamas suelen recorrer 20 kilómetros en trayectos de entre seis y ocho horas.
En el trayecto de bajada lo más probable es que las llamas transporten sal, muy apreciada en las zonas bajas, así como cecina ("charque"), semillas de "quinua" y "chuño", un polvo de patata seca. Estos productos se intercambian en los mercados de las tierras bajas por maíz, tubérculos, porotos, fruta y azúcar. El viaje de ida y vuelta puede durar hasta tres meses, y la jornada de regreso es particularmente extenuante, debido a lo empinado del ascenso y a la disminución de forraje durante la temporada. En efecto, las llamas del rebaño pueden perder hasta el 20% de su peso antes de llegar a sus pastizales de origen.
La Revista señala que si bien la construcción de carreteras y la proliferación de centros urbanos en los Andes bolivianos han reducido la función de las caravanas de llamas en el transporte y el comercio, los programas de desarrollo deberían apoyar su utilización en las comunidades rurales situadas a grandes alturas y alejadas. De la misma manera, "es deseable que los programas de desarrollo tomen en consideración a los camélidos en las cálidas tierras bajas áridas de Eritrea, para que siga mejorando el bienestar económico de los pastores".
Publicado en septiembre de 2001