por Louise O. Fresco Subdirectora General*, Departamento de Agricultura, FAO
el hambre y la pobreza incrementan el peligro de descontento social, y las personas que más padecen hambre viven en las zonas rurales o han emigrado recientemente a las ciudades; el malestar de hoy por la acelerada modernización destaca sobre todo en el sector de los alimentos y la agricultura; en la agricultura sí existe la necesidad y, más importante todavía, la posibilidad de actuar en conjunto y con responsabilidad.
Pero el progreso ha sido desigual. Unos 800 millones de personas siguen padeciendo hambre crónica, casi todos en zonas rurales donde limitan el desarrollo agrícola las lluvias, suelos de mala calidad, insuficiente infraestructura e instituciones inadecuadas. Estas son las zonas del mundo realmente vulnerables, donde los que tratan de fomentar la agitación social y el rechazo a la modernidad pueden encontrar el terreno fértil.
El progreso agrícola a menudo ha sido desigual porque se han atendido los problemas de producción de corto plazo, en vez de la sostenibilidad ecológica y económica a largo plazo. Los consumidores acusan a la agricultura de producir alimentos peligrosos e insípidos, infectados de EEB o de salmonela, y los ambientalistas la acusan de envenenar las aguas superficiales, secar los lagos y destruir los bosques. La globalización ha producido fuertes efectos y otros indirectos: concentración de la propiedad en las industrias de las semillas y la agroquímica, uniformidad genética de la producción, y la desaparición de variedades locales y de alimentos locales.
La triste paradoja es que el reducido porcentaje de participación de la agricultura en el PNB ha creado la falsa idea de que el sector carece de importancia, o es francamente destructivo, y que volver a las formas tradicionales sería mejor que la práctica de hoy. Esta perspectiva en contra de la modernización culmina con el ciego rechazo a la biotecnología y oscurece por completo el potencial que tiene la tecnología de adaptarse a los nuevos desafíos ecológicos y sociales.
Está produciéndose un sentimiento de interconexión. Pero también se requiere una mayor percepción del interés mundial en los problemas de la agricultura y la producción alimentaria, así como el reconocimiento de la responsabilidad conjunta en la eliminación del hambre y la pobreza. Tal vez se incremente la ayuda para el desarrollo si funciona como herramienta para promover una coalición política mundial.
De modo que ¿cuál es la vía de avance para la agricultura y la seguridad alimentaria? ¿Qué se puede hacer concretamente para utilizar la agricultura para tratar algunas de las cuestiones fundamentales del mundo de hoy? En primer lugar, hay que reconocer que la agricultura forma parte de la solución y que no sólo es un problema. El desarrollo agrícola es decisivo para la estabilidad y la equidad social en muchas partes del mundo. Puede contribuir a mitigar los temores sutiles y sin expresar a la modernización y el ritmo del cambio, siempre que la innovación se utilice en forma transparente y con justicia. La agricultura también participa en la tarea de mitigar los efectos del cambio climático. No faltan los instrumentos científicos para volver realidad la intensificación sostenible, siempre que se apliquen responsablemente.
Al mismo tiempo, la agricultura del Siglo XXI ha de estar lista para afrontar nuevos acontecimientos, muchos de ellos relacionados con la globalización y la modernización. Entre ellos:
Más reglamentos supranacionales: la OMC, el Convenio sobre la diversidad biológica, el Protocolo de Kyoto sobre el cambio climático, la reglamentación de los derechos de propiedad intelectual, organizaciones regionales como la Unión Europea y el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Muchos de estos reglamentos no se han iniciado en el sector agrícola y la agricultura tendrá que adaptarse y defender sus derechos. La misión de la sociedad civil será decisiva para adaptar el sector agrícola. Habrá de buscarse un delicado equilibrio entre las innovaciones impulsadas por la ciencia y los intereses del consumidor, comprendida la ética. La inocuidad de los alimentos se convertirá en medida de la credibilidad de la agricultura. La agricultura consistirá en algo más que sólo producir calorías o materia seca por hectárea. La sociedad demandará cada vez más de la agricultura, y no carecerá de importancia entre estas demandas la protección de los valores ambientales, como la biodiversidad y otros valores añadidos en la granja y la sociedad. Proteger los ingresos y los medios de subsistencia rurales tendrá igual importancia en el Sur que en el Norte. Se producirá tecnología para la agricultura de precisión en el sentido más amplio del término, tomando en cuenta las condiciones de los sistemas específicos de producción. Si bien hoy la frontera científica parece estar en el ámbito de la biotecnología, sólo la investigación específica del sitio sobre gestión de la tierra y el agua permitirá a los agricultores zanjar la brecha del rendimiento. El sector animal crecerá considerablemente. Las zoonosis y otras enfermedades de los animales, muchas con efectos transfronterizos inmediatos, son preocupaciones cada vez mayores, con grandes consecuencias comerciales. Parece inevitable una mayor concentración de los sectores internacionales de los insumos industriales y de la transformación, pero la dinámica de las industrias de escala media y locales puede resultar decisiva para un sano desenvolvimiento comercial. En vez de ver la agricultura aislada, la investigación, la aplicación y las políticas futuras tendrán que tomar en cuenta la cadena entera que va desde el medio material y la producción hasta el consumo y la salud.
La misión de la sociedad civil será decisiva para adaptar el sector agrícola. Habrá de buscarse un delicado equilibrio entre las innovaciones impulsadas por la ciencia y los intereses del consumidor, comprendida la ética. La inocuidad de los alimentos se convertirá en medida de la credibilidad de la agricultura.
La agricultura consistirá en algo más que sólo producir calorías o materia seca por hectárea. La sociedad demandará cada vez más de la agricultura, y no carecerá de importancia entre estas demandas la protección de los valores ambientales, como la biodiversidad y otros valores añadidos en la granja y la sociedad. Proteger los ingresos y los medios de subsistencia rurales tendrá igual importancia en el Sur que en el Norte.
Se producirá tecnología para la agricultura de precisión en el sentido más amplio del término, tomando en cuenta las condiciones de los sistemas específicos de producción. Si bien hoy la frontera científica parece estar en el ámbito de la biotecnología, sólo la investigación específica del sitio sobre gestión de la tierra y el agua permitirá a los agricultores zanjar la brecha del rendimiento.
El sector animal crecerá considerablemente. Las zoonosis y otras enfermedades de los animales, muchas con efectos transfronterizos inmediatos, son preocupaciones cada vez mayores, con grandes consecuencias comerciales.
Parece inevitable una mayor concentración de los sectores internacionales de los insumos industriales y de la transformación, pero la dinámica de las industrias de escala media y locales puede resultar decisiva para un sano desenvolvimiento comercial.
En vez de ver la agricultura aislada, la investigación, la aplicación y las políticas futuras tendrán que tomar en cuenta la cadena entera que va desde el medio material y la producción hasta el consumo y la salud.
En el ámbito de la alimentación y la agricultura, la FAO hace las veces de mediador objetivo que reúne a los encargados de tomar las decisiones procedentes de circunstancias diversas y con posiciones diferentes, a fin de deliberar sobre las opciones técnicas para promover un desarrollo equilibrado ecológica y socialmente. La FAO hace recomendaciones a los gobiernos y a la sociedad civil para la gestión del cambio en las zonas rurales y para fortalecer la confianza del consumidor. No hay que olvidar que el odio y la desconfianza se producen cuando no hay diálogo ni libertad de elección. La FAO propicia la apropiación y la responsabilidad pública respecto al sector agrícola.
En estos días de conflicto e inseguridad, hay que buscar oportunidades. Renovar la agricultura es justamente una oportunidad. No puede haber estabilidad ni justicia duraderas sin solución al problema del hambre y, en consecuencia, sin la agricultura, que proporciona los medios de subsistencia a todas las civilizaciones. Pero debe tratarse de una agricultura gobernada por principios de ecología sana, economía equitativa y respeto a los intereses del productor y el consumidor. En un mundo globalizado, las soluciones locales han de engastarse en las circunstancias mundiales. Hay que movilizar la voluntad, los recursos y el conocimiento para lograrlo, hoy más que nunca.